martes, 24 de enero de 2012

El perfeccionismo infantil

Quieren ser los mejores en todo lo que hacen y, ante la mínima equivocación, se angustian y se frustran. Son chicos con niveles altísimos de auto exigencia, pequeños perfeccionistas que buscan ser sobresalientes en todas sus actividades y que no toleran un “Muy bueno” como resultado.
La psicoanalista especialista en niños y docente del Centro Dos, Stella Maris Gulian explica: “Sólo pueden aceptarse con brillo, sin falla alguna, porque no toleran la menor frustración”. Además, los chicos autoexigentes tienden a ser autocríticos en exceso y a nunca estar conformes con lo que hacen porque “creen que con un esfuerzo más podrían llegar a su meta”, la cual cada vez se vuelve más lejana, según la especialista, debido a que “a la perfección nunca se llega”.
Esta insaciable necesidad de ubicarse siempre en los primeros puestos es denominada por algunos profesionales como perfeccionismo infantil: “Es una disfunción cognitiva que tiene un profundo impacto sobre la salud psicológica de los individuos. Se lo puede definir como el conjunto de creencias acerca de lo que las personas consideran que deben llegar a ser, y el nivel estricto con que intentan cumplirlo. Estas creencias son absolutistas, rígidas e irracionales”, explica la psicóloga e investigadora asistente del CONICET Laura Beatriz Oros, en un artículo del VIII Congreso Nacional de Psicodiagnóstico. Sin embargo, la especialista distingue entre perfeccionistas “sanos” e “insanos”. Los primeros “se proponen metas elevadas pero razonables” y “ante el fracaso de sus objetivos no se paralizan”, sino que siguen adelante. Por el contrario, los perfeccionistas “insanos” tienen “reacciones exageradas” ante la mínima equivocación, como por ejemplo “intensa tristeza, frustración, culpa, vergüenza y enojo”.
¿Pero por qué razón estos chicos llegan a ser tan exigentes consigo mismos? Para Gulian puede tener que ver con un miedo a “no cumplir con el mandato o con lo creen que se espera de ellos”. Si bien la especialista afirma que “habría que ver en cada caso”, expresa que quizás haya “una exigencia en la familia” porque “sólo aceptan a su hijo en la perfección, para brillar a través del él”. En una publicación del NYU Child Study Center escrita por la psicóloga Amy Krain Roy, se explica que hay diferentes situaciones frente a las que los chicos son perfeccionistas. Algunos son autoexigentes, es decir que “se fijan estándares excepcionalmente altos” y “aún cuando reciben elogios pueden desestimarlos si creen que su rendimiento no fue perfecto”. Otros “se preocupan en exceso” cuando “su trabajo va a ser evaluado por otra persona” por miedo a perder “el respeto de sus padres o maestros”. Y, también, están los chicos que no quieren que “sus amigos se burlen de ellos si se equivocan”.
Además, influye el hecho de vivir en una sociedad donde los resultados parecieran ser lo más importante, valores que también llegaron a las escuelas, según explica el escritor y periodista escocés Carl Honoré en su libro “Bajo presión”: “Una cultura escolar basada en los éxitos a cualquier precio afecta a los niños de muchas maneras. La competencia puede ser un estímulo útil para el estudio, pero empieza a fracasar cuando el listón se eleva tanto que sólo valen las notas máximas”. De acuerdo a los testimonios expuestos por Honoré, a veces esto lleva a sentir que nunca se va a llegar a ser “lo bastante bueno” o bien, “a desanimarse por completo”.
La importancia de detectar el perfeccionismo en los chicos radica en las consecuencias que pueden llegar a aparecer en ellos como por ejemplo “dolor de estómago, padecimiento corporal, angustia masiva o una fuerte inhibición”, según explica Gulian. Por su parte, Oros aconseja a los padres y docentes estar alertas a “las emociones negativas que frecuentemente acompañan un desempeño bueno, muy bueno (y hasta brillante), pero no perfecto”. Sin dudas, es con la ayuda de los adultos que estos pequeños perfeccionistas entenderán que no está mal equivocarse.
clarin.com