miércoles, 5 de enero de 2011

Un nuevo y fértil negocio: el bebé global

[Babé]
Por Tamara Audi y Arlene Chang
Una mujer búlgara planea dar a luz el año que viene en un hospital en la isla griega de Creta a un bebé cuya madre biológica es una donante de óvulo anónima de Europa, el padre es italiano y el nacimiento está siendo orquestado desde Los Ángeles.
La mujer no se quedará con el recién nacido. Los futuros padres —una mujer italiana infértil y su marido (que donó el esperma)— asumirán la custodia del bebé en cuanto nazca a mediados de 2011.
La mujer embarazada es Katia Antonova, una madre de alquiler. Emigró de Bulgaria a Grecia, donde es una mesera y tiene marido y tres hijos. Antonova planea usar el dinero de su vientre de alquiler para que por lo menos uno de sus hijos vaya a la universidad.
El hombre que reunió a este grupo dispar es Rudy Rupak, presidente ejecutivo de PlanetHospital LLC, una empresa de California que rastrea el globo en busca de los componentes que forman su negocio. En este caso, el negocio es la producción de bebés.
Rupak es un pionero en un campo polémico donde se cruzan la tecnología reproductiva y la adopción internacional. Los futuros padres, desalentados por el rigor de las adopciones tradicionales, están evitando ese sistema produciendo sus propios bebés, muchas veces usando una donante de óvulos de un país, un donante de esperma de otro y una madre de alquiler que dará a luz en un tercer país. El resultado es lo que algunos en el sector han bautizado como "el bebé global".
Las parejas recurren a PlanetHospital y algunas otras empresas. "Nos encargamos de todos los aspectos del proceso, como un servicio de asistencia personalizada", dice Rupak, un canadiense de 41 años.
Los clientes tienden a ser personas que quieren pero no pueden tener hijos: familias con problemas de infertilidad, parejas de hombres homosexuales y aquellas que tienen dificultades para adoptar por causa de la edad y otros límites estrictos.
El precio también es importante. Los servicios de PlanetHospital van de US$32.000 a casi US$68.000, en comparación con los hasta US$200.000 que cuesta un vientre de alquiler en Estados Unidos.
El proceso de crear bebés globales puede tener otras ventajas. Las madres de alquiler en países más pobres tienen pocos o ningún derecho sobre el bebé. En Grecia, una madre de alquiler puede ser procesada por tratar de reclamar el hijo. En cambio, en EE.UU., algunas madres han tratado de quedarse con el bebé una vez que ha nacido.
El proceso plantea profundos dilemas. En algunos casos, las clínicas acaban creando más fetos que los que la pareja desea, forzando una decisión sobre si abortar uno o más embarazos. Los bebés que llegan al fin de la gestación pueden tener dificultades para conseguir un pasaporte.
Rupak está aprendiendo a navegar el inexplorado territorio de su campo de trabajo: los bebés sin Estado y las complejidades éticas. Su expansión a Grecia, miembro de la Unión Europea, se hizo intencionalmente para reducir las probabilidades de problemas de pasaporte para futuros padres europeos. Rupak dice que tiene planes de expandir su negocio a México y Ucrania.
Algunos de sus clientes tuvieron que enfrentar decisiones de aborto, cuenta Rupak. "A veces, encuentran el dinero para pagar por más niños de los que planeaban", dice. Después de todo, ya llegaron tan lejos. Sin embargo, si toman otra decisión, "nosotros no juzgamos a nadie", señala.
El paquete más barato de PlanetHospital, el "paquete India", compra una donante de óvulos, cuatro transferencias de embriones para cuatro madres de alquiler diferentes, alojamiento y cobertura de gastos para la madre de alquiler y un auto con chofer para los futuros padres, para cuando vayan a India a recoger al bebé.
Los paquetes más caros incluyen otros servicios, como dividir los óvulos de una misma donante para fertilizarlos con espermas diferentes, para que los hijos de las parejas homosexuales puedan tener la misma madre genética. En Panamá, los mellizos cuestan US$5.000 extra; por otros US$6.500 se puede escoger el sexo de la criatura.
Todavía nadie ha calculado con precisión el número de nacimientos con madres de alquiler fuera de EE.UU., pero los críticos y quienes trabajan en este sector están de acuerdo en que las cifras están creciendo. Desde que comenzó en 2007 a ofrecer sus servicios de fertilidad en el extranjero, PlanetHospital ha orquestado 459 nacimientos, dice Rupak. El año pasado, 280 clientes contrataron a la empresa para sus servicios de reproducción, y el mismo año nacieron 210 bebés, 168 de los cuales fueron mellizos. Este año, 200 clientes firmaron contratos y 75 madres de alquiler están embarazadas actualmente.
Los detractores dicen que el negocio está plagado de riesgos. "El potencial para abusos en diferentes niveles es grande", apunta Arthur Caplan, director del Centro de Bioética de la Universidad de Pensilvania, al referirse a la industria en términos generales. "Usted está operando con todos esos límites (internacionales) para comprar los ingredientes y los equipos". Caplan lo llama "la medicina del viejo oeste".
Las leyes son imprecisas y pueden ser conflictivas de país en país. En 2008, una madre de alquiler india dio a luz a Manji justo unas semanas después del divorcio de sus futuros padres japoneses. (No eran clientes de
Edel Rodriguez
PlanetHospital). Según un estudio de caso de ética legal llevado a cabo en la Universidad de Duke, la situación se tradujo en un embrollo de leyes indias y japonesas que primero hicieron que la niña no tuviera partida de nacimiento y luego dificultó los esfuerzos de su padre para llevarla a su casa en Japón. Luego de meses, el problema se resolvió cuando Japón le concedió una visa humanitaria especial.
"Ese segmento legal es todavía muy inestable", dice Eugenia Terehova, abogada de PlanetHospital. "Puede surgir cualquier circunstancia imprevista".
Terehova dice que los clientes deben acordar resolver sus disputas utilizando el arbitraje de la ley de California. PlanetHospital informa que hasta ahora no ha sido nunca demandada ni colocada en arbitraje.
Los óvulos donados suelen venir de EE.UU. o países de Europa del Este ya que los padres de raza blanca suelen preferir a niños de piel clara. Esos países permiten que las donaciones sean anónimas. Los padres con presupuestos más limitados pueden optar por donantes de India o América Latina. A menudo, el esperma viene del futuro padre, aunque también existe una red de bancos de esperma en EE.UU. y Europa.
A diferencia de la adopción tradicional, el examen de los futuros padres por las agencias como PlanetHospital, las autoridades reguladoras y las clínicas es relativamente poco exigente. También hay menos restricciones, como los límites de edad, para quienes están interesados.
Rupak dice que cada clínica se vale de sus propios estándares para tomar esas decisiones. A veces, aconseja a sus clientes que contraten un abogado para asegurarse de que cumplen con las leyes en su país de origen.
Rupak, un ex guionista y productor de cine, tenía un negocio de software antes de abrir en 2002 PlanetHospital. Su primer negocio, y todavía el más rentable es el "turismo médico", que organiza viajes a países más baratos donde los clientes pueden someterse a una operación de rodilla o hacerse un tratamiento de ortodoncia, entre otros. Rupak dice que entró en el negocio de la reproducción cuando los clientes empezaron a preguntarle por el tema.
Muchos factores impulsan el auge de las madres de alquiler en todo el mundo. China y otros destinos de adopción endurecieron sus reglas en los últimos años. Algunos países desarrollados, como Japón, España, Alemania, Italia y Francia, prohíben o restringen severamente los vientres de alquiler.
PlanetHospital estrenó recientemente un sitio web que promueve las madres de alquiler para parejas homosexuales. "En algunos estados (de EE.UU.), las parejas homosexuales no pueden ni casarse, mucho menos adoptar. Pero no hay una ley en el país que pueda quitarle un hijo que es biológicamente suyo", dice el sitio.
"Estamos tan felices", dice Marc Loeb, de 33 años, director de ventas de una cadena minorista en Nueva York, cuya hija, Eden, nació hace poco en India.
Loeb y su marido, Wolf Ehrblatt (la pareja se casó legalmente en Massachusetts hace dos años), contrataron a PlanetHospital en 2009. Para una pareja homosexual, la adopción nacional o internacional es muy difícil, dice Loeb.
La pareja tuvo que pagar una entrada de US$10.000 y decidió probar con un óvulo de una donante estadounidense de nivel universitario y el esperma de uno de ellos.
PlanetHospital les presentó la opción de India. Loeb y Ehrblatt viajaron a visitar la clínica de fertilidad Kiran, en Hyderabad, para depositar el esperma. Allí conocieron a algunas madres de alquiler que viven en apartamentos al lado de la clínica, pero no a la que daría a luz a su hija.
Algunas semanas después, cuenta Loeb, Rupak llamó para decir: "Está embarazado".
La pareja fue haciendo pagos a medida que el embarazo avanzó. El monto final fue depositado en el momento del nacimiento. De los US$35.000, PlanetHospital se queda con unos US$3.600. Otros US$5.000 van a la donante, más otros US$3.000 aproximadamente a gastos de viaje. La madre de alquiler recibe US$8.000. El resto, unos US$15.000 es el pago a la clínica.
En el caso de las parejas homosexuales, el nombre de la madre de alquiler aparece en el certificado de nacimiento como madre. En el caso de las parejas heterosexuales, aparece el nombre de la madre adoptiva.
La complejidad de los vientres de alquiler puede hacer surgir decisiones difíciles, como abortar o no. Esto puede pasar porque las clínicas a veces implantan múltiples embriones en múltiples madres de alquiler para mejorar las probabilidades: si una sufre un aborto, seguirá habiendo otros embarazos en curso. Sin embargo, si varios implantes acaban con embarazos exitosos, los clientes pueden encontrarse no con uno o dos niños, sino con varios.
Mike Aki y su esposo, una pareja de Massachusetts enfrentó este dilema. Habían planeado tener dos niños. Pero sus dos madres de alquiler en India quedaron embarazadas de mellizos. Cuando tenían 12 semanas de gestación, Aki y su marido decidieron abortar dos de los fetos, uno de cada mujer. Fue una decisión muy difícil, recuerda Aki.
En la isla de Creta, el embarazo de Antonova, la mujer búlgara que lleva el bebé de la pareja italina, avanza según lo planeado. Visita la clínica del doctor Mattheos Fraidakis, socio de Rupak en Creta, para sus revisiones regulares. Hace poco, compareció ante un tribunal y, de acuerdo con la ley griega, prometió entregar el bebé a los futuros padres italianos. No quiso revelar los detalles sobre la compensación que recibirá.
"Es bueno que pueda ayudar a estas personas a tener una familia, y también es bueno para mi familia", dice Antonova, de 40 años. "Tendré este bebé y seguiré con mi vida".
—James Oberman contribuyó
wsj.com