martes, 27 de abril de 2010

Los “password” son ahora parte del testamento

La abuela de 94 años de Jeremy Toeman era una anciana que se comunicaba con sus amigos de todo el mundo vía e-mail, además de jugar al bridge por Internet. Cuando murió, Toeman y su padre quisieron acceder a su cuenta de hotmail para informar a sus amistades sobre el fallecimiento, pero al no saber la contraseña, les fue imposible acceder a la cuenta y contactarse con sus amistades del mundo digital.
“Ese mismo año, mientras viajaba en avión comencé a pensar qué pasaría si ese fuera mi último vuelo. Me di cuenta de que tengo ciertas posesiones digitales, como muchos nombres de dominio, donde no hay nada que los vincule a mi mundo real. Toda la facturación es electrónica y a mi esposa nunca sería notificada si yo muriera. Valen entre u$s 1.000 y u$s 10.000, y me gustaría que eso pase a ella.”
Unos años antes, en 2005, un tribunal de Michigan debió atender un caso similar. Los padres de un joven soldado de la marina que murió en Irak solicitó judicialmente que obligaran a Yahoo a brindarles acceso a su cuenta de correo electrónico. Los desconsolados papás querían usar los e-mails como ayuda para armar un álbum sobre la vida de su hijo. La compañía argumentó que sus términos y condiciones no permitían transferir cuentas de mensajes electrónicos a sus familiares directos.
El tribunal finalmente ordenó a Yahoo a entregar los e-mails pero legalmente la cuestión no se aclaró. Hoy en día, los términos y condiciones de Yahoo aún indican que las cuentas de e-mail son intransferibles y no pueden heredarse.
En vez de iniciar otra batalla en los tribunales, Toeman, un emprendedor serial de la Web con residencia en San Francisco, creó un servicio que ayuda a resolver el problema. El año pasado, lanzó Legacy Locker, un sitio donde los cibernautas pueden guardar sus contraseñas de cuentas online importantes y autorizar el traspaso a una persona en particular en caso de muerte. Ya cuenta con 10.000 clientes, quienes contrataron el servicio gratuito, y una “saludable proporción” optó por pagar u$s 30 mensuales o una tarifa única de u$s 300 por una versión premium del servicio. Legacy Locker tiene un flujo de caja positivo, y podría ser rentable si no fuera porque busca expandir el negocio en forma agresiva.
Y no es la única. De hecho, en los últimos tiempos una cantidad de compañías lanzaron sus servicios que permiten a los internautas establecer qué pasará con sus activos digitales después de su muerte.
“Es disparatado que los sitios web no tengan políticas para esto”, aseguró Jesse Davis, fundador de Entrusted, otro servicio web que ayuda a manejar la herencia digital. “La gente está invirtiendo dinero real en estas cuentas. Son económica o sentimentalmente valiosas. Son activos reales y es una lástima que se los esté pasando por alto”, agregó.
Entrusted planea lanzar servicios completos a fines de este mes y ya observó niveles elevados de interés en su versión beta. Cerca del 20% de los visitantes de su sitio abrieron una cuenta.
En Europa, la suiza DataInherit, introdujo un servicio similar en febrero y ya tiene más de 2.500 clientes pagos. La aplicación gratuita para el iPhone que lanzó la compañía en marzo ganó miles de usuarios en el término de una semana.
“Utilizo el correo electrónico desde 1985 y tengo muchas contraseñas”, explicó el fundador Andreas Jacob. “Si yo muriera, mi esposa no tendría acceso a nada. Con todos los que hablé, me dijeron “Tenés razón, no lo había pensado”.
Deven Desai, profesor adjunto de la Thomas Jefferson School of Law en California, señaló: “Se está convirtiendo en un problema cada vez mayor porque recién ahora se está muriendo la primera ola de personas que eran muy activas en Internet. No son sólo jóvenes fallecidos en una guerra, sino gente de entre 40 y 70 años que tenían muchas cosas online.”
Las cosas se complican especialmente cuando se trata de activos virtuales en sitios como Second Life, o juegos de rol online, que tienen valor monetario en el mundo real. Se calcula que el valor de los bienes virtuales supera los u$s 1.000 millones sólo en Estados Unidos, según un informe publicado el año pasado.
También el año pasado, un jugador llamado BuzzLightyear pagó u$s 330.000 por una estación espacial virtual en el juego online Entropia Universe. Se cree que se trató de la transacción inmobiliaria virtual más elevada hasta la fecha. Sin embargo, esos activos podrían simplemente desaparecer después de que el usuario muere.
“Hay material en sitios como Facebook y Second Life donde los usuarios dedicaron mucho tiempo y esfuerzo, pero que no existiría si la compañía no existiese”, explicó el profesor Desai.
Algunas compañías de Internet hace poco desarrollaron políticas que ayudan en esas situaciones. Linden Labs, que dirige Second Life, por ejemplo, ahora permite a los usuarios legar sus cuentas a una tercera parte mediante un testamento. Facebook convierte la página del usuario fallecido en un sitio “conmemorativo” donde los amigos y familiares pueden postear tributos, pero no autoriza a que alguien inicie una sesión con su contraseña. Google otorga acceso a una cuenta si el familiar directo presenta el correspondiente certificado de defunción y documentos de identidad.
Es aún poco habitual que los abogados tomen en cuenta las propiedades digitales cuando ayudan a sus clientes a redactar su testamento. A Toeman le sorprende que después de haber dedicado horas a decidir qué hacer con su auto, casa y acciones en caso de su muerte, su abogado nunca haya hecho mención de los activos digitales. Según Davis, de Entrusted: “Muchos abogados no saben qué hacer con los activos digitales. Cuando comencé a hablar con quienes me ayudan a planificar mi sucesión, me miraban como si tuviera cinco cabezas”.
David Hardie, abogado de Pannone, un estudio jurídico británico, señaló que “muy raramente los clientes mencionan el tema, si es que lo mencionan.”
El profesor Desai señaló que hay una creciente necesidad de aclarar las normas. “Los sitios como Legacy Locker cubren el vacío, pero aún así necesitamos normas que se apliquen en forma predeterminada”, comentó. “Como cuestión legal, los tribunales deberían emplear un enfoque puro y dictaminar que los individuos son propietarios del material que han creado” agregó.
La herencia digital lentamente está comenzando a formar parte de los códigos de leyes en un puñado de estados de los Estados unidos, incluyendo Wisconsin, Connecticut y Rhode Island. El gobierno suizo están estudiando una posible legislación mediante un proyecto conjunto con la Universidad de Basilea.
Y el mercado potencial para la vida digital después de la muerta es enorme. “El mercado va a ser enorme. No es un concepto difícil de entender. El límite es el cielo, dado que todas las personas tienen activos digitales. En 10 años esto será un estándar de la industria.

Consejos para cuidar el legado digital
z Preparar una lista de las cuentas online, contraseñas y archivos informáticos y establecer qué cuentas irán para cada uno de los herederos. Decidir si uno prefiere que parte de ese material sea borrado en caso de fallecimiento.

z Los activos digitales pueden incluir cuentas financieras (como Ebay y PayPal), información comercial incluyendo contraseñas para computadoras o códigos de software de back-up, y cuentas personales como la página de Facebook, cuentas de correo electrónico, fotos y blogs.

z Designar a un albacea testamentario digital, que manejará la transferencia de sus cuentas después de su muerte. Se pueden utilizar los servicios de una compañía como Legacy Locker, Entrusted o DataInherit para garantizar que el albacea reciba los detalles de sus cuentas y contraseñas tras el fallecimiento. O bien, esas empresas pueden borrar las cuentas que uno no quiere legar.

z Incluir todos los activos digitales en el testamento, y asegurarse de que el abogado que lo redacte sepa cuál es su albacea digital. Si existiera un conflicto entre el testamento y lo que usted haya ordenado hacer a una compañía externa, siempre prevalecerá lo que estipula el testamento. En el peor escenario, su albacea digital podría tener dificultades con la ley para acceder a sus cuentas si no tiene derecho para hacerlo.

cronista.com