domingo, 25 de abril de 2010

Y ahora, ¿qué hago?

Cuántas veces hemos estado abrumadas por falta de tiempo. Cuántas otras, clamando por tiempo disponible simplemente para "hacer nada" o para satisfacer anhelos siempre postergados. Finalmente, cuando el tiempo llega, a menudo desorienta. Suele vivirse como tiempo "vacío" en lugar de tiempo "disponible"; como tiempo "ocioso" en lugar de "disfrutable"; o tiempo "vacante", como si se tratara de una jubilación y hubiéramos quedado fuera del mercado de la vida. En ocasiones resulta muy preocupante disponer de tiempo no predeterminado por los compromisos sociales, por los mandatos de roles o simplemente por una "utilidad" dada.
En esta oportunidad, intentaré aproximarme a "eso" que suele sucederles a no pocas mujeres al promediar su vida, cuando dejan de ser necesarias para la crianza y se encuentran con un enorme capital de tiempo a disposición. Es casi como recibir, inesperadamente, una importante herencia para la cual no existieron proyectos previos porque era impensable.
Esto no suele sucederles a aquellas mujeres que hacen de los roles maternales una cinta sin fin que pasa de hijos a nietos, ya que los tiempos liberados por el crecimiento de los hijos son rápidamente cubiertos con los cuidados de los nietos.
Pero aquellas mujeres que por diversos motivos pretenden disponer de los tiempos que deja vacante el ya cumplido ejercicio maternal suelen tropezarse con no pocas dificultades porque los tiempos disponibles son tiempos que la cultura dejó fuera de programación en la "carrera" femenina. Son momentos de libertad que suelen resultar algo nebulosos y no fueron enseñados ni en el colegio ni en el hogar. Con estas concepciones arcaicas -y erróneas- es comprensible que el tiempo disponible que suele acompañar a las mujeres al promediar su vida se convierta en un tema de preocupación angustiante en lugar de ser una situación venturosa y aventurera.
A mi criterio, el tiempo es el mayor capital del ser humano y, como tal, la manera en que lo invertimos va a marcar nuestro paso por la vida. Según las épocas, las ideologías reinantes, los intereses económicos y políticos, la conveniencia de las elites, la distribución del poder entre los géneros y las necesidades de supervivencia -entre muchos otros motivos- el tiempo humano queda reducido a un concepto predeterminado, esquemático, unívoco y generalmente incuestionable.
Hay quienes creen que time is money (el tiempo es dinero) y entonces no puede ser usado para ninguna cosa que no rinda beneficio económico. Hay quienes crecieron bajo la imposición de que tiempo es trabajo y consideran que el tiempo usado para una actividad no laboral es pérdida de tiempo y evidencia indiscutible de vagancia. Hay quienes miden el tiempo productivo por los productos visibles, concretos e inmediatos e invisibilizan todos los "otros productos" no visibles y necesariamente no inmediatos.
Sin ninguna duda el tema tiempo es muy amplio y acepta infinidad de abordajes. En esta oportunidad tomaré un recorte muy específico: la dificultad con la que tropiezan muchas mujeres, al promediar su vida, cuando se encuentran con disponibilidad de tiempo para satisfacer anhelos propios, luego de haber cumplido con las responsabilidades asumidas en épocas juveniles y los compromisos de la crianza, entre otros. Suele suceder que, después de tanto tiempo de acomodarse y hasta "programarse" para cumplir satisfactoriamente con dichas responsabilidades y, en muchos casos, satisfacer prioritariamente deseos ajenos, los propios designios se vuelven escurridizos, cuando no ausentes. Es justamente en esta situación que vuelve a aparecer un típico anhelo de infancia: "¡¡¡Quiero algo!!!"; y , como en aquellos lejanos tiempos, tampoco es posible precisar qué. En la infancia era porque aún no sabíamos y los deseos tenían que ver con la inmediatez y las necesidades primarias, mientras que en la adultez suele ser porque "ahora somos otras" y es necesario redescubrirse. Y hasta que ello no suceda resultará probablemente difícil responder a una pregunta tan simple como insoslayable: "Ahora que puedo y tengo tiempo... ¿qué quiero?".
Ahora que puedo y tengo tiempo libre... ¿qué quiero?
Veamos algunos ejemplos que podrían orientarnos para despejar algunas de las incógnitas que entorpecen la comprensión del qué quiero.
Siempre tengo que estar "haciendo algo".
Me doy cuenta de que me cuesta mucho aprovechar el tiempo libre. Ayer, por ejemplo, llegué de trabajar temprano a casa, me sobraba tiempo y no sabía qué hacer. Decidí descansar un poco, luego me levanté y me puse a leer. Al rato, no quería seguir leyendo pero me costaba no hacer nada y me preguntaba: "¿Ahora qué hago?". Entonces me puse a revisar mi correo, contesté algunos mails y aún faltaba tiempo para la cena. Mi marido estaba disfrutando con sus entretenimientos extralaborales y yo me daba cuenta de que no podía aprovechar ese tiempo libre porque me angustiaba no estar "haciendo algo que me entusiasmara".
No puedo permitirme tener tiempo ocioso.
Yo vivo sola, nadie me exige ni me corre y sin embargo no paro de inventarme cosas para hacer dentro de la casa. Me pongo obligaciones, como arreglar algo que no es necesario. Luego no logro cumplirlo y me siento mal. Cuando tomo asiento para imponerme dejar de correr es casi por decreto y me dura poco.
No tengo dudas cuando se trata de lo que "debo" hacer pero me cuesta saber lo que "quiero".
Yo siempre trabajé mucho porque crié a mis hijos sola al mismo tiempo que desarrollaba mi profesión. Tenía que organizarme al máximo para que el tiempo me alcanzara para todo: la profesión, la casa y compartir tiempo con mis hijos. En esas épocas me hubiera gustado trabajar menos y poder hacer otras cosas. Ahora dispongo de tiempo que podría usar sin exigencias y sin embargo no logro usarlo para mi satisfacción. Termino llenándolo con actividades totalmente intrascendentes que me cansan pero me dejan vacía. Me siento en falta conmigo porque ahora tengo tiempo y no logro usarlo para mi disfrute.
Es como si no supiera lo que quiero, yo, que siempre supe lo que debía hacer. (...)
Más datos Clara Coria es psicóloga e investigadora, miembro fundador del Centro de Estudios de la Mujer de Buenos Aires, y consultora de la Subsecretaría de la Mujer de la Nación. Autora, entre otros libros, de "El sexo oculto del dinero", "El dinero en la pareja" y "Los laberintos del éxito".

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