jueves, 22 de diciembre de 2011

El arma secreta de los neonazis: las mujeres

Aumentan los neonazis militantes en Alemania, según los servicios secretos
“Yo soy la que estáis buscando”, dijo Beate Zschaepe cuando se presentó ante la Policía de Jena, en el este de Alemania, el pasado 8 de noviembre.

Cuatro días antes, Zschaepe había incendiado su apartamento, aparentemente para ocultar pruebas. Sus dos compañeros de piso habían muerto por heridas de disparos, tras un robo frustrado a un banco. Las autoridades sostienen que uno de los hombres, Uwe Mundlos, disparó al otro, Uwe Boehnhardt, antes de suicidarse.

En los retratos de Zschaepe (36 años) difundidos incesantemente por los medios alemanes ésta aparece agotada, con el pelo oscuro alborotado y el rímel de ojos corrido.

Las autoridades rápidamente concluyeron que ella y sus dos compañeros muertos pertenecían a grupo de extrema derecha,
Clandestinidad Nacionalisocialista (NSU por sus siglas en inglés), en la clandestinidad desde hace 13 años.

Hay pruebas que vinculan al grupo con los asesinatos brutales de nueve inmigrantes dueños de tiendas y un policía entre 2000 y 2007, una oleada de violencia racial que causó alarma en Alemania.

Zschaepe es, al parecer, el ejemplo extremo de un fenómeno sobre el que llevan alertando años los investigadores: las mujeres están desempeñando cada vez más un papel destacado, y a veces violento, en la extrema derecha. Actualmente uno de cada cinco neonazis son mujeres. Como suelen levantar menos sospechas, se han infiltrado silenciosamente en muchas organizaciones populares, en donde pueden extender sus ideas, dirigiéndose incluso a los niños.

Es demasiado temprano para poder decir cuánto sabía Zschaepe sobre la supuesta oleada de asesinatos racistas de sus compañeros. Los fiscales admiten que no tienen pruebas de que ella haya matado a nadie. Ha sido acusada de incendio provocado e integración en banda armada. De momento se niega a cooperar en la investigación, y si sigue manteniendo silencio el cargo de
terrorismo quizás incluso tenga que ser retirado.

Cuando saltó la noticia, la prensa sensacionalista alemana no mostró interés alguno en las ideas políticas de Zschaepe, sino que se centró en los detalles de su vida sexual, especulando sobre un posible “ménage a trois” con los dos fallecidos. La han definido como la “novia nazi”, “la virgen caliente” o “la rara con mirada seductora”.

Sin embargo, la realidad que se ha ido descubriendo desde entonces es la de una mujer joven, neonazi desde la juventud. Nacida en 1975, hija de una madre soltera desempleada, creció en un bloque de apartamentos de la ciudad de Jena. Durante la adolescencia simpatizó con grupos extremistas como Kameradschaft Jena y el conocido Thüringer Heimatschutz (protección de la patria), del que también formaron parte los fallecidos Mundlos y Boehnhardt.

Los servicios de inteligencia comenzaron a vigilar al trío en 1995. En 1998 la Policía irrumpió en un garaje que había alquilado Zschaepe y  encontraron cuatro bombas y 1,4 kilos de explosivos. Los tres huyeron antes de ser arrestados, y sólo cuando los dos hombres murieron y Zschaepe se entregó se han podido reconstruir sus andanzas y la magnitud de sus delitos en estos años.

La cobertura mediática del tema ha sido una distracción peligrosa para la tendencia que representa Zschaepe, según han denunciado Rena Kenzo y Michaela Koettig, de la Red de Investigación de las Mujeres en el Extremismo de Extrema Derecha, en una carta abierta a los medios.

“Beate Zschaepe estaba siendo presentada como una militante inocente”, dice Kenzo. “Lo rechazamos porque en esos momentos no estaba del todo claro el papel que había tenido en ese grupo”.

“Hay suficientes factores que demuestran que no se metió en la clandestinidad porque quería irse a la cama con dos hombres, sino que fue por motivos de participación política”, asegura Koettig, profesora de la Universidad de Frankfurt.

Koettig sostiene que ese es el enfoque típico de los medios y de las autoridades cuando se trata de mujeres de la derecha radical. “Generalmente las mujeres pasan desapercibidas. Hemos pedido a las agencias de inteligencia que estudien la participación de las mujeres”. Pero en vez de eso, se considera que tienen una importancia marginal, especialmente porque se cree que son menos violentas que los hombres de extrema derecha.

Las mujeres sólo son responsables del 5 o 10 por ciento de los crímenes cometidos por la extrema derecha, según estadísticas de la policía estatal alemana. Sin embargo, eso puede llevar a infravalorar su papel, dice Johanna Sigl, que investiga sobre mujeres que han abandonado la extrema derecha.

“Existe el cliché de que las mujeres son pacíficas, así que la policía y la prensa a menudo minimizan la posibilidad de que participen activamente” en atentados, afirma Sigl. “E incluso cuando ellas no comenten actos violentos, nos encontramos con que las mujeres de extrema derecha son conscientes de que existente y los toleran, y a menudo están presentes en ellos e incitan a los hombres a cometerlos”.
lainformacion.com