lunes, 9 de abril de 2012

Cuando la competencia femenina pasa a mayores. Los resortes de la envidia.

Mujeres
La envidia existe y la mujer, en este sentido, tiene sus vueltas. El hombre también puede ser envidioso, pero de manera más simple. Nosotras, en cambio, estamos pendientes de la mirada exterior y el qué dirán, somos más competitivas”, entiende la actriz Jimena Barón. Propia de la especie humana, la competencia entre mujeres puede alcanzar extremos fatales. Hasta el odio.
María Inés Ruiz, psicóloga coordinadora de empleo de la Fundación Propuesta, destaca que “los escasos espacios sociales asignados históricamente a las mujeres han hecho que la competencia sea mayor que entre los hombres, lo que genera una suerte de radicalización de la competencia”.
Para Viviana Sonnenschein, psicóloga del Centro de Salud Mental 3 de la Ciudad de Buenos Aires, todo reside en la mirada. “La envidia surge al ver en la otra lo que una no tiene. La otra puede ser la odiada si se muestra seductora, deseable y acaparadora de atención. El rechazo aparece cuando quien mira no se siente igual de atractiva”, señala.

Interna laboral

“Como actriz, la competencia se siente; audiciones y castings son lugares en los que puede salir lo mejor o lo peor de cada una. Todos queremos caer bien y esperamos que nos valoren como creemos merecerlo”, dice Paula Kohan, otra actriz.
El ambiente de trabajo es un escenario clásico de estas “batallas”. Las relaciones jerárquicas, la puja por ascender y las diferencia de personalidades pueden generar climas de tensión; si esto se agrava y asoma el odio se puede llegar incluso hasta Tribunales.
Según los especialistas, las denuncias por acoso moral o violencia laboral son frecuentes y no exclusivas de un género. “Por la gravitación que la mujer logró en el mundo del trabajo, aumentaron las denuncias contra hombres y mujeres. De por sí, la mujer tiene una carga familiar a la que se le ha sumado la responsabilidad laboral, lo que potencia el problema porque su agotamiento físico, psíquico y emocional es mayor y repercute en todos sus ámbitos”, describe Pedro Rebottaro, especialista en derecho laboral.
Pero la competencia no siempre es vivida negativamente. “Hay mujeres que se desempeñan muy a gusto en lugares muy competitivos, y otras que a lo mejor extrañan no estar en ámbitos de alta competencia”, señala Claudia Risau, psicóloga de Centro de Salud Mental Dos.

Cuestión de género

Distintas razones hicieron que “las mujeres compitan para destacarse ante la mirada masculina y así acceder a migajas de poder”, dice Susana Gamba, presidenta de la Fundación Agenda de Mujeres. Sin embargo, “de a poco, las mujeres accedimos al mundo público, a la educación, al trabajo remunerado y, en parte, a los ámbitos de toma de decisiones. Esta autonomía que tanto nos costó y nos cuesta hace que prevalezcan entre nosotras vínculos de confianza y afecto, en los que también participan los hombres. Todo esto modifica la relación intersexos e intragéneros en las subjetividades y en la cultura.”
Al respecto, el filósofo y escritor Gustavo Varela señala que “los hombres son directos, en ellos juega la fortaleza física, la posibilidad de vencer la fuerza del otro. Dos hombres con intereses diversos desatan una lucha, silenciosa o violenta. La competencia entre mujeres requiere de mediadores simbólicos: un gesto, una crítica. Es, diríamos, ‘más civilizada’ a pesar de que puede ser más artera o maliciosa. Pero hay una cualidad femenina indiscutible en este sentido: la agudeza que tiene la mujer para ver a las otras mujeres es la misma que tiene para verse a sí misma”.
entremujeres.com