jueves, 20 de mayo de 2010

La risa provoca el mismo efecto que el ejercicio físico moderado

Investigadores de la Loma Linda University de Estados Unidos han descubierto que las arcajadas pueden provocar el mismo efecto en el organismo que el ejercicio repetitivo.
En un estudio de tres semanas de duración, dirigido por el investigador especialista en psiconeuroinmunología de dicha universidad, Lee S. Berk, fueron analizados los efectos de la risa en un total de 14 voluntarios sanos.
Según publica la revista Eurekalert, en concreto, se examinaron los efectos de la risa alegre y de la angustia en la modulación de hormonas del organismo humano que resultan esenciales para el control del apetito.
Durante el experimento, cada uno de los participantes tuvo que ver videos de 20 minutos de duración, en los que aparecían aleatoriamente imágenes de situaciones desasosegantes (angustia) o humorísticas. Cada vez que veían algún video, los voluntarios tenían que esperar una hora para ver el siguiente, de signo contrario, con el fin de que se les pasaran los efectos de la primera visualización.
Videos angustiosos y de humor
Los investigadores eligieron los primeros 20 minutos de la película “Salvar al soldado Ryan”, ambientada en la segunda guerra mundial, como video muy angustioso, y dieron a elegir a los participantes diversas opciones de videos de humor –de humoristas o de comedias- para asegurar que éstos se reían lo más posible.
Durante todo el estudio los científicos fueron midiendo la presión sanguínea de los participantes y también tomando muestras de sangre a éstos, después de cada película. A partir de dichas muestras, se establecieron los niveles en sangre de dos hormonas relacionadas con el apetito: la leptina y la grelina.
Cuando los científicos compararon los niveles de estas hormonas antes y después de la visualización de los videos, descubrieron que los voluntarios que vieron la película de Salvar al soldado Ryan no mostraban un cambio estadísticamente significativo en dichos niveles, y durante los 20 minutos posteriores.
Pero, por el contrario, los niveles de leptina y grelina en sangre de las personas que habían visto el video de humor, sí se habían visto modificados: el nivel de leptina se había reducido y el de grelina había aumentado, que es el mismo efecto que provoca el ejercicio físico moderado, a menudo se ha asociado con el incremento del apetito.
Según los científicos, estos resultados sugieren que la risa puede causar ciertos cambios en nuestro organismo, lo que podría aprovecharse para el desarrollo de futuros tratamientos para personas que no pueden hacer ejercicio físico pero que tienen que aumentar su apetito.
Por ejemplo, sería el caso de muchos pacientes ancianos que se vuelven depresivos y, en combinación con la falta de ejercicio físico, dejan de tener hambre, lo que pone en peligro su salud y su bienestar.
Una situación similar suele darse entre las personas viudas, que sufren depresión y pérdida del apetito tras la pérdida de su pareja, o en los pacientes con dolores crónicos, que pierden el hambre como consecuencia de los cambios químicos que les provoca en el cuerpo el dolor continuo.
Aunque la risa resulte inimaginable para las personas con depresión o dolor crónico intenso, lo cierto es que resulta una alternativa accesible como punto de partida para la recuperación del apetito y, por tanto, para la progresiva recuperación de la salud, explican los investigadores.
Efectos positivos en todo el organismo
Desde los años 80, Berk y sus colaboradores se han dedicado a analizar el papel de la risa como regulador de ciertas respuestas orgánicas. Según afirma el investigador, los resultados obtenidos en sus investigaciones demuestran que nuestros comportamientos cotidianos y nuestras emociones modulan el cuerpo de muchas maneras.
Estos investigadores fueron pioneros en establecer, por ejemplo, que la risa ayuda a optimizar las hormonas del sistema endocrino, incluso reduciendo los niveles de cortisona y epinefrina (hormonas relacionadas con el estrés).
Por otro lado, los científicos también han demostrado que la risa tiene efectos positivos en la regulación del sistema inmune, porque incrementa la producción de anticuerpos y la activación de ciertas células protectoras del organismo, como los linfocitos o los linfocitos T citotóxicos responsables de la inmunidad celular e importantes para evitar la formación de tumores.
Por último, los estudios de Beck y de sus colaboradores han demostrado también que las carcajadas o risas alegres repetitivas mejoran el estado de humor, reduce los niveles de colesterol en sangre y regula la presión sanguínea.
La primera persona en sugerir que el humor y la risa podían beneficiar a la salud humana fue Norman Cousins, un profesor de medicina de la Medical Humanities for the School of Medicine de la Universidad de California en Los Ángeles, que se dedicó a investigar la bioquímica de las emociones humanas, y que desarrolló un programa de recuperación que incluía la risa y que experimentó consigo mismo, puesto que Cousins sufría una enfermedad autoinmune.
En la actualidad, existe ya todo un método de curación basado en la risa, la Risoterapia, que se está utilizando como fuente de relajación y de rejuvenecimiento, así como de tratamiento del estrés y de las depresiones; como método de adelgazamiento y de curación del insomnio o de problemas cardiovasculares y respiratorios, entre otros fines.


La risa provoca en el cerebro las mismas reacciones que la cocaína
Los chistes activan las mismas zonas cerebrales que la cocaína, según ha constatado un equipo de científicos de la Universidad de Stanford, California, mediante una investigación que acaban de publicar en la revista especializada Neuron.
La investigación se desarrolló con 16 voluntarios en sus respectivos ambientes familiares y amistosos, mientras veían dibujos animados cómicos en la televisión. Durante ese tiempo, sus cerebros eran escaneados por la técnica de Imagen de Resonancia Magnética (IRM).
Al analizar los datos recogidos durante este experimento, el equipo investigador descubrió que el humor y los chistes activaban las mismas zonas del cerebro llamadas “de recompensa” que se estimulan con el consumo de drogas, un ingreso inesperado de dinero o la contemplación de un paisaje.
El mecanismo “de recompensa” se activa por estimulación cerebral o por la influencia de substancias endógenas. Entre los principales componentes del sistema de recompensa se encuentran el área tegmental ventral y el cerebro anterior basal: núcleo acumbens, tubérculo olfatorio, corteza frontal y amígdala. La conexión dopaminérgica entre el área tegmental ventral y el cerebro anterior basal es el llamado sistema dopaminérgico mesolímbico.
El descubrimiento de la Universidad de Stanford explica por qué cuando una persona disfruta con un chiste o un episodio intenso de humor experimenta una sensación de euforia que se prolonga en el tiempo, al igual que sucede cuando se consumen drogas o se viven episodios especialmente felices.
Mejores tratamientos
El equipo del Stanford Brain Research Center trabaja sobre los diferentes estados cerebrales que se producen en el momento de la depresión o de euforia, lo que consiguen siguiendo el comportamiento del cerebro durante estos episodios.
La investigación ayudará a comprender mejor el funcionamiento del cerebro cuando experimenta algún tipo de bienestar y contribuirá también a perfeccionar el diagnóstico de la depresión, así como los tratamientos antidepresivos.
La imagen neuronal había establecido con anterioridad una relación entre los mecanismos afectivos, cognitivos y motores asociados al buen humor, pero no se había conseguido establecer el sustrato neurobiológico de este estado, que es lo que ha logrado el equipo de Stanford.
El estudio ha verificado que el humor modula la actividad de ciertas regiones corticales y subcorticales, incluyendo el núcleo acumbens, que es un componente clave del sistema mesolímbico dopaminérgico, la zona vinculada con las emociones y las conductas biológicamente reforzadas.
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