lunes, 17 de mayo de 2010

La devolución de un niño ruso adoptado provoca tensiones entre EE.UU. y Rusia

Arthur Lookyanov dice que nunca olvidará la mañana del 8 de abril. Era soleada y agradable, escribiría dos días después en su blog. Y, para no tener problemas con el tráfico enloquecedor de Moscú, decidió salir con tiempo hacia el aeropuerto Domodedovo. Lookyanov es un taxista que montó una pequeña empresa gracias a Internet y sobre su buen manejo del inglés y su habilidad para ayudar a los turistas a moverse por tierras rusas. Fue por la web que aquella mañana tendría un nuevo pasajero. Según el último mail enviado desde Shelbyville, una ciudad de Tenessee, debía ir a buscar a Artem Saveliev al vuelo 964 de las 10.45 de United Airlines y llevarlo al Ministerio de Educación. El taxista era así el protagonista del último capítulo que enfrenta a Rusia con EE.UU.
Artem Saveliev fue el primer pasajero del vuelo de Washington que salió al hall del aeropuerto. Sólo tuvo que hacer los trámites migratorios y no esperó el equipaje. Había hecho el vuelo directo solo y sin valijas: apenas tenía una pequeña mochila con un par de juguetes, crayones y papeles para dibujar. A los 7 años, Artem -nacido en Siberia- había sido devuelto por su familia adoptiva desde EE.UU. Lo explicaba una breve carta que la enfermera Torry Ann Hansen, su madre adoptiva de 33 años, puso en un sobre dirigido al ministro, junto con otro dirigido al taxista donde le pagaba el viaje del aeropuerto hasta el ministerio -120 dólares- y le daba una propina. En total, 200 dólares.
El camino hacia el ministerio fue un poco más largo, recordó después el taxista. El tránsito moscovita era la pesadilla de todos los días. En el asiento de atrás, Artem dibujó y firmó con su nombre nuevo: Justin. Así se llamaba desde que en septiembre había sido adoptado. En su nueva vida casi había olvidado su lengua materna. Entonces, hablaron en inglés. Justin dijo que extrañaba a Nancy de 64 años, la madre de la enfermera.
El taxista ruso dice que recién entendió qué pasaba cuando en el escritorio de entrada del ministerio le dijeron que nadie esperaba al nene rubio que había llevado. Entonces, decidió llamar a la enfermera con quien había intercambiado amables emails. La enfermera le dijo que se sintió engañada por el ministerio. El chico tendría problemas psiquiátricos, aseguró. Su abuela después contó que esos "problemas psiquiátricos" eran grandes enojos y gritos. También que había dicho que iba a matar a toda la familia y hasta dibujó la casa prendiéndose fuego.
La enfermera había contactado sola al taxista por Internet, comprado dos pasajes a Washington y desde ahí uno solo de ida a Moscú.
El caso escaló rápido en la agenda bilateral. El gobierno ruso suspendió todas las adopciones que se hacen desde Estados Unidos. Las negociaciones empezaron en seguida y parecían avanzar hacia un acuerdo. La situación urge: actualmente hay 200 adopciones frenadas por esta crisis. En EE.UU., más del 10% de las adopciones internacionales son de origen ruso. En el último año fiscal (octubre 2008-septiembre 2009), los estadounidenses adoptaron 12.753 niños extranjeros. Rusia es el tercer país de origen, con 1.588; le preceden China (3.001) y Etiopía (2.269).
El Defensor del Menor de Rusia, Pavel Astajov, salió a hablar. Dijo que la fiscalía de Tennessee debería acusar a Hansen de abandono. Pero las autoridades aún no han actuado y, ante el poco avance en el tema, Astajov anunció que Rusia prohibirá directamente las adopciones de estadounidenses si el gobierno de Barack Obama no firmaba un acuerdo antes del 15 de mayo. Lo que no sucedió. El viernes informaron que no se darán chicos en adopción a personas que no tengan acuerdos bilaterales sobre el tema.
Pero Astajov reconoció que el problema tiene un origen doméstico. Rusia no puede prescindir de las adopciones de otros países porque no tiene suficientes familias dispuestas a adoptar. En realidad, el gran problema es la alarmante situación de la niñez rusa. La presidenta de la comisión parlamentaria sobre niñez, Elena B. Mizulina, dio la alarma: su país tiene más huérfanos ahora, 700.000, que al fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando 25 millones de soviéticos murieron en la contienda. Además, reconoció que el caso de Artem no es el único: en ese país 30.000 niños en los últimos tres años fueron enviados de vuelta a las instituciones por sus familias adoptivas.
Pero ¿por qué el porcentaje de huérfanos en Rusia es 4 a 5 veces mayor que en Europa o en EE.UU? La mayoría han sido desplazados de hogares disfuncionales por las autoridades, explicaron en estos días. Son chicos que vivieron bajo la violencia. Los defensores de esta política aseguran que hasta que el gobierno ruso encuentre la fórmula para reducir los problemas sociales como el abuso de drogas y alcohol no hay otra alternativa: los huérfanos rusos seguirán existiendo.
La preocupación por las anunciadas restricciones de Rusia a las adopciones internacionales no es sólo en EE.UU., sino que se ha contagiado a otros países que también reciben muchos chicos. En Argentina, como el Estado no fomenta ni apoya las adopciones internacionales porque hace prevalecer el derecho a la identidad, no hay estadísticas. Pero eso no quiere decir que no se adopten chicos rusos. Varias fuentes consultadas por Clarín señalaron que son muchas las adopciones hechas en los últimos seis años. Son trámites realizados a través de agencias internacionales, como la que utilizó la enfermera, que tendrían un costo final que ronda los 20 mil dólares.
Pero no importa el país de destino. Lo que preocupa es la grave situación que viven los chicos y que una de las posibles soluciones sea la falta de cuidado en sus derechos y también la de control a los padres adoptantes. El caso de la enfermera sirvió para sacar a la luz otros dos casos de asesinatos de chicos rusos. El más reciente fue el de Nathaniel Craver y el otro fue Axel Pavlis, ambos en Estados Unidos. La asesina de Axel fue su madre adoptiva, Irma, condenada a 12 años. Ella y su esposo, Dino, habían pasado dos días en Moscú antes de la adopción. Recorrieron la ciudad con un taxista ruso: Arthur Lookyanov. Ante la coincidencia, el conductor asegura que se ha transformado en un taxista precavido. Dice que en el futuro hará más preguntas cuando le hagan un encargo.

clarin.com