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sábado, 17 de septiembre de 2011

Más de 12.000 psiquiatras en Buenos Aires


A partir de mañana, y hasta el jueves, transcurrirá en Buenos Aires una reunión jamás realizada aquí: el Congreso Mundial de Psiquiatría, que se organiza cada tres años. Asistirán 12.000 psiquiatras de todo el mundo, aunque la cifra final podría trepar a 15.000.
"Es imposible trazar un mapa mundial de la problemática en psiquiatría -dijo el doctor Néstor Marchant, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP) e integrante del Comité Supervisor del Congreso-. Cada país tiene sus problemas. Pero la situación es siempre delicada, porque los gobiernos no ayudan."
-El programa del congreso es vasto. ¿Cuánto de nuevo hay?
-El tema central de la psiquiatría es siempre el mismo: la locura. Pero vamos dividiéndola en subespecialidades. Aunque los libros de hace 20 años describían las enfermedades mejor que ahora. Hoy la gente vive rápido, se impone todo desde la resolución económica. Antes al ataque de pánico le decíamos crisis aguda de angustia y había mucho menos. También antes existía el estrés, pero hoy mucho más, vivimos a un ritmo intenso, se trabaja todo el día, se descuida la familia, los hijos?
-La locura, como usted la llamó, ¿sigue siendo incurable?
-Las enfermedades mentales graves, como la esquizofrenia, que afecta a cerca del 1% de la población, pueden ser controlada y las familias educadas para convivir con el psicótico. Y eso es un gran adelanto, que tiene que ver con la farmacología moderna. Pero no tienen cura.
-Una discusión eterna es si las personas con enfermedad mental deberían ser recluidas en manicomios?
-Lo ideal serían hospitales más chicos, para que el paciente vuelva con su familia una vez pasadas las crisis. Pero para hacer eso hay que tener una estructura acorde. Y hay familias que no quieren recibir al enfermo en la casa, porque produce mucho descontrol. En la Argentina más de la mitad de los hospitales psiquiátricos son crónicos porque no hay dónde mandar a los pacientes. Los jueces nos obligan a tenerlos internados, y no existen casas de medio camino ni colonias adonde se los pueda mandar.
-Otro tema de gran preocupación son las adicciones. ¿Qué postura tienen desde la psiquiatría?
-Nadie pone un peso para tratar a los drogadictos: existen los mismos recursos que hace diez años. Los jueces los terminan internando en el Moyano y el Borda, y en la mezcla del psicótico con el adicto el que pierde es el psicótico: el adicto utiliza al esquizofrénico, más abúlico por su enfermedad. Hoy se habla mucho del paco, pero nadie hace nada. Y si un psiquiatra quiere internar a un adicto al paco según la nueva ley de salud mental le tiene que preguntar al paciente: ¡tiene que dar su consentimiento alguien a quien le funciona medio cerebro! Los crímenes brutales que vemos en general son cometidos por adictos. He sido médico forense, conozco el problema. Ahora cualquiera agarra un revólver, no tienen cerebro, no tienen freno inhibitorio.
-¿Y se puede recuperar un adicto de esa magnitud?
-Se puede. Muchos salen adelante, vale la pena. Pero no hay lugar donde tratarlos. No hay intención de los gobiernos ni ministros de Salud de ayudar a la gente que tiene problemas de drogadicción. El paco es algo muy grave porque los pacientes terminan muy mal. Se habla mucho, pero ¿a quién se le ocurrió tener una colonia? Hay que poner plata y más vale ponerla para hacer propaganda. Y en las adicciones hay que mencionar también al alcohol, que es la puerta de ingreso a otras.
-Usted es un hombre que ha trabajado mucho con el padecimiento psíquico. ¿Es optimista?
-Veo que estamos cada vez más solos. Tenemos muchas distracciones, pero eso no disminuye nuestra soledad. Las parejas se llevan mal, los hijos se crían como pueden. Podemos llegar a tenerlo todo, pero no tenemos lo básico. Vivimos un mundo ficticio. La gente no conversa, comemos y miramos la televisión, programas ridículos, insoportables. Es un caldo de cultivo para la enfermedad mental.
lanacion.com

jueves, 7 de julio de 2011

Los grandes retos en la salud mental del mundo

Una mujer trabajando en las minas de mica de Palamur (India). | Foto: Josh Chin


Cada siete segundos, una persona desarrolla demencia en el mundo y, según las previsiones, en 2020 el número de suicidios ascenderá a un millón y medio al año. Los pronósticos en salud mental no son en absoluto alentadores. Un comité de expertos de más de 60 países propone una serie de estrategias para mejorar la calidad de vida de quienes padecen este tipo de enfermedades.
Según un artículo publicado en 'Nature', los trastornos mentales (esquizofrenia y depresión), neurológicos (epilepsia) y los derivados del uso y abuso de sustancias adictivas representan el 13% de la carga global de enfermedades, por encima del cáncer y patologías cardiovasculares. "La ausencia de tratamiento y la escasez de intervenciones de prevención refleja una limitada comprensión del cerebro y sus mecanismos celulares y moleculares", afirma el profesor Abdallah Daar, científico del centro para la salud global de la Universidad de Toronto (Canadá).
Como siempre, los países más pobres son los que más lo sufren, ya que tampoco pueden aprovechar aquellas terapias que sí se conocen para enfermedades como el Parkinson. De hecho, "el 83% de las naciones con bajos ingresos no tiene fámarcos para dicho trastorno y el 25% no dispone de medicamentos antiepilépticos", asegura el científico Daar. La distribución de los recursos es muy desigual. No hay más que recordar que "el número de psiquiatras en Europa es 200 veces más alto que en África".
Como añade el principal autor de este trabajo, "es necesario investigar más en la prevención y el tratamiento de las enfermedades mentales, sin embargo la inversión, a día de hoy, es muy baja, sobre todo teniendo en cuenta la alta tasa mundial de este tipo de trastornos".

Investigación para la próxima década

El grupo de científicos de la Universidad de Toronto propone investigar durante los próximos 10 años una serie de temas que consideran prioritarios en la salud mental de todo el mundo. En total, son seis y los presentan en un informe titulado: 'Los grandes retos en la salud mental global'.
1. Es fundamental, tal y como indican los autores del documento, "identificar los factores de riesgo sociales modificables y los biológicos en el transcurso de la vida, además de comprobar hasta qué punto la pobreza, la violencia, las guerras, la emigración y los desastres influyen en la salud mental".
2. "Deberíamos avanzar en la prevención y la implementación de intervenciones tempranas. Desarrollar estudios sobre los beneficios de la prevención en la atención primaria y poner en marcha estrategias para evitar el abuso de sustancias adictivas en los jóvenes". Hay que prestar especial atención a los niños.
3. Los expertos apuestan por la investigación para mejorar el tratamiento y consideran necesario tomar las medidas oportunas para facilitar el acceso de todos los afectados (estén en el país que estén) a la atención sanitaria. También "sería interesante estudiar cómo podemos reducir el coste y mejorar la eficacia de la medicación".
4. Otro punto que merecería ser objeto de estudio es la concienciación social sobre la alta tasa mundial de enfermedades mentales. "Deberíamos poner en marcha métodos para eliminar el estigma, la discriminación y la exclusión social de pacientes y familiares afectados; establecer evidencia sobre los factores socioeconómicos y culturales asociados con la incidencia, el diagnóstico y el tratamiento".
5. Sería interesante analizar cómo los países con poco recursos pueden afrontar estos retos mentales. Hay que formarles y dotarles de las herramientas necesarias para el tratamiento de este tipo de enfermedades.
6. Y, por último, el apoyo político. Según los científicos, habría que establacer unos requisitos mínimos para el tratamiento de patologías mentales en todo el mundo, incorporar programas internacionales y no olvidarse de la inversión económica, sin la que la investigación, el tratamiento y la prevención son imposibles.
Por primera vez, concluyen los artífices de este informe, "hemos ofrecido un claro panorama sobre las mayores necesidades que hay en la salud mental de todo el mundo. Esto ayudará a dirigir los esfuerzos y también ayudará a los ministerios de salud de todos los países a entender cuál es la situación real, priorizar, invertir y actuar".
elmundo.es

miércoles, 6 de julio de 2011

Más problemas mentales en los hijos de soldados desplazados

Un soldado se despide de su hijo antes de partir al frente. | El Mundo
Cuanto más tiempo han pasado los soldados estadounidenses desplegados en Irak o Afganistán, más propensos son sus hijos a haber sido diagnosticados con problemas de salud mental, según ha revelado un estudio dirigido por Alyssa Mansfield, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.
La investigación, publicada en 'Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine', analiza los registros médicos de 307.520 hijos de entre cinco y 17 años de personal activo del ejército norteamericano y los resultados muestran que casi el 17% de ellos presentaba un trastorno de salud mental.
"Los niños de padres que pasaron más tiempo desplegados entre 2003 y 2006 estaban peor que aquellos cuyos padres habían estado en el campo de batalla por un lapso más corto", explican los investigadores.
El Ejército estadounidense tuvo a unos 562.000 de sus miembros en activo en 2010, con más de 570.000 hijos. Algo menos de dos tercios de todos los hombres y mujeres activos estaban casados y el 15% estaba criando a sus hijos como único padre.
Los hijos de quienes estuvieron desplegados al menos una vez durante un promedio de 11 meses, como parte de las operaciones de EEUU en Irak y Afganistán, eran especialmente proclives a padecer trastornos de conducta, depresivos o relacionados con el estrés, comparado con los niños de padres que nunca habían ido a la guerra.
Los niños eran más propensos que las niñas a sufrir problemas de salud mental, según el estudio, que revisó registros de pacientes tratados en instalaciones médicas militares y centros civiles a través de coberturas militares.
"Solíamos pensar en el despliegue [de soldados] como una experiencia personal: voy, estoy lejos, es difícil y luego regreso. Pero en la vida militar los despliegues se suceden y las familias tienen que lidiar con sus consecuencias", expone el doctor Stephen Cozza, profesor de Psiquiatría de la Uniformed Services University of the Health Sciences, experto en el tema que ha escrito el editorial que acompaña a la investigación.
"Se trata de consecuencias que no necesariamente son a corto plazo", añade Cozza. Las guerras no siempre terminan con el regreso al hogar, asegura el científico, dado que los soldados pueden traer sus propios problemas de salud mental a casa, que afectan las relaciones con sus hijos.
elmundo.es

domingo, 26 de junio de 2011

La ciudad deja huella en el cerebro

Miles de neoyorquinos cruzan a pie el puente de Brooklyn. | AP
La expresión "la ciudad me mata" no es tan exagerada. Las urbes son el paradigma del desarrollo social y tecnológico que nos ha permitido vivir más y mejor, pero adaptarse a ellas no es fácil. Numerosos estudios epidemiológicos han demostrado que las personas que residen en un gran núcleo poblacional tienen más riesgo de sufrir enfermedades mentales que quienes se desenvuelven en el medio rural. Hasta ahora se desconocía por completo el mecanismo biológico que está detrás de esa mayor propensión. Un equipo de científicos alemanes y canadienses ha observado por primera vez un patrón de activación cerebral ante el estrés que sólo está presente en los individuos urbanos. No es la explicación definitiva, pero sí un buen punto de partida.
Es sabido que el estrés es uno de los principales factores que precipitan la aparición de trastornos mentales como la ansiedad, la depresión o la esquizofrenia. Los autores del estudio que acaba de publicar la revista 'Nature' partieron de esta premisa para realizar un curioso experimento con el que observaron que en los 'urbanícolas' sometidos a una presión psicológica intensa se activaba en mayor medida la región cerebral denominada amígdala y había otra zona, conocida como corteza cingulada anterior perigenual, que mostraba una actividad superior en quienes se habían criado en la ciudad. Nada de esto ocurrió en los que se habían educado o vivían en el campo.
Los ciudadanos que se prestaron a participar en este análisis tuvieron que realizar una serie de ejercicios matemáticos mientras su cerebro era escaneado con la técnica conocida como resonancia magnética funcional. A la tensión de enfrentarse a la aritmética se sumaba la actitud poco 'compasiva' de los investigadores, quienes agobiaban aún más a los sufridos voluntarios echándoles en cara lo mal que lo estaban haciendo o diciéndoles que sus resultados no llegaban a la media del resto de sus compañeros. De esta forma, todos ellos experimentaron un potente estrés y salieron a la luz las diferentes formas de reaccionar de sus cerebros.
El hecho de que cobrase protagonismo precisamente la amígdala concuerda con el papel que se ha atribuido a esta zona del cerebro en el procesamiento de las reacciones emocionales y, como explican los autores del estudio, liderado por Andreas Meyer-Lindenberg, de la Universidad de Heidelberg (Alemania), en el desarrollo de "trastornos de ansiedad, depresión y otros comportamientos que se observan con mayor frecuencia en las ciudades, como la violencia".
Lo que se ha constatado es, en definitiva, que nuestras hormonas sufren una transformación como consecuencia de la vida en la ciudad. Ahora bien, los propios autores reconocen que han hallado una correlación, no una asociación causal. Han abierto una prometedora vía de investigación que aún se encuentra en estado larvario.
"Es necesario verificar estos resultados", señala Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos. En todo caso, confirma el gran interés de investigar los mecanismos biológicos que están detrás de algo que ve diariamente en su consulta: que vivir en la ciudad nos altera psíquicamente.
Pero, ¿qué es lo que más nos afecta del estilo de vida urbano? Según Gándara, la prisa, la falta de tiempo y, sobre todo, "la sensación de que no tenemos el control". Esto se traduce en varios planos: "para el estilo de vida masculina, en la desaparición del estatus y, para el estilo de vida femenino, en la pérdida de los contactos".
Visto que la ciudad es el problema, el siguiente paso es encontrar una solución. La vuelta a la vida rural no es una propuesta realista, habida cuenta de que el proceso de urbanización es imparable y se calcula que para el año 2050 el 69% de las personas vivirá en grandes núcleos poblacionales. Lo que sí es factible es hacer la vida en la ciudad más llevadera.
elmundo.es

lunes, 28 de febrero de 2011

Pacientes sin hogar y con enfermedades mentales

Las personas 'sin techo' están aumentando por la crisis. | Antonio Heredia


















Se visten, comen, duermen y, también, sufren en las calles. Y aunque son invisibles para muchos ciudadanos, cada vez son más en número. Son las personas sin hogar (PSH).
"Con la crisis económica está aumetando la cifra de los que se quedan en la calle. Les rodea una gran problemática, pero la situación se complica aún más si, también, padecen una enfermedad mental porque su riesgo de exclusión social se multiplica", reconoce María Fe Bravo Ortiz, jefa del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario La Paz (Madrid) y presidenta de la Asociación de Neuropsiquaitría (AEN).
La doctora Bravo habla con conocimiento de causa. Lleva 20 años dedicada a ellos. "Se ha producido un incremento en la proporción de sin techo con patología mental, sobre todo esquizofrenia, adicción a las drogas y al alcohol en las grandes ciudades de los países desarrollados".
Dos ejemplos. Cerca de 700 personas viven en las calles de Barcelona y otras 900 en Madrid. Entre un 4% y un 10% de ellos sufre esquizofrenia, trastorno bipolar y de la personalidad, depresión grave y estrés postraumático. Además, un 30% abusa de sustancias o de alcohol.
Asistirlos y tratarlos es una tarea ardua. Su desconfianza, su rechazo a recibir tratamiento y su negativa a ser ingresados en los momentos más graves de la enfermedad son los mayores obstáculos a los que se enfrentan los equipos de salud mental y sociales que les atienden.
Tienen que convencerles para que acepten los recursos de los que pueden beneficiarse. Dos décadas lleva Salud Mental y Exclusión Social (SMES)-Madrid, una asociación que aglutina a varias instituciones, trabajando para y por todos ellos.
Con ella colabora también "la Consejería de Sanidad de la comunidad a través de dos equipos, uno perteneciente al Hospital Clínico San Carlos y el otro, La Paz", aclara la psiquiatra Bravo.
Esta especialista comenta que la entidad se "engloba dentro del proyecto europeo que en 2001 quedó constituido como una asociación sin ánimo de lucro SMES-Europa. Somos un ejemplo para muchos países vecinos. En varias ocasiones han venido a visitarnos para ver cómo funcionamos y copiar nuestro modelo". Cerca de 14 profesionales (psiquiatras, psicólogos, educadores, rehabilitadores...) trabajan a pie de calle por las personas sin hogar con enfermedad mental.

Ganarse su confianza

"No podemos asistirlos por la fuerza. Los estudios han constatado que ingresar los casos graves en contra de su voluntad no aportan ningún beneficio. Se trata de ganarse poco a poco su confianza", aclara la presidenta de AEN. Son los servicios sociales los que alertan si detectan a una persona sin hogar con enfermedad mental.
"En ese momento las enfermeras y los psiquiatras acuden hasta donde están para trabajar con ellos, diagnosticarlos y conseguir que acepten el tratamiento".
María Vázquez, coordinadora del grupo de personas sin hogar con problemas mentales del Hospital Clínico San Carlos, explica "que es muy complicado que estos enfermos acudan a un hospital o a una consulta. No tienen recursos para coger un autobús, no quieren perder su cola en el comedor o tiempo porque tienen que pedir pero, sobre todo, sus necesidades y prioridades son otras, por eso somos nosotros los que tenemos que buscarles en la calle y seguir su tratamiento ahí".
Una segunda parte de la rehabilitación pasa por su adherencia a la terapia así como por realizar una labor de acompañamiento.
Se trata, en definitiva, de desestigmatizarles y de ayudarles a volver a vivir en sociedad. Y se está logrando. "Hemos tratado a más de 400 personas y hemos logrado que cerca de un 80% se trate, mejore y viva en residencias", recalca María Vázquez.
La doctora María Fe Bravo apunta que la razón por la que un alto porcentaje de personas sin hogar tiene trastornos mentales hay que buscarla en su mayor suceptibilidad, sobre todo si se trata de enfermedades como la esquizofrenia.
"Hay dificultades añadidas en esta patología que les hacen más vulnerables a terminar en la calle. Son personas que no suelen tener trabajo, poseen pensiones mínimas y con pro blemas para mantener relaciones personales".
Queda mucho por hacer. La prevención no es una "una utopía. Hay que mejorar muchos los recursos disponibles y, sobre todo, ir en busca de las personas con más probabilidades de poder acabar sin casa", agrega la psiquiatra María Vázquez.
elmundo.es

miércoles, 26 de enero de 2011

Electroshocks: evalúan recategorizar su riesgo

Duff Wilson
The New York Times
NUEVA YORK.- Las autoridades regulatorias federales de los Estados Unidos están evaluando bajar la clasificación de riesgo de los dispositivos que se emplean para administrar electroshocks, lo que refuerza lo que muchos psiquiatras consideran una aceptación cada vez más profunda del electroshock en la psicoterapia moderna.
El procedimiento ha experimentado un resurgimiento en los últimos años. Se estima que 100.000 norteamericanos -dos tercios de ellos son mujeres- se someten cada año a este tratamiento para la depresión y otras afecciones. Anestesiados, los pacientes reciben una descarga de electricidad a partir de electrodos durante varios segundos, lo que induce un shock cerebral y convulsiones que duran hasta un minuto.
La Asociación Americana de Psiquiatría y otros especialistas líderes en el campo han recomendado a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, según sus siglas en inglés) de los Estados Unidos que baje de grado a estos dispositivos a la categoría de riesgo medio, una propuesta que será evaluada por un panel asesor de la agencia esta semana.
En cierta medida, la revisión ha renovado el debate en torno al electroshock. En 1990, personal del FDA propuso declarar los dispositivos seguros para el tratamiento de la depresión mayor, pero nunca tomaron finalmente la decisión, ante las quejas de quienes estaban en contra.
Si la FDA baja los dispositivos a un riesgo medio, estos equipamientos podrían promocionarse y venderse sin necesidad de nuevos estudios. Ese cambio colocaría a los dispositivos de electroshock en la misma categoría que las jeringas o los tornos quirúrgicos.
Pero si los mantiene en la categoría de riesgo alto, sus fabricantes deberían, si lo solicita la FDA, retirarlos del mercado. La FDA podría también requerir que se realicen estudios de efectividad y seguridad con los que no se cuenta.
Quienes están a favor del electroshock, entre ellos muchos psiquiatras reconocidos, dicen que el tratamiento es mucho más seguro que antes y que podría pasar una rigurosa revisión de la FDA. Pero afirman que sus fabricantes no podrán afrontar los costos de estos estudios.
Los opositores, entre los que se cuentan algunos grupos de ex pacientes, sostienen que los electroshocks pueden causar pérdida de memoria y daño cerebral, lo que no compensa sus beneficios a corto plazo.
El doctor Richard Abrams, que fundó Somatics, una de las dos compañías que fabrican los dispositivos para electroshock en los Estados Unidos, dijo que ninguno de sus pacientes en más de 10.000 sesiones durante tres décadas ha reportado haber sufrido pérdidas de memoria prolongadas.
"Es un tratamiento para la forma más severa de depresión -dijo el doctor Charles Kellner, profesor de psiquiatría de la Escuela de Medicina Mount Sinai, Estados Unidos-. Realmente salva vidas."
lanacion.com

sábado, 18 de septiembre de 2010

Capgras: cuando lo que vemos no nos genera ninguna emoción

Atrás han quedado las tesis que defendían la razón fría y calculadora como máximo exponente del progreso humano. La razón, sin estar entrelazada de emociones, sencillamente no encuentra motivo para hacer nada.
Además, sin emociones, nuestra vida social sería ciertamente complicada: toda la gente nos parecería una intrusa o que están controlados por extraterretres como los que aparecen en La invasión de los ultracuerpos.
Un ejemplo de ello es el síndrome de Capgras.
Nuestras percepciones no son objetivas ni lógicas. Al contemplar algo, por ejemplo, se desencadenan y se deben desencadenar emociones. Y, entonces, percepción y emoción funcionan como un todo, no pueden desligarse. Cuando esto no ocurre así es porque el cerebro no funciona bien, y entonces los resultados son nefastos, como demuestran algunos casos registrados en la literatura médica.
En 1923, el médico francés Jean-Marie Joseph Capgras describió el caso de un paciente que, tras sufrir una lesión en el lóbulo temporal, los objetos y rostros que identificaba ya no le suscitaban sentimiento emocional. Padecía lo que ahora se llama síndrome de Capgras.
El paciente empezó a estar convencido de que sus padres en realidad habían sido sustituidos por unos dobles humanos exactos. Esto sucedía porque, al contemplar a sus padres, el paciente no sentía la emoción esperada, de modo que la única explicación razonable era que esas personas que parecían sus padres en realidad no lo fueran.
También se han registrado casos en los que los pacientes aquejados de Capgras sentían algo parecido con sus mascotas. Y otros pacientes lo pasaban realmente mal cuando se veían a sí mismos en un espejo: reconocían que la imagen reflejada se les parecía mucho, pero estaban convencidos de que también se trataba de un impostor especular.
Los enfermos con síndrome de Capgras no tienen un simple problema que afecta a su discriminación visual o a sus respuestas emocionales. En el laboratorio pueden distinguir de forma relativamente sencilla entre rostros y objetos similares. No tienen alucinaciones y pueden tener respuestas emocionales apropiadas cuando reciben estímulos auditivos. Estas observaciones, sumadas a las pruebas anatómicas, apoyan la opinión que hace del síndrome de Capgras específicamente un defecto en la transferencia de información entre las partes posteriores de la trayectoria visual del “qué” y de los centros emocionales, entre ellos la amígdala.
Si queréis leer un relato apasionante sobre el síndrome de Capgras, os recomiendo la obra más popular del neurólogo Oliver Sacks: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.
Vía El cerebro accidental de David Linden

genciencia.com

Un programa modelo de salud mental

Gabriela Navarra
Dieciocho años de trabajo conjunto y amistad y la profunda esperanza en que las peores situaciones pueden mejorar con la intervención de las personas, aun de los aparentemente más débiles o vulnerables. Esto es lo que une a Ezra Susser y José Lumerman, médicos psiquiatras, el primero codirector del Departamento de Salud Mental Global de la Universidad de Columbia, Nueva York, EE.UU.; el segundo, director del Instituto Austral de Salud Mental (Iasame), en la ciudad de Neuquén.
Susser y Lumerman coinciden en que a los enfermos mentales no hay que recluirlos en instituciones de por vida, sino contenerlos en las crisis y ofrecerles después una red de resocialización.
Dicen que es posible hacerlo en una gran ciudad y también en un pueblito de 3000 habitantes con un equipo de salud formado por un médico generalista bien entrenado, un enfermero, un agente sanitario, un asistente social y -condición imprescindible- la participación de todos los actores sociales posibles, porque es "la gente" la única capaz de comunicar con una actitud abierta que existe espacio para estos pacientes en la vida social, y darles una buena razón para regresar del infierno en que seguramente les ha tocado estar.
Ezra Susser visitó Buenos Aires, Neuquén, Santiago de Chile y Río de Janeiro para poner en marcha una alianza entre la Universidad de Columbia, el Iasame, la Universidad Nacional de Chile y los Centros de Atención Psicosocial (CAP) de esa ciudad de Brasil. "Es una iniciativa multicéntrica impulsada por el departamento de Salud Mental Global de la Universidad de Columbia -explica Lumerman-, preocupada por la baja asignación presupuestaria al sistema de salud en nuestros países" (ver aparte).
Susser y Lumerman se conocieron en 1993, cuando el argentino viajó a Nueva York para especializarse en Columbia, donde Susser ya aplicaba el Critical Time Intervention (CTI), orientado básicamente a rescatar homeless de las calles. "José me llamó 15 veces hasta convencerme y fuimos a Neuquén, que yo ni sabía dónde quedaba", recuerda.
El apoyo de Susser dio sus frutos: el programa de Lumerman (que es fellow de Ashoka, organización que apoya a emprendedores con ideas para resolver problemas sociales) fue elegido modelo para países en vías de desarrollo por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

-¿Es posible que alguien con esquizofrenia, depresión o trastorno bipolar se recupere y lleve una vida aceptable?
Susser: -Sí, la gran mayoría. Son enfermedades graves y no se solucionan solamente con un medicamento; eso ayuda, pero si la persona sigue con una vida básica y limitada, sin espíritu ni intereses ni intervenciones con otros, no hay mejoría posible.

- Siempre que hay un enfermo mental, hay un ser querido que deja de tener vida para cuidarlo. ¿Esto se puede evitar o aliviar?
Lumerman: -Es una pregunta que hasta hace algunos años tenía una respuesta triste o limitada, pero ya no. Hay muchos pacientes graves recuperados, con muchos años de evolución, que no sólo no requieren que un familiar esté constantemente atrás, sino que aportan a la familia. Además de dinero, se ocupan de la madre viuda; algunos forman familia: tenemos recursos terapéuticos y de rehabilitación productiva que permiten que una persona organice su vida y sea un integrante más. Lo hemos logrado en cerca del 90% de nuestros 2500 pacientes, a lo largo de 17 años.

-¿Y por qué, si esos recursos existen, hay todavía manicomios?
Lumerman: -La respuesta es que salud mental es la cenicienta de la salud pública. La problemática de la salud mental en la población está negada. Hay ausencia de políticas públicas. En el Instituto Austral, demostramos que con los recursos locales, en un lugar donde no hay especialistas, se puede atender a estas personas, pero no sólo para darles un medicamento, sino en alianza con la familia, con los medios de comunicación, con los juzgados y otros organismos. Aprovechando los recursos de médicos de familia, rurales, enfermeros, artistas, se puede hacer todo el proceso de asistencia básica medicamentosa, psicoterapéutica y de organización productiva sin necesidad de contar con el equipo psi adentro. Y esto es una realidad: lo hemos probado en Neuquén.

-¿En qué se parece el modelo de Columbia al del Instituto Austral?
Susser: -En el modelo de psiquiatría comunitaria, hay tres principios adaptables a la idiosincrasia de cada lugar: centros de atención, medicación y personal para las crisis; abordaje, educación y contención a los cuidadores y red social, y generar ayuda mutua entre los pacientes, con fuerte inserción en la comunidad. Esto se logra en la calle, en la vida real, no en una clínica u hospital. Si no tienen familia, el sistema debe crear redes. En Nueva York hay departamentos o residencias donde los enfermos rehabilitados pueden vivir, a veces con atención permanente de médicos, enfermeros y acompañantes, y otras solos, con acceso a personas que los pueden ayudar. Las internaciones son para las crisis. Después, pueden y necesitan volver a la vida.

lanacion.com

domingo, 4 de julio de 2010

La crueldad con los animales, un signo de alarma psiquiátrica

CRISTINA DE MARTOS
A pesar de la terrible brutalidad que encierran, los actos de crueldad contra los animales no ocupan las primeras páginas de ningún periódico ni parecen escandalizar demasiado a la población. Sin embargo, tienen un significado último que debería interesarnos como sociedad. Aquellos que abusan de los animales, según indican los expertos, son hasta cinco veces más propensos a cometer crímenes violentos contra las personas.
Un adolescente británico que mete al hámster de su hermano en el microondas, un grupo de chicos que crucifica a un gato en la Comunidad Valenciana y otro que asesina brutalmente a un burro en Extremadura, tres mexicanos que torturan a un perro y cuelgan los vídeos en la Red... Animales desollados, quemados, empalados, mutilados, apaleados…
Es frecuente leer o escuchar frases como 'son cosas de niños' cuando se tratan estos sucesos. Es cierto que, a veces, dentro de un juego, especialmente en grupo, algunos menores cometen actos lamentables pero, advierten los psiquiatras y los criminólogos, otras “es una señal de alarma” que la gente no escucha, "no una válvula de escape inofensiva en un individuo sano", en palabras de Allen Brantley, supervisor y Agente Especial del FBI, uno de los grandes especialistas del mundo en la materia.
"Jugar a matar animales que no nos inspiran compasión, como los mejillones, es bastante normal. Pero algunos niños lo hacen de forma reiterativa, incluso disfrutando, y eso es un problema", explica a ELMUNDO.es Francisco Montañés, jefe de Psiquiatría de la Fundación Hospital de Alcorcón.
Conducta asocial
En países como EEUU, el interés por este tipo de actos es creciente. No sólo por la mayor sensibilización hacia los animales sino por las evidencias cada vez más numerosas de la relación entre los actos de crueldad con los animales y otros crímenes que van desde el consumo de drogas hasta los asesinatos en serie.
En la década de los 80, Alan Felthous, experto en Psiquiatría Forense, llevó a cabo varias investigaciones que mostraban de forma consistente cómo detrás de las agresiones a personas había, en muchas ocasiones, una historia de abuso a animales. Sus trabajos, realizados con hombres especialmente violentos internados en las cárceles de EEUU, así lo confirmaron.
Después de eso, otros han analizado la cuestión. En 2002, la revista 'Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law'hacía público un estudio en el cual se asociaban los actos repetidos de crueldad con los animales en la infancia con el desarrollo de un trastorno de personalidad antisocial, la presencia de rasgos antisociales y el abuso de sustancias.
"Aproximadamente, la mitad de los individuos asociales incurre en conductas sádicas y si lo hacen antes de los 10 años el pronóstico es peor", señala Montañés. Que el menor pase de un acto aislado de violencia contra un animal a cometer otros crímenes "es una escalada", añade este experto. "Si repites el acto y va aumentado el tamaño del animal; si se disfruta… Las posibilidades son mayores".
Frank Ascione, del departamento de Psicología de la Universidad de Utah (EEUU) y reconocido experto, escribía en el Boletín de de Justicia Juvenil en 2001: "El abuso de animales y la violencia interpersonal comparten características: ambos tipos de víctimas son criaturas vivas, tienen capacidad para experimentar dolor y podrían morir a consecuencia de las lesiones infligidas".
Una oportunidad para intervenir
La sensibilización en España ante esta problemática es baja. "Estamos a la cola", afirma Núria Querol i Viñas, médico de familia del Hospital Universitario Mútua de Terrassa, criminóloga y experta en estos temas. "El maltrato a los animales es espeluznante y pocas veces se hace nada", añade.
Sin embargo, subraya Querol, que además es miembro de la Asociación Americana de Criminología, "cuando se detectan casos de menores que maltratan a animales, hay que tener cuidado porque puede haber un trastorno de conducta. No se puede pasar por alto, es una oportunidad para intervenir".
En este punto coincide con ella el doctor Montañés, que incide en la necesidad de "acudir al psiquiatra en casos de crueldad con los animales porque al principio estas personas pueden tener fácil remedio. La falta de control de los impulsos, la empatía, el manejo de la ira... son cosas que se pueden tratar si se cogen a tiempo", añade Querol.
Uno de los objetivos de esta experta es instaurar en España, como ya existen en otros países, programas de intervención para trabajar con estas personas ya que "es muy importante cambiar los valores y no se hace de forma sistemática", concluye.

elmundo.es

martes, 29 de junio de 2010

La crisis económica abre la puerta de las consultas psiquiátricas

ISABEL F. LANTIGUA
MADRID.- Lleva dos años instalada en la vida de los ciudadanos y, sobre todo, en sus conversaciones y en sus mentes. La crisis económica no da tregua a los españoles y sus efectos sobre la salud empiezan a pasar factura. Ansiedad, insomnio, estrés o sensación de desamparo son síntomas que están sufriendo en carne propia tanto empresarios como empleados. El primer estudio realizado sobre la influencia de esta situación en un hospital, en concreto en el Hospital La Paz de Madrid, no deja lugar a dudas. Entre junio de 2007 y diciembre de 2009 se registró un incremento de un 50% de enfermos en las urgencias psiquiátricas. Un futuro desalentador ante sus ojos no les deja levantar cabeza.
Según los resultados de este trabajo, en el que participaron 6.000 pacientes y que se presentaron en el VII Seminario Lundbeck sobre ansiedad y depresión en Ibiza, las visitas a urgencias por intentos suicidas ascendieron un 22% en plena crisis, un 14% subieron las consultas por ansiedad y un 6% las motivadas por el abuso de drogas y alcohol.
"En el último año hemos notado un cambio en el perfil del paciente. Ahora es mucho más común que acudan a consulta autónomos y pequeños empresarios, que están sufriendo emocionalmente los problemas laborales suyos y de sus trabajadores. Estamos dando más bajas por estrés", confirma a ELMUNDO.es Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Burgos, que también reconoce que "el número de varones con problemas se ha incrementado".
Este experto indica que son "los empleadores, más que los empleados, quienes están padeciendo los problemas mentales más graves, porque se quedan sin trabajo pero, además, tienen que despedir a otros y saben que tienen en sus manos el futuro de muchas familias, lo que conlleva una implicación emocional muy fuerte y mucho estrés". A esta situación estresante se añade un horizonte incierto, unas perspectivas de futuro nada halagüeñas, lo que produce "ansiedad, insomnio, pánico y otras sensaciones que pueden derivar en depresión", dice Gándara.
"Aunque los síntomas aparecen a corto plazo, en cuanto surgen los primeros inconvenientes en el trabajo, lo cierto es que los afectados tardan tiempo en consultar al especialista. Hasta que no han pasado seis u ocho meses no acuden a consulta. Y, la solución no es rápida. Hay que trabajar con los aspectos cognitivos de la persona, saber cómo ve su vida y su futuro, etc, y no es fácil salir del pozo de incertidumbre en el que se encuentran", explica el psiquiatra. "Es muy posible que el estrés agudo que presentan se convierta en crónico, entendiendo por tal aquel que dura más de seis meses. Esto se debe a que depende de factores no controlables, como la economía y el mercado laboral, y también va asociado a una pérdida de autoestima, porque la persona piensa que no sirve para nada, ha perdido estatus social, etc. Por eso la recuperación lleva tiempo", aclara.
Se estima que en España seis millones de personas sufren depresión -entre un 10% y un 15% de la población- aunque la mitad está sin diagnosticar. Este trastorno constituye la segunda causa de baja laboral, lo que supone un gasto de 23.000 millones de euros anuales. Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital Santa Creu i Sant Pau, explica, en declaraciones recogidas por la agencia Efe, que "la prevalencia de casos de depresión diagnosticados no aumentará con la crisis, pero sí lo están haciendo, y mucho, las consultas por lo que podría llamarse coloquialmente una 'depre coyuntural'".
"Lo que se agudiza es el revestimiento de las consultas, porque los pacientes están peor y las patologías asociadas a su estado depresivo se agravan. Es la música lo que ha variado, más que la letra", esgrime Álvarez.
¿Más pastillas?
Sin embargo, lo que parece que no ha subido en España ha sido el consumo de antidepresivos, tal y como reflejan los datos proporcionados a este medio por algunas farmacéuticas, como Lilly, fabricante del famoso Prozac (fluoxetina). Aquí, las ventas de estos productos han permanecido estables e, incluso, han disminuido un poco. Una situación que dista mucho de la que se vive en el Reino Unido. Según un informe del Sistema Nacional de Salud (NHS, sus siglas en inglés), el número de antidepresivos prescritos por la Sanidad británica se ha duplicado en la última década y el mayor aumento se ha experimentado en los últimos dos años.
Según publica el diario 'The Guardian', el servicio de salud hizo 39,1 millones de prescripciones de fármacos para tratar la depresión en 2009, frente a los 20 millones de 1999. La cifra supone tres millones más de recetas de las que se hicieron en 2008. "Esto puede deberse a la mejora de las herramientas diagnósticas, pero también, claro está, a la crisis", reconoce Steve Field, jefe del Royal College of General Practicioners (la asociación inglesa de médicos de familia).
Estos datos tienen dos interpretaciones para los psiquiatras. Una, la positiva, es que puede indicar que más personas están siendo diagnosticadas y tratadas de sus problemas mentales. La otra, la negativa, es que quizás haya personas que están tomando pastillas sin necesitarlo realmente. "En España sí que han aumentado las visitas psiquiátricas, pero no la prescripción de medicamentos", reconoce Gándara.
Sea como sea, lo que sí ha puesto de relieve esta crisis es que "hay una escasa tolerancia al sufrimiento normal de la vida, una visión del mundo donde se persiguen soluciones rápidas que no requieran esfuerzo por parte de la persona. El momento actual es difícil y pondrá a prueba la resistencia de los españoles", aseguró durante el seminario Javier García Campayo, psiquiatra del Hospital Miguel Servet.
elmundo.es

lunes, 24 de mayo de 2010

El fabricante del iPhone contratará 2.000 psiquiatras para detener la ola de suicidios

El gigante taiwanés Foxconn, que fabrica el iPhone de Apple y otros icónicos aparatos tecnológicos de uso en todo el mundo, ha decidido contratar a 2.000 psiquiatras y consejeros psicológicos para intentar detener la ola de suicidios en las fábricas chinas de la empresa.
Según el diario South China Morning Post, la firma ha puesto en marcha el reclutamiento de estos trabajadores en una feria de trabajo de Shenzhen, la ciudad donde trabajan 400.000 de los 700.000 empleados de Foxconn y donde se han producido 10 intentos de suicidio, con ocho fallecimientos.
El último suicidio fue el viernes pasado, cuando un empleado de 21 años saltó al vacío desde la azotea de una torre en las instalaciones de la empresa en Shenzhen.
A los nuevos psiquiatras se les ofrece un salario anual de entre 25.000 y 75.000 dólares al año, cuando los trabajadores de las fábricas de la firma cobran un sueldo base anual de unos 1.750 dólares, destacó el diario oficial "Global Times".
El reclutamiento masivo de psiquiatras es la última medida tomada por Foxconn, que ya había celebrado en sus empresas de Shenzhen reuniones en grupo para ayuda psicológica e incluso había contratado a monjes para que llevaran a cabo ritos religiosos con el fin de eliminar los "malos espíritus" en la firma.
Todos los suicidas en la empresa eran jóvenes de menos de 25 años que empezaban a trabajar en el gigante tecnológico, por lo que estos sucesos han desatado el debate sobre las condiciones de trabajo en la compañía y si las nuevas generaciones de chinos, más acomodadas que las anteriores, están preparadas para las duras condiciones de trabajo de las factorías chinas.
Trabajadores de la firma entrevistados por Global Times reconocieron que hay "falta de entendimiento y comunicación entre superiores y trabajadores", y que en los dormitorios los empleados apenas se comunican entre ellos por lo extenuados que terminan la jornada.
No obstante, razones personales podrían también estar detrás de la ola de suicidios, que ha llamado la atención de los diarios nacionales e internacionales.
En el último caso, por ejemplo, Nan Gang, el joven de 21 años que se lanzó por la ventana de su dormitorio el pasado viernes, había tenido dos desengaños amorosos en cuatro meses y contrajo muchas deudas de juego, por lo que sufría amenazas.
Por otra parte, la semana pasada la televisión local de Pekín mostró presuntas imágenes de guardias de Foxconn en la sucursal de Pekín golpeando a trabajadores.
Estos vídeos no han hecho sino aumentar las críticas a la firma taiwanesa, una rama del conglomerado industrial Hon Hai que también hace encargos a Sony, Amazon, Nintendo y otras multinacionales tecnológicas.

elmundo.es

viernes, 30 de abril de 2010

El lado buda de la psiquiatría

Por Matías Loewy
Su mamá, Sara, tiene un cáncer ginecológico avanzado, pero Jorge Rovner (47) no se permite el enojo ni se rinde al abatimiento. Prefiere la compasión. “Hay que tomar el mundo tal cual es”, dice. “El sufrimiento muchas veces está ligado a una forma errónea de ver el Universo”. En un café del Microcentro porteño, Rovner cuenta que se hizo budista antes de recibirse de médico y psiquiatra, influenciado, entre otros, por Jorge Luis Borges. “Para mí el budismo no es una pieza de museo: es un camino de salvación. No para mí, pero para millones de hombres”, había señalado el escritor en una conferencia de 1977. Pero Rovner, ex director de ensayos clínicos para América Latina de una multinacional farmacéutica, ex presidente de la Asociación Argentina de Marketing Médico y profesor titular de Psiquiatría de la UBA, siempre había pensado que su faceta espiritual no se tenía que mezclar con el ejercicio de su profesión. Que iban por caminos distintos. Que la medicación y las psicoterapias convencionales eran las únicas herramientas efectivas para aliviar el malestar psíquico.
Ya no piensa igual. Poco a poco, “casi de un modo natural e imperceptible”, Rovner empezó a incorporar conceptos de su filosofía de vida en el consultorio; por ejemplo, el rol de la codicia en la génesis del sufrimiento. Luego advirtió que había puntos posibles de contacto entre el espíritu del budismo y muchos de los sistemas terapéuticos hoy aprobados, como la terapia cognitivo-comportamental y la Gestalt. Y que esos principios no entraban en contradicción, sino que podían complementar el tratamiento con psicofármacos. Fue una epifanía. “La medicación es utilísima —afirma—, pero no hay fármaco que permita desarrollar en el paciente conceptos como la compasión con uno y con los demás, o vivir y actuar en el tiempo presente sin quedarse amarrado en el pasado”. Rovner bautizó su síntesis como “psiquiatría zen”, y acaba de fundar la Asociación Argentina de Psiquiatría Basada en el Budismo. Frente a la desconfianza de los terapeutas más ortodoxos, confía en que la corriente va a crecer mucho. “Yo siento que la sociedad está madura para esto”, dice.
No es la primera vez que la espiritualidad, en un sentido amplio, incursiona en el terreno de la ciencia y la medicina. En uno de los estudios más difundidos, de 2001, Richard Davidson, un neurocientífico estadounidense de la Universidad de Wisconsin, analizó imágenes cerebrales de lamas en meditación y descubrió una activación de áreas y circuitos neuronales que, se cree, se relacionan con la felicidad. Durante la última década, los trabajos publicados en revistas médicas serias que estudian la relación entre espiritualidad y salud crecieron más de 300 por ciento, de 145 en el año 2000 a 481 en 2009 (aunque, como aclara el filósofo agnóstico Daniel Dennett en su libro “Romper el hechizo”, los posibles beneficios terapéuticos son independientes del hecho de que las creencias sean ciertas o no).
Por otro lado, hay estudios que muestran que la participación en rituales, oraciones, mantras, peregrinajes, visitas a templos o santuarios y ejercicios de meditación o yoga mejoran el estado de ánimo, la presión arterial, la oxigenación de los tejidos, la tolerancia al dolor y la inmunidad, señala la médica Mirta De Giuli, miembro del capítulo de Espiritualidad de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). “Pero la apertura desde la psiquiatría a este enfoque (espiritual) es muy reciente y tiene poca difusión”, lamenta.
Rovner sostiene que su enfoque terapéutico no requiere que los pacientes sean creyentes ni que abandonen sus convicciones religiosas. “Personas con mucho escepticismo encuentran en el budismo un sistema lógico, ético y práctico de ver el mundo”, asegura. Y enumera un decálogo de principios que, basados en su filosofía milenaria, sustentan la nueva psicoterapia:
1. El tratamiento es aquí y ahora. A diferencia del psicoanálisis, no es obligatorio que la genética y las experiencias del pasado condicionen el presente. “Uno puede nacer todos los días. Y no necesita permiso de nadie para hacerlo”, dice Rovner.
2. El sufrimiento es la experiencia humana por definición, “inherente a la vida”. Y se amplifica más cuando uno se niega a aceptar que forma parte de las reglas de juego del mundo en que vivimos.
3. Sólo una parte muy pequeña del Universo se revela a las personas, “aunque sea doloroso para el ego”.
4. Nuestras emociones, sobre todo las llamadas “negativas”, están tan destinadas a desaparecer como las alegrías extremas. Y como el propio “yo”. Según Rovner, aceptar la impermanencia suele traer alivio (Borges graficó alguna vez el concepto de impermanencia budista con la anécdota de un brahmán que expuso la doctrina a un soldado de Alejandro de Macedonia. El soldado lo dejó hablar y luego lo derribó de un puñetazo. Ante las protestas del brahmán, el converso le respondió: "Ni yo fui quien golpeó, ni eres tú el golpeado”).
5. Deben evitarse creencias sin fundamento empírico. No existe la justicia o la injusticia en el Universo, ni las cosas buenas o malas “ocurren por algo”. Buscar el sentido de la vida puede agravar el padecimiento.
6. Muchos acontecimientos no tienen un porqué, o es imposible acceder a la explicación. “Admitirlo, si bien es inicialmente duro, puede ser la base para solucionar nuestros problemas”, afirma.
7. Nacer, enfermar, envejecer y morir son etapas inherentes de la vida. Y hay que aprender a aceptarlas.
8. El pasado y el futuro son creaciones. Aunque pesen, no hay nada que la persona pueda hacer con ello. Rovner dice que cuando un paciente se refiere a un dolor del pasado, suele desafiarlo para que se lo “muestre”. Tras la sorpresa inicial, el paciente admite que no puede mostrar su pasado sino sólo recordarlo. “¿Cómo puede estar condicionado a padecer por algo de lo que sólo tiene impresiones dictadas por su mente?”, lo interroga entonces.
9. Nuestra mente, muy útil en muchas áreas, no necesariamente permite salir del sufrimiento. Interrumpir el pensamiento conciente, por ejemplo, mediante la meditación, puede ser un recurso eficaz.
10. Evitar toda forma de extremismo o conceptos como el pecado y la culpa, virtudes capitales del budismo, también puede ser útil para aliviar la aflicción.
Como la psiquiatría zen, las terapias espirituales o religiosas “pueden ser tan efectivas como las psicoterapias clásicas o la medicación”, señala a Newsweek Everett Worthtington, presidente de la división “Psicología de la Religión” de la Asociación Psicológica de EE. UU. Pero los seguidores de Buda podrían tener una ventaja competitiva en ese terreno respecto a otros creyentes. Brendan Kelly, del Colegio Universitario de Dublín, Irlanda, explica en la revista “Transcultural Psychiatry” que el budismo es una psicología, una filosofía y una ética que aspira a alcanzar el nirvana, o cese de todo sufrimiento. Por ende, agrega Kelly, la práctica budista puede ser considerada “intrínsecamente terapéutica”. Un flamante estudio estadounidense acaba de constatar que siete de cada diez budistas practicantes evalúan su salud como “muy buena o excelente”.
Ricardo Corral es otro de los impulsores en la Argentina de la psiquiatría basada en el budismo. Profesor de Psiquiatría en la UBA y el CEMIC, y jefe de Docencia e Investigación del Hospital Borda, Corral dice que las respuestas de la ciencia pueden ser insuficientes para aliviar el sufrimiento. Y que la filosofía budista, como otros enfoques espirituales, puede ser una oportunidad para acercarse al otro. “A menudo se identifica a un paciente con una enfermedad determinada, y perdemos de vista la unicidad de la persona y su intersección con el mundo y con el Universo”, precisa.
Cuando, dos meses atrás, tiger Woods hizo el mea culpa por sus aventuras amorosas, apeló a sus raíces budistas. “Parte de esta senda (para el cambio) es el budismo, que mi madre me enseñó a una temprana edad”, manifestó Woods. Y resaltó que el budismo nos enseña que la persecución de las “cosas fuera de nosotros” produce infelicidad y una vana búsqueda de seguridad. Conducta moral, disciplina mental, sabiduría intuitiva, control de los deseos. Parece una receta perfecta para la redención.
Y tal vez sea una receta posible para muchas otras aflicciones. Una de las claves, señala Rovner, es que el budismo rompe con el engaño del yo permanente. “Cuando admitimos que el yo fluye, resulta imposible sentirse atacado: desaparecen los celos, la envidia y el rencor”, afirma. También se esfuma la culpa por los pensamientos que vienen a la cabeza, destaca el abogado Hugo Subiza (32), quien había consultado a Rovner por ataques de pánico que empezaron en el 2000. “Cuando dejé de temer perder aquello que creía permanente, empecé a disfrutar más de las cosas que hago y mejoró la relación con mi pareja, amigos y compañeros de trabajo”, añade Subiza.
Sus impulsores sugieren que la psiquiatría zen o una psicoterapia con mirada budista podría ser particularmente útil en depresiones, trastornos de ansiedad y crisis vitales. “A menudo alcanza con seis meses de tratamiento”, sostiene Rovner, quien admite que la terapia puede no ser adecuada en pacientes alucinados, agitados o con otras patologías severas. Los detractores o escépticos, del otro lado, recuerdan que todavía no existen investigaciones a gran escala que evalúen la seguridad y eficacia del método, ni el perfil de los pacientes que podrían sacar mejor provecho de la estrategia. Por otra parte, más allá de la filosofía singular del budismo, Worthtington considera que cualquier enfoque espiritual tiene más chance de funcionar cuando el médico tiene empatía, recupera la dimensión humana de la medicina y logra establecer una “alianza terapéutica” con sus pacientes.
Rovner parece pertenecer a esa categoría de terapeuta. Sonríe, escucha, agradece, elogia, aconseja. Y también se permite el humor en su discurso de trascendencia. En la página web donde explica su psicoterapia, Rovner avisa: “Debo advertir que usaré los conceptos más convencionales de ser y realidad, dado que si lo que escribo no existe y tampoco existimos usted y yo, creo que sería un poco arduo continuar”.

elargentino.com

sábado, 17 de abril de 2010

Los alucinógenos vuelven a la psiquiatría

John Tierney
The New York Times
NUEVA YORK.- Como psicólogo jubilado, Clark Martin tenía una buena relación con los tratamientos tradicionales para la depresión, pero su propio caso parecía intratable cuando le tocó luchar contra el cáncer de riñón y utilizar quimioterapia y otros tratamientos penosos.
Nada de eso tuvo efecto durable, hasta que a la edad de 65 años tuvo su primera experiencia psicodélica. Dejó su casa, en Vancouver, para tomar parte en un experimento de la universidad médica Johns Hopkins en el que se utilizaba psilocibina, sustancia psicoactiva hallada en ciertos hongos.
Hoy en día, los científicos están adoptando una nueva postura ante los alucinógenos, que se habían convertido en tema tabú entre los reguladores luego de que entusiastas como Timothy Leary los promovieran en los años 60 con el eslogan de "encienda, sintonice y abandone". Ahora, al utilizar rigurosos protocolos y salvaguardas, los científicos lograron el permiso para estudiar una vez más el potencial de estas drogas para tratar problemas mentales y aportar luz sobre la naturaleza de la conciencia.
En primera persona
Luego de tomar el alucinógeno, el doctor Martin se puso una máscara en los ojos y auriculares, y se tiró en un sillón para escuchar música clásica mientras contemplaba el universo.
"De pronto, todo lo que me era familiar comenzó a evaporarse -recordó-. Imagine que se cae de un bote en medio del océano, se da vuelta y el bote se ha ido. Luego, también el agua desaparece, y luego es uno el que se va."
Hoy, un año más tarde, Martin asegura que una experiencia de seis horas para ayudarlo a sobreponerse a su depresión transformó profundamente sus relaciones con su hija y amigos. Considera que ha sido el hecho más significativo de su vida, lo que hace de él un miembro típico del creciente club de pacientes que experimentaron este tratamiento.
Investigadores de todo el mundo se reúnen esta semana en California, en el más importante congreso de ciencias psicodélicas llevado a cabo en Estados Unidos en cuatro décadas. Planean intercambiar ideas sobre estudios realizados con psilocibina y otras drogas psicodélicas para el tratamiento de la depresión en pacientes con cáncer, en el trastorno obsesivo-compulsivo, en la ansiedad del fin de la vida, en el estrés postraumático y en la adicción a las drogas.
Hasta ahora, los resultados son alentadores, aunque preliminares, y los investigadores aconsejan no sacar demasiadas conclusiones de estos estudios en pequeña escala. No quieren repetir los errores de los años 60, cuando algunos científicos se convirtieron en predicadores y exageraron su comprensión de los riesgos y beneficios de las drogas.
Como las reacciones ante los alucinógenos pueden variar, han desarrollado guías para establecer un entorno confortable con monitores en la habitación para tratar las reacciones adversas. Se han establecido protocolos estándar de manera que los efectos de las drogas puedan ser evaluados con mayor precisión, y también han observado de forma directa las reacciones ante ellas, escaneando el cerebro de las personas que se hallan bajo la influencia de los alucinógenos.
Los científicos están especialmente intrigados por la similitud entre las experiencias alucinógenas y el cambio de vida del que hablan los místicos y los que meditan. Estas similitudes fueron identificadas en estudios de imágenes neurales dirigidos por investigadores suizos y en experimentos liderados por Roland Griffiths, de Johns Hopkins.
En uno de los primeros estudios del doctor Griffiths que abarcaba a 36 personas sin problemas físicos o emocionales, él y sus colegas encontraron que la psilocibina podía inducir a lo que los sujetos participantes del experimento describían como una profunda experiencia espiritual con efectos positivos duraderos para la mayoría de ellos. Ninguno había tenido experiencia previa con alucinógenos y tampoco estaba seguro de qué droga se le estaba administrando.
Para realizar el experimento doble ciego, ni los pacientes ni los dos expertos que lo monitoreaban sabían si estaban recibiendo un placebo, psilocibina u otra droga, como metilfenidato, nicotina, cafeína o alguna anfetamina. A pesar de que los veteranos de la cultura psicodélica de los 60 pueden haber tardado en creerlo, Griffiths aseguró que ni siquiera los que monitoreaban podían afirmar, por las reacciones, si las personas habían recibido psilocibina o metaflenidato.
Quienes monitoreaban a veces debían calmar a los pacientes durante períodos de ansiedad, pero estos generalmente eran cortos y nadie informó sobre efectos negativos. En un estudio llevado a cabo dos meses más tarde, quienes habían recibido psilocibina informaron de más mejorías significativas en su estado general y en su conducta que los miembros del grupo de control.
Los datos se repitieron en otro seguimiento realizado 14 meses después del experimento. En ese punto, la mayoría de los pacientes con psilocibina manifestó, una vez más, mayor satisfacción en su vida y consideró la experiencia una de las cinco más significativas de su existencia.
Desde ese estudio, publicado en 2008, Griffiths y sus colegas han continuado dando psilocibina a la gente con cáncer y depresión, como el doctor Martin. Su experiencia es bastante típica, según afirmó Griffiths: una visión mejorada de la vida luego de una experiencia en la que los límites entre uno mismo y los otros desaparece.
En entrevistas, Martin y otros pacientes describieron su ego y su cuerpo cuando desaparecían: sentían que formaban parte de un estado de conciencia más amplio, en el cual sus preocupaciones personales e inseguridades desaparecían. Se encontraron a sí mismos revisando relaciones pasadas con amantes y familiares con un nuevo sentido de empatía.
"Para mí, fue un completo cambio de personalidad -dijo Martin-. Ya no estaba ligado con el rendimiento ni el control de las cosas. Pude ver que las cosas realmente buenas de la vida suceden y que uno sólo tiene que considerarlas y compartir su entusiasmo natural con los otros. Uno siente que sintoniza con la gente."
Los informes de los pacientes se asemejan tanto a las experiencias místicas, según dijo Griffiths, que parece posible que el cerebro humano esté preparado para percibir estas experiencias "unitivas", quizá debido a alguna ventaja evolutiva. "Este sentimiento de que estamos todos juntos puede haber beneficiado a las comunidades y alentado la generosidad recíproca."
A pesar de que la agencia reguladora de medicamentos ha reanudado la aprobación para experimentos controlados con psicodélicos, ha habido poco dinero destinado a la investigación que es llevada a cabo en universidades como la Johns Hopkins o Harvard, Nueva York. El trabajo ha sido subvencionado por grupos sin fines de lucro, como el Heffter Research Institute y la Asociación para Estudios Psicodélicos (MPAS).
"Esto es una unión de ciencia y espiritualidad -dijo Rick Doblin, director ejecutivo de MAPS-. Gracias a los cambios de estos últimos cuarenta años en que la sociedad aceptó los programas médicos para enfermos terminales y el yoga y la meditación, nuestra cultura es mucho más receptiva ahora y estamos demostrando que estas drogas pueden aportar beneficios que los tratamientos habituales no pueden."
Los investigadores han comenzado a informar el éxito preliminar en el uso de psilocibina para aliviar la ansiedad de pacientes con enfermedades terminales. El doctor Charles S. Grob, psiquiatra que está involucrado en un experimento en la Universidad de California en Los Angeles, lo describe como "medicina existencial" que ayuda a la las personas que están por morir a sobrellevar el miedo, el pánico y la depresión.
"Bajo el efecto de los alucinógenos -escribe Grob-, los individuos trascienden su identificación primaria con el cuerpo y experimentan estados libres de ego antes de su fallecimiento físico real y logran una nueva perspectiva y una profunda aceptación del cambio constante de la vida."
Traducción de María Elena Rey

lanacion.com

martes, 23 de febrero de 2010

Sostienen que estar enamorado más de seis meses puede ser patológico

Hagop Akiskal sabe cómo armar una pareja. Se enamoró a los 16 años de una mujer. Tiene 65 años y todavía sigue junto a ella. Pero tras décadas de estudios en desórdenes psiquiátricos no defiende el enamoramiento eterno. Por el contrario, sostiene que "vivir en el estado de encantamiento por más de seis meses puede ser patológico.
Es un estado muy cercano a desórdenes mentales, como la depresión, el desorden bipolar o el obsesivo-compulsivo". Este psiquiatra es reconocido en la comunidad científica de los Estados Unidos por sus trabajos sobre el humor de las personas, desde una perspectiva que mira más las cuestiones de la evolución y la química de las relaciones humanas. Invitado como orador en una de las sesiones del congreso anual de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, que finaliza hoy en la ciudad californiana de San Diego, Akiskal contó a Clarín que siempre quiso saber sobre el amor romántico: "Suena superficial y algunos colegas prefieren evitar el tema, pero las pasiones amorosas han sido un misterio que ha preocupado a muchos pensadores, como Platón y San Agustín, quien afirmaba que era una locura temporaria".
Akiskal defiende entonces "la ciencia del amor", un campo reciente de trabajo. "Décadas atrás estuve investigando el comportamiento en monos y los diferentes desórdenes del humor, y con el tiempo focalizamos también en el enamoramiento, que tiene varios síntomas: la persona no puede dormir, no puede concentrarse en otros temas, y sólo tiene una obsesión por el enamorado", explicó Akiskal.
El psiquiatra hizo estudios en personas enamoradas y encontró que los niveles de serotonina, que es un neurotrasmisor en el sistema nervioso, eran similares a los de pacientes con desorden obsesivo-compulsivo. "Situaciones similares se dan en personas con depresiones. Por lo tanto, a los seis meses se puede seguir con la misma pareja, pero habría que sospechar si los síntomas del enamoramiento siguen. Es conveniente que el enamoramiento dure sólo meses. De lo contrario, se sufre demasiado", aclaró Akislal.
"Desde la ciencia del amor, nos hemos dado cuenta que los perfumes de alguna manera van en contra de la evolución. Porque necesitamos oler al otro y no enmascararlo, porque cada ser humano puede usar el olfato para descubrir si hay una histocompatibilidad con la otra persona. Por eso, es tan bueno el baile y la transpiración", opinó el psiquiatra. Akiskal también consideró que hay que prestarle atención a los niveles de la oxitocina, también llamada "la hormona de la confianza", que se libera como respuesta a la estimulación del pezón por la succión del bebé. "Aunque las investigaciones están en curso, podemos afirmar que las relaciones de confianza están basadas en la oxitocina, que ya existe en el mercado como un spray nasal", señaló el psiquiatra nacido en Siria. Luego disparó una idea controvertida: "Se podría usar el spray para hacer negocios y generar empatía. Son unos polémicos de las drogas".
El psiquiatra, que no toma café pero admite que se devora chocolates, marcó un cambio en el modo de tratar a los pacientes: "En los sesenta, se empezaron a cerrar los neuropsiquiátricos y se crearon centros de salud mental en las comunidades, un cambio que también hizo que muchos pacientes quedaran en las calles de los Estados Unidos". En el centro en que trabajaba, Akiskal abrió una "clínica" dedicada al humor de los pacientes y fue pionero en esta estrategia.
"El 15% de las personas tiene algún problema de humor, y es importante tratarlo tempranamente porque así se puede llegar a prevenir futuras depresiones y suicidios", cerró Akiskal.
clarin.com

miércoles, 10 de febrero de 2010

DSM5: La 'biblia' de la Psiquiatría se renueva


MARÍA VALERIO
MADRID.- Atracones de comida, acaparamiento de posesiones, trastorno del humor con disforia, dificultades de aprendizaje o deseo sexual coercitivo continuado... Éstas son algunas de las nuevas etiquetas que incluye la última edición del manual de Psiquiatría por excelencia, la quinta edición del DSM (siglas en inglés del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) que ha adelantado la Asociación Americana de Psiquiatría.
La última versión de esta 'biblia' de los trastornos mentales databa del año 1994, por lo que la actualización que acaba de conocerse esta semana era ampliamente esperada por la comunidad científica. De momento, la nueva clasificación (que se someterá a un debate público a partir del próximo 20 de abril), aún tiene que ser reevaluada y estudiada por los especialistas a lo largo de los próximos dos años, de manera que no será considerada oficial hasta mayo del año 2013.
Sin embargo, los primeros datos que se han conocido ya están dando que hablar. Para algunos, el
DSM 5 simplifica algunos trastornos mentales, agrupándolos en categorías más amplias y claras. Para los más críticos, por el contrario, medicaliza algunas conductas que no tienen por qué representar un trastorno mental necesariamente. A juicio de Jerome Wakefield, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Nueva York (EEUU), por ejemplo, algunos de los trastornos que recoge el manual suponen una forma de estigma "y pueden llevar a muchas personas a tomar medicación innecesariamente".
De hecho, el DSM5 no es un mero listado de patologías, sino que su publicación tiene enormes implicaciones para investigadores, compañías farmacéuticas, aseguradoras médicas, políticos y pacientes. Como señala el diario
'The Washington Post', los dos próximos años de debate hasta su publicación definitiva podrían suponer un movimiento de miles de millones de dólares en el sector.
La 'enciclopedia de lo normal'
Esta enciclopedia ("que decide lo que es normal y lo que no lo es", según la define el diario
'The New York Times') incluye en total alrededor de 300 diagnósticos diferentes, lo que no supone un aumento realmente significativo con respecto a la cuarta edición.
Entre las novedades más destacables está la definición de una categoría de 'trastornos del espectro autista', en la que se incluirán tanto el autismo propiamente dicho como otras variedades cercanas, como el síndrome de Asperger; o el llamado 'trastorno de alteración del humor con disforia', que podría aplicarse a niños con fuertes rabietas y cambios de humor que hasta ahora eran diagnosticados como bipolares.
Hasta ahora, este error de diagnóstico hacía que muchos niños fuesen tratados con potentes medicamentos antipsicóticos, poco eficaces en realidad para su problema; "cuando podrían benefiarse más de una terapia del comportamiento como primera línea", como explica Jack McClellan, un especialista de la Universidad de Washington (EEUU).
Uno de los cambios lingüísticos más importantes del nuevo manual contempla cambiar el término 'retraso mental' por el otro más políticamente correcto 'discapacidad intelectual'; mientras que por el momento la adicción a Internet se queda fuera de la categoría de 'conductas adictivas' porque los especialistas consideran que no existen de momento suficientes evidencias para considerarlo un trastorno.
En el terreno de las anomalías sexuales, se incluye el 'trastorno hipersexual', el deseo basado en la coacción a otras personas o el trastorno de penetración (caracterizado por las dificultades y ansiedad a la hora completar el coito vaginal). Además, se enumera una larga lista de parafilias y desviaciones sexuales, como el frotismo (que se define como un deseo prolongado más de seis meses de obtener placer rozando los genitales con otra persona sin su consentimiento), el voyerismo, sadismo, masoquismo o fetichismo; así como los trastornos de identidad de género.
elmundo.es

viernes, 18 de septiembre de 2009

Los psiquiatras estadounidenses prefieren las pastillas a la psicoterapia


PATRICIA MATEY
MADRID.- Con toda seguridad, si Sigmund Freud regresara hoy al mundo de los vivos se echaría las manos a la cabeza. La psiquiatría estadounidense está dejando de lado algunas 'viejas costumbres', como la de apoyarse en la psicoterapia para tratar las enfermedades mentales. Así lo acaba de poner de manifiesto un nuevo trabajo en el que se ha analizado la evolución de este tipo de tratamiento en un periodo de diez años.
La psicoterapia ha sido, hasta relativamente poco tiempo, protagonista indiscutible de la terapia de enfermedades como la depresión, el síndrome de estrés postraumático y los trastornos bipolar, de alimentación y de personalidad. Se trata, según la Sociedad Española de Integración de la Psicoterapia, "del tratamiento científico, de naturaleza psicológica que, a partir de manifestaciones psíquicas o físicas del malestar humano, promueve el logro de cambios o modificaciones en el comportamiento, la adaptación al entorno, la salud física o psíquica, la integración de la identidad psicológica y el bienestar de las personas o grupos tales como la pareja o la familia".
Sin embargo, tal y como han podido comprobar Ramin Mojtabai, de la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Heatlh en Baltimore, y Mark Olfson, del Instituto Psiquiátrico de Nueva York (ambos en EEUU), "pese a su tradicional importancia en la formación y en la práctica de los psiquiatras de EEUU, existe una disminución de su uso debido en parte tanto a las políticas de financiación de los tratamientos como a la llegada de nuevos fármacos con menos efectos secundarios", destacan en el último número del
'Archives of General Psychiatry'.
Los investigadores analizaron los datos de la Encuesta Nacional de Atención Ambulatoria de EEUU entre los años 1996 y 2005 e indagaron en el porcentaje de especialistas que proporcionaba psicoterapia, en sesiones de no más de 30 minutos, como parte del tratamiento de todos, algunos o ninguno de sus pacientes a lo largo de una semana. Los datos del trabajo revelan que ésta se dispensó en 5.597 de las 14.108 visitas realizadas al especialista durante los diez años de estudio.
Medicalización de la Psiquiatría
Además, y mientras que entre 1996 y 1997 el porcentaje de consultas al médico en las que se ofrecieron sesiones de psicoterapia fue de un 44,4%; entre 2004 y 2005 la cifra no sobrepasó el 28%. "Esta disminución coincide con un aumento en la prescripción de fármacos", señalan los investigadores que insisten en la importancia de los datos "ya que reflejan el hecho de que la atención al paciente mental ambulatorio esté cambiando en EEUU a favor una medicalización de la Psiquiatría".
Otro de los datos que evidencia un cambio en esta especialidad es que los galenos que obsequian con este tratamiento a todos sus enfermos es menor (un 40%) que los que realizan psicoterapia (un 59%) con tan sólo alguno de sus pacientes.
Pese a las conclusiones de esta investigación, Celso Arango, jefe la Unidad de Adolescentes del departamento de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón (Madrid), defiende que "en términos de políticas sanitarias no se pueden extrapolar las tendencias que se dan en EEUU con las europeas. Al otro lado del Atlántico, los médicos de atención pública de Medicaid y Medicare no ofrecen este tratamiento, que normalmente está en manos de psicólogos, terapeutas sociales y enfermeras".
Pero esta buena noticia contrasta con otros problemas nacionales "como la falta de formación en psicoterapia de los residentes [médicos en formación]. Ésta se ha delegado a la industria farmacéutica que, como es normal financia formación en aspectos relacionados con la psicofarmacología. Además, no existe una formación reglada ni obligatoria de este tratamiento en los estudiantes".
Una de las razones por las que también la psicoterapia "pierde espacio" en las consultas, es, según Belén Jiménez, del Instuto Galene de Madrid, que "cuesta también mucho trasmitir al paciente la necesidad de invertir tiempo en un tratamiento psicoterapéutico. La patología, los conflictos, los trastornos... no se resuelven en dos meses, y muchas veces son ellos mismos los que demandan medicación de efecto rápido, sin tener que enfrentarse así al trabajo personal que significa someterse a una terapia".
elmundo.es

sábado, 2 de mayo de 2009

Psiquiatras, víctimas del estrés laboral-XXV Congreso Argentino de Psiquiatría


Darío Palavecino
Corresponsal en Mar del Plata
MAR DEL PLATA.- El trabajo es salud. ¿Cuánto habrá de verdad y cuánto de mito en esta vieja frase? Para buena parte de los psiquiatras, el desgaste que implica el ejercicio cotidiano de la profesión desmorona aquella aseveración.
Según estudios realizados en los últimos años, más de la mitad presenta extenuación emocional, desapego del paciente, insatisfacción y bajo rendimiento laboral, síntomas principales del llamado burnout o síndrome del quemado.
Pero en estos días que corren, con crisis económica y financiera internacional, servicios de salud en problemas y mayor demanda de consultas, los porcentajes ya se anticipan superiores en una nueva encuesta sobre el tema que se puso en marcha durante el desarrollo del XXV Congreso Argentino de Psiquiatría, que se realizó la semana pasada en el Sheraton Mar del Plata Hotel.
"No todos los problemas mentales tienen sus raíces allá lejos y hace tiempo", advierte la psiquiatra y psicóloga Elsa Wolfberg, especialista en burnout. Recuerda que la psicología postula que los padecimientos mentales nacen en los primeros años de la vida en función de los vínculos familiares.
"Por mejor tránsito de aquellos días de niñez y adolescencia, ciertas condiciones adversas o disfuncionales laborales generan nuevas patologías", dice a LA NACION, y ratifica: "El trabajo puede ser una fuente de enfermedad".
El psicólogo Herbert Freudenberger fue quien definió como burnout al desgaste o sobrecarga que enfrentaban sus colegas y psiquiatras. Wolfberg lo plantea como un cuadro de estrés crónico generado en el contacto frecuente con personas sufrientes o dependientes con consecuencias diversas para el profesional. "Ante ello, come más, fuma más o se medica más como modo de alivio", explicó.
La especialista, a cargo del capítulo de psiquiatría preventiva de la Asociación de Psiquiatría Argentina, resaltó la inquietud que existe por el malestar y la falta de condiciones de trabajo en el sector, semillas para que brote el burnout. "Tenemos colegas que se infartan o padecen cáncer en una media por encima de la población", dijo. También mencionó casos de invalidez. Y otros todavía peores. La Argentina no tiene estadísticas sobre el tema, pero destacó que, en Inglaterra, por ejemplo, los profesionales de la salud tienen una tasa de suicidio dos veces más alta que el común de la población. En el caso de las médicas es tres veces superior. Y dijo que esa tasa "es aún mayor entre los psiquiatras".
Un trabajo realizado mediante el portal Intramed y presentado en este congreso sostiene que sobre 6150 profesionales de la salud encuestados, el 36,3% tiene la percepción de "estar quemado" o alcanzado por burnout relacionado con el cansancio emocional.

Víctimas de la agresión
En las últimas décadas, según explica Wolfberg, se estudiaron los estresores laborales y se creó una psicopatología del trabajo. El consultorio suele ser un ámbito en el que el profesional es víctima de hostilidad, sobrecarga, devaluación o descalificación de su labor. Rescató una encuesta elaborada por Intramed entre 30.000 profesionales de la Salud de América latina que confirma que el 50% de los consultados sufrió agresión física o verbal por parte de sus pacientes o familiares de estos.
A esto se le suma el entorno laboral. La especialista plantea que muchas veces los psiquiatras atienden en los hospitales dónde y cómo se puede. "Me ha tocado en un pasillo y hasta en una morgue", dijo. Y confirma que, para cumplir con la tarea, el profesional debe crear una "campana virtual" para llevar adelante esa sesión. "Esto -dice- erosiona el bienestar del profesional."
Califica de "frustrantes" estas condiciones para el ejercicio de la medicina, a los que se suman problemas de empatía, disconformidad con ingresos económicos, presiones por la responsabilidad profesional y los riesgos de la mala praxis entre estas esquirlas que mellan al psiquiatra.
Los jóvenes se "gastan" más rápido que los experimentados, a los que se reconoce más "blindados", según la definición de Wolfberg.
Una investigación personal que encargó un servicio de salud del país le dejó resultados alarmantes. En uno de ellos, el 100% de los médicos padecía burnout.
Hay un atajo para eludir esta patología y parece que es la prevención. En la Capital Federal, por ejemplo, ya existe una ley contra el desgaste profesional. A la par, el ABC de las recomendaciones sugiere cuidado de la salud, espacios de diálogo grupales en el lugar del trabajo, reconocer padecimientos, espíritu de cooperación por encima del de competencia y dar reconocimiento a sus pares.
"Ejercer la profesión no tiene por qué dejar de ser algo placentero", insiste Wolfberg. Y vuelve a la carga contra aquella afirmación que parece tener más de mito que de verdad: "Sin condiciones -sentencia-, el trabajo no es salud".
lanacion.com

viernes, 20 de marzo de 2009

SEGÚN UN ESTUDIO REALIZADO EN SICILIA: Sí, la Mafia también visita al psiquiatra


MARÍA SAINZ
MADRID.- Amenazas, extorsión, asesinato... Los ejes en torno a los que gira la Mafia dañan, y mucho, la salud mental de sus integrantes. La 'famiglia' ya no basta para lidiar con estos sentimientos y, como ya hicieran Paul Vitty y Anthony Soprano ('Una terapia peligrosa' y 'Los Soprano') en la ficción, miembros de la Camorra o de la Cosa Nostra acuden a consulta para lidiar con sus sentimientos. Presumiblemente, la relación con sus terapeutas no será un camino de rosas: "Si hablando con usted me convierto en marica, le mataré", amenazaba Vitty a su psiquiatra en el mencionado filme.
Un estudio realizado en la Universidad de Palermo (Sicilia, Italia) afirma que un 20% de los miembros de la Mafia padece ansiedad y un 17% sufre trastornos de la personalidad. Se desconoce si el hecho de dar a conocer estos datos, de los que se hace eco el
'Daily Telegraph', les afectará de la misma forma que el libro de Roberto Saviano. A nadie le gusta airear los trapos sucios y menos si éstos pueden transmitir cierta debilidad, aunque ésta sea inherente a la raza humana.
"La tristeza es su negocio y los negocios son buenos", comenta Anthony Soprano a la doctora Melfi, incapaz de reconocer que padece 'cierto estrés' después de que un familiar suyo hubiese intentado matarle. Precisamente, estos vínculos familiares son uno de los factores que, en la vida real, precipitan que estas personas pidan ayuda a un experto.
"El hijo homosexual de un alto cargo se rebela contra el código de su padre y se atreve a salir del armario, causando dolor personal y un gran alboroto dentro del clan", señala Girolamo Lo Verso, el psicólogo que lideró el citado trabajo.
Conocer la psicología del crimen organizado
'La psicología del crimen organizado en el Mezzogiorno', así se titula el estudio, se basa en el caso de 81 personas relacionadas con los tres principales grupos mafiosos de Italia: la Cosa Nostra, la Camorra y la 'Ndrangheta.
"Los problemas psiquiátricos están aumentando a ritmo constante entre las familias y eso es una señal de que la cultura monolítica, en la que se basa [...] la Mafia, se está derrumbando", declara Lo Verso al citado periódico británico.
Como explica este especialista, los miembros de los clanes no están acostumbrados a ver desafiada su autoridad o sus puntos de vista y cuando esto sucede sufren importantes trastornos de identidad: "Son como fundamentalistas pero, si algo destroza su pared de seguridad, padecen crisis".
Desórdenes alimenticios, ansiedad, depresión, problemas sexuales y sentimientos de frustración por no 'estar a la altura' y no cumplir con el prototipo de 'macho'. Según refleja la investigación italiana, éstos son algunos de los principales problemas psiquiátricos por los que estos pacientes deciden tumbarse en el diván, como reflejaba el siguiente diálogo, extraído de la serie 'Los Soprano', entre la doctora Melfi y su paciente, Tony Soprano:
—Con los fármacos que hay hoy en día, ya nadie tiene por qué sufrir agotamiento y depresión.
—Allá vamos, ya llegó el tema del Prozac.
elmundo.es

miércoles, 14 de enero de 2009

"Los políticos suelen aferrarse al poder como psicópatas"


Laura Di Marco para LA NACION
"Los políticos de fuste generalmente son psicópatas, por una sencilla razón: el psicópata ama el poder. Usa a las personas para obtener más y más poder, y las transforma en cosas para su propio beneficio. Esto no quiere decir, desde luego, que todos los políticos o todos los líderes sean psicópatas, ni mucho menos, pero sí que el poder es un ámbito donde ellos se mueven como pez en el agua."
El que lo dice es el médico psiquiatra Hugo Marietán, uno de los principales especialistas argentinos en psicopatía y referencia obligada para aquellos que les ponen la lupa a estas personalidades atípicas, que no necesariamente son las que protagonizan hechos policiales de alto impacto.
Porque, precisamente, la alusión no se dirige a los asesinos seriales al estilo de Hannibal Lecter, el perturbado psiquiatra de El silencio de los inocentes, sino a aquellas personalidades que Marietán define como los "psicópatas cotidianos". Personalidades especiales, pero que no sólo se adaptan perfectamente al medio, sino que también suelen estar a nuestro alrededor sin mayores estridencias. Y más aún: muchos suelen llegar a la cima económica, política y del reconocimiento social.
Lo novedoso en la definición que hace Marietán, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría y considerado una autoridad en su especialidad, es que el psicópata no es un enfermo mental, sino una manera de ser en el mundo. Es decir: una variante poco frecuente del ser humano que se caracteriza por tener necesidades especiales. El afán desmedido de poder, de protagonismo o matar pueden ser algunas de ellas. Funcionan con códigos propios, distintos de los que maneja la sociedad, y suelen estar dotados para ser capitanes de tormenta por su alto grado de insensibilidad y tolerancia a situaciones de extrema tensión.
En la psicopatía, señala este experto, no hay "tipos", sino grados o intensidades diversas. Así, el violador serial sería un psicópata más intenso o extremo que el cotidiano, pero portador de la misma personalidad.
A los 57 años, es docente en la Universidad de Buenos Aires, codirector de la revista de neuropsiquiatría Almaceón y coordinador del portal español psiquiatria.com . A partir de la década del 80, trabajó en los hospitales Moyano, Esteves y Borda, donde dirigió cursos de semiología psiquiátrica. Su página en Internet ( www.marietan.com ) es de referencia constante en los estudios sobre psicopatía.
Según explica en la entrevista con LA NACION, hay un tres por ciento de la población con características psicopáticas. Es decir, 1.200.000 personas en la Argentina. "La relación es de tres varones por cada mujer. Son 300.000 damas y 900.000 caballeros. ¿Por qué más hombres? Sospecho que es porque la mujer utiliza su poder en el ámbito de la casa", dice.
-¿Cómo distinguir un político psicópata del que no lo es?
-Una característica básica del psicópata es que es un mentiroso, pero no es un mentiroso cualquiera. Es un artista. Miente con la palabra, pero también con el cuerpo. Actúa. Puede, incluso, fingir sensibilidad. Uno le cree una y otra vez, porque es muy convincente. Un dirigente común sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo determinado. Y, cumplida su misión, se va. Al psicópata, en cambio, una vez que está arriba, no lo saca nadie: quiere estar una vez, dos veces, tres veces. No larga el poder, y mucho menos lo delega. Quizás usted recuerde a alguno así. Otra característica es la manipulación que hace de la gente. Alrededor del dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente que, bajo su efecto persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría.
-¿Como bajo el efecto de un hechizo, dice usted?
-Son gente subyugada, sí, e incluso puede ser de alto nivel intelectual. Este tipo de líderes no toman a los ciudadanos como personas con derechos: los toman como cosas. Porque el psicópata siempre trabaja para sí mismo, aunque en su discurso diga todo lo contrario. La gente es un mero instrumento. Carece de la habilidad emocional de la empatía, que es la capacidad de cualquier persona normal de ponerse en el lugar del otro. Las "cosas", para el líder político con estas características, tienen que estar a su servicio: personas, dinero, la famosa caja, para comprar voluntades. Utilizan el dinero como un elemento de presión, porque usan la coerción. La pregunta del accionar psicopático típico es: ¿cómo doblego la voluntad del otro? ¿Con un cargo, con un plan, con un subsidio? ¿Cómo divido?
-¿El clientelismo político es, según usted, una forma de cosificación?
-Sí, porque es un "yo te doy, pero vos me devolvés, venís a tal o cual acto, me respondés como yo te pido". No es un dar desinteresado ni movido por la sensibilidad de querer ayudar a quien no tiene. Es un uso de las personas para construir el propio poder.
-Eso está claro, pero ¿qué lo definiría como un acto psicopático?
-Que le está quitando a la gente la capacidad de elegir. El psicópata siempre nos deja sin opciones: la gente que manipula está en una desventaja económica tal que no tiene otra salida: o como y lo sigo o no lo sigo y no como. La libertad de las personas es la capacidad de tener alternativas.
-¿El líder psicópata sabe que trabaja para él o cree realmente luchar por una causa superior?
-Es muy difícil entrar en su cabeza. Tienen una lógica muy distinta. Sin embargo, lo crea o no, la bandera que utiliza siempre es suprapersonal, más allá, incluso, de este momento. Esto se ve bastante, también, en líderes religiosos psicópatas, que apelan a la salvación del más allá. Otras banderas pueden ser la apelación al hombre nuevo, el proyecto nacional, la liberación, la raza superior, la Nación, la patria. El psicópata siempre necesita buscar un enemigo, para aglutinar. Y, por supuesto, nunca va a decir: "Vamos a trabajar para mí".
-¿Qué sucede con este tipo de políticos en períodos normales, sin crisis agudas?
- Bueno, ahí viene el problema, porque el psicópata no se adapta a la tranquilidad. El necesita la crisis. Ser reconocido como salvador. En la paz, él no tiene papel. No la soporta. Por eso las sociedades lideradas por políticos de estas características viven de crisis en crisis.
-¿Y este líder no puede cambiar? ¿Aprende de sus errores?
-No. Siempre es igual a sí mismo: la psicopatía es una estructura que no cambia.
-Hasta ahora, los está pintando como seres indestructibles, pero algún talón de Aquiles deben tener.
¿Cuál es ese punto débil?
-La frustración de sus plantes. Cuando apuestan por un proyecto, ponen todo en él y no les sale. Ahí, el psicópata se desorganiza y empieza a hacer pavadas. Es una personalidad controladora. Por eso en el momento de la frustración puede tener actitudes absolutamente toscas, torpes. Y en este punto, la gente ve que hace macanas, una detrás de otra, y empieza a quebrarse esa unidad, que consiguió con su persuasión.
-Usted dice que se aferran al poder y que es muy difícil sacarlos.
¿Alguna sugerencia?
-Bueno, hacen falta un montón de líderes de los comunes, normales, o bien otro psicópata pesado que se le contraponga. Entre muchos logran sacar al dirigente psicópata, o, al menos, reducir su poder. Otra cosa es aprender a no elegirlos. El psicópata necesita desestabilizar siempre las cosas, aquí y allá. Por eso necesita fabricar crisis. Si uno va entendiendo cómo es su mecanismo, los puede distinguir y votar por otros líderes, que pueden ser muy carismáticos, incluso, pero no psicopáticos.
-Si algún político psicópata llegara a leer esta entrevista,
¿se reconocería como tal?
-Por supuesto que no. Terminará de leer y les dirá a sus interlocutores: ¡qué barbaridad; cuántos psicópatas hay dando vueltas por el mundo!
HUGO MARIETAN
Médico psiquiatra
Edad: 57 años.
Graduado: en la UBA.
Médico y profesor: trabajó desde 1982 en los hospitales Moyano y Borda. Dicta cursos de grado y posgrado.
Escritor: es autor de trabajos académicos ( Sol negro: un psicópata en la familia , Descriptor de psicopatía ) y también de obras de teatro y novelas.