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jueves, 8 de septiembre de 2011

Una prueba difícil: volver al sexo después de una separación

UNA PRUEBA DIFÍCIL: VOLVER AL SEXO DESPUÉS DE UNA SEPARACIÓN
Salir a conquistar el mundo después de un divorcio es una tarea de armas tomar. Y mucho más que eso, el primer encuentro sexual después de haber convivido con la misma persona durante años. Sí, es un tema complejo en el que se necesitan romper las barreras de las costumbres y volver a conocerse a uno mismo.
Para la médica sexóloga Elsa Astolfi “no hay una receta porque las situaciones pueden ser muy diferentes según la edad que se tenga en el momento de la separación, si la experiencia previa de pareja fue positiva o no, y si hay hijos. Además, las expectativas que cada uno puede tener para el ‘después’, también son muy personales”.
Si fue el otro quien decidió ponerle fin a la relación, la cuota de sufrimiento puede ser más grande o, también, un alivio. “Lo importante es tener la certeza de que haberse divorciado fue lo correcto”, asegura Marta Rajtman, sexóloga de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana. Hay distintos tipos de vínculos dentro del matrimonio que pueden ser más o menos dependientes y con mucho o poco tiempo de permanencia. En general, “los más jóvenes suelen tener menos restricciones. Hay menos vergüenza y menos juicio sobre el propio cuerpo, más soltura para encarar el primer encuentro sexual en esta nueva etapa”, continúa Rajtman.
Sin embargo, y más allá de la edad, la fidelidad a uno mismo es un factor clave en este maremoto de cambios que trae la separación. No hay que hacer lo que uno no tiene ganas de hacer y saber afrontar el costo que genere ser fiel a uno mismo. Se trata de volver a conocernos en soledad y observar qué es nuestro y qué era del otro, qué nos pasa, qué sentimos. “Al principio, uno padece la soledad, después la tolera y por último la disfruta”, asegura Rajtman. “Todos deberíamos aprender a estar solos y sentirnos bien con nosotros mismos para poder estar bien con otros y no crear dependencias en nuestras relaciones”, afirma Astolfi.
“Se pueden llenar los espacios vacíos con salidas con amigos y situaciones gratificantes, pero va a existir un momento del día en el que uno va a estar solo y eso también es necesario para hacer el duelo. El duelo es una instancia que necesitamos superar y que puede durar un año o un año y medio –explica Rajtman–. Siempre recomiendo la terapia y la sociabilización, pero también hay que hacerse cargo de la situación del divorcio y comportarse como adulto”. Así, sostiene, el primer encuentro fluirá.
Para enfrentar los cambios y encarar nuevamente una relación, Astolfi recomienda: “Una actitud positiva, con alegría y, sobre todo, sin miedo. El miedo al cambio es el miedo a lo desconocido cuando muchas veces eso desconocido puede ser lo mejor que nos puede pasar”. Y continúa: “Aunque parezcan externas, las barreras las ponemos nosotros mismos y sólo nosotros las podemos eliminar, a veces con la ayuda de la psicoterapia”.
Por eso, lo importante ya desde la primera cita es ver nuestro deseo. Y no es necesario someterse ya que “si el otro no entiende, es un problema del otro. Por eso, es tan importante la confianza que promueve el disfrute”, agrega Rajtman.
Si no se pierden las instancias de respeto a uno mismo, este reencuentro sexual –pero con otra pareja– puede ser muy divertido. “Es clave establecer una relación de confianza con el otro y disfrutar –insiste Rajtman–. Ser suaves y tiernos, tener un encuentro tranquilo para generar suavidad en el otro también y tomarse el tiempo necesario”. La especialista aclara que “no es necesario lanzarse al sexo en el primer encuentro. Se pueden tener varios encuentros antes y disfrutar de esa etapa”.
Para Astolfi, “lo mejor es ser lo más naturales posible, no intentar dar una “imagen” o ser alguien que uno no es y disponerse a pasar un buen momento sin la expectativa de formar pareja inmediatamente”. El escritor Pierre De Ronsard decía: “Vive, creemelo, no esperes a mañana, toma desde hoy las rosas de la vida”.
Dónde conocer gente
¿Cómo enfrentar los cambios post separación? ¿Cómo volver a relacionarse con gente, y conocer una posible nueva pareja? Para volver al mundo de la soltería, se pueden armar distintas salidas con amigos y en soledad que permitan adaptarse a la nueva situación. Hay actividades que pueden formar parte de una nueva rutina: encarar un entrenamiento físico, correr o andar en bicicleta, aprender a bailar, leer al aire libre, asistir a talleres de escritura o pintura. Otras salidas, recomendables con amigos, son ir de copas algunas noches, ir a pubs con shows en vivo, bailar, asistir a lugares de citas a ciegas o empezar a visitar los clubes de barrio y encarar nuevas actividades grupales. También, conocer lugares que inciten nuestra curiosidad como museos o teatros.
En Argentina hay empresas que organizan viajes para solteros y lugares que fomentan la sociabilización a través de juegos como el rummy o de actividades creativas como la pintura o el baile. Es cuestión de buscar de acuerdo a las ganas y la personalidad de uno para encarar esta nueva etapa de la mejor manera.

Consejos para la “nueva” primera vez
En primer lugar, proveerse de lo necesario para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual y/o el embarazo, según el caso.

Si hay problemas de sequedad vaginal, asesorarse con el ginecólogo para el uso de lubricantes.
Después, poner la mejor “onda”, pero hacerse respetar en cuanto a lo que cada uno está dispuesto a hacer, hasta dónde se quiere llegar en el primer encuentro y no ceder ante exigencias que nos pueden hacer sentir incómodos”.

Fuente: Elsa Astolfi, sexóloga.
clarin.com

miércoles, 27 de julio de 2011

Las diez frases más absurdas para terminar una relación


Por Agustín Aguirre
RevistaOhlala.com

"Necesito tiempo para mí": Esta es, sin dudas, una de las mejores ¿Cómo alguien puede necesitar tiempo para uno mismo? ¿Acaso el que tenía lo vendió? ¿Se lo robaron? ¿Lo perdió en una apuesta? ¿Qué clase de excusa barata es esa?

Se supone que todo lo que uno hace es por y para uno, ¿no? Pero bueno, suponiendo que el reclamo tuviese lógica...¿Cómo se aplica el "tiempo para mí"? ¿Acaso uno entra a una máquina del tiempo y contrata una hora "para uno solo"? "Bueno, son $ 50, dejá el celular afuera y metete en aquella burbuja que yo te aviso cuando pasó la hora". Pasar tiempo con tu pareja, si es que la amas, es dedicarte tiempo a vos, ya que te nutre y te hace feliz.

"Necesito un tiempo": Pariente cercana de la anterior, esta excusa se lleva el premio a la más vaga de todas, ya que la persona que la usa ni siquiera se toma el trabajo de inventar razones, motivos o causas de separación que tengan el más mínimo sentido. ¿Pero acaso tu pareja es un boomerang? "Mirá mi amor, necesito un tiempo. Así vuelvo con todo, ¿entendés?. Me voy un tiempo para allá y después vuelvo con todo para acá".

Por favor, entiéndanlo de una vez: nadie te quiere y te pide un tiempo a la vez. Es ridículo, es imposible, es una mentira vil y cobarde. Si te pide un tiempo, es por que realmente te quiere lejos. Y punto.

"Me di cuenta de que somos muy jóvenes para formalizar una relación": Esta frase sola no tiene validez legal. Pero si a continuación se le aplica "No tengo dudas de que nos vamos a casar, pero ahora no es el momento", tenemos un caso.

"No, no. Pero me re valora. Me ama". No! No! Y no!, a ver si lo entendés de una vez! No te ama, no te valora y encima te está subestimando. Como mucho, le da pena tu cara de budín mojado y no sabe cómo decirte que no te quiere volver a ver en la vida. Y si no me creés, dale un millón de dólares y preguntale si no es joven para recibirlo. Si no te lo acepta, entonces decía la verdad.

"Tenemos pocas cosas en común": A veces el ser humano se toma esto de las relaciones muy a pecho: ¿Quién dijo que para ser pareja hay que convertirse en una sola persona?

Las relaciones no son un Mahjong donde uno tiene que descubrir fichas iguales, y mucho menos dos caricaturas en un diario haciendo de "Encuentra las cinco diferencias". Es cierto que los opuestos se atraen, pero después de la primera noche de sexo, ni bien salen del hotel, se pelean porque uno quiere comer parrilla y el otro es vegetariano.

"No sos vos, soy yo": Respecto de esta excusa no tengo absolutamente nada para decir, salvo que me gustaría felicitar personalmente al creador. Esta frase es el ancho de espada de una partida de truco, es el "Espejito rebotín", el "peli no vuelve"; la última palabra de cualquier conversación.

Contra esta frase nadie puede: es irrefutable, indiscutible, absoluta. Nadie ha descubierto aún una respuesta válida que anule este atentado de realidad, pero se comenta que un grupo de científicos franceses sacaron una pulsera para recaudar fondos y combatirla.

El "No sos vos soy yo" es una obra de arte. Es la muerte súbita. No admite respuesta, no te deja pensar, no da lugar a réplica y, ni siquiera, nos deja enojarnos con el otro, que te quiere tan, pero tan poco, que está dispuesto a echarse la culpa de todo lo que salió mal.

"No quiero lastimarte": No entiendo el fin de esta frase. Si no querés lastimarme no me dejes, si realmente no querés lastimarme va a ser mejor que te quedes aunque sientas pena ¿Cómo se evita no lastimar a alguien diciéndole que lo vas a lastimar para no lastimarlo?

Tal vez el motivo más contradictorio del mundo de frases armadas a la hora de dejar una pareja, pero no por eso menos efectiva, ya que son muchas personas las que salen gloriosas de una relación, sintiéndose buenas personas y dejando a la persona abandonada convencida de que la ama tanto, pero tanto, que prefirió correr el riego de perderla antes que herirla. Mentira vil, sin sentido y tonta.

"Me quiero dedicar a lo profesional": Genial, estoy totalmente de acuerdo, es por eso que te ofrezco que seamos amigos, así los sábados a la noche puedo acompañarte al boliche a trabajar ¿Verdaderamente creen en estas sandeces? Cuando tenemos al lado a alguien que nos hace bien, nos hace crecer como personas en todos los sentidos, entonces esta frase, podría ser traducida al castellano como: "No sabía qué decirte, recurrí al trabajo porque es el único lugar al que no podés acompañarme".

"Necesito encontrarme conmigo mismo": ¿En qué momento de la relación comenzaste a sufrir el síndrome de "Buscando a Wally"? Si te perdiste, dejame que te ayude a encontrarte, solo tenemos que hacer memoria. Si fue en el colegio, vamos a la caja de "Objetos Perdidos", si fue en el gimnasio vamos a los guardarropas, y si fue en una noche de locura, mejor que te pierdas para siempre.

"No puedo darte lo que vos necesitas": ¿Ahora te acordaste? A no ser que le estés pidiendo que te haga una réplica del obelisco y la plante en tu jardín, esta frase debería ser ilegal. Si no podés darme lo que necesito es porque claramente deberías haber empezado diciendo: "No te amo". Nadie necesita más que afecto, compañía y respeto, por ende, si esta teoría es real, espero cruzarte soltero de acá hasta el día de tu muerte, ya que me estás diciendo que no sabés dar lo que cualquier ser humano necesita. No es lo que vos necesitas, es simplemente que no puede dártelo a vos particularmente.

"Mi psicólogo me dijo..." : El mio me dijo que sos una persona bastante tonta, pero no por eso decidí decírtelo. En esta frase no dudo de la buena fe de la persona que la dice, sino más bien de su sano juicio. Nadie en sus cabales, más que una persona que su conexión con el mundo real penda de un hilo de pizza, es capaz de citar a su psicólogo cual alterego para poder decir lo que siente. Y bueno, está bien, avisame cuando el psicólogo te diga que es tiempo de probar nuevas cosas...

¿Te dijeron alguna vez alguna de estas frases? ¿Cómo respondiste?

martes, 31 de mayo de 2011

Claves para enfrentar una charla difícil: mamá y papá se separan

Mamá y papá se van a separar”. Para un matrimonio, pronunciar esa frase puede ser aún más difícil que haber tomado la decisión de divorciarse. La noticia, probablemente, angustiará a los chicos. De ahora en más, deberán dividirse entre dos casas y hacerse a la idea de que sus papás ya no estarán más juntos y de que incluso podrán volver a formar una pareja. ¿Cómo abordar el tema lastimando lo menos posible a los hijos? Acá van algunos consejos.
“Hay que encontrar un espacio para sentarse a charlar. Los chicos pueden mostrarse enojados y no querer escuchar. Es normal, lo irán procesando de a poco. Conviene contarles cómo seguirán las cosas de ahora en adelante: qué cosas van a cambiar y qué cosas se mantendrán iguales. Aclararles que ellos no son responsables del divorcio y decirles que los van a seguir queriendo”, asegura María Paula Gerardi, psicóloga de niños y adolescentes.
Lo ideal, dice la psiquiatra Graciela Moreschi, es comunicárselos días antes de que se produzca la separación y hacerlo con un lenguaje adecuado a la edad. “Se pueden explicar las razones sin demasiados detalles. Es válido decir que ya no se aman y que se llevan mal viviendo juntos”, sugiere la especialista.
Es fundamental que los papás brinden a los hijos el tiempo necesario para que asimilen la nueva realidad y hacerles entender que lo que se disuelve es el vínculo de pareja y no el de familia. “Lo importante es evitar las adjetivaciones peyorativas. Nunca un adulto debe compartir su bronca con los hijos convocándolos a un lugar de aliados. Hay que tener en cuenta que, por más que haya habido un desengaño amoroso entre los adultos, para los hijos son sus padres”, sostiene la psicoanalista María Cristina Castillo, supervisora de pareja y familia del Centro Dos. Lo principal, coinciden los expertos, es no hablar mal del otro padre delante de los chicos. Tampoco se debe usar al niño como mensajero: preguntarle qué hace o deja de hacer el otro padre lleva a que el chico quede en el medio llevando y trayendo información. Menos aún, amenazar a los chicos con no dejarlo ir con el otro papá. No es una forma aconsejable de poner límites; el niño tiene derecho a compartir tiempo con ambos.
También hay que tener en cuenta que, para llegar a esta instancia de diálogo, la determinación debe ser la definitiva. “Muchas veces los padres no están muy seguros de lo que van a hacer y hacen intervenir a sus hijos antes de tomar su última decisión. Y eso es perjudicial para ellos”, explica la psicóloga Cecilia Lotero, miembro del Instituto de Psicología Argentino.
Los chicos, en especial los más pequeños, soñarán con la idea de que sus papás vuelvan a estar juntos. Hay que evitar las situaciones confusas y no justificar la ausencia de alguno de los padres inventando un “viaje” o “trabajos en el exterior”. Aunque duela, siempre es preferible la verdad.

“Blanquear” la situación familiar en la escuela para que haya contención

Frente a la separación de los padres, suelen aparecer diversas manifestaciones en los chicos. Pueden sentirse tristes o enojados y a veces vuelven a tener conductas que ya habían superado como hacerse pis en la cama o chuparse el dedo. También pueden aparecer dificultades de concentración en la escuela o problemas para vincularse con sus compañeros. Por eso, los especialistas recomiendan a los padres acercarse al colegio. “Es conveniente comentar a la maestra la situación para que pueda comprender al niño, acompañarlo y escucharlo”, dice la psicóloga María Paula Gerardi.
Sin embargo, no se trata de victimizar al alumno. “Hay que tener en cuenta cambios de comportamiento, distracciones y baja en rendimiento pero no victimizar al chico, porque esto le saca energía para estudiar y recuperarse. Un chico de padres separados no es un pobrecito y no se le justifica todo . Se lo ayuda para que pueda rendir”, advierte la psiquiatra Graciela Moreschi.
“Desde el colegio, es primordial que puedan brindarles un espacio donde puedan hablar, fomentar las interacciones sociales con sus compañeros, reconocerles sus logros y tener una comunicación fluida con los padres para darles información sobre la conducta de sus hijos”, dice, por su parte, la psicóloga Cecilia Lotero.
En estos casos, el cuaderno de comunicaciones no suele ser suficiente porque por lo general lo lee uno solo de los padres. Sería aconsejable, por ejemplo, que el colegio invitara especialmente a ambos padres cuando haya fiestas o reuniones y que los papás informaran sobre las personas que pasarán a buscar a los chicos por la escuela para evitar malos entendidos.

QUE HACER Y QUE NO

Comunicárselo juntos, en lo posible días antes de que se produzca la separación.
Explicarles las razones sin demasiados detalles y aclararles que no son responsables del divorcio Darles una idea lo más clara posible de cómo será la nueva cotidianidad.
Asegurarles de una manera directa la comunicación con el padre con el que no conviven.
Nunca hablar mal del otro padre ni desacreditar lo que fue la vida en común hasta la separación.
No usar a los hijos de mensajeros.
Evitar darles falsas expectativas de arreglo para consolarlos.
CLARIN.COM

domingo, 29 de mayo de 2011

Relaciones de pareja: "Me quiero separar"

Una guía para saber qué hacer frente a los obstáculos que se te presenten en el camino cuando la decisión ya está tomada; dejá tu opinión y contá tu experiencia

Por Magalí Etchebarne

Un día, te sentís amada, comprendida, reconfortada, correspondida, y de pronto, sentís que no da para más, que estás aburrida, que no sos feliz. Le das vueltas y vueltas, te decís inconformista, poco tolerante, pero la certeza es contundente: te querés separar. Internamente, la decisión está tomada, ahora hay que llevarla a los hechos.

Está comprobado que somos totalmente incapaces de predecir qué nos va a hacer felices, así que aflojá con el enrosque y confía en lo que sentís. Si lo estás maquinando desde hace tiempo y no sabés cómo seguir, te damos algunas pistas para abordar todo eso que te hace dudar y te impide actuar.

Lo material

Nunca antes te habías puesto a pensar qué cosas eran tuyas, cuáles de él y cuáles de los dos. Pero el día de la división de bienes llega, y es uno de los puntos que vas a tener que empezar a considerar. La casa, el auto, todo eso que son los "bienes en común" a la hora de la división, si no se actúa correctamente, se vuelven los "males en común".

Qué hacer: priorizá tu salud mental, tu tranquilidad. Obsesionarte con lo material es una forma de aferrarte desmedidamente al otro, disimular la incapacidad de hacer el corte definitivo. Llega un momento en el que tenés que resignarte al cambio y soltar. Que la casa, el auto, los muebles, no sean la excusa para seguir enganchada en esas idas y vueltas superficiales. Por más que la disolución de la pareja no se haya dado en buenos términos o que hayan llegado a esa decisión por motivos desagradables, hay que levantar la cabeza y seguir caminando. Quedarte lidiando por la mitad de lo que hasta hoy compartían no vale lo que vale tu felicidad.

Los hijos

Ellos no deberían estar en juego a la hora de las negociaciones crudas. Los hijos son de los dos y, a la vez, de ninguno, ¡tienen vida propia, intereses y voluntad! No pueden ser el puente ni la carnada para llegar al otro. Es trillado, archirrepetido, pero hay que grabarlo a fuego: actuar con buenas intenciones y dejarlos fuera de las internas de los adultos.

Qué hacer: lo mejor es empezar a trabajar este tema ya mismo, de lo contrario, te vas a retorcer envenenada. Si desatás una batalla campal entre él y vos, o entre su familia y vos, los que más se van a ver perjudicados serán los chicos. Para ellos no es fácil poner en palabras lo que les pasa. Lo que sienten y piensan va creando nudos de dolor que es mejor ayudarlos a deshacer. Hacétela fácil, no te enrosques y bancátela. Así, vas a ayudar a tus hijos a que no vivan este momento como una catástrofe, sino como algo que puede pasar y que, cuando sucede, se afronta adultamente. En este caso, es bueno pedir ayuda, hacer alguna consulta terapéutica.

El estatus social

Para algunas mujeres, la separación significa volver al mundo del trabajo más intensamente o comenzar a ejercer una profesión hasta ese momento abandonada. Una nueva vida, entonces, en todo sentido: volver a "soltera", irse a vivir sola (si no hay hijos), alquilar algo más chico (si se tiene menos dinero) o hasta volver a la casa de los padres mientras se termina de dar el salto completo.

Qué hacer: tu actitud tiene que ser proactiva. No dejes de hacer cosas por vos, es el momento de reforzar la autoestima y aprender a conocerte en esta nueva etapa. La separación es un desafío importante, y cuando el cambio se realiza con decisión, siempre es positivo. Si no lo creés, preguntá a tu alrededor. La amplia mayoría de las mujeres que se separaron por decisión propia afirman que el cambio las favoreció ciento por ciento, aun en los casos en que se perdieron comodidades económicas.

La culpa

La culpa es una cuchillada autoprovocada, y las mujeres solemos saber muy bien los métodos para aplicarnos la puñalada y después quedar como demoradas sin poder actuar, sin poder decidir.

Qué hacer: el primer paso es correrte de esa tendencia natural a encasillar las cosas: "El es la víctima, ¡oh!, y yo la victimaria". Ni ahí, dejá de subestimar. Ni él es el pobrecito ni vos sos una asesina de corazones. Escapales a los rótulos, porque así no vas a ningún lado. Estás decidiendo algo por amor a vos y por amor y respeto a él. Tus hijos tampoco son víctimas de la situación, ya te lo deben haber dicho, pero no hay nada mejor que crecer cerca de personas que nos enseñan que hay que irse de los lugares que no nos hacen felices. Qué mejor ejemplo para ellos que decir "esto no lo quiero" y ver que sus padres pasan a respetarse más allá de todo. Cuando una está bien, les da lo mejor a sus hijos, y ése es el mejor ejemplo de vida.

Sentimiento de fracaso

Es importante hacer consciente lo que se piensa sobre la separación. Qué estás pensando en relación con la decisión y cómo la estás viviendo.

Qué hacer: ponelo en palabras, escribí, contáselo a tus amigas. Sacalo de vos como sea, y vas a ver que no es tan grave y que ni siquiera es un fracaso. No te maquines más, las cosas a veces salen y otras no. Lo peor es arrepentirse por lo que no se hizo. Hacé conscientes todos tus fantasmas y, como si fuese un ejercicio mental, cada vez que aparece el miedo, el remordimiento, recordate que no le estás haciendo mal a nadie y que no es el fin del mundo, que todo pasa y se capitaliza en experiencia. Y tené presente esto: es un cambio, no una derrota.

El miedo

Lo primero que suele aparecer ante la toma de una decisión así es el miedo: miedo a no ser capaz de afrontar el cambio o, incluso, miedo a arrepentirte. Es el peor de los enemigos y se disfraza siempre de esa preguntita letal que te repetís cada noche: "¿Voy a poder?".

Qué hacer: hay una frase escrita en tooodos los libros de frases: "No es valiente el que no siente miedo sino el que lo puede afrontar". El miedo no puede paralizarte, ¡no lo tenés que dejar! Si la idea de separarte da vueltas por tu cabeza desde hace tiempo y lo que te detiene es el miedo, entonces hacete cargo de eso y trabajalo, en terapia, en yoga, con tus amigas, como sea, pero ponelo afuera, así podés verlo bien. Vas a ver que es espeso, sí, pero hecho de fantasías tuyas, miles de fantasías y fantasmas con los que cargás desde hace tiempo. Es momento de que te ocupes de lo que no te deja crecer, la otra opción es conformarse: y a la conformidad sí hay que tenerle miedo.
El divorcio
Por Mariana Andrea Penayo*, abogada
Desde el punto de vista legal, pueden presentarse dos opciones: una es que el matrimonio se termine "de común acuerdo": ambos cónyuges firman una demanda por presentación conjunta y hacen su pedido al juez, quien los citará a una primera audiencia para intentar la reconciliación. Si los cónyuges ratifican su voluntad de divorciarse, se dictará la sentencia de divorcio. La otra opción es que se transforme en un divorcio "controvertido", en el que cada cónyuge intentará imputar la culpa de la ruptura matrimonial al otro y que deberá ser probada por quien la denuncia. Aconsejo tener fuerzas y la capacidad de hacer las cosas a conciencia y a tiempo para llegar a un fin no traumático, empezar por tu interior con el "estoy segura de lo que quiero" y luego el exterior: "a quién recurro".

¿Alguna vez estuviste en esta situación?
revistaohlala.com

martes, 5 de abril de 2011

"Me quiero separar"

Una guía para saber qué hacer frente a los obstáculos que se te presenten en el camino cuando la decisión ya está tomada
Un día, te sentís amada, comprendida, reconfortada, correspondida, y de pronto, sentís que no da para más, que estás aburrida, que no sos feliz. Le das vueltas y vueltas, te decís inconformista, poco tolerante, pero la certeza es contundente: te querés separar. Internamente, la decisión está tomada, ahora hay que llevarla a los hechos.

Está comprobado que somos totalmente incapaces de predecir qué nos va a hacer felices, así que aflojá con el enrosque y confía en lo que sentís. Si lo estás maquinando desde hace tiempo y no sabés cómo seguir, te damos algunas pistas para abordar todo eso que te hace dudar y te impide actuar.

Lo material

Nunca antes te habías puesto a pensar qué cosas eran tuyas, cuáles de él y cuáles de los dos. Pero el día de la división de bienes llega, y es uno de los puntos que vas a tener que empezar a considerar. La casa, el auto, todo eso que son los "bienes en común" a la hora de la división, si no se actúa correctamente, se vuelven los "males en común".

Qué hacer: priorizá tu salud mental, tu tranquilidad. Obsesionarte con lo material es una forma de aferrarte desmedidamente al otro, disimular la incapacidad de hacer el corte definitivo. Llega un momento en el que tenés que resignarte al cambio y soltar. Que la casa, el auto, los muebles, no sean la excusa para seguir enganchada en esas idas y vueltas superficiales. Por más que la disolución de la pareja no se haya dado en buenos términos o que hayan llegado a esa decisión por motivos desagradables, hay que levantar la cabeza y seguir caminando. Quedarte lidiando por la mitad de lo que hasta hoy compartían no vale lo que vale tu felicidad.

Los hijos

Ellos no deberían estar en juego a la hora de las negociaciones crudas. Los hijos son de los dos y, a la vez, de ninguno, ¡tienen vida propia, intereses y voluntad! No pueden ser el puente ni la carnada para llegar al otro. Es trillado, archirrepetido, pero hay que grabarlo a fuego: actuar con buenas intenciones y dejarlos fuera de las internas de los adultos.

Qué hacer: lo mejor es empezar a trabajar este tema ya mismo, de lo contrario, te vas a retorcer envenenada. Si desatás una batalla campal entre él y vos, o entre su familia y vos, los que más se van a ver perjudicados serán los chicos. Para ellos no es fácil poner en palabras lo que les pasa. Lo que sienten y piensan va creando nudos de dolor que es mejor ayudarlos a deshacer. Hacétela fácil, no te enrosques y bancátela. Así, vas a ayudar a tus hijos a que no vivan este momento como una catástrofe, sino como algo que puede pasar y que, cuando sucede, se afronta adultamente. En este caso, es bueno pedir ayuda, hacer alguna consulta terapéutica.

El estatus social

Para algunas mujeres, la separación significa volver al mundo del trabajo más intensamente o comenzar a ejercer una profesión hasta ese momento abandonada. Una nueva vida, entonces, en todo sentido: volver a "soltera", irse a vivir sola (si no hay hijos), alquilar algo más chico (si se tiene menos dinero) o hasta volver a la casa de los padres mientras se termina de dar el salto completo.

Qué hacer: tu actitud tiene que ser proactiva. No dejes de hacer cosas por vos, es el momento de reforzar la autoestima y aprender a conocerte en esta nueva etapa. La separación es un desafío importante, y cuando el cambio se realiza con decisión, siempre es positivo. Si no lo creés, preguntá a tu alrededor. La amplia mayoría de las mujeres que se separaron por decisión propia afirman que el cambio las favoreció ciento por ciento, aun en los casos en que se perdieron comodidades económicas.

La culpa

La culpa es una cuchillada autoprovocada, y las mujeres solemos saber muy bien los métodos para aplicarnos la puñalada y después quedar como demoradas sin poder actuar, sin poder decidir.

Qué hacer: el primer paso es correrte de esa tendencia natural a encasillar las cosas: "El es la víctima, ¡oh!, y yo la victimaria". Ni ahí, dejá de subestimar. Ni él es el pobrecito ni vos sos una asesina de corazones. Escapales a los rótulos, porque así no vas a ningún lado. Estás decidiendo algo por amor a vos y por amor y respeto a él. Tus hijos tampoco son víctimas de la situación, ya te lo deben haber dicho, pero no hay nada mejor que crecer cerca de personas que nos enseñan que hay que irse de los lugares que no nos hacen felices. Qué mejor ejemplo para ellos que decir "esto no lo quiero" y ver que sus padres pasan a respetarse más allá de todo. Cuando una está bien, les da lo mejor a sus hijos, y ése es el mejor ejemplo de vida.

Sentimiento de fracaso

Es importante hacer consciente lo que se piensa sobre la separación. Qué estás pensando en relación con la decisión y cómo la estás viviendo.

Qué hacer: ponelo en palabras, escribí, contáselo a tus amigas. Sacalo de vos como sea, y vas a ver que no es tan grave y que ni siquiera es un fracaso. No te maquines más, las cosas a veces salen y otras no. Lo peor es arrepentirse por lo que no se hizo. Hacé conscientes todos tus fantasmas y, como si fuese un ejercicio mental, cada vez que aparece el miedo, el remordimiento, recordate que no le estás haciendo mal a nadie y que no es el fin del mundo, que todo pasa y se capitaliza en experiencia. Y tené presente esto: es un cambio, no una derrota.

El miedo

Lo primero que suele aparecer ante la toma de una decisión así es el miedo: miedo a no ser capaz de afrontar el cambio o, incluso, miedo a arrepentirte. Es el peor de los enemigos y se disfraza siempre de esa preguntita letal que te repetís cada noche: "¿Voy a poder?".

Qué hacer: hay una frase escrita en tooodos los libros de frases: "No es valiente el que no siente miedo sino el que lo puede afrontar". El miedo no puede paralizarte, ¡no lo tenés que dejar! Si la idea de separarte da vueltas por tu cabeza desde hace tiempo y lo que te detiene es el miedo, entonces hacete cargo de eso y trabajalo, en terapia, en yoga, con tus amigas, como sea, pero ponelo afuera, así podés verlo bien. Vas a ver que es espeso, sí, pero hecho de fantasías tuyas, miles de fantasías y fantasmas con los que cargás desde hace tiempo. Es momento de que te ocupes de lo que no te deja crecer, la otra opción es conformarse: y a la conformidad sí hay que tenerle miedo l

Por Magalí Etchebarne
El divorcio
Por Mariana Andrea Penayo*, abogada


Desde el punto de vista legal, pueden presentarse dos opciones: una es que el matrimonio se termine "de común acuerdo": ambos cónyuges firman una demanda por presentación conjunta y hacen su pedido al juez, quien los citará a una primera audiencia para intentar la reconciliación. Si los cónyuges ratifican su voluntad de divorciarse, se dictará la sentencia de divorcio. La otra opción es que se transforme en un divorcio "controvertido", en el que cada cónyuge intentará imputar la culpa de la ruptura matrimonial al otro y que deberá ser probada por quien la denuncia. Aconsejo tener fuerzas y la capacidad de hacer las cosas a conciencia y a tiempo para llegar a un fin no traumático, empezar por tu interior con el "estoy segura de lo que quiero" y luego el exterior: "a quién recurro".
revistaohlala.com

sábado, 12 de marzo de 2011

Los hijos, ¿culpables de la separación de los padres?

Muchos conflictos de los niños cuando sus padres se pelean, y más aun si se separan, se debe a la responsabilidad y culpa que sienten. Un especialista analizó los razonamientos de los más pequeños del hogar cuando el amor entre sus padres se termina 
Ante la crisis de una pareja, los niños suelen sentir culpa por sentirse en algún punto responsables de las peleas de los adultos. No tienen en claro qué, pero sienten que algo de lo que sucede tiene que ver con ellos. Según ellos, tienen participación y responsabilidad en el conflicto.
La primera reacción de los adultos ante el descubrimiento de estas teorías y sentimientos por parte de los hijos es de incredulidad o sorpresa. “¿Cómo pueden pensar semejante barbaridad? Desde ya que no tienen nada que ver con todo esto”. Con lo cual no se plantea debate ni discusión, por lo obvia que parece ser la respuesta: los niños no tienen nada que ver. Respuesta que puede ser válida, pero que como toda respuesta contundente, no hace más que cerrar un posible análisis.
Supongamos por un momento que estas teorías y sentimientos son efectivamente erróneos y absurdos, la pregunta que sí podríamos dejar abierta sería ¿Entonces, por qué habrían de adjudicarse semejante responsabilidad? ¿Será efectivamente tan erróneo y poco justificado este sentimiento de culpabilidad? ¿Tan equivocado está el chico en su teoría?
Una primera hipótesis para intentar comprender esta teoría podría pasar por cuestiones edípicas. En la conflictiva edípica, por ejemplo, en el caso del niño varón, se le presentan (más allá de la natural ambivalencia afectiva) sentimientos tiernos y amorosos hacia la madre, y hostiles hacia el padre, como “rival y competencia” para llegar a su objeto de amor que es la madre. Sentimientos que llevan implícitos el deseo de “separación” entre ellos. La concreción de esta separación entre los padres, genera en el niño una sensación de responsabilidad. El razonamiento, simplificado, podría ser del estilo: “Yo quería separarlos, y se separaron. Entonces es culpa mía”.
Algo así como un razonamiento de poder mágico del niño. Esta es una posible interpretación sobre los sentimientos de culpa y angustia en el niño. Pero también existe una segunda visión, que no excluye a la otra, sino más bien la complementa.
El deseo de tener un hijo, como quizás muchos otros deseos en la vida de las personas, tiene un horizonte de esperanza, de ilusión, de felicidad. Pero como todos los deseos cumplidos, estos nunca son completos. Siempre nos dejan un resto. Un resto que nos pide otra cosa, un algo más que nos complete. 
Todo niño debe convivir con el hecho de no colmar en su totalidad a sus padres. La madre no hace otra cosa que hacerle creer al hijo que es todo para ella, para luego desilusionarlo, mostrando sus otras necesidades (otro hijo, estar con su pareja, salir, estudiar, trabajar, etc., en definitiva, hacer su vida por fuera mas allá de él).
En el caso de las crisis, o misma separación de una pareja, lo que sucede es una muestra más de este fracaso en el propósito del niño.
Es decir, “si hay problemas es que mi presencia no lo solucionó todo”. Entonces podemos hablar de fracaso en la “misión del niño” en esto de venir a completar al otro (en este caso los padres).
Está claro que este propósito u objetivo no está instalado por cuenta propia del niño, sino que en algún lugar le fue transmitido: vos vas a colmarnos y hacernos felices. ¿Cuántas parejas en crisis deciden tener un hijo para intentar “salvar” el matrimonio? Dejando en manos del chico la responsabilidad del éxito de la pareja.
Sin ir al caso extremo de las parejas que están a punto de separarse antes de tener un hijo, en toda pareja existe una ilusión de completitud con la llegada de un hijo. Tal vez antes de sorprendernos con lo extravagante de las teorías de los chicos, debamos sorprendernos ante lo extravagante de las expectativas que los padres depositan en ellos.
Es quizás esto lo que encubre esta incredulidad, y en consecuencia desestimación de la teoría de los niños por parte de los padres: la responsabilidad del adulto de haber dejado colocado al hijo en ese delicado lugar.   
Por: licenciado Patricio Furman, psicoanalista de la Fundación Buenos Aires
www.fundacionbsas.org.ar
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jueves, 4 de noviembre de 2010

¿Sabés cuál es la mejor época del año para cortar con tu pareja?

En el marco de una charla TED, David McCandless presentó un estudio -en base al status de los usuarios de Facebook- en el que muestra cuáles son las mejores fechas donde más relaciones se rompen
Algunos días atrás se estrenó La Red Social, un film inspirado en la creación de Facebook. Como disparador de toda la historia, el director de la película eligió una escena en la que el protagonista, Mark Zuckerberg (protagonizado por Jesse Eisenberg ), es abandonado por su novia. En ese preciso momento, vuelve a su casa y comienza a desarrollar el germen de Facebook.
Esta secuencia elegida por el director, y que después se va a reforzar en la trama, demuestra la importancia del "Status de pareja" dentro de los perfiles de Facebook. El film ayuda a entender como esta pequeñez (dentro de la complejidad de Facebook) genera una suerte de adicción para los usuarios de la red...Y en la realidad, permite tener una perspectiva sobre los comportamientos de las personas y sus hábitos conyugales.
Una perspectiva peculiar es la que David McCandless dio en una de sus presentaciones en el marco de las charlas TED. Sobre un estudio en base a 10 mil estatus de usuarios de Facebook armó un gráfico donde se puede ver cuáles son las épocas del año más elegidas para optar por la soltería y cuáles son los mejores para buscar pareja.
Algunas de las conclusiones que sacó McCandless fueron las siguientes:
- Las rupturas de parejas crecen días antes de las vacaciones de primavera.
- Los lunes son los días más elegidos para terminar una relación.
- Los usuarios de Facebook prefieren empezar el verano solteros.
- Hay un pico de rupturas días antes de Navidad.
- El día con menos rupturas del año es Navidad.
conexionbrando.com

viernes, 6 de agosto de 2010

En las relaciones tormentosas los hombres sufren más que las mujeres

La mitología popular normalmente indica que las jovencitas sufren más que los jovencitos en los problemas del amor, pero en realidad parece los altibajos de una relación sentimental tienen un efecto mayor sobre la salud mental de los hombres que de las mujeres jóvenes.
A dichas conclusiones llegó un estudio realizado en la Universidad de Wake Forest (Estados Unidos) y publicado en Journal of Health and Social Behavior. Nuestro estudio hecha luz sobre la asociación entre las relaciones románticas no matrimoniales y el bienestar emocional de los hombres y las mujeres jóvenes. Sorprendentemente, encontramos que los hombres jóvenes son más reactivos a la calidad de una relación, explicó Robin Simon, la autora principal.
El peso de los problemas
Para llegar a esas conclusiones los investigadores trabajaron con 1000 voluntarios de ambos sexos, todos solteros de entre 18 y 23 años de edad. Tras analizar a fondo sus relaciones presentes y pasadas, Simon dijo que aunque los caballeros a veces presentan una cara más seria, los romances poco felices tienen un efecto emocional más fuerte en los hombres que en las mujeres.
La especialista explicó que el nivel de sufrimiento se percibe erróneamente porque ellos y ellas muestran su dolor de manera distinta. La damas expresan su problema emocionales con una depresión mientras que los hombres lo hacen con abuso de sustancias, afirmó.
Las diferencias entre ellos y ellas
Analizado desde la perspectiva opuesta, resulta que los hombres parecen recibir más beneficios emocionales de los aspectos positivos de una relación exitosa. Nuevamente, este estudio se opone al estereotipo de que el estado de ánimo de los hombres es independiente de lo que sucede en un romance.
Por otro lado, Simon explicó que las mujeres se ven más afectadas por el hecho de tener o no tener una relación, por lo cual tienen un riesgo más alto de deprimirse frente a una separación.
La especialista cree que esta diferencia podría deberse a que para los hombres jóvenes su novia suele ser la principal fuente de intimidad. Las mujeres, por el contario, suelen disfrutar de una relación más cercana con la familia y los amigos.
Simon aseguró que todavía queda mucho por aprender sobre las relaciones entre los hombres y las mujeres jóvenes, por lo cual aconsejó realizar investigaciones sobre el romance en este período de la vida.

neomundo.com.ar

domingo, 11 de abril de 2010

Evitar que el príncipe se convierta en sapo es posible

Suele ocurrir que lo que hace que una persona se enamore de otra se convierte luego en el principal punto de fricción. Si bien ocurre a las mujeres más que a los hombres, cuando pasa es porque alguien idealizó por de más a su pareja
"Si te fijaste en mí no fue por ser un santo; lo que te gustó de mí. Hoy te provoca llanto", dice una conocida canción. Y es precisamente eso lo que ocurre con el paso del tiempo y la convivencia en una pareja.
Son las mujeres quienes tienen mayor capacidad de idealización que los hombres y, en consecuencia, las que más se decepcionan cuando el "príncipe azul" se convierte en sapo.
La edición de abril de la revista Psicología Positiva publicó las cinco razones por las que el desgaste amoroso lleva a la decepción.
* El exceso de idealización: las virtudes que se le atribuyen a una pareja en la etapa del enamoramiento absoluto obedecen a la capacidad para "construir" el ideal.
Si bien suele decirse que el tiempo y la convivencia desgastan a la pareja, lo que ocurre en realidad es que comienza a verse a la persona tal como es y no como se la había idealizado. El modelo real y el ideal entran en colisión.
* Tomar la parte por el todo: cuando alguien se enamora de un rasgo o cualidad de la personalidad de una persona suele creer que esa parcialidad es muestra del todo.
* Imposibilidad de proyectar en tiempo y espacio la característica que deslumbró en el primer instante: cuando un rasgo o forma de ser de una persona impresiona, se lo suele juzgar superficialmente y pocos son los que intentan imaginar cómo sería la convivencia.
* No evolucionar de manera pareja: ocurre que lo que enamora tiene "fecha de vencimiento". Es por eso que es necesario saber que los motivos del enamoramiento pueden variar y es tarea de la pareja encontrar nuevas formas de atracción.
* Confiar en que el otro va a cambiar: con frecuencia hay quien se engaña y cree que aquel rasgo de su pareja que no "encaja" dentro del modelo ideal, lo hará con el tiempo.
Esas personas deberán saber que eso nunca ocurre; que es posible modificar pequeñas cosas, pero no cambiar la identidad del otro.

infobae.com

domingo, 7 de febrero de 2010

Las mujeres le dicen sí a la separación y no al divorcio

En las relaciones humanas todo puede ser maravilloso y complejo a la vez. El amor más profundo y sincero puede convertirse en odio visceral. Muchas parejas suelen transitar las emociones más dispares en algunos años. Y suele ocurrir, cada vez más, que tarde o temprano todo acaba. Pero en las crisis matrimoniales hombres y mujeres parecen moverse de manera diferente.
Cuentan los especialistas que, en general, son las mujeres las que, cuando la relación se empaña, tiran la primera piedra y anuncian la separación. El hombre, más "aguantador", se sorprende y resiste, pero luego de superar el shock, toma el guante y es el que busca al abogado para iniciar el divorcio. Entonces la mujer, ante la realidad de los papeles, en muchos casos empieza a dudar, a dar marcha atrás, a poner palos en la rueda.
¿Cómo se explican estas vueltas femeninas?
Por diversos motivos que parece increíble describir a esta altura de la humanidad. "Hoy la mujer es persona, no se somete", dice un especialista que intenta explicar por qué hoy en día la mujer también quiere separarse.
"Es que la mujer tiene todas las de perder, como siempre", dice otra especialista al justificar la resistencia femenina al divorcio.
"Antes la mujer toleraba todo. Era otra moral. Ya no hay más sometimiento. Hoy el amor es horizontal, y cuando la mujer no soporta algo, lo termina", explica a Clarín Osvaldo Ortemberg, abogado de familia.
"Las mujeres de generaciones anteriores se quedaban, esperaban que el otro cambiara, tenían más paciencia. Hoy la mujer es más exigente y toma la iniciativa", asegura Haydée Birgin, del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).
"La mujer toma más rápido la decisión de separarse. En un momento de ira lo echa por distintos motivos, por infidelidad, maltrato, lo que sea. En cambio el hombre, en caso de tener otra mujer, prefiere la doble vida: tener a su familia porque le sirve socialmente, vive con sus hijos y no tiene que dividir su patrimonio. Pero cuando llega la demanda, la mujer la hace difícil, no quiere el divorcio, no le quiere dar la libertad de volver a casarse y a veces incluso quiere obtener del divorcio más de lo que le corresponde por ley porque quiere que el marido le pague por lo que la hizo sufrir. También pasa que pone trabas porque es una manera de seguir vinculada aunque sea a través de la pelea", asegura Victoria Koffman, del Club de las Divorciadas.
"Es la mujer la que en la mayoría de los casos decide separarse y se queda con la casa, el auto. Pero cuando llega el divorcio y hay que arreglar los bienes y la plata, se da cuenta que su status social va a cambiar. Se enfrenta a todos los temores económicos porque en general es la que se queda con los chicos y carga con todo", dice Nora Taracido, abogada de familia.
Está claro que el divorcio es una crisis para los dos. Es el abismo del "nunca más". Y el hombre tiene tantos miedos como la mujer, aunque distintos. A la soledad, a sentirse lejos de sus hijos, a no poder cumplir con la cuota alimentaria.
Los temores femeninos son generales. "En el divorcio la mujer es la perdedora -sentencia Birgin- Claro que a muchos les cuesta, pero hay hombres de buen poder adquisitivo y altos cargos o incluso funcionarios que pagan poco y otros que ni siquiera pagan. La mujer se quiere separar y después le agarra la incertidumbre de si el hombre podrá pasarle alimentos. Es que por más que ella trabaje y quiera, sola no puede mantener la casa y los chicos. Y es la que se rompe el alma, la que está en el día a día, la que controla los deberes".
Algo similar dice Gabriela Pastorino, también de ELA: "Los temores económicos son muchísimos. La mujer trabaja y cría a sus hijos y pone todo su sueldo en la casa. El hombre pasa algo, el resto lo gasta en él. Así se generan un doble estándar de vida. Las diferencias pueden ser enormes".
"La separación costó mucho por los chicos y por el qué dirán"
Marta Gutiérrez (51) estuvo casada 26 años con un empresario. Todavía no entiende cómo aguantó la última mitad de su matrimonio en el calvario de la infidelidad. Además, asegura que padeció desprecios y amenazas del hombre que le juró amor de por vida.
"Teníamos hijos chicos y él me decía que iba a matarse si lo dejaba", cuenta la mujer. Marta sabe que él no quería divorciarse porque estaba muy cómodo en la condición de marido con derecho a tener otras mujeres, que ella misma le había permitido. Sin embargo, la mayor preocupación del hombre era la división de bienes. Pasaron trece años para que Marta se diera cuenta de que ya no estaba dispuesta a esperar a su marido con "la comida lista, la casa limpia y la ropa planchada a que él llegara de revolcarse".
Luego de crisis nerviosas que se cobraron con su salud física y mental, la mujer le avisó por última vez que iba a iniciar los trámites de divorcio, aún consciente de que eso le significaría muchos años de pleitos para obtener el patrimonio que construyó la pareja durante más de dos décadas. El hombre se fue de la casa de la familia en agosto del año pasado y al momento no cumple con la mensualidad que exije la ley para estos casos.
"Me cortó todo, no me pasa una moneda y a los chicos, de 23 y 25 años, los tiene comprados con algunos billetes que les da cada tanto", dice ella. Marta exige porque ella estuvo al lado de su marido para construir el patrimonio en disputa.
"La lucha y el sacrificio es de los dos, jamás lo molesté ni siquiera para llevar a los chicos al médico", relata la mujer.
¿Por qué costó tanto la separación? "Por los hijos, por el que dirán y porque uno sigue hasta tomar conciencia de que lo están manejando psicológicamente. Se terminó, hoy prefiero morirme de hambre pero ser feliz", asegura la mujer.
"Fue un matrimonio muy difícil, marcado por el sometimiento"
Samira Yoma viene de una familia bien, de alto nivel socio cultural. En un evento en la embajada de Siria conoció a su ex esposo, Emir Yoma, hombre influyente del gobierno menemista, 16 años mayor que ella. Al poco tiempo, cuando la joven tenía sólo 18 años, se casaron.
En más de dos décadas juntos tuvieron cuatro hijos bajo, dice, un techo de silencio y humillaciones.
"Fue un matrimonio muy difícil marcado por el sometimiento y la vergüenza de que el entorno supiera lo que sucedía puertas adentro -cuenta ella-. Era agreviso, dominante y siempre me desvalorizó".
Samira empezó a desconocer a su marido cuando él incursionó en el terreno político, en el que ganó poder rápidamente: "Todo lo que yo podía expresar no servía, me decía que me iba a dejar en la calle, que iba a terminar haciendo empanadas y siempre me subestimó, estaba convencido de que yo no era capaz", recuerda.
Samira se quiebra cuando dice que hoy sus hijos "son rehenes" de esta dolorosa disputa y que, "a pesar de todo, ella siempre lo ayudó.
"Yo iba a verlo todos los días cuando estaba preso en Campo de Mayo, pero me devolvió todo con odio y maldad ", cuenta con la voz de una mujer que se hizo fuerte. Tuvo que intervenir la Justicia para que Samira recibiera los alimentos para criar a sus hijos. Hoy valora cada paso que avanzó junto a sus abogadas del Club de las Divorciadas y le pide a las mujeres que "no se dejen humillar".
"La verdad, se está portando muy mal con la persona que durante 17 años estuvo junto a él y lo apoyó en todo. Todavía no lo puedo creer. Estoy muy dolida". Ahora sólo espera una sensata división de bienes y poder educar en armonía a su hija menor de cinco años.
clarin.com

martes, 22 de diciembre de 2009

Hasta que la muerte o Facebook nos separe

Las redes sociales en Internet han modificado sustancialmente la calidad y modo de vida de las personas. Es casi imposible negarlo. Pero el intercambio online de informaciones privadas entre mujeres y hombres también puso en jaque a las formas tradicionales de relacionarse.
Según un informe privado publicado por el diario británico The Sun una de cada cinco personas que decidieron romper su matrimonio en 2009 dijeron que la utilización de Facebook fue la principal causa.
El estudio realizado por página Divorce Online asegura en sus conclusiones que las redes sociales se han convertido en uno de los motivos de divorcio más comunes en el Reino Unido. Cuando los entrevistados deben responder por qué Facebook es la manzana prohíbida, no dudan en afirmar que las roturas sentimentales son por las conversaciones "subidas de tono" con los contactos. Muchos internautas encuentran en "cara de libro" la posibilidad de reencontrarse con viejos amigos, ex novios y nuevos romances, por la facilidad de búsqueda, la imnunidad que da el contacto "no personal" y la soledad en que establencen los lazos.
"Había escuchado a mis compañeros decir que un montón de personas decían que habían descubierto cosas sobre sus parejas en Facebook y decidí ver si eso era la norma", ha dicho Mark Keenan, responsable del estudio, al periódico.
"Me sorprendí mucho al ver que el 20 por ciento de todas las solicitudes hacían referencia a Facebook", explicó Keenan, "la razón más habitual parece ser que la gente tiene charlas inapropiadas de contenido sexual con gente que no debe".
Sin embargo, el sondeo de Divorce sobre 5.000 divorcios no reconoce a Facebook como la única red social citada a la hora de buscar justificaciones. Las personas también usan MySpace, Bebo y Twitter para enamorarse.
criticadigital.com

Padres separados: ¿con quién pasan los chicos las fiestas?

Por Paula Halperín
De la redacción de lanacion.com
Por primera vez
la familia no estará unida para pasar las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Los ánimos están muy sensibles, hay tristeza, sensaciones de rabia y pérdida por parte de los padres. La mayoría de las veces los chicos quedan en el medio de esa situación y suelen ser utilizados (a veces sin intención) para concretar una venganza en contra del otro adulto, olvidándose de la parte que les toca por haber padecido tantos cambios en poco tiempo. Uno de los padres se va de la casa y junto con esa mudanza, una hilera de otras alteraciones más se desencadenan. ¿Cómo podemos hacer para que nuestros hijos pasen bien las fiestas sin que nadie de la familia resulte lastimado?
"En principio, los niños deben pasar una fiesta con cada uno",explica el doctor
Osvaldo Ortemberg , abogado de familia. "La ley 26061 dice que los hijos tienen que tener vinculación con ambos progenitores. Y como son fiestas de alto contenido emocional para todos, no sólo para los cristianos, si tenemos sentido común nos daremos cuenta de que es razonable que el niño esté con uno y el otro padre."
Asimismo, Ortemberg agrega que cuando están con uno de ellos, corresponde que el responsable facilite una llamada al otro, en especial después de las doce que es cuando suelen hacerse las comunicaciones.
Lo legal está claro pero... y lo afectivo. ¿Qué es lo mejor para los chicos? ¿Cómo podemos programarlas? Para la psicóloga Carmen Iriondo es importante organizarse con tiempo para evitar decisiones apresuradas y confusión en los niños. "Por lo general es aconsejable que ellos pasen la Nochebuena con uno de los padres y la Navidad con el otro. Hay parejas que deciden turnarse cada año: dependerá también de las vacaciones y de cada caso".
Pero muchas veces, ocurre que son los mismos chicos quienes piden con quién quieren pasar las fiestas. Los especialistas coinciden en que, si bien siempre es bueno escuchar su opinión, la decisión final tiene que ser tomada por los adultos.
No obstante, en ciertos casos, si un chico se niega rotundamente ver a su padre, para la Justicia no sólo es razonable que no se lo obligue a ir sino que, además, es indicado que realicen un tratamiento de revinculación, en el que intervienen psicólogos. Porque quizás el niño se niega, ya sea porque el padre es violento, porque uno de los adultos le llena la cabeza en contra del otro o, simplemente, por cuestiones de identificación de los menores con alguno de ellos. Si da resultado el tratamiento, recién allí se aprueba un sistema de visitas.
Llegar a un acuerdo
Resulta que en algunas familias las cosas no son tan sencillas y los padres realmente se llevan mal. "En las primeras etapas de una separación, es frecuente que así sea. De lo contrario, no se hubieran separado -afirma la psicóloga-. Será necesario un trabajo personal de cada uno de ellos que los conduzca a reconocer un punto importante y común: el bienestar de los hijos".
La escritora
Laura Gutman , quien entre otros libros como La maternidad y el encuentro con la propia sombra , publicó recientemente: Mujeres visibles, madres invisibles , está de acuerdo con este punto. "Si no logran acuerdos, si no hay diálogo, si no encuentran mediación, si dan prioridad a su propia guerra en lugar de poner todos los recursos a favor del bienestar de los niños, no hay forma de resolverlo positivamente para ellos".
En esos casos, a veces es bueno contar con algún pariente o amigo de la familia que haga de intermediario. Otra opción es que los padres hablen con algún profesional o que arreglen directamente sus propios abogados, porque entre ellos siempre tratan de llegar a un acuerdo. Si esto también falla, la mediación es útil y en última instancia se llega a la justicia.
"Los abogados estamos indicando que las fiestas se acuerden en el momento de la mediación, al igual que con los cumpleaños de los niños, de los padres, de los abuelos, las vacaciones de invierno y de verano", explica el doctor Ortemberg.
De todas maneras, muchas veces hay un inconveniente con la edad de los chicos. Por ejemplo, si estamos hablando de un bebe de meses y su padre quiere llevárselo igual. "Por lo general, el juez escucha con mayor dedicación a la madre, aclara el abogado. "Pero la Justicia siempre prefiere llegar a un acuerdo regular entre las partes que a la mejor de las resoluciones".
Una vez tomada la decisión de cómo se pasarán la fiestas, es el momento de comunicárselo a los niños. ¿Cuál es la mejor forma? Dependerá de cada familia. La licenciada Iriondo dice: "De la manera más simple. Con pocas palabras y seguridad, ´Mamá y papá decidimos tal cosa para tal fecha y tal otra para después...´ La naturalidad es siempre buena compañera porque dice la verdad.
Sin embargo, siempre existe el miedo de los adultos de que los chicos sientan mucha tristeza por la pérdida. "Si nos sentimos culpables, es problema de los grandes",aclara la psicóloga. "Hay que resolverlo en otro ámbito y no junto al arbolito". Y agrega que no hay que olvidar que los padres separados están juntos para siempre en los hijos que tuvieron.
"Si los niños son amparados, cobijados, amados, tenidos en cuenta y cuidados, no hay pérdida", asegura Gutman. "Al contrario, pueden multiplicar festejos, celebraciones y encuentros llenos de cariños."

jueves, 8 de octubre de 2009

Juntos pero separados, un modelo de pareja que suma adeptos


Con el fin de evitar la tan temida rutina de la convivencia, cada vez más parejas optan por no vivir juntos. Pros y contras de un vínculo que busca "preservar el amor"
Living Apart Together -o LAT- es el nombre con que se conoce en el mundo a una nueva modalidad de vida en pareja, que pregona evitar la convivencia.
El número de octubre de Tendencia Mujer da detalles de este tipo de relación, que es "estable" (con todos los compromisos que ello implica) pero cada uno vive solo. Si bien algunos de los adeptos a LAT son personas que ya experimentaron la convivencia o el matrimonio, también los hay jóvenes que priorizan su desarrollo profesional. La psiquiatra y psicoanalista Liliana Novaro, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explicó: "Esta modalidad brinda mayor independencia para los proyectos personales, los encuentros se dan por deseo y no obligación, no es necesario ponerse de acuerdo en todo y se comparte sólo lo que hace bien a ambos".
Para ella, no es falta de compromiso sino una manera de cuidar la pareja. En tanto, la sexóloga y psicóloga Alcira Camillucci, de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, consideró que "el modelo cama afuera también ayuda a poner distancia ante una discusión o tratamiento de un tema espinoso", aunque advirtió que "esa distancia también puede llevar a tardar más en resolver el problema, dado la ausencia del otro".
Entre los aspectos positivos de este tipo de pareja podrían citarse la ausencia de rutina, la separación de las economías y la conservación de los espacios. Mientras que como negativo aparece el hecho de que se pierde la cercanía con el otro, se comparten menos momentos y no funciona si hay hijos de por medio.
infobae.com

domingo, 15 de febrero de 2009

Cada vez más argentinos se casan tarde para separarse temprano


No quiere dar su nombre. Que ponga que tiene 36 años, que es varón y que lo único que quiereaportar al tema de las crisis matrimoniales (todos sus amigos andan en una) es que no hay cómo ponerse de acuerdo. Dejémoslo quejarse: "Las mujeres son una máquina de pedir o exigir. Yo las llamo las chicas nome : "No me escuchás', 'No me abrazás', 'No me dejás crecer', 'No me hiciste esto','No me ayudás con los chicos'... Nosotros somos más simples. Tenemos un solo nome : 'No me rompas las pelotas'."
El que habla, llamémoslo Juan, pertenece a la clase media urbana, vive en la ciudad de Buenos Aires con su mujer y sus dos hijos. Le costó abandonar la casa de los padres, se casó a los 29 y jura que puso empeño en formar una familia. Pero está a punto de patear el tablero porque no soporta más la situación. Un infierno, dice, y él quiere ser feliz. A la "bruja" de Juan no la conocemos pero por sus no me podemos suponer de qué padece.
Juan y señora no son especímenes únicos. Están a punto de engrosar una tendencia que registran las estadísticas en los grandes centros urbanos del mundo: los jóvenes y las jóvenes de clase media tienen un casamiento tardío y un divorcio precoz. Y precoz quiere decir rapidísimo: a veces, ni siquiera llegan a la comezón del séptimo año.
Las estadísticas son elocuentes: cuando entró en vigencia la ley de divorcio, a mediados de la década del '80, la ruptura del vínculo matrimonial se producía entre parejas que iban desde los 40 a los 55 años de edad, con entre 15 y 25 años de convivencia. Hoy, gran parte de los divorcios se da en parejas que tienen entre 35 y 45, y un vínculo que duró apenas de 5 a 15 años.
¿En qué quedó la mítica comezón que popularizó la película de Billy Wilder en 1955 con ese nombre?
Aquel viejo éxito de taquilla contaba la historia de un tal Richard Sherman, un hombre que, como tantos otros maridos de Manhattan, manda a su mujer y a su hijo al campo para las vacaciones de verano mientras se queda trabajando en la ciudad. Claro: justo golpea a su puerta una vecina inquietante que lo pondrá en situación de cuestionarse su vida, su matrimonio y su virilidad. ("Pero la chica en cuestión es Marilyn Monroe", le perdonan la vida los de su género.)Obviamente muchas otras cosas cambiaron en medio siglo. La única familia posible en aquellos tiempos (papá, mamá e hijos, de ambos) mutó y dio lugar a familias "a la carta" donde hay permiso social para probar a medida de cada gusto: desde la tradicional extra large familia burguesa del siglo XX hasta las recién aceptadas parejas homosexuales, sin olvidar a aquellos que han decidido criar hijos en soltería... o no tenerlos. En medio de este tembladeral, cada vez se celebran menos matrimonios y trepa la cantidad de divorcios. El dato más relevante viene de la provincia de Santa Fe, donde hay dos separaciones de hecho por cada nueva relación conyugal. Según el Registro Civil provincial, desde enero hasta noviembre de 2008 hubo 2.705 separaciones y sólo 1.051 casamientos.
DIEZ AÑOS ES MUCHO TIEMPO
Mariana, de 31 años, es empleada administrativa y vive con su hijo de ocho años y una nueva pareja a la que le pone fichas. Puesta a recordar, dice que se enamoró del papá de su hijo a los 18 y a los 23, después de tanto tiempo de novios, ¿qué iba a hacer? "Si no terminábamos la relación, el paso siguiente era casarnos." La mamá de Mariana le dio para el anticipo de un departamentoy sin buscarlo, Mariana quedó embarazada. Un combo. Habla Mariana: "Fueron muchas cosas. Tuve un hijo a los 24, y aprender a manejar una casa no es sencillo... Yo estaba cómoda en mi casa porque llegaba de la facultad y aunque sea tenía una ensalada para comer... De golpe tenés una casa y tenés que tener toda la heladera prevista con algo para cocinar. Tenés que pagar las cuentas antes de que venzan, toda una organización que parece fácil cuando uno no lo vive.
Y quién se ocupa de qué. Y vos no te fijaste, y yo sí me fijé. Y vos qué hiciste... Y vivirlo en medio del primer embarazo... Eso fue desencadenando nuevas peleas... Según él, una mujer tenía que cocinar, ocuparse de la casa y a pesar de que yo nunca dejé de trabajar, él resultó poco colaborador en las cosas de la casa.
Después vi que teníamos prioridades distintas: mi proyecto siempre fue el de casarme y tener hijos compartiendo las tareas, pero el de él pasaba más por terminar la carrera, hacer un master. Igual, aun creo en el matrimonio. No sé si a los cuarenta pensaré distinto, pero a mis 31 mi proyecto es poder armar la familia que quise a los veinte... pero con los pies sobre la tierra." DURMIENDO EN EL SILLON
Guillermo vive en Neuquén y tiene 38 años. Acaba de separarse tras siete años de matrimonio. Y si no lo hizo antes fue por las tres nenas que tiene. En esos meses pasó por todas las etapas "de manual": probó entendimientos precarios con su mujer, durmió en el sillón con tal de seguir estando cerca de sus hijas, se mordió la lengua para no retrucar ninguna de las diatribas de su ex, dejó de ir a pescar con amigos para no ofrecer flancos... Recién cayó en la cuenta de que estaba separado esa noche en que entró tarde y en puntas de pie para no despertar a la bebé y se dio cuenta de que estaba solo en el recién alquilado departamento de soltero. Solo.
"La angustia de las primeras noches solo, eso es lo peor... Llegué a estar tres días sin dormir porque no podía dejar de pensar en mis hijas. Por primera vez tomé pastillas; después llegó la depresión: días en que no tenía ni ganas de pelear la tenencia. Por suerte me sostuvieron un par de amigos. Hoy ya pasé la etapa de negación y sé que ya no vamos a vivir juntos nunca más. Ya salgo con un par de solteros eternos y cuatro o cinco de mi especie: recién divorciados que ni sabemos cómo encarar a una chica de tan desacostumbrados que estamos. Es increíble: acabo de quemarme con leche pero como nací para estar acompañado, busco otra mujer que tal vez me cague la vida." Pero, ¿qué fue lo que anduvo mal? Digamos que Incompatibilidad de caracteres. Yo soy más simple; ella, más de fijarse en el qué dirán. Al principio funcionó, pero...
DE DOS A TRES
¿Miedo al compromiso? ¿Crisis del modelo de familia tradicional, varones eternamente adolescentes y mujeres sobrecargadas?
Daniel Wainrot, psicoanalista miembro de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, ha acumulado experiencia a través de su trabajo con parejas en crisis. Para él, cuando se trata de hombres y mujeres de clase media que andan por los treinta, siempre aparece la pregunta de si armar o no una familia, aun en los casos en que terminan decidiendo que no.
¿Con qué problemas se enfrentan?
En las primeras parejas, siempre está la dificultad de pasar de ser una pareja a ser una familia. Es como si la familia se comiera a la pareja, chupara toda la energía y dejara deshabitado el vínculo amoroso.
En segundo lugar, y en una dimensión parecida, está el peso de lo laboral y lo profesional. La pareja termina tironeada por la hiperdemanda de la vida cotidiana (trabajo y necesidades económicas), y los ideales de cada uno. Pero, además, hay cuestiones de género, muchas parejas donde el conflicto viene porque ella no quiere tener hijos y él sí. O porque el éxito profesional importa más que la paternidad o la maternidad.
¿Cómo manejar este caos?
Bueno, justamente lo que suele pasar hoy es que frente a este caos de la hiperrealidad –la presión de las exigencias cotidianas– aparece con frecuencia un sueño de adolescentización, donde la búsqueda de inmediatez y de urgencia se opone a la perdurabilidad de los lazos. Y donde a veces se impone la búsqueda de un puro sexo más allá del lazo amoroso. En muchos casos, la gran diferencia está en el nuevo lugar que ocupan las mujeres.
UN LARGO CAMINO, MUCHACHA
La mayor parte de los divorcios que no son de común acuerdo, dijimos, son iniciados por mujeres. Y esto parece estar en relación directa con el gran cambio de su situación en las últimas décadas. La psicóloga Irene Meler describe este desencuentro tan actual: "Cuando las mujeres trabajan fuera de casa empiezana medir la carga del trabajo no remunerado, que es mucho. Y se dan cuenta de que mientras sus esposos siguen funcionando con el modelo interno de la esposa doméstica, ya no son los únicos que paran la olla en el hogar. Y rápidamente la situación se vuelve muy despareja para ellas...
Antes eran las mujeres quienes posponían su realización personal – en el terreno de la sexualidad o de la profesión– ya sea porque dependían del marido o porque los niños eran considerados de su entera responsabilidad. Por aquellos tiempos la incapacidad de valerse por sí mismo era mistificada bajo el nombre del amor.
Hoy, cuando han luchado por un buen nivel educativo, un buen trabajo y pueden disfrutar de una vida independiente, no están dispuestas a sacrificarlo para ser 'la reina del hogar', y menos si ven que sus maridos no logran estar a la altura de las nuevas circunstancias". Este cambio en la actitud de las mujeres se refleja en los tribunales. Cuando no se trata de un divorcio de común acuerdo –que siguen siendo el 90% de los casos–, el divorcio contencioso es encarado, en su mayoría, por las mujeres.
María Virginia Bertoldi de Fourcade, vocal de una Cámara de Familia cordobesa y responsable de una exhaustiva investigación sobre el tema, dice que "cuando se trata de divorcios contenciosos, en un 59% de los casos la iniciativa es de las mujeres, salvo cuando se trata de mayores de 65 años. Llama la atención que la mayor cantidad de demandas de divorcio contencioso se da en mujeres que tienen entre 25 y 35 años. Las causales subjetivas más invocadas son las 'injurias graves' (puede ser por infidelidad), con un 43%. Y 'abandono voluntario y malicioso', con 36% de las causas".
¿A qué puede deberse?
Fundamentalmente creo que en gran cantidad de quebrantos conyugales influye la falta de conciencia de que el matrimonio supone abandonar actitudes egocéntricas y egoístas para crecer con y por la pareja y formar una familia. Pero debemos enfatizar que quienes se divorcian no pierden la familia sino que ésta adopta nuevas modalidades, y a estas modificaciones deberán adaptarse sus protagonistas. El resultado final no tiene por qué ser agorero. De hecho, en general ambos vuelven a hacer pareja.
SENDEROS QUE SE BIFURCAN
Nancy Scocco, psicóloga de 39 años, con una hija de nueve, lleva seis años divorciada de su marido.
¿Qué les pasó?
Cuando empezamos a estar de novios, en el secundario, a los 17, teníamos un proyecto común: la cajita feliz, la familia, la casa, el auto, las vacaciones en la costa... Un proyecto que coincidía con el de nuestras familias de origen, muy tradicionales y cerradas... Nosotros nos tomamos todo el tiempo: fuimos novios, tuvimos dos años de convivencia antes de casarnos, y esperamos dos años para tener a Magalí. Todo prolijito, pero la crisis fundamental vino después del parto, cuando yo me enfermé de gravedad y tuve que preocuparme de mi bebé y de mi salud al mismo tiempo. La experiencia nos transformó: estábamos muy mal, discutíamos por todo y decidimos hacer terapia de pareja, donde saltaron muchas cuentas pendientes. Estuvimos un año y pico pero no pudimos remontar la situación.
¿Dónde estuvo el desencuentro?
Crecimos en forma diferente. Yo era una profesional sólida, él había dejado varias carreras a mitad de camino y había logrado un título terciario. Ni en mi familia de origen ni en la suya había mujeres profesionales: el lugar de la mujer era un lugar más doméstico, la casa y los hijos, y eso implicó para los dos un ajuste grande... que no pudimos resolver. Nos separamos de común acuerdo y si el momento fue especialmente doloroso para ambos fue porque tanto la familia de él como la mía –lejos de darnos contención– nos forzaban a que siguiéramos unidos. Tenían una postura poco tolerante y a la vez nos decían que éramos intolerantes porque no habíamos logrado llevar el matrimonio por el resto de nuestras vidas.
QUISIERA SER GRANDE
Horacio Kraly tiene 37. Diez años atrás, los amigos lo invitaban a sus casamientos; cinco años atrás, a los bautismos de sus hijos. Hoy lo invitan a salir de noche porque volvieron a estar solos y pueden bardear . De las parejas de su edad, la mitad se hizo trizas en menos de una década. "Mientras, la mía, por la que nadie daba dos mangos, resiste: averiada, como esas ollas con muchas batallas, pero entera."
Horacio es geólogo y tiene dos hijos."¿Si estamos juntos por ellos?
Sí y no. De no tenerlos, seguro que alguna de las mil crisis que pasamos hubiera sido terminal, pero me parece que lo que no nos deja romper la cuerda no es sólo la idea de no fracasar o el miedo a la bancarrota familiar. Adquirimos cierta madurez después de la comezón del séptimo año –que existe y cómo pica–... Ahora, aunque sigo siendo un impaciente, aprendí (y mi mujer también, aunque no se lo diría) a ser un poco más adulto. Nos peleamos, sí, pero seguimos soñando con escapar de la rutina juntos. El día que no tengamos pasión ni para pelear, estaremos en el horno."
A REMAR MI AMOR
"Lo primero fue eso: Yo desaparecí como individualidad: por la teta, mi hija y yo éramos una sola persona. Y a mi marido le costó mucho enganchar con ella", cuenta Soledad, y en una sola frase plantea el nudo de un conflicto. Periodista, a los 34 es mamá de Malena, que está por cumplir los 3. Cuando quedó embarazada hacía cinco años que salía con Santiago –contador, dos años mayor– y hacía dos que buscaban casa juntos. Cero apuro. Pero con el evatest positivo la búsqueda se aceleró y aparecieron miedos; ellos nunca habían convivido.
¿En qué cambiaron las cosas?
En perder los espacios propios. En decir: "Me quiero sentar a tomar un café un rato" y no poder. Recién el domingo pasado pude darme el gusto de tomar un baño de inmersión, después de trancar la puerta del baño con llave... Me costó mucho que mi marido se quedara con mi hija para que yo pudiera dormir un rato la siesta. La llevaba a pasear pero volvía enseguida, me criticaba lo que yo le preparaba para comer... Y yo corría a mi trabajo y andaba sincronizando todo con la empleada aunque él trabaja la mayoría del tiempo en casa. Un día nos cansamos de discutir y nos preguntamos si queríamos seguir en pareja. Nos tomamos unos días para pensarlo y resolvimos que sí; entonces buscamos una terapeuta de pareja. Yo quería un padre presente, pero no que me hinchara las pelotas criticando todo lo que yo hacía con la nena sin colaborar en nada... Vivíamos compitiendo para ver quién era el mejor con Malena; la terapeuta nos dijo que no nos bancábamos el pasaje de ser dos a ser tres. Y bueno, poco a poco las cosas se van acomodando y la seguimos peleando. Voy viendo cambios después de todo lo que fuimos hablando y la nena, que está más grande, empezó a estar súper enganchada con su papá". Como Soledad y Santiago, hay muchas parejas que la están remando. Tal vez todo consista en tener claro que en materia de amor, pasar del dos al tres es casi tan difícil como pasar del uno al dos.
clarin.com

jueves, 21 de agosto de 2008

Divorciados bajo el mismo techo


La Justicia otorgó el divorcio a una pareja de septuagenarios que vivía bajo el mismo techo. Alegando motivos económicos, son cada vez más las parejas que inician el divorcio sin que uno se mude. Ella y él –los actores del fallo se mantienen en secreto– se casaron en 1955, tuvieron tres hijos y en enero de 2003 empezaron el juicio de divorcio. La relación venía en picada desde antes. Dormían en diferentes habitaciones.

Pero en la primera instancia judicial, el pedido fue rechazado, aludiendo que no habían transcurrido los tres años de separación de hecho sin voluntad de retomar el vínculo. “Se estaría permitiendo el acceso al divorcio a parejas que estuvieran pasando sólo crisis pasajeras”, expresaron en aquel momento los fiscales.

El hombre, que en 2002 había sido excluido de su hogar por violencia doméstica, insistió ante la Cámara Civil. Dijo que hacía más de diez años que no tenían relaciones sexuales.
Ella alegó violencia física y psicológica, infidelidades, humillaciones.
Ayer la Cámara Civil revocó el fallo y consideró que estuvieron separados de hecho durante un tiempo lo suficientemente largo para concederles el divorcio. Aclaró que la mujer “no fue culpable de la separación”. No es la primera vez que dos personas piden el divorcio desde la misma casa ni que la Justicia lo otorga.

Nina Brugo, presidenta de la Comisión de Mujer de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, recuerda uno de estos primeros casos, a fines de los años noventa. “Un matrimonio de gente mayor, sin hijos; atendí a la señora. Vivían separados bajo el mismo techo, y él no le hablaba pero usaba cosas que compraba ella: artículos de higiene y perfumería. Hicieron el divorcio mientras vivían ahí y, cuando salió, siguieron así dos años. Acordaron que cada uno pagaría sus gastos. Llegué a conversar con el señor y él dijo: ‘Mientras ella no me moleste, todo bien’”, recuerda Brugo. “Somos compañeros de departamento. No cumplimos ninguna de las obligaciones maritales: asistencia, alimento, fidelidad y sexo. Queremos el divorcio y no nos da la plata para que uno de los dos se vaya de casa.”
Los abogados dicen que esta actitud se empieza a ver con más frecuencia.

“Antes había que acreditar tener más de tres años de separación de hecho. Pero se empezaron a hacer presentaciones donde el argumento vertebral era que quienes pedían este divorcio convivían sólo por una cuestión económica. Esa cohabitación no implicaba que cumplieran con los otros órdenes legales de un matrimonio. El orden público de Familia se fue haciendo más flexible”, explicó Gabriela Silva Alpa, abogada. “Muchos siguen conviviendo mientras tramitan su divorcio. A veces uno propone que una de las partes se vaya porque puede ser peligroso vivir bajo el mismo techo si hay violencia”, expresó Ana Rosenfeld, abogada.
Rosenfeld está convencida de que La Guerra de los Roses no es sólo una película: “En la práctica existe. Cada caso es distinto, pero por norma no conviene convivir bajo el mismo techo mientras sale el divorcio; puede terminar en una guerra que hace mal a todos, y peor a los chicos”. Y advierte que, a veces, la falta de recursos “es la excusa para no perder terreno”, dice Rosenfeld.
Gimena es de las hijas que crecieron con padres que tienen la misma llave pero hace diez años no son pareja. “A los hijos nos afecta más que a los padres, por la anormalidad de la situación y de la imagen de pareja que uno se forma. La guerra deja secuelas en todos. Quedás de rehén”, dijo.
Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género (APBA), señaló: “Se ve en matrimonios no muy jóvenes y civilizados. A veces funciona. Es contradictorio: pedir el divorcio y vivir juntos. Habla de una ambivalencia emocional que no permite romper completamente el vínculo”.
Sin ruptura no hay nueva vida
“Vivir bajo el mismo techo cuando no existe vida de pareja provoca confusión, bronca y boicots, y afecta a los hijos, los más perjudicados”, explica Graciela Moreschi, psiquiatra especialista en vínculos. “Si la convivencia continúa, uno sigue participando y controlando, aunque no quiera, lo que le pasa al otro. Se promueve aún más esa competencia de a quién le va mejor, quién tiene más éxito. Aunque uno se crea indiferente, esto afecta. Para los hijos se vuelve terrible estar del lado de la madre o el padre. Hay confusión, por más que sepan que cada cónyuge hace lo suyo, al mantener la estructura de antes, perciben la nueva vida de sus padres como un engaño. Tiene un costo emocional altísimo y genera una bronca crónica. Sin desenganche, no se puede empezar una nueva vida.”
Crítica de la Argentina

martes, 27 de mayo de 2008

Madonna duerme sola........



Alguna vez Madonna dijo que se había casado con Guy Ritchie por razones equivocadas. Y él, lord inglés, se aguantó la confidencia con sonrisa estoica y la ayuda de un scotch. Lo mismo hizo cuando la reina del pop decidió que el matrimonio tenía que adoptar un niño del tercer mundo. Y así, capricho tras capricho, la pareja resistió siete años. Hasta esta semana, en la que los medios ingleses anunciaron la separación.
El desfile por la alfombra roja de Cannes, con ella como estrella y él como acompañante, fue bastante elocuente: Ritchie no disimuló su cara de fastidio y Madonna, no bien pudo, le soltó la mano y corrió a los brazos de su muy buena amiga Sharon Stone. Ah, antes le había advertido que ni se le ocurriera hablar de la película que él está por estrenar en octubre porque el centro de atención, en este caso, debía ser ella como productora del documental I am because we are, acerca de los niños de Malawi. Cinta que en un principio iba a dirigir Ritchie pero que finalmente quedó en manos de otro director. Tan incompatibles en el trabajo como en el matrimonio.
Amigos de la pareja confirmaron que desde hace varios meses dormían en camas separadas. Incluso, habían dividido la casa en dos porciones para no tener que encontrarse y se comunicaban por mensaje de texto a través de sus blackberrys.
Al parecer, fue Madonna quien finalmente tomó la decisión de terminar con siete años de matrimonio, cansada de que Ritchie la tratara con indiferencia en público, de que pasara tan poco tiempo con sus tres hijos (Lourdes, Rocco y David Banda, recientemente adoptado) y que, por sobre todo, se la pasara en el bar bebiendo con sus amigos borrachines.
Madonna y Richie se casaron a fines del 2000 en un castillo en Escocia y los primeros rumores de separación aparecieron cuando Lourdes y Rocco empezaron a cambiar de colegio constantemente para poder acompañar a su madre a las giras. Y eso, a Ritchie, no le gustaba.
Otro punto de conflicto fue el fanatismo de Madonna por la Kabbala, devoción que el director de Juegos, trampas y dos armas humeantes no comparte.
Por último, la adopción de David de Malawi y un intento frustrado de adopción de una niña de India, que Ritchie no permitió, completaron el mapa del conflicto.
Pero tampoco faltan los chismes que hollywoodizan aún más estas historias de Holywood: se dice que unos meses antes de adoptar a David, Madonna se acercó demasiado a su productor Stuart Prince, de 30 años.
“Sin embargo, ella siempre trataba de controlar a Ritchie: lo llamaba seis veces por día, quería saber dónde estaba”, contó una fuente cercana a la familia.

A pesar de todo esto, la pareja intentó darse una última oportunidad. Ya fuera por amor o por necesidad, se entrevistaron con la famosa terapeuta Tricia Barnes y hasta aceptaron los consejos del gurú Elton John. Pero, se ve, nada dio resultado.



“Soy muy complicada para convivir”, reconoció, por fin, la tumultosa diosa del pop.