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martes, 13 de septiembre de 2011

Cuando los celos pasan de ser un estímulo a un problema serio

Cuando los celos pasan de ser un estímulo a un problema serio
Según el psicoanálisis, uno de los deseos más profundos del ser humano desde el momento que nace es ser único, exclusivo e inolvidable. Aunque en la mayoría de los casos ese sentimiento dura poco, ya que con la llegada de un hermano aparece un “rival” con el que se compite por el amor de los padres.

En esos primeros años de vida la persona ya comienza a lidiar con esos seres queridos. Y cómo se resuelvan los celos en esas circunstancias tenderá a marcar ese tipo de conductas en relación a futuros vínculos.
En cada pareja los celos pueden tener significados muy diferentes, según la historia, la personalidad, las conductas de cada uno de los integrantes y especialmente las características del vínculo.

“Los celos normales hacen a una pareja mas erótica, en la cual cada miembro se siente necesitado, deseado y a la vez siente que el otro puede verlo como objeto de deseo de un tercero. Permite no caer en la monotonía del vínculo”, opina Rosalía Alvarez, especialista en vínculos y miembro didacta de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

Amar significa, entre otras cosas, creer, valorar, tener confianza y admirar al ser amado. Los celos constituyen estados afectivos normales ya que se relacionan con el temor a la pérdida del compañero y reflejan una preocupación por conservar ese amor. Más aún, cuando esos sentimientos se manifiestan en cantidades prudentes ayudan a enriquecer y motivan ese vínculo.

“A veces una excesiva preocupación suele implicar una necesidad de control que estaría más relacionada con la posesión que con el amor. Cuando los celos son enfermizos la persona, más que brindar,  exige todo para sí y las señales de alerta hay que empezar a detectarlas a tiempo” explica la licenciada en Psicología Graciela Cafici. “Esto a su vez provoca un cambio en la conducta y las emociones. Siempre hay que considerar los temores que están en juego detrás de esos pensamientos. Muchas veces se trata de personas inseguras y dependientes que han sufrido situaciones de carencia afectiva en sus primeros años”, agrega la especialista.

En estos casos, generalmente los celos no responden a situaciones reales, ya que se trata de personas que suelen hacer interpretaciones erróneas de la realidad. Las sospechas se tornan permanentes y tienen que ver con la construcción imaginaria sobre lo que el otro hace o puede llegar a hacer. Estos pensamientos erróneos pueden ser modificados en el curso de una psicoterapia, siempre que no se trate de celos delirantes propios de un trastorno psicopatológico de gravedad.

Para que los celos no perjudiquen a ninguno de los integrantes de la pareja, es imprescindible estar atentos a las alertas que funcionan como indicios certeros de que los celos están propiciando serios conflictos.
Una de las señales de alarma sucede cuando las escenas o los planteos desmedidos de una de las dos partes se vuelven cotidianos sin depender de un hecho puntual.

También hay que estar muy atentos cuando se empieza a controlar en forma excesiva la conducta del otro con llamadas reiteradas, chequeo de correos electrónicos o planteos con respecto a la vestimenta, aislándola/o de su círculo social, familiar y/o laboral.

“Lo importante es evitar el sobreentendido, que conduce al malentendido. Hay que tener en cuenta que celoso y celado no manejan los mismos códigos: el celado dice: “Hay otro”, el celoso escucha: “Hay un rival”. Es importante generar tiempo y espacio para poder escuchar y atender lo que el otro dice, intentando que las fantasías y los ruidos no generen conflictos absurdos”, recomienda Luis Buero, psicólogo social, consultor psicológico y autor del libro “Los celos en los vínculos cotidianos”.

Para ese propósito, Buero recomienda poner en práctica la llamada “Estructura de domora”, que consiste básicamente en reflexionar un instante, ver qué le pasa al otro, pensar por qué dice lo que dice, contener al otro, contenerse, preguntarse en vez de preguntar o contestar enseguida.

Los especialistas sostienen que cuando una pareja consulta sobre este tema, los casos se resuelven fortaleciendo la autoestima, desarrollando la autonomía y logrando que la persona identifique y modifique los pensamientos disfuncionales por otros más racionales y adaptados a la realidad.

CLAVES

En el amor hay que creer en el otro. Es la única posesión en la que no se posee nada.
Aceptar que las fantasías con un tercero son universales aunque sean virtuales.
Los celos razonables son un condimento para la erotización.
Los celos pueden estar en todo vínculo.
El celado debe cambiar el “siento culpa” por el “tengo derecho a tal cosa”.

UN TALLER PARA CELOSOS

En 2007, Luis Buero comenzó a dictar en el Hospital Tornú, en forma gratuita, el taller semanal “Cuando los celos te carcomen”, un espacio de reflexión donde las personas celosas asisten para compartir sus experiencias personales. Quienes concurren tienen entre 18 y 80 años.
“A veces escriben alguna escena ellos y luego hacemos el role-playing. En otras hablamos sobre los vínculos tal como se presentan hoy, en esta dificultosa adaptación del sujeto a un mundo de cambios en costumbres y valores. Pero siempre tratamos de reírnos mucho y desdramatizar los miedos a la pérdida y la angustia tan común en quienes sufren de una fuerte dependencia emocional del otro”, explica Buero.
Algunos de las conclusiones que a las que llegaron quienes formaron parte del taller en 2010 fueron que aunque algo sea impensable para uno, no quiere decir que no exista y que uno no lo tenga que aceptar y que todo vínculo implica una relación costo-beneficio: la buena noticia es que los celos enfermizos se curan, la mala es que depende de nosotros.
Quienes deseen formar parte de este taller pueden anotarse enviando un mail a luisbuero@hotmail.com.
clarin.com

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Los celos, un camino a las regresiones

Catalina, además de una valiente por animarse a tener su cuarto hijo, no es la única mamá que ante un segundo o tercer embarazo se angustia al descubrir el sufrimiento de sus hijos mayores, conmocionados por la llegada de un hermano (en este caso dos).
Y como se trata de chicos, las manifestaciones son muy diversas y, generalmente, tienen que ver con acciones. Aunque alarma a la mayoría de los papás, el regreso del pis en la cama cuando era ya una etapa superada es de lo más frecuente. Pero también pueden aparecer rechazo a dormir solos, berrinches, apego al chupete de hermanos menores y hasta pedir la teta cuando ven que se la dan al recién nacido.
Ante todo, tranquilidad. Rosina Duarte, psicóloga infanto-juvenil, dice : ”Estas manifestaciones son absolutamente normales y saludables. Expresan el miedo al desplazamiento y la fantasía de pensar que ese nuevo hermano le robará el amor de sus papás. Ellos piensan que el bebe pasará a ser el más querido”.
Por eso, la especialista aconseja aprovechar estas manifestaciones para poner en palabras lo que nuestros hijos no pueden y así tranquilizarlos. ¿Cómo sería? Preguntarles abiertamente si están preocupados porque piensan que mamá los dejará de querer y más allá de la respuesta (no siempre lo reconocen) darles confianza en que eso no sucederá.
Otra recomendación es incluir al hijo mayor en lo que tiene que ver con el bebe. A medida que va creciendo la panza se le puede preguntar cómo se imagina a su hermano, qué le gustaría hacer con él… Dar lugar a verbalizar todas las fantasías. Al mismo tiempo, invitarlo a ir de compras a elegir ropa o juguetes para el bebe que está por venir para que sienta que en esta nueva situación también puede ser protagonista.
Por otro lado, es muy importante que los papás hagan hincapié sobre las ventajas de ser mayor al recién llegado que, ante la mirada de sus hermanos, goza de todos los privilegios y se roba toda la atención. “Hacerle ver que puede decidir y elegir muchas cosas que el recién nacido no. Recordarle que puede hablar y pedir lo que quiere, comer lo que le gusta, ver sus programas favoritos, jugar con amigos… En fin, sacar a relucir todas las conquistas logradas con su crecimiento”, apunta Duarte.
De todas las reacciones que provocan los celos, la más preocupante es la indiferencia. Mientras los chicos expresen lo que les pasa, todo está bajo control aunque a veces parezca todo lo contrario.
lanacion.com

viernes, 23 de julio de 2010

Los celos enfermizos son causal de divorcio

Evangelina Himitian
LA NACION
Dicen los expertos en cuestiones de amor que mostrar un poco de celos en la pareja no es malo. En cambio, ser extremadamente celoso/a, a tal punto de acosar al cónyuge con permanentes reclamos y planteos, es causal de divorcio para la justicia argentina.
Así lo acaba de establecer la Sala G de la Cámara Nacional en lo Civil al confirmar un fallo de primera instancia que consideró injurias graves los "celos enfermizos" de un esposo.
El tribunal equiparó el acoso del hombre con un caso de violencia psicológica. Establecer como causal de divorcio la "celopatía", tal como lo llama el fallo, crea jurisprudencia e implica que en el futuro quien cele en exceso deberá pagar las costas legales del juicio de divorcio. También tendrá una incidencia sobre la división patrimonial aunque sobre ello no se hace mención en este fallo.
La causa que crea jurisprudencia y que debería hacer reflexionar a muchos cónyuges celosos, se inició en 2005, cuando la mujer, agobiada por el acoso psicológico al que era sometida, decidió dejar su casa y a sus hijos e iniciar los trámites del divorcio. El hombre, entonces, alegó que ella había hecho abandono de hogar y que, en consecuencia, había incumplido con sus deberes conyugales.
Durante la primera etapa del juicio, tanto él como ella fueron sometidos a peritajes psicológicas, en los que se determinó que la mujer tenía una "neurosis mixta", un mix de ansiedad y depresión, causada por la "celopatía" del hombre. Así, el juez de primera instancia estableció que los celos eran causal de divorcio.
No contento con el resultado, el hombre, cuyas iniciales son A. M. M., apeló la sentencia porque consideró que el juez había soslayado el hecho de que su mujer hubiera abandonado el hogar y que los estudios psicológicos que le hicieron demostraron que él no tenía una psicopatía.
"La ausencia de psicopatía no le resta puntos a su confesada celopatía", dijo en su voto el camarista Carlos Bellucci, al que adhirieron los otros dos jueces del tribunal, Carlos Carranza Casares y Beatriz Areán.
"Reconozco que fui muy absorbente con el tema de los celos, muy celoso", reconoció el marido demasiado tarde.
"Unión fragmentaria"
Según el fallo, la desmesura en los celos constituye en una pareja "una unión fragmentaria" que se sostiene en un equilibrio precario, de no reciprocidad y no entendimiento. En este caso, "se dio no sólo en los últimos años, sino que persistió con la cualificación de habitualidad", indicó Bellucci.
Estos "elementos anómalos" de la pareja en cuestión fueron sobrellevados durante años, según se explica en el fallo y "tal situación redundó en la sintomatología de ansiedad y depresión que advirtió el perito en la esposa. Esa celopatía bien pudo causar en la esposa esa neurosis mixta".
La Justicia considera que el acoso psicológico al que puede ser expuesto un cónyuge celado durante años es una forma de violencia solapada que existe en muchos hogares.
Sin llegar a la violencia física, se considera, existe otra forma de ella consistente en un acoso psicológico que resulta más imperceptible, pero, no por ello, no demostrado. "El maltrato psicológico no sólo se da cuando se desmerecen los logros del cónyuge, antes bien, como aquí quedó demostrado, se lo controla con celos enfermizos o habituales que la degradan y le provocan una suerte de maltrato psicológico", rezó el fallo.
Atentado a la confianza
De esta forma, el planteo de incumplimiento de los deberes conyugales que inició el marido se volvieron en su contra, ya que el fallo estableció que fue él quien faltó a su promesa de mutua asistencia. "El maltrato psicológico atenta contra la consideración, confianza y el decoro que es menester tener en las relaciones del matrimonio", se señaló.
De la lectura del expediente surge que el marido ha reconocido su condición de celoso. También que en ningún momento acusó a su ex mujer de haberlo engañado con otro. Es más, señala que los celos son consecuencia una personalidad insegura: "El quejoso no ha desmentido esa particular personalidad celosa hacia su esposa, sin que medie aseveración alguna de infidelidad y sin que exista prueba alguna acerca de que aquélla diera lugar a tal rasgo negativo de la personalidad del esposo, generalmente, producto de su propia inseguridad de sí mismo", apuntó Bellucci.
Para los camaristas, los celos son una razón por la cual la vida en familia puede resultar imposible. "La conducta reiterada de celar sin motivo, por su entidad y cronicidad, evidenciaron la imposibilidad de la continuidad de la vida en común. No mucho cacumen hace falta tener para darse cuenta que en la situación de permanente celosía, la dejación del hogar por parte de la esposa sólo comportó el primer elemento constitutivo de la imputación que le hiciera su marido, pero en modo alguno, la segunda: es decir la intención deliberada de desatender sus deberes conyugales: antes bien, preservarse en su salud psíquica ya bastante deteriorada", concluye.
lanacion.com

domingo, 7 de marzo de 2010

Celos y crimen por Facebook

Encontrarse con viejos amigos o ex compañeros de estudios o trabajo en una red social permite recordar buenos momentos y de tanta nostálgia quizá hasta se logra reanudar una amistad desgastada con el tiempo o la distancia. Ahora, tener contacto nuevamente con una ex pareja ya es algo más complicado. Lo demuestra el caso de una mujer británica que fue asesinada por su ex amante después de que éste viera en la red social Facebook una foto de la joven con su nueva pareja, informan este sábado medios locales.
Una corte londinense dictaminó que Paul Bristol, de 25 años y oriundo de Trinidad y Tobago, viajó a Londres en abril del año pasado para matar con más de 20 puñaladas a Camille Mathurasingh, de 27 años, después de ver una imagen de la mujer con su nuevo novio en la red social.
Mathurasingh había conocido a Bristol cuando se encontraba trabajando en Puerto España, en el país caribeño. Al regresar a Londres, sin embargo, la relación se terminó.
Según la corte, Bristol vio las imágenes en el perfil de su ex pareja y dos semanas más tarde tomó un avión a Londres para cometer el crimen. El asesinato fue condenado a cadena perpetua en el Reino Unido.
ANTECEDENTES. No es la primera vez que la muerte ronda a un usuario de Facebook en Inglaterra, en febrero una maestra británica de 24 años fue encontrada muerta tras ver las imágenes que habría subido su ex novio a la web. Versiones hablan de suicidio o que bebió veneno sin darse cuenta a causa del excesivo nerviosismo.
También en el Reino Unido se realizó un estudio que tomó una muestra de 5.000 divorcios reveló que el 20% se separó por las charlas "subidas de tono" con sus contactos en la red social.

criticadigital.com

lunes, 8 de febrero de 2010

Liberarse de la dependencia hacia el otro

Los celos nacen del miedo a perder lo que se tiene. Destruyen el bienestar y la libertad. Aunque pueda parecer lo mismo, el apego es lo contrario del amor.
“La codicia también pervierte el éxito. Nos obsesionamos con metas y no disfrutamos del camino. Condiciona nuestras motivaciones”
Los seres humanos sufrimos por querer lo que no tenemos. La persona que nos gusta, el trabajo soñado, más tiempo libre o un coche deportivo. Sin embargo, por el camino nos olvidamos de lo que verdaderamente necesitamos. Al obsesionarnos con el objeto de nuestro deseo, de forma inconsciente terminamos idealizándolo. Creer que cuando lo obtengamos nos dará la felicidad.
Al conseguir eso que tanto anhelamos, de pronto comenzamos a sufrir por miedo a perderlo, a que nos lo estropeen. Y este temor nos contamina con dosis diarias de ansiedad, atascándonos en un callejón sin salida: no podemos vivir felices con ello ni sin ello…
Devorador de bienestar
“Vivimos encadenados a lo que llamamos felicidad” (Anthony de Mello)
Detrás de nuestros deseos y miedos se esconde uno de los virus más letales que atenta contra la salud emocional: el apego. Según la Real Academia Española, significa “inclinación hacia alguien o algo”. Popularmente, también se considera sinónimo de “afecto”. Pero estas definiciones sólo ponen de manifiesto lo poco que conocemos a este gran devorador de nuestra paz interior.
Hay quien dice que el apego es “sano”, una muestra de “amor”. Otros afirman que “cuanto más apego se tiene, más se ama”. Nada más lejos de la realidad.
Y entonces, ¿qué es el apego? Podría definirse como “el egocéntrico afán de controlar aquello que queremos que sea nuestro y de nadie más”. Implica “creer que lo que nos pertenece es imprescindible para nuestra felicidad”. Sin embargo, más que unirnos, el apego nos separa de lo que estamos apegados, mermando nuestro bienestar y nuestra libertad.
Los celos no son amor
“El amor es una palabra maltratada y pisoteada por la sociedad” (Jiddu Krishnamurti)
“Sin ti no soy nada”. “Lo mejor de mí eres tú”. “Necesito saber que me deseas”. “No puedo pasar un día sin saber de ti”. “Por ti sería capaz de matar”. Estas frases, por muy románticas que puedan sonar, suelen pronunciarse en el seno de una pareja envenenada por el apego.
Al creer que nuestra felicidad depende de la persona que queremos, destruimos cualquier posibilidad de amarla. Bajo el embrujo de esta falsa creencia, nace en nuestro interior la obsesión de garantizar que esté siempre a nuestro lado. Y el miedo a perderla nos lleva a tomar actitudes defensivas. Es entonces cuando aparecen los celos. Etimológicamente, esta palabra proviene del griego zelos, que significa “recelo que se siente de que algo nos sea arrebatado”. Revelan que vemos a nuestra pareja como algo que nos pertenece.
Intentamos cambiarla y ponerle límites. Y así el conflicto está garantizado, manchando nuestra relación de tensiones. Curiosamente, el mismo apego que nos ha separado, a veces nos mantiene enganchados por temor a quedarnos solos, a lo que digan los demás.
La prisión del materialismo
“Lo que posees acabará poseyéndote” (Chuck Palahniuk)
Más allá de dañar nuestras relaciones, el apego también pervierte lo que nos interesa a nivel profesional. Está presente en nuestro afán de éxito. Movidos por el deseo de ser reconocidos, podemos medir nuestro valor como personas en función de los resultados que obtenemos.
A veces nos obsesionamos tanto por la meta, que nos olvidamos de disfrutar el camino que nos conduce hasta ella. Y no sólo eso. La ambición puede terminar corrompiendo aquello que un día amábamos hacer, condicionando nuestras motivaciones y forma de trabajar. Según un proverbio oriental, “cuando un arquero dispara una flecha por puro placer, mantiene toda su habilidad. Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya se pone algo nervioso. Pero cuando dispara para ganar la medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues no ve un blanco, sino dos”.
Buscamos fuera lo que no encontramos dentro. Consumimos compulsivamente. Sin embargo, ¿cuánto dura nuestra satisfacción? Si somos honestos con nosotros mismos, tal vez descubramos el verdadero precio que pagamos por buscar en el lugar equivocado. En palabras de Buda, “lo que más me sorprende son los hombres que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud”.
La seguridad es una ilusión
“Quien tiene miedo sin peligro inventa el peligro para justificar su miedo” (Alain)
La mayoría de nosotros siente un profundo temor a la muerte. La negamos. Aunque mueran cada día miles de personas, nos da pánico que de pronto llegue nuestro turno y desaparecer sin más.
Convertimos desesperadamente nuestra existencia en algo seguro. Nos “esposamos” a través del matrimonio. Firmamos un contrato indefinido con una empresa. Solicitamos al banco una hipoteca para comprar un piso. Y, más tarde, un plan de pensiones para estar tranquilos cuando llegue la jubilación. Seguimos lo que nos dice el sistema que hagamos para llevar una vida “normal”.
Pero por más que nos esforcemos, no calmamos nuestra inquietud interna. ¿Qué sentido tiene buscar certezas en un mundo imprevisible? La única seguridad que tenemos es que la incertidumbre sólo desaparece con nuestra muerte. No podemos escapar de la inseguridad. El reto consiste en aceptarla y confiar más en nosotros mismos.
La inutilidad del afecto
“Tú eres lo único que falta en tu vida” (Osho)
Llegados a este punto, ¿es posible vivir sin apegos? Por supuesto, pero es una hazaña que requiere comprender que lo que necesitamos para ser felices está dentro de nosotros, y no fuera. “Ser felices” quiere decir que “estamos a gusto, cómodos y en paz con nosotros mismos. Cuando sentimos que no nos falta de nada”. La trampa consiste en creer que algo vinculado con el futuro nos dará lo que no nos estamos dando aquí y ahora.
Mediante el equilibrio interno podemos cultivar el desapego en nuestra relación con todo lo demás. Compartir lo que somos, agradecidos de recibir lo que otras personas y la vida nos quieran dar. Nada ni nadie nos pertenece. Tan sólo gozamos del privilegio de disfrutarlo temporalmente. Más que nada, porque todo está en permanente cambio.
Así lo refleja una historia sobre Alejandro Magno. Se cuenta que encontrándose al borde de la muerte, el gran rey de Macedonia convocó a sus generales para comunicarles que quería que su ataúd fuese llevado a hombros, transportado por los propios médicos de la época. También les pidió que los tesoros que había conquistado fueran esparcidos por el camino hasta su tumba. Por último, les insistió en que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, a la vista de todos. Asombrado, uno de sus generales quiso saber qué razones había detrás de tan insólitas peticiones. Y Alejandro Magno le respondió: “Primero, quiero que los más eminentes médicos comprendan que, ante la muerte, no tienen el poder de curar. Segundo, quiero que todo el pueblo sepa que los bienes materiales conquistados, aquí permanecerán. Y tercero, quiero que todo el mundo vea que venimos con las manos vacías y que con las manos vacías nos marchamos”.

La trampa del deseo
Para no caer en las garras del apego es importante hacernos más conscientes de qué deseamos y por qué. Porque nos desconecta de lo único a nuestro alcance: vivir conectados con nuestro bienestar interno. Cuenta una parábola sufí que “un pescador encontró entre sus redes una botella de cobre con un tapón de plomo. Al abrirla, apareció un genio que le concedió tres deseos. El pescador le pidió en primer lugar que le convirtiera en sabio para poder hacer una elección perfecta de los otros dos deseos. Una vez cumplida esta petición, el pescador reflexionó y dio las gracias al genio diciéndole que no tenía más deseos”.

Para cultivar el desapego
1. Libro
‘Un nuevo mundo ahora’, de Eckhart Tolle (Debolsillo). Un ‘best-seller’ que desenmascara las motivaciones egoístas y egocéntricas que hay detrás del deseo, el miedo y la dependencia.
2. Película
‘El guerrero pacífico’, de Víctor Salva. Nick Nolte encarna a un sabio que enseña a un joven atleta los beneficios de cultivar una mente centrada en el momento presente, desapegada de lo que pueda pasar en el futuro.
3. Canción
‘En el muelle de San Blas’, de Maná. La letra muestra lo desgarrador que puede ser no volver a ver a la persona querida.

elpais.com

sábado, 6 de febrero de 2010

Los celos: sexuales en ellos, afectivos en ellas

NURIA BAENA
MADRID.- ¿Existen diferencias en los elementos que desencadenan los celos de hombres y mujeres? Diversos estudios han revelado que, por lo general, los varones son más intransigentes ante la infidelidad sexual que frente a la emocional, mientras que las mujeres perdonan antes los deslices carnales que los que implican sentimientos. Un estudio, publicado en la revista
'Psychological Science' indica que estas diferencias van más allá de los géneros y las teorías evolutivas y están más relacionadas con el tipo de vínculo (sexual o afectivo) por el que se rigen los miembros de la pareja.
El motivo de que a la mayoría de los hombres les ponga más celoso una traición sexual que una sentimental se explica, según muchas investigaciones, por razones evolutivas. Según éstas, los varones habrían desplegado durante miles de años una vigilancia extrema sobre el comportamiento sexual de su pareja debido a la imposibilidad de estar seguros al 100% de la paternidad de los hijos. Por su parte, las mujeres habrían estado más preocupadas de que su compañero se comprometiese en la crianza de la familia.
Sin embargo, los psicólogos científicos Kenneth Levy y Kristen Kelly, autores del nuevo estudio, y miembros de la Universidad Estatal de Pennsylvania (EEUU), han puesto en duda esta explicación, debido al gran número de varones que, al igual que la mayoría de las mujeres, encuentran más angustiosa la traición emocional que la sexual.
Para realizar su trabajo los especialistas contaron con una muestra de 416 individuos (99 hombres y 317 mujeres) a los que sometieron a una serie de cuestionarios y pruebas para valorar ante qué tipo de infidelidad se sentirían más heridos. Además, también se determinó el nivel de vinculación o de implicación emocional de los participantes en las relaciones románticas.
Al analizar los datos, los científicos observaron que mientras un 53,5% de los hombres se sentía más angustiado ante una traición sexual que por una sentimental, un 75,7% de las mujeres se mostró más preocupada por las infidelidades sentimentales que por las carnales.
Grado de confianza
Además, los especialistas llegaron a la conclusión de que el grado de confianza en la pareja y los lazos emocionales establecidos entre sus miembros determinaban la vulnerabilidad, tanto de hombres como de mujeres, respecto a una u otra clase de traición.
Mientras algunas personas establecen relaciones basadas en la seguridad otras tienden a rehuir la necesidad de establecer vínculos estrechos. Los psicólogos consideran esta confianza en sí mismos, casi compulsiva, como una estrategia defensiva contra la vulnerabilidad que les provocarían unos sentimientos profundamente arraigados.
Al analizar los cuestionarios, los autores llegaron a la conclusión de que quienes anteponían su autonomía frente al compromiso (mayoritariamente hombres), se mostraban más angustiados por las infidelidades sexuales que por las emocionales, mientras que las mujeres y hombres que se entregaban de forma estable a las relaciones, revelaban un mayor sufrimiento ante una traición afectiva que a causa de una infidelidad carnal.
"Aunque las diferencias entre géneros existen claramente en los celos los contrastes dentro del mismo sexo sugieren la existencia de procesos adicionales más allá del modelo propuesto de inversión parental [por razones evolutivas]", concluyen los autores.
Los celos, termómetro de la pareja
Por su parte, Mónica Pereira, psicóloga del gabinete Haztúa Psicología Positiva, ha explicado a ELMUNDO.ES que las mujeres se quejan en consulta en mayor proporción que los hombres de que su pareja ha tenido relación con otra persona. Esta especialista considera que los celos, más que causa, son síntoma de que una pareja 'marcha' mal o de que existe una relación de dependencia respecto a la otra persona.
"Los celos son señal de inseguridad y el que los siente suele tener incertidumbre respecto a la relación", aclara. "Hay quien se pone celoso de una mirada o de una no mirada. Todos podemos sentir celos y estos pueden motivarnos a cuidar más de la relación, pero cuando se convierten en el centro pasan a ser un problema y signo de que la pareja no funciona", expone Pereira.

elmundo.es

martes, 11 de agosto de 2009

Facebook alimenta los celos de pareja


¿Y por casa cómo andamos?”, es una de las principales preguntas que se están haciendo los usuarios de Facebook en estos días. Ocurre que la red social ayuda a reencontrar viejos amigos, a conocer gente nueva y hasta a conseguir trabajo, pero falla estrepitosamente cuando se trata de sostener la armonía conyugal en el hogar.
Un estudio cualitativo hecho por la Universidad de Guelph, en Canadá, revela que Facebook facilita los contactos con antiguos novios y novias, y que ese revival trae, además de nostalgias, brutas escenas de celos en la vida “real” (suponiendo que “real” y “virtual” siguen siendo cosas distintas).
“Los contenidos en los perfiles de esta red social pueden llevar a actitudes compulsivas de celos dentro de una relación –advierte la psicóloga Brenda Wiederhold, directora del estudio–. Cuanto más tiempo pasa la gente en Facebook, más probable es que sienta desconfianza por su pareja y que use la red para buscar información adicional que pueda alimentar una eventual celotipia.
La bola de nieve cada vez se hace más grande y puede volverse adictiva. Éste es un excelente punto de inicio para empezar a preguntarnos sobre cómo este nuevo espacio virtual puede impactar en la dinámica de las relaciones adultas y de los demás procesos sociales”.
La investigación, titulada “Más información de la que jamás imaginaste: ¿Facebook hace aflorar al monstruo verde de los celos?”, fue publicada por el periódico de ciberpsicología y comportamiento de Canadá, parte de una premisa: la naturaleza de lo “público” y lo “privado” se vio profundamente alterada con el auge de internet, por eso hoy cualquier individuo usa Facebook como una fuente de información de primera mano.
Un sondeo llevado a cabo por la encuestadora británica YouGov, publicado por el diario Daily Telegraph, coincide de algún modo con las premisas del estudio canadiense: de acuerdo con este relevo, el 20% de los usuarios husmea en los mensajes y contactos de Facebook de su pareja.
Asimismo, la población de “chusmas paranoicos” varía según género y edad: las mujeres alcanzan el 28% dentro de ella, en tanto que los hombres llegan 16%; un 33% de los menores de 25 años confiesa espiar los mensajes y contactos de Facebook de su pareja, mientras que ese número dentro del universo de los mayores de 54 baja a un 12 por ciento. “Estar expuestos a información sobre las parejas sentimentales de nuestros contactos o a la interacción que ellos tienen a través de la red social lejos de despejar dudas las aumenta: cuanto más se sepa peor es –añade la psicóloga Brenda Wiederhold-.
Incluso pueden desatarse conductas paranoicas, porque cualquier mensaje en el ‘muro’ puede ser sacado de contexto y provocar problemas en la relación”. El que busca encuentra. Si un usuario de Facebook revisara pormenorizadamente los contactos de su pareja –también usuaria de esta red social–, probablemente encuentre alguna información incómoda. Aunque no necesariamente vinculada con una infidelidad.
Una tercera encuesta, realizada esta vez por el sitio web británico Lovehearts, publicada por el Daily Mail, subraya que un 95% de los consultados admite revisar constantemente los perfiles de sus ex en Facebook –aunque también en MySpace y Hi5– para ver las actuales parejas que tienen. Esto es: para chusmear a la distancia, pero no mucho más que eso.
Si, así y todo, las intrusiones virtuales terminaran siendo una tortura para la relación, y alguien decidiera darla de baja –a la relación, no a la cuenta en Facebook–, la red social también puede hacer algo al respecto.
De acuerdo con el relevo de Lovehearts, un 48% de los cibernautas menores de 21 años y un 18% de los usuarios entre 22 y 30 años termina su lazo de pareja a través de Facebook.
¿Cómo lo hacen?
El modus operandi es similar al que usó en febrero de este año Neil Brady, un consultor inglés, para cortar con Ema Brady, una organizadora de conferencias de 35 años. Simplemente, un día Ema entró a su Facebook y leyó en el estatus social de su marido la inscripción “Neil Brady ha terminado su matrimonio con Emma Brady”. Lo peor eran los comentarios que había abajo; el más piadoso decía: “Por fin te la sacaste de encima”.
El SMS también mete la cola en las relaciones
La red social Facebook no es la única tecnología que mete la cola en las relaciones de pareja. Los SMS también hacen su gran aporte: la Policía Nacional de Guatemala detuvo ayer a una mujer que le había enviado a su marido un mensaje de texto en el que le contaba que había sido raptada por una red española de trata sexual.
El detalle es que, lejos de ser una víctima, la señora se encontraba de vacaciones en la ciudad de Barcelona, a donde había viajado para encontrarse con un hombre. Para más datos, conocido a través de internet.
criticadigital.com

domingo, 5 de abril de 2009

Cuando los celos son una enfermedad


Cada miércoles unas veinte personas se reúnen en una improvisada sala en el Hospital Tornú. Llegan para enfrentar su peores demonios: los celos patológicos. Participan del taller que dirige el psicólogo social Luis Buero, abierto tanto para argentinos como extranjeros, gratuito y único en el país. La propuesta del espacio “Cuando los celos te carcomen” tuvo una repercusión que sorprendió al organizador.
Mientras se acomodan en círculo, dos cincuentonas avezadas en la temática sintetizan el propósito del encuentro. Una de ellas, de rostro apesadumbrado, murmura “mi esposo está mejor, pero es difícil, me revisa todo, se vuelve loco y eso me duele”. “Sí –la consuela la otra, una celosa–, cuando el fantasma te agarra, te agarra”. Y a eso van: a evitar que los atrape o, más precisamente, a aprender a espantar la angustia de pensar en perder al ser querido.
Aunque ni el menos celoso de los mortales está exento de ser rozado alguna vez por ese fantasma, según dice Buero a Crítica de la Argentina, “la gravedad del sentimiento se define por la intensidad, las reacciones y si las causas están o no justificadas”. Cada tanto aparece alguna joven haciendo la gran Lorena Bobbit: la última fue hace unos meses, en Ecuador, que tomó un cuchillo de cortar bananas y le rebanó el pene y los testículos a su pareja, un campesino que estaba alcoholizado y que aún se recupera con lesiones irreversibles. Todo por un ataque de celos, sin dudas patológico.
EL OTRO YO.
Cuando de celar se trata, siempre existe un tercero, el rival que aparece para quitarle al celoso la posibilidad de poseer a su presa. No necesariamente es una persona, también puede tratarse del trabajo o hasta de un programa de televisión. Joaquín, por ejemplo, no mira sus series favoritas acompañado de su novia porque prefiere no sufrir ante lo que considera una falta de atención hacia él. Igual sabe que exagera y confiesa que ya no quiere dejar más a sus parejas sólo para estar más tranquilo.
Desde una perspectiva psicoanalítica, los celos funcionan como una reedición de sentimientos infantiles que, según explica la psicóloga Alicia Beraja, “suelen tener su origen en condiciones inconscientes derivadas del modo en que fue resuelto el complejo de Edipo”. Fuera de los catalogados “normales”, que hasta pueden poner pimienta en una relación y en los que se juega un cierto grado de ofensa narcisista del celoso, hay situaciones en las que se vive un temor a la pérdida de la pareja pero también del tercero, una especie de deseo homosexual inconsciente reprimido.
Lo cierto es que el rival también puede ser imaginario, y en eso Claudia tiene experiencia. Ella tenía una vida normal hasta que hace tres años su esposo empezó a custodiarla de modo obsesivo: cualquier gesto era interpretado como una señal de infidelidad, al punto que llegó a encerrarla bajo llave junto a sus hijos por miedo a que se fueran y lo dejaran solo. Los médicos le diagnosticaron celopatía alucinógena y su delirio fue controlándose de a poco. “Por suerte ahora estamos mejor”, cuenta desde su casa esta mujer que a sus 40 años tuvo que aprender a los golpes que lo que le pasó a su marido “tiene que ver con su historia de padres separados, muchísimo sufrimiento y una profunda sensación de exclusión”.
En cuestión de género hay algunas diferencias: mientras los hombres tienden a temer más a la infidelidad y a perseguir a sus víctimas, las mujeres tienden a agobiarse ante la posibilidad de abandono y a psicomatizar más que a actuar. Pero lo verdaderamente distinto está en los cambios culturales que generan nuevos modos de relaciones con sus consecuencias: si bien los celulares y los e-mails pueden acrecentar la ansiedad del celoso, también “lo que hace 20 años podría ser una situación dolorosa, ya deja de serlo. Digamos que amigas y amigos pueden salir sin que sus novios enloquezcan”, resalta Beraja.
EL DESAPEGO.
La regla indica que ni la muchacha ecuatoriana ni el esposo de Claudia buscan ayuda en un taller como el de Buero, aunque él cuenta que en los tres años que lleva haciéndolo hubo algunas excepciones a las que les sugirió consultar a especialistas. “Éste es un taller más de reflexión, donde se trabaja la dependencia emocional con la pareja, el desapego, para aceptar que el objeto de deseo puede perderse e, igual, seguir viviendo”, asevera.
Con humor, juegos y dramatizaciones analizan las maneras de comunicarse entre las parejas, desglosan los miedos, los sentimientos de culpa y la tendencia a victimizarse, entre otras actitudes. Al tiempo, los resultados son bienvenidos.
“Cada una de las personas era un desconocido para mí, pero me sentí tocado por sus relatos. Recuerdo compadecerme al escuchar varias historias, pero la realidad era que en el fondo me compadecía por mí”, reflexiona Cristian, un ex tallerista que agradece haber aprendido máximas como: “Si mi novia está conmigo, será también porque lo siente. Y si lo siente, ¿por qué habría de estar con otro? Sé que suena hasta tonto, pero es parte de un mecanismo necesario que me llevó a sentirme cada vez mejor y a dejarla en paz con ese mundo de fantasmas que me invadía”.
criticadigital.com

martes, 9 de diciembre de 2008

Demuestran que los perros sienten celos



NUEVA YORK.- A la lista de cualidades de los perros -entusiastas y leales vienen rápidamente a la mente- ahora se puede agregar una más: ese cachorro suyo, afirman, puede ser envidioso.
Científicos austríacos informan en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences que un perro puede dejar de obedecer una orden si ve que otro perro está obteniendo un trato mejor.
De esta forma, los perros pueden estar mostrando una sensibilidad que es similar a, aunque tal vez más primitiva que la que evidencian los chimpancés y algunos monos.
Hasta ahora, esos primates eran los únicos individuos no humanos que mostraban una cualidad llamada "aversión a la iniquidad" en ausencia de una recompensa.
El hallazgo puede ser poco sorpresivo para algunos dueños de perros y no sorprendió para nada a Friederike Range, investigador posdoctoral de la Universidad de Viena, que condujo el estudio de investigación.
"Tenemos una perra en casa -dijo- y sé bien lo celosa que se pone ante diferentes personas o situaciones."
El estudio realizado por Range y colegas trató de cuantificar el comportamiento de los animales utilizando perros bien entrenados que rápidamente ofrecen una pata cuando se les pide que lo hagan.
Los científicos utilizaron dos perros que estaban uno al lado del otro, pero los trataron de forma diferente: le daban a uno una mejor recompensa (un chorizo) que al otro (una rebanada de pan) cuando les daba la pata, o simplemente no le daban nada.
Ellos descubrieron que la calidad de la recompensa hacía poca diferencia. Pero cuando a uno de los perros no se le daba nada en absoluto, éste se sentía menos y menos inclinado a obedecer la orden.
Los investigadores afirman que este comportamiento, reaccionar cuando a otro se le da una recompensa, puede representar una etapa temprana de la evolución de comportamientos cooperativos que más tarde se vieron en humanos y primates.