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miércoles, 26 de octubre de 2011

La minifalda divide al boxeo femenino

Boxeadora
El boxeo femenino ha generado siempre opiniones enfrentadas, pero ahora la polémica gira en torno a la sugerencia de que las competidoras en esta disciplina lleven falda en los próximos Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Durante el último Campeonato Mundial, la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) presentó a sus competidoras luciendo faldas, en lugar de los usuales pantalones cortos, con el fin de que los espectadores "puedan distinguirlas de los hombres".
Hito histórico
Los próximos Juegos Olímpicos de Londres marcan un hito histórico en lo que a boxeo se refiere, ya que serán los primeros juegos donde las mujeres podrán competir en esta disciplina.
Sin embargo, para algunas boxeadoras el hecho de que el AIBA les haya pedido probarse las faldas para la competencia, parece empañar sus sueños de igualdad.
"No voy a llevar una minifalda. Ni siquiera llevo minifaldas cuando salgo por la noche, por lo que definitivamente no voy a llevar una minifalda en el ring", dijo la tres veces campeona mundial irlandesa Katie Taylor.
Taylor, quien recientemente logró su quinta victoria consecutiva en peso ligero europeo en Rotterdam dijo que "es una desgracia el que estén forzando a algunas mujeres a llevar estas minifaldas. Deberíamos poder llevar pantalones cortos como los hombres".
"Personalmente creo que es más por estética; nada práctico deriva de llevar una falda. Los únicos que quieren ver a las mujeres en falda son los hombres", dijo por su parte la campeona de peso ligero en Reino Unido, Natasha Jonas.

¿Falda obligatoria u opcional?

En algunos países como Polonia es obligatorio que las mujeres compitiendo en boxeo amateur lleven falda poque así se ven "más elegantes".
Desde que en 1996 la Asociación Amateur de Boxeo de Inglaterra (ABAE) levantara una norma que prohibió a las británicas competir en boxeo durante 116 años, las boxeadoras siempre han usado pantalones cortos como sus homólogos hombres.
"Tendría que ser opcional", opina la campeona europea de peso mosca británica Nicola Adams. "No creo que sea justo decir que las mujeres boxeadoras lleven falda; no se ven mujeres futbolistas compitiendo con falda".
"El boxeo ha sido practicado con pantalones cortos desde siempre. No veo por qué deberían usarse faldas sólo porque eres una mujer".

Mujeres en los Juegos Olímpicos

El Comité Olímpico Internacional decidió en 2009 el permitir a las mujeres boxeadoras unirse al programa de los juegos Olímpicos tras una revisión de su programa deportivo.
Antes tan sólo los hombres podían competir en 164 eventos, mientras que las mujeres lo hacían en 124.
No fue hasta las Olimpiadas de 1992 en Barcelona que las mujeres pudieron competir en la disciplina de judo y en 2000 finalmente pudieron hacerlo en levantamiento de peso.
"El que lleven faldas, en mi opinión, da una buena impresión, una impresión femenina", dijo el entrenador polaco Leszek Piotrowski a la BBC. "Llevar pantalones no es una manera adecuada de vestir para las mujeres boxeadoras", añadió.
bbc.co.uk

domingo, 21 de noviembre de 2010

"El club de la pelea" para ejecutivos


[Collar]
Por Sophia Hollander
John E. Oden recuerda haber preguntado si realmente tenía que llevar su traje de etiqueta para la cena de gala de recaudación de fondos a la que iba a asistir en Londres.
"Sí", le respondieron los organizadores.
El hombre de negocios neoyorquino empacó el traje aunque solamente lo iba a necesitar por poco tiempo. Esto es porque pensaba pasar la mayor parte de la noche en pantalones cortos y con una camiseta. Estaba ahí para boxear con otro hombre de negocios como parte del entretenimiento programado para la velada.
Los combates de boxeo entre ejecutivos han emergido como una opción de entretenimiento cada vez más popular para las cenas de gala de recaudación de fondos en todo el mundo con eventos realizados en Singapur, Londres, Hong Kong y Dubai, así como en Chicago, Long Island y Texas.
Los boxeadores llegan con sus smoking en las maletas, entran al ring, usualmente levantado en el medio de un salón de baile, golpean a su oponente lo mejor que pueden, se duchan, se ponen la ropa elegante y vuelven rápidamente a su mesa, si tienen suerte, para el postre ( a veces sangrando).

El concepto del boxeo entre ejecutivos- en el cual se enfrentan boxeadores que no son ni atletas profesionales ni amateurs que compiten- se originó en el famoso gimnasio Gleason's de Brooklyn, propiedad de Bruce Silverglade, que acuñó el término "boxeo de cuello blanco". Pero aunque esta modalidad del deporte rápidamente se extendió a través del mundo, hace cuatro años Nueva York se convirtió en uno de los pocos lugares donde está prohibido, cuando la Comisión Atlética del Estado de Nueva York la declaró ilegal.
Técnicamente todavía está prohibida. Pero ahora hay acuerdos verbales para programar el boxeo de "cuello blanco" bajo la autoridad de USA Boxing, la organización nacional que supervisa la práctica amateur de este deporte en Estados Unidos. La nueva división conocida como "boxeo básico" incorporará muchos de los elementos originales que definen a los combates de "cuello blanco". Está permitido que los combatientes usen "nombres de combate" llamativos , rounds más cortos y la práctica de levantar las manos de ambos boxeadores como triunfadores al final de cada pelea, según Deni Auclair, un directivo de USA Boxing, Asociación Metropolitana, que es la rama local de la organización.
A pesar de la ausencia de una aprobación final, Silverglade y otros dueños de gimnasios, que han llegado a depender de los boxeadores de cuello blanco como parte crítica de su modelo de negocios, confían en que una nueva autorización está al alcance.
Silverglade ya comenzó a planear el primer evento, a beneficio de un amigo que tiene cáncer. Una vez que haya fijado una fecha, posiblemente en enero, "vamos a poder hacerlo", dice.
Él organizó el primer combate de "cuello blanco" en el gimnasio Gleason's hace alrededor de dos décadas, cuando David Lawrence, un hombre de negocios multimillonario, con un PhD en Literatura Inglesa aceptó enfrentarse con el doctor Richard Novak, un abogado y veterinario.

"Él era un tipo que daba miedo y yo era como Woody Allen", recordó hace poco Lawrence, riéndose, sentado en una pequeña y austera oficina en Gleason's. "Aunque yo era secretamente fuerte, nadie lo sabía", cuenta.
Ahora tiene 63 años, está ligeramente encorvado y viste jeans pálidos y una camiseta negra, con lentes con montura de plástico amarillo y un arete de oro. Su voz tiene un poco del nasal acento neoyorquino de Allen.
Fue llamado boxeo de "cuello blanco" "porque estábamos ambos tan sobre educados", explica Lawrence que ahora trabaja como entrenador en el gimnasio.
El combate fue un hito y marcó un cambio drástico en la clientela, recuerda. La primera vez que entró en el gimnasio Gleason's a comienzos de la década de los años 80 "no había tipos de "cuello blanco", dice "¡Todos eran asesinos!", asegura.
La novedad de un doctorado en literatura inglesa intercambiando golpes con un abogado rápidamente se difundió y llevó a espectáculos mensuales que atrajeron a cientos de personas.
Silverglade reunió hasta 200 personas cada mes, haciendo una ganancia promedio, dice, de US$500 por espectáculo. Silverglade podría haber hecho más dinero en escenarios más grandes pero no quería atraer la atención por una buena razón.
"Sabía que no era legal", admite.
La ley en el estado de Nueva York insiste en que todos los combates de boxeo deben estar regulados por la Comisión Atlética del Estado de Nueva York, con tres excepciones, el boxeo militar, el boxeo académico y el de aficionados.
Pero estos boxeadores no encajaban claramente en ninguna de estas tres categorías. Dado que no eran profesionales, la comisión no quería invertir dinero en supervisar estos combates. USA Boxing, el otro organismo que podría haberlo hecho, estaba fundamentalmente dedicada a producir boxeadores para los Juegos Olímpicos.
Entonces Silverglade organizó sus propios eventos con la esperanza de que nadie lo notara. Aún así comenzó a recibir llamadas de personas de todo el mundo que querían volar para competir o para organizar sus propios combates en sus respectivos países.
Mientras tanto, Silverglade vigilaba que sus boxeadores estuvieran seguros, interviniendo si alguno tambaleaba después un golpe duro y acortando los rounds para ayudar a alguno que estuviera quedándose sin respiración. La mayoría aceptaban su intervención.
"Todos ellos saben que en la mañana del lunes tienen que ir a trabajar", explica Silverglade. "Y no quieren ir a trabajar con un ojo negro", agrega.
Un deseo compartido de salvar la cara –emocional y literalmente- era común. Al comienzo, Silverglade declaraba ganadores para cada combate. Rápidamente aprendió que esto podía dar un mal resultado.
"Algunos de los tipos de Wall Street tienen un ego tan grande que si perdían no volvían más al gimnasio", recuerda. " Y yo pensaba, oh, esto no es lo que yo quiero aquí", comenta.
Comenzó a levantar las manos de ambos competidores y a otorgar trofeos a cada competidor. De todas formas, dice Lawrence, con una sonrisa maliciosa, "sabíamos quien ganaba y quien perdía". Y, agrega, "ciertamente yo nunca perdí una".
Pero Silverglade sabía que era solamente una cuestión de tiempo antes que lo hicieran detenerse.
Hace cuatro años, uno de sus boxeadores de "cuello blanco" se dio cuenta del potencial que tenían estos eventos para recaudar fondos.
"Podía poner un ring en el medio del hall de mi empresa de comidas y todos mis amigos pagarían para verme siendo golpeado en la cara", recuerda el boxeador Jeff Cohen, que en ese momento tenía un negocio de comidas para fiestas en Long Island.
Organizó los eventos varios años hasta que un día la Comisión Atlética recibió una información sobre un combate ilegal de boxeo en un hotel de Long Island. La comisión prohibió el evento de caridad y llamó unos pocos días después a Silverglade.
"Una vez que uno tiene conocimiento de algo que es ilegal y ese es su trabajo, no es que yo esté siendo el muchacho malo", dice Ron Scott Stevens, que era entonces el comisionado. "Era en contra de la ley", enfatiza.
Silverglade fue a Albany para tratar de convencer a los legisladores de que aprobaran un excepción para el boxeo de "cuello blanco", similar a las existente para los combates entre aficionados, entre militares o académicos. El Senado del estado aprobó normas que hubiesen creado una compañía con fines de lucro que hubiese regulado el boxeo de "cuello blanco" en Nueva York pero esas disposiciones murieron en la Asamblea de Representantes.
"Nadie nunca dice no pero nunca dan la aprobación", dice Silverglade.
Volvió a USA Boxing para un intento final. Resultó que en los años posteriores a su primera apelación, la organización había tenido un cambio filosófico, impulsado por la necesidad de incrementar sus ingresos y de aumentar el número de integrantes.
"Estamos cambiando el mandato", explica Auclair. "Queremos seriamente incrementar la cantidad de miembros. Y tener una nueva categoría de boxeador puede lograr eso", agrega.
La división de boxeo de "cuello blanco" –que será llamada "boxeo básico"- será probada en Nueva York con un ojo puesto en la expansión por todo Estados Unidos si tiene éxito.
Eso no ocurrirá demasiado pronto para Silverglade, que calcula que los boxeadores en esta modalidad representan el 50% de su negocio.
"Sin los boxeadores de cuello blanco, este gimnasio y ninguno otro grande en Nueva York podría sobrevivir", asegura.
Hace pocas tardes, en el New York Athletic Club (NYAC), el pequeño y limpio gimnasio con techos bajos era un marcado contraste con el cavernoso y caótico Gleason's. Muchos hombres de negocios, incluyendo a Oden, practicaban en los dos rings.
Ya sin su smoking, Oden avanzaba por el ring, golpeando duro, intercambiando golpes cruzados con su mano derecha contra Chris Angle, un vicepresidente de banca de inversión en Puritan Securities Inc. Después de tres minutos de round, cada hombre iba tambaleándose a su rincón. Oden tomó un poco de agua y quitó el sudor de su cara. Al final del combate, su pelo parecía el de quien se acaba de levantar de una noche de sueño en la que no descansó.
Los diferentes estilos quedaron evidenciados durante uno de los combates de "cuello blanco" en Gleason's hace algunos años, cuando Silverglade invitó a los boxeadores del NYAC a competir.
La noche del combate, limusinas brillaban en las calles de Brooklyn y mujeres en tacones subían riéndose la escalera un poco despintada que llevaba al gimnasio.
"Lo que más recuerdo es que las mujeres subían y decían "Oh, Dios mío, huele", sonríe Silverglade. " Tengo un gimnasio de boxeo a la antigua. Hay un aroma", reconoce.
wsj.com

domingo, 17 de octubre de 2010

La demencia del boxeador

Algunos deportistas como los boxeadores y los jugadores de fútbol americano tienen mayor riesgo de sufrir demencia. Las lesiones cerebrales que se pueden producir golpe tras golpe son similares a las que caracterizan a la enfermedad de Alzheimer. Así lo recuerda un artículo publicado esta semana en 'The New England Journal of Medicine'.
Según los autores responsables de este documento, cada año, más de tres millones de estos profesionales americanos sufren traumatismos cerebrales, con o sin pérdida de consciencia. A corto plazo, pueden desarrollar dolores de cabeza, vértigo, depresión, problemas de orientación, irritabilidad... "Normalmente, el estrés postraumático va acompañado de lesiones cerebrales que con el tiempo podrían provocar deterioro cognitivo", expone el artículo.
Uno de los signos típicos del Alzheimer es "la acumulación en el cerebro de "unas fibrillas con cuerpos químicos anormales llamados proteínas tau", explica María de Ceballos, investigadora del grupo de Neurodegeneración del Instituto Cajal, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Al parecer, esto también se ha observado en algunos casos de boxeadores y jugadores de fútbol americano. En este tipo de pacientes, el deterioro cognitivo adquiere un nombre específico: demencia pugilística.
"Los golpes en la cabeza afectan a toda la corteza cerebral, precisamente la zona que está dañada en cualquier demencia", argumenta la especialista española. "Es difícil que un puñetazo aislado cause esta enfermedad neurodegenerativa, pero de forma repetida sí puede originar deterioro mental. Además, este tipo de atletas suele tener muchas hemorragias y microhemorragias, lo que también repercute en el futuro desarrollo de la demencia". En cualquier caso, recalca de Ceballos, "el fútbol americano no tiene nada que ver con el español, no es tan cruento".
Como explica la investigadora, "la única forma de confirmar el diagnóstico de demencia es post mortem, a través de una autopsia". Sin embargo, según los autores del artículo, apenas hay literatura científica que incluya este tipo de pruebas en los deportistas de 'alto riesgo', por lo que "será necesario que nuevas investigaciones continúen estudiando dicha asociación y el rol de proteínas anormales implicadas en esta enfermedad".
elmundo.es

jueves, 23 de septiembre de 2010

La demencia del boxeador

Algunos deportistas como los boxeadores y los jugadores de fútbol americano tienen mayor riesgo de sufrir demencia. Las lesiones cerebrales que se pueden producir golpe tras golpe son similares a las que caracterizan a la enfermedad de Alzheimer. Así lo recuerda un artículo publicado esta semana en 'The New England Journal of Medicine'.
Según los autores responsables de este documento, cada año, más de tres millones de estos profesionales americanos sufren traumatismos cerebrales, con o sin pérdida de consciencia. A corto plazo, pueden desarrollar dolores de cabeza, vértigo, depresión, problemas de orientación, irritabilidad... "Normalmente, el estrés postraumático va acompañado de lesiones cerebrales que con el tiempo podrían provocar deterioro cognitivo", expone el artículo.
Uno de los signos típicos del Alzheimer es "la acumulación en el cerebro de "unas fibrillas con cuerpos químicos anormales llamados proteínas tau", explica María de Ceballos, investigadora del grupo de Neurodegeneración del Instituto Cajal, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Al parecer, esto también se ha observado en algunos casos de boxeadores y jugadores de fútbol americano. En este tipo de pacientes, el deterioro cognitivo adquiere un nombre específico: demencia pugilística.
"Los golpes en la cabeza afectan a toda la corteza cerebral, precisamente la zona que está dañada en cualquier demencia", argumenta la especialista española. "Es difícil que un puñetazo aislado cause esta enfermedad neurodegenerativa, pero de forma repetida sí puede originar deterioro mental. Además, este tipo de atletas suele tener muchas hemorragias y microhemorragias, lo que también repercute en el futuro desarrollo de la demencia". En cualquier caso, recalca de Ceballos, "el fútbol americano no tiene nada que ver con el español, no es tan cruento".
Como explica la investigadora, "la única forma de confirmar el diagnóstico de demencia es post mortem, a través de una autopsia". Sin embargo, según los autores del artículo, apenas hay literatura científica que incluya este tipo de pruebas en los deportistas de 'alto riesgo', por lo que "será necesario que nuevas investigaciones continúen estudiando dicha asociación y el rol de proteínas anormales implicadas en esta enfermedad".

elmundo.es

lunes, 15 de junio de 2009

Cada vez más mujeres eligen el boxeo como su deporte favorito


En el subsuelo del club Yupanqui, del barrio de Lugano, hay un ring en el que están boxeando un hombre y una mujer. Por momentos, parece que él cancherea, le acerca de manera temeraria la cara o la persigue con la guardia baja. Pero en seguida se nota que él es el instructor y que las gastadas no son tales, sino una forma de provocarla para que reaccione. Media hora más tarde, en este mismo lugar, unos diez jóvenes y unas cuatro chicas estarán haciendo su rutina: saltarán sobre el lugar y moverán las extremidades en alguna de las extrañas formas que proponga el entrenador, saltando, siempre saltando, al ritmo de la cumbia villera. “Yo sé que ya/ tu no piensas en mí/ yo sé que ya/ ahora sales con él/ sos una hija de puta/ que no sabe querer”, cantará Pablo Lescano al frente de Damas Gratis. En un alarde de igualitarismo, los ejercicios serán los mismos para hombres y mujeres, pese a que es uno de los entrenamientos deportivos más intensos, según los que saben. Los brazos se cansarán y se negarán a hacer esa especie de molinete sobre las cabezas, pero Lescano seguirá cantando “para vos traidora/ comé moco/ tragá leche/ te querés matar/ te querés matar”. Pero eso será mas tarde. Ahora, ella se baja del ring y cuenta que, así como la ven, es abogada.
–Estamos tratando de armar un grupo de gente que luche por los derechos del boxeador, que hoy se encuentra en estado de semiesclavitud –cuenta, todavía transpirando y con un hilo de voz– porque hay un grupo minoritario pero monopólico, los promotores, que manejan el negocio de manera mafiosa, y el boxeador, que es el deportista por el que se mueve todo esto, es el que pierde siempre.
–¿Y en el caso de las boxeadoras?–Imaginate.
Se llama Miriam, tiene 36 años y es la esposa de Rubén, el entrenador que hace un rato estaba haciendo guantes con ella. Además de la paternidad de dos nenas, comparten la pasión por este deporte que, hasta unos pocos años atrás, era reducto de machos. Rubén, que se formó junto al campeón mundial de los medianos Héctor Velazco, entrena a unas diez mujeres. “Es cierto que el box femenino profesional es de inferior calidad, pero me parece que es porque en las mujeres todavía no se terminó de desarrollar”, dice esperanzado. Quizá sea la respuesta a la opinión generalizada: cuando se habla de boxeo femenino, la comparación con el Otro Boxeo, el “de verdad”, el de dos hombres sacudiéndose la mandíbula a trompadas, es inevitable.
–Por eso yo trato de hacer entender que el boxeo no es arrancarle la cabeza al otro y aspirar al título mundial –agrega Rubén– . Tiene que ver con la salud, con el deporte y mucho con la personalidad. Acá hay chicas que al principio ni hablaban y ahora están muy desinhibidas. Es un deporte muy bueno para forjar la personalidad.
Pegar para vivir.
La distinción entre box profesional y recreativo o amateur aparece una y otra vez en la boca de todos los que tienen algo para decir. Es que, por más expectativas que se hayan generado alrededor de la “Tigresa” Acuña y la “Locomotora” Olivera, el aspecto comercial del box femenino está todavía en la lona. El periodista especializado Osvaldo Principi está en uno de los gimnasios, mirando el desempeño de los futuros púgiles. “El box femenino se transformó hoy en uno de los tantos trabajos resistidos que tienen las mujeres –dice–.
Creo que una boxeadora y una mujer que pone nafta en una estación de servicio generan el mismo asombro y rechazo para quienes tienen una imagen muy conservadora de la mujer”. Probablemente en este sentido vaya la cosa. La visión estigmatizada de la femineidad hegemónica puede incluir al ama de casa o a la profesional, pero siempre como sinónimo de suavidad y delicadeza, que deja la agresividad y la codicia como atributos masculinos. Esta visión –aunque mentirosa y negadora de la realidad– choca con la figura de dos mujeres pegándose, pese al esfuerzo e incluso la sobreactuación de la Tigresa por demostrar que bajo los guantes tiene las uñas pintadas.
La epopeya de Marcela Acuña –luchar por conseguir la reglamentación del box femenino en el país, ser la primera boxeadora y la primera campeona– es visto en muchos círculos feministas como una reivindicación de género. Curioso reclamo, el del derecho a agarrarse a las piñas. Y sin embargo, la duda de unos y otras no está en el derecho mismo, sino en el bendito mercado. ¿Cuánta gente está dispuesta a pagar una entrada para ver a dos minas dándose roscazos? ¿Sostiene eso una industria del entretenimiento como ésta? El ex campeón mundial Miguel Ángel Castellini, en cuyo gimnasio se practica box femenino, tiene una mirada muy cruda: “No hay boxeo profesional de varones, ¿cómo va a haber de mujeres? ¿No se dieron cuenta que no hay boxeo? Lo que hay es muy mediocre. ¡Cómo será de bajo el nivel que De La Hoya está peleando! Que no se enoje nadie, pero el box se terminó”. Esa opinión está notablemente extendida entre muchos ex púgiles. El Tigre Sosa es otro referente del tema: en su gimnasio hace ya más de una década que se entrenan mujeres y hombres por igual. El Tigre fue campeón argentino y sudamericano amateur y representante olímpico. “El problema es que los jóvenes no tienen modelos –sentencia–.
Fijate la expectativa que se generó con la pelea de la Tigresa Acuña y la Locomotora Oliveras. Vos me preguntás si eso es bueno, yo te digo que no, que eso marca la decadencia del buen boxeo”.
Las chicas sólo quieren entrenarse.
En el otro extremo del ring están “las chicas”. Vienen con polleritas a los gimnasios y después de entrenar y ducharse, se pintan los labios. Son hiperfemeninas, pero (¿el “pero” ya denota un prejuicio?) eligen el boxeo como entrenamiento, como otras eligen hacer Pilates o alguna de esas cosas raras del tipo “aerobic dance afro gym”. No quieren ganar plata con el noble deporte, sólo entrenar. Es el caso de Verónica, una chica de Lanús que tiene 34 años. “Salgo de trabajar, vengo para acá y después me voy al profesorado de Letras”, sintetiza. Trabaja en una empresa del rubro salud y estudió cine. “Un poco de terapia y un poco de boxeo te ayudan con la sanidad mental, en lugar de tomar un Lexotanil, descargás en la bolsa”. Todo muy natural. Y sin embargo, la familia de Verónica no sabe que practica boxeo. –Qué sé yo, no quiero contarles y punto. –Entonces, ¿es tu actividad secreta?–No, le conté a mis compañeros de trabajo, pero no se sorprendieron, porque saben que, cuando quiero hacer algo, siempre lo hago. De todos modos, lo que una mujer puede y lo que no puede hacer es algo cultural.Lorena camina hasta la puerta del gimnasio que dirige Castellini, cerca de Perón y Callao. Es una puerta con una escalerita que, al descender, va dejando ver una serie interminable de fotos del campeón en todo tipo de posturas pugilísticas más otro montón de afiches de grandes próceres del boxeo internacional. Lorena duda en bajar. ¿Qué pasa si se encuentra una multitud de hombres golpeando con fuerza las caras de otros hombres? Le da miedo. Se va. Lorena tiene 30 años, es profesora de gimnasia, muy bonita y muy chiquita de altura. Si boxeara profesionalmente, sería peso suspiro o algo así. Pero no quiere hacerlo. Sucede que le aseguraron que el entrenamiento del box es de los más completos, muy intensivo y muy descontracturante. Y ella, como profesora de gimnasia, sabe lo que es bueno y –al igual que media ciudad de Buenos Aires– opina que no tiene tiempo para ir al gym a hacer algo livianito. Necesita eso que le dijeron que hace el box, de modo que, al otro día, se anima y baja. La recepcionista es una mujer, y eso ya la relaja un poco.–Vengo a practicar boxeo, pero no quiero que me peguen ni pegarle a nadie. Cuando golpea en las manoplas de un compañero, Lorena pide perdón. “Es que no me gusta pelear, nunca fui peleadora y estoy en contra de la moda de las chicas que se pelean”. Box de segunda selección. Una y otra vez, la comparación tiende a desvalorizar. El boxeo femenino es de inferior calidad, dicen unos y otras, pero ¿es esperable lo contrario? ¿Tiene sentido exigir el mismo nivel para ambos géneros en un deporte que se basa en la fuerza? Quizás una respuesta a esas dudas aparezca en la construcción de otros parámetros para evaluar dos variantes distintas de un mismo deporte. Osvaldo Principi vuelve a acotar: “La mujer es más dura, es mucho más sanguínea y cruel pero es menos lucida, menos vistosa que el hombre en el ring”. Después del entrenamiento, Miriam se va a tomar algo al buffet del club Yupanqui y, mientras cuida a las nenas, se despacha largamente sobre el tema. –A mí me parece que la mujer tiene más picardía para el boxeo. En general, la mujer espabilada tiene más picardía que el hombre para muchas profesiones. En el boxeo tiene más rapidez mental, pero no tiene la misma fuerza ni el mismo instinto agresivo que el hombre, es otro tipo de técnica. Muchas veces, de abajo te das cuenta que un boxeador siempre hace lo mismo: uno, dos, tres, uno, dos, son muy repetitivos y una piensa que si el otro le entrara con un gancho lo podría tirar, pero hasta que no se lo dice el rincón, es raro que se dé cuenta. La mujer es más bicha, tiene más variedad y sabe mejor por dónde atacar, pero no siempre el físico se lo permite.Y queda picando, entonces, la idea de construcción cultural que mencionaba Verónica, la estudiante de Letras con guantes. ¿Serán necesarios otros veinte siglos para desandar las consecuencias del patriarcado? ¿O será, simplemente, que hay que acomodar la visión de las distintas actividades según quien las practique? Miriam insiste: –Si ves mujeres bailando danza árabe, es perfecto para ellas; si vez a un hombre moviendo el vientre en la danza, no queda bien. Uno tiene esta cultura que dice que la mujer está para otro tipo de actividades. –Entonces, ¿hay que hacer bailar danza árabe a los hombres? –No, hay que tener en cuenta que son dos tipos de boxeo distintos. Muchos hombres creen que las mujeres boxean así porque no saben. Saben, pero no pueden ponerlo en práctica. El caso de Marcela, (43 años, alumna del Tigre Sosa) testimonia con claridad este maridaje entre salud, fuerza y autoridad en el boxeo. –Siempre fui deportista, jugaba vóley en el Seleccionado, y cuando me retiré tuve que seguir haciendo gimnasia, porque no tengo un cuerpito que se banque sin hacer nada. Pero no encontraba lo que necesitaba, la gimnasia aeróbica, el bailecito no es para mí. Estoy acostumbrada a tener señores entrenadores y en los gimnasios terminaba dándole clases yo al profesor. Hasta que caí con el Tigre. Yo le conté lo que me pasaba y él me dijo: “Vos no estás en condiciones de hablar, te tenés que entrenar y acá el que manda soy yo”. Y yo me di cuenta que había encontrado al entrenador. No me dejó ni decir qué ejercicios quería. Y en tres meses me bajó 30 kilos.Hay, sólo en la ciudad de Buenos Aires, una docena de gimnasios que enseñan este deporte. Más allá del profesionalismo y de la técnica, el box femenino se extiende como una forma particularmente dura de trabajar el cuerpo. Pero no es inocente. Se trata de la disciplina que tiene en nuestro país a Carlos Monzón como su máximo referente. Precisamente, un púgil imbatible, incuestionable en lo deportivo, pero cuya estatua en la provincia de Santa Fe sigue presa del debate social, por tratarse de un hombre descripto como golpeador por todas sus ex parejas.La cintura cósmica del boxEn un país con la honorable tradición de justicia social que tiene Argentina, era cantado que la “rama femenina” del boxeo se desarrollaría más rápido que en otros países latinoamericanos. Coinciden boxeadores y analistas en que esto sucede básicamente por el encuentro temprano de una líder como Marcela Acuña y por la existencia de un ambiente algo más liberal, con perdón de la palabra. Testimonio de eso es el caso de Cristina y Kaylie, dos peruanas de 19 años que vinieron a Buenos Aires a estudiar Diseño de Indumentaria en la Universidad de Belgrano la una y Publicidad en la de Palermo la otra. Pero acá encontraron que hay gimnasios en los que practicar el deporte sin grandes prejuicios. A Cristina, muy rubia, le da vergüenza saludar con un beso. Tan coqueta es esta joven cuyo padre tiene restoranes en Lima, que le molesta su propia transpiración. Y además de un gran trabajo físico, el boxeo le propone, dice, un desafío. “Es un deporte diferente, que no muchas se animan a hacer. Yo sí me atrevo”.Mientras se golpea los guantes en un gesto de boxeador-brindando-reportaje que se contradice con sus enormes ojos azules, la también muy rubia Kaylie reflexiona sobre la situación en su país.–En Lima, ahorita está como que hay más mujeres empezando a boxear, pero todavía hay mucho prejuicio. Y sobre todo, no ocurre como aquí, en Buenos Aires, que hay gimnasios específicos donde practicar box femenino. Exhibe un instante su enorme espalda de deportista cuando se da vuelta porque la llaman del fondo y, al volver, asegura que sólo se peleó dos veces en su vida. “Pero porque me faltaron el respeto –aclara– no porque me guste pelear ni haya buscado yo pelea”.
criticadigital.com