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sábado, 3 de julio de 2010

Cuando el pánico despega

Javier Ramírez, de 45 años, es un mago capaz de volatizar un conejo, pero no su miedo a volar. Cogía muchos aviones hasta que un día, y sin saber muy bien por qué, todo se torció. Iba rumbo a Brasil y grandes turbulencias agitaron el avión. "De repente empecé a sentir inquietud y mucha ansiedad, monté todo un número, y no porque sea un mago teatral", ríe ahora.
Tras el suplicio de tener que regresar a Zaragoza también por aire, evitó subirse a un avión durante años. Repuesto ya tras una terapia intensiva, este mago sigue sin saber cuál fue el origen de su miedo: "Quizá fue a raíz del accidente del Concorde [en el año 2000]", intenta recordar.
Quizá no. Ramírez forma parte del 15% de pasajeros que sufren aerofobia, según la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Nadie se salva, ni personajes famosos como el cantante Juanes o el escritor García Márquez, ni dibujos animados como Marge Simpson.
Taquicardias, mareos, vértigos, temblor de manos, sudoración, dificultad para respirar y angustia son sólo algunos de los variados síntomas que sufren quienes padecen aerofobia.
Este miedo excesivo e irracional a volar está recogido como fobia específica de tipo situacional en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-IV). Puede tener tal efecto invalidante que algunas multinacionales recogen la aerofobia en sus convenios colectivos como eximente para viajar en avión por motivos laborales.
La fobia es un miedo intenso y desproporcionado hacia una situación o un estímulo que no debiera desencadenar semejante reacción, y que muchas veces lleva a evitarlos.
"Tener miedo a un león es normal y racional, pero no pensar que un avión se va a caer en cualquier momento", explica Jordi Llabrés, investigador del grupo de neurodinámica y psicología clínica del Institut Universitari d?Investigació en Ciències de la Salut (IUNICS) de la Universitat de les Illes Balears (UIB). Las personas con aerofobia generalmente evitan volar o pueden sufrir ansiedad cuando se enfrentan con descripciones vivas de vuelos, con la necesidad de volar y las preparaciones para un viaje.
El mago Javier va con frecuencia a París por motivos profesionales. Durante mucho tiempo estuvo sustituyendo el aire por la carretera y luego el tren nocturno. Hace un par de años decidió probar suerte con el seminario para aerofóbicos organizado por Iberia y Wolters Kluwer. Funcionó.
En un viaje, al sobrevolar Escocia se sintió curado: "Volví a disfrutar de los paisajes verdes, que tanto me gustan". Aún hoy refuerza lo que aprendió en terapia antes de embarcar: en el aeropuerto mira cómo despegan y aterrizan los aviones.
¿Qué produce el miedo a volar?

No hay un solo detonante, que produzca el miedo a volar, sino un conjunto de factores que varían según las personas, explica Luisa C. Martín-Cobos, psicóloga del seminario de Iberia. La especialista asegura que en los cursos contra la aerofobia participan personas con un nivel de inteligencia superior a la media.
"La inteligencia puede jugar una mala pasada y aumentar la ansiedad porque en vez de utilizarla positivamente, imaginan todos los posibles sucesos negativos: ¿y si se rompe un motor?, ¿y si el piloto ha bebido? Para los aerofóbicos, el tren es poco problema porque irracionalmente saben que pueden tirar de la palanca y escapar".
Belén Manterola y su marido, Iñaki Mayoz, de 47 años, llevaban 25 años evitando los aeropuertos. "En mi primer vuelo me asusté mucho", dice. Reconoce que no sabe delegar, "soy bastante mandona y controladora, el coche lo conduzco yo".
Cuando conseguían subir a un avión, nunca en viajes de más de tres horas, lo primero que hacía era examinar la cara del piloto a ver qué le transmitía. Y se enfadaba con él si "había hecho un mal despegue". Luego se agarraba fuerte al brazo de su compañero, y a sufrir. El seminario en el que han participado les ha permitido "abrir los ojos", y ya han conseguido volar hasta San Francisco (EE. UU.) sin temor ni ansiedad.
Las conductas de evitación, como sentarse cerca de la salida en el cine o no coger ascensores o, en este caso, aviones, lejos de solucionar el problema, refuerzan los miedos y acaban generando más fobias.
Cuando no les queda más remedio que coger el avión, muchos aerofóbicos recurren a muletas: algunos acceden a volar sólo si van acompañados por alguien de confianza. Los hay que optan por tomar una pastilla para dormir hasta alcanzar el destino, por embotarse con alcohol (no es un ansiolítico y produce mayor ansiedad como efecto rebote) o por hacer ambas cosas a la vez.
La automedicación puede acabar con una seria dependencia psicológica, advierte Luisa C. Martín-Cobos. Las terapias farmacológicas no suelen tener buenos resultados en estas fobias, porque sólo consiguen detener la ansiedad en torno al 17% de individuos, advierte.
En qué consisten los cursos. Un informe de Boeing indicaba que uno de cada tres adultos experimenta una ansiedad significativa ante los aviones. En los años ochenta, varias aerolíneas iniciaron programas para tratar el miedo a volar. Más de 3.000 personas han pasado ya por el curso de Iberia, con 20 años de antigüedad. Spanair eliminó el suyo hace unos años por motivos económicos. En el extranjero los mantienen compañías como Virgin Atlantic.
Cuando se produce un accidente de avión, como el de Spanair en 2008, la demanda de estos cursos se dispara. Con la masificación de la aviación, el perfil de los asistentes a estos cursos es muy variado, según afirma Javier del Campo-Martín, comandante e instructor del seminario de Iberia. "Antes el 90% eran ejecutivos, aunque los hombres siguen ocultando sus temores", añade.
Los cursos de Iberia están pensados para un máximo de 18 participantes. Combinan durante un día y medio información técnica sobre la aeronáutica con pautas psicológicas para vencer el miedo a volar. Para poner todo lo aprendido en práctica, nada mejor que una situación real: un vuelo en el puente aéreo Madrid-Barcelona.
"Las operaciones más temidas por estos pasajeros son el despegue, las turbulencias y la posibilidad de que se desplome en cualquier momento. No entienden cómo se sostiene un avión a 10.000 metros de altitud", explica el comandante. Son personas a las que ni tan siquiera se les puede informar en pleno vuelo de unas turbulencias "porque se descomponen".
En la dinámica de grupo se explica en qué consiste esta fobia y se les proporciona herramientas psicológicas y de relajación para automatizar el pensamiento positivo. "Trabajamos la detección del pensamiento irracional. Cada individuo se debe dar cuenta de que no tiene sentido pensar que una turbulencia hará caer el avión. Las explicaciones técnicas le harán ver que es inofensiva porque sólo es aire caliente", explica Luisa C. Martín-Cobos.
Luego pasan por un simulador de vuelos: "una vacuna que les ayude a superar el vuelo real", según describe el comandante. En el simulador experimentan situaciones no habituales, como la mala visibilidad, el incendio de un motor o fuertes turbulencias. Esto les permite conocer cómo reaccionarían el aparato y el piloto en esas circunstancias. "Es importante que luego traten de viajar en avión con regularidad", advierte la psicóloga.
Los cursos con vuelos reales suelen ser complicados de organizar y costosos. Por este motivo se han desarrollado programas de realidad virtual que permiten enfrentar al paciente con los estímulos temidos. Investigadores de la UIB han desarrollado un programa experimental que reproduce las condiciones de un viaje en avión a través de un ordenador conocido como Computer-Assisted Fear of Flying Treatment (CAFFT). Estos programas permiten ampliar el número de personas tratadas al mismo tiempo, abarata los costes y facilita las consultas a distancia, explica Jordi Llabrés, de la UIB.
Este software expone al paciente a todo el proceso del viaje: comprar los billetes, hacer las maletas, trasladarse al aeropuerto, gestionar la tarjeta de embarque, esperar en la sala, despegar, volar y aterrizar. "Muchos de los aerofóbicos tienen miedo al despegue. Y en una exposición en vivo no puedes hacerle pasar por el aterrizaje primero sin antes exponerlo al despegue, pero en un ordenador sí puedes simularlo".
En este tratamiento apenas interviene el terapeuta, e incluso puede ser totalmente autoaplicado, según Llabrés. Los investigadores aplicaron esta tecnología para realizar un estudio que incorpora métodos de la teoría del caos. La finalidad: explicar por qué algunos pacientes son más reticentes que otros al tratamiento para el miedo a volar. Los resultados preliminares indicaban que los sujetos sin fobia a volar tienen un sistema cardiaco más caótico, más flexible, que facilita una mayor adaptabilidad a los cambios del medio, en comparación con los individuos que padecen miedo a volar.
Más información:

Feliz vuelo. Cómo perder el miedo a volar. Javier del Campo Martín y Luisa C. Martín-Cobos. Planeta Prácticos. 12 euros.

Enlaces:
www.labcsd.info/volar
www.perderelmiedoavolar.es
www.miedoavolar.eu
www.volarsinmiedo.com

Fobias raras

¿Quién no ha oído hablar del miedo a las alturas (acrofobia), a las arañas (aracnofobia), a los espacios cerrados (claustrofobia) o a hallarse solo en grandes espacios abiertos (agorafobia)? Son algunas de las fobias más conocidas que tienen algunos individuos frente a situaciones u objetos definidos.

Pero hay muchos más miedos irracionales. Algunos, sorprendentes.

* Ablutofobia: miedo a lavarse.
* Aicmofobia: miedo a las agujas e inyecciones.
* Amnesifobia: temor a contraer amnesia producto de enfermedad o accidentes.
* Araquibutirofobia: temor a que las cáscaras de cacahuetes y manteca de maní se peguen al paladar.
* Batmofobia: miedo a los peldaños de las escaleras o pendientes abruptas.
* Bromidrosifobia: miedo al olor corporal, propio o ajeno.
* Brontofobia: miedo a las tormentas.
* Clinofobia: temor a irse a dormir.
* Catoptrofobia: miedo a los espejos, en especial a los de cuerpo entero.
* Eosofobia: miedo a la luz diurna.
* Falacrofobia: miedo a la calvicie, quedarse calvos o estar cerca de gente sin cabello.
* Hefefobia o afenfosfobia: miedo a ser tocado.
* Hidrofobia: temor al agua.
* Misofobia: miedo a los gérmenes, la suciedad o la contaminación. Ligado al trastorno obsesivo compulsivo.
* Necrofobia: temor a la muerte o a las cosas muertas.
* Neofobia: experimentar miedo ante cosas o experiencias nuevas.
Taquicardias, mareos, vértigos, temblor de manos, sudoración, dificultad para respirar y angustia son los síntomas que sufren los aerofóbicos.

La terapia farmacológica funciona en el 17% de los casos
Joan Carles Ambrojo
© EDICIONES EL PAIS, SL.

lanacion.com

sábado, 28 de noviembre de 2009

"La fobia a volar suele estar asociada a otros trastornos"


Desde que el consultorio de Poder Volar se encuentran en un décimo piso, muchos de los pacientes prefieren las escaleras al ascensor, según contó el doctor Claudio Plá, director de esta institución psicoterapéutica especializada en el tratamiento de la fobia a volar en avión o aerofobia.
"Es bastante frecuente que las personas que tienen miedo a volar también tengan claustrofobia o algún otro trastorno de la ansiedad del espectro claustro-agorafóbico", comentó el doctor Plá, que acaba de dar a conocer una encuesta sobre aerofobia realizada por Poder Volar, que halló que el 29% de los encuestados también tenía miedo a subirse a un ascensor.
De la encuesta surgen otros datos interesantes, como que el 16,7% de los pasajeros toman algún fármaco ansiolítico para combatir la ansiedad y el estrés que les genera el subir al avión, mientras que otro 17,5% toma fármacos recetados por un médico o un psiquiatra.
Un psicofármaco mal indicado es siempre una bomba de tiempo, aun a varios miles de metros de altura. "Es común que tomen dosis de elefante, y muchos se desmayan incluso antes de subir al avión -comentó Plá-. Los hipnóticos pueden, además, tener un efecto paradójico que, en vez de calmar a la persona, provoque excitación... Esto ha traído problemas serios a los auxiliares de vuelo en más de una ocasión."
Pla reconoce que la medicación, correctamente indicada por un especialista, puede ayudar a sufrir menos durante el vuelo: "Además de ansiolíticos, algunas personas necesitan moduladores de la ansiedad, ya que poseen otros cuadros, como trastornos de ansiedad generalizada o fobias muy marcadas".
"Todos somos más vulnerables a experimentarlas cuando atravesamos situaciones de duelo, como las que generan un divorcio o el fallecimiento de un ser querido", comentó Plá, y agregó: "La fobia a volar pura es difícil de encontrar; es muy frecuente su superposición con otros trastornos".
Es común, también, que la aerofobia sea el resultado de una mala experiencia de vuelo previa, que da lugar a una suerte de estrés postraumático. En estos casos, describe Plá: "Las personas comienzan a dormir mal los días previos a un vuelo, y el cuadro es bastante más florido [con más síntomas] que el del estrés agudo".
En todos los casos, el uso de medicamentos descripto es sólo un complemento de un tratamiento más abarcativo, que incluye el aprendizaje de técnicas de relajación, de respiración y del manejo del estrés, que ayudan a controlar los pensamientos distorsionados sobre el avión y el volar.
"Los mayores temores son a un accidente durante el vuelo (41,7%) y a las turbulencias (23,6%), cuando sólo el 5% de los accidentes ocurre durante el vuelo, y cuando no hay antecedentes de que las turbulencias puedan romper el avión, que el temor que se encuentra detrás de eso."
Sebastián A. Ríos
lanacion.com

domingo, 16 de agosto de 2009

Tras los accidentes, se triplicaron las consultas por miedo a volar


Laura Reina
LA NACION

El ruido de las turbinas es como una puñalada en el pecho. Las manos no dejan de sudar, las palpitaciones aumentan a medida que se acerca el momento del despegue y la respiración se acelera. El pánico se hace presente y se transforma un pasajero más dentro el avión.

Los especialistas que tratan la aerofobia aseguran que se triplicaron las consultas tras la serie de accidentes aéreos que comenzó con el vuelo de Air France, en la madrugada del 1° de junio, y siguió con otro Airbus de Yemenia Air y un avión iraní de Caspian Airlines. A ellos se le sumó el protagonizado recientemente por un helicóptero en el río Hudson.

El pico anterior de consultas por miedo a volar en avión se había alcanzado hace dos años, cuando hubo problemas con los radares -principalmente el de Ezeiza- y la gente desconfiaba de las medidas de seguridad en los aeropuertos nacionales.

"Desde el accidente de Air France, no damos abasto. Lo normal era tener uno o dos cursos diarios. Ahora, dictamos cinco o seis", dijo a LA NACION Claudio Plá, psiquiatra especialista en el tratamiento de fobias, director de Poder Volar, entidad que brinda cursos para vencer el miedo al avión.

Según la psicóloga y directora de Alas & Raíces, Liliana Aróstegui, otra de las organizaciones que trabajan con personas que padecen aerofobia, las consultas aumentaron el 200 por ciento después de los accidentes y, desde entonces, ese porcentaje no bajó.

"El accidente que más impactó fue el de Air France por ser una aerolínea reconocida y, además, usada por muchos argentinos para sus viajes. Los otros reforzaron el miedo. En muchos casos, hicieron desistir de viajar", aseguró Aróstegui.

Aunque antes consultaban más mujeres que hombres, hoy ese porcentaje se equilibró. Se acerca gente que tuvo malas experiencias y otra que no ha subido nunca a un avión. También llegan parejas y hasta familias enteras. "El miedo pasa de padres a hijos, tiene un factor contagioso. Ultimamente, hemos atendido chicos de entre 8 y 14 años", comentó Plá.

La turbulencia representa el principal temor de los que padecen aerofobia, seguida por cuestiones técnicas y de mantenimiento del avión. En general, estos temores se mezclan con otros trastornos como la claustrofobia (miedo a los lugares cerrados) o ataques de pánico y de ansiedad generalizados.

"En la Argentina, los conflictos gremiales generan desconfianza; la gente cree que se pone el acento en otros factores y no en el mantenimiento de las aeronaves. Acá explicamos que hay 200 aerolíneas que no pueden operar en la Comunidad Europea porque no reúnen los estándares de seguridad internacionales. Y ninguna de ellas es argentina", comentó Aróstegui.

Plá lo confirmó: "Nuestra línea de bandera siempre estuvo muy bien posicionada en materia de seguridad. Aerolíneas Argentinas hace 39 años que no sufre ningún accidente. La gente tiene la percepción de que la línea de bandera es un desastre y esto no es verdad".

Tener información

Ante el miedo, lo mejor es contar con mucha información. "Esto aleja fantasmas. Lo primero que hay que hacer es trabajar sobre esas fantasías. Una muy común es pensar que, por un tornillo flojo, el avión se va a venir abajo y esto no es así", aseguró Plá.

Anualmente, vuelan dos mil millones de pasajeros en todo el mundo y hay dos o tres accidentes cada 12 meses. "Si se tiene en cuenta la cantidad de gente que transportan los aviones y las muertes por accidentes, el avión es, por lejos, el medio de transporte más seguro", dijo Plá.

Brindar información también es el objetivo de los cursos dictados por Alas & Raíces. "Damos herramientas para que la persona que está bajo un momento de tensión pueda buscar esa información. Apuntamos a que pueda tener un pensamiento racional en un momento en que lo que prima es lo emocional", comentó Aróstegui.

Noelia Lezcano es publicista y su miedo a volar casi la deja en tierra. "Cuando me faltaban tres días para tomar el avión, mi tranquilidad se sintió amenazada. Surgieron dudas y miedos inexplicables", comentó. Entonces, decidió hacer el curso de Poder Volar. "La sensación que tengo es como si no hubiese volado. Dentro de todo, fue una buena experiencia. Todo estaba en mi mente".

Cuando la información y las técnicas de respiración y relajación no alcanzan, también se prescribe medicación.

"Tratamos de que no sea la primera respuesta a la que acuda la gente. Queremos que tenga recursos personales para enfrentar el problema pero, en caso de que la persona necesite medicación, se le indica", dijo Aróstegui.

Para otros, como Rafael Ruiz, era un desafío enfrentar sus propios miedos sin medicación. "La peor parte fue despegar, ahí empecé con los ejercicios de respiración y de relajación. Lo bueno es que no tomé ningún medicamento. Se me fue el miedo a volar, pero sigo respetando mucho los aviones."

lanacion.com

viernes, 29 de agosto de 2008

El accidente en España incrementó las consultas por el miedo a volar


Por Valeria Chavez (Infobae.com)
Los casos en Aeroparque se acrecentaron en un 50% desde que un avión de Spanair se estrelló en Barajas. "Quienes tienen tendencia a la aerofobia se vieron afectados, y muchos en tratamiento sufrieron recaídas", dijo un profesional a Infobae.com


Tras el accidente de Spanair en España, que dejó la semana pasada más de 150 muertos, aquellas personas con tendencia a desarrollar trastornos de ansiedad, especialmente miedo a volar en avión, se vieron directamente afectadas y quienes estaban recuperándose sufrieron recaídas.
"El conocimiento de la noticia los hace recaer", consideró Caludio Plá Alem (MN52474), médico psiquiatra, especialista en trastornos de ansiedad, quien destacó que para los pacientes "es menos esperable un accidente de este tipo en el primer mundo".
Asimismo, consultado por Infobae.com acerca de las causas del incremento de las consultas, explicó que la duda -en los pacientes- surge porque se informaron hipótesis descabelladas, como la incidencia del modelo del avión en la colisión. Mucho se dijo acerca del MD82, un modelo viejo o con problemas, propenso a los accidentes, el cual es uno de los más utilizados por las aerolíneas en la Argentina.
"Nuestro instinto de supervivencia nos lleva a indagar rápido sobre la realidad para decidir qué debemos hacer para protegernos, para anticiparnos y prevenir ser protagonista de una catástrofe. Esto puede llevarnos a 'contaminar' de peligro a tal o cual modelo de avión, tal línea aérea, tal lugar, etc., cuando aún no hay fundamentos para tales afirmaciones", explicó el profesional.
"El modelo de la nave no indica nada; los aviones son seguros, pero el miedo genera preguntas que no tienen una racionalidad concreta", detalló el titular de Poder Volar, la primera organización argentina especializada en asistencia para mejorar la calidad de vuelo.
Respecto a si un accidente como el de España puede llegar a ser un disparador de una fobia latente, Plá Alem no dudó: "Sí, porque el miedo se construye por acumulación de vivencias –propias y ajenas-, historias de pasajeros, noticias y cuando la persona se encuentra frente al viaje se le vienen las escenas a la cabeza y se dispara el temor".
Plá remarcó que quien sufre aerofobia "se da cuenta que vuela cada vez peor, o esquiva volar (busca excusas para no viajar) y cuando se confronta con el viaje inminente siente que no va a poder, se le presenta como una pared".
Si bien muchas personas no dejan de viajar por trabajo, o suspender sus viajes de placer por esta causa, sienten que "el sufrimiento se vuelve intolerable y consultan porque quieren evitarlo; hay quienes llegan al destino y el sólo pensar en el retorno les genera malestar".
Pese a que Plá Alem aseguró que los síntomas "varían de persona persona", identificó los de este mal como los propios de la ansiedad: "Taquicardia, sudoración, contracciones musculares, problemas digestivos, la mente rumia ideas negras, fantasea con accidente, problemas de concentración", entre otros.
Acerca de Poder Volar
Con más de 13 años de presencia en Argentina, 7 en España y cerca de 2500 casos tratados, Poder Volar brinda recursos prácticos y herramientas didácticas a personas que tienen mala calidad de vuelo, evitan volar o no pueden hacerlo por temor, promoviendo la conciencia de la patología, la existencia de la superación y sus posibles soluciones.
A través de un método propio, apunta a mejorar la calidad de vida de quienes necesitan utilizar el avión como medio de transporte, asistiéndolos en el proceso de aprendizaje para perder el miedo. Poder Volar atiende diariamente a 15 personas en su consultorio en el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires, pero ante la creciente demanda de consultas y con el objetivo de poder atender más pasajeros de una forma más cómoda, Poder Volar mudará próximamente su consultorio a la calle Peña 2726, 10º piso departamento “D” en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Su número de atención telefónica continuará siendo el 0810-88-VOLAR (86527).