Mostrando entradas con la etiqueta contracturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta contracturas. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de agosto de 2011

Las contracturas, un mal que el estrés cotidiano volvió universal

DORMIR EN FORMA ADECUADA. HAY QUE DORMIR DE COSTADO, CON UNA ALMOHADA QUE SE ADAPTE A LAS CURVATURAS. ALINEAR EL CUELLO CON EL RESTO DE LA COLUMNA Y ELEGIR UN COLCHÓN DURO. NUNCA DORMIR BOCA ABAJO. 
El cuerpo es un espejo de las horas que pasamos sentados frente a una computadora o al volante; absorbe y refleja las tensiones laborales y cotidianas. El cuello y los hombros se ponen rígidos, y aparece un trastorno universal: las contracturas.
“Una alarma del cuerpo que avisa a la persona que está sufriendo”. Así las define Delia Chudnovsky, creadora del Coaching Ontocorporal y directora de Espheras Coaching. Desde una perspectiva médica, son contracciones persistentes y anormales de un músculo o grupo muscular. Son dolorosas y pueden estar acompañadas de vértigo, zumbidos en los oídos y visión de “lucecitas”.
“En adolescentes y adultos jóvenes el origen más común es el estrés”, asegura Jorge Fernández, director general de la Carrera de Kinesiología y Fisiatría de la Universidad Abierta Interamericana. Jorge Mastrángelo, ex kinesiólogo de Boca Juniors y miembro del Servicio de Kinesiología del Hospital Austral, agrega que “alrededor del 80% de quienes consultan son mujeres jóvenes, de entre 20 y 45 años”, lo cual expresa, según el especialista, las tensiones propias de una etapa vital cargada de responsabilidades laborales y familiares.
La mala postura es otro factor influyente. “Hay actividades que requieren fijar la vista, como trabajar con una computadora o manejar, que pueden originar contracturas musculares cervicales. También llevar objetos pesados tensiona los músculos del hombro”, dice Luciano Poitevin, profesor de Ortopedia y Traumatología en la Universidad de Buenos Aires. La consulta para discernir el origen de la molestia será importante para descartar otras enfermedades como fibromialgia, males reumáticos, artrosis o hernia de disco cervical.
A veces, las personas cargan con sus contracturas durante años, con la excusa de que son esporádicas. Desconocen que, sin tratamiento, pueden volverse más intensas y crónicas. “El músculo es como un elástico: si se acorta con la contractura lo podés estirar, pero si está permanentemente contracturado, se cronifica y puede derivar en problemas más serios”, advierte Fernández, también coordinador del Centro de Traumatología, Rehabilitación, Entrenamiento y Evaluaciones Deportivas (CETRED).
El tratamiento se basa en medicación, medios físicos (calor local o hielo en algunos puntos), masajes y terapias fisiokinésicas, como magnetoterapia o laserterapia. Pero son soluciones paliativas: los expertos coinciden en que el dolor volverá a menos que se ataque su raíz, es decir, el estrés. Para esto, Mastrángelo habla de “gimnasia filáctica” para liberar tensiones y Fernández suma los consejos de encontrar una actividad placentera, como la lectura o el cine, y tomar conciencia de la postura. Poitevin recomienda no transportar objetos pesados, intercalar pausas breves en el trabajo, dormir en una cama con elástico de madera, colchón duro y con almohada, nunca con el cuello extendido ni boca abajo.
“Somos seres integrados, hay que escuchar el lenguaje del cuerpo para tomar las herramientas a mano y hacernos cargo de nuestro bienestar”, concluye Delia Chudnovsky.
clarin.com

lunes, 6 de septiembre de 2010

Contracturados

Muchos estamos contracturados. Y ni la silla ergonómica ni el monitor bien alto ni levantarse cada media hora para estirar las piernas, los brazos, o mover el cuello, sirven para librarnos de un mal extendido que acecha más allá de la oficina.
No hay pilates ni yoga ni masajes que alcancen. Caminamos con el sonido crujiente de nuestros huesos en clave de permanente protesta. Huesos cansados de intentar comunicarse y que ahora nos hablan al compás de quejidos desafinados.
Traumatólogos, neurólogos, psicólogos, osteópatas, homeópatas, quiroprácticos, acupunturistas y una gama diversa de interlocutores cotidianos nos piden "relajar", que bajemos la marcha, que disfrutemos de la vida, que evitemos el estrés. Hasta nosotros mismos nos erigimos, a veces, en profetas de esta buena nueva que no nos termina de curar. Seguramente porque no encontramos el punto justo y deambulamos perdidos en la urgencia de un mandato cuyo significado diverso dificulta la correcta digestión.
"Relajá", nos dicen, cuando expresamos con ímpetu un punto de vista; "relajá", cuando nos abocamos apasionadamente a un trabajo, a un estudio o al logro de un objetivo cualquiera. "Relajá", si nos apuramos, y también si vamos demasiado despacio. Si tenemos hijos o si no los tenemos. "Relajá", cuando algo nos cuesta; "relajá", cuando no nos sale. También "relajá", cuando nos preocupamos, cuando discutimos, cuando analizamos, cuando dudamos, cuando profundizamos, cuando nos apasionamos.
Es cierto. Deberíamos ser capaces de tensarnos menos y disfrutar más. Ser capaces de soltarnos el pelo o de aflojar la corbata más seguido. De jugar más. De ser más conscientes de nuestra libertad, de la posibilidad del cambio o la de caerse y volver a levantarse. De usar más el humor, la innovación, la creatividad. De generar buena onda y de desintoxicarnos de la mala energía que nos puede rodear.
Pero el mandato de relajar, en el sentido de librarnos de la tensión y la presión, muchas veces se distorsiona en un "relajar" que significa librar a su propia suerte el juicio, los propósitos y la acción; simplemente dejar que fluyan para no alterar una suerte de estado líquido intrauterino que habría que conservar en forma permanente a fin de gozar relajados.
Existen múltiples llamados a vivir con un impermeable que no afecte la burbuja relajada del bienestar personal. Para lograrlo no hay que "meterse" en nada: ni en política, ni en el consorcio, ni en el accidente que ocurrió en la esquina. Y menos en la vida de alguien, porque cada cual ha de hacer la suya. Meterse tiene como único significado invadir, porque en la burbuja no existe el concepto de comprometerse. Es un "om" permanente para acurrucarse en el goce de la vida que fluye, pero que no nos influye. "Relajá", nos repiten cuando opinamos luego de valorar y de elaborar un juicio. Nos llaman a no juzgar porque es un verbo que lleva seguro a lo que se considera delito, como la discriminación, la autoridad o la moralidad. Ninguna de estas funciones puede ejercerse con rectitud: están siempre y de antemano condenadas. Quienes auspician este estilo de vida confunden juicio con prejuicio y, en el afán de relajar, relajan hasta el concepto de verdad, convirtiéndolo en algo completamente liviano y líquido, subjetivo, relativo... muy relajado.
Quien sale al mundo sabe que conservar la liquidez va en detrimento de lograr solidez. Sería saludable que los adultos buscáramos paz interior y no una vuelta al útero materno.
Es bueno escuchar al cuerpo e interpretar lo que nos dice. Y ajustar los ritmos y las presiones para un recorrido en el que sea posible disfrutar. Pero sin renunciar a una mente inquieta, movediza y rebelde que se niega a flotar tan relajada.
Por Teresa Batallanez, periodista de la Redacción de LA NACION
lanacion.com

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El estrés y la mala postura, principales causas de contracturas

La sala de espera donde atiende el traumatólogo Jorge Romanelli ofrece testimonios de lo más variados: dolores en la cervical, problemas de columna, contracturas en la espalda, en la cadera, entre otros. El especialista recibe a lanacion.com y comenta que, por contracturas, atiende pacientes de entre 18 y 80 años.
"Cada vez se suman más jóvenes, por el trabajo sedentario y las malas posturas", comenta. Y agrega que el estrés está entre las principales causas de dolores en espalda, cintura y cuello entre quienes ya cumplieron los 30 y están en plena actividad laboral.
El doctor en kinesiología y fisiatría Norberto Furman, se explayó en el origen de las contracturas según las edades. "En la gente joven, lo más común son los excesos en las actividades deportivas. Entre los adultos, aparecen las malas posturas, la falta de gimnasia y el estrés. Ya en la tercera edad, el desgaste en las articulaciones (artrosis) y las hernias de disco suelen ser mayoría entre las causas", explicó a lanacion.com.
Este especialista, que entre sus pacientes cuenta a estrellas del espectáculo, se detiene en el estrés y lo denomina "asesino silencioso". Agrega: "Da vueltas en nuestro cuerpo y en algún lado choca. En este sentido, la columna y los músculos son órganos de descarga".
Según dijo, los problemas en el cuello y la columna cervical son los que más inconvenientes pueden causar, ya que alteran la circulación y el flujo de sangre hacia el cerebro. Esto puede provocar mareos, dolores de cabeza, zumbido en los oídos, nublado de vista, decaimiento, opresión de pecho, taquicardia, disminución de la memoria, adormecimiento de las manos por la noche, etc. Una serie de síntomas que las personas suelen confundir con otras patologías, pero que pueden tener su raíz en la falta de relajación muscular.
Consejos para la oficina. Un ejercicio simple y efectivo para relajarse en la oficina consiste en imaginar que uno tiene la nariz muy larga y escribir en un pizarrón imaginario delante de la pantalla. En un abecedario se pueden lograr todos los movimientos necesarios para relajar los músculos del cuello. Además, este ejercicio puede ser complementado con movimientos hacia arriba y debajo con los hombros y, si es posible, movimientos circulares con la cintura al menos unos segundos, tres o cuatro veces por día. Se debe recordar, también, que ninguna columna soporta estar más de 40 minutos seguidos en una postura viciosa, como puede ser tirado hacia adelante frente a la computadora. Por ello, es importante levantarse de la silla cada tanto y caminar, aunque sea unos pocos pasos.

lanacion.com

jueves, 16 de abril de 2009

Por el estrés, hay más contracturas


Si alguna vez sintió hormigueo en la punta de los dedos, tuvo el brazo o la mano "dormida", experimentó una molestia puntual en la nuca, padeció dolores de cabeza en la cuenca o detrás de los ojos, tuvo la sensación de que algo como un cuchillo se clavaba en medio de la espalda o aguantó dolores en la zona pectoral, pudo haber sido víctima de una de las tantas contracturas que genera el estrés. Por el aumento en las presiones laborales y la crisis ecónomica, entre otros motivos personales y sociales, se produce un importante desgaste físico y psíquico que suele disparar el nivel de estrés en la gente.
La crisis actual no es una excepción a la regla: con ella aumentaron las consultas a traumatólogos y kinesiólogos por contracturas. "Se ha observado un aumento de las consultas por contracturas musculares, tanto a nivel hospitalario como a nivel privado; también aumentó el síndrome llamado fibromialgia o reumatismo de partes blandas, relacionado generalmente con cuadros de estrés", asegura Pablo G. Rivas, presidente de la Asociación Argentina de Terapía Física.
"Cuando hay un estado de tensión permanente a causa de una situación social, familiar o laboral, se generan cuadros de depresión o ansiedad. Una de las manifestaciones de la ansiedad es el estrés, que genera una repercusión global en el cuerpo. Y una de las consecuencias es no lograr relajar el músculo", detalla Liliana Geijo, miembro de la Asociación de Kinesiología y docente de la UBA.
La contractura es una contracción sostenida e involuntaria de uno o más músculos que puede provocar un dolor intenso. Si bien todo el cuerpo puede estar sujeto a contracturas, el estrés tiene sus zonas preferidas. "El cuello (cervicales), la espalda (dorso e interescapulares), y la cintura con prolongación dolorosa en el miembro inferior (lumbalgia y ciatalgia) son las zonas más afectadas por el efecto del estrés", puntualiza el kinesiólogo Sergio Maslo.
Según los especialistas, las causas más frecuentes se relacionan con el sedentarismo, por eso afectan en su mayoría a los oficinistas. "Los trabajos que implican estar sentado durante varias horas diarias -fijando la mirada en la computadora o sentado en el mostrador- concentran la mayoría de los casos que atendemos", aclara Rivas. "Ocurre que el ritmo de vida de hoy va a contramano de las recomendaciones de nutricionistas, psicólogos, médicos y kinesiólogos.
Un gran aumento de demanda, competitividad, compromisos económicos, atentan contra la vida al aire libre, con la posibilidad de hacer deporte, de llevar una buena dieta y de tener sosiego" comenta Rivas. Nadie está a salvo de las contracturas.
Es más, se nota un aumento de los casos en las mujeres de edad mediana (de entre 35 y 45 años) y en los mayores de 50 años, tanto entre los hombres como entre las mujeres. Una tendencia preocupante es que la edad de las personas que las sufren es cada vez más baja.
"Los chicos de los últimos años de la primaria comienzan a tenerlas por la cantidad de tiempo que pasan frente a la computadora y por la agresividad que se vive en las escuelas (eso es algo que les genera mucho estrés)", agregó Geijo.
Frente a este cuadro pesimista, la solución es la actividad física. "Hagan los ejercicios recomendados por los profesionales, huyan del sedentarismo. ¡Muévanse, repito, muévanse, por favor!" aconseja el kinesiólogo Maslo.
clarin.com

sábado, 31 de enero de 2009

Pánico, insomnio y contracturas: el efecto del crack entre los argentinos

Especialistas reportaron un aumento de casos de ataques de pánico, contracturas e inconvenientes para conciliar el sueño por la incertidumbre ante los alcances de la crisis económica mundial en el país, y afirmaron que afectan a personas de entre 35 y 40 años.
"Esto empezó con la crisis del campo y se agravó con la crisis económica mundial. Algunas personas tienen síntomas de ansiedad, dolores de cabeza, sensación de ahogo o taquicardia", dijo en declaraciones a la agencia de noticias DyN el presidente de la Asociación AYUDA y vicepresidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, Daniel Bogiaizian.
El especialista sostuvo que los síntomas que presentan las personas "están vinculados con situaciones de incertidumbre" y sostuvo que "lo más notorio es la preocupación incontrolada, que las personas viven como excesiva, por la posibilidad de que la crisis económica general los pueda afectar".
"Los síntomas físicos que presentan están vinculados a procesos ansiosos y, en momentos en que la preocupación hace pico, se ven ataques de pánico, taquicardia o sensación de ahogo", explicó.Bogiaizian afirmó que "son síntomas derivados de la tensión, porque la preocupación permanente los lleva a tener contracturas, dolores de cabeza y dificultades para concentrarse en otras cosas".
"Se nota una manera obsesiva de buscar información. Están todo el tiempo conectados a internet y canales de noticias, tratando de encontrar información que calme la incertidumbre", expresó el especialista.
"Esto se da en personas que tienen una actividad comercial u ocupan puestos en una organización", sostuvo, y manifestó que "la característica principal es que se trata de personas que no tienen relación directa con decisiones que puedan evitar la crisis general".
El especialista destacó que "ninguna información o decisión que manejan estos pacientes respecto de la crisis económica puede derivar en cambios en sus vidas".
"Hay una escisión entre la información que buscan y las decisiones que pueden tomar para evitar la crisis", precisó, y dijo que "esta situación no hace más que aumentar la ansiedad".
Bogiaizian afirmó que los síntomas de ansiedad se registran "con mayor frecuencia en los hombres pero, curiosamente, tuvimos algunas pacientes mujeres que están muy pendientes de la información sobre los alcances de la crisis económica, en forma obsesiva".
"Estas personas tienen entre 35 y 40 años y la mayoría tiene trabajo", expresó.
El especialista sostuvo que la sintomatología que presentan los pacientes afectados por ansiedad "no está asociada a la posición económica o social de las personas".
Bogiaizian recomendó "evitar maniobras inútiles de búsqueda de información" para evitar la ansiedad y sostuvo que "se trata de información que carga en forma negativa a las personas, y que no la pueden manejar".
"La búsqueda obsesiva de información produce una saturación que no pueden canalizar", dijo."Estas personas tienen que evitar internet, la excesiva lectura de diarios y deben tratar de conectarse con las cosas que pueden hacer y decidir. No deben anticiparse a los acontecimientos, porque no saben que puede pasar", recomendó.
El especialista expresó que "algo que hace muy bien es confiar en los propios recursos y ayudar los demás"."Es imposible encontrar solución a un problema que todavía no tiene definición. Estas personas deben ocupar la cabeza en cosas que pueden traerles satisfacción", sugirió.
"Hay que ocuparse de los problemas cuando aparecen, no antes. Y, mientras tanto, es necesario concentrarse en lo que sí se puede hacer", sostuvo.
Bogiaizian definió la ansiedad como "un estado anticipatorio físico y psicológico, de preparación, en relación a un acontecimiento que va a requerir de nuestro esfuerzo y tiene como objetivo prevenir que ocurra algo malo. La persona se prepara para algo, por eso está ligado con la incertidumbre".
Infome: Agencia DyN
criticadigital.com