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domingo, 29 de enero de 2012

MAS DE 1.300 PRESOS SE COSEN LA BOCA EN KIRGUISTAN

Casi 7.000 presos están en huelga de hambre en las cárceles de Kirguistán para protestar por la forma en que las fuerzas de seguridad pusieron fin a un motín y más de 1.300 se han cosido la boca para evitar que los alimenten por la fuerza, como ordenaron las autoridades, según ha informado este jueves el Servicio Penitenciario Estatal. Concretamente, hay 6.680 personas en huelga de hambre, de las cuales 1.319 se han cosido la boca.
La secretaria de prensa de ese órgano, Eleonora Sabatarova, había declarado un día antes a la emisora Radio Free Europe/Radio Liberty que unos 600 habían sido trasladados a unidades médicas dentro de las cárceles porque su estado de salud ha empeorado a causa del ayuno.
La huelga de hambre comenzó el pasado 17 de enero, un día después de que las fuerzas de seguridad sofocaran unos disturbios en una prisión de Bishkek donde un recluso murió y cientos resultaron heridos.
El Defensor del Pueblo, Tursunbek Akun, afirmó el miércoles en una rueda de prensa que los presos habían pedido que se satisficiesen una serie de demandas a cambio de volver a comer y descoserse la boca. «Se quejan de las agresiones y de la privación de sus derechos», explicó.
«Los funcionarios de prisiones mantienen que los reclusos les lanzaron agua hirviendo el 16 de enero durante el registro y los presos dicen que los policías antidisturbios los golpearon sin motivo», añadió Akun, citado por la agencia de noticias kirguís.

Palizas y torturas

Los familiares de los presos informaron a los medios de comunicación de cuáles son sus demandas. Entre ellas figuran el fin de las palizas y las torturas en el centro de prisión preventiva número 1 de Bishkek y las demás colonias penitenciarias, que se garantice la protección legal de las personas detenidas o encarceladas y se mejoren sus condiciones de vida.
También han reclamado que se juzgue por lo penal a los responsables del Servicio Penitenciario Estatal y a los del centro de prisión preventiva número 1 por las agresiones sufridas por los reclusos y a los médicos forenses que examinaron el cadáver de Nurbek Alymbayev (que murió en los disturbios) por haber dado «unas conclusiones falsas».
Por último, han exigido que se suspendan los procesos judiciales iniciados contra presos del centro de prisión preventiva número 1 después del 16 de enero y la dimisión del jefe del Servicio Penitenciario Estatal, Sheishenbek Baizakov, entre otros responsables.
El Defensor del Pueblo visitó el centro de prisión preventiva 1 de Bishkek. «Muchas de las personas que están en huelga de hambre se encuentran en unas condiciones muy malas. Dos de ellas se desmayaron», señaló. Según los presos, el Servicio Penitenciario Estatal ha dado «información errónea» al afirmar que algunos de ellos estaban recibiendo comida de sus familiares. Le han dicho a Akun que se han cosido la boca «para demostrar que no es así».

Derechos humanos

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha pedido en un comunicado que se respeten los Derechos Humanos y se mejoren las condiciones en las cárceles y centros de detención de Kirguistán.
El presidente del Comité de Derechos Humanos de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, Matteo Mecacci, ha subrayado que «los Derechos Humanos no dejan de estar vigentes en la entrada de una prisión».
Esos derechos «se deben respetar, también en los centros de detención y prisión preventiva», ha afirmado.
«Espero que las autoridades reconsideren el cierre de las celdas comunes para que los reclusos tengan garantizada una cierta libertad de movimiento», ha manifestado.
ABC.ES

miércoles, 30 de noviembre de 2011

COREA DEL SUR: CREA "ROBOCOPS" PARA VIGILAR CARCELES

ROBOT. El prototipo dado a conocer. (Agencia Yonhap)
Como en la ochentona película “Robocop”, en Corea del Sur inventaron unos robots para vigilar los pasillos de las cárceles. La prisión de Pohang iniciará en marzo las pruebas con un grupo de máquinas que realizarán tareas de guardianes.
Los autómatas recorrerán los pasillos de las cárceles y monitorearán qué ocurre dentro de las celdas. Su función, recalcaron las autoridades surcoreanas, no es controlar un determinado problema sino alertar a los guardias humanos para que ellos tomen las acciones que consideren pertinentes.
Según la agencia de noticias coreana Yonhap, los robots tendrán que detectar anomalías en la conducta de los humanos, tales como, por ejemplo, manifestaciones de crueldad, violencia y tentativas de suicidio. La información fue recogida por diarios de todo el mundo como la BBC británica o el Wall Street Journal.
Por otro lado, también desarrollarán tareas de comunicación y se encargarán de trasladar cualquier problema de salud o de asistencia a sus compañeros humanos. Los que están más contentos con el proyecto son los funcionarios del turno noche, ya que este se reducirá considerablemente.
Las máquinas fueron creadas por Asian Forum for Corrections, un grupo de investigadores surcoreanos especializados en políticas de criminalidad y prisiones. Las mismas miden 1,5 metros de alto, tienen ruedas y están equipados con cámaras y sensores.
Antes de poner en práctica el proyecto, los técnicos quieren investigar más a fondo en la apariencia de los autómatas “para que parezcan más humanos”. El costo del proyecto le costará al gobierno 630 mil euros al mes y es el último capítulo de las autoridades del país para impulsar su industria tecnológica.
El Ministerio de Economía del país asiático invirtió 482 millones de euros en investigación en el sector desde 2002 hasta el año pasado, para competir contra su principal rival, Japón. El pasado octubre, la administración surcoreana explicó que el mercado de robots en el país había crecido un 75% en los dos últimos años.
(Fuente: La Vanguardia, agencias)
CLARIN.COM

martes, 15 de noviembre de 2011

Viaje a la cárcel más cara del mundo


La prisión de Guantánamo no es solo un dolor de cabeza diplomático y político para la Administración de Barack Obama. Según la Casa Blanca es, también, un agujero de dinero. Este centro de detención preventiva, en su gran mayoría vacío, alberga a 171 prisioneros. Cada uno le cuesta a los contribuyentes norteamericanos 800.000 dólares (600.000 euros) al año. En total, mantener a esos supuestos terroristas aquí, de forma indefinida, le supone a Estados Unidos 137 millones de dólares de sus presupuestos anuales, una cifra nada desdeñable en un contexto en el que el Congreso, en Washington, está buscando recortar 1,5 billones de dólares en el gasto público. A fecha de hoy, esta es la prisión más cara del mundo.
En los casi 10 años que esta cárcel lleva abierta en la base militar adosada a la isla de Cuba, el Pentágono se ha empeñado con esmero en lavar la imagen de centro de abusos y torturas a sospechosos retenidos eternamente. La mayoría de los 779 detenidos que se agolparon en su punto máximo en estas celdas han sido ya transferidos a otros países (cinco de ellos a España) o puestos en libertad. Algunos por pura necesidad. Aún se recuerda en esta prisión a un reo apodado Bob Media Cabeza, un preso que había sido herido de gravedad en el campo de batalla y que a todos los efectos prácticos tenía la edad mental de un bebé.
O el célebre Al Qaeda Claus, al que algunos soldados bautizaron así por su larga barba blanca. Tenía más de 100 años, algo que hace dudar de que cuando fue capturado en Afganistán fuera una amenaza muy creíble contra EE UU. Bill el Loco estuvo encarcelado unos pocos meses. Cuando llegó aquí comenzó a beberse su orina y a comerse sus heces. Pronto se le diagnosticó demencia. Esos casos y muchos otros, de equívocos e interpretaciones muy laxas de las leyes internacionales que rigen la guerra, quedaron al descubierto en abril, gracias a la publicación por parte de EL PAÍS y otros medios internacionales de los documentos secretos de Guantánamo, facilitados por el portal Wikileaks.
Y aunque el Ejército norteamericano se empeñe en demostrar lo adecuado que es ahora el trato a estos presos, a escasos metros de aquí resiste todavía Camp X-Ray, cárcel de infausta memoria. Es cierto: a día de hoy es más un museo, los vestigios de una prisión inhumana al aire libre que los soldados emplean para demostrar cuánto han mejorado. Solo estuvo abierta 90 días en 2002. Pero fueron 90 días de imágenes que dieron la vuelta al mundo, y no por buenos motivos.
El 6 de enero de 2002 el entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld, arquitecto de esta catedral de las prisiones, le ordenó al general de brigada Michael Lehnert que construyera un centro de máxima seguridad dentro de la base naval de Guantánamo. Le dio un plazo de 96 horas. En cinco días llegarían los primeros 20 prisioneros, sospechosos de ser terroristas de Al Qaeda en Afganistán. Con lo que tenía, Lehnert construyó Camp X-Ray. Y le sobraron días. Es una perrera, no hay otra forma de describirlo: alhambrada, celdas de hormigón al aire libre, rejas, metal y cemento.
Aquí se agolpaban en 2002 los presos, maniatados, arrodillados, con los ojos y los oídos tapados, totalmente privados de sus sentidos, sin saber dónde se hallaban. Lucían —y algunos aún lucen— monos de color naranja porque en muchos países árabes ese es el color de los condenados a muerte. Es intimidación por atuendo.
Ahora, quienes visitan esta base y esta prisión de apariencia impoluta, se encuentran de bruces con un nuevo lema oficial: “Segura, humanitaria, legal, transparente”. Lo que antes se conocía como Camp Delta, la prisión de uso general, está ahora dividido en seis cárceles diferentes. Tres de ellas están vacías, pero se mantienen operativas. Camp 4 alberga a los presos de buena conducta. Se les identifica porque van vestidos de blanco. Se les ve jugando, a menudo, a fútbol en su patio exterior. Camp 5 es la cárcel de máxima seguridad. Allí se encuentran, aislados y vestidos con monos de color naranja, los presos más peligrosos, como el supuesto ideólogo de los atentados contra Washington y Nueva York de 2001, Khaled Sheikh Mohammed.
En total, 1.300 personas trabajan en este complejo carcelario. No son solo soldados. También hay intérpretes, cocineros, asesores culturales y psiquiatras. Los soldados controlan a los presos cada tres minutos, como mínimo. A aquellos que se encuentran aislados en Camp 5 se les controla cada 30 segundos. El sueldo medio de un oficial de la Marina asignado aquí a Guantánamo es de unos 2.900 dólares. Estas tropas cobran el mismo complemento de peligrosidad que sus compañeros reciben en el frente de guerra afgano, donde, a diferencia de aquí en Cuba, sí que hay ataques mortales con frecuencia.
elpais.com

lunes, 1 de agosto de 2011

¿Se podría liberar a los presos de una cárcel desde un ordenador?


Un experto en seguridad ha examinado los sistemas informáticos de control de las cárceles (en Estados Unidos) y ha descubierto vulnerabilidades que podrían llevar a un 'hacker' a abrir las puertas de toda una prisión desde su ordenador. Mediante el 'malware' adecuado sería posible introducirse en los equipos que controlan los dispositivos electrónicos y emitir comandos a éstos mismos, así como deshabilitar las alarmas.
Los ataques informáticos a grandes organizaciones se están haciendo cada vez más populares y mediáticos desde que a finales del pasado año el colectivo Anonymous tumbara sitios como los de PayPal o Visa. En este caso se trataría de atacar los sistemas de control de una prisión.
El ingeniero y experto en seguridad John Strauchs ha llevado a cabo su propia investigación al respecto y ha terminado por concluir que esto sería posible. De hecho pretende demostrarlo en la próxima conferencia hacker DefCon la semana que vienen en Las Vegas.
Introduciendo un 'malware' en los sistemas informáticos de las prisiones se podrían controlar las puertas de las celdas, con lo que el atacante tendría la capacidad de abrirlas todas, pudiendo también inhabilitar las alarmas. La clave está en unos dispositivos, los PLC (Programmable Logic Controller), pequeños ordenadores que pueden ser programados para controlar un amplio abanico de cosas, como el movimiento de un rotor o la apertura de puertas.
Dos modelos de PLC, fabricados por Siemens, fueron atacados por el famoso gusano Stuxnet, que se introdujo en las instalaciones nucleares de Irán. Cuando Strauchs tuvo noticia acerca de este incidente empezó a investigar sobre estos dispositivos, utilizados en muchas prisiones, comisarías y juzgados a lo largo de Estados Unidos.
Un 'hacker' necesitaría introducir el 'malware' en los sistemas de una prisión mediante un dispositivo USB infectado por medio de algún funcionario (suposición más fantasiosa), o bien a través de un ataque de 'pishing' dirigido contra los miembros de la plantilla del penal, ya que existen elementos internos conectados a Internet.
"Mucha gente no sabe cómo está diseñada una prisión, por eso nadie le ha prestado atención nunca", explica Strauchs, quien ha trabajado en los sistemas electrónicos de seguridad de más de 100 entidades de este tipo. Junto con otras tres personas compró un PLC para examinar sus vulnerabilidades y logró programar código para explotarlas. De esta manera un hacker podría tomar un control absoluto. Además de abrir y cerrar las puertas podría llegar a destruir por completo el sistema.
elmundo.es

viernes, 22 de julio de 2011

Celdas a todo lujo en México

El interior de la celda que rifaba por 200 pesos un preso de Hermosillo. | Efe
Aire acondicionado, televisión, reproductor de DVD, nevera, muebles de madera... El único detalle que chirriaba en aquella 'suite' eran las ventanas y las vistas: rejas que daban a otras rejas. Pero eso es lo de menos para quienes tienen que vivir así durante varios años y saben que no saldrán de prisión en una buena temporada. Lo de más, es el resto, las comodidades, el lujo. Y Juan Manuel Márquez, 45 años y nueve meses de condena por dos homicidios, lo sabía.
Se había hecho con el control de tres celdas y las había adecentado para rentabilizar su pérdida de libertad. Cobraba por dos y rifaba la mejor acondicionada, la que ocupaba él mismo. Hasta que le han descubierto cuando había vendido ya 26 boletos para la lotería. Cobraba 200 pesos (unos 12 euros) por cada posible 'entrada' al 'paraíso carcelario' y se sabe que tenía 200 con las que esperaba reunir 40.000 pesos en total (2.400 euros).
¿Increíble? No si se desvela que todo ocurría en una de las hacinadísimas cárceles mexicanas. En concreto, en un penal de Hermosillo donde las autoridades llevan cinco meses intentando localizar y destruir celdas y comercios ilegales que se reproducen al amparo de la extendida corrupción dentro de los centros penitenciarios. Baste contar que el actual coordinador general del Sistema Estatal Penitenciario en Sonora, Ricardo Ornelas, llegó al cargo hace seis meses para sustituir a su antecesor, asesinado (seguramente por no haber claudicado ante los intereses de los presos) solo tres días después de haber ocupado el puesto de otro funcionario enviado a prisión por colaborar en la fuga de presos.
Desde el miércoles, Márquez el 'hotelero' está en una celda de castigo y su 'suite' ha pasado ya a la historia, pero la realidad demuestra que el sistema está corrompido hasta la médula y que ir a la cárcel en México no obliga a renunciar a nada si se puede pagar. Es lo primero que comprobó con extrema sorpresa Ornelas al asumir su responsabilidad con 15 cárceles y 12.085 presos a su cargo, que "todo se movía con dinero", ha declarado a Efe. "Los vigilantes estaban acostumbrados a recibir dinero por dejar pasar de todo".
No solo en Sonora. En Chihuahua, por ejemplo, también en la frontera con EEUU, se clausuró el pasado mes de mayo un animado bar penitenciario donde fluía la cerveza y el tequila, donde se escondían armas y donde, además, se podía comprar alguna dosis de marihuana o heroína sin problema alguno. Instalado en el espacio para los talleres de formación de los presos, ofrecía también a su 'clientela' la posibilidad de disfrutar de unas partidas de billar. El resgitro llenó dos camiones de electrodomésticos cuyo uso no está autorizado entre rejas, tipo televisiones de plasma, neveras, hornos microondas, ventiladores...
La Comisión Nacional de Derechos Humanos ya ha denunciado en varias ocasiones los excesos entre rejas. Como las fiestas privadas que se celebraban, dicen, en algunas prisiones del DF con parrilladas, música, alcohol y sexo. Los guardias, convenientemente sobornados, hacen las veces de porteros para limitar el acceso a los invitados. Sus investigaciones descubrieron, además, que bastan 3.000 pesos (180 euros) para disfrutar de una celda equiparable a la habitación de un hotel de tres estrellas.
Solo en el penal de Hermosillo, el de la 'suite', se han localizado restaurantes, peluquerías, tiendas de abarrotes (comestibles), tianguis (mercadillos), casas de empeño y marisquerías, cuenta Ornelas, que se ha propuesto acabar con las ilegalidades y mejorar las condiciones de los reos. Les está instalando sistemas de refrigeración (en Sonora el termómetro alcanza en verano los 46 grados), baños donde antes solo había agujeros y una especie de jardines donde antes estaban las construcciones ilegales.
"La tarea es delicada, pues después de que los reos y custodios estaban a acostumbrados a vivir así a lo largo de 20 años, quitarles de golpe todo podría provocar un motín", advierte el coordinador penitenciario. "Hasta ahora han sido demolidas 76 viviendas y comercios ilegales y, créame, aún quedan muchos". Además, ha despedido ya a cien agentes, 15 comandantes y siete directores de cárceles en sus primeros seis meses en el cargo. Y eso es mucho en un país como México, donde el crimen organizado también toma el poder dentro las prisiones con dinero y amenazas. El que no obedece, muere.
elmundo.es

lunes, 25 de abril de 2011

¿Cuánto vale un preso para EE UU?


Alto, bajo o medio. A las autoridades militares estadounidenses les bastaba con estas tres palabras para calibrar el riesgo que suponía cada preso de Guantánamo y el volumen de información que podían obtener de él. Según estos parámetros, recomendaban a sus superiores la permanencia o traslado del detenido. Este particular sistema de catalogación no ha producido solo injusticias, tampoco ha permitido asegurar que la mayoría de declaraciones aporten información relevante sobre el terrorismo islámico. Junto a fichas en las que el detenido reconoce su participación en la yihad, es habitual encontrar frases como: "Ni es miembro de Al Qaeda ni un líder talibán. El detenido no tiene valor para EE UU ni lo tendrá". Las propias autoridades lo reconocen en los documentos secretos facilitados por Wikileaks.
De las 759 fichas personales analizadas por EL PAÍS, solo las referidas a 152 reclusos merecen el máximo valor para el Departamento de Defensa. Las autoridades atribuyen un valor medio o bajo a 531 supuestos yihadistas, deja sin evaluar a otros 62 y considera que ha "explotado" al máximo a una veintena, es decir, que ya han obtenido de ellos toda la información posible. EE UU admite en sus informes confidenciales que solo son de alto valor dos de cada diez hombres de los 779 que detuvo y encarceló.
Pero no solo arrojan sombras los logros que los servicios de inteligencia han obtenido de Guantánamo. Otro tanto ocurre con la elección de reclusos. Los papeles del Pentágono muestran que el 42% de los hombres que han pasado por el penal están clasificados de alto riesgo, lo que supone, según las explicaciones de los militares, que es "probable" que el recluso en cuestión suponga una amenaza para EE UU. Pero el 58% restante soporta acusaciones mucho más endebles, que varían del riesgo medio, al bajo e incluso al nulo.
"El sujeto no ha hecho públicos pensamientos de violencia ni ha amenazado a EE UU durante los interrogatorios. No supone una amenaza", suelen decir las más de 80 fichas clasificadas como de riesgo nulo. Entre los reclusos con este perfil, los afganos son los más damnificados. Ya no es solo que los ciudadanos de este país sean los más numerosos en Guantánamo, es que además, según los documentos secretos, son los que más proporción de casos injustos tienen. En el extremo opuesto, Arabia Saudí y Yemen son los que más yihadistas auténticos tienen en la base militar cubana. Más del 60% de los yemeníes encerrados fueron clasificados como de alto riesgo.
Otro de los aspectos que llama la atención al escudriñar los documentos militares es la escasa relación entre el número de años que cada preso ha pasado en Guantánamo y el riesgo o la importancia que los militares estadounidenses le confieren. Porque de los 485 presos que han estado cuatro años o más en el penal, 215 son clasificados como de riesgo medio, bajo o nulo. Y de esos mismos 485, más de 300 tenían un valor nulo, bajo o medio para los servicios de espionaje, según las fichas secretas. La media de estancia en prisión ronda los cuatro años. Pese a que la inmensa mayoría ingresó siendo un veinteañero, Guantánamo encerró a un anciano de 89 años y a una docena de menores.
Las recomendaciones de los militares son muy duras: casi la mitad de los informes (los referidos a 357 reclusos) solicitan la pena más dura: seguir en Guantánamo. El 21% recomienda llevar al detenido a su país, y que el Gobierno lo mantengan allí encerrado. Y el 30% reclama la solución menos mala para los afectados: que se le lleve a otro país o, en algunos casos, que sea liberado. Pero aquí la arbitrariedad vuelve a aparecer una vez más. Porque la recomendación de que el recluso siga en Guantánamo -que se pide para líderes de Al Qaeda relacionados con los ataques terroristas del 11-S, como Jalid Sheij Mohamed o Abu Zubaida- es la misma que para 66 hombres con perfil de riesgo medio o bajo.
El último criterio que afecta a la valoración de cada uno de los hombres que han pasado en los últimos diez años por el presidio militar es, a juzgar por las pocas veces que se menciona, el menos importante. Se refiere a la amenaza que supone el detenido para el funcionamiento de Guantánamo. Del medio centenar sobre los que los militares emiten una opinión, solo 125 son un peligro para la vida en la base, según las fichas. Entre las agresiones que detallan las fichas individuales, abundan los reclusos que escupen, insultan o lanzan heces a los guardias. "¿Por qué trabajas aquí? Sabes que en seis meses te irás para morir en Irak o Afganistán. Llevo aquí tres años, pero en Irán o Afganistán encontrarás 10 hermanos míos que te matarán en un año. Vas a morir pronto", espetó el saudí Nasir Maziyad Abdallah Al Qurayshi a un guardia mientras simulaba que le estaba disparando. Curiosamente, el informe en el que se cuentan estas amenazas recomienda que se le llevara fuera del control del Departamento de Defensa, una de las recomendaciones más benignas.
elpais.com

miércoles, 19 de enero de 2011

El Reino Unido plantea cambiar por 'academias' los centros de detención juvenil

El ex inspector jefe de prisiones del Reino Unido David John Ramsbotham propone sustituir los actuales centros de detención de menores por "academias" situadas a poca distancia del hogar del joven delincuente.
Esos nuevos centros se encargarían de suministrar a los jóvenes actividades muy intensas destinadas a su rehabilitación y reeducación.
Así lo informa hoy el diario The Times, según el cual Ramsbotham quiere reducir en dos tercios el número de jóvenes encarcelados como parte del "revolucionario programa de rehabilitación" acometido por el ministro conservador de Justicia y veterano político, Kenneth Clarke.
El Ministerio de Justicia admite que quiere reducir a un mínimo la cifra de jóvenes entre rejas, lo que ha suscitado fuertes críticas del sector más derechista de su partido.

Seguir en familia

Un estudio llevado a cabo por un grupo de expertos, entre ellos el propio Ramsbotham, recomienda mantener en las llamadas "academias" sólo a un tercio de los menores delincuentes mientras que se permitiría al resto seguir alojados con sus familiares o en lugares próximos a sus casas.
"Uno de los problemas de la justicia juvenil es que se encierra a demasiada gente a millas de distancia de sus casas", afirma Ramsbootham, según el cual "un hogar, un trabajo y la existencia de relaciones" son los factores que más disuaden de reincidir en el delito.
Encerrar a los jóvenes en centros alejados de sus hogares es un peligro, señala el experto y lord británico, según el cual las cárceles deberían ser como los hospitales y limitarse a los casos más graves.
Según el director del proyecto, John Plummer, "estamos encerrando a menores que apenas saben leer ni contar y salen igual que entraron. (El actual sistema) no cumple el objetivo de reducir el número de delitos, no satisface a las víctimas y es una experiencia dañina para los jóvenes delincuentes".
El responsable de justicia de la oposición laborista, Sadiz Khan, más duro en ese tema que el ministro tory Clarke, advirtió del riesgo de que se ponga así en libertad a individuos que deberían estar entre rejas, lo que supondría un riesgo para la seguridad pública.
elmundo.es

lunes, 10 de enero de 2011

Dos hermanas son liberadas de la cárcel a cambio de donar un riñón

En 1993, Gladys y Jamie Scott, dos hermanas estadounidenses de raíces afroamericanas, participaron de un robo a mano armada. Si la noticia terminara ahí, la decisión del Estado de Mississippi de condenarlas a cadena perpetua no llamaría demasiado la atención. Sin embargo, todo su pecado fue haberle tendido una trampa a dos allegados para que tres adolescentes les robaran un jugoso botín de 11 dólares (unos 44 pesos). Pero si aquella fue señalada como una condena insólita, la decisión que acaba de tomar el gobernador de ese estado lo es todavía más: como una de las dos tiene problemas renales y necesita diálisis constante, las liberó con la condición de que una le done un riñón a la otra. Simple: el tratamiento de Jamie le costaba al Estado 200.000 dólares al año.
Si la comunidad afroamericana tomó su caso como un emblema de la segregación racial se debe a que cuando fueron sentenciadas, ninguna tenía antecedentes penales ni habían lastimado a las víctimas del robo. Pero muchos creen que si lograron su cometido se debe, más que a la presión pública, a las intenciones del gobernador republicano Haley Barbour de llegar a la Casa Blanca y de reducir costos: “La condición médica de Jamie Scott crea un costo sustancial para el estado de Mississippi”, dijo en un comunicado. Además, les permitirá mudarse a Florida, donde vive su familia. El Estado de Mississippi, de esa forma, se liberará de los gastos, incluso de los del trasplante. Es que, si acaso a la historia le faltaba un condimento extraño es esta suerte de “pedido de sponsors”: las hermanas Scott anunciaron que pedirán donaciones para financiar la ablación.
Si bien la madre de las hermanas y la comunidad afroamericana aplaudieron la decisión, la polémica no tardó en encenderse. Sucede que en Estados Unidos –como en Argentina– para evitar el tráfico ilegal de órganos, tanto la compra-venta como el hecho de forzar a alguien a ser donante, está prohibido. De hecho, Michael Shaphiro, jefe de la Unidad de Trasplantes de órganos del centro médico Hackensack, calificó la condición que les pusieron para “perdonarlas” de “falta de ética” e “ilegal”.
Ahora Gladys, de 36 años, tendrá un año para donarle un riñón a su hermana Jamie, de 38. Sin embargo, aunque en el comunicado se indicó que las hermanas “ya no representan una amenaza para la sociedad”, no quedó claro un detalle: qué ocurrirá si, por incompatibilidad o por otra razón médica, Gladys no puede ser donante. ¿Volverán a la cárcel?
clarin.com

martes, 7 de diciembre de 2010

Tras las rejas, trastornos emocionales en chicos

Nora Bär
Son tan inocentes como todos, pero por esas desgraciadas piruetas del destino deben enfrentar una dura realidad: crecer tras las rejas.
Tal es la condena, sin causa, que muchas veces se ven obligados a sobrellevar los chiquitos de hasta cuatro años de mujeres que delinquen. Por primera vez, un estudio que acaba de recibir el premio anual de la Sociedad Argentina de Pediatría analizó el crecimiento y el desarrollo, la integración social y las prácticas de crianza de los chicos que viven con sus madres en prisión, una realidad tan poco conocida que en la bibliografía frecuentemente se los llama "los niños invisibles".
Los resultados que arroja este trabajo son tanto un puntapié inicial para encarar estudios más profundos como un llamado de atención, ya que aunque no se encontraron déficits importantes en su desarrollo, sí se detectó una alta prevalencia de trastornos emocionales.
"Hace unos tres años, Clemente Berardi, pediatra de la Unidad N° 31 del Servicio Penitenciario Federal, se acercó al Servicio de Crecimiento y Desarrollo del Hospital Garrahan porque, más allá de las toses y las fiebres habituales, se preguntó algo trascendente -cuenta Horacio Lejarraga, jefe del servicio-: cómo estaban creciendo y desarrollándose esos chicos."
Los especialistas se plantearon, entonces, realizar un estudio integral, que incluyera desde evaluaciones del estado nutricional de los chicos, hasta de su crecimiento, de la existencia de trastornos "inaparentes" (como el retardo en la adquisición del lenguaje o en la motricidad). También les aplicaron un test argentino (la prueba nacional de pesquisa o Prunape), midieron su cociente de desarrollo y las pautas de crianza.
"Incorporamos a un grupo del Centro de Rehabilitación Nutricional de La Plata [Ceren, del Conicet] que ya había trabajado con madres de la zona y que nos permitió comparar los resultados obtenidos en la prisión con los de la comunidad en libertad -explica Lejarraga-. Y por último, hicimos entrevistas personales con las madres para indagar cuáles eran sus ideas, sus temores, sus deseos respecto de la crianza de sus hijos."
El equipo conformado por Lejarraga y Berardi, más la licenciada Susana Ortale, y las doctoras Adriana Sanjurjo, María Magdalena Contreras, Celina Lejarraga y María José Martínez Cáceres, junto con la alcaide Verónica Masarik y la licenciada Lilian Rodríguez, de la Unidad 31, estudió a 68 chicos y 66 madres.
El análisis de los datos obtenidos reveló que no hay diferencias entre estos niños y la población general en cuanto a la estatura, el desarrollo psicomotor y cociente intelectual, pero sí se encontraron dos problemas relevantes: sobrepeso y alta prevalencia de trastornos emocionales, sobre todo en los mayores de dos años.
"Esto no está resuelto -afirma Lejarraga-: hay países que no admiten que los chicos pasen ni un solo día en prisión, como Suecia; otros, como Italia y España, que los admiten hasta los tres años, y otros, como Bolivia, que permiten que permanezcan allí hasta los seis. En todos los casos, se da una tensión entre los beneficios del amor maternal y los prejuicios de un medio ambiente de riesgo."
La Unidad 31 es una prisión de mediana seguridad, en la que cada mujer dispone de una pieza individual para ella y su hijo. Allí, los chicos desayunan con sus madres y van a un jardín de infantes por la mañana y por la tarde, mientras ellas estudian o trabajan. "Nuestra unidad es una de las pocas en el mundo que le da los alimentos a la madre para que elaboren ellas mismas la comida y así reforzar la función nutricia de la madre", subraya Berardi.
Sin embargo, todo indica que el problema es la falta de libertad. "Los chicos no quieren volver... cuando se hacen un poquito más grandes, desarrollan un lenguaje carcelario... -explica Lejarraga-. Las madres ofrecieron opiniones muy valiosas. «Lo bueno de todo esto, dicen, es que estoy con él todo el día. Lo malo, es que estamos presos». Pidieron que los chicos vean más el mundo, autos, perros, gente. Cosas que nos parecieron muy lógicas."
Para los médicos, el mensaje de esta investigación es que "cuando se habla de mandar a alguien a prisión, hay que pensar que esa persona no está aislada en el mundo, sino que tiene vínculos. Las mujeres tienen hijos".
"Estas son decisiones tan trascendentes para el futuro de los niños que deben ser tomadas después de haber reunido evidencias sobre qué conducta es la mejor", apunta Lejarraga. Como consecuencia de este trabajo, que se publicará a comienzos del año próximo en la revista Journal of Correctional Health Care , los especialistas propusieron la creación de un Programa Nacional de Vigilancia del Crecimiento y Desarrollo de estos niños en todas las penitenciarías del país. "No como investigación solamente, sino como asistencia -concluye el especialista-. Será algo único en el mundo."
lanacion.com

lunes, 18 de octubre de 2010

Meditar, una forma de dejar antes la cárcel

Evangelina Himitian
En un pabellón de la unidad 18 de Gorina, en La Plata, 20 presos repiten con los ojos cerrados: "Alabanza al amor, en su perfección". Después, quedan en silencio. El guía repite la frase y los mantiene así, en inalterable quietud, durante 15 minutos. Son alumnos de un sistema creado por la gurú australiana Isha, que acaba de ser incorporado como parte de un controvertido programa educativo del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) en las 55 unidades de la provincia, donde se aloja a 26.400 presos, incluso en cárceles de máxima seguridad.
"Los que mejoren su conducta gracias a este sistema podrán aspirar a reducir sus penas", dijo a La Nacion el director del SPB, Javier Mendoza. La novedad provocó el rechazo de la Asociación Madres del Dolor. "¿Por qué siempre se habla de reducir la pena? Está bien que se haga algo para que los presos mejoren su conducta, pero una persona que cometió un crimen tiene que cumplir su condena. Portarse bien es su obligación. Que el que se porta mal se quede más tiempo. Hoy, una persona que mató o que violó recibe 20 años, que se convierten en 7 u 8", señaló Viviam Perrone, que dirige la asociación.
El sistema Isha se basa en bajar los niveles de estrés del cerebro mediante la generación de pensamientos positivos. El SPB evaluará la conducta de los presos que voluntariamente se inscriban y los resultados incidirán a la hora de calificar para la reducción de pena por buena conducta. Por el momento, son unos 300. Los cursos se iniciaron el 28 de julio último.
"Ojalá que sean más los inscriptos. Hemos notado que mejoró mucho la conducta de los internos que participaron del sistema Isha", dijo Mendoza. "Lo que se enseña es autocontrol mental. Notamos una importante baja en los índices de violencia en las unidades en las que hay internos que lo practican. El sistema baja la ansiedad y la depresión de los presos y contribuye a la readaptación", afirma Mendoza.
Y continúa: "Los internos que están aplicando el sistema se alejaron rotundamente de actividades que generan roce. Hay 300 internos que están trabajando, y se nota el cambio. Desde el punto de vista readaptativo, nos satisface, da seguridad dentro de la población carcelaria".
Desde el SPB se explicó cómo funciona la evaluación de la conducta de los presos. Todo nuevo interno ingresa con 10 puntos en su haber y los va perdiendo a medida que comete faltas graves, como pelearse con facas con otro preso o intentar fugarse. Allí, se da intervención al juez y al Grupo de Admisión y Seguimiento del penal, integrado por autoridades carcelarias, el capellán y los docentes, entre otros. Si pasan cuatro meses y la persona no comete faltas graves, recupera los 10 puntos originales.
Alejandro Rodríguez es uno de los maestros de la fundación Isha que trabajan en las cárceles desde hace dos años, como forma de experiencia piloto. "Gracias a los resultados, la Dirección de Cárceles incorporó el sistema Isha al nuevo programa educativo de reducción de pena. Cuenta con la supervisión del Comité de Cárceles y la evaluación que arroje será considerada para estimar la buena conducta del interno", apunta.
"No será automático, es decir que sólo por participar de los cursos los internos no podrán reducir su pena. Pero esto va a incidir en forma directa: si la persona no se inmiscuye en peleas y se aparta del acontecer violento, si tiene buena conducta, va a conseguir la reducción de la pena o salidas laborales", confía Mendoza.
El funcionario reconoce que se trata de una iniciativa que puede resultar controvertida, aunque apunta que dentro del SPB no despertó resistencias: "Era impensado aplicar esto hace cinco o siete años, pero, ahora, el Servicio Penitenciario ha evolucionado mucho", dice.
LA NACION participó de una de las capacitaciones. La presencia de los maestros de Isha de por sí impone un aura distinta. Las autoridades hablan con términos como "autocontrol", "relajación", "liberar el estrés" para referirse a los reos que tienen a cargo. Un grupo de presos medita. Jorge abre los ojos y cuando el maestro le pide que cuente su experiencia, se enoja porque dice que le negaron la condicional. "Hace tres años que estoy acá, es injusto."
-Repetí la fase tres, ahora... "El amor me crea, en mi perfección."
-Sí, pero es injusto, yo...
-"El amor me crea..."
Finalmente Jorge la repite y al cabo de unos minutos dice que se siente relajado. En la semana estuvo practicando deporte, unas dos horas diarias, para descargarse, para reducir el estrés y evitar descargarse con sus compañeros o autoridades. "El jueves recibí visitas y mi gente dice que me nota cambiado", confía.
Otro de los presos cuenta que se molestó con su esposa cuando habló por teléfono. Que esa noche gritó en su codo, como parte de una técnica que le enseñó el maestro para controlar su estrés. "Al día siguiente la llamé y pude decirle que tenía razón, pudimos hablar calmados", cuenta ante todo el grupo, sin temor a exponer ante un universo "tumbero" su parte más sensible.

lanacion.com

lunes, 4 de octubre de 2010

Un Facebook 'carcelario'

¿Qué siente un reo cuando está a punto de morir ejecutado? ¿Cómo se afronta toda una vida entre rejas? La respuesta está en WriteAPrisoner.com, una especie de 'Facebook carcelario' donde los presos reciben cartas de ciudadanos anónimos que, a veces, dan pie a una amistad... o a algo más.
En la actualidad 2,3 millones de estadounidenses están en prisión, es decir, más de uno de cada 100 adultos, según un reciente estudio del Pew Center. Es una cifra que se ha incrementado un 300% desde 1980 y que representa la mayor tasa actual de encarcelamiento mundial.
Desde el año 2000, el portal WriteAPrisoner.com se encarga de ayudar a los encarcelados, a miles de ellos, a recibir cartas del mundo exterior. Para ello publican en la web sus perfiles personales, fotografías e información de contacto. El objetivo fundamental: ayudarles a sobrellevar la extrema soledad.
Robert Garza, un joven latino de Texas, presenta así su situación: "Estoy en el corredor de la muerte desde diciembre de 2003. Confinado en una celda de 2,4 por 3,6 metros. Me permiten salir de ella dos horas al día, cinco días a la semana. No tengo contacto físico con nadie y la comunicación con mis compañeros es limitada. Si quieres ser mi amigo, por favor, escríbeme".

5.600 perfiles en la Red
Una simple búsqueda en la web revela la existencia de más de 5.600 perfiles. De ellos, 1.971 son blancos, 1.937 son afroamericanos, 1.062 son hispanos y 43 asiáticos. También hay nativos americanos y una clasificación multirracial. Sólo el 8,4% de los perfiles registrados corresponden a mujeres.
Entre los usuarios hay cerca de 800 condenados a cadena perpetua y más de 100 que esperan su turno para ser ejecutados, entre ellos, tres mujeres.
La foto de perfil de Kerry Lyn Dalton, una rubia californiana de 45 años, podría pasar perfectamente por la de cualquier mujer de mediana edad en Facebook.
Risueña, sonrisa inmaculada y ganas de vivir. Excepto que, como admite en su perfil, está en el corredor de la muerte desde 1992 acusada de asesinato y atraco a mano armada. "Estoy segura de que eso puede asustar a algunos", reconoce.
Dalton sostiene que ella no fue culpable y que la metieron en la cárcel sin que las autoridades dieran con el cuerpo, sin que la asociaran a la escena del crimen o existiera una arma inquisidora.
Cualquiera puede tener acceso a la web y ponerse en contacto con los presos, ya sea a través de carta o correo electrónico. Los creadores aseguran que, además de familia y amigos de los reos, existen jueces, militares, abogados e incluso miembros de grupos religiosos que deciden participar activamente.
Existe la posibilidad de incluir una fotografía propia al ponerse en contacto con los reos, a quienes les llega la correspondencia dos veces al mes. Los encargados posteriormente la imprimen y la adjuntan junto al texto enviado.
Una vez contactado al preso, se debe incluir una dirección real para mantener la correspondencia personal y no a través de la web, entre cuyas reglas está la de no enviar más de cinco correos electrónicos por mes y evitar un lenguaje inapropiado, ya que el contenido de las misivas es evaluado por el personal.
"Entendemos que la naturaleza de esta página web puede resultar extraña para algunos", sostienen los creadores del portal. "No olvidamos que la gente va a la cárcel como forma de castigo por los crímenes que han cometido. Dicho eso, también los mandan allí para corregirse y rehabilitarse", añaden.
elmundo.es

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Le perdonan la pena de muerte y se suicida

Un recluso en Estados Unidos se ahorcó en su celda menos de una semana después de que su sentencia a muerte fuera conmutada por cadena perpetua.
El hecho ocurrió en la cárcel de alta seguridad de San Quintín, en el estado de California.
Un portavoz de la institución penitenciaria informó que George Smithey, de 70 años, ató las sábanas de su cama a los barrotes de la celda para colgarse.
Smithey fue sentenciado por el asesinato de una mujer durante un robo en 1988.
A pesar de ser condenado a muerte, un juez dictaminó que, de acuerdo a criterios establecidos después de su juicio, Smithey sufría de deficiencias de aprendizaje y no debía ser ejecutado.
La sentencia le fue conmutada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Aire medieval
El modo de ejecución en el estado de California es por la vía de inyección letal, pero el condenado tiene la opción de escoger la cámara de gas si así lo desea.
El portavoz de San Quintín añadió que no está seguro si el recluso supo del indulto y no se encontró nota alguna.
El documentalista de la BBC, Louis Theroux, visitó hace dos años la legendaria cárcel construida en el siglo XIX.
Describió su aire medieval, peligroso y lúgubre como un mundo sui generis donde se vive una realidad adaptada a reglas de supervivencia establecidas por los propios presos.
Aunque la institución ofrece actividades educativas y recreativas, la mayoría de los sentenciados a cadena perpetua o pena de muerte están recluidos en su celda 23 horas del día.
Este es el entorno en el que se encontraba George Smithey y -con la conmutación de la pena de muerte- su perspectiva era seguir así el resto de su vida.

bbc.co.uk

jueves, 17 de junio de 2010

EEUU ejecutará a un preso mediante fusilamiento por primera vez en 14 años

Al preso le ponen un capucha, le amarran a una silla negra y le colocan una especie de babero blanco con una diana dibujada a la altura del corazón. Los cinco verdugos toman posiciones a siete metros, al otro lado de una falsa pared, y asoman sus rifles del calibre .30 por un ventanuco. Todos disparan a matar tras la orden de rigor... "Apunten, listos... ¡Fuego!".
Así se sigue ejecutando en Estados Unidos en pleno siglo XXI. Y así morirá hoy el preso Ronnie Lee Gardner, condenado por matar a bocajarro a un abogado –Michael Burdell- durante una fuga frustrada. La cuenta atrás acaba al filo de la medianoche de hoy en Salt Laje City. Tan sólo una intervención en las últimas horas del Tribunal Supremo podrá detener la mauquinaria de la muerte.
Gardner ha pedido inútilmente la conmutación de la pena capital por la cadena perpetua y ha expresado su arrepentimento por ese y otro asesinato anterior, cometidos hace 25 años. Pero ni los tribunales de apelaciones ni las autoridades políticas de Utah (el único estado donde se sigue fusilando a los presos) han dado su brazo a torcer, aunque los familiares y amigos de la víctima han pedido clemencia.
El reo ha renunciado a su última cena y lleva en huelga de hambre desde el martes, cuando comió por última vez un filete, langosta cocida y un helado de vainilla. Sus guardianes asegura que la mayor parte del tiempo la pasa leyendo y rezando.
El último pelotón de fusilamiento acabó fulminantemente con la vida de John Albert Taylor en 1996. "Dejadme marchar", fueron las últimas palabras del reo, condenado por violar y asesinar a una niña de once años. Su cuerpo se convulsionó con el impacto de las balas. La cabeza se le quedó ladeada sobre el hombro derecho. La "diana" se les desprendió y a la altura del corazón quedó a la vista un boquete abierto. La mancha de sangre se fue extendiendo.
"No hubo agonía", certificó el médico de turno. Para completar el macabro ritual, un capellán entonó una oración por el recién fallecido. Varios funcionarios de prisiones llegaron con sus cubos para limpiar la sangre y rociar la cámara de la muerte con productos químicos.
El escalofrío del fusilamiento pervive aún en la mente y en la retina de los que asistimos involuntariamente a aquel "crimen" ruidoso y premeditado. John Albert Taylor consiguió su objetivo: poner al estado mormón y justiciero de Utah en el disparadero internacional. Las protestas rompieron a las puertas de la prisión, en las afueras de Salte Lake City. De todas las pancartas, se me quedó grabada especialmente una: "Cuando el estado fusila, todos apretamos el gatillo".
El revuelo mundial contrastaba con la indiferencia y el estupor con los que la gente de Utah recibía a los periodistas extranjeros, como si fuéramos extraterrestres. "¿Por qué tanto interés por un suceso local?", nos preguntaban. "¿Es que sus países no ajustician a los violadores y a los asesinos?"...
Y al cabo de 14 años, la secuela. Ronnie Lee Gardner pudo optar por la inyección letal, pero elegió morir por el viejo método: "Pelotón de fusilamiento, por favor". A diferencia de Taylor, Gardner asegura que su decisión no tiene una intencionalidad política, que lo único que quiere es morir sin contratiempos: "Es mucho más fácil con el pelotón de fusilamiento que con la inyección letal. No suele haber errores...".
Se equivoca Gardner. De las 39 veces que el estado de Utah ha recurrido al fatídico pelotón, ha hecho falta una segunda ráfaga de disparos en casi la mitad de los fusilamientos. Allá por 1879, el preso Wallace Wilkerson agonizó durante quince minutos, quince, después de recibir veinte impactos de bala.
Pero la inyección letal causa aún más pavor en muchos presos, sobre todo después de la ejecución fallida de Romell Broom en el estado de Ohio, en septiembre del 2009. Dos horas estuvieron su verdugos intentando suministrarle la dosis, pero no atinaron con la vena. El gobernador Ted Stickland se apiadó de él y le concedió una semana de vida extra. Sus abogados recurrieron alegando el "castigo cruel e inusual" al que fue sometido el reo, que aún espera su segunda cita con la muerte.
La campana de la apelación puede salvar aún en última instancia a Ronnie Lee Gardner, que lleva 25 años esperando el fatal desenlace y tiene ya la fecha fatal marcada en el calendario: 18 de junio. Su abogado, Andre Parnes, ha pedido esta misma semana al juez de distrito Robin Reese que aplace la ejecución. Pero el fiscal general adjunto de Utah, Tom Brunker, ha reiterado la voluntad del estado de seguir adelante con el mortífero plan, pese a las críticas internacionales y la mala imagen.
El estado le ha negado además a Gardner su penúltima voluntad: conocer los "antecedentes" de sus cinco verdugos.
La petición, por lo inusual, pilló a las autoridades con la guardia baja. Gardner, que aún se debatía entre la inyección letal y el pelotón de fusilamiento, quería estar "bien informado" antes de tomar su última decisión, un "privilegio" que aún tienen todos los presos condenados a muerte en Utah antes del 2004. El fiscal denegó la petición alegando "el estricto anonimato de los ejecutores".
Stephen Gehrke, portavoz del Departamento de Prisiones, nos pone al tanto de la truculenta "logística" del pelotón de fusilamiento: "Los ejecutores son preseleccionados entre agentes de la ley del estado de Utah. Serán cinco y su identidad no será revelada. Cuando llegue el momento, estarán estacionados tras una pared de ladrillo en la cámara de la muerte, con portezuelas para poder apuntar. Estarán armados con rifles del calibre .30. Cuatro de ellos estarán cargados con munición real y uno con balas de fogueo"...
Lo de las balas de fogueo es para lavar la mala conciencia de los ejecutores. Aún después de disparar, los cinco tendrán la duda de si la suya era la munición de "pega". Siempre podrán dormir tranquilos por las noches, pensando que fueron los otros cuatro quienes realmente mataron al reo indefenso, atado con correajes a una silla de tortura como las de la Santa Inquisición, soldada a una tarima de metal, fijada sobre un suelo de cemento y protegida con sacos terreros...
Habrá en total no más de 20 testigos, protegidos por un cristal antibalas. La nueva cámara de la muerte construida en 1998 –en la prisión estatal de Draper- ha sido escenario hasta ahora de una sola ejecución, la de Joseph Mitchell Parsons, en 1998 y por el socorrido método de la inyección letal. Para acomodarse a los designios de Gardner, habrá que construir la pared desde la que dispararán los ejecutores, que compartirán con el "ejecutado" en una espacio de apenas 56 metros cuadrados.
John Albert Taylor, fusilado en 1996, donó sus ojos. Ronnie Lee Gardner no tendrá esa opción. El nuevo protocolo es así de tajante: "La donación de órganos no es una opción para los presos condenados". Tendrá derecho, eso sí, a una última cena, pero no podrá pedir bebidas alcohólicas. Taylor comió una pizza con champiñones y pimientos y bebió una Coca Cola.
El último preso fusilado en Utah acometió su cita con la muerte con una tranquilidad aparente que poco a poco fue degenerando en tensión... A las 23,10 de la noche del 26 de enero de 1996 recibió en su celda de aislamiento al reverendo Reyes Rodríguez. Escuchó una cita bíblica y lloró. Se secó las lágrimas y estrechó las manos del cura. Le preguntaron si necesitaba sus gafas y si quería un crucifijo. Dijo que no. Aguardó inmóvil en su camastro y diez minutos antes de la medianoche le condujeron al cadalso. Le ataron a la silla y le dieron dos minutos para expresar su última voluntad. Le pusieron un capuchón como los de Guantánamo y encajó la lluvia certera de disparos.
Un pasmoso silencio siguió a la detonación. El médico entró sigilosamente en la escena del crimen, le tomó el pulso al preso y certificó: "Ha muerto". Se acabó la función.
El estado de Utah no está dispuesto a que se repita el "show" con Ronnie Lee Gardner, que no podrá hablar con la prensa antes de ser ejecutado. Pese al renovado interés mundial, el Departamento de Prisiones dará prioridad a los medios locales y ha pedido la máxima discreción a sus funcionarios. Hace 14 años, decenas de periodistas pudimos visitar el día anterior la cámara de la muerte como si fuera un auténtica atracción turística. En esta ocasión el acceso estará mucho más restringido para mitigar en lo posible el impacto.
El fiscal general adjunto Tom Bruckner se ha esforzado además en desmostrar los "avances" de Utah desde la última ejecución. "Los presos condenados después del 2004 serán ejecutados con la inyección letal y ya no tendrán la opción de pelotón de fusilamiento", insiste. Otros cuatro "veteranos" en el corredor de la muerte han mostrado también su predilección por el "apunten, listos ¡fuego!", pero la atención desmedida que ha provocado el caso Gardner puede forzar la revisión de la ley y enterrar definitivamente el violento método, asociado al viejo oeste y a la Guerra Civil americana.
"Utah no es Texas", insisten los locales. Y parte de razón tienen: la de Gardner será la primera ejecución en el estado en la última década, frente a la imparable maquinaria de la muerte en el estado de George W. Bush, que el año pasado contabilizó la mitad de las 52 ejecuciones en Estados Unidos (Virginia, Oklahoma, Alabama, Ohio y Florida completan la lista letal).
"La pena capital está en vigor en 35 estados, pero lo cierto es que son cada vez menos los que la aplican", asegura Richard Dieter, director del Centro de Información de la Pena de Muerte. "Nuevo México se dio de "baja" el año pasado. En California hace ya cuatro años que se ejecuta a ningún preso. Incluso en Texas, la tendencia es a la baja: hace diez años se sentenciaba a 40 presos al año; en el 2009 hubo sólo nueve sentencias. Con los casos de inocentes enviados al corredor de la muerte, los jurados han empezado a ser más cautos y se inclinan mucho más fácilmente por la cadena perpetua".
Cierto: el 65% de los norteamericanos apoya aún la pena capital y el presidente Obama no se mordió la lengua a la hora de defenderla durante la campaña electoral.
"Pero el declive es inevitable", sostiene Dieter. "Los estados que la aplican se quedarán cada vez más solos y el Tribunal Supremo se tendrá que pronunciar tarde o temprano otra vez, y sentenciar de una vez por todas quela pena de muerte, sea cual sea el método, es un castigo "cruel e inusual" que atenta contra la Constitución. Yo creo que el proceso no tardará más de diez o quince años".
Entre tanto, la amenaza siniestra del pelotón fusilamento sigue viva no sólo en Utah, también en el etado de Oklahoma, donde sigue siendo una "opción aceptable" (Idaho ha sido el último en descolgarse hace tan sólo unas semanas). La horca sigue también vigente en los estados de Washington y Delaware. Y la macabra silla eléctrica funciona en media docena de estados como Virgina, el útlimo en "achicharrar" a un preso, Paul Powell, el pasado 18 de marzo.

elmundo.es

lunes, 14 de junio de 2010

La poesía también puede nacer en prisión

Micaela Urdinez
Fundación LA NACION
Ciertamente llega/ una historia con anteojos que grita/ a mis ojos que escuchan/ a mis dientes que sueñan/ a mis dientes que bailan/ por un corazón muerto/ que sobrevive a la soledad/ y aún me atrevo a soñar. Este poema titulado "Cuando estemos sin el mundo" es hoy noticia porque su autor, Ezequiel Galiano Acevedo, es interno del pabellón N° 10 del Complejo Penitenciario N° 48 de San Martín.
Galiano Acevedo es uno de los participantes de los cursos de formación que se brindan en el penal desde 2008 gracias a una exitosa articulación entre la organización Va de Vuelta y la Universidad de San Martín (Unsam). En este espacio, los reclusos pueden aprender computación, carpintería, derechos humanos y formación ciudadana.
"Nosotros lo que buscamos es generar oportunidades para los presos. El 60% tiene un promedio de 22 años y son, en su gran mayoría, pobres. Entonces, apoyándonos en el dato de que sólo el 3,5% de los internos que estudia en la cárcel reincide, buscamos disparar sus potencialidades fortaleciendo el vínculo entre educación y trabajo", explica Ernesto Paret, vicepresidente de Va de Vuelta.
Pero eso no es todo. En una experiencia novedosa e integradora, esta alianza consiguió que 63 internos y guardiacárceles estén cursando juntos el 1er. y 2do. año de la carrera de sociología. "En los contextos carcelarios, la educación y el trabajo son ciencia ficción. Y nosotros luchamos todos los días contra el sistema para conseguirlo. Queremos sembrar una conciencia de que hay otros caminos dentro de la cárcel y de que se pueden hacer cosas positivas aun en un lugar de encierro", dice Gustavo (quien no quiere revelar su apellido), un recluso que terminó la secundaria en el penal de Varela y hoy es presidente del Centro de Estudiantes del penal de San Martín y va por su segundo año de sociología.
En septiembre de 2009, a pedido de los internos, abrieron el taller de escritura.
"Las principales temáticas que se reflejan en los poemas no son diferentes de las que surgen con cualquier poeta. La poesía es lo que les está restituyendo a muchos internos una dignidad que nunca tuvieron y deberían haberla adquirido en una escuela primaria", sostiene Cristina Domenech, quien junto con Pedro Nazar ?ambos poetas? coordinan el taller de poesía.
Primeros trabajos
Con la idea de sacar la palabra de los internos al mundo se animaron a la titánica tarea de hacer el libro Ondas de Hiroshima, que se acaba de presentar en el Festival Internacional de La Habana con una repercusión muy fuerte. Poder publicar esta obra implicó un esfuerzo por parte de todos. "Cada uno aportó su granito de arena. La universidad nos dio los materiales, los internos armaron un taller de encuadernación y empezaron a armar el libro con una prensa de matambre. Los cosen ellos mismos, y todo es un trabajo en grupo", agrega Domenech.
Con la intención de poder seguir creciendo en las ofertas educativas para los internos y sostener el taller de poesía, Va de Vuelta solicita la colaboración de voluntarios y de donaciones de dinero.
"Este es un bondi, que pasa, y vos te subís o bajás en donde querés. Lo que no vas a poder decir es que no tuviste una oportunidad", finaliza Paret, con la esperanza de que estos chicos puedan, algún día, volver a creer en ellos mismos.

Datos de contacto: www.vadevuelta.org.ar , 5917-7924.
lanacion.com

lunes, 7 de junio de 2010

En las cárceles hay tres veces más enfermos mentales que en la población general

MARÍA SÁNCHEZ-MONGE
MADRID.- "Dejar a las personas con trastornos mentales tratables en manos del sistema de justicia penal no es útil ni para la sociedad ni para el individuo. El hecho de haya tantos internos con problemas psiquiátricos en las prisiones -frecuentemente sin tratamiento- supone una afrenta para los valores sociales y la adecuada comprensión de las enfermedades mentales". Este es el dictamen de la situación de las cárceles canadienses que hacen los autores de un editorial que se publica en la última edición del 'Canadian Medical Associaton Journal' ('CMAJ').
En los correccionales de Canadá, el número de afectados por patologías psiquiátricas graves es unas tres veces superior al de la población general. Según explican los expertos que firman el artículo, las personas con condiciones médicas potencialmente controlables, como la esquizofrenia o la depresión, "pueden tener un comportamiento que la sociedad considera inaceptable e, incluso, criminal cuando no cuentan con los sistemas de apoyo adecuados".
Aseguran que las cárceles no son, desde luego, los lugares más apropiados para los enfermos mentales que han cometido algún delito. Al menos, no tal y como están planteadas en la actualidad, ya que no cuentan ni con las instalaciones ni con el suficiente personal médico especializado.
El panorama en España no es mucho mejor que en Canadá. "Nuestra situación es de las peores de Europa con diferencia", asegura Alfredo Calcedo-Barba, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Legal. "Para empezar, somos el país de la Unión Europea con un mayor número de presos respecto a la población: 155 por 100.000 habitantes", agrega. Este psiquiatra corrobora que en las prisiones hay entre tres y cuatro veces más enfermos mentales graves que en el conjunto del territorio nacional.
Según datos recogidos por la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Fefafes), en España había en 2006 (últimos datos disponibles) más de 19.000 individuos en prisión con un diagnóstico psiquiátrico. A estas personas habría que añadir los casi 600 pacientes de los hospitales psiquiátricos penitenciarios, "cuyas condiciones de vida siguen siendo las mismas de hace 20 años, tal y como denunció el Defensor del Pueblo en un informe de marzo de 2009".
Calcedo-Barba explica que las circunstancias en las que se encuentran los afectados por patologías mentales en las cárceles españolas "son lamentables". En cambio, "en la mayor parte de los países desarrollados se han creado servicios de psiquiatría forense que dependen del sistema sanitario y cuentan con medidas de alta seguridad". Ese sería el modelo de atención más adecuado.
"En España no hay nada de eso", apostilla. No obstante, puntualiza que hay una excepción, Cataluña, que cuenta con un planteamiento "mucho más avanzado" en esta materia, aunque también es mejorable.
Disputas políticas
En el origen del problema se encuentra la descoordinación entre administraciones. Los enfermos mentales que cometen delitos deben responder ante la justicia, pero también necesitan cuidados sanitarios. Y ahí es donde surgen las complicaciones, ya que el sistema penitenciario depende del Gobierno central, mientras que el sanitario corre a cargo de las autonomías. "Por eso nadie invierte en esta cuestión; los responsables autonómicos y nacionales se pasan la 'patata caliente' unos a otros".
Y mientras los políticos discuten, España sigue contando únicamente con dos hospitales psiquiátricos penitenciarios (en Alicante y Sevilla), que siguen "un modelo de hace 40 ó 50 años y se encuentran absolutamente desbordados", resume el experto en psiquiatría forense. Como ya no caben más internos en esos dos centros, muchos enfermos graves con causas penales pendientes ingresan directamente en prisión, donde no hay medios para proporcionarles el tratamiento psiquiátrico que requieren.
Por ejemplo, cuando una persona que padece una psicosis es condenado tras cometer un homicidio, acaba en la cárcel, donde "lo meten en la enfermería", señala Calcedo-Barba, ya que ahí "hay algo más de personal". Pero eso no sirve de mucho, puesto que "los médicos de instituciones penitenciarias se encuentran desbordados".
Las prisiones acusan la falta de personal sanitario y, particularmente, del especializado en salud mental. Así, para todos los centros penitenciarios de Madrid tan sólo hay dos psiquiatras en plantilla.
Cuando la situación de los presos aquejados de enfermedades mentales se deteriora mucho, se les ingresa en un hospital. Nuevamente, son atendidos de forma inadecuada, ya que se les mantiene aislados en habitaciones custodiadas. "No salen de ellas para nada; son como celdas de aislamiento", apunta el psiquiatra, quien añade que este entorno es lo menos terapéutico que puede haber para unos pacientes que precisan, por ejemplo, salir al aire libre o realizar terapia ocupacional.
Tal y como subrayan los autores del editorial recogido en la revista canadiense, este estado de cosas no beneficia al individuo, que no recibe tratamiento, ni al conjunto de la sociedad. Cuando un enfermo mental sale finalmente de la cárcel -algo que suele hacer más tarde que el resto de los presos, puesto que nadie se atreve a concederle permisos o progresiones de grado-, nadie se ocupa de vigilarlo.
Dado que no hay medios en las prisiones para tratar los trastornos psiquiátricos y los afectados son puestos en libertad cuando han cumplido su condena, no es de extrañar que algunos salgan al 'mundo real' en condiciones pésimas. "Se les deja en la puerta de la prisión y, si se da la circunstancia de que están delirando, atacan a alguien poco tiempo después de estar en la calle", señala el especialista, quien asegura que es algo que ocurre con cierta frecuencia.
La situación de estas personas también ha sido denunciada por las asociaciones de defensa de los derechos humanos, que consideran que en estos casos coexiste un doble estigma: el asociado a la reclusión penal y el que soportan quienes padecen enfermedades mentales.
En opinión de Calcedo-Barba, teniendo en cuenta la actual crisis económica, no es probable que alguien vaya a tomar cartas en el asunto en un futuro próximo: "En época de bonanza económica no se aprovechó para hacerlo".

elmundo.es