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lunes, 12 de diciembre de 2011

Bostezas más por un familiar que por un amigo

Una niña bosteza en el rezo de la fiesta Eid al-Adha o del Cordero. | Reuters
Investigadores de la Universidad de Pisa, en Italia, sugieren que las personas tienen más probabilidades de bostezar cuando han visto a un familiar cercano hacerlo que si quienes bostezan son un amigo o un desconocido, según los resultados de un estudio que publica la revista 'PLoS One'.
El acto de bostezar siempre se ha considerado como 'contagioso' ya que cuando en un grupo alguien bosteza, hay personas de su alrededor que hacen lo mismo de forma involuntaria. Además, esta reacción, frecuente en cerca de la mitad de la población, no es exclusiva de los humanos ya que también se ha comprobado en muchos animales, como los chimpancés, informa Europa Press.
Aunque este contagio nunca ha sido completamente explicado, hay teorías que apuntan que podría estar vinculado a la empatía entre la gente, algo que quedó reforzado con un estudio previo con niños con autismo, que tienden a ser menos capaces de tener empatía con otros niños, que demostró que eran menos propensos a hacerlos.
A partir de este hallazgo, los investigadores de la Universidad de Pisa observaron a 109 hombres y mujeres de una variedad de nacionalidades en sus actividades diarias y tomaron un registro de las veces en que se produjeron bostezos contagiosos.
El estudio encontró que era más probable que ocurrieran entre miembros de la misma familia, un poco menos entre amigos e incluso menos entre conocidos y extraños.
Además, el tiempo entre el bostezo y la respuesta fue mayor entre conocidos y extraños, lo que "demuestra que el contagio de bostezos es ante todo generado por la cercanía emocional entre individuos y no por otras variables, tales como género y nacionalidad", indicaron los investigadores.
La doctora Catriona Morrison, psicóloga experimental de la Universidad de Leeds (Reino Unido), ha reconocido en una entrevista a la BBC que esta respuesta primitiva del subconsciente podría dar luces sobre la evolución del cerebro humano.
Morrison ha señalado que "algunos sugirieron que se desarrolló en la época de las cavernas cuando alguien tenía que estar vigilando todo el tiempo ya que, como el bostezo aumenta el flujo de sangre en el cerebro, así que aumenta el estado de alerta".
elmundo.es

viernes, 14 de octubre de 2011

Bostezar, ese misterio


Hagamos un ejercicio de lo más sencillo: imaginen a alguien bostezando. O lean varias veces el título de este artículo. ¿Qué, ya están contagiados? (Ah, no, si están tan aburridos pasen directamente a la página de los chistes). Lo mismo ocurre frente al sonido de un bostezo (aun para individuos ciegos), y también con monos, perros o todo bicho que bostece (que se pueda contagiar de nosotros, y viceversa). Sí, es así de sencillo y de misterioso: algo tan cotidiano como el bostezo encierra profundas preguntas científicas, desde para qué sirve y, sobre todo, por qué es tan contagioso. Adelantemos la respuesta: no se sabe (que, convengamos, es la respuesta favorita de los científicos), lo que no quiere decir que no sea un tema de activa experimentación. Hasta hay una sociedad internacional de estudios del bostezo que -creer o bostezar- tuvo su primer congreso internacional en 2010, en París (dicen las malas lenguas que fue un plomo, pero no les crean). Pero qué barbaridad, las cosas que investiga esta gente. Y encima les pagan.
Comencemos por el principio: cuándo, cómo y por qué. Seguramente estén pensando en que bostezar implica aburrimiento o cansancio, y no es necesariamente así (basta pensar que solemos bostezar al despertarnos, cuando se supone que estamos fresquitos para empezar el día). Bostezamos mucho, todo el tiempo y, según los experimentos, este gesto de unos 6 segundos de duración (en promedio) puede repetirse de 1 a ¡26 veces cada media hora! Si hacemos las cuentas, se estima que una persona bostezará unas 240.000 veces a lo largo de su vida. Y con todo lo que tengo para hacer.
La idea clásica (que viene dando vueltas desde el siglo XVIII) era que el bostezo ayuda a llevar oxígeno al cerebro y así mantenernos alerta. Pero la ciencia vino a romper con esto cuando se demostró que en un laboratorio en el que se cambian los niveles de oxígeno o dióxido de carbono, la frecuencia bosteceril no cambia significativamente. Que pase la hipótesis que sigue. Algo es cierto: bostezar no es sólo abrir la boca grandota para que entre aire. Ahora que seguramente les da ganas, prueben bostezar sin desperezarse ni abrir bien la boca -eso no es un bostezo, es una porquería-. Los movimientos son tan parte del bostezo como el bostezo en sí, y puede que ayuden a dirigir el flujo sanguíneo hacia arriba. También sabemos que el bostezo se controla a través de las áreas más primitivas del cerebro, y que es de lo más inconsciente. Incluso se ha notado que la falta de bostezo (como se observa en algunas enfermedades neurológicas) indica que algo anda mal entre las dos orejas. Tal vez el bostezo prepare al cerebro para estar listo para lo que venga cuando no hay otros estímulos simpáticos dando vueltas (al fin y al cabo, los atletas muchas veces bostezan antes de una prueba, los violinistas antes de un concierto, los paracaidistas antes de saltar, y siguen las bocas abiertas). El último grito de la ciencia es que el bostezo ayuda no sólo a llevar sangre al cerebro, sino, sobre todo, a enfriarlo -se bosteza menos al respirar por la nariz, que lleva aire más frío al cuerpo, o al tener un paquete frío sobre la cabeza-. De acá vendrá la famosa idea de tener la cabeza fría., lo que no ocurre en los encuentros sexuales que algunos investigadores también han relacionado con el bostezo, como lady Chatterley cuando se estiraba con el curioso bostezo del deseo. También hay enfermedades del bostezo, como el caso presentado por Charcot, en 1888, de una mujer que llegaba a hacerlo 8 veces por minuto y como en esa época la norma era serás lo que debas ser y si no serás histérica, allí le quedó el rótulo a la pobre paciente (que seguramente tenía un tumor hipofisario). También hay bostezos inducidos por drogas, o el triste destino de la simple incapacidad de bostezar.
Lo cierto es que todos bostezan: los peces, los leones, los bebes en la panza de la mamá. Y muchos de estos bichos también se contagian el bostezo -lo cual es, seguramente, el mayor de los misterios de esta ciencia-. Alrededor del 50% de los humanos adultos son bostezadores contagiosos (y, para el caso, también lo es un tercio de los chimpancés adultos). Puede que la costumbre de taparse la boca venga de nuestros primos, que usan el bostezo como una señal jerárquica -y nada de mostrarle los dientes a papá mono-. Algo de esto aprendió el Principito de Saint-Exupéry cuando el rey del asteroide 325 le prohibió bostezar en su presencia para luego ordenarle hacerlo -quién entiende a los reyes-.
Por otro lado, el contagio se puede dar de maneras sorprendentes, como ver una foto de un bostezador al que se le haya borrado la boca; sólo los ojitos y la expresión general del cuerpo ya nos darán esas ganitas tan especiales. Una posibilidad es que el contagio ayude a un grupo a estar sincronizado: imaginemos un grupo primitivo que se contagia del bostezo del centinela cuando ve llegar una manada de mamuts corriendo hacia su cueva; todos estarán boquiabiertos y, seguramente, un poco más despiertos. En esto pueden estar involucradas las famosas neuronas espejo, que se activan al imitar un movimiento y hay quienes las acusan de ser responsables de la empatía entre humanos. Así es la ciencia: nos lleva de paseo desde los orígenes del bostezo hasta la esencia misma de lo que nos hace humanos. A bostezar, que se acaba el mundo.
lanacion.com

sábado, 18 de septiembre de 2010

Bostezos contagiosos

Si alguien está cerca de usted y bosteza, ¿usted también 'abre' la boca? Seguramente sí, porque más de la mitad de los adultos se 'contagia' tanto con los bostezos, como con la gripe. Sin embargo, y gracias a un nuevo estudio, se sabe que en los niños y niñas este fenómeno no se produce hasta los cuatro años y es menos frecuente en los pequeños con autismo. Deborah Fein, de la Universidad de Connecticut (EEUU) y una de las autoras del ensayo explica a ELMUNDO.es que "hasta ahora no se conocía la edad de inicio de este fenómeno. Pensábamos que podría surgir en el primer año de vida, y nos sorprendió mucho que fuera tan tarde. Tal vez este proceso como otros (contagios de lloros o risas) podrían ser buenos marcadores de la sensibilidad a las emociones de otros. Y la carencia de ellos podría ser un signo a añadir a la lista creciente de 'señales' precoces del autismo".
El misterio del contagio del bostezo ha sido durante décadas, y sigue siendo, un tema de interés para la ciencia, que todavía hoy sigue sin aclarar todos los interrogantes que le rodean. "Por contagio se entiende la tendencia a que un comportamiento particular se extienda a un grupo, como si fuera una reacción en cadena. Por ejemplo, los bebés que están en los 'nidos' de los hospitales comienzan a llorar cuando escuchan a otros bebés sollozar... De la misma forma, ver a otra persona bostezando, la lectura de la palabra bostezo o, incluso, escucharla puede provocar que entre el 40% y el 60% de los adultos 'abran la boca' cuando se exponen a estos estímulos en condiciones experimentales", explican los autores.
Defienden en el último 'Child Development' que "estas formas de comportamiento contagioso pueden reflejar la facilidad emocional del contagio, y su estudio ofrece una oportunidad para encontrar las raíces de los comportamientos sociales automatizados que potencialmente sientan las bases para el desarrollo de la empatía".
Con el fin de determinar en qué etapa del desarrollo social surge el contagio del bostezo, los investigadores analizaron a 120 niños de uno a seis años. El fenómeno también se estudió en 28 menores de seis a 15 años con Trastornos del Espectro Autista.
Los participantes, de forma individual, se reunieron con uno de los autores del estudio en una sala tranquila. Una vez allí, este narraba cuentos durante aproximadamente 12 minutos. Durante los dos primeros, el investigador no bostezaba, sin embargo en los últimos diez, sí abría la boca en cuatro ocasiones. Las sesiones fueron grabadas en vídeo. "Decidimos que los bostezos contagiosos fueran los que se producían en los 90 segundos posteriores al bostezo del adulto", aclaran los autores.
Pese a que los bebés comienzan a bostezar de manera espontánea desde que están en el útero, "en el estudio la mayoría de los niños no mostró signos de contagio hasta que tuvieron cuatro años", agrega la doctora Fein. Los datos revelan también que aquéllos con autismo eran menos propensos a emular las bocanadas que los niños de la misma edad pero con desarrollo normal. "Dado que el bostezo contagioso puede ser un signo de empatía, el estudio sugiere que ésta se desarrolla lentamente durante los primeros años de vida, y que los niños con autismo pueden pasar por alto las señales sutiles que las unen emocionalmente a los demás ", según los investigadores.
Este estudio puede servir de "orientación para que los profesionales que trabajan con niños se centren más en tales señales", sugieren. "El inicio tan temprano de la aparición del bostezo espontáneo (a finales del trimestre del embarazo) contrasta con el desarrollo tan tardío del contagio del mismo... Se necesitan más investigaciones que ayuden a establecer si este fenómeno es único o si otros comportamientos de imitación también se inician a los cuatros años", concluye la investigadora estadounidense.

elmundo.es

jueves, 29 de abril de 2010

Revelan vínculo entre bostezar y la estimulación sexual

Lo hacemos cuando estamos cansados, cuando estamos aburridos o cuando tenemos hambre; hasta los paracaidistas tienden a hacerlo antes de saltar. Ahora, un nuevo estudio sugirió un posible vínculo entre el bostezo y la estimulación sexual.
Sin embargo, las causas exactas y la función del bostezo siguen siendo un misterio, y, hasta hace poco, había sido escasamente documentado en el mundo científico.
El médico francés, Olivier Walusinski, publicó lo que algunos han proclamado como el primer libro de texto sobre la materia, "The Mystery of Yawning in Physiology and Disease", una colección de los últimos hallazgos sobre este desconcertante e incontrolable comportamiento.
El libro será tratado el 24 y 25 de junio en la Primera Conferencia Internacional sobre el Bostezo en París, que abordará, entre otras cosas, su papel como mecanismo que enfría el cerebro y su sexualidad oculta.
"Hay varias teorías, pero no hay una prueba formal hasta ahora de por qué bostezamos", dijo Walusinski a Reuters. Lo que se sabe es que el humano medio bostezará unas 250 mil veces a lo largo de su vida y que los bebés en el útero lo hacen ya en la semana 12 a 14 de gestación, lo que sugiere que juega un importante papel neurofisiológico.
"Si un feto que pesa sólo 60 gramos puede gastar la cantidad de energía necesaria para bostezar y estirarse, debe ser algo absolutamente vital para su desarrollo", dijo Walusinski.
Los pájaros lo hacen, los peces también, de hecho, casi todos los vertebrados de sangre fría y caliente lo hacen, con excepción de las jirafas y las ballenas, que no han sido captadas aún abriendo la boca involuntariamente.
En los humanos, el bostezo aún se considera una forma de incrementar los niveles de oxígeno en la sangre y eliminar el exceso de dióxido de carbono, aunque esta teoría fue descartada ya en la década de 1980.
¿Aumento de la vigilia?
En su lugar, el hecho de que bostecemos cuando tenemos sueño o estamos aburridos ha llevado a recientes investigaciones a sugerir que se utiliza para aumentar la vigilia.
Se supone que bostezar cuando tenemos hambre respalda esta teoría aunque, a diferencia de los leones y otros carnívoros, los humanos ya no necesitamos tener los instintos alerta para cazar una presa.
En cuanto a por qué los paracaidistas lo hacen antes de saltar, también se cree que podría estar relacionado con un estado de alerta. Pero además se especula con que puede ayudar a contrarrestar un aumento del estrés.
Lo que es seguro es que es contagioso, dijo Walusinski, y esto se ha vinculado a la empatía en los humanos. Un investigador holandés también sugirió un vínculo entre el bostezo y la sexualidad en los humanos, basándose en pruebas circunstanciales, como representaciones de bostezos en la literatura y artes visuales.
En los animales, subrayó Walusinski, la relación es mucho más obvia. "En los macacos, el macho dominante bosteza antes y después de aparearse, y esto está condicionado por la testosterona", dijo Walusinski. La castración, declaró, lleva a que el macho pierda su estatus dominante, con lo cual se acaba el bostezo.
Fuente: Reuters

infobae.com