martes, 5 de junio de 2012

¡Machos, no machistas! Qué buscamos las mujeres


Que las mujeres avanzaron con creces en distintos ámbitos de la vida social no es ninguna novedad. Que los hombres tuvieron que responder a las vanguardias femeninas con nuevos comportamientos, tampoco. Desde hace unas décadas a esta parte las relaciones amorosas y familiares se han visto modificadas.
La palabra “machismo” define el comportamiento dominante del hombre sobre la mujer, cosa que antes estaba naturalizada en la construcción misma del género masculino. Lo que antes era “normal” y no se denunciaba, comenzó a ser cuestionado como una postura dañina, humillante, violenta, héterosexista y reguladora de los roles sociales.
Sin embargo, no todo es “color de rosa” y aún “el celeste” sigue prevaleciendo en el imaginario de muchas mujeres. Y sino, hagamos el ejercicio de observar a nuestro alrededor y ver cómo las parejas heterosexuales, en algún momento del proceso de la relación comienzan a cuestionar las practicas progresistas y hacer valer de algún modo los viejos esquemas arquetípicos.
Las mujeres quieren hombres sensibles, aunque aguerridos, viriles y audaces. Los hombres gustan de las mujeres independientes, pero en algún momento pedirán mayor compromiso con la casa y la crianza de los hijos. Las mujeres avanzan y conquistan, pero todavía esperan que sean ellos los que tomen la iniciativa. También gustan de los rasgos de caballerosidad, halagos o invitaciones.
Un hombre que tiene medios económicos pero a la hora de pagar un café o una cena pide compartir los gastos será sospechado de egoísta, poco caballero, narcisista, o simplemente machista. Y posiblemente la mujer no se equivoque.
El macho vs. el machista
Por supuesto que cinco o seis décadas no son suficientes para modificar miles de años de historia antropológica, social y cultural sobre las estructuras de género. No obstante, las modificaciones se aceleran en pos de generar nuevas pautas en las relaciones amorosas. Vivimos una etapa de transición tendiente a una mayor equidad entre los géneros, además de abrir el panorama a nuevas configuraciones genéricas.
Las mujeres heterosexuales no quieren hombres “machistas”, tampoco hombres débiles, sensibles al extremo y con pocas ambiciones. Desean “machos”, es decir, destacan el valor de la virilidad con sus características: fuerza, potencia, vigor, aspiraciones propias. Y les agregan nuevas: compañerismo, humor, expresión de las emociones, comunicación, habilidades de conquista, experiencia erótica, etc.
No quieren ser dominadas ni ser ellas las que dominan la relación. Hay una búsqueda de equidad, no solo en la distribución de los valores y las responsabilidades de pareja, sino en la fuerza motivacional que mueve, empuja y construye la relación. “Quiero un hombre que sea compañero, que camine junto a mí, ni adelante, ni atrás, juntos”, se escucha con frecuencia.
Los hombres están mejor dispuestos al cambio, siempre y cuando no se sientan avasallados ni se les pida dejar de lado aspectos esenciales de su mundo, como el trabajo, la familia de origen, los amigos, los tiempos personales, la responsabilidad para con los hijos de relaciones anteriores (en caso de tenerlos), etc.
Muchos encuentros amorosos por encima de 30 o más años están signados por la ansiedad. Y cuando se presenta la ansiedad se instala la búsqueda de la certeza, es decir, de aquello que nos brinda seguridad inmediata, aunque después nos demos contra la pared. La necesidad imperiosa de conseguir y estar en pareja, además de cumplir con las normativas esperables: vínculo amoroso, convivencia, familia, hijos, ser parte del grupo de pares, impide que las personas se conozcan mejor. Se responde a un “mapa interno” de lo que debe ser el otro, más que a la realidad que el otro representa.
En este movimiento agitado por estar en pareja, la certeza se aferra a los aspectos más conocidos de los hombres, y no es prioridad en ese momento diferenciar si es “macho” o “machista”: es un varón y con eso basta. Después vendrán las revelaciones, a veces dolorosas, y la típica frase: “¿Con quién estoy?”.
entremujeres.com
Por el doctor Walter Ghedin

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