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viernes, 9 de octubre de 2009

Los médicos de familia sitúan en 12 años el mínimo para atender a un menor solo

La atención primaria es, en España, la puerta natural para el sistema de salud. Por eso los médicos de familia se enfrentan cada vez a situaciones más complejas. Una de ellas, como acaban de discutir en unas jornadas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comuntaria (Semfyc) celebradas en Sevilla, es qué hacer con los menores, si debe hablarse con los padres, si se les puede tratar a ellos solos... etcétera.
"Lo primero, es valorar el motivo de la consulta y determinar el grado de urgencia. Si es un problema grave que requiere una intervención inmediata se debe actuar buscando el mayor beneficio del menor aun sin la presencia de sus padres. Si es algo demorable, intentamos localizar a sus padres antes de actuar. Entre los 12 y 16 años es posible la valoración del menor sin la presencia de sus padres siempre que previamente se haya analizado el grado de madurez del paciente para esa circunstancia concreta y se haya considerado que el paciente es capaz de comprender el alcance de la intervención", resume Soledad Holgado, del grupo Lex Artis de la Semfyc.
Esta interpretación es conforme a la ley de autonomía del paciente, que fija en 16 años la edad a partir de la cual la opinión definitiva para aceptar o no un tratamiento o una intervención (con tres excepciones: donación de órganos, reproducción asistida y aborto, aunque este último aspecto puede cambiar con la reforma de la ley que propone el Ministerio de Igualdad), pero que establece que a partir de los 12, si el adolescente tiene la madurez adecuada, su opinión será tenida en cuenta. Con el planteamiento de la Semfyc van al extremo más permisivo de la interpretación de la norma, pero se justifica porque hablan de valoración (y posible tratamiento) de enfermedades leves, que son las que normalmente se solucionan en una consulta de primaria. Las más graves requieren otros servicios (hospitalización o consultas especializadas) donde será más importante que intervengan los tutores de los chicos.
Otro problema con el que pueden tener que lidiar los médicos es el del consumo de drogas por menores. En ese caso "al igual que hacemos cuando hablamos con ellos sobre sexualidad, siempre pesamos en el beneficio del menor. Buscamos un equilibrio entre no perder la confianza del menor, respetando su derecho a la información y la confidencialidad, a la vez que facilitamos la ayuda de los padres. Es importante animarles a que sean ellos mismos los que se lo cuenten a sus progenitores", opina José Zarco.
Una de las novedades que se acaban de incorporar a la atención es que las menores ya no necesitan que un médico les recete la píldora del día siguiente. "Desde nuestro ámbito profesional, lo único que ha cambiado con la libre dispensación es que ya no es necesario que hagamos la prescripción, pero sigue siendo nuestra labor facilitar toda la información posible al adolescente para que entienda la sexualidad como parte de su salud", insiste Holgado.
También afrontan los médicos un cambio en la actitud de los pacientes. cuyo ejemplo más extremo es el de la voluntad de hacer un testamento vital. "Lo que es importante que los profesionales sepan informar a sus pacientes sobre la posibilidad de hacer testamento vital, facilitando así el proceso de reflexión previo a la elaboración de este documento", afirma la Semfyc.

elpais.com

sábado, 26 de septiembre de 2009

HOY ES EL DÍA MUNDIAL DE LA PREVENCIÓN DE EMBARAZOS ADOLESCENTES NO DESEADO


Más de 100 mil hijos de madres adolescentes nacen por año en la Argentina. A su vez, un tercio de las muertes adolescentes resulta de abortar embarazos no deseados. De acuerdo con cifras oficiales del Ministerio de Salud de la Nación, se estima que en el país nacen por año 107.109 hijos de madres adolescentes.
Estas cifras dieron lugar a la creación del Día Mundial de Prevención del Embarazo No Planificado en Adolescentes, que se celebra hoy y tiene como principales objetivos aumentar la disponibilidad de información, facilitar la discusión abierta sobre salud sexual entre los jóvenes y reducir la incidencia de embarazos no planificados y abortos clandestinos. La campaña cuenta con la participación de más de 70 países.
En la Argentina, el 15% de los embarazos, en general, se producen en adolescentes de entre 15 y 19 años. Cada cinco minutos una adolescente se convierte en madre y generalmente un adolescente varón es el padre. Además el 51% de los adolescentes argentinos se inicia sexualmente entre los 15 y los 19 años. Así lo revela una encuesta sobre el nivel de educación sexual que reciben los adolescentes argentinos durante su período escolar realizada por el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam).
CANALES POCO CONFIABLES.
Este año, Celsam profundizó la información sobre educación sexual de los adolescentes a través de un reciente trabajo que abarcó a 500 jóvenes escolarizados de entre los 12 y los 20 años. Según esta investigación, el 64% de los jóvenes consultados habló sobre sexualidad y cuidados con sus propios pares. “La búsqueda de la información se resuelve, muchas veces, por canales poco confiables, como ser internet o los propios pares, con quienes comparten las mismas dudas y mitos”, comentó la Dra. Karina Iza, médica ginecóloga del Celsam. “De esta manera es muy difícil que ellos puedan adueñarse de esta información y ponerla en práctica en su vida privada y tomar decisiones con responsabilidad, autocuidado y cuidado hacia la otra persona”, agrega.
Para la Dra. Alicia Figueroa, médica tocoginecóloga, “la falta de conocimientos que tienen los jóvenes respecto de sus derechos sexuales y reproductivos les dificulta su inclusión en el sistema sanitario, donde necesitan encontrar cobertura para sus demandas de salud así como también la contención necesaria”.
El estudio también indagó acerca del tipo de información que los adolescentes desean recibir. El 50% de los consultados aseguró que le gustaría información acerca de la prevención de las infecciones de transmisión sexual; un 40% sobre los métodos anticonceptivos; el 12% de los chicos prefiere que se le informe sobre la prevención del abuso sexual; y a un 10% le interesa conocer acerca de los roles de género e igualdad entre varones y mujeres.
Según los especialistas, los resultados arrojados por los estudios demuestran que es necesario promover la difusión de iniciativas educativas que pongan a disposición de los adolescentes información y recursos enfocados en educación sexual, de manera que se facilite la discusión abierta sobre salud sexual y reproductiva y se contribuya a prevenir embarazos no planificados en adolescentes.
DICE LA OMS.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, uno de cada diez nacimientos es de una madre quien a su vez es una preadolescente. Se estima que el 40% de los embarazos en Latinoamérica no son planificados y son consecuencia de no usar métodos anticonceptivos, de usar métodos inadecuados o de fallas al utilizarlo. Además, anualmente 46 millones de los embarazos de madres adolescentes culminan en un aborto inducido, mientras que casi 20 millones de éstos se realizan de forma insegura.
“Era mi primera vez, pensé que no me iba a embarazar” “Si hubiera estado informada no me hubiera pasado. Este embarazo es consecuencia de no haber sabido cómo cuidarme”, dice Melisa de 17 años, con seis meses de gestación. Ella vive en Merlo, con sus padres. Nunca, ni en su casa ni en el colegio, le hablaron sobre sexualidad y cuidados anticonceptivos. A Melisa le daba vergüenza preguntar. El padre es un chico de su barrio y tiene 18 años.
“Sabíamos del preservativo o las pastillas pero no cómo se usaban y además pensé que no me iba a pasar a mí más porque era mi primera vez”, explica quien se enteró de su embarazo al entrar en el segundo mes. “Cuando le conté al chico que estaba embarazada de él me dijo que era culpa mía que no me había cuidado, desde ese día no volví a hablar con él”, cuenta. En un comienzo, sus padres se mostraron enojados y le preguntaban por qué no se había cuidado “pero no me quisieron dejar sola porque yo estaba muy triste y asustada”, dice la joven.
Al momento de quedar embarazada Melisa iba a quinto año pero cuando se enteró de que iba a ser mamá decidió abandonar porque “tenía miedo por las clases de gimnasia o de quedar en el medio de las clásicas peleas en la puerta de la escuela”, pero piensa retomar cuando su hijo tenga dos años.
“Es todo nuevo, estoy muy nerviosa”, dice. “Es importante que las chicas se informen sobre cómo hay que cuidarse. Las mujeres deberían saber más porque son las que ponen el cuerpo”.
criticadigital.com

miércoles, 20 de mayo de 2009

Otra incómoda charla sobre sexo


Una colega de la clínica, pediatra y madre, se preguntaba hace un tiempo si todavía seguíamos enseñándoles a nuestros hijos varones la anticuada norma de etiqueta de los ascensores: primero las mujeres.
Todas protestamos, diciendo que no nos gusta demasiado cuando los hombres sacan a relucir la táctica del ascensor -los ascensores de hospital suelen estar repletos, y lo mejor que uno puede hacer, si está cerca de la puerta, es salir lo antes posible-, pero tuvimos que admitir que nos parecía bien que nuestros hijos adolescentes conocieran el truco.
Cuando uno le pregunta a la gente si cree que hay lecciones específicas que los hijos varones deben aprender, todos saltan de inmediato del tema de los ascensores al del sexo, aunque quizá sea solamente la gente con la que me relaciono yo.
Después de todo, el sexo es un tema sobre el que los pediatras damos muchos consejos, y formular esos consejos sin hacer presunciones desagradables sobre la sexualidad adolescente es bastante complicado.
A los adultos nunca les ha resultado fácil tratar este tema con los adolescentes de manera honesta y razonable, y tampoco es fácil hoy en día. Vivimos inmersos en un desfile interminable de imágenes hipersexualizadas, y la banda de sonido de fondo es el lamento constante de los adultos sobre la exposición de los niños a ese desfile de imágenes. Los hechos de violencia durante las citas y las salidas son cada vez son más frecuentes, incluyendo algunos incidentes, protagonizados por celebridades, que cobraron notoriedad. Y todo el tiempo hay alguna película nueva que muestra a los varones adolescentes como cabezas huecas obsesionados con el sexo y negados para el sexo al mismo tiempo.
En la imagen oficial del mundo que obtenemos al mezclar todo eso, los varones aparecen como criminales en potencia y las chicas como potenciales víctimas.
William Pollack, psicólogo de la Universidad de Harvard y autor de Real Boys: Rescuing Our Sons From The Myths of Boyhood (Owl Books, 1999, sólo disponible en inglés), asegura que el modo en que hablamos de sexo con nuestros hijos varones suele estereotiparlos y herir sus sentimientos.
"Un chico me dijo: «Nos tratan como delincuentes. Tenemos necesidades sexuales, pero también necesitamos otras cosas», me comentó el doctor Pollack.
Debe de existir alguna manera de hablar del sexo y las relaciones más allá de los detalles anatómicos, y un modo de charlar de lo que sucede en el colegio o lo que sale en la tapa de la revista People.
Mi amigo el doctor Lee M. Sanders, profesor asociado de Pediatría de la Escuela de Medicina Miller, de la Universidad de Miami, me comentó: "Hace seis o siete años, una madre me dijo: «Doctor, crío a mi hijo sola, y me preocupa el modo en que veo que trata a las chicas. ¿Podría hablar con él del tema?»".
Con el tiempo, Sanders incorporó esa conversación a sus consultas de rutina con pacientes varones de más de 12 años de edad: "Hablamos del respeto, de si se sienten o no respetados en sus propias familias, del respeto que sienten por sus madres, del respeto que ven que tienen los otros hombres hacia sus propias madres y hermanas; ¿pensás que eso se aplica también a las otras chicas que conocés?
"Al principio los ponía muy incómodos tocar el tema -agrega Sanders-, pero ahora me acostumbré a hablar con ellos y ellos conmigo."
¿Entonces hay lecciones específicas que los varones deban aprender? El psicólogo Michael G. Thompson, autor de Raising Cain: Protecting the Emotional Life of Boys (Ballantine, 2000, sólo disponible en inglés), dice que no se trata de una cuestión de género, sino de chicos que se comportan bien y chicos que se comportan mal: todos deberían aprender las mismas lecciones de cuidado y consideración hacia el otro, incluso a ceder el asiento en el colectivo.
"Creo que en este mundo bastante incivilizado los modales pueden llevarte muy lejos -dijo el doctor Thompson-. A esa edad y en estos días, el simple respeto por los adultos ya es bastante."
Thompson agrega que los varones deben aprender a desplegar sus buenos modales. "Yo a los chicos les enseñaría que hay muchos adultos que tienen miedo de los adolescentes, de su agresividad, y pienso que la buena educación es el modo más seguro que tiene un muchacho de demostrarle al mundo adulto que es bueno y confiable."
Por su lado, Sanders cree que en este tema es válido hacer distinciones de género. "Quizás se deba a que tengo dos hijas y no tengo hijos varones", aclara.
"Las chicas merecen mayor respeto -asegura-. Debemos enfocarnos en lograr que las chicas tengan más autoridad dentro de sus relaciones, en especial en sus relaciones con el sexo opuesto. Yo me considero un verdadero feminista en ese sentido."
Como pediatra que tiene dos hijos y una hija, reconozco la necesidad de enfatizar el tema de los modales y el respeto de los varones en su tránsito hacia la adolescencia y la madurez, y de ayudarlos a comprender las consecuencias y obligaciones que se derivan del aumento de su fuerza física y tamaño corporal. Y reconozco que sobre todo en función de su propia seguridad y protección, los varones deben comprender que hay personas -hombres y mujeres- que los verán como potenciales depredadores y que frente a una situación ambigua, los considerarán culpables automáticamente.
Pero como soy una feminista a la antigua, me gusta enseñarles a mis hijas los mismos principios fundamentales que enseño a mis hijos: que es preferible pasarse de educado y amable; que en el mundo abundan la confusión, la duda y la ambigüedad, en especial cuando uno es joven; que jamás hay que aprovecharse de las dudas del otro; y algo que es igual de importante: que la adolescencia debe ser una etapa de alegría, afecto, crecimiento y descubrimiento.
Es una pena que parte de lo que uno debe enseñarles a los hijos acerca del sexo y las relaciones implique recordarles que en el mundo hay gente mala, que deben alejarse de ella, cuidarse, y no callarse la boca cuando alguien los lastima o los presiona. Pero es algo que todos tienen que saber, y todos deben contar con esa promesa de apoyo por parte de los adultos. Debemos transmitir ese mensaje sin definir a algunos de nuestros hijos como criminales de por sí y a otros como víctimas de por sí, porque eso es un insulto para todos.
Y hablando de insultar a todos, yo también les enseñaría una lección mucho más difícil de digerir: que la gente a veces toma decisiones estúpidas, que a veces uno decide hacer algo y después se arrepiente de haberlo hecho, y que eso no nos hace necesariamente buenos o malos, aunque sí puede hacernos infelices. Pero más sabios.
¿Entendieron, chicas y chicos? Y ahora, si me hacen el favor de salir del paso, me gustaría bajarme del ascensor.
Dra. Perri Klass (The New York Times)
(Traducción: Jaime Arrambide)

viernes, 3 de abril de 2009

Preadolescencia: la nueva etapa conflictiva de los hijos


SANTIAGO (Diario El Mercurio/GDA).-
"Yo me siento menos independiente que mis compañeras. Casi todas van a fiestas y a mí no me dejan hacer ese tipo de cosas". "Me tengo que ir siempre con alguien al colegio, y yo me quiero ir sola para la casa". "Me dejan salir, pero a tal hora tengo que estar en la casa".
Podríamos decir que estas quejas son típicas de un adolescente; sin embargo, pertenecen a niños y niñas de entre 10 y 14 años. Sus opiniones y modos de vida fueron reunidos por expertos de la U. de Chile en el estudio llamado "Estatura del derecho de los adolescentes", publicado en 2007. Este mostró que la típica etapa "conflictiva" de los hijos se está adelantando.

Fenómeno que no le es indiferente a Claudia (38 años, ingeniero comercial). Los portazos, las peleas por las fiestas y las demandas de su hija preadolescente Belén (12 años) por salir sola o con sus amigas son a diario. "Para nosotros es difícil soltar la "cuerda" y dejarla hacer todo lo que quiere, porque la vemos aún muy chica. Ha sido súper difícil lidiar con sus demandas y es tema en las reuniones de curso".
Desajuste generacional
Este desajuste generacional, dice Osvaldo Torres, antropólogo de Achnu y coautor del estudio de la U. de Chile, efectivamente comienza a producirse a edades muy inesperadas por los padres. "Los niños entre 10 y 13 años ya tienen conciencia de su autonomía, fenómeno que antes se tendía a construir más tarde. Por lo tanto, ya están pidiendo respeto por sus opiniones, deseos, elecciones y formas de ser".
La propia experiencia de los padres está atrasada, dice la psicóloga y académica de la U. Diego Portales Daniela Carrasco, porque esas demandas de sus hijos en su historia personal no comenzaban antes de los 15 años.
La psicóloga Claudia Cruzat, directora del magíster en Adolescencia de la U. del Desarrollo (Concepción), señala que en la consulta han constatado que los padres llegan afligidos por sus hijos de 10 o 12 años por conflictos que generalmente se veían con adolescentes de 15 o 17.
Los preadolescentes de hoy quieren mayores grados de independencia. Y exigen realizar conductas sin la supervisión de los padres, y de ahí los roces: "Tratan de diferenciarse de sus "otros" más relevantes (sus padres) antes de lo previsto. Quieren poseer artículos personales, tener su propios espacios (su pieza) y sus propios tiempos (que no los controlen a qué hora llegan del colegio)", indica Reimundo Frei, sociólogo e investigador del PNUD.
Tensión familiar
Todo esto genera tensión. Los padres aún discrepan de que sus hijos preadolescentes puedan valerse por sí mismos y ser responsables en esa independencia, señala la psicóloga y consultora de Unicef Soledad Larraín; por lo tanto, restringen los permisos. Versus la necesidad imperiosa que tienen los niños de hoy -que, en efecto, están madurando antes tanto biológica como intelectualmente- de ser autónomos.
Lorena Gómez (37 años, diseñadora) sabe muy bien de esa independencia. "Lo que veo en mi hijo lo grafico de la siguiente manera: a los 10 años me llama para decir, "Mamá, ¿puedo quedarme donde mi amigo? A partir de los 12, el diálogo cambió a: "Mamá, voy a quedarme con mi compañero" o "dile a la abueli que no venga por mí al colegio". Yo quedaba pa´ dentro y le decía: "¿Dónde quedaron los signos de interrogación, Andrés?".
El "adelanto" de la adolescencia, reflexionan los investigadores, está asociado a los estímulos que los niños de hoy reciben. A diferencia de anteriores generaciones, donde los padres y la escuela eran los tradicionales agentes socializadores, los preadolescentes forjan su desarrollo con una cantidad de "educadores" que provienen de internet, sus pares, TV, la radio y la música. "La cantidad de información que manejan los hijos desde pequeños es similar o igual a la que manejan sus padres", advierte Osvaldo Torres.
Este bombardeo de información y la presión social por una "maduración" temprana redundan en que los prepúberes también estén practicando comportamientos asociados tradicionalmente con la adolescencia. Como tener opiniones más certeras o a más tempranas edades, pero también, dice Soledad Larraín, en tomar contacto antes con el cigarrillo, el alcohol, las drogas y las relaciones sexuales.
Cerebros estimulados
La diferencia entre la actual generación y los niños del "pasado" radica principalmente en la calidad, diversidad y cantidad de los estímulos externos. De acuerdo con el investigador estadounidense Harry Chugani, de la Universidad Estatal de Wayne (Detroit), los videojuegos, el PC, internet, los programas de TV y los pasatiempos electrónicos en general "son como gimnasia para el cerebro de los niños". Por lo tanto, el resultado son niños más expertos, osados e imaginativos.
Débora Gutiérrez A.
lanacion.com

Por el sobrepeso, la pubertad llega antes


Sebastián A. Ríos
LA NACION
El riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes a edades tempranas no son las únicas consecuencias del sobrepeso y de la obesidad cada vez más frecuentes entre los chicos argentinos y de todo del mundo. Un análisis de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud 2007, realizado por la Dirección Nacional de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud, revela que el exceso de peso está adelantando la llegada de la primera menstruación.
"Las niñas con sobrepeso presentan su menarca poco más de un año antes de las que no tienen sobrepeso", finaliza el estudio, cuyas conclusiones fueron presentadas en el último congreso de nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), y agrega: "Esta circunstancia debe ser tenida en cuenta en las políticas públicas de salud sexual".
Según el citado trabajo, hoy el promedio de edad para la menarca en la Argentina es de 12,39 años
(0,14 años antes que hace 25 años). Pero al comparar a las chicas con sobrepeso con aquellas de peso normal se observa que, entre las primeras, la menarca ocurre a los 11,52 años, mientras que para las segundas ésta ocurre a los 12,64 años.
"Hay varios trabajos que en el nivel mundial muestran que el sobrepeso, especialmente aquel en el que la grasa se acumula en las caderas, tiende a presentar una menarca más temprana", dice la doctora Silvia Ciarmatori, del Servicio de Ginecología del Hospital Italiano.
¿Por qué el exceso de grasa corporal puede dar lugar a un adelantamiento de la menarca?
"Por empezar, la grasa corporal influye sobre los niveles de estrógenos [hormonas femeninas] de las mujeres -responde Ciarmatori-. Los ovarios producen andrógenos que, al pasar por el tejido adiposo, se convierten en estrógeno. Así, una mayor cantidad de grasa se traduce en niveles más altos de estrógenos."
Esos niveles elevados de estrógenos se convierte luego en un disparador de los procesos biológicos que llevan a que se produzca finalmente la menarca
.
Lo inverso ocurre en las chicas con trastornos de alimentación (bulimia, anorexia), afecciones que dan como resultado una excesivamente reducida cantidad de grasa corporal, agrega el doctor Mario Sebastiani, presidente de la Asociación de Ginecología y Obstetricia Psicosomática. "Ante la ausencia de grasa, puede retrasarse la menarca, o si ya se ha producido, la chica puede dejar de menstruar."
Una menarca precoz puede condicionar la altura final de la mujer. "Los estrógenos producen el cierre de los cartílagos de crecimiento
-explica Ciarmatori-. Ante una menarca más temprana, la chica deja de crecer antes, lo que puede dar lugar a una menor estatura."
Por otro lado, un desarrollo físico más temprano no necesariamente se correlaciona con un desarrollo psíquico acorde. "Por eso es que hay que comenzar a hablar [sobre sexo] desde que son niños, desde que empiezan a preguntar sobre cuestiones que tienen que ver con la vida, tales como cómo vienen los niños al mundo -afirma la licenciada Andrea Gómez, psicóloga especialista en sexualidad del Centro Latinoamericano Salud y Mujer [www.celsam.org.ar]-. Eso ayuda a prevenir el abuso sexual y a promover el cuidado del propio cuerpo."
Lo mismo se aplica a la prevención del embarazo adolescente. "Si los padres siguen pensando que hay que empezar a hablar sobre sexo a los 15 o a los 17 años, y las chicas cada vez se desarrollan más temprano, entonces estamos llegando cada vez más tarde",
concluye Gómez.
En resumen:
11,5 años
Es la edad de la menarca
para las chicas con sobrepeso en la Argentina. Para las chicas con peso normal, la primera menstruación llega un año más tarde.
3,5 millones
De menores con exceso de peso
Eso equivale a que aproximadamente uno de cada tres chicos y adolescentes argentinos tiene sobrepeso u obesidad.
lanacion.com

domingo, 29 de marzo de 2009

Padres, hijos y el temor a crecer


Andrea Gómez
Para LA NACION
Desde una lectura psicológica es importante que la pubertad y la adolescencia sean observadas con mucha atención, ya que se trata de etapas de muchos cambios y, por lo tanto, de mucha vulnerabilidad. Nos sorprendemos al ver jovencitas que, con carita de niñas, ya muestran cuerpos desarrollados que parecieran no coincidir con su edad.
No hay que olvidar que el desarrollo psíquico no va en paralelo con el desarrollo biológico. Es decir que aunque veamos niñas con cuerpos de mujer, aún su psiquismo, su madurez psicológica es la de una niña.
Por otro lado, el sobrepeso en el adolescente puede responder a varias causas. El crecimiento de los hijos puede ser muy ansiógeno para los padres, y alimentar en exceso podría ser un acto desesperado y no consciente de intentar que no crezcan.
Muchas veces la obesidad en la adolescente intenta "cubrir" esas formas que están apareciendo y que a veces avergüenzan y perturban. El exceso de peso cubre las formas, las tapa. Las curvas sensuales se redondean en exceso, el crecimiento de las mamas se confunde con la adiposidad.
La obesidad intenta postergar el crecimiento conteniendo los impulsos internos y los miedos y ansiedades que surjan. Claro que esto por lo general no se logra. El adolescente con obesidad huye de un fantasma y se encuentra con otro: el de la discriminación. La obesidad no debe ser abordada a la ligera. Detrás de la obesidad hay una persona que sufre, que teme crecer y que intenta protegerse de los peligros que siente desde el mundo exterior y desde su mundo interno, emocional.
La autora es psicóloga del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam)
lanacion.com