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martes, 7 de agosto de 2012

¿Adoptar un niño? No, un embrión


Cuando una pareja o una mujer sola se somete a una fecundación 'in vitro', no se suelen implantar todos los embriones obtenidos. La ley prohíbe insertar más de tres en el cuerpo de la mujer y los especialistas en reproducción huyen del implante triple para evitar los riesgos de un embarazo múltiple. Aunque se busca conseguir la gestación con un único embrión, la práctica habitual en nuestro país todavía es la implantación doble.
Los embriones sobrantes son congelados y almacenados en las clínicas de reproducción asistida, por un coste anual que varía entre un centro y otro, pero que no suele superar los 400 euros anuales. Pero ¿cuál es el destino de estos embriones sobrantes? En principio, las opciones son tres: destruirlos, donarlos para investigación o volverlos a utilizar, algo que no siempre es posible.
"Cuando una pareja se queda embarazada de gemelos, o cuando consiguen la gestación a una edad ya muy avanzada, es fácil que no quieran intentar un nuevo embarazo", explica al jefe de servicios de Reproducción Asistida del Institut Marquès de Barcelona, Marisa López-Teijón. Ella es la artífice de una idea que ha dado la vuelta al mundo y que ha permitido ya el nacimiento de más de 500 niñosque probablemente nunca hubieran visto la luz de otro modo.
Su idea ha dado lugar a apodos surrealistas como el que le dedicó uno de los principales periódicos colombianos, que bautizó a López-Teijón como el ángel de los huérfanos congelados. Porque una característica que distingue esta forma de reproducción asistida frente a otras es su aceptación por estamentos tradicionalmente contrarios a este tipo de técnicas; principalmente, la Iglesia católica.
A efectos prácticos, la adopción de embriones es una técnica equiparable para unos padres a la fecundación 'in vitro' con donante de semen y de óvulos, la indicación cuando ambos miembros de la pareja son estériles. La diferencia es que, en ese caso, los especialistas buscan donantes anónimos similares físicamente a los futuros padres. Si estos optan por adoptar un embrión, el niño tendrá las características de sus padres biológicos.
El proceso legal que permite la adopción de embriones se gestó en 2003, cuando una modificación de la Ley de Reproducción Asistida amplió las opciones que había hasta la fecha para los embriones sobrantes congelados. Hasta entonces, sólo se podían implantar a la propia mujer o donarlos a otras pacientes. Es decir, la adopción de embriones era legal, pero con una diferencia a la situación actual: tenía que ser específica; es decir, la mujer o pareja que optara por no volver a utilizar los embriones sobrantes tenía que decir específicamente y por escrito que los cedía a otra paciente.
"Para saber lo que quieren hacer con los embriones, a las parejas se les escribían cartas cada dos años; para donarlos tenían que contestar, pero la gran mayoría no lo hacía", explica López-Teijón. Los embriones sobrantes, aquellos que sus dueños no querían o no podían implantar, quedaban pues a disposición del centro, que no podía destruirlos hasta que se acabara el periodo fértil de la mujer, algo que tenía que acreditarse con un informe médico.
Lo que permitió la Ley 45/2003 fue dar respuesta a una situación que parecía no tener mucha salida y era la acumulación de embriones congelados en España, que para esa fecha se calculaba en torno a los 70.000.
La nueva legislación daba al centro la propiedad de los embriones cinco años después de su congelación y siempre que los padres no hubieran respondido a las preceptivas dos cartas que los centros le ha de enviar preguntando por el destino de sus embriones. Y esto dio la idea a la especialista de crear el primer 'Programa de adopción de embriones', que vio la luz en 2004 y que, desde entonces, ha permitido el nacimiento de más de 500 niños sólo en su centro (actualmente otras clínicas también ofrecen esta iniciativa).
Como comenta López-Teijón, las personas siguen en su mayoría sin contestar a las cartas. "Destruirlos les da pena y, además, no se puede hacer hasta que no se tiene el informe médico que acredite el fin del periodo reproductivo de la mujer; la investigación les da miedo por lo que puedan hacer a sus embriones y la donación les preocupa, porque temen poder encontrarse con posibles hijos en un futuro", explica la experta que, precisamente para resolver este potencial problema, cambia los embriones donados de comunidad y, en muchos casos, de país.
Y es que, más del 65% de los padres de embriones adoptados son extranjeros. Las razones para optar por esta técnica de reproducción asistida van desde la solidaridad, personas que consideran que el embrión es una vida humana que ha quedado abandonada, "como si un niño se quedara en un orfanato", hasta los motivos económicos. La adopción de embriones es una técnica mucho más barata que la FIV con donante de semen y ovocitos. También puede ser una opción más económica para mujeres sin pareja masculina.
"En nuestro centro, la diferencia de precio es de alrededor de 5.000 euros, de poco más de 3.000 a 8.000 euros", señala la especialista.
Con respecto a la adopción moral, López-Teijón relata varias anécdotas transcurridas durante estos años, como la monja que dejó de serlo y llegó a su clínica "acompañada por religiosas de su comunidad" para adoptar un embrión, que se le implantó con éxito y le permitió ser madre.
También resalta el caso del bebé nacido de un embrión que llevaba 13 años congelado. También el primer niño fruto de esta curiosa técnica llevaba tiempo como embrión en el congelador, siete años a los que el programa de López-Teijón puso fin.
La experta señala que no ha habido ningún caso de padres que se hayan arrepentido de no haber contestado a la carta cuando sus embriones ya estaban siendo implantados en otra mujer, aunque se trata de una queja que tampoco tendría validez legal. "En España contestan muy poco, es el país que menos, sólo un 45%. En cambio, el 90% de nuestros pacientes alemanes nos dice qué hacer con los embriones sobrantes", concluyen la médico.
elmundo.es

miércoles, 11 de enero de 2012

Son “mellizos” y nacieron con cinco años de diferencia

Floren Blake es un “absoluto milagro” para su madre, “un pequeño luchador” para su padre y con sus casi dos meses de edad, “un mellizo” para su hermano Reuben, de cinco años.
Hasta los médicos que trajeron a la vida a Floren en noviembre pasado estaban “impresionados” por este nacimiento, contó Jody Blake (38), la madre. Sus dos hijos nacieron del mismo grupo de embriones. Floren fue producto de uno que pasó cinco años en un freezer. “Todo esto suena bastante surrealista. Sé que la gente está realmente sorprendida” reconoció Jody.
Luego de intentar tener hijos sin éxito, está pareja de Inglaterra se sometió a un tratamiento en el Centro de Medicina Reproductiva Bristol, donde se produjeron cinco embriones y dos fueron implantados en el vientre de Jody. Los otros fueron congelados. Reuben nació el 9 de diciembre de 2006.
En marzo pasado, la pareja decidió tener otro hijo. Sólo uno de los embriones sobrevivió. Y ahora es Floren, que nació el 16 de noviembre.
En Argentina, en marzo de 2007 nació Magalí Feigin, producto de un embrión que habían congelado sus padres en 1996. De otro embrión del mismo grupo había nacido 10 años antes Alan, su hermano mellizo.
clarin.com

viernes, 23 de septiembre de 2011

Polémico fallo por el uso de embriones


La Justicia autorizó a una mujer a implantarse embriones criopreservados durante su matrimonio a pesar de que su pareja, de la que está separada de hecho y en trámite de divorcio, se opuso terminantemente a dar su consentimiento. Falló en contra de la pretensión del hombre al considerar que desde el momento en que accedió con su aporte al tratamiento de procreación, aceptó su participación biológica, con todas sus consecuencias.
El fallo de las juezas de la Sala J de la Cámara Civil Marta del Rosario Mattera y Beatriz Verón, publicado por el portal de noticias elDial.com, sostiene, en el caso, que "la paternidad biológica es aceptada desde el momento en que el Sr. S [el apelante] accedió a someterse el tratamiento de fertilización asistida, al conocer las implicancias y posibles consecuencias asumidas en el contrato de referencia, en el que específicamente se acordó qué procedimiento se debía seguir en caso de disolución del vínculo matrimonial".
El hombre, en su oposición a hacer lugar a la pretensión de su ex esposa, sostenía que él había firmado un contrato de consentimiento informado para la criopreservación en el que se habían comprometido a determinar "la futura disposición [de los embriones] en forma conjunta y, en caso de no desear su transferencia en el propio matrimonio, dieran instrucciones por escrito sobre su destino". Dijo al respecto que "expresamente renunciaron a la alternativa de su destrucción y que, en caso de que no diesen instrucciones conjuntas referidas o dejasen de pagar el costo de almacenamiento, autorizarían donar dichos embriones a una pareja estéril".
El apelante consideró "sorpresivo y contrario a las posiciones originarias de las partes que la actora [su ex mujer] pretendiera la implantación de los embriones sin su consentimiento y mediando expresa oposición, generando en su persona la paternidad biológica de hijos por nacer, sin tener, a la fecha, voluntad parental".
En esa línea, y para fundamentar su oposición, sostuvo que no podía concebirse al embrión como una persona. Por el contrario, las juezas de la Cámara citaron vasta jurisprudencia nacional y extranjera, recordaron que para la ley civil argentina "se es persona desde la concepción" y aplicaron al caso, por analogía, el artículo del Código Civil que habla de "concepción en el seno materno", anterior a la existencia de las técnicas de fecundación in vitro.
En cuanto al consentimiento, las juezas consideraron que el contrato revela que los cónyuges habían pactado "que, en caso de disolución del vínculo matrimonial, se requería el consentimiento de ambos cónyuges para tratarlo ante la autoridad competente", es decir, la Justicia, y rechazaron la pretensión del apelante con el argumento de que "las partes no pueden contradecir en juicio sus propios actos anteriores".
Especialistas en Derecho Civil coincidieron en que la concepción ocurrió cuando se hizo la fecundación, aunque podría discutirse si hay un momento para concebir y otro para implantar. Y que, en cuanto a la interpretación del acuerdo de partes sobre qué hacer en caso de divorcio, y aunque podía haber alternativas, la decisión judicial adoptada es la más razonable.

lunes, 21 de febrero de 2011

Nadie sabe que hacer con los embriones congelados

En distintos laboratorios de la Argentina hay unos 15.000 embriones congelados con destino incierto. Algunos serán transferidos al útero de las mujeres que se sometieron al tratamiento del cual son producto. Otros no. Tal vez porque estas mujeres ya tienen hijos y no quieren más. O quizás porque pasaron los años y ya son demasiado grandes para quedar embarazadas. Incluso se plantean situaciones aún más complejas: hay embriones congelados de parejas que se han divorciado, o que han muerto. ¿Qué hacer entonces con estos embriones? ¿Se los descarta? ¿Se los usa para investigar? ¿Se los dona? ¿Se los da en “adopción”? No existe en el país legislación al respecto. Lo que se hace queda a criterio de médicos y pacientes. Mientras tanto, alrededor se alzan voces de lo más dispares que van desde quienes tratan a los embriones como si ya fueran bebés a los que directamente se oponen a los tratamientos de fertilización asistida .
Acaban de cumplirse 25 años de los primeros tratamientos que hubo en el país. En este tiempo los avances científicos han sido imparables. Los métodos han adquirido un nivel de sofisticación tal que hoy es posible que una mujer menopáusica que no tiene pareja se quede embarazada y tenga un bebé. Hay donación de esperma, de óvulos y de embriones, aunque no se diga en voz alta. Actualmente se usa la vitrificación, que por ejemplo conserva jóvenes los óvulos de mujeres que deciden aplazar la maternidad, o que deben enfrentar tratamientos de quimioterapia. Esta técnica es la que se usa hoy día para conservar aquellos embriones “sobrantes” de un tratamiento de fertilización.
Según los especialistas, las principales ventajas de esta técnica son que permite limitar el número de embriones a transferir para reducir al mínimo el riesgo de un embarazo múltiple (se coloca un promedio de dos embriones por transferencia y se congela el resto). Esta técnica permite acceder a un nuevo intento de embarazo si el primer intento fracasa. El tema de debate es si el primer intento es exitoso y la pareja ya no quiere saber nada con esos embriones, cómo proceder con los que se guardaron.
Existe un fallo de la Cámara Civil de la Capital Federal de 1999 que prohibe que los embriones se destruyan o se usen para experimentos . Es que la Cámara sostiene que el embrión tiene status de persona, y entonces sólo pueden ser transferidos a la pareja que aportó las gametas. El fallo parte del planteo de un abogado, Ricardo Rabinovich, que consideró que los embriones eran personas jurídicas y demandó a varios centros.
“Por eso es que hoy la AACeRA (Asociación Argentina de Centros de la República Argentina) desaconseja la donación de embriones congelados”, dice a Clarín Sergio Papier, titular de AACeRA, y próximo presidente de SAMER (Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva), entidad que “considera desde la perspectiva estrictamente científica que la tesis de que un embrión es una persona es insostenible”. “De todas maneras, hay algo en lo que sí los centros estamos de acuerdo. No son material de descarte ni experimental”, asegura Papier, quien opina que sí debería estar permitido que se donen a otras parejas: “Es la salida más lógica para estos embriones que no son reclamados”. 
Como en el resto de los centros, en el CEGYR –uno de los más importantes, sólo allí hay 2.400 embriones congelados– las parejas firman un consentimiento informado antes de la criopreservación de embriones. Allí no sólo se les advierte que deberán pagar el mantenimiento de los embriones (unos cien dólares anuales) sino que se explica que “la única alternativa para dichos embriones criopreservados es la transferencia futura de los mismos dentro del ámbito de la propia pareja. En caso de divorcio o muerte de uno o ambos miembros de la pareja, será la autoridad competente quien decida el futuro destino de los embriones criopreservados”. Pero esta “autoridad competente” no existe. Como tampoco ninguna ley.
“En Argentina no hay legislación sobre temas de bioética porque son particularmente conflictivos. La idea es dejar las cosas como están porque hay muchos intereses en juego, y no sólo los económicos, sino también los religiosos”, afirma Salvador Bergel, titular de la cátedra UNESCO de Bioética de la Universidad de Buenos Aires. “Que esa sala de esa Cámara le haya dado status de persona a un embrión es absolutamente cuestionable, es sólo una interpretación. Sin dudas hace falta legislar, pero antes que eso hace falta un debate serio de toda la sociedad”.
De hecho, hace años que circulan en el Congreso proyectos de ley que dan vueltas y vueltas hasta que pierden estado parlamentario y ya no se pueden volver a tratar. ¿Por qué con este tema ocurre esto sistemáticamente? Quien contesta es Silvia Martínez, legisladora y autora de uno de estos tantos proyectos: “Es un tema muy sensible. La cuestión económica es muy fuerte. Algunos prefieren que no se reglamente nada, y otros son muy duros, quieren prohibir todo”.
Para Susana Sommer, bióloga y profesora de Etica de la Ciencia, “es terrible” que haya un vacío legal. “Ni médicos ni pacientes saben los límites de lo que se puede hacer. Creo que en el consentimiento informado los pacientes son los que deberían decidir qué hacer con los embriones sobrantes. También me parece sensato y razonable que se usen para investigación, para el desarrollo de la ciencia, ya que en una donación serían anónimos y dónde queda el derecho a la identidad”.
¿Y esta idea que está dando vueltas sobre darlos en adopción? Sommer suena casi indignada: “¿Qué es este clamor por adoptar a los pobres embriones huérfanos? ¿Cómo es posible que la gente sea más sensible ante un embrión que frente a tantos chiquitos vivos que podrían ser adoptados?”.
clarin.com

jueves, 9 de septiembre de 2010

Monitorean el embrión en continuado

Nora Bär
LA NACION.COM
Bajo el microscopio, la película del inicio de la vida deja al espectador sin palabras. En sus primeros cinco días, el embrión, que en su origen es una única célula fertilizada, despliega una actividad inusitada: se divide, se multiplica, se desplaza, ¡gira!...
Todo esto ahora se puede literalmente "ver" en forma dinámica gracias a un nuevo dispositivo que permite monitorear "en continuado" los embriones que se generan para realizar tratamientos de fertilización asistida. La tecnología promete revelar los aspectos más íntimos de esa existencia primigenia de la que aún queda mucho por entender.
"Para lograr buenos resultados con las técnicas de fecundación asistida, tenemos que seleccionar los mejores embriones, que luego se transferirán a la mujer -explica el doctor Sergio Papier, especialista en medicina reproductiva y director del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (Cegyr), institución afiliada a la Facultad de Medicina de la UBA-. Hasta ahora, el biólogo iba al laboratorio a la mañana, tomaba la foto de un instante de su desarrollo y después uno elegía los que prometían mayores chances de éxito de acuerdo con criterios morfológicos. Ahora tenemos la película completa."
En esas primeras 120 horas, la forma y la estructura del embrión cambian vertiginosamente: el primer día tiene una sola célula; el segundo, entre dos y cuatro; el tercero, entre seis y nueve; luego se transforma en "mórula" (una bola de varias decenas de células) y a los cinco días, en "blastocisto", estructura esférica con un par de cientos de células que se prepara para implantarse en el endometrio (el tapiz interno del útero).
El nuevo dispositivo, el primero que llega al país, posee una cámara que toma una microfotografía de ese proceso cada diez minutos durante todo el tiempo que se desee evaluar el embrión. A partir de esas imágenes, un software especialmente diseñado permite armar una película y observar con mucha precisión cómo se divide, controlar la cantidad de células que se forman, su simetría y otros signos fundamentales para anticipar su viabilidad.
"Por ejemplo -dice Papier-, hay un parámetro importante, que es la fragmentación; es decir, los pequeños fragmentos celulares que en algunos casos se observan bajo el microscopio. El porcentaje de fragmentación es un indicador de que posee más o menos capacidad de implantación. Con este sistema es posible verificar si los embriones se fragmentan, pero luego se «recomponen» de un día para el otro, algo que con los métodos habituales puede pasar desapercibido."
Según detalla la bióloga Florencia Nodar, directora del laboratorio de embriología de Cegyr, hay distintos tipos de fragmentación embrionaria, y las posibilidades de una implantación exitosa dependen de la cantidad de "pedacitos" que se formen, de su tamaño y de cómo estén ubicados.
Otra de las ventajas que los especialistas advierten es que, como la cámara opera automáticamente dentro de la incubadora, no es necesario retirar las cápsulas para hacer la observación, y de ese modo se mantienen a una temperatura constante de 37°.
Para Papier, el interés por saber más de la vida "secreta" del embrión radica en que éste es el gran protagonista de la implantación. "Uno piensa en el «nido», que es el endometrio -afirma-, pero la «vedette» es el embrión, y el éxito o el fracaso dependen en un 80% de su genética, del mismo modo en que la responsabilidad de la calidad del embrión recae en un 80% sobre el ovocito."
Según Nodar, esto explica por qué las pacientes añosas pueden tener grandes dificultades para embarazarse con sus propios óvulos y sin embargo logran hacerlo con óvulos donados por mujeres más jóvenes.
Debido a que recién está comenzando a utilizarse tanto en Europa como en los Estados Unidos, esta técnica todavía no se aplica en el nivel asistencial.
"Primero la pusimos a punto y la probamos con embriones mal fertilizados -cuenta Nodar-. Por ejemplo, aprendimos a graduar el volumen de la microgota del medio de cultivo en la que tenemos que colocarlos y otros detalles que hay que tener en cuenta."
Los especialistas la utilizan con fines de investigación para averiguar, por ejemplo, por qué algunas pacientes tienen fallas reiteradas en los tratamientos, aunque sus estudios son normales y sus embriones parecen totalmente saludables.
"Este nuevo desarrollo nos dará respuestas sobre estos casos y conocimiento sobre cómo se desarrollan los embriones en mujeres añosas o con endometriosis, o cuando el hombre tiene problemas -dice Papier-. Podremos detectar patrones que nos permitirán mejorar nuestro diagnóstico preimplantatorio."
Y concluye: "Hay quienes dicen que esto va a ser el futuro".

jueves, 15 de abril de 2010

Crean embriones con el ADN de un hombre y dos mujeres

Por: Valeria Román.
Uno de cada 250 bebés nacen con ciertas mutaciones que pueden generarles enfermedades. Con el objetivo de prevenir ese tipo de nacimientos, en Inglaterra han producido embriones especiales: contienen material celular de tres personas, un hombre y dos mujeres. Los embriones fueron generados por científicos de la Universidad de Newcastle, en Inglaterra, que buscaban evitar que los bebés nazcan con enfermedades hereditarias que afectan a las mitocondrias de las células.

Las mitocondrias son compartimentos especializados que están en todas las células del cuerpo humano, excepto en los glóbulos rojos. Están encargadas de aportar más del 90% de la energía que el cuerpo necesita para sostenerse con vida. Si en ellas hay un problema, se pueden provocar daños en el funcionamiento de las células y hasta poner en riesgo la vida. Para producir embriones sin las mutaciones en las mitocondrias, los investigadores hicieron una experimentación que consistió en tomar un cigoto, formado por un espermatozoide y un óvulo. Luego, colocaron los núcleos en óvulos a los cuales se les había removido el material genético pero conservaba la porción de la parte de las mitocondrias. Esto significa que la técnica podría servir para hacer que los embriones resultantes lleven el material genético del hombre y la mujer que desean tener un hijo, pero con el ADN mitocondrial de otra mujer que fue donante. Sólo los desarrollaron hasta el estadio de blastocisto, según reportaron en la revista británica Nature.
"Lo que hemos hecho es como cambiar la batería de una computadora", dijo el director del trabajo, Doug Turnbull. A partir de noticia, especialistas consultados ayer por Clarín opinaron: "Lo atractivo es que se demostró que esta técnica funciona en humanos", dijo Daniel Salamone, investigador en reproducción animal del Conicet y la Facultad de Agronomía de la UBA. En tanto, Laura Kopcow, especialista en medicina reproductiva del Centro Pregna, comentó que "es ético buscar nuevos modos de prevenir enfermedades. A través de esa técnica, muchos niños podrían nacer libres de enfermedades graves.
Es experimental, hay que ver si los embriones darán lugar a embarazos a término. En cambio, Teodora Zamudio, especialista en bioética y profesora de la UBA, opinó que "la ciencia se ocupa hoy de hacer un ser perfecto, y desatiende a los millones de chicos que nacen sin problemas de salud y enfrentan problemas de alimentación y pobreza".
clarin.com

domingo, 7 de febrero de 2010

Sin leyes ni reglas, avanza la adopción de embriones en el país

Les pasó lo que les pasa a muchas parejas que se ven obligadas a jugarse en un consultorio el sueño de un hijo: con el correr de los años, Ana y Ariel se fueron deshaciendo en un puñado de funciones, cálculos y valores de laboratorio. Ariel pasó a ser un "factor masculino severo" (un hombre sin espermatozoides en su semen); Ana, una mujer de treinta y largos, con el reloj biológico en contra; el vínculo, un desencuentro. "No había con qué -repasa ella-.
Tras años de tratamientos, la sentencia de muerte también alcanzó a mis ovarios y quedamos empatados: pareja estéril, sin otro horizonte que la adopción. Jamás imaginé que algún día estaría pujando en una sala de partos para conocer a mi hijo".
El "milagro" que describe esta pareja de Lanús se llama embriodonación y es una técnica de reproducción asistida poco promocionada pero cada vez más frecuente en el país. Una práctica que avanza regalando vida donde no la hubiera habido, pero en un marco de absoluta anarquía, sin ningún tipo de regulación del Estado.
"La donación de embriones es una excelente opción para parejas con varios fracasos en tratamientos de fertilidad, para mujeres de más de 40 sin pareja o para matrimonios que dependan de la donación de óvulos o espermatozoides y prefieran recibir un embrión para encarar el embarazo en igualdad de condiciones respecto a ese hijo", explica la doctora Stella Lancuba, del Centro de Investigaciones en Medicina Reproductiva.
A la vez, es más barato: el procedimiento puede costar entre 10 y 30 por ciento de lo que sale un tratamiento de fertilidad, que oscila entre 12.000 y 16.000 pesos, y que las obras sociales y prepagas no los cubren: en Argentina la esterilidad no se considera una enfermedad.
Existen dos tipos de embriodonación: la tradicional, que es la donación de embriones criopreservados de pacientes que resolvieron no usarlos y dejarlos a cargo de la clínica; y una modalidad nueva y creciente que es la recepción de un embrión, en general en fresco, fecundado con ovocitos y espermatozoides de donantes voluntarios y anónimos, pero chequeados: "Se les hacen estudios infectológicos, inmunológicos y genéticos para garantizar al receptor ciertos estándares de salud o la ausencia de enfermedades hereditarias, y se seleccionan los donantes en función de la apariencia física de la pareja que los demanda. La gente no tiene por qué adoptar a ciegas", explica el doctor Roberto Coco, al frente de Fecunditas. En algunas clínicas, hasta preguntan a los receptores si prefieren alguna religión.
Nada de eso les dijeron a Ana y Ariel, cuando se entregaron a la propuesta del doctor Fernando Neuspiller, del IVI Buenos Aires. Sólo les dieron dos certezas: "ni africano ni oriental". Un mes después, Ana le rogaba a la telefonista que se volviera a fijar: "¿Es positivo?". Sí, serían papás. Iván nació en octubre de 2008. Su mamá fue a la cesárea como a una fiesta.
Son muy pocos los centros que no congelan embriones. La mayoría lo considera una práctica imprescindible para "trabajar bien" en fertilidad asistida. "Tratamos de hacerlo cada vez menos para esquivar dilemas éticos y eventuales problemas legales, pero si no congelamos debemos hacer el tratamiento completo en cada intento, exponiendo a la pareja a un mayor dolor físico, más estrés y más costo", dice Claudio Chillik, presidente la Asociación Latinoamericana de Medicina Reproductiva y director del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción, donde custodian 2.500 embriones en recipientes con nitrógeno líquido a 196 grados bajo cero.
Aunque hace veinte años que los tratamientos de fertilidad implican el congelamiento de embriones, en Argentina ninguna ley regula esta práctica.
El Estado sólo intervino una vez, a partir de una medida cautelar presentada en 1993 por el abogado Ricardo Rabinovich para que se "protegiera" a los embriones congelados. El juez Miguel Güiraldes entendió que debían respetar los "derechos personalísimos de los embriones", y nombró a Rabinovich "tutor especial" de todos.
En 1999, la Cámara Civil confirmó el fallo y ordenó al Gobierno porteño que hiciera un censo semestral de los embiones congelados e identificara a sus padres. Los centros de fertilidad apelaron y la causa quedó parada hasta 2006, cuando Rabinovich fue reemplazado por una defensora de menores que aceptó mantener bajo reserva la identidad de los padres.
Según el primer fallo, antes de realizar cualquier donación habría que avisar al juzgado. Pero allí dicen que jamás recibieron ningún pedido.
Nadie sabe tampoco cuántos embriones congelados hay en el país. "Es un dato imposible de obtener. Todos los días se congelan y descongelan embriones", explica Marcos Horton, al frente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva.
En 2006, cuando la Justicia ordenó el primer censo, ocho clínicas enviaron sus datos: había 12.000, sólo en Capital. "Es un número probable, pero no lo sabemos. Sólo sabemos que cada año se hacen 7.500 fertilizaciones in vitro. Como en un tercio se congelan embriones, podemos hablar de unos 2.000 procedimientos de criopreservación por año", dice Horton, y aclara: "Eso no quiere decir que todos esos embriones sean viables ni que estén abandonados. No es tan común que haya embriones para donar", asegura. Los expertos coinciden en que cada vez se congela menos, porque las técnicas mejoraron.
"Antes, el 50% de las parejas que hacía una in vitro guardaba embriones. Hoy sólo los hace el 20%, y la tasa de embarazo es mucho mayor", precisa Lancuba. Congelar embriones cuesta unos mil pesos, a los que hay que sumar unos 300 dólares anuales de mantenimiento.Por supuesto, hay mucho para celebrar. La ciencia avanza sembrando vida donde mandaba la infertilidad. Pero cuando la naturaleza dice no, generar vida con el propio cuerpo depende, en muchos casos, del tamaño de la billetera.
"¿Qué es más importante para ustedes, un hijo o un auto?", cuentan Ana y Ariel que les dijeron tras el fracaso del tercer tratamiento. "Llegué a laburar de asistente en uno de los centros para obtener un descuento. Me sentí humillada. Tuve que llevar hasta el resumen anual de la tarjeta para demostrar que no podía pagar tanto. Los médicos están en un lugar de mucho poder. Te cobran 200 pesos la consulta, tienen arreglos con las farmacias que venden la medicación, que es carísima, y casi nadie te da factura por nada", revela Ana.
En la mayoría de los centros, las parejas que congelan embriones se ven obligadas a firmar un consentimiento informado en el cual aceptan su donación si deciden no usarlos o si dejan de pagar la cuota anual de mantenimiento.
"Antes de criopreservar embriones pedimos que dejen por escrito si los usarán más adelante o los donarán. El 80 por ciento acepta donar", cuenta Lancuba. En otros lugares, el consentimiento informado es cosa del pasado.
"Yo no estoy a favor de la donación de embriones excedentes, aun si la pareja lo dejara por escrito, porque esos documentos se firman en momentos de fuerte asimetría entre médico y paciente", dice Coco. Ningún centro brinda cifras respecto de cuántas parejas "abandonaron" a sus embriones.
"Nosotros no pensamos en el después. Queríamos tener un hijo y en 1999 encaramos los tratamientos con una mirada de corto plazo", cuenta Mariela, de Devoto. En el segundo intento lograron ocho embriones de excelente calidad. Tuvieron mellizos. "Con el tiempo resolvimos que la familia llegaba hasta ahí. No teníamos posibilidades económicas para tener otro hijo", repasa. La crisis de 2001, cuenta, los destruyó. "Pasamos varios años sin pagar el mantenimiento de los embriones, que de 300 pesos por año subió a mil", confiesa Mariela. En 2007, los llamaron de la clínica para avisarles que debían 1.500 dólares. "Si no los pagábamos, los embriones quedaban a cargo de ellos para donación y la deuda se condonaba. Fue duro, pero aceptamos."
"Todo es muy confuso", resume el doctor Coco. "A partir de lo resuelto en el caso Rabinovich, los embriones almacenados no pertenecerían siquiera a sus progenitores; mucho menos, entonces, a los centros que los tenemos almacenados. Es ridículo. Hace dos años, una familia dijo que quería donar y les pedimos que consultaran a la Justicia. Nunca respondieron", asegura. Por el vacío legal, algunos centros suspendieron la embriodonación.
"En Cegyr hace 3 años que no lo hacemos. Seguimos congelando y los padres firman el consentimiento autorizando una posible donación, pero no la concretaremos hasta que el tema legal esté claro", explica Chillik.
Mientras tanto, los embriones se congelan, se guardan, se donan, se investigan y se descartan bajo la más completa anarquía o al amparo de autorregulaciones éticas que se imponen la mayoría de los médicos y clínicas de fertilidad. Es tal el nivel de incertidumbre que ni siquiera hay palabras para nombrar tendencias y prácticas cotidianas. El abogado Roberto Arribere, especialista en bioética, explica que es incorrecto incluso hablar de donación.
"Cuando se trata de material biológico que es fruto de los procesos derivados de las nuevas técnicas de reproducción se habla de 'dación'. Es un acto unilateral, que no requiere aceptación previa por parte del receptor. Tampoco los embriones son 'adoptados', porque estaríamos hablando de una adopción prenatal y, según la Constitución, sólo se pueden adoptar nacidos vivos", explica. A su vez, en Argentina la madre es la que da a luz, la que pare. Entregar un embrión, por tanto, es ceder para siempre la maternidad.
En ese marco, la donación de embriones plantea nuevos desafíos al derecho a la identidad. En Argentina nadie sabe qué ocurrirá en el futuro, cuando una norma establezca derechos y obligaciones.
"Todos los sistemas de dación provenientes de bancos de donantes se basan en el anonimato recíproco entre dadores y receptores, para evitar futuros reclamos por desconocimiento de paternidad o posibles derechos alimentarios y sucesorios. Por eso el consentimiento informado es clave. El mayor problema se presenta en los casos en que la dación no proviene de donantes de bancos sino de familiares o personas conocidas, porque a la cuestión legal se suma el entrecruzamiento de roles familiares o sociales", dice Arribere.
Según el abogado, "la tendencia predominante reconoce que los receptores y los hijos nacidos a partir de la embriodonación tienen derecho a conocer una información general de los donantes que no incluya su identidad. Pero ante una situación de peligro para la vida o la salud del hijo, o cuando sea necesario para el esclarecimiento de un delito, la identidad de los donantes puede ser revelada, sin que eso cree una relación jurídica entre ellos", explica.
El tema de la identidad desvela a los padres receptores. "¿Cómo contarle a Iván la historia de su concepción?", se angustia Ana. "Le vamos a decir la verdad porque le pertenece, saber es su derecho. Pero todavía no acordamos qué vamos a decirle", confiesa Ariel. ¿Cómo explicarle que su cuerpo tiene los genes de otra pareja, pero que estuvo en la panza de Ana y tomó su teta durante un año? ¿Es adoptado? ¿Importa?
Las lagunas legales llenan de fantasmas a los padres receptores. Desde que nació Iván, por ejemplo, Ana nunca lo llevó a Capital. Teme, dice, encontrarse con algún chico muy parecido y que sus padres sospechen que Iván es fruto del embrión que alguna vez donaron. "Es una tontería, ya sé, pero ¿cómo combato ese miedo?"


"Eran células nuestras, pero serán hijos de quienes los amen"
Enterarte de que no podés cumplir el sueño natural de tener hijos hace que uno se enfrente a su historia de otra manera. Buscás ayuda a las puteadas, sintiéndote incapaz, imperfecto, mal hecho. Pero querés ser padre y te bancás los tratamientos y lo que venga.
Soñás con los embriones, necesitás los embriones, querés embriones. Lo que sigue después es para después", repasa Alejandro Rozitchner, filósofo, escritor, seis años y tres hijos después de haberse jugado con su mujer, Ximena Ianantuoni, las ganas de ser papá y mamá en el consultorio de la doctora Esther Polack.
"Cuando hicimos el primer tratamiento lo único que me importaba era tener un hijo. No pensé en los embriones que quedaban hasta después del segundo intento", cuenta Ximena.Las fotos que colorean sus blogs coronan un final feliz. Sonríen Andrés, de 6 años, y Bruno, de 3; muerde el chupete Félix, puro rulo, de apenas uno. Mucho antes, hubo dos tratamientos de fertilización, "dos camadas de seis y ocho embriones", cuatro transferencias, un par de intentos fallidos, dos hermosos bebés y hasta un embarazo natural -el del tercero-, que desafió el diagnóstico de espermatozoides perezosos y sorprendió a una pareja alejada de cualquier barrera anticonceptiva. Fue entonces, cuando la familia escaló a la categoría de numerosa y "suficiente", cuando los Rozitchner tuvieron que decidir respecto de los seis embriones que esperaban su destino congelados en la clínica.
"Ya no sólo teníamos tres hijos, que es un montón, sino también la posibilidad de engendrar naturalmente. Debíamos resolver qué hacer con esos embriones, que eran vida, y no era fácil: eran fruto de mis células y las de mi marido, eran parte de nuestros cuerpos. Pero, ¿eran nuestros?", se pregunta Ximena.
"Después de darle vueltas al asunto resolvimos donarlos. Si bien eran células nuestras, serán hijos de quienes estén dispuestos a amarlos y hacerlos hijos suyos.
"Los Rozitchner se "desprendieron" de los embriones hace apenas unos meses, cuando lograron digerir y duelar los distintos momentos que había transitado su vínculo con ellos. "Yo amé a mis embriones -confía Ximena-. Cada vez que pasábamos por la puerta de la clínica donde estaban guardados sentíamos algo muy especial, y hemos ido a comer a un restaurante cercano para saberlos más cerca. Hay un momento en que tus embriones son tus hijos, pero la perspectiva cambia cuando vivís un embarazo y tus hijos salen de vos, les das la teta, los criás y les hacés lugar en tu vida. Ahí te das cuenta de que un hijo es mucho más que un embrión que se hizo con tus células".
Alejandro confirma: "Cuando finalmente los hijos llegan no tenés espacio mental ni emocional para dedicarte a especular qué significan los embriones para vos, porque esos embriones ya tienen uno, dos, tres años y te rompen las pelotas las 24 horas, pero te vuelven loco de felicidad", se ríe este papá que es hijo único. "No es sencillo. Pero había que dejarlos ir", dice Alejandro.
No dudaron. "O descongelábamos y se morían -y no nos sentíamos tan dueños de la vida como para hacer eso- o los dábamos para que fueran usados para investigación, o los donábamos", enumera Alejandro. Los donaron. Y aunque varias preguntas siguen repicando, Ximena las disuelve con una sonrisa: "Muchas veces me preguntaron si me asustaba que algún día, por las vueltas de la vida, dos hermanos se casaran sin saberlo. Pero no, no me pasa.
Aunque sucediera algo así, no serían hermanos, porque ser hijo y ser hermano es muchísimo más que compartir una información genética".
Para la ciencia sólo se trata de "material biológico"
El debate en torno al estatus biológico de los embriones humanos tiene larga data y destino incierto. Los especialistas remarcan que se debe hablar de preembriones y no de embriones. "Es importante hacer esa distinción para evitar la fantasía popular de que se trata de bebés en miniatura. Recién hablamos de embrión cuando el preembrión es transferido al útero materno, se anida y comienza el proceso de gestación y diferenciación celular", dice la especialista en reproducción Esther Polack, del Centro Especializado en Reproducción (CER).
Esa demarcación, que otras miradas consideran un eufemismo que habilita la intervención (y la manipulación) del hombre en un supuesto orden natural –o religioso– de las cosas, es uno de los ejes de un debate bioético que, con el correr de los años, en lugar de encontrar cauce se complejiza.
"El abanico de posiciones es amplio incluso dentro de las propias parejas que deben decidir si congelar o no. Hay gente que considera que los embriones son sus hijos y guardan con ellos un vínculo afectivo, y otros que sólo ven en ellos un puñado de células. Si deciden no usarlos, a ellos les da lo mismo si la clínica los tira, se los da a otras pareja o los usa para investigación científica. Entre esos extremos hay muchos matices", dice Chillik. Para la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, la tesis de que un embrión es una persona es insostenible.
Roberto Coco coincide: "No todos los huevos fecundados tienen la posibilidad de terminar en un nacido. En los centros no tenemos superabundancia de embriones congelados sino superabundancia de embriones detenidos: menos del 20% de ese material biológico evolucionará bien. Hoy se seleccionan sólo los que tienen buenas posibilidades de implantar", explica. La palabra "selección" supone otra palabra por lo menos incómoda: "descarte".
En función de este avance de la criopreservación selectiva, actualmente en los grandes centros sólo se guardan los preembriones que llegan al estadío de blastocito (al quinto o sexto día de la fecundación), considerados con buenas chances de evolucionar. Pero a la hora de hablar sobre qué sucede con el resto de los embriones las respuestas se llenan de evasivas. Lo mismo ocurre cuando se pregunta por el destino de los embriones donados para investigación científica. ¿A qué lugar los derivan? No saben, no contestan.
El Congreso y la Justicia, ajenos al problema
Hace más de veinte años que el congelamiento de embriones se ha convertido en una pata fundamental en los tratamientos de fertilidad, generando fuertes debates en torno al estatus biológico y moral del embrión.
Sin embargo, Argentina sigue sin marco regulatorio y las prácticas avanzan en un escenario de absoluta incertidumbre. La única intervención que hubo por parte del Estado fue a partir de la acción de un particular, el abogado Ricardo Rabinovich, que en 1993 presentó una medida cautelar para que se "protegiera" a los embriones congelados.
El juez Miguel Güiraldes entendió que se debían respetar los "derechos personalísimos de los embriones" y nombró a Rabinovich "tutor especial" de los mismos.
En 1999, la Cámara Civil confirmó el fallo y ordenó a la Secretaría de Salud porteña que hiciera un censo de los embriones congelados e individualizara a los padres. Los institutos apelaron, argumentando que se violaba la intimidad de los pacientes, y la causa quedó parada hasta el 2006, cuando Rabinovich fue reemplazado por la defensora de menores Silvia Dascal, que destrabó el conflicto al aceptar que los institutos se reservaran la identidad de los padres.
Según ese fallo, cualquier donación debería ser posterior a una presentación ante ese Tribunal. Sin embargo, en el juzgado aseguran que allí no llegó ninguna solicitud. A su vez, por el Congreso de la Nación desfilaron unos veinte proyectos de ley para regular la embriodonación. Ninguno prosperó.
"No hay leyes que regulen las técnicas de reproducción asistida, ni sus implicaciones sociales, legales ni económicas", dice el abogado Roberto Arribere. Hasta ahora sólo avanza un proyecto muy cuestionado por los centros de fertilidad, porque prohíbe el congelamiento de embriones. Estela Chardón, de la asociación Concebir, que reúne a personas con trastornos de fertilidad, celebra que el proyecto "hable de donación de gametas y que permita conocer la identidad de los donantes en caso de necesidad médica, pero cuestiona otros aspectos: "nos parece muy mal que prohíba la criopreservación de embriones, y que no contemple los riesgos de los embarazos múltiples".
En el proyecto de ley impulsado por Concebir, proponen que "la criopreservación sólo se realice si la pareja acepta donar sus embriones en caso de no reclamarlos después de cinco años, que podrían prorrogarse por cinco más", explica Chardón.
clarin.com

sábado, 4 de abril de 2009

La culpa que conspira contra la fertilidad


Sebastián A. Ríos
LA NACION
"El pensar que tengo los bebitos congelados no me deja dormir." Así expresó María (éste no es su nombre real) el motivo de su insomnio. Y también, la causa de su indecisión. Ella y su marido habían optado por congelar embriones como parte de un tratamiento de fertilización asistida, pero luego de un año todavía no habían decidido su descongelamiento y posterior transferencia en busca de un embarazo.
"Muchas parejas que recurren a la criopreservación de embriones no se animan luego a realizar los tratamientos, no sólo por cuestiones religiosas, sino también emocionales", dijo a LA NACION la doctora Luisa Barón, psiquiatra especialista en fertilidad y presidenta de la Fundación para la Investigación Médico-Psicológica (Impsi).
"Fantasías como la de que el embrión criopreservado es un niño completo, frío y abandonado generan una sensación de culpa que hacen que los pacientes demoren el inicio del tratamiento", agregó Barón, que ha estudiado cómo influyen las fantasías y temores en torno a la criopreservación sobre las parejas que optan por este método para conservar embriones obtenidos por técnicas de fertilización asistida.
Uno de esos estudios, cuyos resultados fueron presentados recientemente en el XIII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, halló que, a casi cuatro años de haber congelado embriones, tres de cada cuatro parejas (el 74%) todavía no habían decidido si finalmente los descongelarían. Motivos de indecisión
"Una pareja que desea dar vida y que tiene tristeza por no poder hacerlo, cuando tiene embriones criopreservados se transforma de un minuto a otro en una pareja que tiene una sobredosis de hijos virtuales -señaló Barón-. Siente culpa por no poder tener hijos, por tener embriones criopreservados y por no querer transferirlos."
Esa culpa, según observó la especialista, se nutre de prejuicios y conceptos erróneos sobre la criopreservación. "El temor de que congelar los embriones cause malformaciones es uno de ellos, cuando en realidad no existen evidencias de que la criopreservación tenga ese efecto", citó Barón. Otra fantasía es que los embriones que no se seleccionan para un primer tratamiento de fertilización y se congelan son de menor calidad, lo que tampoco es cierto.
Existe, además, una dificultad para representarse qué es un embrión criopreservado, dificultad que no sólo alcanza a las parejas con problemas de fertilidad, sino que trasciende a toda la sociedad, como demostró un estudio de la Impsi realizado en personas sin trastornos de fertilidad.
"Es común la fantasía de que el embrión congelado es un niño completo, enfrascado y frío -dijo Barón-. Uno les dice que el embrión es un potencial de vida, pero para las parejas que tienen embriones criopreservados por momentos el embrión no tiene vida y, por momentos, sí."
"Y cuando a eso se le suma la polémica en torno a la criopreservación de embriones, a las parejas se les genera una sensación aún mayor de culpa por no transferirlos. Además, se suman otros factores, como la edad de la mujer, que a medida que pasa el tiempo reduce las chances de éxito, o el aspecto económico: la pareja puede estar en una situación económica peor que cuando criopreservó los embriones, lo que dificulte acceder al costo que implica su transferencia." Terapias efectivas
Disipar esas fantasías, e incluso prevenir su aparición, es posible mediante un correcto acompañamiento psicoterapéutico de la pareja. Un seguimiento de parejas que habían criopreservado embriones mostró que, al año, el 94% no se había comunicado con el centro de fertilidad para planificar su utilización. "Pero cuando a estos mismos pacientes les realizamos una entrevista [psicológica], el 82% decidió la transferencia de los embriones", dijo Barón.
"La verbalización, discusión y análisis de los sentimientos y fantasías que puede despertar la criopreservación de embriones cooperan con la decisión de iniciar un tratamiento y previene que en un futuro impacten negativamente en los pacientes, de modo que dificulten la decisión de transferencia cuando ya están criopreservados."
Preguntas y respuestas
¿En qué consiste la criopreservación de embriones?
Es la preservación en frío (en tubos de nitrógeno líquido a -198°) de embriones obtenidos mediante procedimientos de fecundación in vitro.
¿Cuál es el destino de los embriones?
Se los descongela para transferirlos al útero materno, en busca de un embarazo.
¿Cuáles son las ventajas que aporta esta técnica?
Permite realizar varios procedimientos de fertilización asistida sin tener que empezar de cero cada vez. De esta forma, reduce el costo de los procedimientos así como también la medicación (y sus efectos secundarios) a la que se somete a la mujer.
Cuál es el status legal del embrión
Los embriones que se encuentran congelados en las clínicas de fertilización asistida tienen para la Justicia el status jurídico de personas, con todos sus garantías y derechos.
Así lo resolvió la Cámara de Apelaciones en lo Civil y la Corte Suprema de Justicia, al sostener que el Código Civil reconoce la existencia de la vida desde la concepción, cuestión que también está protegida por los pactos de protección de los derechos humanos, que fueron incorporados a la Constitución Nacional con la reforma de 1994.
Actualmente, la Justicia entiende que es responsabilidad del Defensor Oficial de menores velar por la seguridad de los miles de embriones que están depositados en las clínicas de fecundación. Sin experimentación
De este modo, los embriones congelados deben ser mantenidos a resguardo, no pueden ser destruidos, no pueden ser utilizados en la investigación científica y, en caso de que las parejas decidan no utilizarlos, pueden ser donados, o en términos de la concepción legal vigente, adoptados.
Pero se dan frecuentes problemas cuando los padres "abandonan" esos embriones en las clínicas y no se hacen cargo de abonar lo necesario para asegurarse su conservación. Fue necesario que la Justicia decidiera sobre el estatus jurídico de los embriones, pues en la Argentina no hay ninguna ley que regule la actividad de las clínicas y el destino de los embriones congelados.
Se presentaron en el Congreso más de una veintena de iniciativas, pero nunca se llegó a dar el debate pues involucra un tema sensibles como discutir el comienzo de la vida, lo que abre las puertas para discutir sobre la procedencia del aborto.
Hernán Cappiello
lanacion.com