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domingo, 2 de octubre de 2011

Récord: seis astronautas llevan 488 días aislados del mundo

LOS FABULOSOS SEIS. LUCHAN A DIARIO CONTRA LA MONOTONIA.
Cuando todavía restan 32 días para que concluya el viaje simulado a Marte, los 6 tripulantes de la misión Mars 500 que comparten una cápsula artificial, ya batieron todos los récords de aislamiento. Llevan 488 noches de reclusión voluntaria, una cifra que ningún humano había conseguido alcanzar.
La marca anterior la ostentaba el cosmonauta soviético Valeri Polyakov, quien se mantuvo durante 14 meses en un único viaje a bordo de la estación espacial Mir.
En junio de 2010 los seis ocupantes ingresaron a un módulo de simulación sellado de 550 m3, que reproduce en tamaño y forma una nave espacial, un laboratorio y una unidad de aterrizaje.
Esta etapa final es la más ardua. Los participantes de esta prueba organizada por el Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú (IMBP) y la Agencia Espacial Europea (ESA), se enfrentan a la monotonía cotidiana, que se agrava con el confinamiento, la falta de estímulos y el agotamiento que implica toda convivencia.
La incógnita a despejar en este experimento que será recordado como el precursor de los vuelos interplanetarios es ¿cuánto tiempo una persona es capaz de resistir en soledad dentro de una nave? Se sabe, durante los largos meses de encierro, el estrés psicológico es enorme. La idea es anticipar lo que ocurre a la mente humana en tales condiciones.
Como si se tratara de un reality show, tras los vidrios espejados de la cabina hay un equipo de profesionales que se ocupa de monitorear los signos vitales de la tripulación y la ayuda a resolver conflictos técnicos. Claro que nada de esto sucede en un vuelo programado.
Durante un viaje más allá de la órbita terrestre, los ocupantes de la nave deben resolver los problemas sin ayuda externa.
En cuanto a las comunicaciones personales, la gente del IMBP es bastante estricta. A diferencia de los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS), que pueden llamar a sus familiares hasta dos veces por día, en Mars 500 los mensajes son acumulados en un servidor y en algún intervalo de la actividad, tienen doce minutos diarios para consultarlos.

La clave es estar ocupado

Las jornadas de encierro son tediosas. La clave para calmar a los navegantes es tener su mente ocupada, ya sea desarrollando experimentos o con labores de mantenimiento o de ocio. Ahora también se suman las charlar por teléfono. Hasta unos días atrás, estas comunicaciones estaban prohibidas. Olga Shevchenko, psicoanalista del IMBP, explicó: “Nos interesa que los tripulantes no estén intentando resolver problemas de su casa”.
clarin.com

martes, 12 de abril de 2011

La conquista espacial cumple medio siglo


Yuri Gagarin, como E.T., quería un teléfono. A las 10.50 horas del 12 de abril de 1961, el primer cosmonauta de la historia, un piloto soviético de 27 años hijo de campesinos, aterrizó cerca del Volga tras sobrevivir al primer vuelo espacial de la historia, y lo hizo con una sola idea orbitándole la cabeza: llamar a Moscú para informar de su reentrada, 108 minutos después de que su cohete Vostok despegara desde el cosmódromo ultrasecreto de Baikonur (entonces Tiura-Tam), en las estepas peladas de Kazajistán.
Su grito espontáneo de "¡payéjali!" (¡vamos allá!) quedó para siempre vinculado en la cultura popular rusa como expresión de autoconfianza y arrojo ante retos imposibles
El grito espontáneo de "¡payéjali!" (¡vamos allá!) que profirió Gagarin acurrucado en la cápsula Vostok durante la ignición del cohete, a las 9.07 (hora de Moscú, 7.07 en España), quedó para siempre vinculado en la cultura popular rusa como expresión de autoconfianza y arrojo ante retos imposibles.
Tras sobrevolar el Estrecho de Magallanes, África y Turquía a 28.000 kilómetros por hora en régimen automático, la caída de la nave esférica Vostok sobre un sembrado en la región meridional de Saratov, plantó la primera semilla de la cosmonáutica en nuestro planeta. La noticia de aquella órbita pionera no tardó en dar la vuelta al mundo. "La Tierra tiene una aureola muy característica, de un hermosísimo color azul", dejó escrito Gagarin en su informe de vuelo. La dimensión de aquel hito trascendía fronteras, razas, culturas e ideologías, pero en ese momento Gagarin sólo quería un teléfono para llamar a Moscú.

Llegada a Engels tras el aterrizaje

El aterrizaje del ruso fue poco ortodoxo. Creyendo que se quemaba vivo durante la reentrada (las llamaradas penetraban como dagas en el revestimiento de la cápsula Vostok), Gagarin activó su asiento eyectable a 7 kilómetros de tocar tierra. Al parecer, nadie le advirtió que tendría que aguantar en la estratosfera aquel 'descenso a los infiernos' durante varios minutos.
La dimensión de aquel hito trascendía fronteras, razas, culturas e ideologías, pero en ese momento Gagarin sólo quería un teléfono para llamar a Moscú
"En aquel momento se cortó la comunicación. Gagarin se asustó porque creía que se quemaba y se arrancó sus microfonos de comunicación [langirófonos]", asegura a ELMUNDO.es Guenadi Turkin, que en 1961 era el meteorólogo del aeródromo de militar Engels, la localidad a la que fue traslado Gagarin tras su aterrizaje, donde mantuvo contacto directo con el primer cosmonauta y le sirvió de guía en medio de la gente.
Cuando aquella mañana le pidieron que controlara la velocidad del viento, Guenadi pensó que los científicos de Moscú iban a lanzar algún otro perro, como Laika (el primer ser vivo lanzado al espacio en 1957) o como Belka y Strelka, la pareja de canes que en 1960 sobrevivió al primer vuelo cósmico de ida y vuelta con seres vivos.
Gagarin aterrizó en paracaídas en campo abierto, en un punto que Moscú no había previsto, razón por la que no había nadie para recibirlo. El aterrizaje se desvió sensiblemente debido a que la cápsula Vostok y el módulo de instrumental no se separaron a tiempo, enredados como estaban por unos cables (que afortunadamente se fundieron durante la reentrada).

El susto de dos campesinas

Mientras descendía en paracaídas, Gagarin reconoció la mítica anchura del río Volga y supo que estaba en casa. Las primeras personas a las que vio fue a una campesina y su nieta que plantaban patatas. "Soy uno de los vuestros, Un soviético. No teman", les dijo al ver que reaccionaban con miedo.
Medía 1,57, pese a lo cual "jugaba al baloncesto y al voleibol como delantero porque tenía un resorte interno que le hacía saltar muy alto"
Las koljozianas le ofrecieron leche y pan, pero Gagarin declinó la oferta y, en medio de aquel sembrado, fue al grano: "necesito llamar por teléfono". Gagarin ansiaba comunicarle a las altas esferas que su esfera estaba en tierra. Hoy probablemente las lugareñas se habrían sacado un móvil del bolsillo de la falda y le habrían hecho fotos a Gagarin, pero entonces el teléfono era un bien escaso en la URSS profunda. La aldea más cercana era Smelovka, a unos seis kilómetros, mientras que la ciudad más próxima, Engels, distaba 20 kilómetros.
Cuando los trabajadores del cercano koljoz Shevchenko cercaban a Gagarin y lo jaleaban sabedores de su gesta (la agencia TASS había dejado caer la noticia poco antes de su aterrizaje), irrumpió un grupo de militares del Ejército Rojo para llevarse al cosmonauta recién nacido a la guarnición de Engels en un helicóptero Mi-4.

Un lugar de peregrinaje

El lugar donde Gagarin aterrizó, a unos 20 kilómetros de Engels, es hoy un lugar de peregrinaje obligado para los entusiastas de la cosmonáutica. El punto donde cayó la nave Vostok queda demarcado por una colosal estela metálica de un cohete, cuyo pedestal marrón repintan varios obreros en vísperas del 50 aniversario del vuelo pionero de Gagarin, que Rusia celebra hoy por todo lo alto.
"Cuando salió el helicóptero, la gorra inmediatamente se la llevó el viento. Su cabeza era pequeña y el jefe de departamento político le había dado una gorra grande", recuerda Turkin, que en 1961 tenía 30 años y contempló aquel segundo aterrizaje de Gagarin con sus prismáticos.
En Engels todos querían ver y tocar a Gagarin, que del helicóptero fue trasladado en un coche verde 'Volga' hasta las instalaciones de control de vuelos para que pudiera llamar por teléfono al Dios comunista, el secretario general del Partido Comunidta de la URSS y padrino de su ascensión espacial, Nikita Jrushchov.
"No ha cambiado nada, sólo la valla, que rodea el edificio, que entonces era de madera", explica a ELMUNDO.es Fanil Gareev, un ex oficial de 65 años que aquel día hacía ejercicio de tiro cuando Gagarin entró en Engels y se le puso a tiro. "Ese fue el momento más impresionante en mi vida", confiesa emocionado, enfundado en una parca verde lagarto y con una bolsa de plástico negro de la que saca una foto de Gagarin hablando por teléfono dentro del instituto científico. "Jrushchov estaba ese día en Sochi", aclara.

Koroliov, el 'cerebro' a la sombra

Gagarin, ya convertido en héroe nacional, y su hija durante un acto de homenaje. | ITAR TASS. Gagarin, ya convertido en héroe nacional, y su hija durante un acto de homenaje. | ITAR TASS.
En realidad la entrada de Gagarin a Engels fue una 'reentrada', ya que el cosmonauta había estado en aquellas instalaciones militares durante el entrenamiento en 1960 del primer grupo de veinte pilotos seleccionados para volar al espacio por obra y gracia de Serguei Koroliov, el padre de la cosmonáutica sovietica y del Sputnik (el primer satélite artificial lanzado por Moscú en 1957).
No había sido entrenado para soportar las presiones de la masa. Cuando se sintió oprimido por el gentío exclamó: "El vuelo cósmico no me ha matado, pero ahota temo morir aplastado por vosotros"
Koroliov, cuya identidad sólo fue revelada tras su muerte en 1966, llamaba "aguiluchos" a los futuros cosmonautas. "En los ensayos con maniquíes habían visto que muchos se dañaban la cabeza en el aterrizaje, así que el cosmonauta tenía que ser bajito", explica Turkin. Gagarin medía 1,57, pese a lo cual "jugaba al baloncesto y al voleibol como delantero porque tenía un resorte interno que le hacía saltar muy alto", explica a ELMUNDO.es Alexei Leonov, compañero de Gagarin en aquellos entrenamientos y protagonista en 1965 de la primera paseata espacial de la historia.
"En 1960 la palabra cosmonauta aún no existía, y nosotros hemos pensado que se preparaban para competición de paracaidistas", explica Gareev, que llora de emoción ante una enorme torre oxidada desde donde los potenciales cosmonautas se catapultaban con paracaídas imitando la eyección.
En Engels el calor de la Vostok fue sustituido por el calor humano (tan abrasivo como el del rozamiento estratosférico): Gagarin no había sido entrenado para soportar las presiones de la masa, y cuando se sintió oprimido por el gentío ante el edificio de investigaciones científicas de la guarnición exclamó: "El vuelo cósmico no me ha matado, pero ahora temo morir aplastado por vosotros". Así lo recuerda Piotr Kvashniuk, un oficial-ingeniero de 25 años que aquel día tomó las primeras fotos de Gagarin descendido cuando era jaleado por la multitud. Aunque el KGB le arrebató por las malas los negativos (hizo unas 70 fotos), Kvashniuk conservó unas cuantas imágenes que ha compartido en exclusiva con este diario (léase suplemento Eureka del 10 de abril).
Después de telefonear por segunda vez a Jrushchov aquel día desde el edificio de investigaciones científicas de la guarnición militar de Engels, Gagarin fue trasladado en helicóptero a Kuibishev (actual Samara), desde donde voló en avión a Moscú, donde lo esperaba Jrushchov con los brazos abiertos.

Una misión incierta

Aunque Gagarin le dijo al líder soviético que todo había ido como la seda, aquello no fue del todo cierto. Una concatenación de imprevistos, como el fallo de hermetización en la escotilla de la nave (que hubo que desatornillar y cambiar con la ignición a punto de caramelo), la problemática separación final de los módulos (que provocó que la nave girara sobre su eje como una peonza durante diez minutos) o el desprendimiento inesperado del petate con el paracaidas de emergencia, dejaron el éxito de la misión en el aire.
El Kremlin preparó tres declaraciones distintas: una para celebrar el éxito de la misión, otra lamentando su muerte y una tercera con un llamamiento a terceros países por si Gagarin caía en el extranjero
Según recoge el escritor Yves Gauthier en su libro 'Gagarin o el sueño ruso del espacio' (1998) Oleg Ivanovski, uno de los ingenieros encargados del diseño de la Vostok (el que cambió in extremis la escotilla de la cápsula), calculó a posteriori el porcentaje de éxito de la misión, situándola en no más de un 46%.
De hecho, el Kremlin tenía preparado tres sobres con tres declaraciones distintas: una para celebrar el éxito de la misión, otra lamentando la muerte del cosmonauta y una tercera que contenía un llamamiento a terceros países por si Gagarin caía en territorio extranjero. Anatoli Davidov, vicejefe de Roskosmos, la Agencia Espacial Rusa reconoció hace unos días que el éxito de la misión "fue en gran medida una cuestión de suerte".

Homenaje en Moscú

Pese al estrellato que le valió su única órbita espacial, Gagarin nunca dejó de tener los pies en la tierra
Quizá también fue una cuestión de suerte que Gagarin no se tropezara cuando caminó por la alfombra roja que habían dispuesto para él en el aeropuerto Vnukovo de Moscú: como se aprecia en las imágenes grabadas por la televisión soviética, el cordón de uno de sus zapatos se agita desatado como rubricando en el aire la terrenalidad del nuevo héroe volador. "Él fue una persona lúcida, lista, que sabía cantar, descansar...", explica a ELMUNDO.es Valentina Tereshkova, la primera mujer que voló al espacio en 1963 a bordo de la nave Vostok-6. "Sabía ser amigo de sus amigos", concluye Tereshkova, que el lunes participó junto con decenas de cosmonautas y astronautas de todo el mundo, retirados y en activo, en un homenaje a Gagarin que tuvo lugar en el museo de la cosmonáutica de Moscú.
"Durante una cena con la Reina de Inglaterra, Gagarin le confesó que no sabía con cual de todos los cubiertos tenía que servirse", recordaba el ex cosmonauta Pavel Popovich en conversación con este diario uno años antes de su muerte, acaecida en 2009.
Pese al estrellato que le valió su única órbita espacial (su ascensión le llevó a ser ascendido de teniente a mayor), Gagarin nunca dejó de tener los pies en la tierra.
Funeral de Gagarin en Moscú. | ITAR TASS. Funeral de Gagarin 
elmundo.es

lunes, 17 de mayo de 2010

La silla que ‘entrena’ astronautas

Una exposición prolongada del cuerpo humano a entornos sin gravedad provoca atrofia en la masa muscular porque las extremidades corporales pierden movilidad ante la falta de esfuerzo a realizar por el sujeto. Un problema que acusan, especialmente, los astronautas que deben pasar largas temporadas en el espacio y deben practicar exigentes ejercicios para recuperar su forma física. La empresa vasca NTE-Sener ha ideado una silla, diseñada con tecnología de última generación aeronáutica, que permiten mejorar los ejercicios que contrarrestan la enfermedad muscular, aplicando estímulos en las articulaciones del cuerpo.
La máquina permite ejercitar hasta once articulaciones aisladas entre el tronco y extremidades corporales del astronauta. Para ello, aplica estímulos programables con variables relacionadas con la velocidad y la fuerza que miden la respuesta muscular del astronauta en la órbita. La información obtenida se destina al protocolo efectivo de ejercicios que ayudarán al aeronauta a medir su fuerza y a contrarrestar los efectos perjudiciales que le causa la atrofia en su masa muscular tras una prolongada estancia en el espacio.
El proyecto nació bautizado como ‘Mares’ hace trece años cuando la firma vasca NTE–Sener, con sede en Barcelona, recibió un encargó de las Agencias Espaciales Europeas y norteamericanas –ESA y NASA–, para diseñar un prototipo de silla que sirviera para paliar los efectos nocivos de la atrofia muscular en el estado de forma de los astronautas que pasan largas temporadas, en ausencia de la gravedad. "La falta de este componente atmosférico provoca que el músculo no trabaje como lo hace en la tierra. Mientras aquí, la persona debe hacer un esfuerzo para coger un bolígrafo o un libro, esto desaparece en el espacio haciendo que el músculos se atrofie al no trabajar", explica Albert Tomás, ingeniero de la firma y responsable del proyecto.
Una enfermedad que, según los expertos, genera el 50% del deterioro del tono muscular de los astronautas durante las dos primeras semanas en la órbita. Un proceso degenerativo que se incrementa cuando deben pasar largas estancias en el espacio y sin la presencia de la gravedad en la atmósfera.
Para combatir este problema de salud hasta la fecha los aeronautas deben realizar complejos ejercicios físicos corriendo en cinta continua, empleando ergómetros – simuladores de remos – o bandas elásticas, a través de las cuales trataban de combatir los efectos que la atrofia ocasiona en su tono muscular. "Son contramedidas que simulan situaciones como, por ejemplo, un levantamiento de pesas, pero que no logran dar una explicación concreta a porqué se da esta enfermedad".
Bajo el propósito de lograr una explicación científica del origen de la atrofia la firma, Sener, ha diseñado este aparato que ha contado con tres fases diferenciadas de fabricación.
La primera consistió en la identificación de los puntos críticos presentes en el contacto entre la silla y el astronauta, evaluando parámetros como la comodidad y facilidad de uso para el profesional del espacio.
Una vez se validó esta primigenia fase, se procedió al diseño global del prototipo atendiendo a los criterios de seguridad de las agencias espaciales.
El último tramo del proyecto con una duración de cinco años, se dedicó a la compleja elaboración personalizada de cada una de las 2.000 piezas de aluminio y acero, de las que consta el artilugio.
Con un peso de 400 kilos, la silla desarrollada por la empresa vasca es capaz de ejercitar hasta once articulaciones diseminadas por el tronco y extremidades corporales del sujeto. Así, brazos, muñecas, tobillos o pies son algunas de las articulaciones objeto de estudio de la máquina.
El sistema aplicado en el prototipo orienta los estímulos a varias variables de velocidad y fuerza programadas por los científicos que sirven para comprobar in situ la reacción de los músculos ante los estímulos y "medir cuanta fuerza es capaz de producir con varios movimientos repetidos".
Para ello, la máquina facilita la emisión de dos tipos de estímulos. El primero de ellos, vinculado a la acción de una fuerza orientada contra el sujeto, que permite observar una respuesta automática del individuo que le obliga a reaccionar instintivamente, mientras que el segundo estriba en la ejecución de pequeñas descargas eléctricas controladas, cuya finalidad es la de provocar que el músculo actúe de manera independiente a la voluntad del sujeto.
Una operación que hace posible medir de manera aislada la respuesta consciente del aeronauta del comportamiento reflejo ante los estímulos emitidos por la máquina.
"El aparato funciona como una máquina de echar pulsos en la que esta se deja ganar por el astronauta y está programada para repetir movimientos hasta 20 veces, con la idea de probar la resistencia del individuo a los estímulos que recibe", indica Tomás.
Los datos procesados en el sistema son enviados a los científicos que trabajan en Tierra para que estos puedan dibujar en una pantalla de ordenador gráfico de ‘Gil’- un curva estadística que refleja la relación entre la fuerza y la velocidad imprimida–, que servirá para comprobar la "degradación" muscular experimentada por la masa muscular y el efecto de la carencia de gravedad.
Los astronautas pueden también comprobar con este pionero aparato la eficacia de la gimnasia realizada para contrarrestar la atrofia, a través de un potente software que monitoriza en pantalla la tabla de ejercicios llevada a cabo para evaluar la eficacia de las medidas acometidas por el aeronauta para contrarrestar la atrofia en sus articulaciones. "El aparato permite aconsejarle si los ejercicios que realiza son los adecuados y si tiene que incrementar o reducir su frecuencia para poder mejorar la forma física".
La lejana imagen de astronautas soviéticos y norteamericanos llegando a la estación espacial de Mierkel exhaustos y sin poder sostenerse de pie, es una de las instantáneas que han quedado inmutables en la retina de los espectadores. Con la vista puesta en la futura llegada del ser humano a Marte los coordinadores del proyecto ‘Mares’ opinan que la fatiga acusada por los astronautas, es una de la imágenes que se podrían eliminar con la puesta en funcionamiento de la silla en las estaciones espaciales.
No en vano, el prototipo ofrece la ventaja a los astronautas de poder mantener su estado físico ante la posibilidad de tener que padecer los efectos de la atrofia durante los dos o tres años de estancia previstos en este planeta. "Hemos logrado una importante innovación al aportar un motor con las prestaciones en fuerza y velocidad en extremidades más sensibles como la muñeca o más duras, como es el caso, de la cadera para que el astronauta no pierda su forma física", remata.
Junto a este beneficio, la aplicación permite a los hombres del espacio disponer de un caudal mayor de información para poder optimizar sus cadena de ejercicios y plantarle cara a los efectos de la atrofia en su masa muscular. "La ventaja de trabajar con la microgravedad en el espacio, es que se puede avanzar más en la investigación de la causas fisiológicas de la enfermedad porque el proceso de atrofia es más rápido que en Tierra".
Una de las instalaciones diseñadas por la empresa vasca ha sido enviada en módulos desmontados a la Estación Espacial Internacional (ISS) con el fin de ser ubicada, definitivamente, en el módulo Columbus de la estación espacial. Otros dos prototipos permanecerán en tierra para servir de base de entrenamiento de los astronautas antes de que partan a su destino en el espacio, mientras que una unidad quedará en reserva para su empleo en el futuro.
La actividad de Sener destinada a la investigación espacial no se relega a esta pionera silla, destinada a mejorar los ejercicios que los astronautas realizan para hacer frente a la enfermedades degenerativas, como la atrofia o la osteoporosis.
No en vano, desde el equipo responsable, apuntan que hay dos proyectos innovadores sobre mesa. Uno de ellos, estará vinculado al desarrollo de sistemas de medición de la calidad del aire en las estaciones espaciales. Un proyecto ambiciosos con el que la firma pretende identificar los elementos patógenos presentes en estos entornos carentes de gravedad. Otro de los planes que desean abordar próximamente, es el envió de unidades de ratones ‘cobaya’ al espacio y cuya misión será la de adaptarse a las duras condiciones de microgravedad del espacio. "El proyecto pretende comprobar su supervivencia en sistemas ecológicos cerrados de este tipos de animales" explica Tomás.
Por el momento, los rectores de la empresa han centrado sus energías este año en el desarrollo e implantación de la silla de ejercicios en las estaciones espaciales. No en vano, desde la presentación de la silla, el prototipo ha recibido la visita de una decena de astronautas para conocer el funcionamiento de la máquina que cuenta ya con tres réplicas en Toulose, Colonia y Houston.
elmundo.es

lunes, 25 de enero de 2010

Ya hay internet en el espacio

Este viernes se envió el primer mensaje personal -en vivo y tiempo real- en la red social Twitter desde el Espacio.
De esta manera, el astronauta T.J. Creamer inauguró el primer sistema de conexión personal a internet y acceso a la red desde fuera de la Tierra (conocido en inglés como Crew Support Lan).
"Hello Twitterverse" (Hola twitterespacio) fueron las primeras palabras de Creamer, quien prometió que seguirá "twitteando" .
Mejor calidad de vida
El sistema, desarrollado por la Agencia Espacial Estadounidense, NASA, está basado en redes inalámbricas y permitió a los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI) entrar a la web sin necesidad de utilizar más sistemas.
Hasta ahora, los mensajes que provenían del espacio eran enviados previamente a través de correo electrónico a la Tierra y aquí, otros se encargaban de transcribirlos a la cuenta personal de los astronautas.
Según la NASA, con el nuevo sistema pretenden mejorar la calidad de vida de los astronautas y evitar el aislamiento durante sus largas misiones en el espacio.

bbc.co.uk

Un "buzo espacial" realizará una caída libre supersónica

Charles Q. Choi
New Scientist
LONDRES.- Un "buzo espacial" intentará superar el récord mundial de salto, que se alcanzó hace 50 años. Si lo logra, será la primera persona en alcanzar una velocidad supersónica en caída libre. La experiencia serviría para diseñar sistemas de escape para vuelos espaciales.
En 1960, un capitán de la fuerza aérea de los Estados Unidos, Joe Kittinger, hizo historia al saltar de un globo a 31.333 metros de altitud. Desde entonces, muchos trataron de romper ese récord sin éxito. Ahora, el piloto austríaco Felix Baumgartner anunció que saltará con ayuda de Kittinger.
Baumgartner, que fue el primero en cruzar el canal de la Mancha en caída libre en 2003, ascenderá en un globo con helio hasta por lo menos los 36.567 metros. Luego abrirá la puerta de una cápsula presurizada y saltará para superar por lo menos cuatro rércords mundiales, como el de salto en paracaídas y el de salto en caída libre más rápido y prolongado.
En el camino, enfrentará riesgos extremos. Alcanzará una velocidad supersónica a los 35 segundos de haber saltado y la onda de choque "es preocupante -dijo el director técnico del proyecto, Art Thompson-. Estará expuesto a fuerzas violentísimas".
Luego de caer durante casi 6 minutos, Baumgartner deberá abrir el paracaídas a 1520 metros del suelo. La altura del salto está por encima del umbral de los 19.000 metros, una altura llamada la línea Armstrong. "Si ahí llegara a abrir la máscara o el traje, todos los gases del organismo perderían suspensión y, literalmente, él se convertiría en una gaseosa gigante, con líquido saliéndole por los ojos y la boca, como en una película de terror. La muerte sería cuestión de segundos", explicó Thompson.
Para protegerse, Baumgartner usará una versión más flexible del traje espacial presurizado que se usa a bordo del transbordador y que le permitirá inclinarse hasta alcanzar la posición panza abajo necesaria para desacelerar. Otro peligro es comenzara a rotar descontroladamente, lo que le podría provocar un desmayo. Para evitarlo, el traje posee sensores que controlan la aceleración, el ritmo cardíaco y la posición; el equipo en tierra recibirá esos datos en tiempo real y un paracaídas de emergencia estabilizaría el descenso.
Antes, habrá dos vuelos de práctica, a 20.000 y 27.000 metros. Luego, llegará el momento del desafío, que se realizará este año, sin fecha definida aún, en los Estados Unidos. Al probar que una persona puede volver a la Tierra desde esa altitud, la misión Stratos demostrará que los astronautas podrían sobrevivir si necesitan abandonar una nave. "Está en la naturaleza humana viajar más rápido y cada vez más lejos -dijo Kittinger-. Estamos probando trajes de nueva generación completamente presurizados."

lanacion.com

viernes, 28 de agosto de 2009

Los astronautas de la ISS se cambian de camisa sólo una vez al mes


Los astronautas no lavan la ropa en la Estación Espacial Internacional (ISS) y la cambian "de tiempo en tiempo" porque el agua escasea, según ha explicado hoy el primer comandante europeo de la plataforma orbital y miembro de la agencia espacial europea (ESA), el belga Franck de Winne.

"Actualmente no tenemos lavadora y la poca agua de la que disponemos, porque escasea en el espacio, la reciclamos, y sólo la empleamos para beber y para limpiarnos", ha indicado De Winne en videoconferencia desde una sala de la ISS, tras responder a una de las preguntas que le formularon los internautas.

Así, los cosmonautas utilizan la ropa al "máximo" ya que gracias a su composición de materiales especiales no es necesario que se cambien de ropa todos los días. "No tenemos mucha ropa porque si nos la cambiáramos todos los días sería mucho peso a transportar. Por ejemplo con los calcetines de deporte, como hacemos deporte y sudamos nos los cambiamos una vez por semana. En cambio, las camisas tan sólo una vez al mes", ha añadido el primer comandante europeo de la ISS.

En este sentido, De Winne seguirá respondiendo a las preguntas de los internautas, una actividad que pertenece a la misión 'OasISS', de seis meses de duración. Esta misión realizará experimentos científicos de diversos países europeos e internacionales; desarrollará demostraciones tecnológicas; un programa educativo; y operará con el brazo robótico de la plataforma orbital para ayudar en la instalación de cargas explosivas para el laboratorio japonés 'Kibo'.

'OasISS', la segunda misión a largo plazo a la ISS de la historia, es importante ya que, además, por primera vez ha aumentado a seis la tripulación de la estación espacial, lo que según los expertos proporcionará un mayor tiempo para el desarrollo de experimentos.

El nombre fue elegido por la ESA entre 520 iniciativas tras la convocatoria hecha pública por la agencia en el pasado mes de septiembre. "Estoy muy agradecido a todos los participantes por la expectación que ha proporcionado esta convocatoria. Esto demuestra que los vuelos al espacio son atractivos e importantes para los europeos", ha afirmado De Winne.

Además, la propuesta escogida representa el espíritu de la exploración humana y reúne todos los aspectos necesarios, incluida la importancia el agua para la vida humana, indica la ESA. Asimismo, hace referencia a numerosos aspectos de la ISS y de la exploración humana, ya que la ISS puede considerarse por sí misma como un oasis en el espacio por sus astronautas, teniendo en cuenta que la Tierra es generalmente considerada como un 'Planeta Azul'.

elmundo.es

miércoles, 1 de abril de 2009

La 'guerra de los váteres' (inodoro) estalla en la Estación Espacial

Se supone que la Guerra Fría terminó hace mucho tiempo, y que el espacio es hoy un ejemplo de cooperación y convivencia pacífica entre viejos rivales. Sin embargo, el cosmonauta ruso Gennady Padalka acaba de denunciar públicamente que la vida en la Estación Espacial Internacional (ISS) ha dejado de ser un oasis de armonía multinacional debido a la mezquindad de los estadounidenses, que le han denegado el derecho a compartir recursos como su bicicleta estática para mantenerse en forma, e incluso su váter.
Según la versión de Padalky, aireada estos días en la prensa rusa y recogida por el diario británico
The Guardian, se ha generado un ambiente crispado en la Estación Espacial debido a las disputas que han vuelto a enfrentar en la Tierra a rusos y estadounidenses. Tras años de ejemplar cooperación desde la caída del Muro de Berlín, los problemas empezaron en 2005 cuando las misiones espaciales se comercializaron, y Moscú empezó a cobrar dinero a los norteamericanos por enviar a sus astronautas a bordo de las naves rusas Soyuz.
Padalka ha criticado duramente a los estadounidenses en declaraciones al periódico 'Novaya Gazeta' por rechazar su petición de utilizar la bicicleta estática a bordo de la Estación Espacial. Además, lo que el cosmonauta considera especialmente ofensivo es que los norteamericanos han decretado una especie de 'apartheid' higiénico, de tal manera que los rusos sólo pueden usar su viejo módelo de retrete, mientras los estadounidenses tienen derecho exclusivo al nuevo váter que han instalado, mucho más cómodo y lujoso.
Relaciones tensas
"Lo que está ocurriendo tiene efectos muy negativos sobre nuestro trabajo", se lamentó Padalka en declaraciones al citado periódico ruso, poco antes de ser lanzado a la Estación Espacial el pasado jueves desde Baikonur.
Padalka, que será el próximo comandante de la ISS, reconoció que las autoridades rusas tienen parte de la culpa, desde que en 2003 empezaron a cobrar a otras agencias espaciales por los recursos utilizados por sus cosmonautas. Fue en ese momento cuando la NASA y otros socios de la ISS optaron por hacer lo mismo frente a los rusos.
"Los cosmonautas estamos por encima de estas peleas entre las autoridades de nuestros respectivos países", asegura Padalka. "Somos personas adultas, bien educadas y con buenos modales, y sabemos usar nuestro cerebro para para mantener relaciones cordiales con nuestros compañeros".
"Son los políticos y los burócratas los que no se ponen de acuerdo, no los cosmonautas y los astronautas", recalca.
Antes de que las agencias empezaran a cobrar por sus recursos, los cosmonautas y astronautas compartían toda la comida en la ISS y esto les hacía sentir a todos como parte de un mismo equipo, según Padalky. Sin embargo, ahora los miembros de cada agencia sólo pueden comer los alimentos proporcionados por sus propias administraciones, y esto también genera tensiones, ya que al parecer la de los estadounidenses es mucho más sabrosa.

elmundo.es