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viernes, 4 de marzo de 2011

Preparar vaqueros desgastados causa decenas de muertes en varios países

Imagen de la campaña contra el 'sandblasting' de Setem.
La moda de los vaqueros desgastados está costando decenas de vidas y miles de enfermos en países como Turquía, Bangladesh, China y la India, donde se elabora la mayor parte de la ropa que vestimos.
Esa apariencia de desgastado se consigue en la mayoría de casos mediante la peligrosa técnica del 'sandblasting', que consiste en aplicar un chorro de arena directamente sobre la tela vaquera. Este método, prohibido en Europa en 1966 pero aún lícito en otros países, es muy rentable a las grandes marcas que lo utilizan, aprovechando la deslocalización de su producción y sin importarles el elevado coste en la salud de las personas que trabajan aplicando esta técnica.
Turquía es uno de los países más afectados por el 'sandblasting'. Precisamente los informes médicos procedentes de este país han sido los que han relacionado la producción de vaqueros con 'sandblasting' con la silicosis, ya que, antes, a los trabajadores afectados se les diagnosticaba, erróneamente, tuberculosis. Actualmente, se estima que cerca de 5.000 empleados del 'sandblasting' están afectados de silicosis, una enfermedad crónica que les impide trabajar y hacer vida normal. De ellos, al menos 46 han fallecido.
En Europa, el 'sandblasting' no se usa desde los años 90, pero son precisamente los países europeos los principales clientes de esos vaqueros desgastados. La técnica del 'sandblasting' se prohibió en Turquía en 2009. Desde entonces, la producción de vaqueros desgastados ha aumentado en otros países como Bangladesh, China, Pakistán, India o Siria.

Seis meses

La silicosis es una enfermedad profesional ocasionada por la sílice de la arena, muy conocida en la minería, pero aún no reconocida dentro de la industria textil. Los mineros tardan 20 años en presentar esta enfermedad. Los trabajadores del 'sandblasting', sin embargo, caen enfermos en sólo seis meses. Por ello, la Campaña Ropa Limpia cree urgente que la OMS y la OIT incluyan el sector textil en su Programa Internacional sobre la Eliminación de la Silicosis Mundial.
Las empresas conocen las consecuencias del 'sandblasting' pero muchas de ellas prefieren hacer oídos sordos. Según la Campaña Ropa Limpia, este es el caso de Pepe Jeans, Armani o Diesel, que han rehusado todo diálogo con los integrantes de la Campaña y no han dado ningún paso para eliminar el "sandblasting" de su cadena de confección.
Sin embargo, tras la publicación de este informe, Pepe Jeans envió un comunicado a ELMUNDO.es, asegurando que la empresa dejó hace tiempo de usar esta técnica para envejecer la tela: "Pepe Jeans está en posición de asegurar que todas las fábricas con las que trabaja cumplen con las medidas de seguridad necesarias y usan materiales que cumplen con la legislación aplicable".
En la misma línea, Diesel ha notificado a este periódico que, aunque la producción de sus vaqueros se realiza de acuerdo a la legislación vigente en cada país, ha decidido "introducir una nueva cláusula para eliminar el uso de la técnica de sandblasting a partir de la temporada primavera-verano 2012".
'No Sandblasting', que lanza este miércoles en España la Campaña Ropa Limpia (CRL)-SETEM y que ya ha comenzado en otros 14 países europeos, busca presionar a las marcas de moda para que erradiquen esta técnica y asuman su responsabilidad asegurando que los trabajadores afectados de silicosis y sus familias reciban las indemnizaciones adecuadas. Entre otras actividades previstas, se realizarán acciones de calle, recogida de firmas y una gira de conciertos del grupo turco Bandista.
Precisamente, gracias a los contactos realizados por la CRL, importantes firmas como Levi-Strauss, Inditex, El Corte Inglés, C&A y H&M, entre otras, ya se han comprometido a prohibir el 'sandblasting' en su cadena de producción. No obstante, no han informado aún de qué medidas usarán para vigilar el cumplimiento de esta prohibición.
elmundo.es

sábado, 4 de abril de 2009

"Arte textil", la frontera entre la moda, el diseño y la plástica


Junto a la entrada del Palais de Glace, miles de preservativos arman una enorme trama en la que se descubre la palabra survival (supervivencia). La primera imagen de la 5ta Bienal Internacional de Arte textil es esta obra de la sudafricana Fiona Kirkwood sobre la epidemia de sida que golpea a su país. Un emblema de cómo el arte textil no sólo ha echado mano de materiales y técnicas nuevas, sino también de temas y preocupaciones contemporáneas. La quinta edición de la Bienal incluye obras de más de cien artistas que se podrán ver hasta el 26 de abril. La historia corta de cómo se llega hasta acá la resume Pilar Tobón, presidenta de la fundación que la organiza: como le sucedía unas décadas atrás a la fotografía, a fines de los 90 al arte textil le costaba entrar en museos o muestras de arte. Entonces convocó a 55 artistas textiles (todas mujeres) de diecinueve países para la primera Bienal que se celebró en 2000 en Florida (Estados Unidos). En las ediciones siguientes sumaron a artistas textiles varones y, poco a poco, artistas contemporáneos que trabajaban técnicas similares.
La historia larga -dice la curadora invitada Florencia Battiti- es un espejo de la historia de la humanidad. "Los textiles artesanales existen desde que el hombre es hombre y la disciplina contemporánea viene de ahí. También viene del tapiz, más ligado al arte decorativo". Movimientos como la Bauhaus o las teorías de William Morris, que como reacción a la revolución industrial (cuyo impacto en el textil es equiparable al de la fotografía sobre el retrato) abogaban por un regreso a un arte más cercano a lo artesanal, dieron una base teórica. Sin embargo, es a partir de los 60 que se habla de "arte textil". El impulso definitivo llegó con los movimientos feministas que en los 80 lo reivindicaron como el ámbito artístico en los que históricamente fue protagonista la mujer.
La Bienal tiene quince sedes en la Ciudad de Buenos Aires y Córdoba, con la muestra central en el Palais (información en www.wta-online.org). Ahí se ve una marca claramente contemporánea. Obras como Cumpleaños, de la argentina Virginia González, intervienen fotografías con tejido: el textil en la era del photoshop. A Needle woman, videoinstalación de la coreana Kimsooja donde se ve el tráfico de peatones en varias ciudades del mundo, toma el tejido como metáfora. "No toqués, te vas a cortar", advierten frente a la obra de la brasileña Nazareth Pacheco: una pequeña cabina con un espejo velado por una cortina de hojas de afeitar. Es una imagen dolorosa que no deja de ser una intervención sobre la propia imagen de quien lo mira. Es una imagen que confirma que el arte textil no viene a decorar nada.



En busca de una estética propia
El mismo nombre de la Bienal da para asociaciones erróneas. La mayor parte de las obras que se exhiben están en las antípodas de lo textil como disciplina decorativa o de la indumentaria. "Ya no son tapices, aunque los hay y no renegamos de la historia.

Pero los artistas toman la performance, materiales sintéticos o alhambres, siempre que se entretejan o den una imagen que evoque lo textil", explica Laura Ferrando, directora de la Bienal. Quizá donde ese rasgo se ve más claro es en la muestra de artistas invitados.
"Yo me pregunté si era válido seguir curando muestras por categorías, ya sea pintura o escultura -dice la curadora invitada, Florencia Battiti-. Por eso, traté de llevar la disciplina al límite y tomar lo textil desde lo conceptual, un abordaje que tenga en cuenta al tejido como una serie de metáforas".
Así, el tejido puede ser hasta una serie de videos que se proyectan simultáneamente. "Buscamos lograr lo mismo que la fotografía, ser considerados una disciplina artística más que usa el textil y las tramas como medio", aclara Ferrando.
clarin.com