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lunes, 11 de abril de 2011

¿En qué creemos?


La ciencia formal usa dogmas para asentar sus teorías. Ciencias formales las hay varias y son usadas casi inconscientemente por nuestra mente a diario. La lógica y las matemáticas, por ejemplo, usan dogmas, aunque en estos contextos se les denomine axiomas: enunciados auto-evidentes. La filosofía y la religión construyen también sus credos o teorías sobre actos de fe. Sin embargo, las ciencias naturales no los usan sino que se basan en la observación experimental repetida. Dicha observación experimental repetida es lo que denominamos leyes.

Desde un punto de vista filosófico, las leyes de la naturaleza son también dogmas que se establecen mediante la aplicación del principio de inducción a un número suficientemente grande -aunque no infinito- de casos en los que un fenómeno se repite. Ya en el siglo XVIII los empiristas despertaron la conciencia del científico al observar que con que en una sola ocasión una ley natural dejara de cumplirse, sería suficiente para desterrarla para siempre.

Las matemáticas usan el principio de deducción para establecer consecuencias de los axiomas mientras que la física utiliza el principio de inducción para establecer comportamientos generales, los cuales acaban siendo enunciados como mandamientos universales. En otras palabras, el matemático inventa juegos -la geometría, la teoría de la probabilidad o la de conjuntos son ejemplos- cuyas reglas son los axiomas. En cambio, el físico es presa de un juego ya establecido: el de la naturaleza. El físico, mientras participa en dicho juego, intenta desentrañar sus reglas -las leyes- para optimizar su participación. En estos juegos, el científico, sea de ciencia formal o factual, ensaya estrategias y las denomina teorías.
En otras ramas de las ciencias naturales que parten de mayor complejidad, el científico trata de establecer teorías aunque no disponga o no pueda aplicar las leyes de la física directamente. Es el caso de la biología, que aunque sujeta a las mismas reglas de la naturaleza que la física, no siempre puede utilizar dichas reglas directamente. Los biólogos, cargados de gran intuición a partir de, a veces, pocos experimentos, establecen sus teorías sobre la vida. Creen en ellas aunque no tengan más remedio que desplazarlas cuando las evidencias experimentales posteriores las contradigan, remienden o simplemente las pulan. La teoría de la evolución es la doctrina más socorrida por los biólogos para dar sentido a sus hallazgos: una teoría con muchas variantes conceptuales a diferencia de las teorías físicas, más ortodoxas por estar fuertemente enraizadas en leyes.
El físico tiene menos problemas para aceptar principios universales (principios de conservación, cantidades invariantes, constantes universales, etc.) y es muy reacio a desterrar una ley: antes duda de sus propios experimentos y algoritmos. El biólogo, por el contrario, está más adaptado a aceptar reformulaciones o refutaciones de sus teorías pero tiene más problemas para aceptar verdades universales y atemporales. El dogma central de la biología es en realidad una hipótesis de trabajo, o una regla con excepciones, más que una ley. Como por deformación profesional, es más fácil encontrar físicos que no tengan problemas en aceptar el dogma de la existencia de Dios -el más esquivo a la auto-evidencia de todos- que biólogos.
Las ciencias sociales también usan creencias abstractas y en último término descansan sobre la física, pues no dejan de ser empíricas. Sin embargo, en estos casos las teorías están más débilmente arraigadas que en el caso de la biología puesto que el economista, por ejemplo, no solo no puede relacionarlas directamente con las leyes de la física sino que además no puede, en muchos casos, realizar experimentos: solo mirar la historia de una sociedad, una economía o a una persona para dictar sus predicciones.
¿En qué creen los politólogos? Quizás en un Gobierno global que asegure una paz perpetua o, a lo sumo, que ejerza un control no invasivo de un estado de conflicto permanente (por el bien humano). ¿En qué creen los políticos? Las leyes civiles son tan arbitrarias como los axiomas de las matemáticas, pero se pretenden justificar sobre la moral. La moral, ¿está constituida por mandamientos o son solo teorías o modelos adaptables, basados en nuestra evolución animal y psicológica?
¿En qué creemos las personas de a pie cuando nos levantamos por la mañana?
J. Ricardo Arias González
elpais.com

martes, 13 de enero de 2009

Martes 13: ¿Aún tiene vigencia el no te cases ni te embarques?


Karen Espinoza y Matías García tenían previsto casarse este martes 13. Adelantaron un día la fecha por una súplica masiva de familiares y amigos. "¡Nadie me dejó casarme el martes 13!", decía ayer, después de dar el sí en el Registro Civil de Uruguay al 700. Mientras tanto, en la sede central del registro, nadie osó casarse hoy.
"No te cases ni te embarques", recordaba Susana Gentili, la mamá del novio, con una sonrisa amplia. "Se querían casar un martes 13: ¡están locos!". Aunque al instante retrucaba con una experiencia personal: "No me casé un martes 13 y me fue mal; así es que no hay garantías de nada".
Para una de las tías de la novia, Carmen Espinoza, la suerte no existe. "Si nos va bien o mal depende de nosotros, no de la suerte", decía y le arreglaba el tocado a su sobrina. "Les va a ir muy bien de todas formas", agregaba.
Mientras tanto, en Buquebús la mayoría de los consultados por lanacion.com dijo no ser supersticioso. Más bien, la mayoría decidía embarcarse hacia un destino turístico.
Según comentaron, muy pocos son los que admitían adherir a
creencias fatídicas que sobreviven como romper un espejo (siete años de desgracias), pasar por debajo de una escalera (mala suerte), cruzarse a un gato negro o derramar la sal (mala suerte o pelea), entre otras.
Muy práctica, la marplatense Evangelina, en la cola de pasajeros que la llevaría a Uruguay, decía: "¿Por qué retrasar el viaje? Mientras antes llegue a donde tenga que llegar, mejor".
Otros, como Armando, en cambio apeló a la tradicional: "No te cases ni te embarques", y comentó que sacaba pasajes para viajar el viernes. ¿Para qué tentar la mala suerte?, se despedía.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Nueve de cada diez argentinos creen en Dios



Encuesta nacional del Conicet
Presentaron datos novedosos sobre la religiosidad en el país
Por Silvina Premat De la Redacción de LA NACION
En un grupo de diez argentinos, sólo uno no cree en Dios; de los nueve restantes, siete son católicos; uno, evangélico, y el último puede ser judío, islámico, espiritista o de otro credo. Eso, al menos, es lo que revela la primera encuesta sobre las creencias y actitudes religiosas en la Argentina, realizada por el Conicet y cuatro universidades nacionales entre 2403 personas mayores de 18 años de todo el país.
El sociólogo Fortunato Mallimaci, director del trabajo e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), presentó ayer los resultados preliminares, que confirman la condición de creyente de la gran mayoría de los argentinos. Además, muestra que el 23% de los residentes en el país va habitualmente a lugares de culto, que el 76% es católico y que los indiferentes: agnósticos, ateos o sin religión, son el 11 por ciento.
Jesucristo encabeza el ranking de creencias y es seguido por el Espíritu Santo y la Virgen. El 92%de los entrevistados dijo creer en ese hombre que fue crucificado en Jerusalén hace 2000 años. En segundo término, el 85% cree en el Espíritu Santo y, luego, en la Virgen (80%). La lista sigue con los ángeles (78%), los santos (76%), la "energía" (64%) y los curanderos (39%).
La encuesta se hizo con formularios domiciliarios según un método probabilístico que, en términos sociológicos, asegura un nivel de credibilidad del 95% y un margen de error del 2%. Fue realizada "con el mayor rigor científico y la mejor buena fe", dijo el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, en el acto de ayer.
La investigación fue fruto del trabajo conjunto del CEIL, del Conicet, y de las universidades nacionales de Buenos Aires, Rosario, Cuyo y la de Santiago del Estero. Financiada por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, se enmarca en un proyecto de investigación que se propone analizar las relaciones entre religión y estructura social en la Argentina del siglo XXI.
Después de casi cuatro décadas sin mediciones científicas de nivel nacional, el estudio del Conicet salda una vieja deuda argentina. "Desde el censo nacional de 1960 no se preguntaban la creencia y pertenencia religiosa. Somos el único país de América latina que no tiene este dato", afirmó Mallimaci, al presentar los resultados preliminares de la investigación, que terminará dentro de tres años.
Hasta ahora los únicos datos sobre creencias y actitudes religiosas de la sociedad argentina a nivel nacional eran los recogidos en el censo de 1960, donde el 90% se declaró católico.
La encuesta, realizada en todo el país, revela que el 91% de los argentinos cree en Dios. Ese porcentaje es mayor entre las personas sin estudios (95%), los mayores de 65 años (97%) y los habitantes de ciudades chicas (94%). Aun en niveles altos la creencia disminuye entre los que tienen título universitario (84%), los jóvenes entre 18 y 29 años (85%) y los residentes en grandes metrópolis (89%).
Quién es Dios
A la pregunta ¿qué significa Dios para usted? -similar a la que Jesús hizo a sus discípulos: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy?"-, el 65% de los 2285 entrevistados que se declararon creyentes lo describen como un ser ajeno a su vida cotidiana ("un ser superior", el 37%, y "el creador del mundo", el 28%). Sólo el 21% reconoce al Dios en el que cree como un padre y, el 0,3%, como el amor.
¿Y cuándo recurren a él?
Cuando sufren o necesitan ayuda, el 60%; cuando reflexionan sobre el sentido de la vida (12,8%), y en momentos de felicidad (10,2%). Sólo el 0,5% busca a Dios para agradecer y el 3,3% durante los días de festividades religiosas. En cuanto a la pertenencia a una religión específica, los datos reflejan una diversidad y una preservación de la cultura cristiana. El 76,5% se declara católico; el 9%, evangélico, y el 11,3%, indiferente.
Según explicó Mallimaci, ese porcentaje de católicos es similar en Brasil y Chile, países en los que la cantidad de evangélicos, en cambio, duplica el porcentaje argentino. "Un dato diferente del resto del cono sur es el 11% de indiferentes, ateos o agnósticos", dijo el sociólogo. Y destacó, también, "la complejidad de la sociedad argentina". El ex decano de Ciencias Sociales indicó, como ejemplo, que si bien hay 11% de personas que dicen no creer, en total se bautiza el 95 por ciento.
También se destaca, como dato novedoso, que una de cada cuatro personas (23,8%) concurre habitualmente a las ceremonias de su culto. Va poco, el 49%, y nunca, el 27%.
El estudio sondea también las opiniones de los entrevistados sobre cuestiones controvertidas, como el aborto, la educación sexual en las aulas, el uso de anticonceptivos y el sacerdocio de mujeres.
El 63% opina que el aborto debe estar permitido sólo en algunas circunstancias, como casos de violación o el peligro de la vida de la mujer o la formación del feto. Mallimaci destacó que el 68% de esa cantidad es católico y dedujo de ahí que estos resultados "revelan una autonomía de conciencia y decisión y una toma de distancia de los postulados doctrinarios de las instituciones religiosas". Sin embargo, la respuesta elegida por la mayoría coincide con la posición de las autoridades de la Iglesia sobre la legislación del aborto.
Otro dato significativo es la constatación de la gran desconfianza de los argentinos en sus instituciones. Si se trasladan los porcentajes a una nota de calificación, ninguna supera el 6. Apenas se arriman a ese puntaje la Iglesia (59%) y los medios de comunicación (58%). En tercer término figuran las Fuerzas Armadas (46%) y con un aplazo (27%) los partidos políticos.
Según anticipó Mallimaci, los datos completos del estudio estarán disponibles a partir de hoy en la página del CEIL (
http://www.ceil-piette.gov.ar/ ).

Galaxia: El ojo de Dios