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lunes, 8 de marzo de 2010

El secreto de sus ojos entró en la historia grande del cine nacional

Producción multimedia: Silvina Ajmat
Informe: Marcelo Stiletano, enviado especial
Desde el anuncio de los nominados, la ansiedad fue in crescendo para los argentinos. ¿Ganaremos el Oscar a mejor película? Finalmente, se conoció el resultado y el mundo aplaude que la película argentina se llevó el premio máximo.
A la 1.19, Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino entregaron la estatuilla a Campanella y Francella que subieron eufóricos al escenario.
"En nombre del equipo y del elenco quiero agradecer a la Academia por no considerar navi un idioma extranjero", dijo Campanella a toda velocidad para aprovechar los 45 segundos de los que disponía para sus palabras. Los reconocimientos se hicieron extensivos a los productores y casi sin respirar el director se interrumpió: "En inglés se hace más difícil , más lento", bromeó como excusándose. Cuando quiso retomar los agradecimientos ya empezó a sonar la música que cortaba los discursos y apenas tuvo tiempo de exclamar: "¡ Y un abrazo a los hermanos de Chile!", antes de bajar del escenario.
Con el humor en la punta de la lengua, Campanella dijo después en la sala de prensa que el breve tiempo que tuvo para agradecer en el podio "fue como ir al psicólogo: cuando pensás cuánto pagas y cuánto recibís por hora y llegás y no tenés nada que decir´´.
En general, Campanella mostró una alegría moderada, cautelosa, y dijo que con el Oscar "no vamos a solucionar todos nuestros problemas de la Argentina, que son mas profundos".
"La película fue hecha por un grupo de argentinos que se juntaron e hicieron las cosas bien; lo que hicimos gustó. Pero a veces no tenemos esta suerte. A veces ponemos el mismo esfuerzo y lo que hacemos no nos sale tan bien", explicó el director.
Toda la Argentina pendiente de ese discurso y esos agradecimientos, pero no por las palabras emotivas solamente, sino por la expectativa de "qué dirá Francella". En Facebook, 215 mil personas personas pidieron que el actor dijera su célebre frase "A comerla", ante los millones de espectadores que siguen la ceremonia. Pero le fue imposible cumplir con el "mandato". Los 45 segundos estipulados para los agradecimientos no le alcanzaron para tocar el micrófono. No obstante, tendrá ocasión de hacerlo en el saludo grabado que todos los ganadores tienen programados
"Sin dudas, esta película ha sido una bisagra para mi carrera, sobre todo en cuanto a que El secreto... colocó a mi trabajo en un lugar de exposición y de consideración muy alto. No puedo estar más que feliz, agradecida y disfrutando este momento", dijo a lanacion.com Soledad Villamil esta tarde, cuando todavía no sabía que se llevarían el premio pero la esperanza brillaba en todos lo que hicieron la película.
La alegría de la delegación argentina
El grupo argentino, constituido por alrededor de 20 personas entre productores, allegados a los protagonistas y algunos cronistas, siguió toda la ceremonia a través de un plasma, en una sala especialmente acondicionada para la ocasión en el Hotel Mondrian, ubicado a diez minutos del Kodak Theatre de Los Angeles.
Cuando Almodóvar abrió el sobre y pronunció el nombre del ganador, todos saltaron y gritaron al unísono, como si se tratara del gol de la victoria en la final de un mundial de fútbol. La alegría fue grande y la euforia, desbordante. Por supuesto, todos estaban ansiosos por saludar a Campanella y el resto de la comitiva argentina: Guillermo Francella, Mariela Besuievsky, Gerardo Herrero y Vanessa Ragone.
Después de las fotos de rigor y un breve instante en que le quitaron la estatuilla al director para grabar en ella el nombre de la película, el grupo se dirigió al Mondrian para encontrarse y abrazarse con los suyos.
El trayecto de diez minutos fue interminable. Una serie de fiestas en la zona del Kodak Theatre, entre las cuales se destacaba la de Vanity Fair, obstruían aún más el tránsito y demoraron el encuentro hasta las 12 de la noche (hora de Los Angeles).
De ahí en más, todo fue festejo. Se improvisó una breve conferencia de prensa en la que Campanella pudo compartir sus sensaciones al recibir el premio y contestar las preguntas de los periodistas. Allí, el director dijo que entre los nervios y el contador del prometer que lo apuraba a concluir su discurso, no tuvo su "mejor momento oratorio". Mezcla de nervios, ansiedad y alegría, no terminaba de ser conciente de todo lo que le estaba pasando. "A lo mejor me levanto en medio de la noche y me cae la ficha, todavía no me cayó", confesó.
Sin soltar el Oscar por nada del mundo, el director recibió en ese momento el primer saludo oficial de parte del cónsul general argentino en Los Angeles, embajador Jorge Lapsenson, que se quedó hasta el final de la rueda de prensa, para escuchar las palabras de los galardonados.
El festejo continuó a unas cuadras de allí, en el Hotel Standard, donde se aloja la mayoría de la delegación argentina. Lo primero que hicieron todos al llegar a los salones del edificio fue sentarse en una mesa y tomar lo primero que encontraron: el cansancio y la sed tras horas de stress, se hicieron notar.
Recién alrededor de las 2 de la madrugada se empezó a retirar la gente. Campanella, que estaba con su esposa y su hijo Federico dormido en sus brazos, fue uno de los últimos en abandonar la fiesta.
Basada en una novela del escritor Eduardo Sacheri, "El secreto de sus ojos" combina la trama del thriller policial, el suspenso, y el drama romántico, logrando un filme de gran factura que hace también una revisión sobre el pasado oscuro de la Argentina previa a la dictadura de 1976.
El filme cuenta la historia de un asesinato, una venganza y un amor inconcluso 30 años más tarde pero aún con tiempo para cerrar los cabos sueltos que en su momento quedaron irresueltos.

lanacion.com

jueves, 19 de febrero de 2009

Los Oscar, sin autos de lujo ni maquillaje


Dos de los espónsores históricos de la tradicional entrega de los Oscar decidieron retirarse, a menos de una semana, de la fiesta 2009: ni más ni menos que L’Oreal y General Motors. La decisión tiene que ver no sólo con la crisis económica mundial sino, además, con la propia crisis de los Oscar. En los últimos años, el rating de la que en otros tiempos fuera la fiesta reina de la televisión estadounidense viene cayendo en picada.
Del año 2007 al año 2008, por ejemplo, pasó de casi cuarenta millones de espectadores a poco más de treinta, y se espera que este año los números sean peores, dada la baja popularidad de los films en competencia por las categorías mayores.
L’Oreal es espónsor de los Oscar desde 2004, cuando por primera vez aparecieron sus publicidades en la pantalla de la cadena ABC, responsable de la televisación del evento. En calidad de tal, ha gastado un promedio de diez millones de dólares al año. Pero en esta ocasión decidió reservar esa parte de su presupuesto de publicidad y soltar la mano de la Academia.
El caso de General Motors es un poco más complejo. Hace diez años que es uno de los espónsores fijos de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood y su noche mayor. Pero la crisis económica la ha colocado en un lugar peligroso. No contribuye demasiado con su imagen que gaste millones en publicidad cuando está pidiendo al gobierno de Barack Obama 1.600 millones de dólares para seguir funcionando.
Sin embargo, el caso de la automotriz es menos traumático para los Oscar y la ABC: en efecto, la surcoreana Hyundai pautó siete spots publicitarios durante la ceremonia, mientras que la alemana Audi tiene comprado espacio televisivo para otros dos spots. General Motors era, con mucho, el principal comprador de pauta de la fiesta: en los últimos diez años apoyó la transmisión con más de cien millones de dólares.
La caída de estos dos auspicios centrales obligó a la ABC a bajar el precio del segundo de publicidad en un 18% promedio, pero hasta el momento no se sabe si la estrategia dará o no resultados.
Como se dijo, el principal problema de los Oscar es la poca popularidad de los films nominados, que derivó en una caída constante de los ratings y, por consiguiente, en la desconfianza de los anunciantes a la hora de comprar espacio publicitario durante la ceremonia. El pico de rating ocurrió en 1998, cuando más de 55 millones de personas vieron gritar en vivo a James Cameron “I’m the king of the world” ante el triunfo de Titanic, que se llevó la cifra récord de 11 premios. Tal pico no volvió a alcanzarse ni en 2004, cuando El Señor de los Anillos-El Retorno del Rey igualó aquella marca.
El piso de los Oscar había ocurrido en 2003 –triunfó Chicago– con 33 millones de espectadores. Pero en 2008, perdiendo un 21% de audiencia respecto de 2007, llegó a 32 millones. La decisión de L’Oreal y GM, por lo tanto, tiene números contundentes donde apoyarse.
criticadigital.com