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sábado, 24 de diciembre de 2011

La “generación Y” llega al mundo laboral e impone nuevas reglas


Va el caso que estudian en el departamento de psicología de la UADE: Jota tiene 28 años, excelente promedio en la carrera de administración y se fue del país luego de que una consultora de Londres lo contratara por varios miles de euros. Cualquier adulto diría que Jota, el ejemplar, ya cocinó su futuro. Pero meses atrás Jota puso en movimiento todas sus conquistas y le planteó a sus jefes que renunciaba si no le concedían dos horas menos de tareas por día para poder ensayar con su banda de rock. Sus jefes aceptaron.
La sociología utiliza el término “Generación Y” para definir a los sucesores de la “Generación X”. Se trata de los nacidos entre 1982 y 1994 –como Jota–, que hoy tienen entre 18 y 30 años y están desembarcando en el mercado laboral. No como simples advenedizos, sino con una mochila de valores que los diferencia de sus compañeros más grandes. No son valores ni mejores ni peores; es otro chip.
“Son, además, nativos digitales”, dice la doctora Elena Scherb, directora de la Licenciatura en Psicología de la UADE. “Crecieron conectados y muchas veces saben más que los adultos. No se sienten elegidos para un trabajo, sino que eligen el trabajo que quieren hacer. Si no les gusta, están dispuestos a renunciar”.
De acuerdo con los especialistas, los Y no creen en el “hay que hacerse de abajo” legado a los hijos de la inmigración, es decir, a sus padres.
Muchos Y vieron de chicos como varios de sus parientes quedaban desafectados de grandes compañías después de “haberles dado la vida” y no creen en la empresa como institución. Así, si un X (entre 30 y 45 años) busca seguir aprendiendo, acepta lo que le toca y se define por lo que hace; para un Y, en cambio, el trabajo es aquello que le permite llegar a lo que quiere, la libertad personal y el placer. Por eso, repiensan su empleo cada tanto y están dispuestos a cambiarlo si no cubre sus expectativas.
Los Y no aceptan “ponerse la camiseta” y tampoco el esfuerzo desmedido como método para alcanzar objetivos. Mucho menos, lo que sus jefes definen como “pagar derecho de piso”. Son los mismos jefes que se asombran cuando a poco de arribar, los jóvenes preguntan: “¿Cuántos días de vacaciones tengo?”. Naturalmente, un Y jamás se queda después de hora, a diferencia de un X, que cree demostrar su compromiso con una actitud de este tipo.
Alejandro Melamed lo comprende. Es vicepresidente de recursos humanos de Coca Cola Latinoamerica Sur y cada vez que recibe a un empleado Y, le pregunta: “¿Qué me vas a enseñar?”. Ahora opina: “Es la generación del lugar virtual y la velocidad, que está a un click de distancia de todo y espera respuestas rápidas. También enseñan. Cuando los adultos compramos un objeto electrónico nuevo, le pedimos a ellos que nos enseñen a usarlo. Pero además, buscan un contexto laboral que desafíe y divierta. Quieren autonomía, además de diálogo abierto y constante”.
Un estudio reciente sobre los Y y la felicidad en el ámbito laboral, cuenta Melamed, determinó que los más felices eran aquellos que lograban un feedback fluido con sus jefes. “El sueldo no es lo que los motiva. Necesitan que les digan que están haciendo las cosas bien y los enoja que sólo se les remarque lo que está mal”.
El conflicto viene por ahí. Si un X acepta la autoridad casi sin cuestionar, el Y ve todo más horizontal y es capaz de pedir permiso para no trabajar mañana porque esta noche tiene al recital de Birtney Spears. “Pero lo interesante –sigue Melamed– es que X e Y pueden trabajar a partir de las diferencias. Las empresas tenemos que entender más a los Y para poder capitalizar la energía y novedad que traen”. Sobre esas relaciones, la filósofa Josefina Semillán apunta: “Puede ser complementación extraordinaria, hondura y amplitud, profundidad y navegación infinita” (ver “sobre las...” ).
Los Y son globales. De clase media y media alta, caminan con su Ipod (el elemento que los define) y se repiten en los grandes centros urbanos como nacidos de una misma matriz.
En el país, según los estudios, representan a un 25% de la población joven. Hedonistas, les interesa más la experiencia del consumo que acumular bienes. Pero también se identifican con valores solidarios. Scherb agrega: “Género, ecología, política son temas que los convocan”.
Cuando el filósofo de moda Zygmun Bauman postula que la era de la modernidad sólida ha llegado a su fin quiere decir que los objetos sólidos, a diferencia de los líquidos, conservan su forma y persisten en el tiempo: es decir, duran. En cambio los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Eso es aquello que la “Generación Y” parece entender a la perfección.

“Aceptamos hacer sólo lo que nos gusta”

Nicolás Vilela e Ignacio Raffa trabajaron en gigantes de la informática. Pero ellos, a diferencia de la generación que aspiraba a pasar toda su vida productiva en el mismo trabajo, tenían otros valores: “Pasé por empresas en las que había que cumplir horario, donde no se trabajaba por objetivos sino hasta donde te diera el cuerpo y donde el recompensado era quien se quedaba después de hora. Pero esas personas se olvidaban de sus vidas, de su placer, de sus familias”, dice Ignacio.

La reflexión parece de alguien que ya pasó por eso de “postergar la vida por el trabajo”, pero ellos –uno interpreta las necesidades del cliente y el otro desarrolla el software indicado–, tienen 22 años y ya fundaron NN, su propia empresa.

“Muchos llegan a un trabajo para quedarse siempre. Nosotros quisimos aprovechar al máximo la experiencia de las otras generaciones para formarnos y así encarar nuestro propio proyecto. Hoy no somos una máquina de hacer plata, somos una máquina de aceptar los proyectos que nos gustan”, asegura Nicolás. “Ahora, si tenemos que trabajar 9 horas, sentimos que estamos priorizando el emprendimiento, no la estabilidad de un sueldo. Nuestros horarios son flexibles y nuestra filosofía es: primero nosotros, después la empresa y luego los terceros”.

“Uno tiene que saber hacer el corte”

Naibi Aguirre tiene 22 años, estudió Relaciones Públicas e Institucionales y tiene clara una diferencia sutil: “Me parece muy bien empezar de abajo y esforzarse, siempre que sea para sumar experiencia y formarse. Eso es muy diferente al derecho de piso, en donde unos se aprovechan y otros pagan sólo por ser los más jóvenes”.

Como su primer trabajo le permitió tener horarios flexibles, Naibi entiende su valor: “Si un día avanzaba sabía que al día siguiente podía cumplir con mis compromisos. Eso me permitía sentir que mi vida no terminaba dentro de la empresa”, explica. “Los más jóvenes buscamos un equilibrio entre la vida personal y la profesional y es uno el que tiene que hacer el corte: pasar tiempo con amigos, hacer deporte, relajarse. Sino aparece el burn out, esa sensación de que se te quemó la cabeza”, agrega.

Ella es de las que no proyectan pasar la vida entera en la misma empresa: “Es que antes se valoraba la estabilidad, es más, cambiar de trabajo podía estar mal visto. ‘¿Por qué te tuviste que ir?’ Hoy se valora la experiencia que te da la rotación”.

Y lo que hace con el dinero, la termina de definir como un exponente de la generación Y, en búsqueda del placer inmediato: “Con lo que gano pago mis gastos, me compro ropa y viajo. Ahorré algo, pero es más lo que consumo que lo que ahorro”.
clarin.com

miércoles, 27 de octubre de 2010

Los nuevos profesionales

Mariano Otero tiene 25 años, es marplatense, estudió Economía en la UBA y trabaja en Google. Su cargo suena pomposo, o incomprensible para los no iniciados: Business Solutions Representative. "Trabajo con pymes, y las ayudo a ser exitosas en Internet", explica a través de la pantalla plana, en videoconferencia desde Nueva York. La mitad del tiempo, Mariano trabaja desde bares, hoteles o en la oficina de sus clientes, ya que el puesto es regional y tiene reuniones con empresarios de Chile, Colombia y Centroamérica.
Su caso es un exponente de una nueva generación de "trabajadores de la economía digital", uno de los sectores más dinámicos a futuro, cuya demanda laboral no para de crecer. La movilidad y el uso intensivo de las nuevas tecnologías son la característica de este tipo de empleos, que van más allá de la programación y el desarrollo de software.
"Me recibí en 2007 en la universidad pública y empecé a trabajar en una firma de consultoría. Al año siguiente me trasladaron a Brasil y, en 2008, un amigo que trabajaba conmigo volvió a la Argentina para entrar en Google. El me comentó que estaban buscando gente", cuenta. Hasta ese momento, Mariano pensaba que en la compañía fundada por Sergei Brin y Larry Page eran todos programadores o analistas de sistemas.
"Lo más loco es que las oficinas de Google Argentina estaban en el mismo edificio de mi trabajo anterior. Pero como tenía el preconcepto de que para entrar tenés que ser un poco nerd, nunca me había postulado", confiesa. "Finalmente, le mandé el CV a mi amigo, y aquí estoy."
"Yo estaba acostumbrado a ir a la oficina de traje y corbata, y aquí el ambiente es muy descontracturado. En la oficina de Nueva York, por ejemplo, muchos vienen con su mascota. Pero eso no significa que no trabajamos -advierte-. Tenemos metas y, en la medida en que las alcanzamos, cada uno maneja sus tiempos. En mi caso, como tengo mucho contacto con clientes, me tengo que adaptar a la disponibilidad y los husos horarios de ellos. En esto, la tecnología me ayuda muchísimo. Hacer reuniones por videoconferencia o utilizar herramientas colaborativas para trabajar en grupo, es cosa de todos los días", afirma desde la pantalla.

Salario vs. flexibilidad
Los llamados jóvenes Y están ingresando de lleno en el mercado laboral. Los nacidos entre 1983 y 1990 plantean algunas diferencias con sus antecesores de la generación X (1965 a 1982) y los baby boomers (nacidos tras la Segunda Guerra Mundial). El salario ya no ocupa el primer lugar a la hora de decidir ingresar o permanecer en una compañía. La posibilidad de seguir aprendiendo, estar en un buen ambiente de trabajo y contar con tiempo para sí mismos ganan terreno. Y las empresas están tomando nota de ello.
"Los jóvenes de hoy buscan flexibilidad de horarios para poder integrar actividades extralaborales, como estudios, deportes, hobbies o voluntariado en alguna ONG. Hay espacios que no están dispuestos a abandonar por mejor pagada que sea su oportunidad laboral", dice Daniel Serra, gerente general de Zonajobs.
"Lo bueno es que pude ir cambiando de sector y creciendo. Acá se trabaja mucho en equipo y, si bien nuestra tarea es analítica, estamos todo el tiempo en contacto con las áreas comerciales y de ventas", dice Gimena Massa, de 21 años, con tres años de experiencia laboral. Es analista de Business Intelligence en Demotores.com, un sitio de compraventa de vehículos del grupo Dridco. "Mi función es analizar toda la información que llega; crear reportes e informes sobre el comportamiento de los clientes, lo que más buscan y lo que publican en el sitio", define.
Gimena cursa actualmente el tercer año de Ingeniería Industrial en la UTN y trabaja a tiempo parcial. "Lo que estoy viendo en la facu se vincula con mi trabajo, porque tiene bastante de análisis matemático", afirma.

Trabajo en un clic
Los trabajos cambian, y la forma de buscarlos también. Hoy, la mayoría de los jóvenes hace su búsqueda laboral por Internet. Como Santiago Pachano Rojas (25), que encontró su actual empleo (jefe de Marketing Online de Zonajobs) haciendo doble clic en un aviso. "Trabajo desde los 18. Mi primer empleo fue en una consultora de comercio exterior, y luego trabajé 7 meses en una aerolínea para un proyecto puntual."
Al terminar el proyecto, le ofrecieron un puesto en el área contable. "Pero por lo que estaba viendo en la facultad, me interesaba más el área de marketing. Estuve 15 días buscando trabajo y conseguí un puesto en el área de negocios móviles de un medio digital", cuenta. De ahí pasó a Zonajobs, donde se ocupa del desarrollo de iniciativas en redes sociales (Facebook, Twitter, Linkedin) y el armado de acuerdos con socios estratégicos del mercado online.
Para hacer este trabajo "no se necesita saber programar, pero sí conocer algunas herramientas que usan los desarrolladores de software para tener un lenguaje común", dice Santiago, que lidera un equipo de tres jóvenes. "Como esto no se estudia en la facultad, hay que ir aprendiendo sobre la marcha. Ahora estoy haciendo un posgrado sobre marketing digital -dice-. Hay mucho por hacer en esta área. Las redes sociales crecen cada vez más y se forman grupos de gente que busca trabajo, y comparten pistas y consejos."
De su empleo, Santiago destaca "el buen clima, la posibilidad de contactarse y trabajar con colegas de otros países de América Latina y la oportunidad de seguir capacitándose y creciendo. Una vez al mes podés pedirte medio día para trámites, y tus compañeros te cubren. Hay mucha libertad para trabajar. Cumplimos objetivos, no horarios".

Sin experiencia
Virginia Pedulla (26) es egresada de la carrera de Administración y Sistemas del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y trabaja hace dos años en Google como AdWords Associate para pequeños y medianos anunciantes. Esto implica ocuparse del sistema de "publicidad patrocinada", que relaciona los anuncios de empresas y emprendedores con las palabras clave que introducen los usuarios en sus búsquedas.
"Cuando terminé el colegio me anoté en la UBA en Administración. Después me comentaron que existía esta carrera y me interesó porque combinaba administración con informática, a lo que veía buena salida laboral. Hice la carrera en cuatro años y me tomé uno para viajar. Cuando volví, armé un listado de empresas en las que quería trabajar y empecé a mandar mi currículum. No tenía mucho para poner en el ítem "experiencia laboral", más que la experiencia de work & travel que había hecho en Nueva Zelanda", confiesa.
"Conocía a una persona que trabajaba en Google y le mandé mi CV. Me llamaron para una entrevista, en la que me preguntaron sobre mi viaje y mis hobbies, algo que había puesto al final del CV para que no quedara tan corto", recuerda. "No sabía lo que era un AdWord, así que lo googleé para estar al tanto. Hoy trabajo todo el día con esta herramienta, junto con agencias de publicidad argentinas y de otros países de la región", cuenta.
Existen muchos mitos respecto del proceso de selección en Google, y la compañía está dispuesta a aclararlos. "Más del 50% de las contrataciones viene de recomendaciones de los propios empleados y la otra mitad es cubierta por candidatos que envían sus datos online. En ambos casos, el proceso de selección es el mismo", dice Victoria Campetella, encargada de Comunicaciones Corporativas de Google Argentina.
"Es importante explicitar en el CV tanto la formación académica como cursos y actividades extracurriculares. También hay que conocer mínimamente el puesto al cual se postula, y su relación con la formación que tiene el candidato", destaca Campetella.
El proceso de selección consta de al menos dos entrevistas (una telefónica y otra personal), y la decisión es tomada por varias personas (comités de admisión). Allí es importante demostrar capacidad para trabajar en equipo en un ambiente multidisciplinario, tener razonamiento lógico y, a la vez, proponer soluciones creativas. "En Google las personas tienen mucha autonomía y no hay estructuras tradicionales de jefes y departamentos. No todo el mundo se adapta bien a este tipo de trabajo", advierte la ejecutiva.
De todas las barreras que tienen los jóvenes a la hora de buscar empleo, la falta de experiencia y de contactos son tal vez las más importantes. Las nuevas tecnologías ayudan a sortearlas, ya que les permiten enterarse de oportunidades y contactar a pares, clientes y mentores a través de Internet y las redes sociales.
A los 15 años, Enrique Courtaux armó su primer sitio web y hoy, con 23, es el responsable del programa de afiliados de Mercado Libre (Mercadosocios). "Pasé de un lado al otro del mostrador", explica el precoz emprendedor. Cuando desarrolló Musikeiro, una página web con letras de canciones, tomó contacto con el programa porque obtenía ingresos a partir de poner publicidad del sitio de comercio electrónico en su propia página. Así, lo que era un hobby se convirtió en un negocio, que fue creciendo gracias al contenido que aportaban los visitantes, que subían letras de canciones. Pero le demandaba cada vez más tiempo, y por eso decidió venderlo cuando se anotó en la facultad.
Terminado segundo año de la carrera de Administración y Sistemas del ITBA, Enrique quiso volver a trabajar. "Entonces fui a ver al encargado de Marketing de Mercado Libre, a quien había conocido como usuario. Lo primero que me sorprendió fue ver tanta gente trabajando ahí. Yo creí que era todo automático y que sólo iba a encontrar máquinas -confiesa-. El me comentó que estaban buscando a alguien para el programa Mercadosocios, que yo bien conocía."
"Lo que hago es, por un lado, buscar nuevos socios, y, por el otro, ayudar a los afiliados a tener mayores ganancias con el sitio. Llegan consultas, y también actuamos proactivamente detectando oportunidades y contactando a potenciales afiliados en Chile, Colombia, Venezuela, México y Brasil. Trabajamos en equipo con otras personas de estos países e intercambiamos experiencias todo el tiempo. El trabajo es desafiante, y te exige estar conectado todo el tiempo. Yo he contestado e-mails laborales a las 11 de la noche, pero trato de ponerme límites", explica.

¿A vos te pagan por hacer eso?
Analía Baggiano (29) es relacionista pública y trabaja como Community Manager en, Psicofxp, una "plataforma de conversaciones temáticas" creada por el emprendedor argentino Ismael Briasco en el 2000. Hoy es considerada la "red social temática" más convocante de habla hispana, con 150 foros de discusión sobre asuntos que van desde viajes o cocina hasta filosofía o motos.
La función de Analía es -según ella misma explica- "construir, dinamizar y gestionar comunidades, actuando como nexo entre los usuarios y la organización". Dicho de otro modo, se trata de leer las conversaciones de los usuarios en los foros de Internet y, a partir de sus inquietudes y necesidades, desarrollar "acciones" tales como organizar encuentros, fiestas o promociones para alguna marca.
"Me recibí de licenciada en Relaciones Públicas en la Universidad de Morón, y mi primer trabajo fue en McDonald´s", cuenta. Después consiguió una pasantía en una agencia de comunicación en la que se ocupaba de llamar a periodistas para ver si habían recibido sus gacetillas. Luego se tomó un año sabático para terminar la carrera, y entonces definió que quería trabajar en algo vinculado con las nuevas tecnologías.
"Pero si quería conseguir un trabajo diferente, debía presentarme de forma diferente. Se me ocurrió armar un blog con la historia de mi currículum ( http://nopodesnotenerme.blogspot.com ). Y lo mandé a un aviso online para un puesto de Community Manager. En ese momento yo no sabía muy bien lo que era, pero enseguida me di cuenta de que algo así estaba buscando", afirma.
"Mi trabajo me gusta, la paso bien. A veces se mezcla lo laboral con el hobby, y por eso me cuesta desconectarme. Estoy en varias redes sociales y suelo revisar y contestar mensajes a la noche desde mi casa, o los fines de semana -admite-. Pero por otro lado, cuando cuento cómo es mi trabajo, algunos me preguntan: ¿estás todo el día en Twitter y en Facebook y te pagan por eso?" Y sí, parece raro estar cobrando por algo que para muchos es un pasatiempo.
Por María Gabriela Ensinck

Dónde buscar empleo

En las páginas Web especializadas, como www.zonajobs.com.ar , y los sitios de las distintas empresas. Casi todas tienen una solapa que dice "Trabajá con nosotros", "Dejanos tu currículum" o "Recursos Humanos"

QUE PONER EN EL CURRICULUM
A la hora de hacer un CV diferenciador, si aún no se tiene experiencia laboral, incluir:
Manejo de idiomas
Voluntariados
Actividades académicas (ayudantías, pasantías)
Experiencias multiculturales (viajes, intercambios culturales, work&travel)
Indicar las industrias o sectores de preferencia. Esto no limita las posibilidades, sino que ayuda al entrevistador a ofrecer una propuesta de interés. Además, demuestra que se tiene claro el tipo de empleo que se busca.
Fuente: Daniel Serra, gerente de Zonajobs

LA HORA DE LOS EMPRENDEDORES
Casi siete de cada 10 jóvenes argentinos consideran probable conseguir el trabajo ideal y seis de cada 10 dicen que quieren crear su propia empresa como camino laboral deseable. Los datos surgen de una encuesta de TNS Gallup y la Universidad de Palermo entre 900 jóvenes de 18 a 24 años. Hasta hace unos años, la preferencia general era trabajar en una gran empresa o tener una profesión liberal. Sin embargo, hoy ganan terreno otras opciones, como trabajar en una pyme, en una ONG o fundar la propia compañía.
"Hay un cambio de paradigma", dice Alejandro Mashad, director de la Fundación Endeavor, una organización internacional que apoya a emprendedores. "La visión de entrar en una empresa y trabajar allí toda la vida no corre más. Y lo que quieren muchos jóvenes hoy es montar un negocio detrás de una idea." En esta visión, las nuevas tecnologías juegan un importante papel. Acercan y conectan a las personas, hacen surgir nuevas formas de comercialización -como la venta online- y disminuyen costos porque se puede empezar un emprendimiento con muy baja inversión, trabajando desde casa con una computadora conectada a Internet.

EL JUEGO DE LAS DIFERENCIAS
Empleos tradicionales
Empleos de la economía digital

Se cumple un horario de trabajo.
Se cumplen objetivos.

Se trabaja en un lugar fijo.
Se crean puestos nuevos y se puede cambiar de posición en corto tiempo.

El trabajo es mayormente individual.
El trabajo es casi siempre en equipo.

El tiempo de trabajo y de ocio están separados.
Cada vez más, los momentos de trabajo y de diversión se mezclan.

Las relaciones con los compañeros se circunscriben al ámbito laboral.
Se busca hacer amigos en el trabajo.

MITOS Y REALIDADES DE UNA EMPRESA TECNOLOGICA
Para trabajar en una empresa tecnológica hay que ser programador o especialista en sistemas.
No es necesario haber estudiado sistemas para trabajar en esta industria. Alcanza con conocer y ser usuario de las nuevas tecnologías.
Hay que tener experiencia laboral y por lo menos un máster.
Se emplea a estudiantes universitarios o recién recibidos, con o sin experiencia.
La mayoría es adicta al trabajo.
La mayoría busca tener tiempo libre y equilibrar el trabajo con su vida personal.
Juegan a la Play y al metegol en la empresa; no trabajan nunca.
En muchas empresas hay juegos y un clima distendido para trabajar.

NO TODO SE ENCUENTRA TAN FACIL
Por Adriana Noreña
¿Qué fue lo que más te gustó de tu viaje? ¿Cuánto tiempo pasás conectado en redes sociales? ¿Qué harías en una situación "equis"? Preguntas de la reclutadora al candidato, que al otro lado del teléfono suena sorprendido ante lo que parecen ser respuestas muy fáciles.
La economía digital está delineando nuevos perfiles de talentos y es un reto para todos, no sólo motivarlos y retenerlos, sino también encontrarlos. Y esto sucede porque la combinación de aptitudes y conocimientos requeridos es compleja y ni las universidades ni las empresas los estamos generando de forma consistente.
Por esa razón, quienes trabajamos día a día con estos talentos tenemos un gran desafío por delante. El punto de partida es conocer en profundidad qué habilidades necesitan, desarrollarlas e involucrar a otros actores del mercado para que el proceso se haga cada vez más escalable, en línea con el crecimiento de la industria online.
En Google dedicamos gran tiempo y esfuerzo a identificar los mejores perfiles para los roles que demanda la nueva economía. Y mientras gran parte de los conocimientos todavía los generamos puertas adentro, hay una serie de aptitudes que son infaltables en cada candidato y vemos que son una constante en muchas de las empresas del sector.
Entre las más importantes privilegiamos la capacidad de liderazgo, es decir, la habilidad para hacer converger los intereses de distintos individuos en un objetivo común y llevarlo adelante.
La capacidad analítica también es muy importante, porque permite dividir un problema en varios, hacer las preguntas correctas y encontrar la solución más efectiva para cada situación.
También evaluamos el interés y el desempeño en actividades extracurriculares, porque son un componente esencial dentro de la vida personal y profesional de estas personas, por cuanto alimentan su creatividad y capacidad de innovación. Por ejemplo, un viaje o una estadía en el extranjero. El desempeño académico es otro factor fundamental como indicador de excelencia y superación.
Otras características importantes para identificar a estos talentos son su capacidad para el trabajo en equipo y para asumir riesgos, la facilidad para manejar y ejecutar múltiples tareas al mismo tiempo, el espíritu emprendedor, el atractivo por lo multicultural y su vocación por el cliente. Finalmente, la capacidad de adaptación y flexibilidad es otra clave, porque nuestra industria es muy dinámica.
En una industria emergente como la de Internet y en el momento único que ésta atraviesa en la Argentina hoy, hay espacio para todos; la clave es dejarse encontrar. Al final del día es simplemente cuestión de estar alerta a las oportunidades y animarse a la aventura.
La autora es Country Manager de Google Argentina

lanacion.com

domingo, 17 de enero de 2010

Generación Y: ¿jóvenes atrapados en la adolescencia?

Si usted hubiera crecido en medio del auge y caída del menemismo y hubiera visto a sus padres perder ahorros y trabajo en 2001, ¿creería en serle fiel a una empresa por toda la vida, ahorrar durante años para tener casa propia o acomodar el tiempo libre a lo que las horas de trabajo permiten? Si sus padres le ofrecieran casa, comida y libertad, ¿encararía el esfuerzo económico y personal de irse a vivir solo? Si hubiera crecido bombardeado por la publicidad y acostumbrado al consumo, ¿no pensaría que el teléfono móvil envejece en unos pocos meses y se negaría a pagar por lo que baja gratis de Internet desde que era un chico?
Mirados así, a la luz de preguntas de sentido común, los jóvenes de veintipico no parecen tan irracionales, inmaduros ni descomprometidos como los de generaciones mayores los suelen ver, con una mezcla de crítica y nostalgia que a veces no puede esconder una dosis de admiración y envidia.
Se trata de la Generación Y, los que hoy tienen entre 18 y 30 años -el corazón del grupo, dicen los sociólogos, está en los que tienen entre 22 y 28-, que siguen cronológicamente y desconciertan a los pragmáticos e individualistas miembros de la Generación X, hoy entre los 35 y 45 años. También se los llama "millennials", "generación Google" o "iGeneration", en referencia a la presencia ubicua de la tecnología en sus vidas, no como dispositivos útiles para alguna función, sino como una extensión vital de sus cuerpos, sus intereses y sus modos de informarse y divertirse.
Aunque la sociología, el sentido común y los organismos internacionales sigan prolongándoles la adolescencia (la Organización Mundial de la Salud la hace llegar a los 25 años), la Generación Y transita sus carreras universitarias y accede a sus trabajos, ambientes donde el estilo hedonista, impaciente y de atención múltiple causa no pocos choques con las expectativas de docentes y jefes que, por ejemplo, se siguen asombrando de que en una entrevista laboral el interés principal del candidato origine preguntas como: "¿Cuántas semanas de vacaciones tengo?", o que los comentarios en clase empiecen invariablemente con: "Yo opino que...".
La empresa de análisis de opinión pública Ipsos, de origen francés, realizó en 2009 en nuestro país un estudio cualitativo de la Generación Y, a pedido del IAE, la escuela de negocios que recibió la inquietud de empresarios y directivos de Recursos Humanos. ¿Qué hacer con jóvenes creativos y talentosos, pero que parecen poco dispuestos a "ponerse la camiseta" corporativa dócilmente? En una línea similar, hace dos años, la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) empezó a analizar a sus "millennials" para responder a las inquietudes de los profesores, y ese trabajo se tradujo en talleres, cuadernillos con consejos "para entenderlos" y un libro que está en camino: La generación emocional .
Ipsos trabajó a partir de grupos focales de jóvenes Y, entrevistas con miembros de la Generación X, complementados con un análisis cuantitativo, a partir de encuestas por Internet a ambos grupos.
Sus resultados dibujan una generación para la que el trabajo perdió su valor de estabilidad, que valora experimentar el consumo más que acumular bienes; jóvenes que quieren ser dueños de su propio tiempo, que aceptan la diversidad de buen grado, que arman sus salidas improvisando y sobre la marcha, que quieren ser reconocidos como adultos sin dejar la casa de sus padres, que desprecian la política tradicional pero se embarcan con ganas en causas ecológicas y solidarias. Jóvenes hijos del capitalismo triunfante, para quienes la caída del Muro de Berlín es más un tema de History Channel que un recuerdo. Jóvenes más libres, pero con menos seguridades.
"Cada uno siente que es libre para ir armando su propia biografía, pero con menos certidumbres. Es un mundo que ya no tiene aquellas estructuras que daban seguridad, sobre todo el trabajo", coincidió ante LA NACION Ana Miranda, coordinadora académica del Programa de Juventud de Flacso e investigadora del Conicet.
En la Argentina, la Generación Y representa el 22 por ciento de la población, y la paridad de género entre ellos es un hecho: el 52 por ciento son mujeres y el 48 por ciento son varones. Sin embargo, una aclaración se impone. En países desiguales como la Argentina, el grupo que es retratado por estas características es el que pertenece a una franja socioeconómica media y media alta, con un capital económico y educativo que le permite, por ejemplo, cambiar de trabajo, postergar la salida de la casa paterna hasta terminar la maestría o emprender un viaje exploratorio por Asia.
Este grupo, sin embargo -que según algunos investigadores no superaría el 20 por ciento de los jóvenes de veintipico argentinos- forma parte de un fenómeno global, que en Europa y Estados Unidos se caracteriza con la instalación de los llamados "valores posmateriales", que priorizan la autonomía, la autoexpresión y la calidad de vida por sobre la satisfacción de necesidades materiales, que se dan por sentadas. Como ha señalado el cientista político norteamericano Ronald Inglehart, de la Universidad de Michigan, que trabaja el tema desde los 70: "este cambio responde a la modificación de las condiciones existenciales, de crecer con el sentimiento de que la supervivencia es precaria a hacerlo con la sensación de que está garantizada".
Muchas de las características que recogió Ipsos en su estudio, y los que la UADE define en los suyos, identifican al miembro de la Generación Y con un adolescente, que rechaza la autoridad y hace planteos emocionales aun en el trabajo. "La mayor esperanza de vida genera una modificación del ciclo vital. Hoy, después de la tercera edad, hay una cuarta, y en el otro extremo también se extienden otras etapas antes no socialmente habilitadas", describió Miranda.
Según rastreó Ipsos, el trabajo es una de las áreas en las que más claramente se ve la diferencia entre los X y los Y. "Un X se define por su trabajo y a través de lo que hace. Quieren seguir aprendiendo, planifican una carrera, aceptan el statu quo. Para un Y, el trabajo es lo que le permite llegar a lo que quiere, que suele ser la libertad personal y el placer. Por eso, repiensan su empleo cada tanto y están dispuestos a cambiarlo si no se ajusta a sus expectativas", analizó Luis Montesano, director cualitativo de Ipsos.
Así, si un X afirma que "el trabajo es un aspecto fundamental en la realización de una persona", un Y estaría más inclinado a afirmar: "El trabajo me permite tener mis cosas" o "lo necesito para vivir pero lo primordial es sentirme cómodo". Por eso, si un X es paciente mientras "crece" en su empleo, el Y tiene otros planes. "A los 40 no voy a querer estar donde estoy ahora. Me gusta la repostería"; "No quiero el estilo de vida de los 40 y pico. Trabajan desde las 8 de la mañana hasta las 12 de la noche", o "Yo les diría a mis jefes: ´comprate una vida´", según recogió Ipsos.
Hay quienes detectan diferencias según el área de la industria de que se trate. "Esto es más cierto en áreas económicas en expansión, como la tecnología y la informática, donde sí la rotación es más alta y los jóvenes consiguen sus trabajos con más facilidad", apuntó Martín Cuesta, director del Departamento de Ciencias Sociales y Humanidades de la UADE y coordinador del trabajo sobre los "millennials".
La inmediatez ante todo
La familia representa para ellos un eje central, pero de modo bien diferente del de sus antecesores. "Están cómodos en la casa de sus padres. Para ellos, la adultez no tiene que ver con la independencia. Están formateados hacia la inmediatez, y por eso les cuesta ver el beneficio más allá de un esfuerzo. No quieren atravesar pérdidas", evaluó Montesano. Algunos investigadores señalan que los padres juegan su parte en esto. "Somos otros adultos. Hoy no es tan necesario pensar en una ruptura tan fuerte entre padres e hijos como en generaciones anteriores", comentó Miranda.
La amistad también es un valor Y, pero con una mirada ambivalente. Por un lado, los amigos cercanos -el club, la escuela, la universidad-, pero también los cientos de contactos en Facebook. "Si la Generación X usa Facebook para reencontrar a sus conocidos, los Y acumulan contactos a quienes hablan, ignoran o bloquean según su preferencia", analizó Montesano. En el tiempo libre, la ausencia de un plan definido es un sinónimo de libertad y disfrute: "Estaba chateando a la una de la mañana y pintó algo que hacer". La mirada sobre la pareja es funcional, postergada para un más adelante impreciso. "Primero hay que viajar, terminar los estudios, gastar plata en ellos mismos", dijo Montesano.
La relación con el dinero también se ve transformada. Si para un X representa seguridad y futuro, para un Y es posibilidad de disfrute inmediato: "Quiero ir a Tailandia"; "Me lo gasto en chocolate"; "Lo gasto en mí". Permite, además, viajar, una experiencia central en el imaginario de los de veintipico, pero con algunas condiciones. "Si un X aspira a conocer París, Londres o Nueva York, un Y quiere ir a China y tener la experiencia de ser otro".
Es un lugar común calificar a esta generación como "nativos digitales", para reflejar el significado esencial que tiene para ellos la tecnología, a la que no pueden separar de sus vidas ni de sus funciones: es comunicación, es diversión personalizada y móvil y, sobre todo, debe ser exhibible. La estética de los aparatos que usan es central, algo que las empresas que los producen tienen muy claro. Sin embargo, no es una generación a la que la publicidad la convenza fácil, porque a fuerza de escuchar sus apelaciones ubicuas, ya no le creen. "Nacieron rodeados de publicidad, se saben buscados, saben que hay sobrepromesa en el mercado y conocen más esos trucos. Para ellos, marketing es sinónimo de mentira y no están dispuestos a pagar por lo que se puede tener gratis", dijo Montesano.
¿Se convertirán los Y en X cuando crezcan? Hacer un pronóstico es complicado, porque, como dice Inglehart, "el cambio intergeneracional es lento" y porque, como señaló Miranda, "las sociedades cambian un poco y se reproducen un poco". Sin embargo, algunos cambios de fondo habrían llegado para quedarse. "El rol del trabajo, la exploración de múltiples estímulos, la exhibición de la vida privada y el poder sobre el propio tiempo van a quedar", arriesgó Montesano.
Quizás haya sido la antropóloga Margaret Mead la que tempranamente mejor caracterizó la brecha generacional. En 1970, escribió que este desconcierto aparece cuando "no hay adultos que sepan más que los mismos jóvenes acerca de los que éstos experimentan".
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Códigos y valores
No buscan la estabilidad laboral y están dispuestos a cambiar de trabajo si éste no satisface sus expectativas.
Valoran tener tiempo libre, son creativos, flexibles e informales.
La tecnología es parte de su mundo, para informarse, entretenerse, estar en contacto con amigos y hacer nuevos.
Hedonistas, les interesa más la experiencia del consumo que acumular bienes.
Buscan concretar sus anhelos y no los postergan por una carrera profesional.
Postergan la decisión de dejar la casa paterna y formar una pareja.
Aman viajar por el mundo, sobre todo a lugares exóticos.
Ser Y, un lujo de minorías
Hay muchas maneras de ser joven en la Argentina, y pertenecer a la Generación Y es sólo una de ellas. "Son quienes terminaron la universidad a los 24, hicieron un posgrado hasta los 26 y tienen credenciales para poder negociar en el mercado laboral, con un capital educativo importante", resumió Marcelo Urresti, sociólogo e investigador en temas de juventud en el Instituto Gino Germani de la UBA. "Para la clase media, el trabajo es una experiencia personal de crecimiento y la estabilidad entonces no es un valor. Los otros no tienen chance y lo que más quisieran es un trabajo estable", señaló.
La investigadora del Conicet Ana Miranda coincidió con esta distinción, que sin duda marca diferencias entre los jóvenes de distintos grupos sociales: "En la Argentina, la posibilidad de postergación de la adultez se sostiene por la capacidad económica de la familia, que paga un viaje, el primer departamento o una maestría".
Para la mayoría de los jóvenes argentinos, lograr un trabajo de calidad y vinculado con los estudios previos (algo que se logra cada vez más tarde y retrasa también otras decisiones vitales, como casarse o tener hijos) sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar, y por eso la estabilidad -un valor tan poco Y- es valorada.
Urresti propone una comparación sencilla con un joven alemán. "En Alemania, poseer una casa no es un valor, porque el alquiler es barato y comprar es muy caro. Así que un alemán cambia fácil de casa y de barrio. En la Argentina, la vivienda es un valor, porque se llega a ella con mucho esfuerzo y porque hay especulación con la propiedad. En Alemania, si uno quiere ir a recorrer Oriente por un año, la empresa da permiso, valora la experiencia y guarda el puesto de trabajo. Acá es causa de despido."
No es la única contradicción que la sociedad argentina adulta podría revisar sobre sus jóvenes, a quienes se critica por inmaduros e inconstantes -o, en sectores populares, se estigmatiza como vagos o delincuentes- pero también se les cierran posibilidades de empleo. "Muchas de las actitudes que se critican en los jóvenes se pueden observar también en los adultos. Los jóvenes expresan lo que vieron y aprendieron de alguien", apuntó Miranda.
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domingo, 29 de noviembre de 2009

Descifrando cómo es la generación Y

Paula Urien
LA NACION
Tienen fama de irreverentes. Su vida personal es más importante que su trabajo. Privilegian, por ejemplo, ir al gimnasio y, con esa excusa, abandonan una reunión de mucha importancia. Le hablan al jefe de igual a igual. No creen en eso de que hay que empezar de abajo ni en el derecho de piso. La tecnología es parte de ellos mismos. El dinero que ganan es para darse gustos y viajar. Viven con sus padres y no piensan en mudarse a corto plazo, ni quieren hacerlo. Creen en los horarios flexibles, no en estar atornillado a la silla. Y otras cosas. Son los millenials o la generación Y, aquellos que nacieron a partir de 1982 y que están dando más de un dolor de cabeza a las generaciones que los preceden en el trabajo.
Por ejemplo, la generación X y los baby boomers. Ellos sí creen en el derecho de piso, en que el jefe debe ser respetado, en los horarios, en que el trabajo es casi sagrado.
Estos son, en realidad, diferentes estereotipos. Por supuesto que hay quienes se acercan más y otros menos, pero realmente ¿quiénes son y qué quieren los integrantes de la generación Y?


Radiografía de un Y
El informe de PricewaterhouseCoopers llamado Manejando a la gente de mañana (ver recuadro) demuestra que, después de todo, hay varias cuestiones en las cuales la generación Y no es del todo comprendida. Pero es cierto que hay diferencias, y se notan en encuentros y talleres en los que las emociones están a flor de piel. Los X, por un lado; los Y, por otro. Unos dicen que los Y no quieren trabajar; los Y, que no se van a tatuar la camiseta de la empresa, que el trabajo es sólo un medio para otra cosa, que sus padres (los baby boomers) dieron la vida por una compañía que los terminó echando, y que trabajando también quieren pasarlo bien. Así sucesivamente.
Un muy buen debate al respecto se dio el miércoles pasado en Consortium, una sociedad entre La Nacion y la consultora Maica Palacios. Se trata de un emprendimiento que busca acercar a empresas, jóvenes profesionales y universidades a través de ferias de empleos, cursos y talleres. En el marco del moderno anfiteatro aula de la escuela de negocios IAE, en Pilar, se realizó el taller Generación Y: el desafío de liderar la creatividad.
Palacios, directora de Consortium, abrió el taller con una anécdota: "Ayer, una joven me dijo que tenía dos ofertas de empleo. Entonces le pregunté si ya había decidido cuál iba a aceptar. Y me respondió: La que empiece en febrero".
Caracterizó de esta manera a jóvenes que miden el trabajo con parámetros no tradicionales y presentó una encuesta realizada con la base de datos del portal ZonaJobs. Se enviaron 18.529 mails y se obtuvieron 2784 respuestas. En 2009, el predominio de las carreras elegidas por los jóvenes son: administración, contador, abogacía, comunicación social, comercio exterior, marketing y periodismo.
"Es notable que entre las carreras más elegidas no esté ingeniería industrial ni especialista en IT [tecnologías de la información], dos que tienen en este momento pleno empleo", afirma Palacios ante un auditorio con profesionales de recursos humanos de más de 50 empresas de primera línea. Aquí otra característica de los Y: no sólo trabajan en una empresa que les gusta o les divierte, sino que también estudian la carrera que quieren. El tema laboral, según ellos, es para pensar después.
Esta encuesta tiene algunos datos sobresalientes. En 2008 la mayoría de la gente buscaba incorporarse a una compañía multinacional. En 2009 apareció como segunda opción. Asciende en la preferencia el deseo de incorporarse a una empresa privada nacional. Otro dato: el 98% de los encuestados tiene como preferencia laboral el desarrollo profesional, a contramano de quienes piensan que los Y "no quieren trabajar". La conclusión de Palacios fue que para las compañías es todo un desafío llegar a esta nueva generación.


Conciliar las diferencias
Después fue el turno de Eugenio Marchiori y de Alberto Franichevich, ambos profesores del Area de Comportamiento Humano en la Organización del IAE. Ellos lideraron un equipo que estudió, junto con la consultora Ipsos, cómo se pueden acercar las diferentes generaciones. El estudio, Integrando las nuevas generaciones en el trabajo, se hizo sobre la base de distintos focus groups. Para empezar, resultó esclarecedor cuando Marchiori dijo: "No se es Y solamente porque se quiere, sino porque se puede". Es decir, para ser Y hay que tener acceso a la tecnología y al estudio.
"Yo le diría al jefe: "Comprate una vida", es una de las citas de los focus groups que presentó Marchiori. O "no puede ser que te den sólo dos semanas de vacaciones". Y, afirma el profesor: "¡Tienen razón!".
Según Franichevich: "Tenemos un buen laboratorio para estudiar a los Y. Damos clase en la Universidad Tenaris y nos cuesta mantenerlos sentados. Son comprometidos, tienen valores... Pero son distintos. Tienen mucho para aportar porque poseen información que nosotros, los más grandes, no tenemos".
Las conclusiones del estudio son que si se está ante un Y hay algunas cosas que se pueden poner en marcha para que la convivencia entre las diferentes generaciones sea productiva. En primer lugar, al Y hay que darle feedback de su trabajo. Esta es una reminiscencia del jefe padre, algo muy típico de esta generación. También más coaching, gestionar por objetivos, ser flexible con los horarios y estimular las iniciativas novedosas. Asimismo, dar sentido al trabajo. No funcionan las estructuras rígidas y los procesos inflexibles. Y definitivamente no funciona abrir juicios o encajonar a una persona en un determinado formato.

Generaciones
Los Y o millenials
Tienen menos de 30 años. Son quienes empezaron a trabajar en este milenio. Poseen una educación formal y la tecnología es parte de ellos.
Generación X y baby boomers

Los primeros nacieron entre 1965 y 1982. Anhelan el balance trabajo/familia. Los segundos nacieron entre 1946 y 1964 y en general son workaholics


El trabajo según los millenials
Según un estudio de PricewaterhouseCoopers entre 4271 encuestados de 44 países, éstas son las preferencias de los Y:
Tecnología: es para ellos un recurso clave para socializar y establecer redes de contactos. Un 85% de los jóvenes está conectado a alguna red social, y la mayoría tiene por lo menos tres cuentas de e-mail.
Movilidad laboral: un 80% busca trabajos que le permitan viajar y un 70% quiere directamente trabajar en el exterior y utilizar otro idioma durante su carrera.
Responsabilidad corporativa: el 88% de los encuestados quiere trabajar en empresas que tengan valores que reflejen los suyos, y el 86% dice que dejaría su trabajo si esto no se cumpliera.
Trabajo estable: sólo el 3% de los encuestados quiere trabajar en su casa y el 18%, tener un trabajo con flexibilidad horaria.
Cambios: el 75% espera tener entre dos y cinco empleadores en su vida laboral.
Capacitación: es uno de los ítems más valorados. El 98% de los jóvenes cree que trabajar con buenos coaches es una parte muy importante de su desarrollo.
Retiro: más del 50% cree que ellos mismos financiarán su jubilación.
China, Rusia, India: para esta generación, en 2020 tendrán más influencias estos países que Estados Unidos.



No se les pasa con el tiempo
Hace unos días, la consultora Spriegel&Partners organizó un encuentro en Puerto Madero en el que se congregaron varios gerentes de recursos humanos con el mismo fin: aprender a acercarse a la nueva generación de empleados, que son eficientes y comprometidos, pero que tienen otra manera de trabajar.
La socia Alejandra Trigo dijo que muchos jefes se preguntan: "¿Esto se les pasa?", pensando en los códigos diferentes con que se mueven los más jóvenes. "La respuesta es no. Hay que aprender a salir de la zona de confort", aclaró. También en este encuentro se produjo un interesante intercambio de opiniones entre las generaciones presentes. Las más grandes, con algunas recriminaciones; las más jóvenes, con más exigencias en cuanto a un manejo eficiente del tiempo.

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domingo, 6 de septiembre de 2009

Qué trabajo quieren los jóvenes hoy


Cada vez son más los jóvenes que quieren cambiar de trabajo. Búsqueda de un aumento de sueldo, necesidad de sentirse "más cómodos" en el ambiente laboral o inquietud propia de la generación "Y", que no puede permanecer mucho tiempo quieta, son los principales motores del cambio constante.
Entre todos estos motivos, la búsqueda de una mayor remuneración se impone. Según una encuesta realizada por la Universidad de Palermo entre estudiantes y recién graduados, el 40% de quienes quieren cambiar de empleo tiene una motivación económica.
La segunda causa más mencionada entre los jóvenes para decidir un cambio es el mal clima laboral. Una frase muy conocida afirma "uno no se cambia de trabajo, se cambia de jefe" y esto, en el caso de los jóvenes, se potencia. La generación "Y" busca en los jefes guías y contención. Necesitan un referente que los ayude en el aprendizaje de manera cordial y, sobre todo, rápida.
El tercer motivo que mueve al cambio, la inquietud propia de la generación "Y", reúne los aspectos anteriores y suma otros, como la facilidad para aburrirse con una tarea repetitiva. Los jóvenes requieren todo el tiempo nuevos desafíos y un trabajo al que le puedan otorgar un sentido. Si no crecen en la empresa rápidamente, o aún si lo hacen, optan por el cambio. El equilibro entre la vida personal y la profesional también es clave para ellos y, si una compañía no respeta sus tiempos, no dudan en abandonarla.
Estos jóvenes, que en su mayoría se sumaron al mercado laboral después del 2005, estaban acostumbrados a un contexto que les permitía el cambio, en constante pugna por "talentos". No habían experimentado aún el desempeño en un marco de recesión. Hoy, la necesidad constante de cambio de los jóvenes no encuentra correlato en la situación económica: una encuesta del INDEC, publicada en junio, afirma que disminuyó la cantidad de empresas que buscan trabajadores (del 37% con búsquedas abiertas en el 2008 se pasó al 26% en el 2009).
Otro estudio, llevado a cabo por la empresa Manpower, muestra que las expectativas de contratación han alcanzado su nivel más bajo desde que se empezó a realizar el informe, a principios del 2007. En el relevamiento, el 79% de las empresas consultadas respondió que no piensa modificar su planta en el tercer trimestre, mientras que un 11% planea reducirlas y el 8%, aumentarlas.
Ante esta situación, las reglas de juego a las que estaban acostumbrados los jóvenes cambian y es el momento de buscar "nuevos formatos" de trabajo. Así, por ejemplo, ser "entrepreneur" se convierte en una excelente opción. Según la encuesta ya mencionada de la Universidad de Palermo, un 25% de los jóvenes preferiría trabajar en una empresa propia. Tal vez sea este el momento de comenzar.
Otra alternativa, para esta generación siempre ávida de cambios, es aplicar a los programas "Work and travel". Si bien las oportunidades para trabajar en el exterior se redujeron en el último tiempo, todavía son muchos los programas para viajar y ganar experiencia profesional, aprender o perfeccionar otro idioma y juntar dinero.
También se vuelve una posibilidad atractiva trabajar para las grandes compañías de manera free lance. Amantes de la tecnología, los jóvenes pueden ofrecer servicios de diseño, de redacción, legal, etc. desde afuera de la planta estable de la empresa. Más tiempo para ellos, menos costos para las empresas, ecuación ideal.
El cambio del modelo conocido puede ofrecer a la generación "Y" la excusa ideal para "ponerse la mochila al hombro", desarrollar a pleno su potencial y generar nuevas oportunidades.
Por María Inés del Árbol, coordinadora del Departamento de Desarrollo Profesional de la Universidad de Palermo



Qué quieren los Sub 24

Más orientados a carreras humanísticas que técnicas, con miedo al desempleo y con muchas ganas de trabajar por su cuenta. Así son los jóvenes argentinos según una encuesta que la Universidad de Palermo (UP) encargó a la consultora TNS Gallup. El sondeo, que abarcó 909 argentinos de 10 a 24 años de todo el país, reveló que muchos prefieren trabajar en la Argentina -aunque no descartan tener una experiencia internacional-, anteponen un trabajo estable a uno con buen clima laboral y prefieren ser su propio jefe..
En cuanto al trabajo soñado, la mayor concentración de votos se dio en las carreras relacionadas con la educación y la salud. También se observó que hay más jóvenes que quieren ser futbolistas que ingenieros, y más interesados en ser cantantes que contadores.
Si el deseo de cada joven se cumple, en el futuro habrá más empleados de oficina, comerciantes y abogados que policías, veterinarios y arquitectos. Para Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, "uno de los aspectos más interesantes de este estudio es que sólo el 6% del total opta por las carreras que pueden ser denominadas técnicas. Un 2% dice que quiere ser mecánico. Un porcentaje similar opta por informática; un uno por ciento quiere ser ingeniero y el mismo porcentaje, ingeniero agrónomo. Este último es un porcentaje muy bajo para un país en el cual el campo es vital y donde además tiene una gran importancia como generador de empleo en el concepto de cadena agroindustrial".
Fraga agregó que esta realidad corrobora la marcada opción por las carreras humanísticas, "cuando el país necesita mano de obra calificada para el trabajo industrial, técnico y agropecuario, y está faltando pese al incremento del desempleo".
Por otro lado, ni la crisis económica ni el aumento de desempleo empobrecieron el optimismo de los más jóvenes respecto de su futuro laboral. Siete de cada diez creen que conseguirán su trabajo soñado en los próximos años. Es más, el 31% no tiene dudas de que lo logrará.

"Muchos de estos jóvenes pasaron la crisis de 2001 y me sorprendió que sean tan optimistas. De todos modos, varios prefieren el emprendedorismo a la relación de dependencia. Es indudable que ese dato tiene que ver con el pasado económico argentino", comenta Gabriel Foglia, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Palermo (UP).
El académico opina que hay un delay en la comprensión de la crisis actual por parte de los más jóvenes. "Todavía no se percatan del cambio de escenario a nivel mundial. Siguen con la idea de crecimiento en la cabeza porque eso es lo que vivieron la mayor parte de su vida", agrega Foglia.
Aunque el optimismo de los jóvenes sobre la posibilidad de acceder a su trabajo ideal es muy marcado, la certidumbre se diluye a medida que van creciendo. También hay diferencias de percepción si se hace un corte socioeconómico. Mientras sólo el 61% de los jóvenes de estratos menos favorecidos cree que conseguirá el trabajo que quiere, el 80% de los sectores medios y el 73% de los sectores altos creen que lo lograrán.
Para ellos, las llaves que les permitirán acceder al trabajo que quieren son la educación y la vocación. "Los jóvenes asocian marcadamente la necesidad de una educación completa para conseguir un buen trabajo, y le recuerdan al mundo adulto la necesidad de poner foco en el sistema educativo", dice Constanza Cilley, directora de Comercio y de Investigaciones de TNS Gallup.
Entre los factores que pueden hacerlos fracasar mencionaron no haber terminado los estudios o que no haya trabajo. El 15% cree que no podrá trabajar en lo que le gusta porque para hacerlo "se necesita mucha plata".
"Confío en mi perseverancia en el estudio, pero sé que la carrera es difícil, larga, y que el porcentaje de estudiantes que consiguen la licenciatura es significativamente inferior al de los que inician la carrera porque las exigencias son altas y las limitaciones, muchas", explica Daniela Paolini, estudiante de 21 años de la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires.
La joven se considera "medianamente optimista" sobre la posibilidad de encontrar un trabajo acorde con sus deseos. "Mi carrera me capacita para ámbitos diversos que pienso ir descubriendo en su transcurso. Idealmente, sin pensar en remuneración, me gustaría realizar trabajos de investigación en el Conicet. Entre otras cosas, también podría ser profesora de literatura, crítica literaria o trabajar en una editorial", agrega.
Un trabajo estable
Hijos de su realidad, el temor a la falta de dinero y al desempleo marca las opiniones de los jóvenes. Por eso, a la hora de buscar empleo, la mayoría apostará a un trabajo en el que se le pague bien y sea estable. Sólo después se fijarán en que la tarea les permita sentirse satisfechos o que el ambiente laboral sea agradable.
"Percibir un buen salario para evitar preocuparse por temas de dinero es una tendencia que crece entre los jóvenes de mayor edad. El tema de la realización personal aparece mayormente en la clase alta y en la Capital", señala el estudio.
Alejandro Vázquez, de 21 años y estudiante de la Licenciatura en Administración y Sistemas del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), es de los que apuntan hacia el buen clima. Al buscar trabajo, el joven priorizará las empresas que le brinden aprendizaje y un ambiente amigable. "Obviamente, el factor económico también influye mucho, pero si no existe la necesidad, está como tercera prioridad", aclara.
Mejor, en la Argentina
Los jóvenes rescatan la cultural local a la hora de trabajar. El 70% prefiere trabajar en una compañía nacional. "La preferencia por empresas extranjeras aumenta a medida que crece el nivel socioeconómico. Se observa además una mayor predisposición a trabajar en firmas foráneas en los jóvenes residentes de la Capital si se compara con los del resto del país", según el informe.
La mayoría también quiere trabajar en el país, aunque muchos proyectan un experiencia en el extranjero. "No es un dato menor que aproximadamente cuatro de cada 10 jóvenes residentes en la Capital preferirían trabajar fuera del país", destacó Cilley.
Tal es el caso de Paolini. "Quisiera trabajar en la Argentina, pero me veo, aunque sea por un tiempo, haciéndolo en el exterior, como experiencia personal de capacitación. Tengo la creencia de que si consiguiera un buen trabajo en el exterior, las condiciones laborales serían mejores que las de acá", opinó.
En cuanto al sector, casi la mitad de los jóvenes prefiere el privado, mientras que al 35% le gustaría trabajar para el Estado.
Emprendedores
Otra característica de las nuevas generaciones es su perfil cuentapropista. El 64% de los jóvenes mayores prefiere emprender un proyecto por su cuenta. Sólo un 30% quiere trabajar en relación de dependencia.
"Tienen muy incorporado el concepto de lo instantáneo. Ese es uno de los motivos por los que a las grandes empresas les cuesta tanto venderles un proyecto de carrera a largo plazo. No se ven durante 10 o 15 años en el mismo lugar. Buscan oportunidades a cada momento y no tienen mucha paciencia", opinó Foglia.
"Prefiero emprender algo por mi cuenta, porque eso permite tener un poco más de libertad y manejar los propios tiempos", afirma Santiago Lubertino, de 20 años, y estudiante de segundo año de la Licenciatura en Management orientado a entretenimientos y medios, en UP. Su trabajo ideal sería como productor o administrador en una empresa internacional.
Algunos jóvenes se proponen un esquema mixto.
"Me encantaría desarrollar mi emprendimiento porque realmente es construir mi camino. Pero no descarto la posibilidad de empezar a trabajar en una empresa cuando me reciba, principalmente por necesidad, y además porque la experiencia suma muchísimo para luego emprender algo con éxito", señala Vázquez.
Por su parte, Graciela Filippi, consultora, docente de la cátedra de Psicología del Trabajo de la Facultad de Psicología de la UBA y vicedecana de esa facultad, expresa: "En mi tesis doctoral sobre el significado y el valor del trabajo pregunté a la gente qué haría si ganara la lotería. La mayoría dice que no dejaría de trabajar, pero cambiaría las condiciones. Principalmente quiere trabajar menos horas y ser su dueño. La búsqueda de la autorrealización y satisfacción en el trabajo tiene que ver con mandarse".
Filippi descubrió esta tendencia por primera vez en un estudio que realizó en 1998. La académica agrega que para los baby boomers el ideal era trabajar en una empresa de prestigio. Eso cambió porque el pleno empleo se acabó y una salida para las personas es organizar su destino. "Cuando los jóvenes dicen que quieren un trabajo estable y señalan su preferencia por el autoemprendimiento están linkeando las dos cosas. Pero en un mercado en crisis, lo propio también es inestable", concluye.
Marilina Esquivel
Para LA NACION
Una jornada dedicada a los mayores de 25
El interrogante sobre el devenir laboral también les cabe a los jóvenes que ya están trabajando. Para ayudarlos, el Grupo Joven de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) organizará su XVIII Jornada Anual con el lema ¿Quién vas a ser? ¿Qué vas a hacer? Está orientado hacia personas de entre 25 y 35 años y se realizará el próximo sábado, a las 9, en el campus del IAE en Pilar.
"Este año vamos a pensar en su rol como empresarios y profesionales para un país más inclusivo", dice la presidenta del grupo, Rosario González Morón.
La jornada se desarrollará con líderes empresariales, políticos y sociales, y habrá un taller de reflexión de actualidad y un espacio denominado 3 Minutos para tu idea, en el que 10 jóvenes asistentes deberán defender una idea o proyecto que transmita los valores de cooperación, diálogo, trabajo en equipo y bien común.
Informes e inscripción: 4331-0251 -
http://www.jornadajovenacde.com.ar
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domingo, 29 de marzo de 2009

Claves para entender a los millenials


Ni desleales ni esquivos a las prácticas laborales tradicionales. El reduccionismo que a veces describe a los millenials como imposibilitados de comprometerse con una empresa es erróneo. De hecho, los trabajadores del milenio -aquellos que nacieron a partir de 1984 y también se conocen como Generación Y y Generación Yo- buscan estrechar vínculos con las organizaciones que comparten sus valores y tienen habilidades que los distinguen para actuar en crisis. Así lo afirma el estudio Millenials at Work de PricewaterhouseCoopers realizado en 44 países.
Ante la revisión de paradigmas que plantea la crisis económica actual, los millenials pueden colaborar con "una mirada nueva, fresca y desprejuiciada de la realidad", sostiene Enrique Babis, socio líder de servicios de consultoría en Recursos Humanos de PwC. Agrega que, en épocas de cambio, se requiere identificar creativamente áreas de mejora, capacidad de implementación de nuevas ideas y energía, propiedades que atribuye a la nueva generación.
Sería un error pensar en esta generación como una masa sin diferenciación. Sin embargo, sus miembros son "nativos digitales". "En cambio, quienes nacimos después del advenimiento de la notebook somos inmigrantes digitales", define Eugenio Marchiori, profesor invitado del Area de Comportamiento del IAE Business School y coautor, junto con Alberto Franichevich, del libro La diversidad en acción. Transformando la diversidad en fuente de ventajas competitivas .
Esta facilidad los hace especialmente aptos para el manejo de redes y tecnología informática. "Estas habilidades les son útiles a las empresas en los momentos de crisis. No sólo pueden formar redes, sino que tienen una mayor percepción de lo intercultural y comunicarse vía Web les permite estar más abiertos a otras culturas. Por su edad, no tienen el arraigo de una familia, por lo que pueden movilizarse por el mundo", describe Marchiori.
Acerca de su desempeño en situaciones de crisis, Martín Cuesta, profesor investigador del Instituto de Ciencias Jurídicas y Sociales de UADE, explica que el segmento de mayor capacitación y uso de tecnología, o el 25% superior, no va a cambiar su pauta de conducta ante la crisis. "Porque no los afecta directamente", agrega. El resto deberá hacer un esfuerzo de adaptación, ya que se verá obligado a adaptarse a la época. "Esto también va a depender del mercado. Ahora que la demanda de profesionales en el segmento informático está empezando a reducirse, es probable que aquellos millenials que no son de alto potencial no tengan tanta libertad para movilizarse de un trabajo a otro", pronostica Cuesta.
Desarrollo y valores
Según PwC, no es cierto que los millenials privilegien la flexibilidad como valor supremo. El 75% de los encuestados cree que tendrá sólo entre dos y cinco empleadores en la vida. Sólo el 3% espera trabajar principalmente en sus hogares, y sólo el 18% piensa que lo hará fuera de los horarios habituales de oficina.
En la Argentina, el 60,4% estima que su horario laboral comprenderá horas regulares de oficina, y el 33,5% cree que su carrera laboral se desarrollará principalmente en diversos puestos y roles dentro de una compañía.
"Como los baby boomers y la Generación X, los millenials valoran la estabilidad, seguridad y variedad. Quieren ser leales a las empresas donde trabajan y compartir valores. La diferencia de esta generación es que en el caso de no encontrarlo en sus compañías buscan cambiar más rápidamente que las generaciones precedentes", explica Babis.
Buscan empleadores con valores de RSE compatibles con los propios, y el 86% pensaría en renunciar si eso no se cumple. Entre las políticas de RSE, la referida a cambio climático es una de las más importantes para estos jóvenes trabajadores. "Tienen mucha más conciencia sobre la problemática humana y ecológica que la que tenían los baby boomers, por ejemplo", destaca Marchiori. Consultado sobre si esa característica los torna más selectivos laboralmente, explica: "Hasta hace algunos años el mercado laboral era muy demandante y el talento escaseaba. Quien ingresaba en una compañía contaba con cierto poder, lo que le permitía tener ciertas exigencias. En la medida en que la situación se torne más difícil, el profesional deberá buscar puntos intermedios o formas de negociación con las empresas".
En el tope de sus demandas están la capacitación y el desarrollo. Un tercio de los encuestados eligió este factor como su primera opción en materia de beneficios, además del sueldo. De hecho, es tres veces más alta que la proporción que eligió las bonificaciones en efectivo. El 98% quiere trabajar con buenos tutores y mentores.
"El millenial busca estabilidad en la empleabilidad. En lugar de buscar estabilidad en el trabajo, lo hacen en la empleabilidad. Saben que los viejos contratos de los años 60 no existen. Estos jóvenes le preguntan a su empleador qué puede hacer por ellos y su crecimiento. No son alocados. Los millenials que ingresan en Programas de Jóvenes Profesionales; es decir, el 25% superior, no están tras el salario, sino detrás del crecimiento. Saben que su futuro laboral no depende de estar atado a una corporación", describe Cuesta, que el 28 de abril dictará la conferencia Generación Y, ¿adaptarlos o adaptarse? en la UADE.
Un desafío para RR.HH.
La investigación de PwC sugiere que algunas empresas deben reevaluar esfuerzos para atraer y retener a los trabajadores más jóvenes. Para Babis, un buen punto de inicio es mejorar la relación entre los millenials y sus jefes, y principalmente concientizar a las generaciones anteriores sobre las necesidades de coaching y guía de los nuevos empleados.
Cuesta coincide con esa visión y sugiere: "En los programas de knowing sharing es más importante que el gerente se acerque como tutor o amigo que como anciano sabio".
Para el gerente de RR.HH. de LG Electronics Argentina, Mariano Bracamonte, los millenials tienden a cuestionar y desafiar todo lo instituido o establecido. Son ansiosos y esperan que los cambios se produzcan enseguida. Por su parte, Analía Magdalena, gerente Recursos Humanos de Boehringer Ingelheim, expresa que les gusta trabajar por proyecto y quieren dejar su impronta.
Para la ejecutiva del laboratorio alemán, estos jóvenes hacen que en la empresa no se deje de pensar continuamente en alternativas para mantenerlos en movimiento y trabajando en nuevos proyectos. "Tenemos los Extended Business Trips, viajes de desarrollo por períodos cortos, de entre tres y seis meses. Suelen ser intercambios, y son ideales para estos jóvenes que todavía necesitan movilizar familias -explica Magdalena-. Todo esto les suma conocimiento a los jóvenes, que en el futuro van a exigir pista y tenemos que estar preparados para dársela porque si no los va a disfrutar la competencia."
Por su parte, Bracamonte dice que para RR.HH. es importante lograr flexibilidad en políticas y procesos tanto para satisfacer a los millenials como a las generaciones anteriores. "Cuando los motivadores son muy diferentes y todos conviven, es importante que esta flexibilidad no sea vista como un diferenciador a favor de uno o de otro", advierte. Otro desafío es compartir y equilibrar las culturas y los principios entre los miembros de una organización, los que poseen más años y los de esta nueva generación.
Todos y cada uno pueden sumar conocimientos y habilidades para salir de la crisis.
Marilina Esquivel
Para LA NACION
Números que aclaran el panorama
El 80% de todos los encuestados quiere trabajar en el exterior, porcentaje que trepa seis puntos en el caso de los argentinos. Los jóvenes locales preferirían hacer la experiencia internacional en España o Inglaterra, destinos con el 37% de los votos cada uno, y en Estados Unidos, con un 30% de las adhesiones.
El 70% espera usar un idioma que no sea el nativo en el trabajo, principalmente inglés. A diferencia del resto del mundo, donde los jóvenes esperan usar como segundo idioma el francés, entre los argentinos, ese lugar lo ocupa el portugués.
El 62,5% de los millenials argentinos espera financiar su retiro personalmente; este dato supera en casi cinco puntos el promedio mundial. Sólo el 4,2% manifestó que el gobierno o Estado cumpliría este rol, y el 12,5% nombró a su empleador.
El 58,3% de los millenials argentinos es parte de una red social y el 40% tiene tres cuentas de correo electrónico. Casi todos poseen celular, y el 86%, iPod o un reproductor de MP3.
El 40% de los encuestados se siente cómodo con la idea de dar a sus empleadores mayor acceso a su información personal, con el fin de preservar la seguridad personal y de la empresa. Esto puede explicarse porque muchos de ellos están acostumbrados a postear información personal en redes sociales. Por otro lado, el 36% no desea brindar este tipo de datos, y el resto no sabe.
El 30% cree que en 2020 las compañías gestionarán universidades propias para tener acceso a las habilidades que necesiten. Más de un tercio considera que las empresas serán más influyentes que el gobierno dentro de 10 años.
Casi la mitad de los participantes cree que China, Rusia e India van a tener más influencia económica que Estados Unidos y Europa en 2020.
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El orgullo de sus padres
Andres Hatum
Para LA NACION
"Yo no trabajo 40 horas por semana, no me cierra con mis intereses" o "quiero vestirme cómodo en un ambiente informal", por ejemplo, son frases que la gente de Recursos Humanos y los jefes están acostumbrados a oír de la Generación Y (Gen Y) o del Milenio. El humor de los ejecutivos ha cambiado con el tiempo para confrontar la aparente arrogancia de esta nueva generación que se ha incorporado al mercado laboral.
La Generación Y tiene grandes expectativas respecto de temas como sueldos, trabajo flexible, promociones y tiempo personal. Ellos consideran que pueden ser selectivos. ¿Por qué? Básicamente, son conscientes de que los baby boomers se están jubilando y las empresas los necesitan a ellos. Y más importante aún, la Gen Y es hija de los baby boomers y no quiere verse reflejada en el tipo de vida que sus padres han tenido. Los millenials han visto a sus padres dejar de lado sus vidas por organizaciones que después los han "traicionado" y despedido.
"The trophy kids", o los chicos trofeo, como los definió Alsop en su libro homónimo, han sido el orgullo de sus padres, que les han dado todo lo que ellos no pudieron o no supieron tener. Estos "chicos" pueden, sin embargo, aportar mucho a las empresas en épocas de crisis. La Gen Y puede poner un alto valor al éxito y la consecución de objetivos; pueden ser trabajadores incansables siempre y cuando se comprometan con el proyecto. Son particularmente buenos en manejar varios temas al mismo tiempo y con una orientación tecnológica que es clave hoy.
La empresa norteamericana BestBuy, un retailer de productos electrónicos, fue capaz de realizar grandes ahorros utilizando grupos de esta generación que querían innovar. La creatividad puesta en un nuevo software para compras on line les permitió ahorrar dinero en consultores y sofisticar su proceso de ventas.
Con la gran crisis económica y la recesión en puerta, se puede esperar que esta generación baje sus pretensiones. Pero cuidado, luego de la crisis, la esencia de esta generación volverá a florecer rápidamente. Es una generación difícil de convencer, pero puede ser bueno intentarlo.
El autor es profesor de Comportamiento Humano del IAE.