Mostrando entradas con la etiqueta Corea del Norte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Corea del Norte. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El extraño mundo que es Corea del Norte


Es una de las naciones más cerrada y reservadas en la Tierra. Pero en los últimos 18 meses, dos periodistas de la BBC han sido testigos de algunos de los aspectos más extraños de la vida en Corea del Norte, un país que está de luto tras la muerte de su líder, Kim Jong-il.
La presentadora de la televisión estatal que difundió la noticia lo hizo vestida de negro y esforzándose por contener las lágrimas. Informó que el líder había muerto de un ataque al corazón después de un excesivo trabajo físico y mental, lo que provocó llanto histérico en las calles de Pyongyang, la capital.
Ahora el cuerpo, cubierto con una tela roja dentro de un sarcófago de cristal sobre un lecho de flores, reposa en el palacio memorial de Kumsusan, donde se suceden los homenajes a la memoria del fallecido y donde también reposan desde hace 17 años los restos de su padre, Kim Il-sung.
Desde edades tempranas a los ciudadanos de Corea del Norte se les enseña a expresar devoción tanto a Kim Il-sung, conocido como "el Gran Líder", quien murió en 1994, como al "Querido Líder", Kim Jong-il.
Estas son algunas observaciones de Sue Lloyd Roberts y Michael Bristow, de la BBC, quienes en 2010 tuvieron una visión de primera mano de la vida en Corea del Norte.

¿Quién es Nélson Mandela?
En el departamento Lenguas Extranjeras de una universidad le pregunté a los estudiantes cómo se las habían arreglado para aprender un inglés tan bueno.
"Gracias al Gran Líder -respondió un joven- que nos permite ver películas inglesas y estadounidenses como The Sound of Music, (Sonrisas y lágrimas, en España, y La novicia rebelde, en América latina).
Cuando le pregunté sobre qué dirigentes mundiales -aparte del Querido Líder- admiraba rápidamente respondió: "Stalin y Mao Tsetung" Sin embargo, los estudiantes no habían oído hablar de Nelson Mandela.

Kim Il-sung murió, pero sigue siendo el presidente

Niñas pequeñas, con amplias sonrisas, bailan en perfecta formación, y niños, con elegantes trajes rojos y rostros pintados, cantan alabanzas al "Gran Líder".
Todo comenzó con discreto encanto, pero las sonrisas rígidas en rostros como máscaras, incluso de niños, pueden volverse bastante siniestras. Otros menores son empleados para barrer las escaleras que conducen hasta la estatua de bronce del "Gran Líder", de unos 18 metros, que domina Pyongyang.
Kim Il-sung murió hace 16 años pero sigue siendo el presidente del país, y tiene más de 500 estatuas. "El es inmortal", explicó el guía, de 24 años de edad. "No creemos que haya muerto".

La adaptación de los que huyen

No es de extrañar que el promedio de 3.000 norcoreanos que logran escapar cada año del país más aislado y hermético del mundo, y llegar a Corea del Sur, se sientan como si hubieran aterrizado en otro planeta.
Los ciudadanos de Corea del Sur pueden utilizar sus teléfonos celulares para pagar en el supermercado, en el país de más rápida conexión de banda ancha por persona en el mundo, y en el que hay cámaras de pantalla táctil a lo largo de las principales calles comerciales para que la gente pueda enviar fotografías.
Por eso, los recién llegados de Corea del Norte pasan meses en escuelas especiales para aprender a lidiar con el siglo XXI.

Sin acceso a Internet

La televisión de Corea del Norte sólo emite hagiografías de sus líderes e imágenes de celebraciones militares o granjas y aldeas modelo.
Probablemente quienes se encargan aquí de nosotros nunca han visto otro tipo de noticia o documental sobre su país o el resto del mundo. No pueden hacerlo porque nadie tiene acceso a internet en Corea del Norte. Los norcoreanos usan una intranet que me fue mostrada en la Universidad de Pyongyang.
Un estudiante de Metalurgia que hablaba buen inglés explicó que no podía comparar sus investigaciones con las de un estudiante digamos de Londres o Los Ángeles porque el sistema no se lo permitía. Sin embargo, agregó que "el Querido Líder ha colocado todo lo que se necesita saber en nuestro sistema de intranet".

Flores especiales para los líderes

La política lo permea todo en Corea del Norte, incluso las flores. El (fallecido) líder Kim Jong-il y su padre, Kim Il-sung, el fundador de Corea del Norte, tienen flores que llevan sus nombres. Hay una exposición en el centro de Pyongyang que muestras las dos flores, llamadas kimjongilia y kimilsungia.
En un día de fiesta cientos de personas -soldados, parejas y familias con niños- deambulaban por el centro de exposiciones. Muchos se fotografiaban frente de las flores, en una muestra de devoción hacia los dos únicos hombres que han gobernado este estado secreto comunista.
Pak Mi-Gyong, guía de la exposición floral que habla inglés, me dio otra muestra de la misma devoción. Le pregunté si podía fotografiarla delante de un retrato gigante de los dos líderes que colgaba en un extremo de la sala principal. Ella me advirtió que al tomar una fotografía había que tener el cuidado de no cortar los cuerpos de ambos hombres en la imagen. "Ellos son nuestros líderes y los respetamos desde el fondo de nuestros corazones. No permitimos a otras personas cortar sus imágenes en fotografías", dijo un poco enfadada.
lanacion.com

martes, 20 de diciembre de 2011

Hambruna y armas nucleares en el país más paranoico y aislado del mundo


PEKIN.- Como en los tiempos de esplendor de sus más poderosos reyes, el comunismo se perpetúa en forma de dinastía hereditaria en Corea del Norte, la última frontera de la Guerra Fría.
A los 29 años, Kim Jong-un, el hijo menor del difunto Kim Jong-il, es el "Gran Sucesor" del "Querido Líder" y tomará las riendas del país más hermético y aislado del mundo.
Visitar el "Reino Eremita" no es viajar en el espacio, sino en el tiempo, y retroceder medio siglo a la Rusia soviética de Stalin o a la China de Mao.
Como en esas oscuras épocas, la represión, el miedo, la propaganda y el culto al líder marcan la vida de los norcoreanos desde la cuna hasta la tumba.
Cuando los chicos van al colegio, lo primero que ven en clase es un gran mural con las figuras de Kim Il-sung, el "padre fundador" de la patria, y su hijo Kim Jong-il, a quienes no pueden dar la espalda.
Aunque estén en clase de inglés, y no de historia, estudiarán la filosofía juche (autarquía) y la política songun de primacía militar de los Kim, omnipresentes en este régimen plenamente socialista, ya que la propiedad privada está prohibida y todos los servicios corren a cargo del Estado.
Con sólo aterrizar en Pyongyang, la primera parada obligatoria es rendir honores a la estatua de bronce de 30 metros de Kim Il-sung que preside la capital.
Con dos millones de habitantes y amplias avenidas casi vacías, Pyongyang es una decadente ciudad de clara inspiración soviética, como delatan sus grises edificios del estilo retrofuturista que tanto se prodigaba en los 70 y sus grandes colmenas de viviendas.
Viniendo de China, donde sonríen hasta los albañiles que hacen el duro turno de noche, sorprende la tristeza en esta ciudad de sombras sin tráfico ni vallas publicitarias, pero plagada de retratos del "Gran Líder" y del "Querido Líder" y de consignas del Partido de los Trabajadores.
Mientras el régimen destina miles de millones a su programa de armas nucleares y ha detonado ya dos bombas atómicas, los norcoreanos sobreviven a duras penas con cartillas de racionamiento por las que reciben cada mes 15 kilos de arroz, tres de carne, 15 huevos y algunas verduras.
Eso para los afortunados que viven en las ciudades, porque en el campo aún se arrastran las secuelas de la "gran hambruna", que se cobró dos millones de vidas -300.000 según las cifras oficiales- a mediados de los 90. En las cooperativas de los pueblos, los campesinos aran la tierra con bueyes por falta de combustible para los tractores.
Por las desiertas carreteras se ven numerosos agricultores que trabajan con sus manos e incluso a ancianos que cargan fardos de ramas para calentarse con hogueras y hacer frente a los frecuentes cortes de electricidad.
Con sólo un 17 por ciento de tierra cultivable, el 60 por ciento de la empobrecida economía nacional se basa en un sector agrario que reposa en productos básicos como arroz, maíz, papa, soja y trigo.
Corea del Norte depende de la ayuda internacional, pero para evitar un cambio de régimen como en Irak, no sólo mantiene a un ejército de 1,2 millones de soldados, sino que se ha convertido en una potencia nuclear.
El objetivo es muy ambicioso: jugar la carta de la diplomacia atómica en sus negociaciones de desarme a cambio de petróleo, reconocimiento internacional y asistencia humanitaria. El precio, elevado: el sacrificio de un pueblo sometido a la represión de un Estado paranoico.
Según organizaciones internacionales como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, el régimen norcoreano mantiene confinados a 200.000 disidentes en los denominados " kwan li-so" , donde son reeducados con trabajos forzados.
Sin acceso a Internet ni a noticias internacionales, y bombardeados por películas de guerra y canciones patrióticas, los norcoreanos no saben absolutamente nada del exterior y piensan que viven en el "paraíso de los trabajadores".
Su único esparcimiento consiste en presenciar multitudinarias paradas militares o espectaculares desfiles con antorchas y asistir a los Juegos de Gimnasia Masiva Arirang, donde 100.000 bailarines, acróbatas y figurantes ocupan el Estadio Primero de Mayo de Pyongyang y dibujan de forma sincronizada gigantescos mosaicos propagandísticos en una de sus gradas.
Engalanados con trajes tradicionales y luciendo el pin de Kim Il-sung en la solapa, el régimen lleva en masa a los trabajadores a visitar la casa donde nació el "Presidente Eterno" y su mausoleo, donde permanece embalsamado, así como a la exposición de las flores nacionales bautizadas en su honor y en el de su hijo, kimilsungia y kimjongilia.
Un culto al líder que parece copiado del Gran Hermano de Orwell en su novela 1984, pero que es tan real como las bombas atómicas del difunto Kim Jong-il y su sucesor, el "Joven General" Kim Jong-un.
lanacion.com

lunes, 13 de septiembre de 2010

El día a día en Corea del Norte

El régimen dice que es el País de los Amaneceres Brillantes y quizá por eso decide a qué hora deben levantarse sus ciudadanos. Son poco más de las 6 de la mañana y los altavoces apostados en las plazas y edificios de Pyongyang comienzan a despertar a la población con loas al líder y marchas militares. Desde este momento y hasta que se acuesten, los habitantes del más asfixiante y despótico lugar del mundo recibirán instrucciones sobre dónde ir y en qué transporte hacerlo, de qué hablar y cuándo hacerlo y, por encima de todo, qué pensar. Nunca deben hacerlo. El país es una inmensa cárcel y el Gobierno espera mantenerla en orden convirtiendo a sus súbditos en robots en serie. "Ármate con la ideología del Querido Líder", exige la voz chillona del altavoz mientras escolares, funcionarios y militares marchan en perfectas líneas hacia escuelas, ministerios y cuarteles. Casi se puede oír lo que quiere decir: "¡Marchad, robots, marchad!".
Un nuevo día ha comenzado en la República DEMOCRÁTICA Popular de Corea.
Ya en el vuelo que me trajo a Pyongyang detecté indicios de que me dirigía a un lugar como ningún otro. La azafata del avión de Koryo Airways me entregó una copia del 'Pyongyang Times' con un gran titular a toda página: "Kim Jong asiste a una comedia". Y lo sería, con su totalitarismo rancio y las excentricidades de un dictador que se hace llamar el Querido Líder, sino fuera por los 22 millones de personas que sufren todo esto a diario.
Nada más entrar en el país han confiscado mi teléfono móvil y mi pasaporte -han prometido devolverme ambos- y me han informado de que los ciudadanos de Corea del Norte tienen la suerte de vivir en el "paraíso en la tierra". El país tiene armas nucleares, pero no Internet o telefonía móvil para la población.
Mujeres y hombres llevan un pin en la solapa con la imagen del líder Kim Jong Il o de su padre Kim Il Sung, todavía "presidente" a pesar de llevar 16 años fallecido. El calendario ha sido retrasado para hacerlo coincidir con su nacimiento. Estamos en el año 99, no en 2010.
Lemas revolucionarios adornan campos de arroz, fachadas de las casas, fábricas y edificios oficiales durante todo el camino al centro de Pyongyang. Retratos del Querido Líder se repiten por todos lados. Se dice que un norcoreano ve la imagen de su dictador una media de 30 veces al día y ya les adelanto que no es cierto. En mi primer día en Pyongyang, lo he visto 47 ocasiones. Impoluto. Impasible. Benevolente. Iluminado.
Pero más allá de la retórica revolucionaria, la combinación de represión, aislamiento y culto a la personalidad que ha mantenido en pie el régimen norcoreano está a punto de pasar por su mayor prueba. Kim Jong Il, de 68 años, ha aparecido débil y delgado desde que sufrió una apoplejía hace dos años. Mientras el país celebra estos días su 62 aniversario, y miles de bailarines y soldados toman las calles en masivos desfiles públicos, el régimen ultima los detalles del proceso que designará al sucesor de la única dinastía comunista hereditaria del mundo. Se llama Kim Jong Un, es el hijo predilecto del Querido Líder, como se hace llamar Kim Jong Il, y ha sido aupado por la propaganda oficial al rango de "Comandante Brillante".
El cambio coincide con los primeros y casi imperceptibles cambios en Corea del Norte. El último bastión libre de consumismo, en cuyas calles no se puede ver un anuncio que no sea de la revolución, vive algo remotamente cercano a la emergencia del capitalismo. Nuevos comercios han abierto discretamente por toda la ciudad, sin llamativas luces de neón ni ofertas en los escaparates. La capital presenta por primera vez algo parecido a tráfico, a diferencia de las calles completamente desiertas con las que me encontré en mi primer viaje al país hace ocho años. Los trajes grises y monótonos han dejado paso a prendas más coloridas en los días festivos y la ciudad vive un modesto boom de construcción, con cientos de obreros trabajando en una docena de nuevos edificios, incluido el rascacielos piramidal del Hotel Ryugyong, abandonado a medio hacer en 1992.
Viandantes que hace unos años recibían al extranjero cambiándose de acera o gruñendo proclamas marxistas sonríen ahora al visitante, tratan de entablar conversación y se dejan fotografiar con sus hijos, en las pocas ocasiones en las que los guías del Gobierno permiten el contacto. "¿España? Felicidades por la Copa del Mundo. ¡Wow!", dice un estudiante en la Gran Casa del Estudio, en la plaza de Kim Il Sung. "¿Y cómo vive la gente en su país?".
Otras cosas no han cambiado: sigue siendo obligado, incluso para los extranjeros, comprar un ramo de flores nada más llegar al país, depositarlo ante la gigantesca estatua de Kim Il Sung -35 metros de altura- y mostrarle tus respetos, no sin antes recibir un breve cursillo sobre postración ante déspotas. "No se incline mucho porque parecería exagerado para un extranjero, ni poco porque mostraría falta de respeto", me dice el señor L, uno de los dos guías que me acompañaran durante mi estancia (siempre son dos, para que se vigilen entre ellos también). "¿Cuántos grados de inclinación?", pregunto. Pero el señor L. no tiene humor para preguntas impertinentes y me entrega en su lugar el programa para los próximos días. Le pregunto si aparte de estatuas, museos revolucionarios y niños cantando loas a los Kim tendré oportunidad de relacionarme con gente de a pie. "No está en el programa", me informa el señor L.
-¿Podré visitar un parque público?
-No está el programa.
-¿Salir a cenar por mi cuenta?
- No está en el programa.
-¿Un paseo cerquita del hotel, quizá?
- No está...
- ¿...en el programa?
Creo que lo voy a pasar en grande.

elmundo.es