Mostrando entradas con la etiqueta dolor emocional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor emocional. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de diciembre de 2011

Dormir para superar las penas

Refugiados kurdos en medio de una siesta reparadora. | El Mundo
Stéphane -revestido con el atractivo de Gael García Bernal- vivía en un mundo perfecto... en sus sueños. Era el momento de escaparse de las preocupaciones de su anodina estancia parisina para levantarse al día siguiente con mejor cara. Un tema perenne en el cine este de los sueños que, como en 'La ciencia del sueño', enfrenta dos polos opuestos: el mundo onírico como refugio de la vida cotidiana.
Pues bien, lejos de caer en la simplicidad de decir que 'los sueños, sueños son', resulta que el placer de dormir y entrar en ese momento de ensoñación viene muy bien para nuestra salud emocional. Así lo aseguran por lo menos varios investigadores de la Universidad californiana de Berkeley que han publicado sus resultados en la revista 'Current Biology'.
Según los autores capitaneados por Matthew Walker, profesor asociado de Psicología y Neurociencia de esta universidad, "cuando entramos en la fase REM del sueño también entramos en una especie de terapia, un bálsamo que elimina, o por lo menos va atenuando, los recuerdos dolorosos del día anterior".
Cuando nos disponemos a dormir, el sueño pasa por una serie de etapas. Así, vamos desde el sueño no REM, que engloba desde el sueño ligero hasta cuando estamos profundamente dormidos y nuestras ondas cerebrales son más lentas; pero también el sueño REM, siglas que significan 'Rapid Eye Movement'. En esta etapa, nuestra actividad cerebral es semejante a las de la vigilia, los ojos se mueven rápidamente bajo los párpados, soñamos y captamos gran cantidad de información de nuestro entorno, y todo ello a pesar de que es el momento en que estamos más relajados.
Pero hay una característica más del sueño REM según estos autores. Es en esta fase donde la química que genera el estrés de las experiencias emocionales del día -sobre todo las malas- se va apagando mientras que el cerebro las procesa, por lo que los problemas se atenúan y su fuerza emocional se suaviza.
"Los humanos pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, pero no hay consenso científico sobre la función del sueño", explica el doctor Walker, "sin embargo, hemos comprobado que esta fase del sueño ayuda a atenuar las emociones, además de reafirmarnos en su importancia para la memoria, el aprendizaje y la regulación del humor", comenta.

La valía de los sueños

Para llegar a esta conclusión, los autores escogieron a 35 adultos jóvenes y sanos para su estudio y se les dividió en dos grupos. Todos ellos veían una serie de 150 imágenes emocionales dos veces y con 12 horas de diferencia, mientras un escáner de resonancia magnética medía su actividad cerebral.
La diferencia estribaba en que mientras que un grupo se mantenía despierto entre ambas sesiones, al segundo se le dejaba dormir entre medias. Los resultados no se hicieron esperar. En el segundo grupo se mostró una drástica reducción en la actividad de la amígdala cerebral, una serie de núcleos neuronales que procesan las emociones, permitiendo de esta manera que el cerebro se comportase de manera 'más racional' en sus reacciones emocionales.
Además, mientras dormían se midieron con electroencefalogramas sus actividades eléctricas cerebrales. Y el resultado confirmaba la primera hipótesis. Se observó que durante el sueño REM, ciertos patrones de actividad eléctrica disminuían, calmando las reacciones emocionales.
"Durante esta fase del sueño, se produce un fuerte descenso de los niveles de norepinefrina, una sustancia química del cerebro que se asocia con el estrés", argumenta Walker. "Si contamos con una persona sana, que no haya sufrido ningún trauma y pueda dormir con normalidad, y la reducción de esta sustancia tenemos la explicación de por qué nos podemos despertar al día siguiente con una sensación atenuada de nuestras emociones respecto al día anterior", concluye.
Pero ¿qué sucede con aquellos que han sufrido un trauma?

El estrés postraumático

Para Walker, este estudio también explicaría las dificultades para recuperarse de experiencias dolorosas y las frecuentes pesadillas que padecen los veteranos de guerra y otras personas con estrés postraumático.
"El problema para estas personas es que esta 'terapia' del sueño puede no estar funcionando correctamente", comenta Walker. Aunque en la etapa de ensoñación se consigue un alto grado de relajación, también es muy fácil despertarse "y si hay algún tipo de flashback provocado, por ejemplo y en el caso de los veteranos de guerra, por el petardeo de un coche, no se consiguen estos beneficios", añade el autor.
Sin embargo, Walker da con una solución plausible de por qué muchos medicamentos pueden ayudar a que estos pacientes sueñen y así ir mejorando: "En Seattle observamos cómo un médico recetó un medicamento para la presión arterial a una persona que sufría estrés postraumático. Pero descubrimos que un efecto secundario de este fármaco era que evitaba las pesadillas, es decir, influía en la norepinefrina del cerebro haciendo que disminuyese, lo que ayuda que el paciente tuviese una mayor calidad de sueño y la fase REM pudiese actuar". Por ello, "nuestro interés se centra ahora en utilizar estos resultados para "abrir nuevas vías para el tratamiento emocional de estos pacientes".
elmundo.es

domingo, 27 de julio de 2008

Los golpes emocionales también pueden provocar dolores físicos



El dolor nos agarra, hermanos hombres/por detrás de perfil,/y nos aloca en los cinemas,/nos clava en los gramófonos,/nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente/a nuestros boletos, a nuestras cartas;/y es muy grave sufrir, puede uno orar. El poeta peruano César Vallejo no fue el único --y mucho menos el primero--, en referirse al dolor provocado por la pena.
Esas referencias son tan antiguas como el dolor mismo. Las emociones perforan al hombre desde tiempos remotos aunque siempre se han tratado metafóricamente como algo supuestamente incorpóreo. No obstante, ahora, nuevas investigaciones les ha permitido a los científicos confirmar que sí, que el sufrimiento emocional puede también doler físicamente.
Estos estudios, en universidades de Escocia y de Estados Unidos, dan cuenta de que la misma parte del cerebro donde se registra el dolor físico también se ocupa de procesar el dolor emocional, y entonces, de la misma forma en que una lesión fisiológica podría convertirse en un padecimiento crónico, son muchas las personas que no logran dejar atrás una de esas "heridas del alma".
Los golpes emocionales se evidencian de muchas maneras: desde el extremo de perder a un ser querido, soportar el final de una relación, y hasta sentirse excluido socialmente. Precisamente este último tema, el de la exclusión social, fue el que llevó a la investigadora Naomi Eisenberger, de la Universidad de California (UCLA) a prestar atención a sus consecuencias físicas. "Nos mostramos particularmente interesados en cómo registraba el cerebro las situaciones de exclusión. Y nos llevamos la sorpresa de ver que produce dolor de cabeza, pero uno verdadero e intenso", comentó la científica a Clarín vía e-mail.
El profesor David Alexander, director del Centro de Investigación de Trauma, en Aberdeen, Escocia explicó --al momento de presentar sus resultados-- que las consecuencias físicas de algunas penas se traducen como "un dolor en el pecho" o "un vacío debajo del esternón". "Hablan, por ejemplo, de que les explota la cabeza o de un dolor en el estómago. Es un paralelo muy fuerte", dijo.
Los avances en neurociencias permitieron comprender el complejo funcionamiento del cerebro. Los primeros estudios se focalizaron en la comprensión de los mecanismos neurales de la percepción del dolor físico y su interacción con las emociones. "Así sabemos que existe una íntima relación entre el fenómeno físico y su repercusión emocional. Desde hace unos años se estudia el camino inverso: la búsqueda de los mecanismos involucrados en la transformación del dolor emocional, producido por abandono o exclusión, en dolor físico", comparte Alicia Lischinsky, jefa de neuropsiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro y del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).
Además de las situaciones de grandes pérdidas, como romper una relación o perder un ser querido, el tema de la exclusión se manifestó como un factor poderoso de heridas emocionales. "Es que somos seres condenados a la socialidad por causa de nuestra inmadurez inicial y nuestra extrema dependencia al nacer", puntualiza Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Y agrega: "El remedio para sobrellevar mejor los dolores emocionales es generar más vínculos, más redes sociales"Ya lo sentía Vallejo: Pues de resultas/del dolor, hay algunos/que nacen, otros crecen, otros mueren,/y otros que nacen y no mueren, otros/que sin haber nacido, mueren, y otros/que no nacen ni mueren (son los más).



Evolución
Eliana Galarza
En una charla sobre dolores físicos y emocionales con el cardiólogo López Rosetti, surgió el tema evolutivo. ¿El cuerpo humano, resultado de millones de años de evolución, está preparado para enfrentar situaciones negativas? No. Parece que tenemos un corazón frágil, "diseñado" para vivir bien unos 30 años. Sin embargo, las emociones complejas --las que nos diferencian de otros seres vivos-- y el aumento de la expectativa de vida nos llevan a vivir 90 años entre más exigencias emocionales de las que podemos soportar. Habrá que apelar al instinto de supervivencia, que tanto nos ayuda a seguir.


Consejos
1 Para evitar que las emociones negativas afecten en extremo a la salud física se pueden tomar algunas medidas. "Comprender nuestra integridad cuerpo/alma debería ayudarnos a que frente al dolor busquemos alivio en la compañía de seres queridos, evitemos el aislamiento, y cuando el alivio no llega nos planteemos la posibilidad de buscar ayuda profesional", sugiere el cardiólogo Carlos Tajer.2 "Los dolores psíquicos más desgarradores derivan de la pérdida de vínculos, ya sea con una personas privilegiada por nosotros o con el conjunto de nuestro entorno. Hay que crear más vínculos, más redes sociales", recomienda la psicóloga Irene Meler. 3 La pareja, bien constituida, puede ayudar a aliviar el estrés y a enfrentar lo negativo.