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sábado, 21 de enero de 2012

La masturbación femenina vista desde la enfermería


Tan amateur que la braguita de encaje es, en realidad, una camisa. Tan divulgativo que sólo lo colgaron en Internet porque buscaban una manera de enseñarlo en clase. Jennifer Alonso, Alexandra Char y Amalia Ortiz, 20 años la primera y 21 las otras dos, estudiantes de 3º de Grado de Enfermería en la Universidad Rey Juan Carlos, colgaron en Youtube un vídeo de casi cuatro minutos sobre técnicas de masturbación femenina a finales de 2011. Luego la revolución. Más de 600.000 visitas y un sonoro debate entre los comentaristas.
Emplearon tres horas y un aula para la grabación, y también una muñeca que sabían que iban a encontrar en la Universidad, con una particularidad, su vagina carecía de clítoris. Así que tuvieron que crearlo. "Usamos el tapón de un botecito de lubricante", cuentan.
Tan bien que las profesoras a cuya materia respondía el vídeo, Almudena Alameda y Lola Herrera, alabaron "su rigor, originalidad y buen gusto". La asignatura se imparte por primera vez y se titula Metodología Avanzada de Cuidados. Su objetivo es, según las docentes, "reflexionar sobre la importancia de desarrollar la actividad cuidadora a través de una práctica basada en la mejor evidencia disponible".
Se les propuso el hipotético caso de una muchacha de 15 años que presentaba el siguiente diagnóstico: "Patrón sexual inafectivo, relacionado con temor al embarazo". Los alumnos podían elegir entre un trabajo sobre técnicas anticonceptivas para evitar el embarazo con el coito o bien técnicas alternativas al coito.

Técnicas alternativas

"Pensamos que el anticonceptivo lo iba a elegir mucha gente, que fue lo que finalmente ocurrió, y nos pareció más interesante el asunto de las técnicas alternativas. En las clases se ve mucho tanto el coito como el preservativo o el diafragma, y nosotras apostamos por una hora de educación sexual para esta chica de 15 años, apoyada con material audiovisual y sobre masturbación, porque hay desconocimiento al respecto", argumentan.
Contrastaron sus estudios de enfermería con información que hallaron en la red, y el resultado es una lista de 15 variantes de estimulación femenina: "Clitoriana directa, clitoriana indirecta, clitoriana con penetración vaginal intermitente, con penetración vaginal continua, clitórico-vulvar tumbada sobre el vientre, vaginal acostada, clitoriana empujando objeto suave o en suspensión, empujando contra objeto (en el vídeo una de ellas se frota sobre el brazo de una silla) y así hasta el Punto G, el chorro de agua e incluso la estimulación anal".
De su recorrido por el erotismo femenino se desprende que precisamente el rey de la masturbación, el clítoris, esa pequeña parte del cuerpo que sirve únicamente para dar placer, es también el único lugar de la anatomía que falta en la vagina que la Universidad Rey Juan Carlos ofrece a sus estudiantes de Enfermería. "Nos trajimos cosas de casa: la camisa de encaje negro, una bala vibradora... y enmarcamos el vídeo en una hipotética sesión de educación sexual, que se complementa con un tríptico y unos carteles", explican las chicas.
elmundo.es

martes, 26 de octubre de 2010

¿Por qué está bueno tocarse?

Por Denise Tempone
A veces las chicas sólo queremos divertirnos, ¿cierto? Nos pasa en la soledad de nuestra habitación cuando nos probamos una nueva tanga y se disparan nuestras fantasías, o en plena jornada laboral cuando el jean roza de más, o en la facultad (previas miradas con un compañero intrigante). Y a esa energía podemos darle cauce. Afortunadamente, los ardores teen y la urgencia de encontrar un hombre que sepa "qué hacer con eso" son algo superado. Hoy, masturbarse es un regalo, un mimo, que bien lo tenemos merecido. Olvídense de los diamantes; las mejores amigas de una chica son sus manos. Te explicamos por qué masturbarte te convierte en una mujer feliz, ¡y poderosa!

Te da poder
Volverte consciente del poder que tienen tus manos (o tu almohada, o tu juguete favorito, o la ducha o ese peluche que guardás desde la infancia) es darte cuenta de que tu placer depende exclusivamente de vos. Y eso, aunque no lo sepas, cambia tu manera de encarar tu vida sentimental. Una mujer que sabe satisfacerse es una mujer que no se va a conformar con el primer "bondi" que se le cruce. No es lo mismo llevar a comer afuera a un desnutrido voraz que a un gourmet.

Previene enfermedades ¡y cura!
"Si decimos que tocarse mejora los niveles de insulina, estabiliza la glucosa, libera endorfinas, mejora los parámetros hormonales, produce analgesia (sustancia que bloquea dolores), mejora la circulación y reduce la presión arterial, no mentimos", explica la psiquiatra y sexóloga Silvia Valente. "Es fácil imaginar lo bien que esto le hace a nuestro sistema inmune", remarca.

Embellece
No es mito, es pura lógica. Autocomplacerse activa los mecanismos corporales que combaten el estrés: las hormonas que se liberan, como las endorfinas y oxitocina, y el estado de relax que se produce contrarrestan el daño que causan las tensiones diarias. Por eso, no es exagerado decir que mejora la vista, el pelo, la piel y la tonificación muscular. Tal vez no es tan importante como respirar, pero tiene todos los beneficios de una actividad vital. Y como si fuera poco, al equilibrar el metabolismo, tiene influencia en la disminución de la grasa corporal.

Mueve toda tu estantería
No lo sabés, pero cuando llega "ese" momento y tu cabeza empieza a disparar imágenes mientras tu cuerpo busca los movimientos exactos, estás movilizando mucho más que tus caderas. Cada vez que te tocás, activás todas las estructuras relacionadas con la sexualidad, que van más allá de la genitalidad y las hormonas: las fantasías, las emociones y hasta sentimientos reprimidos. Es por eso que masturbarte enriquece tu vida interior.

Potencia tu disfrute
Ahora que sabés qué funciona para vos, vas a poder enseñarle a él el camino hacia tu propio paraíso. Pero no se trata sólo de eso. La manera en que te zambullís en su cama es completamente diferente, desprejuiciada y libre. Si en solitario te das el permiso de explorar y divertirte (sin culpas, ni moralinas), acompañada por un buen amante que sepa potenciarte, no vas a conocer los límites.

No exige cumplir requisitos
Existe un momento ideal en la vida de una mujer, cuando no tiene que preocuparse por estar estrictamente depilada, con lencería erótica y alerta a los métodos anticonceptivos y las enfermedades sexuales, y es cuando se masturba. No importa si la dieta dio resultado, si el personal trainer es tan efectivo como prometía y si la luz está prendida o apagada. Mientras en el resto de tu vida todas las banalidades deben ser atendidas, acá la única por complacer sos vos. ¡Disfrútalo!

¿Cómo lo hacés?
Muchas mujeres preparan "ese" momento como si se tratara de una cita romántica, con baño de inmersión incluido, velas, una copa de vino y buena música, pero no son la mayoría. Muchas se masturban para arrancar el día (en la ducha, por ejemplo), mirando la tele después de trabajar o en la cama antes de ir a dormir. Lo llamativo es que no todas disfrutan de prolongar el momento el máximo tiempo posible; la mayoría de las chicas va directo al grano. Entonces, el orgasmo, como modo de relajación antes de dormir, puede tomarle cinco minutos. Otras a veces, el tocarse basta, sin ninguna meta de clímax, y con eso alcanza para sentirse bien.

Generar el clima
Para qué se usa la masturbación es otro tema. Algunas simplemente no pueden encenderse en situaciones estresantes; otras, en cambio, disparan su propio placer justo en los peores momentos de tensión, para aliviarla. Algunas aumentan la frecuencia de autosatisfacción cuando están enamoradas, a pesar de estar teniendo mucho sexo; otras la consideran la mejor aliada para atravesar períodos de soledad. Aunque hayas encontrado lo que funciona para vos, el menú de técnicas es amplio. ¡Servite!

Vestida o desnuda: la exposición intensifica las sensaciones y puede hacerte fantasear de otra manera. Pero muchas veces las prendas sugerentes y su roce también ratonean.

Show o exprés: podés probar si la intensidad del orgasmo responde al tiempo de estímulo. Vos elegís si resolverlo rápido o tomarte todo el tiempo del mundo.

Boca arriba o boca abajo: la presión ejercida sobre zonas clave es diferente; además, cada posición permite liberar diversos ratones.

Con presión asimétrica: tal vez no lo sepas, pero si sos diestra, seguramente despegues al placer más rápidamente si estimulás tus labios inferiores derechos y esa parte de tu clítoris. Si sos zurda, al revés.

Con estimulación acuática: según los expertos, la ducha (por la suavidad) y el bidé (por la presión) son los aliados más comunes de las chicas que prefieren dejar esas cosas en la privacidad del baño.

Con frotes de elementos: muchas mujeres sostienen algo entre las piernas y buscan el roce externo perfecto, ya sea vestidas o desnudas.

Con consoladores: se trata de elementos rígidos con los que jugás como si fuera un pene siempre listo.

Con vibradores: según los expertos, es "la perfecta estimulación". Muchas mujeres aseguran que "del vibrador no se vuelve". ¿La razón? Las vibraciones se dan a una velocidad óptima, de 0,8 segundos. Esa es exactamente la frecuencia en que se producen las contracciones cuando tenés un orgasmo.

Modo kinky: ni te imaginás la cantidad de accesorios extraños que hay. Perlas de placer (parecidos a los collares de tu abuela, para introducir en tu cuerpo y sacar con delicadeza, ¡o no!), vibradores dobles (para estimulación vaginal y anal simultánea) y hasta pincitas para ejercer presión. Si sos de las morbosas, ponete a investigar ya.

Experto consultado: Enrique De Rosa, médico psiquiatra y sexólogo.

revistaohlala.com

sábado, 27 de marzo de 2010

El placer está en tus manos

Mario Vargas Llosa
MADRID
Hace algún tiempo, hubo un pequeño alboroto mediático en España al descubrirse que la Junta de Gobierno de Extremadura, en manos de los socialistas, había organizado, dentro de su plan de educación sexual de los escolares, unos talleres de masturbación para niños y niñas a partir de los 14 años, campaña a la que bautizó, no sin picardía, "El placer está en tus manos".
Ante las protestas de algunos contribuyentes de que se invirtiera de este modo el dinero de los impuestos, los voceros de la Junta alegaron que la educación sexual de los niños era indispensable para "prevenir embarazos no deseados" y que, por lo tanto, las clases de masturbación servirían para "evitar males mayores".
En la polémica que el asunto provocó, la Junta de Extremadura recibió las felicitaciones y el apoyo de la Junta de Andalucía, cuya consejera de Igualdad y Bienestar, Micaela Navarro, anunció que aquella iniciativa era importante y que en Andalucía comenzaría en breve el lanzamiento de una campaña similar a la extremeña.
De otro lado, un intento de acabar con los talleres de masturbación mediante una acción judicial que intentó una organización afín al Partido Popular y bautizada -con no menos chispa- "Manos limpias" fracasó estrepitosamente, pues la Fiscalía del Tribunal de Justicia de Extremadura no dio curso a la denuncia y la archivó.
¡A masturbarse, pues, niños y niñas del mundo! ¡Cuánta agua ha corrido en este viejísimo planeta que todavía nos soporta a los humanos, desde que, en mi niñez, los padres salesianos y los hermanos de La Salle -dos colegios en los que estudié la primaria- nos asustaban con el espantajo de que los "malos tocamientos" producían la ceguera, la tuberculosis y la imbecilidad! Ahora, seis décadas después, ¡clases de paja en las escuelas! Eso se llama progreso, señores. ¿Lo es, de veras?
La curiosidad, no la maledicencia, me acribilla el cerebro de preguntas. ¿Pondrán notas? ¿Tomarán exámenes? ¿Los talleres serán sólo teóricos o también prácticos? ¿Qué proezas tendrán que realizar el alumno y la alumna para sacar la nota de excelencia y qué fiascos para ser desaprobados? ¿Dependerá de la cantidad de conocimientos que su memoria retenga o de la velocidad, cantidad y consistencia de los orgasmos que produzca la destreza táctil de chicos y chicas? No son bromas. Si se tiene la audacia de abrir talleres para iluminar a la puericia en las artes y técnicas de la masturbación, todas ellas son perfectamente pertinentes.
Diré de entrada que no tengo el menor reparo moral que oponer a la iniciativa "El placer está en tus manos" de la Junta de Extremadura. Reconozco las buenas intenciones que la animan y admito, incluso, que, mediante campañas de esta índole no es imposible que disminuyan los embarazos no queridos. Mi crítica es de índole sensual y sexual. Me temo que en vez de liberar a los niños de las supersticiones, mentiras y prejuicios que tradicionalmente han rodeado al sexo, iniciativas como la de los talleres de masturbación lo trivialicen de tal modo que acaben por convertirlo en un ejercicio sin misterio, disociado del sentimiento y la pasión, privando de este modo a las futuras generaciones de una fuente de placer que ha irrigado hasta ahora de manera fecunda la imaginación y la creatividad de los seres humanos.
La masturbación no necesita ser enseñada: ella se descubre en la intimidad y es uno de los quehaceres humanos que fundan la vida privada y van desgajando al niño y a la niña de su entorno familiar, individualizándolos y sensibilizándolos gracias al mundo secreto de los deseos e instruyéndolos sobre asuntos capitales como lo sagrado, el mito, el tabú, el cuerpo y el placer. Por eso, destruir los ritos privados y acabar con la discreción y el pudor que han acompañado al sexo no es combatir un prejuicio, sino amputar de la vida sexual aquella dimensión que fue surgiendo en torno a ella a medida que la cultura y el desarrollo de las artes y las letras iban enriqueciéndola y convirtiéndola a ella misma en obra de arte.
Sacar el sexo de las alcobas para exhibirlo en la plaza pública es, paradójicamente, no liberalizarlo, sino regresarlo a los tiempos de la caverna, cuando las parejas no habían aprendido todavía a hacer el amor, sólo a copular y ayuntarse, como los monos y los perros. La supuesta liberación del sexo, uno de los rasgos más acusados de la modernidad en las sociedades occidentales, dentro de la cual se inscribe esta idea de dar clases de masturbación en las escuelas, quizá consiga abolir ciertas ideas falsas y estúpidas sobre el onanismo. En buena hora. Pero también contribuirá a asestar otra puñalada al erotismo y, acaso, a abolirlo. ¿Quién saldrá ganando? No los libertarios ni los libertinos, sino los puritanos y las iglesias. Y continuará el empobrecimiento y banalización del amor que caracteriza a nuestra época.
La idea de los talleres de masturbación es un nuevo eslabón en el movimiento que, para ponerle una fecha de nacimiento, comenzó en París, en mayo de 1968, y pretende poner fin a todos los obstáculos y prevenciones de carácter religioso e ideológico que, desde tiempos inveterados, han reprimido la vida sexual, provocando innumerables sufrimientos, sobre todo a las mujeres y a las minorías sexuales, así como frustración, neurosis y desequilibrios psíquicos de todo orden en quienes, debido a la rigidez de la moral reinante, se han visto discriminados, censurados y condenados a una insegura clandestinidad.
Este movimiento ha tenido muy saludables consecuencias, desde luego, en los países occidentales, aunque en otras culturas ha exacerbado las prohibiciones y represiones. El mito y culto de la virginidad que pesaba como una lápida sobre la mujer se ha evaporado, por fortuna, y gracias a ello y a la generalización del uso de la píldora las mujeres gozan hoy, si no exactamente de la misma libertad que los hombres, al menos de un margen de libertad sexual infinitamente más ancho que sus abuelas y bisabuelas, y que sus congéneres de los países musulmanes y tercermundistas.
De otro lado, aunque sin desaparecer del todo, han ido reduciéndose los prejuicios y anatemas, y las disposiciones legales que hasta hace pocos años penaban la homosexualidad y la consideraban una práctica perversa. Poco a poco, va admitiéndose en los países occidentales el matrimonio entre personas del mismo sexo con los mismos derechos que los de las parejas heterosexuales, incluido el de adoptar niños. Y, también de manera paulatina, va extendiéndose la idea de que, en materia sexual, lo que hagan o dejen de hacer entre ellos los adultos en uso de razón y decisión es prerrogativa suya y nadie, empezando por el Estado, debe inmiscuirse en el asunto.
Todo esto constituye un progreso, por supuesto. Pero es un error creer, como los promotores de este movimiento liberador, que desacralizándolo, desvistiéndolo de las veladuras y rituales que lo acompañan desde hace siglos, desapareciendo de su práctica toda forma de transgresión, el sexo pasará a ser una práctica sana y normal en la ciudad.
El sexo sólo es sano y normal entre los animales y las plantas. Lo fue entre nosotros, los bípedos, cuando aún no éramos humanos del todo, es decir, cuando el sexo era en nosotros desfogue del instinto y poco más que eso, una descarga física de energía que garantizaba la reproducción. La desanimalización de la especie fue un largo y complicado proceso, y en él tuvo un papel decisivo la lenta aparición del individuo soberano, su emancipación de la tribu, con tendencias, disposiciones, designios, anhelos, deseos que lo diferenciaban de los demás y lo constituían como ser único e intransferible. El sexo desempeñó un papel protagónico en la creación del individuo y, como mostró con más lucidez que nadie el genio de Freud, en ese dominio, el más íntimo y privado de la soberanía individual, es donde se fraguan los rasgos distintivos de cada personalidad, lo que nos pertenece como propio y nos hace diferentes de los otros. Ese es un dominio privado y secreto y debe seguir siéndolo si no queremos cegar una de las fuentes más intensas del placer y de la creatividad, es decir, de la civilización.
George Bataille no se equivocaba cuando alertaba contra los riesgos de una permisividad desenfrenada en materia sexual. La desaparición de los prejuicios no puede significar la abolición de los rituales, el misterio, las formas y la discreción gracias a los cuales el sexo se civilizó y humanizó. Con sexo público, sano y normal, la vida podría volverse infinitamente más aburrida, mediocre y violenta de lo que es.
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