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jueves, 13 de agosto de 2009

Júpiter, más cerca de la Tierra


Mañana, por la noche, Júpiter, el planeta más grande de todo el Sistema Solar, tendrá su mayor acercamiento a la Tierra de los últimos diez años.
El singular fenómeno celeste podrá observarse fácilmente a simple vista prácticamente desde todo el mundo, pero especialmente desde el hemisferio sur, donde Júpiter alcanzará una gran altura sobre el horizonte a plena medianoche.
Si bien el planeta siempre puede verse a ojo desnudo, su observación durante todo agosto será óptima. Y mañana por la noche, el planeta estará en oposición: se ubicará del lado exactamente opuesto al Sol en el cielo. Así, visto desde el espacio, Júpiter estará del mismo lado de su órbita que la Tierra, formando una línea casi perfecta con nuestro planeta y el Sol.
Es en estos casos de oposición que la distancia entre ambos planetas es mínima.
Con motivo del acercamiento de Júpiter, y en el marco de las actividades por el Año Internacional de la Astronomía, que se celebra durante 2009, el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires (Av. Sarmiento y Figueroa Alcorta, Capital) organizará un evento especial, público y gratuito, para observar al planeta a través de potentes telescopios: la cita será mañana, a partir de las 21.
lanacion.com

domingo, 1 de marzo de 2009

2009: Año Internacional de la Astronomía - Lo que Galileo no vio


No imaginó que 400 años después de haber visualizado los cráteres de la Luna, las fases de Venus, las cuatro lunas más grandes de Júpiter y las primeras manchas solares, entre otras cosas, los grandes observatorios, centros de investigación y divulgación científica, planetarios, astrónomos profesionales y aficionados, y docentes de todo el planeta, conmemorarían sus descubrimientos y festejarían durante un año la ciencia astronómica para acercar el Universo a la mayor cantidad de gente posible.
Es que 2009 fue declarado Año Internacional de la Astronomía por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco), con el fin de que la humanidad tome conciencia de la importancia de redescubrir la astronomía y se acerque más a ella, justamente con el lema... "El universo: tuyo, para que lo descubras".
"A partir de los hallazgos realizados por Galileo sabemos muchísimo más sobre el Universo, y además, hoy tenemos el privilegio de vivir en una época llena de descubrimientos importantísimos para el ser humano", comentó vía telefónica a LNR la presidenta de la Unión Astronómica Internacional (UAI), la franco-argentina, Catherine Cesarsky.
Nacida en Francia, pero llegada a nuestro país a los dos años, la prestigiosa astrónoma primero se graduó en Física en la Universidad de Buenos Aires, para luego, a los 23 años, comenzar el doctorado en Astronomía en la Universidad de Harvard. Cesarsky relata en perfecto castellano la importancia del legado del matemático italiano nacido en el Siglo XVI, cuánto más sabemos hoy, y todo lo que nos falta conocer del cosmos.
"Gracias a la evolución de las ciencias y la tecnología hoy estamos descubriendo muchísimo más que en aquella época, porque vivimos en una edad de exploración como nunca antes la hubo, estudiando no solamente nuestro sistema solar con múltiples sondas espaciales, sino también los mismos confines del universo mediante el uso de los llamados supertelescopios terrestres y, por supuesto, de los telescopios espaciales", explica la presidenta de la UAI, que congrega a más de 9600 astrónomos de todo el mundo.
La exploración con naves que menciona Cesarsky se evidencia en la gran cantidad de sondas espaciales que visitan los planetas vecinos a la Tierra en los últimos años, como por ejemplo, Cassini, una misión conjunta de la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) y la Agencia Espacial Europea (ESA), que actualmente orbita Saturno y de la cual se ha desprendido, en 2005, el robot Huygens, que descendió en su luna mayor, Titán, enviando información de la composición de su atmósfera y suelo con metano.
Otras sondas que actualmente corroboran la "edad de oro" de la exploración son la Venus Express, primera misión de la ESA al planeta vecino más cercano a la Tierra, y la Mars Reconnaissance Orbiter, lanzada en agosto de 2005, que ha descubierto nuevos detalles de la geología de Marte: la presencia de dióxido de carbono líquido y agua en la superficie de su pasado geológico reciente. También tomó las primeras fotografías en alta resolución del planeta rojo, en las cuales se pudo distinguir al robot Opportunity en la orilla del cráter Victoria que, junto a su gemelo Spirit, recorren la superficie marciana desde hace cinco años; todo un logro inesperado ya que su expectativa de funcionamiento era sólo de cinco meses.
Cabe no olvidar también las importantes misiones a Mercurio de la nave estadounidense Messenger, y a Júpiter y Plutón, de la New Horizons, que tendrá como objetivo final llegar al cinturón de Kuiper, una región desconocida del Sistema Solar exterior formada por miles de objetos helados con un tamaño medio que va de los 100 a los 1000 kilómetros y en donde se originan los cometas que nos visitan periódicamente.
Hugo Levato, director de uno de los observatorios más importantes de la Argentina, como el Complejo Astronómico El Leoncito, ubicado en San Juan, explicó a LNR la importancia que significa para la astronomía esta inmensa recopilación de datos.
"Si uno ve el cuadernito donde Galileo dibujaba las fases de Venus o la descripción de los satélites de Júpiter, y ve hoy cómo se obtiene la información astronómica a través de sofisticados telescopios computarizados y complejas sondas espaciales, se puede notar un tremendo progreso en la información de que disponen los científicos", aclaró Levato.
El astrónomo, doctorado en la Universidad Nacional de La Plata y becado por el Conicet para ampliar sus estudios en Arizona, Estados Unidos, explica este nuevo fenómeno: "Es un flujo de información de tal magnitud que no existen recursos humanos hoy en día para procesarla. Por eso, cuando hoy se realiza una observación o un descubrimiento de un exoplaneta, de un satélite natural o de un cometa, se anuncia también que se necesitarán muchos años para decodificar esa información, procesarla y finalmente estudiarla".
Ello ocurrió, por ejemplo, con las miles de fotografías que llegaron de las cuatro naves y dos rovers enviados a Marte, con las legendarias Pioneer, Voyager 1 y 2, que cruzaron todo el sistema solar y ahora se adentran en la Vía Láctea; y también con la sonda Stardust, que recolectó fragmentos de un cometa y los trajo a la Tierra para ser analizados, lo que podría aportar materia "original" de la creación de nuestro sistema solar.
"Muchos de estos vehículos están mandando información las 24 horas del día, y por ejemplo hoy tenemos un conocimiento del clima de Marte casi tan bueno como aquí en la Tierra, lo que permite realizar estudios de climatología comparada, entre otras cosas", agregó Levato.
Viajar en el tiempo
"El sistema solar lo estamos descubriendo, pero mucho más allá de éste, en los últimos años hemos alcanzado tanta pericia en las observaciones mediante el uso de telescopios espaciales y terrestres que podemos ver galaxias muy, pero muy lejanas, incluso los instantes más próximos al origen del universo", relató entusiasmada Cesarsky.
Según la astrónoma, con los supertelescopios -como los cuatro ubicados en Paranal, Chile, el SALT, en Sudáfrica, o los KECK, construidos en la cima de un volcán inactivo de Hawai- se ha logrado observar lo que pasó hace 13.000 millones de años. "Sólo nos faltan 0,7 millones por explorar para llegar a la gran explosión que dio origen al universo y es conocida como Big Bang", indicó Cesarsky.
"Nuestros telescopios son máquinas para viajar en el tiempo que permiten ver qué pasó hace millones de años, espiando la misma historia del universo, para respondernos la famosa pregunta: ¿De dónde venimos? Es como si los arqueólogos durante mucho tiempo pudieran estudiar solamente qué hacía el hombre en la Edad Media, luego en la Antigüedad y ahora pudieran observar al hombre prehistórico. A nosotros nos pasa lo mismo con las galaxias", puntualizó la experta.
Pero una de las afirmaciones enunciadas por la astrónoma y que más interrogantes genera es "el poco conocimiento" que tenemos de la composición del universo. "Con lo que sabemos hasta ahora de cosmología, la conclusión a la que se llega es que nuestro universo estaría compuesto de más o menos un 4 por ciento de la materia que nosotros conocemos, como la materia que hace a la Tierra o nos hace a nosotros: materia normal, por ejemplo hidrógeno -detalló Cesarsky-, pero después hay un 26 por ciento compuesto por materia negra que no hemos podido ver todavía, pero que ejerce una gravedad de la misma manera que la materia que conocemos nosotros. Y por último hay un 70 por ciento de energía negra con un efecto opuesto al gravitatorio que nos confirma la expansión del universo."
En sus oficinas del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires Galileo Galilei, que honra con su nombre al matemático y astrónomo italiano, el encargado del área de Astronomía, Mariano Ribas, narra a LNR cómo fue la evolución que tuvo la ciencia astronómica de la mano de Galileo.
Licenciado en Comunicación Social de la UBA, pero autodefinido como "un comunicador social de la ciencia astronómica", Ribas explica: "La palabra astronomía viene anexada al telescopio, que nace formalmente con Galileo, que no fue su inventor, pero sí el primero en utilizarlo como instrumento científico. El origen propio del telescopio es controvertido. A fines del siglo XV, pequeños catalejos se comenzaron a utilizar para uso militar y como ayuda en la navegación. Pero Galileo recibe noticias de que en Holanda habían construido un pequeño telescopio que aumentaba 3 o 4 veces los objetos a distancia, por lo que decidió construir el suyo", relata Ribas.
Y prosigue: "Galileo hizo telescopios muy rudimentarios, pero comenzó a mejorarlos a medida que perfeccionaba los lentes. Pulía una cara más convexa o cóncava del lente principal, con un tubo más corto o más largo, y así iba avanzando en sus descubrimientos y en la confirmación de las teorías de heliocentrismo (que ponen al Sol como centro del sistema solar y a los planetas, incluida la Tierra, en su órbita) enunciadas por Copérnico en 1543".
Ribas aclara que los telescopios de Galileo tenían aberraciones ópticas que no permitían imágenes nítidas y que los objetos se observaban con luces violetas o azules a su alrededor. "Pero pese a la precariedad de esas lentes, Galileo avanza en sus observaciones y luego de estudiar la superficie irregular de la Luna descubre los cuatro satélites mayores de Júpiter, las fases de Venus y las manchas solares. Observa Saturno con protuberancias a sus costados pero no puede definir que sean anillos", relata.
A partir de esas observaciones, la fama del telescopio se multiplica en Europa y al mismo tiempo se perfecciona. Fascinado con Galileo, Newton mejoraría notablemente el telescopio al introducirle espejos en vez de lentes, convirtiéndolo en reflector y no refractor, como los más avanzados en la actualidad.
"Los telescopios crecen como una necesidad de ir cada vez más lejos, y por ello llueven los descubrimientos geométricamente. Se multiplican. Nuevos telescopios traen nuevos descubrimientos", concluye Ribas.
En coincidencia con esa afirmación, la NASA reveló la semana última una gran observación de una de las galaxias vecinas de la Vía Láctea que combina la tecnología de tres supertelescopios que orbitan la Tierra.
"En homenaje a Galileo, la NASA exhibe una inédita imagen de la galaxia Messier 101, que resulta de combinar la observación de nuestros tres grandes telescopios espaciales: el Hubble, el Spitzer y el Chandra", anunció por teléfono a LNR, Whitney Clavin, vocera de la División de Astrofísica de la NASA, en el Centro de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés), ubicado en California.
Clavin explicó que la imagen de la galaxia en espiral situada en la constelación de la Osa Mayor, a 22 millones de años luz de la Tierra, combina la fotografía en alta resolución captada por el lente del noble telescopio Hubble, junto a la visión infrarroja del Spitzer y la de rayos X del Chandra, obteniendo como resultado final una increíble postal espacial imposible de observar con un solo lente.
"Con el Hubble observamos la luz de las estrellas y el gas que las rodea, mientras que la imagen que nos da el Spitzer muestra los brazos de Messier 101 con pequeñas líneas de polvo estelar donde densas nubes chocan para formar nuevas estrellas, a la vez que con el telescopio Chandra de rayos X vemos los niveles ocultos de altísima energía que emanan de la enorme galaxia", afirma la vocera del JPL, y agrega su último comentario en torno al homenajeado astrónomo: "Los increíbles descubrimientos científicos hechos por Galileo se continúan hoy con las observaciones de los científicos de la NASA gracias a los supertelescopios".
Por Víctor Ingrassia
revista@lanacion.com.ar
Para saber más:
www.nasa.gov/about/highlights/En_Espanol.html


Los ojos del espacio
"Aunque no puedan atribuírsele descubrimientos singulares o tremendamente impactantes, el Hubble ha sido el telescopio más productivo de la toda la historia de la astronomía", afirma sin un atisbo de dudas desde Baltimore, EE.UU, el doctor Mario Livio, astrofísico y director de la Oficina de Comunicaciones Públicas del Hubble Space Telescope Science Institute.
Después de más de 18 años de actividades -fue puesto en órbita el 24 de abril de 1990-, esta sofisticada mole de poco más de 11 toneladas, más de 13 metros de largo y unos 4 de ancho que orbita a 590 kilómetros de la superficie terrestre a una velocidad de 27.000 km por hora (unos 7,5 km por segundo) sigue dejando boquiabiertos a expertos y enamorados del espacio, porque periódicamente entrega imágenes y datos de una enorme precisión, que llevan -una y otra vez- más allá los confines del conocimiento disponible sobre el universo.
Visitado como ninguno por varias misiones de astronautas de la NASA para repararlo (la próxima, y última, está prevista para el 12 de mayo de este año, cuando llegue el transbordador Atlantis), "los datos que lleva aportados han servido de base para más de 6500 trabajos científicos", agrega el doctor Livio, al tiempo que destaca, entre los logros más importantes, haber rastreado los ecos de la explosión de una supernova en una de las galaxias satélites de la Vía Láctea, medir con gran precisión la edad del universo (unos 13.700 millones de años) y detectar que casi todas las galaxias observadas tienen un agujero negro oculto en su eje.
El doctor Livio agrega que otros grandes hallazgos del Hubble (un telescopio espacial que, al trabajar fuera de la atmósfera puede librarse de los efectos de las turbulencias que ésta produce, además de los factores meteorológicos o de la contaminación lumínica que sí afectan a los telescopios terrestres) fueron, a fines de 2001, la detección del primer planeta extrasolar en tránsito y también las increíbles imágenes de discos protoplanetarios o circumestelares, perfilados generalmente alrededor de estrellas jóvenes. Otra de sus misiones más notables consiste en el registro de imágenes de un acontecimiento que se produce en promedio una vez cada 10 mil años: el impacto de un cometa contra un planeta, en este caso del cometa Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter, a mediados de 1994.
Amenazado de "muerte" varias veces, el Hubble podría seguir en funciones hasta el 2010. En 2012, anuncia la NASA, comenzaría la tarea del nuevo telescopio espacial James Webb, cuyo propósito es retroceder más aún en el tiempo y llegar hasta ese momento mágico y fundacional llamado Big Bang.
Por Gabriela Navarra
Acontecimientos del año
En el mundo:
Las 100 horas de la astronomía. Del 2 al 5 de abril, habrá una convocatoria en los principales observatorios del planeta para mirar por los telescopios y escuchar charlas de prestigiosos astrónomos y científicos, junto a material especial de divulgación a disposición del público.
Además, se establecerán 24 horas dentro de esos cuatro días para contactarse con los mejores observatorios del mundo a través de Internet para saber qué están observando y ver en la computadora todo lo que pasa en los complejos astronómicos más importantes de la Tierra.
En Buenos Aires: el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires Galileo Galilei ofrece charlas de astronomía de jueves a domingos a las 21 que son seguidas de observaciones gratuitas hasta las 22.30. También se ofrece los sábados, domingos y feriados, de 16 a 19, la exposición Caja Solar , donde se proyecta sobre una pantalla de imagen del Sol y se observan sus manchas.
Las funciones que ofrece el planetario son: Viaje por el Cosmos , de martes a viernes, a las 18 y 19.30, y El Universo y Vos , los sábados, domingos y feriados, desde las 16 hasta las 20, por $ 4.
Hay incluso cursos para todo público, especialmente para alumnos primarios y secundarios, además de las funciones especiales para personas disminuidas visualmente y auditivamente, donde previa concertación telefónica, en días y horarios a combinar, se realiza una charla para no videntes. Informes:
http://www.planetario.gov.ar/ o de lunes a viernes, llamando de 10 a 16 a los teléfonos 4771- 9393 y 4771-6629.
En los jardines del Planetario se exhibe gratis, los dos primeros viernes de marzo, la obra Galileo Galilei , de Bertolt Brecht, protagonizada por el grupo de teatro callejero La Runfla. La obra recorre el camino del astrónomo italiano desde la formulación de sus hipótesis hasta la comprobación de las teorías copernicanas y su enfrentamiento con la Iglesia Católica.
La Asociación Argentina Amigos de la Astronomía (Patricias Argentinas 550) programó este año la Noche de las Estrellas, un evento para que el público descubra una nueva forma de dirigir la mirada hacia el cielo. Sábado 25 de julio, de 20.30 a 21,45
En Córdoba: la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba anuncia el curso de extensión Astronomía para Todos, donde pueden inscribirse todos los egresados de educación media. Tendrá un examen y se otorgarán certificados. Las preinscripciones están abiertas y se reciben por correo electrónico: divulgacion@famaf.unc.edu.ar.
En San Juan: se realizarán observaciones por un día con la posibilidad de quedarse a pernoctar en el Complejo Astronómico El Leoncito (Casleo), donde se invitará a utilizar los instrumentos allí emplazados. Además, el Casleo abre un concurso sobre Galileo y astronomía general para alumnos de educación secundaria, con un premio de un telescopio a la escuela y otro para el alumno ganador.
Más información en http://www.casleo.gov.ar/ o a los teléfonos 0264-4213653/02648-441088.
lanacion.com

El Cortesano, Galileo y los Médici


En el verano de 1609, Galileo, entonces profesor de matemáticas de la Universidad de Padua, logra construir un telescopio notablemente mejor que los fabricados hasta ese momento en el norte de Europa. Con el nuevo instrumento, efectúa una serie de hallazgos astronómicos que contradicen la cosmología aristotélica dominante y pueden emplearse para respaldar las teorías de los copernicanos. Llegada la primavera de 1610, presenta esos hallazgos excepcionales en el Sidereus Nuncius, dedicado a Cosme II de Médici, gran duque de Toscana. En dicho libro anuncia que la superficie de la Luna no es lisa, como afirmaban entonces los filósofos, y que existen muchísimas estrellas más de lo que se creía hasta el momento. Además, hace la declaración explosiva de que existen cuatro planetas más que los reconocidos por la cosmología dominante, y los denomina Astros Mediceos. Asimismo, agrega que esos astros no giran en torno de la Tierra, sino alrededor de Júpiter. Gracias al Sidereus Nuncius, Galileo adquiere fama internacional y se le abren las puertas del mecenazgo con los Médici.
En septiembre de 1610, ya se encuentra de regreso en Florencia, sin la obligación de trabajar como docente y con la promesa de cobrar un estipendio considerable de mil escudos por año.
El monto resulta bastante inusual, en comparación con lo cobrado por otros artistas y funcionarios importantes de la corte florentina. Aunque es difícil realizar comparaciones exactas de los ingresos que obtenían los cortesanos, porque en general superaban sus salarios, el estipendio de Galileo parece ser al menos tres veces más alto que el de otros artistas e ingenieros bien remunerados.
(...)
Un lector actual, inmerso en una cultura que da por sentada la importancia científica de los hallazgos astronómicos galileanos de 1609 y 1610, podría considerar natural que los Médici ofrecieran una remuneración tan generosa a Galileo. Sin embargo, éste no llega a ser filósofo y matemático del gran duque gracias a sus aportes para la confirmación de la hipótesis copernicana. En efecto, la corte de los Médici no era el equivalente renacentista del jurado del Premio Nobel, y Cosme II no era copernicano.
Westfall sostiene, con bastante acierto, que los Médici no premiaron los descubrimientos de Galileo por su importancia científica ni por su utilidad tecnológica, sino por su valor como espectáculos, como prodigios exóticos. De hecho, los Médici deben haber considerado que los astros de Júpiter eran un hallazgo realmente excepcional, ya que Galileo venía fracasando desde 1610 en sus intentos de entrar a la corte y, de repente, luego del descubrimiento, éstos le dan la bienvenida con gran generosidad.
La explicación de semejante recompensa no se encuentra en la importancia científica que podían atribuirles los matemáticos y los filósofos de la época a los hallazgos de Galileo. En lugar de ello, para entender por qué Cosme II lo convoca a Florencia, habría que concentrarse en un público distinto: el de la corte florentina, ante la cual Galileo presenta sus descubrimientos como elementos aptos para el discurso cortesano.
A pesar de que los habitantes de la corte en general sabían poco de astronomía y de matemáticas, Galileo debe haber considerado que era un espacio importante para su trabajo, ya que desde 1604 intenta más de una vez cambiar la universidad por ese ámbito.
Mudarse allí no sólo implicaba cobrar un buen salario y liberarse de las obligaciones docentes, sino también evitar las limitaciones de la jerarquía disciplinaria que caracterizaba a la universidad, dentro de la cual los matemáticos quedaban subordinados a los filósofos, tanto en términos remunerativos como en términos profesionales. En la esfera universitaria se sostenía que la filosofía versaba sobre las causas verdaderas de los fenómenos naturales, mientras que las ciencias matemáticas sólo podían analizar sus accidentes, es decir, los aspectos cuantitativos de esos fenómenos. Por lo tanto, los matemáticos no estaban habilitados para producir interpretaciones físicas legítimas de los fenómenos naturales.
Sin embargo, si un matemático como tal no podía llegar a filósofo en el ámbito universitario, sí podía lograrlo en la corte, donde el estatus social y cognitivo de las personas no se determinaba tanto por su disciplina como por la gracia del príncipe. Al decir de un proverbio de la corte romana, el cortesano era como un billete monetario cuyo valor de cambio lo determinaba sólo el príncipe. Por lo tanto, la corte era una institución social donde Galileo podía obtener el título de filósofo que, a su vez, le daría la posición necesaria para defender con legitimidad la importancia filosófica de la teoría copernicana y del análisis matemático de los fenómenos naturales.
Los astros en contexto
Algunas de las causas que motivaron el interés de los Médici en las lunas de Júpiter son bastante comprensibles. Como afirma Galileo en la dedicatoria del Sidereus Nuncius, esos planetas nuevos constituyen un monumento a la dinastía medicea. Es más, se trata de monumentos con una duración excepcional y una visibilidad mundial, al menos para aquellos que cuentan con un buen telescopio. Sin embargo, existen otras causas tras el entusiasmo de los Médici con los hallazgos de Galileo. Tales causas resultaban evidentes sólo para las personas que vivían en Florencia y estaban familiarizadas con la mitología que los Médici venían articulando desde que Cosme I había creado la dinastía, a principios del siglo XVI. En esa mitología se había trazado una correspondencia entre el cosmos y el nombre Cosme, y se había relacionado frecuentemente a Júpiter con Cosme I, fundador de la dinastía y líder de todos los "dioses mediceos". Por lo tanto, Galileo podía dedicar su descubrimiento a cualquier mecenas, pero sólo los Médici estaban en condiciones de apreciar la importancia mitológica del hallazgo en toda su amplitud y de remunerarla en consecuencia.
Si bien éstos venían gobernando de facto la supuesta república de Florencia desde el siglo XV, el origen del ducado era mucho más reciente. En efecto, Cosme I había sido nombrado duque de Florencia en 1537 y había tenido que esperar hasta 1569 para ser el gran duque de Toscana. Entre 1540 y 1550, se había visto en la necesidad de crear la estructura política y administrativa del nuevo Estado, acompañada de una nueva mitología política que estabilizara el dominio de los Médici y lo presentara bajo la forma de una dinastía.
Tras ser nombrado duque de Florencia, Cosme necesitaba crear una corte sobre una base casi inexistente. Había que transformar a los ex dirigentes políticos de las poderosas familias florentinas en dóciles aristócratas cortesanos, y la nueva mitología que representaba al ducado como una forma de gobierno natural y necesaria debía indicar qué papel asumirían dentro de ella esas familias.
Para resolver esto, la estrategia de Cosme consiste en representar la soberanía de los Médici como si fuera el destino manifiesto de Florencia. (...)
Si bien Cosme no llega a encargar una historia genealógica de los Médici a la manera de las teogonías griegas, lo que sí encarga es una reinterpretación alegórica de las teogonías clásicas para que se asemejen a la historia de la Casa de Médici. La mejor articulación de este programa mitológico se encuentra en los frescos que pinta Vasari para decorar la Gran Sala de los Elementos y los Aposentos del papa León X en el Palazzo della Signoria, el primer palacio de los Médici, que luego se conocería como Palazzo Vecchio o Palacio Viejo.
Vasari describe todos los detalles intrincados que componen la mitología de los Médici tal como se la representa en esos frescos.
En este caso, lo más importante para tener en cuenta es la correspondencia específica que se establece entre Júpiter (el más grande de los dioses) y Cosme I (el fundador del gran ducado de Toscana), ya que esa relación mitológica desempeña un papel esencial en la táctica de mecenazgo de Galileo.
La correspondencia espacial entre la habitación dedicada a Cosme I y la dedicada a Júpiter funciona como eje central de la narrativa mitológica que se desarrolla en los frescos de los dos sectores. (...)
En la dedicatoria del Sidereus Nuncius a Cosme II, Galileo introduce la analogía entre los Astros Mediceos y las siete virtudes de Cosme I, tanto las morales como las "augustas". También sostiene que el joven Cosme exhibe esas virtudes en todo momento y que las ha obtenido directamente de Júpiter, que se encontraba justo por encima del horizonte a la hora de su nacimiento.
Esas virtudes "emanan" de las cuatro estrellas que, como las virtudes innatas, giran siempre en torno de Júpiter, muy cerca de él, y nunca lo abandonan. Por lo tanto, dado el vínculo entre Júpiter y Cosme I, Galileo insinúa que Cosme I le ha transmitido sus virtudes (y las de Júpiter) a su sucesor a través de los Astros Mediceos y que, al revelar la existencia de dichos astros, es él mismo quien actúa como una especie de intermediario para ese encuentro astrológico-dinástico.
M. Biagioli
revista@lanacion.com.ar
El lugar del matemático
"Aunque su carrera en la corte y su título de filósofo son dos elementos excepcionales para un matemático de la época, hay muchos otros aspectos en los que Galileo responde al rol tradicional de los matemáticos en esa sociedad -dice Biagioli en el prólogo de su libro-. Por ejemplo, si se considera la formación profesional de Galileo, su estatus social o su modelo de carrera, resulta difícil distinguirlo de otros matemáticos prestigiosos antes de 1610. En efecto, el padre de Galileo, un reconocido músico y teórico musical llamado Vincenzio Galilei, lo envía a la Universidad de Pisa para que estudie medicina (y ayude a aliviar las dificultades económicas de la familia), pero su hijo finalmente se va de Pisa en 1585 sin ningún diploma. Como muchos otros matemáticos, Galileo no estudia su disciplina en la universidad. Su primer profesor en Florencia es Ostilio Ricci, un experto en matemáticas aplicadas e ingeniería militar que dicta clases a los pajes de la corte florentina y les enseña perspectiva a los pintores, escultores y arquitectos de la Accademia del Disegno, una academia de Bellas Artes patrocinada por los Médici. Esto significa que Galileo pasa sus primeros años en Florencia inmerso en la cultura profesional de las matemáticas aplicadas, donde se entrecruzan la arquitectura, la mecánica, la fortificación y las artes visuales.
A partir de 1588, el autor comienza a enseñar matemáticas, astronomía, mecánica y técnicas de fortificación en Siena, Pisa y Padua, dentro y fuera de las universidades. El hecho de que dictara clases en ellas sin un título universitario da cuenta de que las ciencias matemáticas no se concebían como una disciplina filosófica, sino como una disciplina técnica, enseñada a los aprendices más que a los estudiantes universitarios. En efecto, la posición de los profesores de matemáticas en las universidades era marginal.
Además de existir la brecha disciplinaria y epistemológica que ya se ha mencionado, las ciencias matemáticas en general se asociaban con las artes mecánicas debido a su función en la contabilidad, las mediciones geográficas y la mecánica misma. Por todo esto, los profesores de matemáticas no tenían demasiado estatus y ganaban entre seis y ocho veces menos que los filósofos. Por último, el carácter marginal de las ciencias matemáticas dentro de las universidades se refleja también en su subordinación a otras materias dentro del plan de estudios y en la escasa cantidad de cátedras dedicadas a esa disciplina (una en Padua, una en Pisa y dos en Bolonia).
En Padua, por ejemplo, donde enseña entre 1592 y 1610, Galileo se desempeña como asesor del Arsenal Veneciano y se dedica como pasatiempo a los inventos mecánicos (de hecho, patenta una máquina para levantar el agua). Además de su actividad universitaria, complementa el salario relativamente bajo que le pagan por ella dictando clases de matemáticas, mecánica y, en especial, técnicas de fortificación a alumnos particulares que, en algunas ocasiones, aloja en su casa. En 1599 se instala allí un artesano llamado Marcantonio Mazzoleni, que se dedica a fabricar instrumentos. Su principal tarea en la casa de Galileo es construir compases militares y geométricos, instrumentos de cálculo que Galileo luego vende, sobre todo a sus alumnos particulares.
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