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lunes, 10 de enero de 2011

Dos hermanas son liberadas de la cárcel a cambio de donar un riñón

En 1993, Gladys y Jamie Scott, dos hermanas estadounidenses de raíces afroamericanas, participaron de un robo a mano armada. Si la noticia terminara ahí, la decisión del Estado de Mississippi de condenarlas a cadena perpetua no llamaría demasiado la atención. Sin embargo, todo su pecado fue haberle tendido una trampa a dos allegados para que tres adolescentes les robaran un jugoso botín de 11 dólares (unos 44 pesos). Pero si aquella fue señalada como una condena insólita, la decisión que acaba de tomar el gobernador de ese estado lo es todavía más: como una de las dos tiene problemas renales y necesita diálisis constante, las liberó con la condición de que una le done un riñón a la otra. Simple: el tratamiento de Jamie le costaba al Estado 200.000 dólares al año.
Si la comunidad afroamericana tomó su caso como un emblema de la segregación racial se debe a que cuando fueron sentenciadas, ninguna tenía antecedentes penales ni habían lastimado a las víctimas del robo. Pero muchos creen que si lograron su cometido se debe, más que a la presión pública, a las intenciones del gobernador republicano Haley Barbour de llegar a la Casa Blanca y de reducir costos: “La condición médica de Jamie Scott crea un costo sustancial para el estado de Mississippi”, dijo en un comunicado. Además, les permitirá mudarse a Florida, donde vive su familia. El Estado de Mississippi, de esa forma, se liberará de los gastos, incluso de los del trasplante. Es que, si acaso a la historia le faltaba un condimento extraño es esta suerte de “pedido de sponsors”: las hermanas Scott anunciaron que pedirán donaciones para financiar la ablación.
Si bien la madre de las hermanas y la comunidad afroamericana aplaudieron la decisión, la polémica no tardó en encenderse. Sucede que en Estados Unidos –como en Argentina– para evitar el tráfico ilegal de órganos, tanto la compra-venta como el hecho de forzar a alguien a ser donante, está prohibido. De hecho, Michael Shaphiro, jefe de la Unidad de Trasplantes de órganos del centro médico Hackensack, calificó la condición que les pusieron para “perdonarlas” de “falta de ética” e “ilegal”.
Ahora Gladys, de 36 años, tendrá un año para donarle un riñón a su hermana Jamie, de 38. Sin embargo, aunque en el comunicado se indicó que las hermanas “ya no representan una amenaza para la sociedad”, no quedó claro un detalle: qué ocurrirá si, por incompatibilidad o por otra razón médica, Gladys no puede ser donante. ¿Volverán a la cárcel?
clarin.com

sábado, 30 de octubre de 2010

Afirman que los chicos que tienen una hermana son más felices

Sebastian A. Ríos
Aunque muchos chicos y chicas se quejen de sus hermanas por motivos tan variados como recurrentes -e incluso puedan, en el medio de una pelea, decir que preferirían ser hijos únicos-, distintos estudios coinciden en que quienes comparten su infancia y su adolescencia con una hermana tienden a ser más felices y optimistas.
De alguna forma, afirman quienes han estudiado las relaciones familiares, las hermanas parecerían constituir una suerte de factor "protector" de la salud mental fraternal.
A esa conclusión llegó la doctora Laura Padilla-Walker, de la Universidad Brigham Young, de los Estados Unidos, tras estudiar a 395 familias. "Nuestro análisis estadístico mostró que tener una hermana protege a los adolescentes de sentirse solitarios, no queridos, culpables, introvertidos y temerosos. No importa si la hermana es menor o mayor, ni que tan grande es la diferencia en cuanto a la edad", señaló la autora del estudio publicado en la revista Journal of Family Psychology .
A conclusiones similares arribó la investigadora Liz Wright, de la Universidad De Montfort, de Inglaterra, que tras evaluar a 571 familias halló que los chicos y las chicas que tenían una hermana obtuvieron mejores resultados en distintos estudios que evalúan la salud mental. Quienes crecían junto con sus hermanas tendían a ser más optimistas, señaló Wright.

Hablar, hablar, hablar
Pero, ¿qué diferencial aporta la compañía femenina de la masculina? "He entrevistado a más de cien mujeres acerca de sus hermanas, y a las que también habían tenido hermanos, les pedí que compararan. La mayoría dijo que hablaban más seguido con sus hermanas, por más tiempo, y sí: acerca de asuntos más personales", escribió recientemente en una columna publicada en el diario The New York Times la experta en lingüística Deborah Tannen, de la Universidad Georgetown, de Estados Unidos.
"La clave de por qué tener hermanas hace más felices a las personas -tanto hombres como mujeres- quizá no descanse en el tipo de charla de la que participan, sino en el hecho de que hablan -agregó Tannen-. De modo que quizá sea cierto de que hablar es la razón por la que tener una hermana hace que uno sea más feliz."
Pero no es necesario que la charla sea sobre emociones, señaló Tannen. "Cuando las mujeres me dicen que hablaban más seguido con sus hermanas, por más tiempo y acerca de asuntos personales, yo sospecho que ese primer elemento -el hablar más seguido- es más crucial que el último."

Ellos también cuentan
Y los hermanos varones -generalmente menos propensos a la charla- ¿tienen algún impacto benéfico sobre la salud mental de sus hermanos y hermanas? Ellos también aportan, dijo Padilla-Walker.
"Nuestro estudio hallo que tener un hermano o una hermana afectuosa promueve las buenas acciones, como ayudar a los vecinos o cuidar de otros chicos en el colegio -comentó-. De hecho, los hermanos afectuosos fomentaban las buenas actitudes más que los padres afectuosos. La relación entre el afecto entre hermanos y las buenas acciones fue el doble de fuerte que entre la paternidad y las buenas acciones."
Para los padres de niños pequeños, recomendó la investigadora, "el mensaje es alentar el afecto entre hermanos. Una vez que llegan a la adolescencia, éste será un gran factor protector".
"Seguro que tener un hermano, sea hombre o mujer, ayuda al bienestar psíquico y contribuye a la felicidad -dijo, por su parte, el doctor Pedro Horvat, médico psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina-. Porque un hermano es un par, es un buen competidor, es un apoyo y es un modelo. Un hermano es alguien con quien se pueden compartir éxitos o fracasos, con quien se pude compartir transgresiones y la exploración del mundo."

Conclusiones apresuradas
Pero lo que el doctor Horvat pone en duda es la conclusión en torno a la importancia del género fraternal en relación con la felicidad.
"Es verdad que las mujeres tienen una facilidad para lo íntimo que los varones no tenemos, de modo que uno podría decir que una hermana va a facilitar cierto contacto con lo íntimo en términos emocional y sensorial, que para un hermano varón podría ser más difícil", comentó.
"Ahora, el camino de la felicidad me parece más largo y complejo, y decir que soy feliz porque tengo una hermana es algo un poco tomado de los pelos -opinó Horvat-. Este tipo de estudios siempre aporta una mirada muy parcial. Son conclusiones generales que se extraen a partir de datos parciales. Y son siempre riesgosas."
"Sobre todo cuando muchas personas pueden opinar que sus hermanos han sido un problema en su vida, porque de acuerdo con el vínculo nunca dos hermanos ocupan el mismo lugar para los padres, y esa inevitable diferencia puede enriquecer el vínculo, pero también puede complicarlo", agregó Horvat.
"Tener una hermana es una gran cosa, pero también es un vínculo complejo", concluyó.

DIXIT
"Tener una hermana protege a los adolescentes de sentirse solitarios, no queridos, culpables y temerosos. No importa si la hermana es mayor o menor"
Laura Padilla-Walker
Universidad Brigham Young
lanacion.com

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Los celos, un camino a las regresiones

Catalina, además de una valiente por animarse a tener su cuarto hijo, no es la única mamá que ante un segundo o tercer embarazo se angustia al descubrir el sufrimiento de sus hijos mayores, conmocionados por la llegada de un hermano (en este caso dos).
Y como se trata de chicos, las manifestaciones son muy diversas y, generalmente, tienen que ver con acciones. Aunque alarma a la mayoría de los papás, el regreso del pis en la cama cuando era ya una etapa superada es de lo más frecuente. Pero también pueden aparecer rechazo a dormir solos, berrinches, apego al chupete de hermanos menores y hasta pedir la teta cuando ven que se la dan al recién nacido.
Ante todo, tranquilidad. Rosina Duarte, psicóloga infanto-juvenil, dice : ”Estas manifestaciones son absolutamente normales y saludables. Expresan el miedo al desplazamiento y la fantasía de pensar que ese nuevo hermano le robará el amor de sus papás. Ellos piensan que el bebe pasará a ser el más querido”.
Por eso, la especialista aconseja aprovechar estas manifestaciones para poner en palabras lo que nuestros hijos no pueden y así tranquilizarlos. ¿Cómo sería? Preguntarles abiertamente si están preocupados porque piensan que mamá los dejará de querer y más allá de la respuesta (no siempre lo reconocen) darles confianza en que eso no sucederá.
Otra recomendación es incluir al hijo mayor en lo que tiene que ver con el bebe. A medida que va creciendo la panza se le puede preguntar cómo se imagina a su hermano, qué le gustaría hacer con él… Dar lugar a verbalizar todas las fantasías. Al mismo tiempo, invitarlo a ir de compras a elegir ropa o juguetes para el bebe que está por venir para que sienta que en esta nueva situación también puede ser protagonista.
Por otro lado, es muy importante que los papás hagan hincapié sobre las ventajas de ser mayor al recién llegado que, ante la mirada de sus hermanos, goza de todos los privilegios y se roba toda la atención. “Hacerle ver que puede decidir y elegir muchas cosas que el recién nacido no. Recordarle que puede hablar y pedir lo que quiere, comer lo que le gusta, ver sus programas favoritos, jugar con amigos… En fin, sacar a relucir todas las conquistas logradas con su crecimiento”, apunta Duarte.
De todas las reacciones que provocan los celos, la más preocupante es la indiferencia. Mientras los chicos expresen lo que les pasa, todo está bajo control aunque a veces parezca todo lo contrario.
lanacion.com

jueves, 5 de agosto de 2010

Hermanas contra la depresión

Quien tiene una hermana tiene un tesoro, podría rezar el dicho ateniéndose a los resultados de una nueva investigación. Según el estudio, llevado a cabo por psicólogos estadounidenses, los hermanos pueden protegerse mutuamente de sentimientos como la soledad o los miedos; pero en el caso de las féminas, además, su relación puede mantener alejada a la depresión en la adolescencia.
Laura Padilla-Walker, de la Universidad de Birgham (EEUU), entrevistó a 395 familias con más de un hijo (al menos uno de los cuales tenía entre 10 y 14 años). Sus conclusiones mostraron que tener un hermano, independientemente del sexo o la diferencia de edad, era un elemento protector. Curiosamente, señalan los investigadores, se observó que la influencia de tener un compañero de juegos podía llegar a ser incluso superior a la influencia paterna; y apuntan que los menores aprendían de sus hermanos sentimientos de generosidad o amabilidad más incluso que de sus mayores.
Y aunque tener un hermano varón también resultó ser un elemento protector, son las chicas las que ofrecen un mayor potencial 'antidepresivo'. Probablemente, sugiere el estudio, porque las mujeres tienen mayor tendencia a hablar y estas dotes comunicativas actúan como elemento positivo.
"Los niños dan algo que los padres no pueden dar", explica la doctora Padilla-Walker. Y es que según sus análisis, este tipo de relaciones fraternales permite mantener alejados sentimientos de culpabilidad, egoísmo, miedo... E incluso se observa que las habituales peleas entre hermanos pueden tener un componente positivo ya que ayudan a los chavales a controlar sus emociones. Sólo en los casos de peleas más graves, los autores advierten que pueden aumentar la tendencia a caer en la delincuencia juvenil.
Estos resultados, que forman parte de una amplia investigación sobre la familia, se acaban de dar a conocer en las páginas de la revista 'Journal of Family Psychology'. "Los hermanos son alguien con quien los niños pasan cada día durante su infancia y, a pesar de eso, la ciencia no ha estudiado seriamente su influencia", admite la experta en Psicología.
En su estudio también se observó, curiosamente, que la influencia entre hermanos era mayor en el caso de niños de familias tradicionales que en aquellas monoparentales. "Probablemente los niños con sólo padre o madre adoptan un rol de figura paterna que cambia su tradicional rol de hermano", sugiere Padilla-Walker.

elmundo.es

lunes, 15 de febrero de 2010

Ser gay y tener un hermano gay

Dicen haber tomado con naturalidad la orientación sexual de su hermano o hermana tras la sorpresa inicial. Creen que esa experiencia les allanó apenas en parte la construcción y el proceso de visibilización de su propia identidad. Son cómplices. Admiten que ante ellos pueden mostrarse más abiertamente. Pero los hermanos GLTB consultados remarcan que no se identifican entre sí ni se sienten especiales. Se acompañan, de cerca o de lejos, como lo hacen con otros integrantes de su familia.
Eugenia tiene 31 años y estudió Letras en la Universidad de La Plata. Vive en esa ciudad junto a su mamá y otros tres hermanos. Uno de ellos, el menor, es Manuel, que tiene 21 años. Ambos apelan a palabras como “naturalidad”, “felicidad” y “respeto” para relatar cómo comunicaron su elección sexual a la familia. Y cómo dieron la bienvenida a la del otro o la otra.
“Mi mamá siempre nos educó para que respetemos a los diferentes, a cualquiera que no fuera como nosotros. Nos inculcó la importancia de una sociedad plural y diversa”, dice Eugenia. Esos valores, cocinados a fuego lento en las reuniones periódicas para tratar “temas de familia”, impulsaron a Eugenia a contar –cuando tenía 18 años– que era lesbiana a dos de sus hermanos. La madre ya lo sabía y fue la que propició aquel cónclave.
Con Manuel fue distinto. Eugenia esperó cuatro años. “Se lo conté aparte. Sin dejar de mirar la computadora, él me preguntó si yo estaba bien y, después de que le dije que sí, siguió con sus cosas como si nada”, recuerda. Y aclara que “me preocupó cómo iba a tomar mi confesión porque era el más chiquito. Pero su reacción no fue diferente de la del resto”.
“Tuve que insistir hasta que me dijo que la persona con la que salía era su amiga. Le dije que si era feliz, la iba a apoyar. A los 12 años, cuando me enteré, no sabía del prejuicio social” que pesa sobre las minorías sexuales, señala Manuel.
Dos años más tarde, él se hizo cargo de sus propios ratones. Primero les contó que era gay a sus mejores amigos. Recién cuando se sintió más afincado en sus deseos y convicciones, habló con su mamá. “Hay gente que tiene un discurso inclusivo, pero que no reacciona muy bien cuando enfrenta una situación de cerca”, sostiene. Pese a que no fue el caso de su madre, Manuel admite que el tránsito familiar de Eugenia le dio confianza. “Me hizo prever que la reacción de mi mamá iba a ser favorable”, dice.
No hubo reunión familiar para comunicar la buena nueva. Ni charla aparte con Eugenia. La mamá se ocupó de ir dando la noticia. “No les conté directamente a mis hermanos porque me resulta incómodo tener que decir que soy gay. Lo vivo con naturalidad, pero no le asigno un valor en sí mismo. Más que estar orgulloso de ser gay, uno tiene que enorgullecerse de respetar los derechos humanos”, enfatiza Manuel.
“No sé por qué actuó mi vieja como correo, pero me gustaría saberlo”, revela Eugenia al recordar cuando supo que su hermano era gay. “Me entró el miedo, el mismo miedo que tuvo mi mamá cuando se enteró de mí. Sabía que no iba a ser fácil la vida porque siempre hay algún estúpido que trata de señalarte y de agredirte. Yo me sentía refuerte para afrontarlo, pero no quería que le pasara nada a él”.
Tanto Eugenia como Manuel no creen en los armarios, en que a la hora de descubrir y aceptar una identidad sexual se salga de algún encierro. Casualidad o no, él se imagina dando los pasos que dio ella cuando sienta que deba comunicar algo. “Contaría que tengo novio. Hablar en abstracto no me interesa”.
Para Valeria Paván, psicóloga y coordinadora del Área Salud de la Comunidad Homosexual Argentina, detrás de “la naturalidad con la que gays y lesbianas dicen vivir” hay todo un trabajo de “verdadera aceptación de la propia identidad sexual, es decir, de alcanzar una representación propia del ser varón y del ser mujer que trascienda la representación heteronormativa de la sociedad”.
Quizás algo de ese proceso se puso de manifiesto cuando Ángel tomó distancia de Leticia. Despuntaban los años noventa y ella, que venía de un matrimonio roto que le había dejado tres hijas, se sintió atraída por una amiga de él. Ambas terminaron siendo pareja durante varios años. “Al ver que daban los primeros pasos de una relación, me corrí a un lado para que mi hermana pudiera tomar una decisión sobre su sexualidad sin que se sintiera presionada por la mía”. Volvió a acercarse cuando esa decisión fue tomada.Ángel tiene 54 años; es docente y esteticista. Leticia cumplió 52 y es psicóloga. Piden cambiar sus nombres a condición de dar testimonio. Son los hijos mayores de una familia constituida por padres, abuelos y otros cuatro hermanos. Un grupo al que le costó más tiempo aceptar la orientación sexual de ella que la de él. “Porque Leticia era madre y había vivido más de la mitad de su vida como heterosexual”, arriesga.
Lo cierto es que, luego de que su hermana confesara atracción por aquella mujer, Ángel recordó que jugaban de chicos “a las telenovelas con nuestras vecinitas. Yo me mataba a besos con una y mi hermana, con otra. Ojo, eran ‘besos besos’, no cualquier pavada”.
Ya adolescente, él se enamoró de un compañero de la secundaria con quien experimentaba “situaciones de alto contenido erótico”, pero que terminó convirtiéndose en novio de Leticia. Un hecho que lo destruyó, quitó el velo familiar y lo obligó a tomar “pastillas mataputo” hasta que se reveló. ¿Qué le pasó con Leticia? “La odiaba. Fue la contrafigura de la novela en ese momento. Por suerte, a los 21 años me fui a vivir con quien fue mi primera pareja. Y ella estuvo cerca como siempre”, señala Ángel.
Leticia coincide con su hermano. Dice que el giro que dio en su identidad sexual no quitó ni sumó complicidad a la relación. De todos modos, siente que, sin desmedro de sus otros hermanos y hermanas, la une a Ángel un lazo fraternal más fuerte. Que en ello contribuyen los dos años que apenas se llevan de diferencia y las circunstancias de la vida que debieron afrontar juntos. “También el hecho de que seamos homosexuales nos facilita cierta comprensión del otro”.
Añade que “nos amamos y nos matamos como todos los hermanos. Sin embargo, sé que sus reproches no vienen con una carga adicional de homofobia. Ante él puedo desplegar todo el amor que siento por mi actual pareja. Eso, que parece una simpleza, me alivia y me acerca a Ángel de una manera única”.
criticadigital.com

viernes, 3 de abril de 2009

Si son mujeres alegran la vida


Una hermana puede ser la llave de la felicidad. Así lo reveló un estudio de la Universidad de Ulster, Irlanda, que detalla que los jóvenes que crecieron con, al menos, una hermana son más propensos al optimismo y al bienestar psicológico.
El estudio dice que, por el contrario, los que sólo tuvieron hermanos varones tienen más posibilidades de padecer estrés e insatisfacción.
El informe fue presentado ayer por el director de investigación del establecimiento irlandés, profesor Tony Cassidy, en el encuentro anual de la Sociedad Británica de Psicología en la localidad inglesa de Brighton, al sur del país.
Como primera hipótesis, los científicos, para realizar el estudio, consideraron múltiples variables que se asocian con la buena salud mental. Finalmente, la investigación fue desarrollada a partir del análisis del estado psicológico de 571 personas, de entre 17 y 25 años, con hermanas, hermanos o ambos.
“La expresión de las emociones es fundamental para el bienestar psicológico y son las mujeres las que promueven ese tipo de comportamiento”, explicó Cassidy. El estudio reveló también que los jóvenes que tienen hermanas muestran mayor sociabilidad, que tienen más paciencia y que son, en conjunto, más equilibrados a nivel psicológico.
“Yo no me animaría a afirmarlo, no haría un estándar”, dijo la psicoanalista argentina Eufemia da Rosa. “Podría darse que las diferencias estén más repartidas, que haya más variación de juegos a partir de la presencia de un varón y una mujer en la familia. Incluso que existiera un ámbito de más delicadeza y mayor sensibilidad”, explicó la profesional.
ANTECEDENTES .
El estudio de la Universidad de Ulster tiene como antecedentes a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y a la Universidad de San Diego, en California. Ambas casas de estudio analizaron datos recolectados durante el Framingham Heart Study para comprobar si la felicidad podía “contagiarse” de persona a persona y si se forman grupos de felicidad dentro de las redes sociales.
En el primero de los estudios, 5.124 adultos de entre 21 y 70 años fueron estudiados entre 1971 y 2003, para examinar varios aspectos de su salud y de su vida. Se pidió a los participantes identificar a sus familiares, amigos íntimos, lugar de residencia y lugar de trabajo, para garantizar que pudieran ser contactados cada dos o cuatro años para el citado seguimiento. Los autores del estudio encontraron 53.228 lazos sociales entre los 5.124 participantes.
Fowler y Christakis, de la Universidad de San Diego, se centraron sobre la vida de 4.739 participantes en el período que va desde 1983 hasta 2003. Durante el estudio original, se recogieron datos adicionales sobre el estado de ánimo, empleando una escala de puntuación de los estados depresivos.
Los autores midieron cómo las redes sociales se correlacionaban con la felicidad manifestada y encontraron que personas que vivían con más gente en la misma casa y que se volvían más felices elevaban la probabilidad de que los otros residentes ganaran también en felicidad, además de que se vieron efectos similares en hermanos y hermanas que vivían cerca y hasta en vecinos con quienes hubiera buena relación.
Una persona será más feliz, con un 42% de probabilidades, si un amigo o amiga de ella, que viva a menos de 800 metros, empieza a ser feliz. El efecto es sólo del 22% para amigos que viven a una distancia mayor que aquélla pero inferior a tres kilómetros, y disminuye a medida que se alejan de la gente querida, hasta volverse insignificante.
OPINIONES
Es buenísimo tener hermano
Bobby Flores (Conductor, tiene un hermano mayor)
La verdad es que nunca me planteé si tener una hermana hubiera sido mejor para mí o para mi hermano, pero no creo que tenga mucho que ver con la felicidad. Me parece que hay gente que tiene tiempo para estudiar cosas raras. Me suena un poco a locura. Mi hermano, que es más grande que yo, tiene épocas en la que el trato es puro placer y goce. Pero también tiene otras de agravios y enojos. Supongo que es como todos los hermanos, ni más ni menos. A veces es buenísimo tener un hermano y otras te hincha mucho. No debemos ser gente como la que estudian ellos.
Lo que sí pensé fue cambiar a mi hermano por la hermana de mi amigo. ¿Barreda tendrá hermana?
Dady Brieva (Actor, tiene dos hermanas menores)
Yo tengo dos hermanas menores y la verdad es que siempre fueron bárbaras, muy piolas las dos. Como son más chicas, siempre era yo quien las aconsejaba. Cuando éramos chicos, la pasábamos bien juntos. Y ahora también. Para mí esos estudios son cosas inventadas. Los irlandeses le dan a la cerveza y después salen cosas así.
Como nosotros somos muy brutos, pensamos que son universidades más prestigiosas que las de acá, pero tendríamos que hacer lo mismo para salir de la falta de laburo.
Yo no sé si Barreda o Robledo Puch habrán tenido hermanas, habría que investigar más a fondo para ver si es real o no.
criticadigital.com