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lunes, 6 de febrero de 2012

Irán agrega a Los Simpson a la lista de muñecos prohibidos

TEHERAN (EFE).- La ofensiva cultural en Teherán parece no tener freno, después de que el régimen islámico iraní sumara a los personajes de la serie de televisión Los Simpson a la lista de muñecos cuya comercialización está prohibida en el país, al considerarlos contrarios a la cultura de Irán.
De este modo, Los Simpson se agregan a muñecas como Barbie, que se consideran "inmorales" y con un "efecto negativo en la educación de los niños", según dijo Mohamad Bagher Adosi, del Centro para el Desarrollo Intelectual de Niños y Jóvenes iraní.
Las muñecas Barbie y Sandy, indicó Adosi, visten un tipo de ropa que no se ajusta a los cánones impuestos por el régimen teocrático islámico iraní.
Además de los muñecos, tampoco se pueden vender en las tiendas de Irán otros objetos relacionados con estos personajes, como mochilas, útiles de escritorio y platos y cubiertos.
Adosi agregó que ahora estudian si prohibir también personajes como Superman y Spiderman, que "propagan la cultura de Europa y Estados Unidos".
La lucha contra la "intoxicación de valores occidentales" en Irán empezó tras la revolución de 1979. Las quemas de libros, el cierre de universidades para limpiarlas de ideología capitalista, la imposición del hiyab y la prohibición del cine y de la prensa de Occidente fueron signos de la búsqueda de una identidad diferenciada. Sólo algunas películas críticas de Estados Unidos, como las de Michael Moore, llegan a exhibirse en salas comerciales sin pasar por las tijeras del censor.
lanacion.com

miércoles, 23 de marzo de 2011

La casa de 'Los Simpsons', en venta

Mosaico con habitaciones de la casa de los Simpson.


La casa de Homer Simpson está a la venta. Sí, ha entendido bien. La crisis del ladrillo también ha afectado a la familia más famosa de la televisión, los Simpsons. Como muchas otras celebridades, Homer ha tenido que sacar su vivienda (del televisor) para ponerla en el mercado. Eso sí, para encontrar comprador ha tenido que cambiar los dibujos por materiales más sólidos.
La réplica exacta del hogar donde han crecido Bart, Lisa y Maggie no está en Springfield, sino en la localidad estadounidense de Henderson, Nevada.
En 1997, la cadena de televisión Fox, que produce la popular serie de animación, organizó junto a Pepsi un concurso para sortear una copia a tamaño real de la casa de los Simpsons.
La ganadora del concurso y actual propietaria es Barbara Howard, quien ha puesto a la venta la vivienda por 120.000 dólares (84.290 euros). La casa no animada de los Simpsons tiene más de 200 m2 y cuatro dormitorios.
La casa fue construida por Kaufman y Broad, una de las constructoras más grandes de Francia. Los arquitectos tuvieron que ver más de 100 episodios de la serie para tomar nota antes de poner un lápiz en el papel. "Se pueden ver los dibujos animados, pero nadie entra y nadie sale. Nosotros hemos construido una réplica de verdad", aseguró Manny González, director del proyecto.
La casa tiene la misma decoración que su original. Los muebles, colores y telas inventados por el lápiz de su creador, Matt Groening, están reproducidos a la perfección.
El exterior de la casa también reproduce fielmente el hogar de la que, según el 'Times' es la mejor serie del siglo XX. En el jardín se puede ver el columpio de Bart y en patio trasero la barbacoa. Hasta en el camino de entrada hay una mancha de aceite del coche de Homer.
Ahora los fans de todo el mundo pueden convertirse en un verdadero Simpson.
elmundo.es

miércoles, 20 de octubre de 2010

Vaticano: Homero y Bart son católicos

Elisabetta Pique
Corresponsal en Italia
ROMA. "Pocos lo saben, y él hace de todo para esconderlo. Pero es verdad: Homero J. Simpson es católico", escribió el Osservatore Romano, el diario del Papa, en un artículo que dio mucho que hablar.
El periódico de la Santa Sede, que en los últimos años tuvo una suerte de modernización y en diversas ocasiones sorprendió al escribir (bien) sobre los Beatles, Tintin y Harry Potter, citó un análisis de un sacerdote jesuita, el reverendo Francesco Occhetta, que destacó que si bien a menudo Los Simpson despotrica contra figuras religiosas, "los padres no deben temer permitir que sus hijos vean las aventuras de estos pequeños tipos amarillos".
En una nota que salió en el último número de la revista jesuita La Civilitá Cattolica, citada por el Osservatore, Occhetta se manifestó convencido de que la famosa serie de dibujos animados creada por Matt Groening "es uno de los pocos programas para niños en el que la fe cristiana, la religión y los interrogantes sobre Dios son temas recurrentes".
El productor ejecutivo de la serie, Al Jean, no ocultó su perplejidad: "Hemos mostrado claramente que Homero no es católico. No creo que él pudiera pasar un viernes sin comer carne, ni siquiera una hora. Mi primera reacción es de shock e impresión y supongo que compensa el que no haya ido a la iglesia en 20 años".
lanacion.com

jueves, 6 de mayo de 2010

Los Simpson cambian la música de su cabecera por primera vez en dos décadas

Los espectadores norteamericanos que se pusieron frente a su televisor para visionar el último episodio de 'Los Simpson' emitido en EEUU se llevaron una sorpresa mayúscula al comprobar que la mítica cabecera de inicio, que se ha mantenido durante 20 años, había sido suprimida y sustituida por una secuencia con la canción 'Tik tok' de la cantante Kesha como melodía.
Ni Lisa se arranca con un solo de saxofón, ni Bart patina las calles, ni Marge está apunto de atropellar a su marido. En esta nueva secuencia todos los habitantes de Springfield bailan, desde la escuela a la casa Simpson, pasando por el bar de Moe, al ritmo de 'Tik tok', la canción de Kesha que ha revolucionado el mercado americano.
Éste es el segundo homenaje que realizan 'Los Simpson' en la última semana, tras el que dedicaron en apoyo a los creadores de 'South Park', amenazados tras presentar en varias escenas al profeta Mahoma. La clásica frase de Bart Simpson en la pizarra de la escuela se utilizó para prestar apoyo a Stan, Kyle y compañía. Homenajes tan explícitos no son comunes en la serie, que prefiere homenajear a las estrellas incluyéndolas como 'actores' de reparto en la ficción.
Kesha ha logrado una gran acogida con esta canción que la ha convertido en toda una celebridad, protagonizando varias portadas de revistas además de los canales de vídeos musicales. Ni siquiera los habitantes amarillos de Springfield han logrado resistirse a bailar eso de "Dont stop, make it pop, DJ blow my speakers up".

elmundo.es

miércoles, 27 de enero de 2010

"EL EVANGELIO SEGÚN LOS SIMPSON"

Fue recién en el verano de 1999, época en la que a mis pequeños hijos les interesaron Los Simpson, cuando comencé a sintonizar el programa con regularidad. A la luz de su reputación en cuanto a conductas burdas, mal lenguaje e implicaciones sexuales, insistí en sentarme con ellos. Ver los episodios semanales, adicionados con una doble dosis de repeticiones nocturnas a lo largo del verano, me llevó a valiosas discusiones con los niños acerca de asuntos morales y me sentí liberado al constatar que la mayoría de los detalles desagradables pasaron de largo para ellos (eso espero).
La verdadera epifanía para mí, como escritor religioso durante mucho tiempo para periódicos cotidianos, fue la sorprendente y favorable manera cómo la religión era presentada en la serie, además del papel central que la fe desempeñaba en la vida de los personajes. En muchas formas, los miembros de la familia Simpson estaban definidos y circunscritos por la religión. La familia asistía a la iglesia cada domingo, leía la Biblia y daba las gracias antes de comer. Sus vecinos de la casa de al lado eran cristianos evangélicos comprometidos. Cuando se enfrentaban a una crisis, los Simpson acudían a dios y rezaban en voz alta. Dios respondía a sus plegarias con frecuencia e intervenía en su mundo. Había una cosmología completa: dios, el diablo, los ángeles y un universo entero de fe. Los personajes creían en un cielo y un infierno literales y, como la mayoría de los estadounidenses, ellos se burlaban de los cultos. Resultaba claro que los cristianos y el cristianismo eran más parte de Los Simpson que de cualquier otra serie o drama en horario estelar.
No obstante, nadie confundiría a Homero Simpson o a su familia con santos. De hecho, en muchas formas, ellos son la quintaesencia de los pecadores débiles y bien intencionados que confían en su fe, aunque sólo cuando es absolutamente necesario. Los Simpson es un programa consistentemente irreverente hacia los excesos y las fallas de la religión organizada, tal como lo es con la mayoría de las otras instituciones y con los otros aspectos de la vida moderna. Y Bart siempre es Bart. Él no es el niño de quien el profeta Isaías dijo: “un niño pequeño los guiará”; en términos literales, Bart es un caso de “sufran a los niños pequeños” (Marcos 10:14). La perspectiva de Homero de la complejidad teológica es, cuando mucho, difusa. Cuando Bart le pregunta cuál es la creencia religiosa de la familia, su padre responde: “Ya sabes, ésa con todas las reglas bienintencionadas que no funcionan en la vida real. Uh, cristianismo”.
EL CABALLO DE TROYA. El don de Los Simpson es que las creencias esenciales de los personajes son animadas, pero no caricaturizadas. Nadie se burla de dios ni se cuestiona su existencia. En retrospectiva, los segundos iniciales de Los Simpson debieron darme una clave: cuerdas de arpa acompañan a un coro celestial mientras las nubes se apartan y aparece el título del programa en la pantalla; luego, la cámara hace una toma en picada de Springfield. A medida que avanzaba mi temporada de verano del programa con mis hijos, me descubrí en el acto de verlo con mi libreta de reportero, en la cual tomaba febriles notas. Mientras más veía el programa, más quería comprender su dimensión. Dado que muy poco de lo que aparece en la televisión y en el cine está allí por accidente, yo quería saber por qué la religión era tratada de esa manera.
Mike Scully, quien en ese momento era el productor ejecutivo de la serie, me explicó que el programa pretendía reflejar, a través de los personajes, el hecho de que la fe desempeña una función sustancial en la vida de muchas familias, a pesar de que es raro que esto sea mostrado en televisión. “Intentamos representar las actitudes honestas de la gente acerca de la religión --declaró--. Ves a los Simpson y a toda la gente de la ciudad reunida en la iglesia, tal como en la vida real. Vos estás en la iglesia, das el saludo de paz a alguien y luego, en el estacionamiento, le hacés una seña obscena porque bloquea tu camino. Sólo es naturaleza humana”.
El sucesor de Scully, Al Jean, me comentó en 2005 que el programa era un mero reflejo de la realidad en la cual, durante la primera administración Bush, la religión se había convertido en un elemento más prominente de la vida estadounidense de lo que había sido quince años atrás. El hecho de integrar más religión en Los Simpson en realidad “no fue algo que hiciéramos en forma consciente”.
De acuerdo con un estudio efectuado por un teólogo (y fanático), casi una tercera parte de todos los episodios incluye al menos una referencia religiosa. Otro análisis de episodios elegidos al azar, realizado por John Heeren de la Universidad Estatal de California, descubrió que había algo de contenido religioso en 70% de ellos y que 10% de los capítulos estudiados estaban construidos alrededor de temas religiosos. La religión era más prominente en el programa en la extenuada y decadente década de 1990 que en otros de la década de 1950, la cual era más religiosa, aseguró.
LO SAGRADO Y LO PROFANO. Si eliminás los chistes, Los Simpson es una tragedia de proporciones operísticas; es decir, fracasos y frustraciones repetidos, puntuados por el indulto ocasional, irracional y afirmador de vida que lo devuelve todo a su estado normal. Y, como cualquier comedia dirigida a un público masivo, es, en sus raíces, de un conservadurismo obstinado. León Trotsky, uno de los padres del levantamiento bolchevique en Rusia, solía describir a un movimiento político al cual era opuesto como “derechista en forma, izquierdista en esencia”, lo cual es como decir que sus oponentes eran revolucionarios en apariencia, pero de naturaleza reaccionaria. Con Los Simpson, creo que podría tratarse de un caso similar: cubrir la esencia sagrada del programa con el disfraz de una narración profana, aunque no existe evidencia de que esto sea resultado de un esfuerzo consciente y consistente por parte de los escritores y productores de la serie.
El hecho de que la serie, en un momento considerada tan antiautoritaria, sea subversiva o apoye la fe, depende en gran medida del ojo del observador. Los Simpson sólo parecen cuestionar la sabiduría y los valores convencionales. La religión sirve como un paliativo que consuela a los personajes en su futilidad social.
El evangelio de Los Simpson no es la fe guerrera de los profetas del Antiguo Testamento o del confrontativo Jesús, todos los cuales pretendieron balancear el bote de la comodidad no honrada. Al mismo tiempo, la teología de Los Simpson no siente gozo en la aceptación. Marge, Ned, el reverendo Alegría y otros creyentes en la serie no son como esos ministros colaboracionistas de principios del siglo XX que fueron acusados por los radicales de predicar promesas vacías. Su fe es un bastión, un refugio muy significativo y relevante. La fe es el último recurso contra las presiones del paso cada vez más veloz del mercado global y su poder, los desastres personales y naturales y cualesquiera otros infortunios que uno podría enfrentar.
Debido al mundo en el cual estamos y al sistema económico bajo el cual vivimos, el show de Los Simpson es tan incisivo, tan reafirmador de vida y tan crítico social, en tanto comedia de situación en horario estelar, como cabría esperar de una importante cadena de televisión comercial, en términos racionales. Entonces, ¿qué impacto tiene la televisión, en particular un programa como Los Simpson, en decenas de millones de teleespectadores? Esa pregunta aún está abierta. El reverendo Donald Wildmon, cabeza de la ultraconservadora Asociación de la Familia Estadounidense, localizada en Tupelo, Mississippi, cree que es considerable. “Se podría pensar que Billy Graham es el evangelista líder en Estados Unidos, pero no lo es --advirtió--. Los evangelistas líderes son esas personas que hacen programas de televisión”.
DIOS
En Los Simpson nadie se burla de dios. Cuando los personajes de la serie se enfrentan a una crisis, acuden a él. “Es más difícil satirizar algo que burlarte de ello --señala Mike Scully-- y resulta difícil satirizar algo que no puedes ver”. En Los Simpson, dios es una mezcla entre el Hombre de dos mil años de Mel Brooks y el viejo Moisés de Charlton Heston. Los personajes de la serie tienen una percepción un poco incierta sobre la esencia del Todopoderoso y de su plan para la humanidad. Cuando un personaje declara dios a Homero, éste lo corrige: “Dios tiene barba blanca e inventó El código Da Vinci”.
EL FUNDAMENTALISMO RELIGIOSO
A pesar de todas sus admirables cualidades, Ned Flanders, el vecino de los Simpson, en ocasiones exhibe el celo y la mente estrecha que para muchas personas representa el aspecto más oscuro del cristianismo evangélico. Él distribuye panfletos titulados “Morirás en el infierno” durante la proyección de una película al aire libre de la comunidad. Cuando Ned levanta la mirada hacia el cielo nocturno y ve una estrella judía, se frota los ojos, incrédulo. “El retrato de Ned es un golpe bajo a los fundamentalistas, razón por la cual me agrada”, declara el profesor de teología David Landry.
LA CORRUPCIÓN DE LA IGLESIA
El reverendo Alegría personifica muchos de los errores de la religión organizada y del conservadurismo cristiano. Es representado como un “charlatán pandenominado”, superficial e intolerante. Es hipócrita y corrupto, pero no es malo ni inmoral; simplemente, es humano. A pesar de las bancas diversas y abarrotadas, hay serios problemas en la iglesia de Springfield. Los feligreses se duermen en los servicios, a veces con los ojos abiertos. Los escritores de la serie aclaran que la fe es consistente con los personajes. La fe siempre ha sido la creencia en cosas invisibles y, en ese sentido, es irracional.
EL INFIERNO
La naturaleza del cielo y el infierno es un tema que surge con frecuencia en la escuela dominical en la Iglesia de Springfield. A diferencia de muchos protestantes de la corriente principal y del Papa, los personajes de Los Simpson creen sin cuestionamiento alguno en una interpretación muy literal de ambos conceptos. El infierno es, según explica la señora Albright, un lugar terrible: “Las larvas son sus sábanas y los gusanos, sus cobijas. Hay un lago de fuego que arde con azufre. Serán atormentados de día y de noche, para siempre jamás. De hecho, si en realidad vieran el infierno,sentirían tanto miedo que morirían”.
OTRAS RELIGIONES
El cristianismo, el judaísmo, el hinduismo y el budismo están bien representados en Los Simpson. La principal representación del budismo en Los Simpson se relaciona con la salida de Lisa del cristianismo. Su cambio de religión surge de su opinión de que su iglesia protestante de línea principal ha llegado a la bancarrota espiritual, lo que es un resultado directo de estar muy próxima a la bancarrota financiera. Cuando el actor Richard Gere, devoto del budismo tibetano, escucha lo que ella busca, le explica a la niña que ha llegado al lugar adecuado.
LA BIBLIA
Homero utiliza la Biblia cuando y como le conviene. Por ejemplo, para justificar las apuestas de deportes ante Lisa y le comunica que están permitidas en la Biblia, “en alguna parte de atrás”. Lisa quiere jugar hockey sobre hielo en un equipo para varones y Homero le retruca: “Si algo nos ha enseñado la Biblia, que no nos ha enseñado nada, es que las niñas deberán practicar deportes para niñas, como luchas en aceite caliente”. La más detallada representación bíblica se transmitió en 1999, en un episodio titulado “Historias bíblicas de Los Simpson”.
criticadigital

martes, 15 de diciembre de 2009

ANIVERSARIO DE LOS SIMPSON

La familia Simpson gira entorno a Homero, un padre cuya figura representa a la media de la sociedad estadounidense, a la que no hay nada que le guste más que llenarse la panza de horas de televisión y cervezas. A su alrededor, una mujer que lo ama incondicionalmente, Marge, y sus tres hijos: Bart, incontrolable; Lisa, políticamente correcta, y la pequeña Maggie, que no piensa en otra cosa que en su chupete.
Para muchos, los personajes están situados en una trama sencillamente rutinaria, pero en realidad, la familia animada muestra con crudeza muestra muchas de las cosas que una sociedad esconde debajo de la alfombra.
Los Simpson son un boom desde hace veinte años en todo el mundo y este jueves 17 festejarán su vigésimo aniversario. "No podemos predecir el fin de la serie porque aún no podemos creer que sigamos en el aire", explicó recientemente su creador, Matt Groening.
El festejo será con un episodio especial de una hora que se emitirá el 10 de enero junto a un documental sobre el fenómeno cultural generado por la serie, con el nombre de The Simpsons 20th Anniversary Special: in 3-D! on Ice. El envío estará precedido por el episodio número 450, Once Upon a Time in Springfield, en donde aparecerá la actriz Anne Hathaway.
La serie, ganadora de 24 premios Emmy, posee el récord de ser la comedia que más tiempo estuvo en televisión en el prime time. Había surgido como un fragmento animado en la serie The Tracey Ullman Show y pasó a ser una sitcom de treinta minutos capaz de atraer una media de 27,2 millones de personas en sus mejores registros.
Entre los festejos también se cuentan: la sorpresiva aparición de Marge en la portada de la revista Playboy, convirtiéndose así en el primer personaje animado en ser tapa de la famosa publicación erótica, el lanzamiento de sellos postales con las imágenes de los protagonistas o la incorporación de un personaje creado por los aficionados a través de un concurso.
Por sus capítulos pasaron rostros políticos como el ex primer ministro británico Tony Blair o el presidente francés Nicolas Sarkozy; estrellas musicales como The Beatles, Michael Jackson, The Who, Sting, Johnny Cash, Tom Jones o Mick Jagger; y actores de primera línea como Elizabeth Taylor, Dustin Hoffman, Alec Baldwin o Kim Basinger.
Además de sus protagonistas, la tira luce una galería de personajes secundarios dignos de recordar, como el señor Burns -la avaricia personificada-, el odioso vecino Ned Flanders, Apu -el propietario indio de la tienda Kwik-E-Mart-, Moe, el personaje que regenta el bar que frecuenta Homero, o el payaso Krusty.
En estos veinte años no todo fue televisión. En 2007 se estrenó la película The Simpsons Movie, que recaudó más de 500 millones de dólares en todo el mundo y de la que Groening descarta que vaya a existir una segunda parte. "Nos costó 18 años decidirnos a hacer la película. Fue frustrante. Pensamos que nos llevaría dos años hacerla y finalmente fueron cuatro. Algún día puede que hagamos otra, pero por ahora no", declaró a la agencia de noticias española EFE.
Los Simpson en números:
2.500 millones de dólares habría ganado ya la emisora Fox, sin contar el éxito cinematográfico. 450 capítulos.
90 países a los que llega la serie.
27,2 millones de espectadores fue la media más elevada de registros de rating.
26 premios Annie para películas animadas.
24 premios Emmy de televisión.
19 años de la creación del tema “Do The Bartman” compuesto entre otros por Michael Jackson.
1 estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.
criticadigital.com

lunes, 9 de noviembre de 2009

La filosofía oculta de Los Simpson

Homer Simpson es faro y luz para millones de personas en todo el mundo. Su vagancia hiperbólica, su voracidad, su afición por el alcohol, su facilidad para estrangular a su hijo Bart... Una personalidad que se ha convertido en modélica, para escándalo de quienes ven en el éxito de 'Los Simpson' una señal del fin de la civilización. Otros, en cambio, ven trazas de Sartre, de Marx, de Nietzsche y hasta de Aristóteles. Es el caso de los autores que participan en el libro 'Los Simpson y la filosofía', primera referencia de la editorial barcelonesa Blackie Books. El libro pretende contrastar el corrosivo humor de la familia de color mostaza con las principales líneas de pensamiento de la humanidad.
El lanzamiento del libro coincide con el 20 aniversario de la serie. Una veintena de filósofos y estudiosos estadounidenses, coordinados por el profesor William Irvwin del Kings College, destripan las conexiones filosóficas de la familia que más ha hecho por difundir el modo de vida estadounidense y sus disfunciones. Pero, pese a la sarta de golpes, mentiras y catástrofes provocadas por Homer, en una encuesta realizada por los grandes almacenes Woolworths a 1.000 niños británicos , el 22% de los encuestados afirmó que estaría dispuesto a cambiar a su padre por Homer, un hombre cuyas tres reglas en la vida son las siguientes: "Uno: 'Cúbreme'. Dos: 'Jefe, qué gran idea'. Tres: 'Estaba así cuando llegué'".
En el ensayo que abre el libro, Raja Halwani se pregunta "¿En qué sentido puede resultar admirable Homer Simpson?". Y pasa a analizar si es virtuoso, en el sentido que lo definió Aristóteles, detallando, por ejemplo, "cómo se come el jamón caducado en el Badulaque, se pone malo y acaba en urgencias en el hospital ('Homer y Apu'). Pero en lugar de denunciar a Apu, se tranquiliza de inmediato cuando éste último le ofrece cuatro kilos de gambas en mal estado". Una forma ilustrativa de definir la templanza. Pero no acaba ahí la cosa. Los filósofos se atreven a explicar conceptos como la frónesis y los principios del marxismo que residen en el cabeza de familia Simpson, el antiintelectualismo estadounidense a través de Lisa, la virtud de la maldad nietzschiana de Bart o la perspectiva kantiana de la familia.
Así, se puede descubrir que la aparente amoralidad de Homer ("¡Criaturas del espacio exterior! ¡Por favor, no me coman, tengo esposa e hijos!: ¡Cómanselos a ellos!") y su gusto por el alcohol ("Fuente y solución de todos los problemas") pueden ser una forma ilustrativa de conocer los principios del saber filosófico. Homer, ahora sí, luz y faro de la humanidad.
elmundo.es

martes, 20 de octubre de 2009

Playboy entrevistó a la esposa de Homero Simpson


Como pocos editores, los responsables de Playboy saben combinar brillantes ejercicios de imaginación, una mirada siempre orientada a las celebridades de la cultura pop y efectivísimas campañas de marketing global. La tapa de noviembre sintetiza esas habilidades de un modo único. La protagonista mira al frente, con el cuerpo de perfil, sentada sobre una silla cuyo logo del conejito le cubre la desnudez. No es Pamela Anderson ni Megan Fox: se trata de Marge Simpson, que abandona su comportamiento medido y conservador para darle brillo a su costado más sexy.
En la “entrevista” titulada “El demonio en Marge Simpson”, la madre del clan de Springfield responde con gracia y sin filtro a las preguntas de la publicación fundada por Hugh Hefner. Asegura que las reacciones de su familia ante su decisión de posar fueron dispares: Homero le dijo que no conocía la revista (aunque Marge después asegura que se la pasa buscando y tirando ejemplares a la basura), Lisa elogió que una mujer tomara el control de su cuerpo y Bart…, “jamás se enterará de esto, bajo ninguna circunstancia”.
Los fans de la serie, de todas formas, saben que no todo es represión en la vida de Marge. Ante la pregunta por el secreto para un buen matrimonio y una vida sexual saludable (algo que la serie desliza con inteligencia en varios capítulos), ella no duda: “Homero y yo tenemos una regla que ha funcionado increíblemente bien: nunca te acuestes con hambre”. Sobre el final de la nota también se anima a los consejos para estar en forma: “Subí por escalera en vez del ascensor, no picotees entre comidas. Y hablá sin parar”.
La relación con el disfuncional patriarca familiar ocupa una parte importante del reportaje. Marge asegura que no le parecen sexies los hombres que se ejercitan regularmente o se ocupan de su cuerpo, pero también admite –con cierto humor resignado– cómo supo que Homero era el indicado: “Mi médico me dijo que estaba embarazada y escuché una voz que me decía ‘ése es el hombre con el que vas a casarte’. Esa voz era la de mi madre”.
criticadigital.com

miércoles, 7 de octubre de 2009

El gen autobiográfico de Los Simpson


Son amarillos, tienen cuatro dedos y llevan 20 años sin crecer o envejecer, pero Matt Groening, el ingenioso creador de "Los Simpson" confesó este martes en Cannes la verdadera inspiración de la familia más ácida de la televisión: su propia vida.
"Derroché tanto tiempo en mi vida viendo televisión que la única manera de justificarme era crear mi propia serie y convertir esa experiencia en documentación", explicó, siempre con ironía, Groening ante los medios en el Mipcom de Cannes, donde conmemora dos décadas ininterrumpidas de éxito y donde este miércoles toda la ciudad celebrará el Día de Los Simpson.
"Quería crear un personaje infantil capaz de manejar armas", explicó. Con eso y con rememorar su corte de pelo a los cinco años diseñó a uno de los protagonistas: Bart Simpson. Buscando su complementario creó a Homero, que tiene el mismo nombre que el padre de Groening y que es la suma de éste con "los padres de todos los que trabajamos en Los Simpson": holgazán, adicto a la cerveza y a las hamburguesas y encastrado en el sofá frente al televisor.
Poco a poco fue conformando a toda la troupe: la esposa Marge y su imposible peinado "afro-azul", la silenciosa Maggie o la niña conservadora Liza.
"El reto era abarcar con los personajes y las bromas a todo el espectro de edad. Cuando Los Simpson nacieron no había ninguna serie de animación en el 'prime time' y teníamos que hacer gags para que se rieran los más pequeños, y otros destinados a quien había visto determinada película o leído cierto libro", explicó su creador.
Groening, que venía de dibujos animados siempre en blanco y negro, decidió innovar y así creó una de las principales características de identidad de sus criaturas: "Ahora, cuando alguien hace zapping y recibe un 'flash' de luz amarilla, reconoce enseguida que en ese canal están pasando 'Los Simpson'", aseguró el dibujante con teorías de comunicación debajo del brazo.
A 20 años de su nacimiento no hay signos de agotar la fórmula sino de perfeccionarla, en cuestión de audiencia y en cuestión de motivación para sus creadores. "Mi episodio favorito siempre es en el que estoy trabajando, en el que pongo mis ilusiones y mis mejores ideas del momento", aseguró Groening.
En Argentina el rating le da la razón, la familia animada sigue siendo el caballito de batalla con el que Telefe logra muy buenos números en cualquier horario que la coloque dentro de su grilla televisiva.
criticadigital.com

jueves, 27 de agosto de 2009

Los Simpson buscan talento argentino


Homero y compañía cumplen este año dos décadas y, para cerrar los festejos, FOX está realizando un documental especial de alcance mundial que se estrenará en enero de 2010.

Pero lo más importante es que la cadena está buscando en Argentina a todos los fanáticos del programa que quieran participar. Para eso, se pusieron en contacto con De Springfield, blog local dedicado a Los Simpson, con el fin de reclutar historias y anécdotas de fanáticos.

Si sos experto en la serie, imitás a algún personaje, tenés un sitio dedicado al programa o conocés algún lugar decorado con motivos relacionados, podés tener un espacio en esta movida (me contaron de un bar en Capital que te sirven cerveza Duff, pero no sé dónde es).

Augusto Do Santos, uno de los responsables del blog, cuenta que también buscan "clubes de fans; momentos documentados con fotos de gran importancia, como una boda que haya tenido el marco de Los Simpson; padres que les pusieron a sus hijos nombres de personajes del programa y todo aquello que demuestre lo que significa Los Simpson para los argentinos".

Para ser parte del proyecto, simplemente tenés que mandar un e-mail con tu nombre y apellido contando el motivo por el que podés participar del documental más amarillo de la historia.
rollingstone.com.ar

lunes, 24 de agosto de 2009

Los Simpson llegan a África


Los Simpson del amarillo al cobre. O al menos así es como los imaginaron en Angola los responsables de la agencia de publicidad a la que encargaron la promoción de su llegada a la televisión local.

La serie creada por Matt Groening, que este año cumple 20 años, está a punto de estrenarse por primera vez en un país africano, y el encargado de transmitir el programa será el servicio de televisión digital DStv.

La ocasión –importantísima, y que marca el desembarco de Los Simpson en uno de los pocos lugares a los cuales aún no han llegado– ameritaba ver a los de Springfield en la característica escena del sofá, luciendo el mismo color de piel de los habitantes de la región, vestidos con atuendos característicos y hasta con trencitas y motas en la cabeza.

No hay ningún detalle librado al azar: desde el cabello de Marge (que trocó del azul al negro azabache) hasta la pulsera en la muñeca de Homero, pasando por la camiseta de Bart (ya sin su pelo puntiagudo), la túnica de Maggie, las reglamentarias sandalias y hasta el cuadrito de la pared, todo lo africano está en esta imagen que, cabe aclararlo, no está realizada por la cadena Fox, empresa encargada de emitir la serie en Estados Unidos.

EL DOCUMENTAL. El arribo a África no es la única noticia que Los Simpson traen en este año aniversario: Fox acaba de lanzar un concurso en todo el mundo como cierre de la conmemoración de las dos décadas de vida de la serie, que incluye la participación de los fans en la realización del documental The Simpsons 20th Anniversary Special in 3-D on Ice.

Dirigido por Morgan Spurlock –Super Size Me y Where in the World Is Osama Bin Laden?–, el film analizará exhaustivamente el fenómeno cultural que alcanzó el programa e incluirá un ida y vuelta entre la visión del mundo que tienen sus personajes y las opiniones que ellos mismos suscitan en los fanáticos.

Entre los clubes de fans de todo el mundo, habrá espacio para los seguidores de Los Simpson en la Argentina. Una verdadera legión de admiradores que puede conectarse vía internet a www.despringfield.com, la página argentina dedicada a la familia amarilla, para formar parte del gran acontecimiento.

¿Los requisitos?

Tener un blog, un fotolog o un Facebook dedicado al show, imitar diferentes personajes de Los Simpson, ser dueño de un bar o un restaurante que use como decorado cosas de la serie, en fin, demostrar vía mail (los detalles están en la página web) que Los Simpson son una parte importante de sus vidas.

criticadigital.com

lunes, 20 de abril de 2009

ESTA NOCHE, EL PRIMER EPISODIO DE LA VIGÉSIMA TEMPORADA


Con Sex, Lies and Idiot Scrapes, un capítulo visto por 9,3 millones de norteamericanos, Los Simpson hicieron pie en su temporada número veinte. Ese 28 de septiembre del año pasado, la serie animada más exitosa de la historia llegó a las dos décadas de vida con un muy buen episodio, como es tradición, y volvieron a mostrar los atributos que la pusieron en la cima, de donde no se ha movido desde 1989.Esta noche, a las 20.30 y por Fox, será el momento del inicio oficial en la Argentina y toda Latinoamérica, arrancando por la versión en castellano de Sex, Lies..., cuyo título es una referencia al film Sexo, mentiras y video, pero que podría traducirse como Sexo, mentiras y peleas idiotas. Este episodio inaugural tiene todo lo que se espera de Los Simpson: una gran apertura, chistes políticos, bromas implacables, la habilidad para la sátira al día, el irrefrenable protagonismo de Homero, los intertextos y las referencias a todo tipo de elementos de la cultura popular.
Como es usual, corren dos historias paralelas. En el comienzo, un desfile de San Patricio es la excusa para que irlandeses del Norte y del Sur se golpeen en mitad de Springfield, no sin antes darles la oportunidad a los guionistas de mostrar sus garras: por el desfile pasa un carroza muy despoblada de “Sacerdotes Cátolicos Heterosexuales”. La trifulca resulta general, Homero va preso y conoce a un par de cazarrecompensas que lo convencen de que se dedique a su negocio, que es muy provechoso. Sale de la cárcel gracias a un fiador (el actor Robert Forster, repitiendo su papel en Jackie Brown, de Tarantino), salva a su vecino Flanders de la muerte en manos del duro Snake (que esta vez tiene una novia con voz de Julia Louis-Dreyfus, la Elaine de Seinfeld), y le pide que se asocien en su nueva y peligrosa ocupación.
Por otro lado, Marge le muestra a un joven irlandés su habilidad para la repostería, y éste la contrata para su pastelería, aunque jamás le aclara que su negocio vende productos eróticos. Así, en paralelo, Homero persigue malhechores y Marge se horroriza de saber que ha hecho tortas con forma de genitales. La lógica Simpson indica que Marge y Homero estarán enojados cuando se crucen las subtramas, señal de que nada ha cambiado y que Los Simpson renuevan el contrato que tienen con sus fans: todo sigue igual, la maquinaria sigue funcionando perfectamente. Esta continuidad con novedades e ingenio dentro de una estructura y rasgos en común con las temporadas anteriores es una buena noticia para los millones que miran la serie en la Argentina, donde el primer recuerdo de Los Simpson se remonta a 1990, cuando la familia apareció en un corto en la edición en VHS de la película La Guerra de los Roses, a tres años de haber comenzado como una sección dentro del programa The Tracey Ullman Show. Aquellos que alquilaron aquel film de Dany DeVito, con Michael Douglas y Kathleen Turner, se encontraron por primera vez allí –envueltos en un diseño de los personajes y una animación que nada tienen que ver con los actuales– con la poca paciencia de Homero, la desfachatez de Bart, la serenidad de Marge (y su bebe Maggie en los brazos) y la sensatez de Lisa.
Un año después, en 1991, llegó la televisación local, de la mano de la recordada señal Cablín, y desde 1992 y 1993 se ve por Telefe y Fox, respectivamente.La historia detrás de cada uno de los emblemáticos personajes es conocida: están basados en el padre, la madre y la hermana de Matt Groening (que se retrató a sí mismo en Bart), un humorista gráfico de 33 años que los delineó a las apuradas en un cuaderno mientras esperaba reunirse con James L. Brooks, ejecutivo de Gracie Films.
El encuentro tenía otro objetivo: Brooks quería producir cortos con Life in Hell, la legendaria tira gráfica de Groening, y éste prefirió mostrarle otro proyecto que inventó a las apuradas mientras esperaba ingresar a la reunión: una serie protagonizada por una familia de clase media, en una ciudad promedio no muy próspera, donde cada rincón de la vida cotidiana encerrara una historia.
Esa pequeña idea, delineada con esos dibujos torpes que después aparecieron así, desprolijos, y por eso más crudos, en televisión, fueron un suceso distintivo dentro del programa de Ullman. Luego se convirtieron en serie y el concepto se amplió e impulsó a Groening a lograr algo que merece vivir aún más que estos primeros veinte años: la capacidad de retratar como nadie a un micromundo (la familia Simpson), y lograr un retrato del mundo entero con sólo ampliar la mirada más allá de la ciudad de Springfield y sus habitantes.
Los Simpson debutaron en Fox como una serie de media hora en diciembre de 1989. Por supuesto que nadie imaginaba que el programa rompería el récord de temporadas al aire de Gusmoke (aquí La ley del revólver) y seguiría con vida –y saludable– hasta, por lo menos, el año 2011, gracias a la reciente renovación por dos años con la misma cadena que, en el principio de todo, tenía tan poca fe en el proyecto que hasta aceptó firmar con Brooks un contrato asegurando que no interferiría en los contenidos del programa. Para dolor de cabeza de los capitostes de Fox, esa cláusula del convenio sigue vigente. Y aunque esté probadísimo que la serie es la más exitosa en la historia de la cadena, pueden contarse por cientos los ataques furibundos que desde los guiones ha recibido la propia Fox.
En aquellas primeras épocas, Los Simpson salió al aire en Estados Unidos los días martes, compitiendo con el éxito de la comedia The Cosby Show, pero se mantuvo firme y luego se clavó en su hoy tradicional estreno de los días domingo. Como ejemplo y anécdota de su popularidad millonaria, hacia 1992, la propia Tracey Ullman pidió beneficios económicos, cuando lo único que había hecho era presentarlos en su show. Los Simpson se transformaban en los favoritos del público porque todo en la serie era atractivo: los personajes, su entorno, las situaciones, los diálogos, el afán de mantener esa tensión con el que la está viendo, las citas a la cultura de masas, las ganas de reírse de lo que no se puede, la capacidad de enojar a los poderosos, la obligación de ser gente informada para entenderlos en cada sutileza. Apenas empezó a asomarse como un producto cultural significativo, recibió pullas del propio presidente George Bush, padre, que dijo en un discurso: “Los Estados Unidos necesitan más familias como los Walton y menos familias como los Simpson”. Y las quejas que se multiplicaron allí donde los productores decidieran trasladar la acción: Japón, Australia o Brasil, todos lugares vistos por Los Simpson con una lupa deformada ex profeso (“no pararemos hasta ofender al último país de la tierra”, desafió Brooks), al igual que las culturas y los hábitos extranjeros. A veces sólo les bastó con lucir su propia impronta para quedar afuera de los países islámicos, ser cuestionables en Venezuela o hacer que un capítulo no pueda ser visto en la Argentina (el de la temporada 19, donde se hacía referencia a Juan Perón).
Con 24 premios Emmy ganados, una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, un éxito de merchandising sin precedentes (la película de 2007 recaudó 526 millones de dólares en todo el mundo), frases incorporadas al decir popular, e infinidad de ensayos dedicados a explicar el fenómeno, la serie hoy cumple 20 años y está igualita.
OPINIÓN
La piedra filosofal dibujada
Leonardo M. D’EspósitoHay algo en Los Simpson que permite que conserve su fuerza y su éxito a través de dos décadas sin pausa: su costado documental. En la época donde el periodismo se convirtió más en un espectáculo que en el servicio de la verdad, Los Simpson informan de un modo mucho más preciso que los noticieros. Y no dejan de lado los contextos o la historia: de hecho, quien quiera sacarle bien el jugo a cada episodio es mejor que se acerque a una enciclopedia. Pero el juego cultural, riquísimo y constante, es más bien un efecto colateral. El efecto central de la serie es el de tomar la realidad y, en lugar de vestirla de caricatura, desvestirla para que muestre su propia naturaleza absurda y monstruosa. Por eso es una serie de colores planos y formas simples: porque más allá de tantos discursos y eufemismos, de la langue de bois que nos aprisiona, las cosas son más simples y más llanas. Como el pensamiento vivo, moderno, inerte, de Homero Simpson.
Los Simpson no cambiaron el mundo: lo que hicieron fue incorporarse a él y transformarse en el mundo. Hay pocos artefactos culturales que se incorporen al universo como una necesidad: ¿cómo sería el mundo sin Los Simpson? Imposible saberlo. La serie concentró en sí misma, como un agujero amarillo (que no negro, aunque con la misma fuerza de gravedad) la idea de que los Estados Unidos moldearon la mentalidad global (una verdad que no queremos asumir pero que, si queremos alterar, deberíamos comenzar por aceptar) y, año a año, episodio a episodio, a través de esa máquina mundial que es la televisión, mostraron –y siguen mostrando- los pliegues y las taras de la sociedad que (ya) somos.
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miércoles, 4 de marzo de 2009

Marge Simpson, cariñosa con una amiga


Los Simpsons siempre dan que hablar. En el capítulo estreno, emitido ayer en Estados Unidos, Marge Simpson echó por la borda los prejuicios y se animó a un beso lésbico con una de sus amigas.La escena tuvo lugar en el living de la familia más conocida de Springfield. Pero a decir verdad, sólo se trató de la imaginación de Homero confundido por la cerveza.
Ya en 2005, Patty Bouvier, hermana de Marge, salió del clóset en la serie y reveló no sólo ser lesbiana sino también estar comprometida con una golfista que terminó siendo un fraude.
Hace veinte años, en sus comienzos, hubiera sido impensado que Los Simpsons mostraran un beso lésbico, aún cuando la serie se vislumbraba como más irreverente y atrevida que los convencionales dibujos animados a los que la audiencia estaba acostumbrada.
Y si bien es cierto que el beso lésbico de Marge es sólo un divague de Homero, el hecho de que se vean este tipo de escenas en una serie tan popular demuestra que la amarilla familia fue adaptando sus libretos al correr de los tiempos con situaciones que, hoy en día, no son más que parte de la vida diaria.
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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Nosotros y los Simpson


Son amarillos y feos. El padre tiene la boca como una hamburguesa; la madre, un peinado semejante a un cucurucho de helado azul; el hijo, la cabeza como una bolsa de papel, y las hermanas, el pelo con forma de galletita cortada con molde de estrella. Son irreverentes, malhumorados, incorrectos y, sin embargo, a pesar de sus innumerables defectos -o, precisamente, gracias a ellos-, tal vez hoy sean la familia más famosa del planeta Tierra. Una familia disfuncional, según muchos, que no envejece con el paso del tiempo, pero que, aun así, este mes está de cumpleaños. Por supuesto, se trata de Los Simpson , la comedia de situaciones norteamericana que ha estado más tiempo en el aire desde que se inventó la televisión y cuyo primer episodio fue transmitido el 17 de diciembre de 1989.
La serie, creada por Matt Groening, suscitó controversia desde sus inicios y dividió las aguas entre quienes la defendían, alegando que era uno de los programas más morales de la televisión, y quienes la criticaban a rajatabla y se preguntaban qué clase de padres eran aquellos que dejaban a sus hijos ver un dibujo animado en el que uno de los personajes principales es el peor alumno de la clase y otro, un padre de familia holgazán y adicto a la cerveza. "¿Cómo puede ser que esos muñecos detestables se estén convirtiendo en modelos para nuestros niños?", decían.
El rechazo generado por la serie fue tan grande como su éxito: apenas tres meses después de estar en el aire, la Simpsonmanía ya inundaba Nueva York.
La dudosa moralidad de sus personajes llegó a preocupar incluso al entonces presidente George H. W. Bush, quien, en una convención del Partido Republicano celebrada en 1992 dijo: "Vamos a fortalecer a las familias norteamericanas para hacer que se parezcan más a los Walton y menos a los Simpson".
Aunque han pasado diecinueve años desde aquella primera temporada, los Simpson siguen provocando controversia. En un episodio que se estrenó el mes pasado, Homero quiso votar por Obama, pero la máquina contó su voto como si fuera para McCain. Los republicanos inmediatamente levantaron sus puños, enfurecidos. Algún tiempo antes, el gobierno de la ciudad imaginaria de Springfield había legalizado el matrimonio gay, cosa que también agitó la moral de los sectores más conservadores de los Estados Unidos.
¿ Los Simpson es tan iconoclasta como parece? ¿Tienen razón quienes dicen que daña el criterio moral de los niños? Indignarse y esgrimir un índice acusador suele ser fácil -sobre todo, si usamos nuestros prejuicios como combustible para el encono-, pero tal vez antes de sacar conclusiones convendría preguntar qué piensa el público infantil.
Más allá de cuánto los divierte, ¿los niños creen que Los Simpson les enseña algo? ¿Qué? "Los que hacen la serie no están de acuerdo con las cosas que hacen los personajes", me explicó Ian, mi sobrino de ocho años. Le pedí un ejemplo. "Selma y Patty fuman todo el tiempo -dijo-, pero es obvio que les hace mal."
En efecto: uno de los constantes blancos de crítica en Los Simpson es la publicidad de cigarrillos. En el capítulo "La casita del horror VI", por ejemplo, se ve un inmenso cartel publicitario que muestra un montón de gente fumando, acompañada por la leyenda: "50 millones de fumadores no pueden estar equivocados". En el episodio "Lisa, reina de belleza", Cigarrillos Laramie organiza un certamen de belleza de niñas en edad escolar. La ganadora es Lisa y uno de sus deberes es ser portavoz de la marca. "Verás, Lisa, éste ha sido un año desafortunado para Laramie -confiesa un ejecutivo de la compañía-. Mucha gente que fuma nuestro producto ha muerto." En otro capítulo, todos en Springfield piensan que el mundo se está por acabar y Selma y Patty exclaman, sin dejar de fumar: "Lo logramos. ¡Vencimos al cáncer!".
Los ejemplos anteriores son una muestra de la ironía de la que se valen Groening y su equipo de dieciséis guionistas para señalar muchos de los vicios de nuestras sociedades. No se trata, pues, de que la serie incentive la mala conducta, sino más bien de que muestra conductas negativas de modo tremendamente explícito, poniendo en evidencia su más que dudoso contenido moral.
Muchas veces la risa del espectador es provocada precisamente por las inconsistencias éticas de los personajes. "Si quieres algo en la vida, tienes que esforzarte", le dice Homero a Bart. Acto seguido, escucha que en la radio están por anunciar los ganadores de la lotería... ¡y sale disparado a escuchar!
Creo que una de las virtudes de Los Simpson es que no considera a los niños como pequeños débiles mentales a quienes los adultos creadores del programa deben educar desde un púlpito elevado. Al contrario: a diferencia de la tendencia imperante en la TV, Groening trata a su audiencia de igual a igual. La supone dotada de capacidad de reflexión. En vez de decir que beber alcohol en exceso hace mal, elige mostrar a Moe, el dueño de la taberna, escondiendo el juego de dardos. "Hemos eliminado los juegos. La gente bebe menos cuando se está divirtiendo", explica. En otro episodio, mientras se lleva a la boca la jarra de cerveza, Homero dice: "¡Esta sí que es una solución pasajera!".
Los Simpson dicen sin decir; muestran en vez de sermonear. De manera indirecta, tangencial, sin caer en el hierático discurso sobre lo que conviene hacer y lo que no, la serie se despacha sobre una nutrida agenda moral que no deja dudas acerca de la posición de sus creadores en torno a temas como la violencia en la televisión, la desigualdad entre los sexos, la tenencia de armas de fuego, la inmigración, el medio ambiente, la homosexualidad, el consumismo y la inequidad en la distribución de la riqueza.
"Quise darle una alternativa a la audiencia: mostrar que hay otra cosa además de la basura predominante en la televisión," afirmó Matt Groening en 1993. Antes de hacerse famoso con Los Simpson , Groening era un desconocido creador de historietas underground y nunca imaginó que sus personajes se convertirían en íconos planetarios. Ahora, casi veinte años después, con la vigésima temporada en el aire y fans de todas las edades hasta en los últimos rincones del mundo, cabe preguntarse si la serie de verdad actúa como un estimulante del pensamiento crítico o si, por el contrario, la gente ríe al ver sus propias conductas ridiculizadas sólo para olvidarse cómodamente de todo minutos después, en cuanto empiezan los comerciales.
Una de las paradojas de la sociedad occidental contemporánea es que los medios y la maquinaria del consumo masivo terminan asimilando e incorporando a sus propios engranajes lo mejor de la cultura. ¿Qué contracultura sobrevive, qué tipo de crítica es posible, si la contracultura es absorbida precisamente por el mismo establishment cultural que aspira a criticar? La ironía se eleva al cuadrado cuando comprobamos que por cada crítica que se hace en Los Simpson al merchandising hay por lo menos un producto relacionado con la serie que la gente sale a comprar.
En una entrevista con la revista Hour , Groening dijo: "En nuestro tiempo, la contracultura -si acaso se la puede llamar así- está en un terrible aprieto. Todo es asimilado tan rápido que ni siquiera hay tiempo para el escándalo".
A veces parecería que hay tanto de todo a nuestro alrededor que ya no nos queda tiempo para ocuparnos de las cosas realmente importantes.
"No creo que seas tonto. Pero, por otra parte, nunca vas a museos ni lees libros ni nada", le dice Marge a Homero en un episodio. Y Homero contesta: "¿Crees que no quiero? Es la tele, Marge. No me deja. Un buen programa tras otro, cada uno mejor que el anterior. Si sólo trastabillaran una vez, si nos dieran treinta minutos para nosotros mismos... Pero no lo harán, ¡no me dejarán vivir!".
A esta omnipresencia avasallante de los medios en nuestras vidas debemos sumar el escepticismo que se extiende sobre instituciones que en el pasado sirvieron como pilares de la sociedad: la figura del padre, la escuela, la iglesia, la política, la justicia. El descrédito generalizado de las instituciones no es algo totalmente nuevo, pero sí lo es el hecho de que el escepticismo encuentre tierra fértil entre los niños. "Me gustan Los Simpson porque son reales -me dijo un chico de doce años-. Todos tienen problemas: a la familia no le alcanza la plata, Homero odia su trabajo, los maestros también, el gobierno no sirve, los políticos son corruptos."
Algunos padres preferirían mantener a sus hijos alejados de esta realidad. Conservar la infancia como un territorio a salvo del escepticismo. ¿Es posible lograrlo? ¿Son programas como Los Simpson responsables de que nuestros hijos no crean en nada? ¿O será al revés: que esos muñecos de ojos enormes son un imán inevitable porque han tenido la audacia de reflejarnos tal como somos, frágiles, corrompibles, incrédulos, siempre anhelando ser amados, cínicos y tiernos a la vez?
En su edición del 31 de diciembre de 1999, la revista Time eligió a Los Simpson la mejor serie del siglo y a Bart como una de las personas más influyentes de los últimos cien años. ¿Una exageración? No tanto, quizá, si reconocemos que, más allá de la anécdota y los gags propios de la época, el programa en el fondo es una reflexión sobre la condición humana, hecha con dosis parejas de ironía y piedad.
Es probable que el inigualable éxito de Los Simpson tenga que ver con un juego de espejos. ¿Y si nos parecemos a ellos más de lo que creemos? Tal vez también nosotros seamos amarillos y feos. Habrá que ir a mirarse en el espejo con los ojos enormes y bien abiertos para averiguar si no tenemos hamburguesas en lugar de bocas, cucuruchos en el pelo y bolsas tapándonos las cabezas. Todas metáforas, claro, del modo en que la cultura de masas -la misma que ha alfabetizado a la humanidad y puesto al alcance de la mayoría comodidades que antes eran sólo para los reyes- invade nuestras vidas y nuestros cerebros, mientras nos hace reír y olvidar problemas, inmersos, como estamos, de lleno en la diversión.