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sábado, 12 de junio de 2010

La tormenta bioquímica del beso

ÁNGELES LÓPEZ
MADRID.- Cada beso que se da consume 12 calorías. Quizás sea porque para emplearnos en ello, debemos mover hasta 36 músculos, o bien porque las pulsaciones del corazón aumentan de 60 a 100 latidos cada vez que unos labios se unen a otros. La huella de cada ósculo va más allá, viaja hasta el cerebro, no sólo deja rastro en nuestra memoria sino que interviene en un gran número de circuitos neuronales, pero ¿dónde se sienten los besos?
A ésta y a otras muchas preguntas responde en su libro 'El Planeta de los Besos' Jesús de la Gándara, jefe de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, profesor en las universidades de la citada ciudad y de Valladolid, escritor, columnista, bloguero... La vida de ese psiquiatra ha ido muy unida a la escritura. Esta vocación le ha llevado a ser miembro de Honor de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas y también a publicar casi una veintena de libros.
Su última obra la ha querido dedicar a los besos. Se le ocurrió en una cena con unos amigos, "les explicaba mi preocupación porque no existen estudios serios sobre los análisis de los comportamientos sexuales explícitos", explica Gándara. A partir de ahí, empezó a recopilar lo que se había publicado sobre el tema, cómo se había registrado en la literatura, historia, cine, etc. Incluso tiene cuestionarios que ha realizado a pacientes, amigos, familiares... Una de las conclusiones: "que casi todos se dan cuenta de que besan poco. [...] Creo que los besos deberían utilizarse de forma sistemática y seria para frenar las depresiones, por ejemplo".
Hormonas y neuronas
Como señala Gándara en su libro, "buena parte de nuestra felicidad depende de la cantidad de besos que nos dan o damos". Será que estamos 'programados' para ello. Según investigadores de la Universidad de Pittsburg (EEUU), existe un gen, al que han denominado el gen KISS-1 (o gen del beso) que, junto a otro, inician los cambios hormonales que desencadenan la pubertad.
Otro estudio, realizado en la Universidad de Princeton, (EEUU) y publicado en 1997, evidencia que "el cerebro humano está equipado con neuronas que le ayudan a encontrar los labios de su pareja tanto con los ojos cerrados como en espacios sin luz".
Al juntar nuestra boca con la de otra persona, el sistema límbico, situado en el centro del cerebro, se encarga de transmitir esta información a otras áreas como la corteza o al tronco del encéfalo que regula los mecanismos vegetativos de la respiración, el ritmo cardiaco, la tensión arterial, el tono muscular, la salivación o la secreción hormonal.
Según diferentes estudios científicos, cuando besamos apasionadamente se liberan un buen número de hormonas, como las endorfinas, que generan una sensación de bienestar y tienen efecto analgésico. A ellas se les une la oxitocina y la testosterona, la primera relacionada con la lactancia y la excitación sexual, mientras que la segunda está involucrada en un gran número de procesos fisiológicos incluido también el relacionado con el deseo sexual. A éstas les seguirá la adrenalina y noradrenalina, que elevarán la tensión arterial y los latidos del corazón.
"También es posible que otros sistemas de neurotransmisores y hormonas se relacionen en el beso, como el GABA, que modula las respuestas de tranquilidad o relajación, y el sistema endorfínico, cuya estimulación produce una disminución de la percepción del dolor, etc.", recoge Jesús en su texto. Y es que como afirma este psiquiatra: "Los besos van directamente al cerebro".
La huella de la historia
Pero 'El Planeta de los besos' no recoge sólo datos sobre la neurofisiología del beso, va mucho más allá. Gándara hace un repaso por las diferentes especies de animales y en cuál de ellas pudo aparecer el beso erótico. También recoge las variables formas de expresión del cariño o el deseo sexual en las culturas de distintos puntos del planeta. Según la Universidad de Bochum en Alemania, el 10% de la población mundial, unos 650 millones de personas, no se besa nunca, como en algunas tribus de Finlandia, en algunas regiones de China o en Mongolia, donde los padres no besan a sus hijos sino que les huelen la cabeza.
Los registros que la Historia ha dejado en innumerables textos, dibujos, grabados, fotografías, etc. también muestran cómo la cultura o las religiones han influido en la expresión del amor, pública y privadamente. "Mucho nos tememos que la reina Cleopatra, pese a su erótica fama, es más que probable que nunca besara o fuera besada por ninguno de sus amantes", explica Jesús. Hecho tan sorprendente como que todavía los maoríes siguen mordiéndose en la cara en vez de besarse.
Pero, ¿qué continente es el más besucón del mundo? ¿Cuántas personas cierran los ojos al besar? ¿Qué importancia tienen los besos en las rupturas de las parejas españolas? ¿Qué es el beso nasal? ¿Cuántas enfermedades nos puede transmitir un beso? ¿Cuál es el beso más famoso del mundo? ¿Cuál es el más largo del cine? Para responder a éstas y otras preguntas, son necesarias las 184 páginas de 'El Planeta de los Besos' o también puede preguntar directamente al autor en nuestro encuentro digital.

elmundo.es

domingo, 31 de enero de 2010

Las razones de una atracción

El punto es para qué. ¿Para atraer al sexo opuesto?; ¿para convertirse en el ideal de belleza de otras mujeres?; ¿para elevar su autoestima? O, quizá, por todo esto junto, las mujeres se fijan -y mucho- en su apariencia física.
Visitan consultorios de médicos esteticistas, levantan pesas en los gimnasios, concurren religiosamente a institutos de belleza que prometen mejorar su figura y, en ocasiones, hasta llegan a padecer grandes y peligrosas "hambrunas" para perder algunos kilitos.
Desde la industria de la moda y el marketing, la artillería pesada está a la orden del día: lencería con encaje, sandalias con altísimas plataformas, jeans al cuerpo que cortan la respiración, escotes, animal print...
La Argentina se posicionó tercera en el número de cirugías estéticas, en el último ranking mundial publicado por la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, sólo superada por Estados Unidos y México. Un estudio realizado en 2007 por TNS Gallup en Latinoamérica reveló que las mujeres están más interesadas que los hombres en someterse a intervenciones. En 2009, otra investigación de la consultora detectó que el 96% lleva a cabo las más variadas estrategias para verse bien.
Si se da por descontado que el motivo principal de semejante esfuerzo radica en agradar al sexo opuesto, cabe preguntarse si ellas conocen verdaderamente qué motiva la atracción de los hombres. Y, además, restaría averiguar el orden de preferencia en el universo masculino según pasan los años.
El doctor Jorge Alberto Franco, médico psiquiatra, profesor adjunto de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UBA y autor del libro Sexo y sexualidad en el siglo XXI, afirma que el ideal de mujer o de varón de un sujeto corresponde a una conjunción de su historia social e individual y del grupo social, económico y cultural en el que fue formado. Por otro lado, la psicología evolucionista incluye algunos aspectos universales, como la simetría y la proporción de los rasgos, que ambos sexos tienen en cuenta a la hora de buscar descendencia.
De todos modos, no es tan fácil descifrar qué de las mujeres atrae a los hombres. Ellas piensan que ellos prestan mayor importancia a lo físico, y las investigaciones les dan la razón, pero no en la medida en que ellas creen. Asegura el sexólogo que los varones tienen una visión más corporal; generalmente observan las diferentes zonas del cuerpo, los ojos (desde el color hasta la manera de mirar) y la boca -aunque en el futuro renieguen de su elección y se quejen si las capacidades intelectuales y recursos psicológicos son escasos-. Llevan consigo la contradicción entre la belleza corporal y algunas características de la personalidad. Cuando afirman "es una buena chica, muy simpática" es probable que no prospere, en un primer intento, la relación amorosa.

Opiniones y realidades
La mujeres, en cambio, tienen, según el doctor Franco, una mirada más integral del varón. Incluyen aspectos generales de la personalidad, como la simpatía, el humor y la inteligencia. Es común que se sientan atraídas por sus capacidades en general, sobre todo aquellas valoradas en la sociedad actual: el reconocimiento artístico, cultural, deportivo o económico.
En la actualidad, algunas investigaciones muestran que la mujer se está volviendo un poco "más carnal y el hombre un tanto más emocional". Es común escuchar que ellas elogien zonas como la cola y, aunque este rasgo aún es débil, se va imponiendo. Franco opina que son interesantes las características de personalidad que se corresponden. Por ejemplo, cuando se habla del tipo de cola, si es achatada, él es achatado, y si es firme, él es firme.
Cuando se les pregunta a ellos qué miran en las mujeres, ¿contestan con total sinceridad? Queda cierta duda, sobre todo si la pregunta es formulada por una mujer. En una tarde en un bar, a pesar del bullicio que ocasiona la pregunta, se puede advertir que para los más jóvenes no pasan inadvertidas la cola y la cara en general, sobre todo los ojos, aunque reparan también en la actitud y en la buena presencia.
Los maduros, en cambio, se muestran atraídos por todas las curvas, la cola y los pechos. Pero les dan igual importancia a otros condimentos, como el misterio, la seducción y la sensualidad.
Stendhal decía: "La belleza es una promesa de felicidad". Ante la dificultad de definir qué es lo bello que atrae, ya que "la belleza está en el ojo de quien mira", la sabiduría popular italiana sostiene: "Non é bello quel che é bello, il bello è quello che mi piace" ("No es bello aquel que es bello; el bello es aquel que me gusta").
A grandes rasgos, las mujeres oscilan entre lo curvilíneo del "baby face" y lo rectilíneo y agudo de la testosterona, como signo de masculinidad. Por lo general, los hombres aprecian tanto en el cuerpo como en el rostro lo curvilíneo de la hormona estrogénica femenina. En la actualidad, un poco por los dictámenes de la moda y otro poco por la impronta del gimnasio, se impuso también la mujer llamada "saludable musculosa", estilo Madonna.
¿El varón va directamente al grano? Comenta el especialista que el erotismo de la mujer involucra todo el cuerpo; ella disfruta de la caricia como un fin en sí mismo. Para el varón, que es mucho más visual, es sólo un medio para lograr el contacto coital. Ambos difieren en las habilidades: en el hombre se destaca la capacidad neuroespacial, necesaria por ejemplo para manejar un automóvil. En la mujer se hace más evidente la habilidad lingüística, expresiva y de memoria, como también la de poder desarrollar varias actividades simultáneas yo más de una conversación a la vez.

Cuestiones quimicas
Cuando un hombre y una mujer se atraen, entra en escena "la química". Existen estímulos concretos de tipo físico que producen un aumento en la producción de varios neurotransmisores como las hormonas oxitocina y dopamina, relacionadas con el estado de bienestar, alegría y placer. Estas sensaciones no han pasado inadvertidas para los perfumistas, que incluyeron siempre en la fórmula de sus fragancias este elixir del amor.
Estudios antropológicos efectuados por Irenäus Eibl-Eibesfeldt comprobaron que algunos rituales del cortejo animal subsisten en expresiones inconscientes de los humanos. La coquetería, por ejemplo, parece evocar la fuga simulada de la hembra, que invita al macho a seguirla: "Este interesarse y desinteresarse son comportamientos típicos del coqueteo que se manifiestan principalmente a través del lenguaje de los ojos".
La psicología muestra los factores que contribuyen en la atracción de los sexos, y las encuestas arrojan sus cifras. Pero no está todo dicho, por suerte, para los que no quieren poner todo en palabras y sí mantener el misterio de esa "magia".
En un reportaje al artista Joaquín Sabina le preguntaron qué era una canción. Con su tono inconfundible, respondió: "Una buena letra, una buena música, un buen intérprete y algo más que nadie sabe lo que es, pero que es lo único que importa".

lanacion.com

sábado, 14 de febrero de 2009

El amor es química... y algo de amistad


MADRID (Diario El País).- El amor se suele considerar indefinible, porque unos lo ven con Freud como una sublimación del sexo, otros con Fromm como una de las bellas artes, y otros le aplican la palabra al gato. Pero ¿y si los tres tienen razón?
La antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, se basa en sus experimentos de imagen cerebral (por resonancia magnética funcional) y en el resto de la evidencia disponible para defender una definición tripartita del amor. Primero el impulso sexual indiscriminado, una fuerza autónoma que desata la búsqueda de pareja en cualquier acepción del término; luego la atracción sexual selectiva; y por último el cariño, el lazo afectivo de larga duración que sostiene a las parejas más allá de la pasión.
Son tres procesos cerebrales distintos, pero interconectados. Y tienen una profunda raíz evolutiva común, porque su balance controla la biología reproductiva de las especies. El impulso sexual, la primera fase del amor, está regulado por la testosterona (masculina) y los estrógenos (femeninos) en el común de los mamíferos, más bien por la testosterona en los primates, y casi exclusivamente por la testosterona en el Homo sapiens.
Los hombres con más testosterona en la sangre tienden a practicar más sexo, pero también las mujeres suelen sentir más deseo sexual alrededor del periodo de ovulación, cuando suben los niveles de testosterona. El declinar de esta hormona con la edad va asociado a la reducción de todos los tipos de libido, incluidas las fantasías sexuales.
La testosterona no se relaciona con los gustos preferenciales, sino más bien con los genéricos. Los psicólogos del Face Research Laboratory de la Universidad de Aberdeen, Reino Unido, acaban de demostrar, por ejemplo, que los altos niveles de testosterona -incluso en el mismo hombre, cuando varían en distintos momentos- se correlacionan con su gusto por los rasgos de la cara asociados a la feminidad, en genérico, como ojos grandes, labios llenos, etcétera. De modo similar, muchos estudios han mostrado que los juicios de las mujeres sobre el atractivo masculino están afectados por los niveles de las hormonas sexuales.
Varios experimentos han cartografiado las zonas del cerebro que se activan al enseñar a los voluntarios una serie de fotos de contenido erótico explícito. Aunque los resultados son complicados, una de las activaciones más reproducibles y proporcionales al grado de excitación sexual declarado por el sujeto es el llamado córtex cingulado anterior. En un experimento independiente, esta misma zona resultó activarse cuando el equipo del voluntario metía un gol, una coincidencia que admite varios tipos de interpretación. O tal vez ninguna.
La segunda fase es el amor romántico, el amor en sentido clásico de la palabra enamorarse. Es un rasgo humano universal, y su característica definitoria es la atracción sexual selectiva. Por esta razón, los etólogos creen probable que el amor humano haya evolucionado a partir del ritual de elección de pareja, o cortejo de atracción típico de los mamíferos. Parece confirmarlo el hecho de que, en casi todos los mamíferos, ese cortejo se caracteriza por un notable despliegue de energía, persecución obsesiva, protección posesiva de la pretendida pareja y belicosidad hacia los posibles rivales.
Pero hay una diferencia. "En la mayoría de las especies -dice Fisher-, el ritual de elección de pareja dura minutos u horas, como mucho días o semanas; en los humanos, esa fase temprana de intenso amor romántico puede durar de 12 a 18 meses."
Un año y medio para elegir pareja, ya está bien con el ritual de cortejo.
Según han documentado los antropólogos en 147 sociedades humanas, el amor romántico empieza "cuando un individuo empieza a mirar a otro como algo especial y único". Luego el amante sufre una deformación perceptiva por la que agiganta las virtudes e ignora las sombras del otro. Las adversidades estimulan la pasión, las separaciones disparan la ansiedad.
Son los signos de un alto nivel de dopamina en los circuitos del placer del cerebro, y así lo han confirmado los experimentos de imagen. Por ejemplo, enseñar a un voluntario una foto de su amada activa las rutas de la dopamina en los circuitos del placer. Estos circuitos guían gran parte de nuestro comportamiento -ni comer nos gustaría si no fuera por ellos-, y son los mismos que se activan en el ritual de cortejo, o de elección de pareja, de la mayoría de los mamíferos.
La hipótesis de Darwin era que las hembras elegían a sus parejas basándose en su "sentido innato de la belleza", pero la situación, al menos en la especie humana, parece haber sufrido todo tipo de complicaciones. El equipo de Steve Buss, de la Universidad Estatal de California en Fullerton, ha demostrado que el mismo hombre les parece más deseable a las mujeres si aparece rodeado de mujeres que cuando aparece solo, o rodeado de otros hombres. Por el contrario, una mujer pierde puntos ante los hombres si aparece rodeada de otros hombres.
La interpretación no está muy clara, pero aquí hay algo que parece escapar del mero romanticismo. Hay otro componente más en la elección de pareja. Cuando los investigadores preguntan a grupos de estudiantes heterosexuales cuáles son los atributos que más valoran para formar una pareja, cada estudiante parece buscar los mismos rasgos que se atribuye a sí mismo en un test independiente.
Pero el amor romántico, con ser larguísimo en el ser humano, no suele durar más allá de un año o año y medio, y los cachorros de nuestra especie están completamente inválidos a esa edad. Hace falta otro mecanismo que prorrogue los lazos afectivos, y lo hay. La pista vino de dos especies de topillos.
El topillo de la pradera ( Microtus ochrogaster ) tiene un comportamiento familiar intachable. Las parejas son fieles hasta que las muerte las separa, e incluso el 80% de los topillos no vuelven a contraer matrimonio tras enviudar. Los dos cónyuges colaboran sin rechistar en el cuidado de la prole, y suelen vivir con los suegros en paz . Todo lo contrario que su especie hermana, el topillo de la montaña, Microtus montanus : hoscos, enclaustrados en sus madrigueras individuales, traidores con sus parejas; los machos no cuidan de la prole en absoluto, y las hembras abandonan a las crías a las dos semanas de parirlas.
Larry Young, de la Universidad de Emory, descubrió que la buena fama de Microtus ochrogaster sólo es cierta como promedio: muchos topillos de la pradera son fieles y empalagosos, en efecto, pero otros son tan traicioneros y correosos como sus primos de la montaña. Ello le permitió hallar que la causa de esas diferencias entre individuos es un solo gen que evoluciona muy deprisa. El gen fabrica el receptor de la vasopresina.
La vasopresina es una hormona capaz de alterar el comportamiento, pero necesita acoplarse a un receptor situado en las neuronas para ejercer sus efectos. Los topillos que llevan una versión muy activa del gen tienen mucho receptor de la vasopresina en el cerebro, y por tanto son fieles y empalagosos. Los que llevan una versión poco activa tienen poco receptor y por tanto son traidores y malencarados.La versión de alta actividad predomina entre los topillos de la pradera -de ahí la buena fama de la especie-, y la de baja actividad es la norma entre los primos de la montaña, pero cada topillo es un mundo.
Los científicos empezaron a analizar ese gen en las personas y a comparar sus variantes con sus perfiles psicológicos. También añadieron a sus investigaciones otro gen similar que tiene también la capacidad para evolucionar muy rápido, el del receptor de la oxitocina.
Los dos genes están relacionados con la oxitocina y la vasopresina, dos hormonas que afectan al circuito del placer (o de la recompensa) cerebral. Estas hormonas actúan a través de unos receptores situados en las neuronas de esos circuitos. Los dos genes clave fabrican el receptor de la oxitocina y el receptor de la vasopresina.
Hasse Walum y sus colegas del Instituto Karolinska, en Estocolmo, han estudiado recientemente a 552 pares de gemelos o mellizos, y a sus parejas. Han analizado su gen avpr1a (el receptor de la vasopresina) y los han sometido a pruebas para evaluar sus "índices de calidad en la relación marital" y de "vinculación con la pareja". El 32% de los hombres con el gen variante permanecen solteros (frente al 17% con el gen estándar), y todos sus índices de "calidad marital" y vinculación afectiva son significativamente menores.
Cuando una topilla de la pradera recibe una dosis cerebral de oxitocina, se siente vinculada de inmediato al macho que esté más cerca en ese momento, y de forma perdurable. En humanos se ha hecho una prueba similar, pero con dinero. Un equipo de economistas y psicólogos suizos demostró que una simple inhalación de un aerosol de oxitocina hace que la gente confíe más en los extraños y, por ejemplo, les preste mucho más dinero en una situación ficticia (pero con dinero real puesto por el voluntario).
Ambos genes evolucionan muy deprisa y producen variantes (alelos) de mayor o menor actividad, con efectos similares a aumentar o disminuir la cantidad de las hormonas. Ya se ofrecen por Internet productos como Enhanced Liquid Trust basados en la oxitocina, "diseñado para mejorar el área de citas y relaciones en tu vida".
Pero el amor se parece mucho al amor propio. Lisa DeBruine, de la Universidad McMaster de Ontario, reclutó hace unos años a un grupo de voluntarios para jugar por Internet a una especie de dilema del prisionero. Cada voluntario podía ver en el ordenador la cara del otro jugador, y sólo con eso tenía que decidir si compartía con él su dinero o intentaba hacerle una pifia. La pifia, en realidad, se la había hecho DeBruine a todos los voluntarios, porque al otro lado del ordenador no había nadie. El supuesto jugador no era más que un programa, y las caras habían sido generadas por métodos informáticos. El resultado fue que la mayoría de los voluntarios había decidido compartir su dinero candorosamente cuando la cara del otro jugador era... ¡la suya propia!
Si hay una cuarta fase del amor, lo más probable es que esté al otro lado del espejo.
Javier Sampedro
© EL PAIS, SL.
lanacion.com

viernes, 30 de enero de 2009

Tiene 8 años y ya cursa Química en la universidad

Gateó por primera vez a los cuatro meses de vida, dos más tarde dijo su primera palabra (agua, en malayo) y -según sus padres- empezó a reconocer letras a los ocho meses. Esa es la brevísima historia de Ainan Cawley, un niño de ocho años y siete meses, famoso por ser el "nene más inteligente del mundo".
Ainan, que vive en Malasia con su familia, aprobó el examen conocido por las siglas GCSE (General Certificate of Secondary Education) a los siete años, cuando la mayoría de estudiantes que lo rinden cuentan con una edad promedio entre 14 y 16 años. Esto le permitió entrar a la universidad para especializarse en el tema que lo apasiona: la química.
Además de poder recitar el número Pi: 3,14 (la relación entre las longitudes de una circunferencia y su diámetro) hasta sus 518 decimales siguientes, también se sabe la tabla periódica de memoria, entre otros conocimientos. Su padre, Valentine Cawley, registra los avances del pequeño prodigio en el blog "El niño que supo demasiado" (The boy who knew too much).
"Tiene una visión amplia en el terreno de la física, biología y la química, y a veces sus intuiciones parecen proféticas, porque anticipa lo que es posible, tiene la habilidad de mirar para adelante y percibir lo que pueda ser, a diferencia de lo que es", explica su padre, y aclara que Ainan "tiene muchos amigos de su edad y, a la vez, se relaciona muy bien con los adultos". El nene es el mayor de tres hermanos: le siguen Fintan de cinco años y Tiarnan, de tres, a quienes su padre describe respectivamente como "niño actor prodigio" y "bebé genio". La atención, sin embargo, se centra en el mayor, a quien el señor Cawley describe como "un chico que explora y busca entender, especialmente lo que tenga que ver con el mundo de la ciencia". Sus virtudes fueron registradas recientemente en un documental emitido por un canal británico.



"No está preparado emocionalmente"
Susana Fernández Robles de Canaves - Especialista en estimulación temprana, Univ. del Salvador
Como educadora, jamás aprobaría que un chico de casi nueve años, más allá de sus capacidades intelectuales, comience estudios universitarios. Puede ser muy inteligente y haber recibido una fuerte estimulación de pequeño para saltear etapas, pero emocionalmente no está preparado para soportar las presiones y los desafíos de las personas mayores. Un niño de nueve años debe interactuar y relacionarse con pares de su edad y complementar con una educación no formal sus inquietudes intelectuales. Caso contrario, en algún momento de su vida puede sufrir un quiebre emocional muy grande.

viernes, 13 de junio de 2008

El Amor Químico



Parece ser que antes de que una persona se fije en otra ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Así pues antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar. "Cada cual busca la pareja que se merece".
La química del amor es una expresión acertada.
En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.
Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición.

Sus efectos se hacen notar al instante:
· El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto).
· La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube.
· Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.
· Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.
Los síntomas del enamoramiento que muchas personas hemos percibido alguna vez, son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo.
Hace apenas 13 años que se planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas.
El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la FENILETILAMINA, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas, que producirían la sensación y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados.
Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina y norepinefrina (neurotransmisor responsable de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer) produciría exaltación, eufória, falta de sueño y apetito.
Oxiticina su función estaría asociada con la afectividad, la ternura, el contacto y el orgasmo en ambos sexos.
Y así, comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.
El affair de la feniletilamina con el amor se inició con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, que sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados.
Sospecharon de su existencia mientras realizaban un estudio con pacientes aquejados "de mal de amor", una depresión psíquica causada por una desilusión amorosa. Les llamó la atención la compulsiva tendencia de estas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, un alimento especialmente rico en feniletilamina por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia. Según su hipótesis el centro de placer del cerebro comienza a producir feniletilamina a gran escala y así es como perdemos la cabeza, vemos el mundo de color de rosa y nos sentimos flotando.
LAS ANFETAMINAS NATURALES TE PONEN A CIEN.
El 50% de las mujeres entrevistadas para el libro "Por qué necesitan las mujeres del chocolate" confesó que elegiría el chocolate antes que el sexo. Hay quienes al chocolate lo llaman EL PROZAC VEGETAL.
¿Existe un límite de tiempo para que los hombres y mujeres sientan los arrebatos de la pasión? Según la profesora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York (Estados Unidos), sí. Ella dice: "los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses". Ella entrevistó y estudió 5.000 personas de 37 culturas diferentes y descubrió que el amor posee un "tiempo de vida", aproximadamente entre 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae.
La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor -compañerismo, afecto y tolerancia
Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase la del amor más sosegado.
Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otra DUCHA QUÍMICA. En este caso son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, ya que dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.
Las Feromonas
Algunos investigadores afirman que liberamos continuamente, por los miles de millones de poros de la piel, e incluso por el aliento, productos químicos volátiles llamados feromonas. Actualmente existen evidencias intrigantes y controversiales de que los seres humanos se pueden comunicar con señales bioquímicas inconscientes.
Las ferormonas pueden enviar señales de interés sexual, situaciones de peligro, etc. Si realmente existen en la especie humana y su percepción ocurre de manera inconsciente, estaríamos permanentemente emitiendo información sobre nuestras preferencias sexuales y deseos más ocultos sin saberlo
Los defensores de la Teoría de las Feromonas van más lejos: dicen que el "amor a primera vista" es la mayor prueba de la existencia de estas sustancias controvertidas. Las ferormonas producen reacciones químicas que resultan en sensaciones placenteras. A medida que nos vamos haciendo adictos, cuanto más prolongada es su ausencia, más nos sentimos "enamorados" – la ansiedad de la pasión, entonces, sería el síntoma más claro del síndrome de abstinencia de aquellas sustancias.
Con o sin ellas, es un hecho que la sensación de "amor a primera vista" se
encuentra significativamente relacionada con grandes cantidades de feniletilamina, dopamina y norepinefrina en el organismo. Y volviendo a la cuestión inicial: ¿hasta qué punto la pasión es simplemente una reacción química?

Para conservar la pareja es necesario buscar mecanismos socioculturales (grata convivencia, costumbre, intereses mutuos, etc.), hemos de luchar por que el proceso deje de ser solo químico. Si no se han establecido uniones de intereses comunes y empatía, la pareja, tras la bajada de la feniletilamina, se sentirá cada vez menos enamorada y por ahí llegará la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio.
A modo de ejemplo
Un estudio alemán ha analizado las consecuencias del beso matutino, ése que se dan los cónyuges al despedirse cuando se van a trabajar. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, ganan de un 20% a un 30% más y viven unos ¡cinco años más! Para los científicos autores del estudio, la explicación es sencilla: "Los que salen de casa dando un beso empiezan el día con una actitud más positiva".
Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico que existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos, con nuestro comportamiento, ya que hasta el más sublime está conectado a la producción de alguna hormona.
No hay una causa y un efecto en la conducta sexual, sino eventos físicos, químicos, psíquicos, afectivos y comunicacionales que se conectan de algún modo, que interactúan y se
afectan unos a otros.
Existe, sí, una alquimia sexual, pero se relaciona íntimamente con los significados que le damos a los estímulos, y éstos con el poder que les ha concedido una cultura que, a su vez, serán interpretados por cada uno que los vive de acuerdo con sus recursos personales y su historia. Esperemos que estos estudios en un futuro nos conduzcan a descubrir aplicaciones farmacológicas para aliviar las penas de amor.