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viernes, 11 de diciembre de 2009

La ciencia avala el uso de oxígeno para la peor de las cefaleas


MARÍA VALERIO
MADRID.- Los libros de medicina lo describen como el peor dolor que puede soportar un ser humano. La cefalea en racimos (del inglés 'cluster headaches') es un terrible dolor en la cara y la cabeza que puede aparecer en intervalos de 24 a 48 horas durante un período de varios meses. Un artículo en la revista
'The Journal of the American Medical Association' (JAMA) confirma la utilidad de inhalar oxígeno para paliar el sufrimiento de estos pacientes.
Como explican Anna Cohen y su equipo, del Instituto de Neurología del Queen Square Garden de Londres (Reino Unido), la inhalación de oxígeno al 100% de pureza es una de las primeras opciones que se baraja para paliar los síntomas de un ataque agudo. Pese a que esta técnica ya se había probado en algunos pequeños ensayos y está incluido en algunas guías de práctica clínica, era necesario un gran estudio clínico que avalase su uso.
Y las conclusiones obtenidas por estos investigadores en un grupo de 109 personas entre los años 2002 y 2007 avalan la eficacia y seguridad de este abordaje. Los pacientes del estudio recibieron oxígeno puro a través de una mascarilla a un ritmo de 12 litros por minuto durante al inicio de un ataque agudo de cefalea en racimos. Frente a las personas que recibieron un placebo (una simple inhalación de aire), los sujetos tratados con oxígeno mostraron un evidente alivio de sus síntomas al cabo de un cuarto de hora.
Como aclara a ELMUNDO.es el doctor Jesús Porta, miembro de la Sociedad Española de Neurología (SEN), la inhalación de oxígeno puro a través de una mascarilla es "mano de santo" para estos pacientes y es una opción que viene utilizándose desde hace años. "Hasta ahora se utilizaba mayoritariamente en los servicios de urgencias, pero la aparición de dispositivos portátiles está favoreciendo su uso domiciliario", explica por su parte el coordinador del grupo de cefaleas de la SEN, el doctor Samuel Díaz Insa.
Alternativa a los fármacos
El oxígeno, añade Porta, puede ser una buena opción para los pacientes en quienes está contraindicado el uso de sumatriptán (un fármaco de la familia de los triptanos); la primera elección farmacológica para un ataque agudo y cuyo coste puede ascender hasta los 180 euros al mes. Este medicamento se inyecta por vía subcutánea y empieza a hacer efecto en tan sólo 15 minutos; sin embargo, como aclara el estudio, está contraindicado en pacientes con enfermedad isquémica y su uso debe limitarse a dos inyecciones al día. "Los pocos pacientes que tratamos con esta rara cefalea están acostumbrados a llevar encima o a tener a mano en casa la inyección para poder administrársela en caso de una crisis aguda", explica Díaz Insa.
Por eso, la publicación de esta nueva investigación supone un respaldo científico que permitirá promover el uso del oxígeno inhalado; como indican los propios autores en las páginas del JAMA: "Este estudio doble ciego trata de establecer la respuesta a una cuestión que dura ya 25 años; y demuestra que es efectivo y que puede fomentarse su uso". Además, como coincide con ellos el especialista español, se trata de una terapia absolutamente segura y sin efectos secundarios; puede usarse varias veces al día sin problema y en caso de que sea necesario puede combinarse con otros tratamientos farmacológicos para abortar los ataques agudos.
La aparición del sumatriptán inyectable hace 15 ó 20 años hizo que el oxígeno perdiese parte de su protagonismo en el tratamiento de estas cefaleas, como aclara el doctor Díaz Insa; aunque los nuevos equipos portátiles lo han vuelto a sacar al primer plano.
Este dolor de cabeza unilateral (cuyos ataques pueden llegar a durar más de una hora) es más frecuente en hombres que en mujeres, y no tiene hoy por hoy una causa clara. La cefalea en racimo puede ir acompañada de lagrimeo, enrojecimiento de la nariz, agitación y náuseas y en los foros de pacientes afectados por este trastorno neurológico hay quien lo describe como "ese cuchillo al rojo vivo que atraviesa el ojo". Según Cohen, el trastorno tiene una prevalencia del 0,3% en la población general.
Hasta ahora, reconocen, la falta de ensayos clínicos de calidad había limitado la generalización de la oxigenoterapia, por lo que "es difícil de saber cómo de extendido está su uso". A su juicio, este trabajo abre la brecha para que otros estudios demuestren cuál es el mejor modo y dosis de administrar el oxígeno, "ofreciendo una alternativa basada en la evidencia para los pacientes cardiópatas que no pueden tomar los triptanos".
elmundo.es

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Diabetes: tratan lesiones con oxígeno


Fabiola Czubaj LA NACION
Una simple ley de la física es el principio por el cual personas diabéticas con lesiones que no responden al tratamiento convencional pueden desde estabilizar la enfermedad hasta evitar una amputación pronosticada.
Ese principio se cumple dentro de una cámara en la que los pacientes reciben oxígeno a presión varios días por semana durante poco más de una hora, mientras un estado de somnolencia los relaja y, a muchos, hasta les permite disfrutar de una siesta.
"El gas se hace más soluble en un líquido si está bajo presión; así es como funciona la cámara hiperbárica con la que tratamos varias enfermedades. A medida que aumentamos la presión del oxígeno que les damos a los pacientes, ese gas vital llega en mayor cantidad a todos los tejidos", resumió la doctora Nina Subbotina, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Medicina Hiperbárica y Actividades Subacuáticas (Samhas) y directora del Centro de Medicina Hiperbárica Buenos Aires.
Además de la sordera súbita, la gangrena gaseosa, la intoxicación por monóxido de carbono, la necrosis de tejidos por el uso de radioterapia para tratar cánceres o las quemaduras graves, la baromedicina u oxigenoterapia a una presión que duplica la de nuestro ambiente -en el país hay poco más de una decena de estas cámaras ( www.hipercamaras.com.ar )- acumula buenos efectos en los diabéticos.
Entre ellos, Subbottina y el doctor Héctor Campos, presidente de la Samhas, mencionaron: recupera tejidos lesionados, como el pie diabético; reduce los edemas, que generan más presión sobre los vasos con aterosclerosis; promueve la producción de colágeno y la formación de nuevos capilares, que previenen la reaparición de las úlceras; hace que los glóbulos blancos recuperen su capacidad de destruir bacterias en las heridas, lo que mejora también la respuesta a los antibióticos, y hasta estabiliza los niveles de azúcar en sangre, algo clave para controlar la diabetes.
"Cuando se trata de heridas refractarias al tratamiento, el oxígeno ayuda a que el proceso de curación normal del organismo se ponga nuevamente en funcionamiento", dijo Campos, jefe del Servicio de Medicina Hiperbárica del Sanatorio Modelo de Quilmes.
Así, precisó, heridas que demorarían dos meses en cerrarse cicatrizan en una semana. "Muchos pacientes con diabetes tipo 2 necesitaron que se les redujera la cantidad de insulina después del tratamiento en la cámara porque hay una recuperación muy suave del páncreas", indicó el ex director del Hospital Naval Pedro Mayo. Aclaró también que aún no hay evidencias de que la oxigenoterapia restaure la función pancreática perdida.
La presión que se usa para suministrar el oxígeno es de entre 2 y 3 atmósferas, es decir, entre 2 y 3 kilos/cm2 por encima de la presión ambiental, que es de 1 kilo. "Es como bucear a diez metros de profundidad -agregó Subbotina-. Los tejidos reciben oxígeno disuelto en la sangre y se acelera la producción de la energía necesaria para la recuperación celular. En pacientes con pie diabético, se necesitan unas 40 sesiones para recuperarlo, si se derivan a tiempo." Todos continúan con el tratamiento indicado por su diabetólogo.
A pasos de la cámara hiperbárica, que funciona desde hace 14 años en Quilmes, hay otra cámara que permite pronosticar si una persona con antecedentes familiares o con diagnóstico reciente de diabetes sufrirá de una isquemia (reducción de la llegada de sangre) cardíaca. "La diabetes es una enfermedad sistémica y observamos que en los pacientes con isquemia de miocardio desaparecían los signos visibles de ese trastorno al salir de la cámara hiperbárica", indicó el cardiólogo Pedro Olivieri, jefe del Servicio de Medicina Hipobárica.
Olivieri y el doctor Vicente Ciancio, director del posgrado en Medicina Aeronáutica y Espacial de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), lograron diagnosticar en la cámara hipobárica si diabéticos o personas con factores de riesgo sufrirían isquemia. "No tenían síntomas y pudimos adelantarnos a la aparición de la isquemia al someterlos a esfuerzo físico en la cámara con bajo nivel de oxígeno", dijo Ciancio.

martes, 21 de octubre de 2008

El alpinismo "daña el cerebro"


Los alpinistas podrían estar sufriendo un sutil daño cerebral cada vez que llegan a una cumbre, afirma un estudio.
La investigación, llevada a cabo en Italia, analizó el cerebro de algunos de los más importantes alpinistas antes y después de sus expediciones.
Los resultados mostraron cambios en el tejido cerebral de los deportistas a pesar de que exteriormente no se vieron problemas neurológicos obvios, dicen los científicos en la Revista Europea de Neurología.
La causa más probable, señalan los investigadores, es la falta de oxígeno que se experimenta en altas altitudes.
El estudio apoya otro similar llevado a cabo en España y publicado en The American Journal of Medicine (Revista Estadounidense de Medicina), que encontró también lesiones cerebrales causadas a altitudes más bajas.
"Este estudio confirma los datos de nuestra investigación sobre la atrofia que encontramos en una parte del cerebro de alpinistas expertos", dijo a BBC Ciencia el doctor Nicolás Fayed, uno de los autores del estudio.
"Pero nosotros vimos también que se producían lesiones cerebrales más importantes en los alpinistas aficionados que en los profesionales.
"Por ejemplo, dilataciones de vasos perforantes muy finos dentro del cerebro y que se cree pueden ser zonas de infarto cerebral", afirmó el científico.
Oxigeno
En la cumbre más alta del planeta, el Everest (con más de 8.000 metros de altura), se calcula que la concentración de oxígeno en el aire es sólo una tercera parte de la que se encuentra a nivel del mar.
El estudio del Instituto de Investigación y Rehabilitación Neuromotora de la Fondazione Santa Lucia en Roma, fue llevado a cabo con nueve alpinistas hombres.
"Hemos visto que en sitios determinados del cerebro de los alpinistas dilataciones que en estudios recientes han sido relacionadas con infartos cerebrales" Dr. Nicolás FayedTodos habían logrado la hazaña sin utilizar un abastecimiento adicional de oxígeno, una práctica frecuente entre los más importantes alpinistas.
Antes del viaje, los deportistas fueron sometidos a escáneres de resonancia magnética y se les hizo una revisión médica de enfermedades neurológicas.
Y los resultados se compararon con los de otro grupo de alpinistas de la misma edad y el mismo sexo pero que no habían escalado más de 3.000 metros.
Durante su carrera, tres de los alpinistas llegaron a la cumbre de al menos una de las montañas de 8.800 metros.
Y el resto alcanzó altitudes de al menos 7.500, pasando más de 15 días sobre los 6.500 metros.
Cuando los investigadores llevaron a cabo escáneres cerebrales de los alpinistas al regresar de sus expediciones, encontraron una disminución en la densidad y volumen del tejido cerebral en dos partes del cerebro.
Éstas fueron el tracto piramidal izquierdo y la cisura de Rolando (o gyrus angular).
Sin embargo, esta reducción no mostró ningún impacto directo en la ejecución neurológica de los deportistas.
Pero los resultados anormales de las pruebas de "antes" y "después" -afirman los científicos- podrían ser el resultado de un daño cerebral pequeño y progresivo causado por los repetidos viajes a las altas altitudes.
Y el daño al parecer no sólo es causado en las altas cumbres.
Aficionados
El estudio llevado a cabo por el doctor Nicolás Fayed encontró lesiones también en alpinistas amateurs que no habían llegado a los 8.000 metros de altura.
"Hemos visto que en sitios determinados del cerebro de los alpinistas dilataciones que en estudios recientes han sido relacionadas con infartos cerebrales", afirmó el doctor Fayed.
El experto y su equipo han llevado a cabo cuatro expediciones para analizar los efectos de la altitud en el cerebro de alpinistas: a Mont Blanc (4.800 metros), a Kilimanjaro (6.000 m), Aconcagua (6.962 m) y al Everest (8.800 m).
"En todos los alpinistas que estudiamos vimos una discreta atrofia, como lo confirma el estudio italiano", explicó el médico.
"Pero vimos que este tipo de lesiones aparecían incluso en el Mont Blanc, a 4.800 metros, quizás por la falta de aclimatación o quizás por el organismo propio de la persona", acotó.
Y a pesar de que el cerebro es un órgano extraordinariamente resistente, tal como señala el doctor Fayed, no puede recuperarse de estas lesiones de alpinismo.
"Hicimos un estudio tres años después con los pacientes que tenían las lesiones y hemos visto que éstas seguían allí, por lo cual son lesiones crónicas, que quedan de por vida", explicó el especialista.
Sin duda el mensaje no será bien recibido por el creciente número de alpinistas que intentan ascender las cumbres del planeta en un deporte cada vez más popular.
Se calcula que unos 5.000 alpinistas ascienden las cumbres del Himalaya cada año, y miles más viajan a los Alpes y a los Andes con el mismo objetivo.
Según el doctor Nicolás Fayed, "se les puede recomendar a los alpinistas que suban con oxígeno suplementario, aunque es algo que encuentran incómodo y prefieren no hacer.
"Pero el problema más grave que veo es que el alpinismo se está convirtiendo en un deporte de aficionados, de personas que no están bien preparados ni tienen una buena formación física.
"Y la mayoría no conocen las consecuencias que les pueden traer estas expediciones y como señalan estos estudios, por supuesto que pueden tener muchos problemas", subrayó el neurólogo.

martes, 19 de agosto de 2008

¿Podría la declinación de oxígeno en la atmósfera socavar nuestra salud y amenazar la supervivencia humana?


Si comparamos con tiempos prehistóricos, el nivel de oxígeno en la atmósfera de la tierra ha descendido sobre un tercio y en las ciudades contaminadas la disminución podría ser de más del 50%. Este cambio en la composición del aire que respiramos tiene potencialmente serias implicaciones para nuestra salud. Realmente, podría al final amenazar la supervivencia de la vida humana en la Tierra, según Roddy Newman, que está redactando un nuevo libro, La Crisis del Oxígeno.
No soy un científico, pero parece una preocupación razonable. Es una posibilidad que deberíamos examinar y evaluar. Entonces, ¿Cuáles son las evidencias?
Hace 10000 años, la cubierta vegetal del planeta (1) era al menos dos veces la que es hoy, lo que significa que los bosques emiten ahora solo la mitad de la cantidad de oxígeno.
La desertificación y la deforestación están acelerando rápidamente esta perdida a largo plazo de las fuentes de oxígeno.
La historia en el mar es la misma. La NASA informa que en el norte del océano Pacífico las concentraciones de fitoplancton productoras (2) de oxígeno son un 30% más bajas hoy que en los años 80. Esto es un enorme descenso en solo tres décadas.
Además, el programa ambiental de la ONU confirmó en 2004 que había cerca de 150 “zonas muertas” (3) en los océanos del mundo donde se vertían aguas residuales y desechos industriales, fertilizantes agrícolas procedentes de escorrentías y otros contaminantes que habían reducido el nivel de oxígeno en una extensión tal que la mayoría o todas las criaturas marinas ya no puede vivir ahí. La hambruna de oxígeno está reduciendo las reservas regionales de pescado y disminuyendo los suministros de alimentos a poblaciones que son dependientes de la pesca. También causa mutaciones genéticas y cambios hormonales que pueden afectar a la capacidad reproductiva de la vida marina, lo que podría reducir aún más los suministros globales de pescado.
El profesor Robert Berner (4) de la universidad de Yale ha investigado los niveles de oxígeno en tiempos prehistóricos analizando químicamente las burbujas de aire atrapadas en el ámbar de árboles fosilizados. Sugiere que los humanos respiraron un oxígeno muchos más rico hace 10.000 años.
Yendo más atrás, los niveles de oxígeno fueron incluso más grandes. Robert Sloan (5) ha listado el porcentaje de oxígeno en muestras de ámbar de la era de los dinosaurios en: 28% (hace 130 millones de años), 29% (hace 115 millones de años), 35% (95 millones de años), 33% (88 millones de años), 35% (75 millones de años), 35% (70 millones de años), 35 % (68 millones de años), 31 % (65.2 millones de años) y 29% (65 millones de años).
El profesor Iam Plimer (6) de la universidad de Adelaida y el profesor Jon Harrison (7) de la universidad de Arizona concuerdan. Como la mayoría de científicos, aceptan que los niveles de oxígeno en la atmósfera en tiempos históricos fueron en promedio de alrededor de un 30 a un 35%, comparado con sólo el 21% de hoy – y que los niveles son incluso menores en el centro de ciudades contaminadas y densamente pobladas o en complejos industriales, quizás sólo un 15% o más bajo.
Gran parte del cambio acelerado creciente es debido a la actividad humana, notablemente la revolución industrial y la quema de combustibles fósiles. El profesor de Ciencias Geológicas en la Universidad Notre Dame de Alabama, J. Keith Rugby (8), fue citado en 1993-1994 cuando dijo:
En el siglo XX, la humanidad ha bombeado cantidades crecientes de dióxido de carbono a la atmósfera al quemar el carbono almacenado en el carbón, el petróleo y el gas natural. En el proceso, hemos también consumido oxígeno y destruido vida vegetal – cortando los bosques a una tasa alarmante y por tanto cortocircuitando el ciclo natural de regeneración. Estamos artificialmente frenando un proceso y acelerando otro, forzando un cambio en la atmósfera.
Muy interesante. Pero, ¿importa este descenso de oxígeno? ¿Hay alguna consecuencia práctica sobre las que deberíamos preocuparnos? ¿Cuál es el efecto de nivel menor de oxígeno en el cuerpo humano? ¿Afecta o trastoca nuestro sistema inmunológico y por tanto nos hace más propensos al cáncer y a enfermedades degenerativas?
Sorprendentemente, no se ha hecho ninguna investigación relevante, quizás sobre la siguiente presunción: El descenso en los niveles de oxígeno ha tenido lugar durante millones de años de la existencia de nuestro planeta. Los cambios durante el periodo más corto de vida humana han sido también lentos y progresivos – hasta los dos últimos siglos de rápida urbanización e industrialización. Seguramente, ¿este gradual descenso ha permitido al cuerpo humano evolucionar y adaptarse a concentraciones más bajas de oxígeno?. Quizás si, quizás no.
El ritmo de perdida del oxígeno es probable que se haya acelerado enormemente en las últimas tres décadas, con la industrialización de China, India, Corea del sur y otros países, y como una consecuencia del masivo incremento mundial en la quema de combustibles fósiles.
En opinión del profesor Ervin Laszlo (9), la caída en el oxígeno atmosférico tiene potencialmente serias consecuencias. Un consejero de la ONU que ha sido profesor de filosofía y de ciencias de sistemas, Laszlo escribe (10):
La evidencia desde tiempos prehistóricos indica que el oxígeno contenido en la naturaleza primitiva estaba por encima del 21% del volumen actual. Ha descendido en tiempos recientes debido principalmente a la quema de carbón en la mitad del último siglo. Actualmente el oxígeno contenido en la atmósfera de la Tierra baja en picado a un 19% sobre áreas comprimidas y baja entre un 12 y un 17% sobre grandes ciudades. A estos niveles es difícil para la población coger el oxígeno suficiente para mantener la salud del cuerpo: Necesitas una toma adecuada de oxígeno para mantener las células del cuerpo y los órganos y todo el sistema inmunitario, funcionando a pleno rendimiento. A los niveles que hemos alcanzado hoy los cánceres y otras enfermedades degenerativas es probable que se desarrollen.
¿Alarmista?. Creo que no. ¿Una razón para el juicio final? Aún no. Lo que se necesita es una investigación que se base en evidencias fidedignas para establecer los actuales niveles de oxígeno y que consecuencias, si existen, habría para el bienestar de nuestra especie y efectivamente para todas las especies.
Traducido por Mario Cuéllar para Globalízate
Peter Tatchell es un activista por los derechos humanos y miembro del grupo por los derechos de los homosexuales Outrage! y del ala izquierda del partido verde.
Artículo original:
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2008/aug/13/carbonemissions.climatechange