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jueves, 8 de octubre de 2009

Shopaholic, la nueva adicción

Si es de las que no puede resistirse a los cambios de temporada y llena su guardarropa de prendas innecesarias, usted es adicta a las compras. En esta nota, síntomas de alerta para dejar la tarjeta de crédito en casa. Un estudio de la Universidad de Stanford asegura que las mujeres son más adictas que los hombres a comprar compulsivamente.
En la última edición de la revista Tendencia Mujer, la licenciada Laura Coccia, de la Asociación Ayuda, definió la adicción a las compras como "un trastorno psicológico cuyo núcleo central es la compulsión a realizar gastos no necesariamente esenciales, de manera continua e irrefrenable".
"El impulso, acompañado de una elevada ansiedad, sólo se alivia una vez realizada la compra", aseguró.
Para Coccia, lo que la hace adicción son tres rasgos esenciales: la tolerancia (o necesidad de consumir cada vez más para lograr la misma sensación), el síndrome de abstinencia (el tiempo que transcurre entre compra y compra) y la pérdida del control (incapacidad de frenar el consumo).
Según la profesional, hay momentos en los que el contexto "ayuda" a acrecentar los síntomas, como lo son las liquidaciones, lanzamientos de temporada, ofertas por días festivos, entre otros.
Como en todo, identificar y reconocer el problema representa parte de su solución. Pedir ayuda profesional es lo ideal para superar la adicción.
infobae.com

Alcoholismo moldea un nuevo cuerpo de mujer


Las chicas alcohólicas o con el hábito de alcoholizarse seguido, a quienes en Gran Bretaña llaman mujeres "boozy", desarrollan figuras con forma de "copa de vino", algo que no se veía antes, según la Asociación Británica Dietética.
Ese nuevo contorno reemplaza a los tradicionales cuerpos con forma de manzana, redondos; de pera, con más caderas que hombros; y de chupetín, con más busto que caderas. Responde, justamente, a una peligrosa nueva manera de vida que adopta un número creciente de mujeres. A ellas les preocupa su imagen y hacen ejercicio y se cuidan en las comidas, pero del alcohol, ni hablar. No reducen el nivel de bebidas alcohólicas que consumen, y a veces reemplazan comidas enteras con tragos espirituosos uno tras otro.
El resultado es que la grasa se acumula solamente alrededor de la cintura, el "medio" del cuerpo, y adquieren algo similar a lo que sólo se veía a menudo en los hombres, el "salvavidas". Jacqui Lowdon, de la Asociación Británica Dietética, dijo al diario The Sun que "las mujeres se olvidan de dejar o no quieren cortar con el alcohol, una enorme fuente de calorías escondidas".
Así, "ellas ponen en peligro mucho más que sus hígados: la obesidad central, cuando acumulas grasa alrededor de la cintura, pone presión al corazón".
Las candidatas a tener cuerpo de "copa de vino" o que están a punto de adquirirlo son las que piden un vaso de vino o que ordenan un gran vaso en un bar que contenga dos unidades de alcohol.
"Si las mujeres quieren controlar su cintura, controlen los vasos de vino", aconsejó el especialista. Si hay una famosa que caiga en esta categoría es indudablemente Britney Spears.
Otras formas de cuerpo, más tradicionales, son la manzana, como Carmen Barbieri, Mirta Worns, donde el peso se aloja al medio; la pera, donde la mitad superior del cuerpo es más pequeña que la mitad inferior, mujeres con trasero más grande que su busto como Nazarena Vélez o Jésica Cirio; y el chupetín, figuras con gran busto y pequeñas caderas, como Angelina Jolie y Uma Thurman, o Carla Conte y Pamela David.
infobae.com

martes, 6 de octubre de 2009

La 'drunkorexia' y 'diabulimia', los nuevos desórdenes alimentarios

Son muchas las páginas web, publicaciones y blogs que en los últimos tiempos añaden a sus bases de datos nuevos términos relaccionados con el desorden alimentario. Los dos nuevos términos son 'drunkorexia' y 'diabulimia'.
Según se puede leer en la página web de Consumer.es, la 'drunkorexia' se entiende como "una abreviación de una serie de conductas desequilibradas como dejar de comer para compensar las calorías ingeridas tras el consumo de alcohol". Por su parte 'diabulimia' es un "problema de la conducta alimentaria al alza entre chicas diabéticas, que utilizan la condición de la disciplina alimentaria que exige su enfermedad para tratar de perder el máximo peso".
'Drunkorexia'
Se trata de "no comer para beber". De esta manera se deja de comer durante el día para poder compensar las calorías ingeridas con las bebidas. Una práctica cada vez más frecuentes en las chicas jóvenes. "La obsesión con estar delgado y la aceptación social del consumo de alcohol son parte del origen de este grave trastorno de la conducta alimentaria", asegura Douglas Bunnell, presidente de la Asociación Nacional de Trastornos de la Conducta Alimentaria (National Eating Disorders Association) de Estados Unidos a una publicación estadounidense que trató el tema.
'Diabulimia'
Se trata de un nuevo trastorno alimentario que se presenta en personas a las que les son diagnosticadas la diabetes tipo 1 que precisan tratamiento crónico con insulina. Uno de los signos más comunes que preceden a la diabetes tipo 1 es la pérdida de peso como consecuencia del desequilibrio hormonal.
La diabulimia consiste en "utilizar la condición de la disciplina alimentaria y, sobre todo, del control de la insulina que exige la diabetes para perder peso". Las personas que se ven afectadas, reducen sus dosis de insulina con el fin de bajar peso de manera intencionada.
De esta manera, el organismo no tiene suficiente insulina, no se pueden aprovechar todos los azúcares, el aporte energético es menor y como consecuencia se pierde peso.
20minutos.es

lunes, 23 de febrero de 2009

Alcohorexia es el nombre del nuevo peligro


“Los sábados no almuerzo y durante la tarde como una ensalada de lechuga y alguna fruta, así a la noche puedo tomar todo lo que quiero sin zarparme con las calorías”, asegura Vanesa, de 24 años, quien sufre de anorexia nerviosa y que, desde el año pasado, comenzó a darse cuenta de que su gusto por las bebidas la había transformado en otra víctima del alcoholismo. Lo de Vanesa no es más que la combinación de dos enfermedades (la anorexia y el alcoholismo) que da origen a otra: la alcohorexia.
Si bien en la Argentina no es una patología común, vale destacar que se manifiesta cada vez con mayor frecuencia entre las mujeres jóvenes de nivel socioeconómico medio y alto. Si bien “alcohorexia” todavía no es un término médico oficial, ya es considerado por los especialistas como un grave problema sanitario que afecta a unas 180 mil mujeres sólo en la Argentina.
Este nuevo mal tiene sus variantes: hay pacientes que cuentan las calorías que dejarán de ingerir para reemplazarlas por alcohol y así no engordar; otras dejan de comer para reemplazar los valores calóricos de los alimentos con el alcohol, y un tercer grupo usan el alcohol después de comer en exceso para provocar el vómito y evitar engordar.
La médica nutricionista Mónica Katz, de la Fundación Favaloro, lo explica: “Se trata de una conjugación de anorexia, bulimia y alcoholismo. Consiste en no comer sometiéndose a una abstinencia alimenticia voluntaria o realizar un atracón y posteriormente provocar el vómito, teniendo como tónica dominante en ambas conductas el abuso de bebidas alcohólicas”.
Según los especialistas, en los últimos cinco años se triplicó el número de pacientes víctimas de esta enfermedad que combina “malos hábitos nutricionales con un fuerte componente adictivo”. En general, las afectadas no creen tener problemas con el alcohol. Dicen que saben controlar cuánto toman y cuánto dejar de comer para amortizar las más de 200 calorías que aporta un trago, las mismas que podrían jugar en contra de sus ansias por bajar de peso.
“Pareciera que las mujeres no tienen en cuenta las calorías del alcohol; son capaces de no comer para ahorrar calorías, pero no resignan la bebida del fin de semana”, aporta la profesional.
“Hay mujeres que temen meterse una uva en la boca, pero no tienen ningún problema en tomar una cerveza”, dice el doctor Douglas Bunnell, director de los servicios clínicos externos del Centro Renfrew de Filadelfia, en Estados Unidos. Este centro ofrece un enfoque dual sobre el abuso de sustancias y los trastornos alimentarios.
“El hábito de emborracharse es de onda, mientras que estar delgado es un imperativo cultural para las jóvenes, por ende no es sorprendente la mezcla de ambas cosas, aunque ha llegado a un punto crítico en términos de conciencia pública”, reconoce.
Una indiscutible razón biológica agrava aún más la situación: las mujeres metabolizan el alcohol a una velocidad un 50% menor que los hombres, con lo cual el efecto es peor. Y si a esto le sumamos el hecho de no haber comido, la ecuación es explosiva. “Si el alcohol se consume sin alimentación de por medio pasa más rápido a la sangre y por lo tanto sus efectos son más rápidos: ebriedad y malestar general; lo preocupante es que el organismo se deteriora por doble vía: una por alcoholismo y otra por la malnutrición”, afirmó Katz.
PACIENTES.
Jorgelina tiene 30 años, es licenciada en Ciencias Políticas y se volvió anoréxica a los 23. “Fue en la época que estudiaba en la facultad. Llegué a estar dos meses casi sin comer, apenas ingería pequeñas porciones bajas en calorías. Después empecé a comer mucho y luego forzaba el vómito. Usaba el alcohol para vomitar”, relata la mujer que ya superó el mal trance originado por la enfermedad cuyo nombre “no se conocía en aquel momento”.
También es común que exista una negación sistemática del problema por parte de quien lo sufre. “Como en todo trastorno metabólico, los pacientes no se dan cuenta de que lo padecen y que están dentro de un círculo vicioso para su organismo, por eso es importante la detección por parte de la familia o del médico de cabecera de los primeros síntomas: cuando dejan de comer, comienzan a realizar ejercicio excesivo, ingieren laxantes, tardan más tiempo en el baño y se provocan el vómito y, por supuesto, cuando ingieren frecuentemente alcohol”, explicó la psiquiatra Lilian Urrutia, especialista en trastornos alimentarios.
“La gente está empezando a darse cuenta de que la comida puede funcionar de la misma forma que las drogas y el alcohol”, afirmó la doctora Suzette M. Evans, catedrática de Neurología Clínica en Columbia y autora de una investigación sobre la conexión entre la bulimia y el abuso de sustancias adictivas.
Si bien no hay estadísticas fidedignas, los especialistas hablan de un incremento sostenido en el nivel de consultas en los últimos años, que alcanza a triplicar los casos. Desde la Subsecretaría de Adicciones de la provincia de Buenos Aires admiten el crecimiento de los casos, aunque son cautelosos a la hora de tipificar la alcohorexia como una nueva patología.
“Es cierto que cada vez hay más mujeres que padecen ambas enfermedades combinadas, pero no me animo a considerarla una enfermedad en sí misma”, afirmó María Graciela García, responsable del organismo público. “Estos trastornos están enmarcados en un cuadro general de depresión originado en el vacío de afecto que padecen muchos jóvenes”, agregó la funcionaria.
LAS CLAVES
* La edad de las más afectadas varía entre los 18 y los 30 años.
* El mayor peligro de quienes padecen alcohorexia, además de los provocados por la anorexia y la bulimia, es que el alcohol se convierte en la única fuente de calorías con la que se sustentan.
* Hay mujeres que, además, combinan el alcohol con metanfetaminas para inhibir el hambre.
* El 30% de los bulímicos y el 25% de los anoréxicos tienen problemas con el alcohol, según un estudio publicado por la revista Biological Psychiatry.
* Según la Asociación Argentina para la Prevención de los Trastornos de la Conducta Nutricional (AAPTCN), alrededor del 4% de las mujeres argentinas padecen esta enfermedad. Se considera que hay aproximadamente 18 millones de mujeres en el país, y es posible inferir que alrededor de 180 mil pueden ser víctimas de la alcohorexia.
* El alcohol consume grandes cantidades de vitaminas del grupo B para su degradación y pone al organismo al borde la deficiencia.
* Esta patología se descubrió por un reportaje hecho por The New York Times durante 2008, que habla de las mujeres que en Estados Unidos están recurriendo a dejar de comer para compensar las calorías que adquieren al tomar alcohol.
En España y Estados Unidos la llaman drunkorexia
En España y Estados Unidos llaman drunkorexia (“drunk”, borracho en inglés) al desorden alimentario por el que una persona deja de comer para compensar las calorías con lo que toma de alcohol. Y, según informa la Asociación Nacional de Trastornos de la Conducta Alimentaria norteamericana, es una práctica que se extiende no sólo entre las adolescentes sino también entre mujeres adultas. “La obsesión con estar delgado y la aceptación social del consumo de alcohol son parte del origen de este grave trastorno”, explica Douglas Bunnell, presidente de la entidad.
A esta nueva tipología se le suma otro trastorno bautizado “diabulimia”, que afecta a las personas diagnosticadas con diabetes tipo I, es decir, que necesitan tratamiento crónico con insulina. Como la falta de insulina hace perder peso porque el páncreas no puede metabolizar la glucosa, algunos diabéticos –especialmente mujeres– no se inyectan la cantidad de hormona que deberían para poder adelgazar poniendo en riesgo su vida.
El mal de Beckham
Famosas como Victoria Beckham, Lindsay Lohan, Tara Reid o Misha Burton forman parte de la cada vez más larga lista de mujeres que la padecen. La Spice Girl reconoció que intentaba combatir su delgadez bebiendo alcohol para añadir más calorías en su cuerpo, ya que, según ella, la comida no la engordaba. En septiembre de 2008 gastó 14.000 dólares en champagne en una noche. La bebida elegida fue Perrier Jouet Belle Époque Blanc de Blancs de 1.160 dólares la botella.
criticadigital.com

miércoles, 11 de junio de 2008

Drunkorexia: un nuevo mal

Qué sucede cuando los trastornos alimentarios se combinan con el alcohol; cómo afecta a las mujeres adultas y qué hacer para ayudar a una amiga en problemas Clara vive contando calorías. Tiene 37 años y pesa 45 kilos, es madre de dos hijos (perdió dos embarazos) y es una de las mejores ejecutivas de cuenta de la agencia de marketing donde trabaja.

Últimamente, descubrió que saltearse el almuerzo es una buena manera de permitirse dos o tres copas de champagne en los eventos de trabajo a los que asiste varias veces a la semana. Es esa tercera copa de champagne la que, calorías más o menos, le alivia las tensiones, la desinhibe frente a los más importantes clientes y la previene de abalanzarse sobre las bandejas de canapés.


Marina tiene 30, es soltera y la obsesiona la balanza. Desde que se separó de su ex, guarda un secreto: vomita y toma laxantes para liberarse de atracones de comida, una práctica que se había insinuado en su adolescencia y que retomó a causa de su depresión por esa ruptura.

Algunas noches, el exceso de alcohol completa el ciclo de insatisfacción, atracón, euforia, purga, depresión y borrachera. Le da vergüenza confesar a sus amigas o a su familia que a esta edad le pasan estas cosas.


El síndrome ya tiene nombre: se llama drunkorexia y es una de las últimas novedades del léxico de trastornos de la alimentación: una combinación de restricción de alimentos o atracones seguidos de vómitos con abuso de alcohol. Una enfermedad que los especialistas de la Asociación Nacional de Desórdenes de la Alimentación de Estados Unidos no dudan en asociar con la obsesión por la delgadez y la legitimidad social del exceso en el consumo de alcohol y drogas que se dan en la actualidad en los países occidentales.

La combinación de trastorno alimentario y alcohol se instaló desde hace rato como preocupación para los especialistas argentinos.

Desde el psicoanálisis, anorexia y bulimia son entendidas como adicciones, al igual que el alcohol, las drogas o el cigarrillo. Desde esta perspectiva, el trastorno alimentario coloca en un objeto exterior –la comida o la ausencia de ella– el canal para manejar la angustia. Angustia que no pocas veces conduce también al abuso de otras sustancias tóxicas.

Anorexia y bulimia son las dos grandes áreas en este tipo de desórdenes, pero también se han definido la "manorexia" (cuando afecta hombres), "ortorexia" (la obsesión por comer sano), "diabulimia" (los diabéticos que rechazan la insulina porque engorda) y, ahora, la "drunkorexia", término presentado por el New York Times y que causó impacto en la comunidad médica estadounidense.


Mujeres maduras y exitosas, también.

Los desórdenes alimentarios suelen iniciarse en la adolescencia y si en ese momento no reciben el tratamiento adecuado, las personas corren el riesgo de tener una recaída en el futuro.

El 60 por ciento de los casos de anorexia y bulimia se vuelven enfermedades crónicas. Aunque en el imaginario popular la anorexia o bulimia son entendidas como problemas propios de la adolescencia, afectan cada vez más a mujeres en edad madura, quienes ocultan mejor que las más jóvenes sus síntomas. Los maridos o familiares recién se enteran cuando aparecen problemas de fertilidad, pérdida de embarazos o crisis agudas.


Según un informe recientemente difundido en España, el 80 por ciento de las pacientes ingresadas en la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Gregorio Marañón de Madrid son mayores de 18 años. Muchas de ellas empiezan a padecer estas enfermedades luego de ser madres, como consecuencia de la depresión posparto; en otros casos, es una respuesta a los altos niveles de presión y exigencia que se vive en los grandes centros urbanos.

La incidencia de estos desórdenes en mujeres adultas también puede explicarse por la prolongación de la adolescencia.

Las jóvenes de más de 25 años suelen expresar el miedo a crecer, tardan en irse de la casa de sus padres, postergan la maternidad (o no quieren tener hijos por miedo a engordar) y observan con inseguridad las perspectivas que les presenta el futuro. Se trata de mujeres que se mantienen en 8 o 10 kilos por debajo de su peso saludable, con ciclos más o menos agudos, pero invisibles en una sociedad que exalta la delgadez.


Riesgo de vida.

La comida o la ausencia de comida asociada al exceso de alcohol funcionan como un elemento mágico y peligroso. Brindan a quien padece esta dependencia la sensación de que puede controlar su peso, su estado de ánimo y su euforia. Pero la creencia de tener el control dura poco. Para la salud del organismo, estas combinaciones son literalmente cócteles explosivos.

Si una mujer vomitó antes de ir a una fiesta, su cuerpo ya se encuentra deshidratado en el momento de consumir alcohol. La pérdida de potasio, sales y la falta de oxigenación en sangre son causas de riesgo cardíaco.


Según datos de la Asociación Argentina de Bulimia y Anorexia, el 10 por ciento de quienes padecen esta enfermedad mueren a causa de ella.

Otras consecuencias visibles son los accidentes de tránsito y otros males derivados del abuso de sustancias.


Cómo ayudar.

Ante la sospecha de que una amiga, compañera de trabajo, hija o hermana puede padecer drunkorexia, lo primero que se debe hacer es observar las señales.

Aunque son enfermedades silenciosas, hay algunas alertas identificables por el entorno:

• No comparte las comidas.

• Padece deterioro físico y/o hinchazón de la cara (como consecuencia del vómito recurrente).

• Pierde mucho peso en poco tiempo (entre 3 y 6 meses).

• Está obsesionada por el peso y las calorías de los alimentos.

• En el caso del alcohol, la repetición de la conducta y la dependencia son síntomas de alerta. Es decir, si una persona necesita del alcohol para relajarse o divertirse, sin lograr salir de ese estereotipo, entonces hay un problema.

• Van seguido al baño, especialmente después de comer.

• Se dan largas duchas después de comer.

En esos casos, los especialistas acuerdan que lo mejor es acompañar a la persona, darle la sensación de que no está sola en el proceso y hacer una consulta.
Amigos, familiares, padres y parejas tienen que entender que quien padece este sufrimiento se siente solo y avergonzado. Abrir el diálogo, dar espacio a la palabra, es el primer paso para la contención y la cura.