Mostrando entradas con la etiqueta adicciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adicciones. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de mayo de 2012

Las nuevas adicciones del ser humano

La "biblia" de los psiquiatras, el llamado Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM), está siendo actualizado y se cree que la nueva edición podrá incluir muchas nuevas conductas adictivas que afectan hoy en día al ser humano.
Los expertos están trabajando en una nueva definición de lo que es una adicción, y en el futuro podrán ser clasificadas como enfermedades la adicción al sexo, al juego, a internet, e incluso a las compras.
La nueva edición del DSM, la número 5, reemplazará a la actual edición que fue por última vez revisada en el año 2000 y se espera que refleje los grandes cambios de la última década en las conductas de la sociedad y los avances en el diagnóstico de enfermedades.
Aunque el Manual es redactado por la American Psychiatric Association(APA) (Asociación Psiquiátrica Estadounidense), es un libro influyente en toda la comunidad psiquiátrica mundial porque permite a los médicos evaluar los síntomas del paciente y definir el diagnóstico de su enfermedad.
Esta semana el panel de la APA encargado de revisar la actualización presentó en Filadelfia los cambios propuestos que durante los próximos meses estarán abiertos al comentario público y de especialistas.
La tarea de actualización del DSM está siendo llevada a cabo por 13 grupos de trabajo, que trabajan en trastornos mentales divididos en 20 categorías y está siendo coordinada por los doctores David Kupfer, de la Universidad de Pittsburgh y Darrel Regier, director de investigación de la APA.

Controversias

Quizás uno de los cambios más controvertidos es el de la nueva definición de adicción, lo cual, dicen los expertos, podrá resultar en que millones de personas más en todo el mundo sean diagnosticadas como adictas y medicadas para tratar estos nuevos diagnósticos.
Tal como explican los psiquiatras, el DSM-5 incluirá una lista más amplia de los síntomas reconocidos de la adicción a las drogas y al alcohol, pero al mismo tiempo reducirá el número de síntomas que se requieren para el diagnóstico de otras adicciones.
Por ejemplo, el Manual incluirá por primera vez al juego como una adicción y también presenta una nueva categoría: "adicción conductual no especificada de otro modo".
Esta "amplia" clasificación, dicen los expertos, podría ser utilizada por los médicos para diagnosticar muchos tipos de conductas adictivas como la adicción al sexo, a internet o a comprar.
"Nuestra intención es que los trastornos que requieren más evidencia sean estudiados más ampliamente, y que la gente que trabaja con estos criterios los refinen"
Prof. David Kupfer
La APA afirma que este lenguaje más amplio para definir una adicción "es necesario para promover diagnósticos más precisos, intervenciones más tempranas y mejores resultados".
Otra categoría controvertida es la que se refiere a los trastornos depresivos y psicóticos.
Los expertos decidieron excluir dos diagnósticos que habían resultado bastante controvertidos: el "síndrome de psicosis atenuada", propuesto para identificar a aquéllos en riesgo de desarrollar psicosis, y "el trastorno combinado depresivo y de ansiedad".
También se decidió excluir al dolor por la pérdida de un ser querido del trastorno de depresión grave, una propuesta que había sido muy controvertida.
Según la APA, el dolor severo por una pérdida no debe formar parte del diagnóstico de depresión grave si la muerte ocurrió en los dos meses previos.
Pero el panel decidió mantener otra propuesta extensamente debatida: la ampliación de la definición de autismo.
El DSM-5 propone eliminar los diagnósticos de síndrome de Asperger y de trastorno generalizado de desarrollo y combinar los casos más severos de la enfermedad en una definición más amplia de autismo.
Esto, temen los expertos, podrá significar la necesidad de volver a diagnosticar a decenas de miles de individuos con estos trastornos.
Tal como expresó el profesor Kupfer, estos cambios "surgieron en respuesta a muchos estudios de campo diseñados para probar si los diagnósticos propuestos son confiables entre los psiquiatras".
Pero subraya que se trata sólo de un borrador de propuestas y no representan los cambios finales del DSM-5.
"Nuestra intención es que los trastornos que requieren más evidencia sean estudiados más ampliamente, y que la gente que trabaja con estos criterios los refinen".
Se espera que las propuestas sean sometidas a más revisiones durante los próximos meses hasta el fin de 2012 y que la versión final del DSM-5 esté lista en diciembre de este año.
El nuevo DSM será presentado en mayo de 2013 en San Francisco, California.
bbc.co.uk

sábado, 3 de marzo de 2012

Advierten del excesivo culto a la tecnología


LONG BEACH (AFP).- Líderes del Silicon Valley presentes en la prestigiosa conferencia TED sobre innovación, que se realiza desde el lunes pasado en Long Beach, California, advirtieron que el culto a la tecnología arruinará el mundo antes de salvarlo.
El activista y escritor Paul Gilding alertó sobre los riesgos de obsesionarse con la tecnología moderna y cómo las ansias por poseer los últimos dispositivos distraen a las personas de hacer algo para detener los desastres globales, como el cambio climático.
Según Gilding, autor de The Great Disruption ( La gran ruptura ), aunque la tecnología impulsa la eficiencia y el crecimiento, también multiplica un vértigo por el consumo que el planeta no puede soportar. "La Tierra está llena -dijo-. Está llena de nuestras cosas, llena de nuestros residuos y llena de nuestras demandas."
En la conferencia TED, famosa por las presentaciones de empresarios líderes que buscan formas de hacer del mundo un lugar mejor, Gilding argumentó que los avances tecnológicos están empeorando las cosas.
"La Madre Naturaleza no negocia, sólo establece las normas y administra las consecuencias", señaló. Citó las crisis de la deuda nacional estadounidense, el movimiento Ocupar Wall Street y el aumento de las temperaturas globales como signos de la descomposición de la vida moderna. "Hemos tenido 50 años de advertencias y no hemos hecho casi nada para cambiar el rumbo", se lamentó, con los ojos llenos de lágrimas.
El jefe de la organización sin fines de lucro Fundación X Prize, que se dedica a los avances tecnológicos para el bien de la humanidad, subió a la tarima para ofrecer un contrapunto a la oscura visión de Gilding.
"No digo que no tengamos nuestra cuota de problemas -cambio climático, extinción de especies, escasez de recursos-, pero en última instancia tenemos la capacidad de ver los problemas con bastante antelación y superarlos", dijo Peter Diamandis.
Sostuvo que los sensores cada vez mejores, la robótica, la medicina digital, la biología sintética y la potencia informática de la "nube" en Internet permiten tener la esperanza de un futuro mejor.
lanacion.com

miércoles, 15 de febrero de 2012

24 horas al día de sexo

Fotograma de la película 'Shame'.
Tiene 50 años y le llamaremos Daniel porque ha solicitado conservar el anonimato a cambio de su testimonio. Pero es una persona real, con una vida real y una enfermedad, también, real: la adicción al sexo.
Residente en Barcelona, y actualmente en paro, no ha oído hablar de la película 'Shame' (vergüenza), en la que Michael Fassbender da vida a Brandon, un hombre de 30 años que como él vive las 24 horas al día por y para el sexo. Reconoce en cambio que se ha topado con muchos hombres de carne y hueso que empezaban a 'jugar' peligrosamente con el placer carnal. Y con otros tantos que ya habían caído en las garras de su dependencia. "Sabes lo que es, lo que sucede, porque has tenido la experiencia. Entonces te das cuenta en seguida de ciertas señales que demuestran si una persona se está enganchando o ya lo está", afirma.
Fue a los 35 cuando Daniel se abandonó al sexo. "Desde joven he tenido problemas de adicción. Me he dado a todo, lo que ha sucedido es que la forma ha cambiado (sexo en lugar de alcohol o drogas) pero la base de mi problema es el mismo: una falta total de control de los impulsos".
Una peli porno, un par de encuentros con desconocidas, masturbarse varias veces al día... eran la válvula de escape de Daniel tras una ruptura amorosa. "Los problemas con mi pareja no surgieron porque fuera adicto al sexo, me enganché después de este fracaso emocional. Recurrí a ello como evasión, porque estaba triste, ansioso y poco a poco se convirtió en una obsesión. Todo el día estaba pensando en el sexo. Todas mis energías estaban en obtener placer, que no me faltara. No te vuelves adicto de la noche a la mañana, es poco a poco. Caes sin darte apenas cuenta".
Un adicto al sexo no es muy diferente a un ludópata o a un alcohólico. No es ninguna broma. Todos se meten en un círculo vicioso del que no pueden salir, sin ayuda. Sufren, pasan 'mono', ansiedad, dejan de sentir placer y viven con vergüenza, arrepentimiento, soledad y falta de autoestima. Todos, también, pagan las mismas consecuencias: pérdida de trabajo, de pareja, de dinero. "Es una auténtica mierda. Acaba con todo, autoestima, te quedas sin vida", enfatiza Daniel.
Pese a ello, y a pesar de que el número de hombres y mujeres que 'acumulan' amantes va en aumento, el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), la 'biblia' de los psiquiatras, sigue sin considerar la adicción al sexo como una categoría diagnóstica, un hecho que levanta ampollas entre los especialistas.
Máxime cuando se valora que los expertos que estudian y tratan esta patología estiman que cerca del 6% de la población la padece, aunque en honor a la verdad, lo cierto es que se desconoce su prevalencia real. Es más, según un estudio publicado en el 'American Journal of Psychiatry', "las cifras están infravaloradas porque esta conducta se vive en secreto debido a que causa pudor, es vergonzante y clandestina".

Aumento de adictos al sexo

Javier Pujols, codirector del Instituto de Sexología de Barcelona y terapeuta de Daniel, lo corrobora: "Se sabe cuál es la prevalencia del alcoholismo o la ludopatía, pero se desconoce la del comportamiento sexual compulsivo. Las adicciones pueden tratarse en centros públicos o privados, pero en el caso de sexoadicción contamos con un abordaje público, de ahí la dificultad para contar con estadísticas. Tenemos entre 40 y 50 casos nuevos al año, pero hemos notado un aumento de pacientes".
El crecimiento de la demanda de atención se ha sentido también en otros centros. Vega González de Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS) lo confirma. "Empezamos a ver los primeros casos en 2001, pero eso no indica que antes no existiese la patología. En los últimos años nos están llegando más afectados. Cada vez se habla más de ella y sus víctimas o sus familiares entienden y aceptan que han de solicitar ayuda de algún profesional".
La sexoadicción, una de las dependencias menos confesadas y visibles, fue descrita por primera vez en 1886 como psicopatía sexual por el psiquiatra alemán Kraff-Ebbing, pero habría que esperar hasta 1970 para que se desarrollaran las pautas necesarias para su identificación y tratamiento. Todo gracias a un sólo hombre: Patrik Carnes, del Centro de Tratamiento Meadwos, en Arizona (EEUU) quien además acuñó el término adicción.
Según sus palabras: "las personas con comportamiento sexual compulsivo se vuelven adictas a los cambios neuroquímicos que se producen en su cuerpo y en su cerebro durante el acto sexual, como los heroinómanos se enganchan a la heroína por 'chutarse'".

Cuánto sexo es demasiado

¿Pero cuánto sexo es demasiado? ¿Es normal mantener dos o tres relaciones al día o ya es patológico? La barrera entre practicar sexo y estar enfermo por su culpa es nítida: cuando se convierte en una obsesión enfermiza que "interfiere en la vida cotidiana y se mantiene a pesar de las consecuencias negativas, si la persona ha perdido la capacidad de controlar este comportamiento y de escoger libremente si se lleva a cabo o no, entonces estamos hablando de adicción y por tanto de una patología", apostilla la psicóloga González.
Y a diferencia de otras adicciones, la sexual puede adoptar múltiples formas: desde la masturbación compulsiva, las relaciones con múltiples parejas heterosexuales u homosexuales, los encuentros con personas desconocidas, hasta el uso de pornografía, prostitución o líneas eróticas. La llegada de internet no ha hecho más que empeorar el panorama. "No sólo por el ciberporno, sino porque que practicar sexo con personas desconocidas está más al alcance de la mano gracias a los contactos que se hacen en la red", recuerda Javier Pujols.
Más optimista se muestra a la hora de hablar de su curación."La sexualidad es un derecho, y al igual que a una persona bulímica no la puedes tratar diciendo que nunca más vuelva a comer, un sexoadicto tampoco tiene que vivir sin sexo el resto de su vida. Se trata de que aprendan a llevar una vida sexual sana y placentera, que reaprendan su conducta sexual, fomente su autoestima y adquiera habilidades para el autocontrol. Para ello utilizamos la terapia de los 12 pasos y lo cierto es que aunque alguno tiene alguna recaída, de la que suele salir reforzado, tenemos altas tasas de éxito. Dura entre 12 y 18 meses, pero además después hacemos seguimiento".
Daniel lleva un poco más de un año en terapia "y me siento mucho mejor. Prueba de ello es que estoy contando mi caso. Estoy recuperando mi vida y conectando con mis emociones. La adicción me ha dejado secuelas y disfunciones por eso aún no puedo volver a practicar sexo, pero confío en tener pareja algún día. Lo más importante es tomar conciencia de que tienes un problema. Eso sí, es un camino que haces solo, pero se puede salir, aunque sea duro, como también es duro que la sociedad no lo comprenda ni le interese".
elmundo.es

jueves, 2 de febrero de 2012

El síndrome del tiburón

Tiburón quieto es tiburón muerto. El tiburón necesita estar en movimiento para que el agua circule a través de sus hendiduras branquiales y de esa manera recibir el oxígeno necesario para vivir. El movimiento para el tiburón es sinónimo de supervivencia.
Alberto tiene 45 años y acaba de vender una exitosa empresa textil que había fundado hace 15.
No tiene apremios económicos y dispone de un amplio menú de futuras actividades para reiniciar su actividad laboral. Pero no puede esperar. "Necesito la adrenalina que me generan los negocios."
Se despierta con ansiedad extrema al no tener una agenda programada, extraña los teléfonos y las pantallas con información actualizada al minuto de las plazas financieras nacionales e internacionales. Quiere comprar o vender?algo, cualquier cosa, pero no quedarse quieto. Tiene el mismo síndrome que relatan algunas personas cuando sienten que lo único que les calma la ansiedad es salir de compras. El cuerpo se acostumbra a detectar cada vez con más anticipación las señales que anuncian la irrupción de la ansiedad en el sistema total de una persona.
Se acelera el ritmo cardíaco, las ganas de comer algo aunque no se tenga hambre, beber, fumar, sacudir un pie, caminar, hablar, peinarse, mirarse en un espejo, lo que sea. Moverse.
El reflejo ansioso se completa convirtiendo en hábito una serie de conductas que son eficaces para calmar la ansiedad. Pero sólo para eso, pues no son conductas eficaces para un verdadero cuidado del sistema psicocorporal y valorativo de las personas.
Un sistema externo a Alberto le enseña, alimenta y reproduce las condicionantes de la aparición de esa ansiedad ante este no movimiento. Aquí no es la falta de irrigación de las branquias del tiburón, es la falta de movimientos que mantengan el consumo, a veces innecesario e irracional, para sostener un sistema socioeconómico. Alberto no puede sentirse feliz o en calma, si no se mueve, si no compra, si no vende, si no manda empleados y si no acumula bienes, aunque tenga asegurada la supervivencia económica de él y de su familia.
El sistema histórico valorativo aprendido de sus padres, inmigrantes sirios, le enseñó que para sobrevivir hay que moverse, trabajar siempre, ganar dinero, pues eso es lo que les permitió a ellos sobrevivir al huir de la guerra europea e instalarse en América.
Para los padres de Alberto, el moverse fue adaptativo, meritorio y eficaz para fundar una nueva familia. El heredó esos reflejos familiares que fueron realimentados en su educación, escolar y universitaria, en donde la valoración del movimiento-consumo brinda seguridad. Pero ya no es la seguridad del inmigrante que lucha para sobrevivir en un medio a veces muy hostil, sino que el movimiento-acumulación-consumo pasa a ser una regla de vida.
Alberto es inconsciente de este proceso, sólo lo sufre y su cuerpo le da avisos cada vez más serios de que algo no funciona bien. Taquicardias, gastritis, eccemas irritantes, jaquecas, insomnio, mareos, lipotimias y ataques de hambre o sed no justificados. Y en el campo psicológico, irritabilidad, depresión si no se mueve, susceptibilidad, desconfianza en los otros y en sí mismo, poca tolerancia a la frustración, ciclotimias afectivas y aislamiento.
Su entorno familiar es un oasis en medio de este desierto de exigencias de éxito materiales verificables. Hasta que la paz familiar se le transforma en quietud peligrosa.
Y entonces aparece el tiburón y sólo el movimiento lo calma. Pero Alberto pertenece a una especie que en millones de años de evolución logró que su adaptación al medio y la supervivencia no dependieran del movimiento que le permite respirar, como en el caso del tiburón.
En esos millones de años de evolución la especie a la que pertenece Alberto desarrolló un sistema biológico-psicológico-social y valorativo en donde la supervivencia depende de combinaciones muchos más complejas que la simple circulación de agua por las branquias, como en el tiburón.
Alberto puede darse cuenta de este proceso, entender los programas con que fue educado, cuestionar su sistema valorativo, puede hacer modificaciones en sus conductas y quedarse con los movimientos que realmente le permitan evolucionar sanamente. Puede rescatar el movimiento como una elección consciente y útil para el sentido de la vida que él elija.
Al tiburón desde hace muchos millones de años le basta con moverse y nadar para sobrevivir. Alberto, producto de otra evolución mucho más compleja, necesitará nadar, moverse en un mar de determinaciones sociales, afectos familiares, cuidados corporales y elección de valores, quizá muy difíciles, pero con el premio de encontrar el sentido de su vida. Y es probable que encuentre un cardumen que lo ayude en su camino sanador.
lanacion.com

sábado, 14 de enero de 2012

El “síndrome del preocupado" no cede ni en las vacaciones


Durante el año, para que se quede quieto, habría que atarlo. La pierna, abajo del escritorio, se mueve a un ritmo frenético. El placer que siente es proporcional a cada asunto pendiente que tacha de la agenda. Tiene éxito, rinde, crece, cree que nadie podría hacerlo mejor. Necesita tener todo bajo control y se preocupa por las dudas: así, cree, va a ganarle de mano a cualquier imprevisto. Pero llega a casa y gruñe. Y le duele el cuerpo. Y llega a la playa y no se desconecta: el ocio le parece una pérdida de tiempo; con el silencio, se da más manija. Se llama trastorno de ansiedad generalizada (TAG) o, en criollo, síndrome de preocupación excesiva. Un trastorno que se disimula con las corridas del año pero que queda en evidencia en vacaciones.
“Quienes tienen este trastorno se preocupan excesivamente, incluso cuando se despiertan de noche. Sobreestiman la probabilidad de que ocurran eventos negativos. Si suena el teléfono a las 11 de la noche creen que murió alguien, nunca que es un amigo. Si el jefe los llama a su despacho creen que lo van a retar, nunca que lo van a felicitar. Esos pensamientos son automáticos: como lo que vendrá puede ser negativo, la única forma de controlarlo es pre-ocuparse antes”, describe el psiquiatra Enzo Cascardo, autor del libro “Trastorno de ansiedad generalizada”.
Según la Organización Mundial de la Salud, un 29% de la población tiene un “trastorno de ansiedad” o lo tendrá en algún momento. Dentro de este espectro (que abarca a los ataques de pánico, fobias y trastornos obsesivo-compulsivos), los llamados worriers (preocupados) representan un 6% de la población.
Los especialistas dicen que las consultas están subiendo, especialmente desde que la tecnología permite acceder a un caudal de información infinito en segundos . Decenas de canales de noticias las 24 horas, conexión permanente desde el teléfono o la computadora pueden ser detonantes para personas vulnerables.
“Los síntomas en el cuerpo se parecen mucho a los del estrés pero la diferencia es enorme. En el estrés los síntomas aparecen como respuesta a una situación puntual. Por ejemplo: trabajó mucho, llega diciembre y está con los cables pelados. Pero se va de vacaciones y el estrés baja. El estrés se cura con vacaciones, en cambio el trastorno de ansiedad generalizada empeora”, sigue Cascardo. Todo aquel que en este instante esté rodeado de mar pero resolviendo el futuro de la humanidad por BlackBerry, comprenderá: “Son tan perfeccionistas y exigentes que creen que por irse de vacaciones abandonaron su trabajo. Y el ocio los pone peor porque sienten que están perdiendo tiempo productivo”.
Están de vacaciones pero su reloj biológico los sigue despertando temprano. Siguen tomando pastillas para dormir y la tecnología parece servirles de ansiolítico. “Son hiperactivos e hiperemotivos, ya sea por exceso de alegría o de fastidio. Y viven el descanso con incomodidad , porque la tranquilidad atenta contra su estado de hipervigilancia”, agrega Fernando Taragano, profesor de psiquiatría del Instituto Universitario CEMIC.
¿Cuándo la preocupación es parte de “ser responsable” y cuándo es excesiva? “El límite es cuando genera un impacto negativo en el organismo, en la vida social y en la vida familiar”, continúa. “Se ha demostrado que la ansiedad hace lo que el kerosene en un incendio. La ansiedad, en pacientes con enfermedades de base en las coronarias o en las arterias del cerebro, agrava groseramente el riesgo de infartos ”, dice. Un estudio hecho durante 9 años en San Francisco mostró que el riesgo de desarrollar eventos cardiovasculares aumenta un 74% en pacientes con TAG.
Es esa persona que siempre está contracturada. Ni el kinesiólogo ni el masajista la complace. Llegó a pensar en Alzheimer de lo que le falla la memoria. Y aunque duerma, se despierta agotada. “Ahí se ve el impacto en la vida social: alguien que durmió pero no descansó se levanta de mal humor, irritable, aparecen las repercusiones en la vida sexual, la intolerancia a la frustración, entre otros”, cierra.
El primer paso es dejar de pensar este nivel de locura como la consecuencia natural de los problemas cotidianos. El segundo es entender que el ansiolítico tapa el síntoma pero no modifica la conducta. De hecho, a veces, parte del tratamiento es ir a pescar o pasar horas armando rompecabezas. Poco productivo para un “pasado de rosca”, sí. Pero un modo de aprender a amigarse con el ocio.

Las preguntas clave

¿Siente que vive preocupado?

Aunque duerma, ¿Siente que su sueño no es reparador?

¿Se la pasa yendo de masajistas a kinesiólogos para calmar las contracturas y aflojar la tensión muscular?
¿Se enoja por cosas insignificantes? ¿Pierde fácilmente la paciencia?

¿Siente que es incapaz de estar sin hacer nada?

¿Le cuesta concentrarse? ¿Percibe que tiene problemas de memoria?
clarin.com

sábado, 31 de diciembre de 2011

Videojuegos: los fans tienen el cerebro como los ludópatas

Los videojuegos y su formidable éxito generan –además de fortunas– curiosidad en científicos ansiosos por descubrir los mecanismos que expliquen la fuerte atracción que provocan los entretenimientos digitales. Ahora, expertos en Neurología y Psicología de Europa y Canadá investigaron por primera vez la relación entre las estructuras cerebrales y el uso de videojuegos, y descubrieron que los cerebros de los adolescentes con mayor apego a los videojuegos tienen características y reacciones similares a las que tienen las personas con tendencia al juego compulsivo y otras conductas adictivas. El trabajo no arroja conclusiones definitivas para explicar la afición a los videojuegos, pero –sin negar factores psicológicos– confirma que la inclinación hacia ellos tiene relación con estructuras y funciones orgánicas.
Para la investigación –publicada en la revista científica Translational Psychiatry – un grupo de expertos, encabezados por Simone Kuhn, de la Universidad Ghent, de Bélgica, clasificaron a 154 chicos de 14 años en función a la cantidad de horas semanales que les dedicaban a los videojuegos y, mediante resonancias magnéticas, observaron sus estructuras y reacciones cerebrales. Encontraron que los jugadores frecuentes tenían más desarrollado el estriado ventral izquierdo, un área del cerebro relacionada con la recompensa y el bienestar . A su vez, los científicos detectaron que los chicos que jugaban más liberaban en esa misma zona más dopamina, un neurotransmisor . Ambas características se dan en los cerebros de personas con tendencia hacia conductas compulsivas.
Sin embargo, aunque el trabajo podría resultar un buen aporte a la investigación sobre la afición –y tal vez la adicción– a los videojuegos, los científicos no pudieron establecer una relación de causa-efecto entre las estructuras y funcionamientos cerebrales que detectaron y la afición a los videojuegos. No se sabe si los adolescentes con esas características cerebrales tienden a ser fans de los juegos digitales o si, al contrario, el jugar mucho con ellos ocasiona esas peculiaridades cerebrales (benignas).
Ricardo Allegri, jefe de Neurología Cognitiva de Fleni e investigador del Conicet, y José Bueri, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Austral, coincidieron ante Clarín en que el trabajo de Kuhn y su equipo es valioso y aporta novedades en la investigación de la relación entre las estructuras cerebrales y el juego. Ambos profesionales señalan como antecedente trabajos en los que, tratando de explicar la tendencia al juego compulsivo de algunos enfermos de Parkinson bajo tratamiento, se encontraron en ellos las mismas características cerebrales que ahora se verificaron en los más aficionados a los juegos digitales. (Lo que no significa que exista alguna relación entre afición a los videojuegos y Parkinson).
“Según este trabajo, los que juegan más a los videojuegos tienen un perfil funcional parecido al de los jugadores compulsivos”, resume Allegri. Respecto de la liberación de dopamina, los científicos estudiaron la reacción cerebral de los chicos ante el éxito y el fracaso, y vieron que, ante el fracaso, quienes jugaban más a los videojuegos liberaban una gran cantidad de dopamina, situación que refleja la observada en los jugadores compulsivos. Sobre este punto, Allegri explicó que en los jugadores compulsivos la dopamina inhibe la frustración y así contribuye a que los individuos sigan jugando.
“El trabajo hace hallazgos interesantes, hasta ahora no se sabía qué áreas cerebrales intervenían en el uso de videojuegos”, concluye Bueri.

Adicción tecno

Según investigadores de la Universidad de Lancaster, Gran Bretaña, el uso excesivo de teléfonos inteligentes y otros aparatos similares entorpece los sentidos y aleja al usuario de las personas y de los problemas reales, de los que se tiende a escapar. Por otra parte, la adicción a la tecnología puede producir trastornos como depresión, insomnio y toda una serie de problemas relacionados con el estrés.

Datos del fenómeno

El videojuego Call of Duty: Modern Warfare 3 (en la foto) vendió 6,5 millones de copias en su primer día en EE.UU. y el Reino Unido. Según los creadores del juego, esas ventas, por us$ 400 millones, lo convierten en el mayor lanzamiento de la industria del entretenimiento.
Según la estadounidense Asociación de Software de Entretenimiento (ESA), en un 72% de los hogares de EE.UU. se juega a videojuegos.
Las ventas anuales de la industria del videojuego alcanzaron los us$ 56.000 millones en 2010, superando a la de la música grabada.
En la Argentina, en los últimos cinco años se duplicó el número de empresas dedicadas a los videojuegos.
clarin.com

viernes, 9 de diciembre de 2011

Las primeras señales de adicciones se advierten en el aula


El alcohol, la marihuana y la tecnología son las tres adicciones más frecuentes entre los estudiantes secundarios. Y el consumo comienza cada vez a edad más temprana: entre los 12 y los 13 años.
Esa es la coincidencia entre docentes, directores, funcionarios, alumnos y preceptores, los que advierten también que es en el aula donde se detectan las primeras señales de una posible adicción. Cambios de hábitos, de vestimenta o de compañías, irritabilidad, somnolencia, descuido en el aseo personal, son algunos de los aspectos a los que un docente debe, o debería, prestarle atención cuando se encuentra en clase delante de los chicos. Los profesores admiten, además, que este problema creciente los llevó a adecuar el discurso y las acciones preventivas a un lenguaje más llano y "fácil".
Román Giacobini, director del Colegio Nuevo Las Lomas, de San Isidro, está acostumbrado al cambio de los chicos, pero no se resigna. "Cada vez tenemos que prestarles más atención -dice-. La primera cosa que uno tiene que mirar es la retracción social, ver que cada día el chico está más hosco y hacerle un mínimo seguimiento de al menos dos semanas para ver si fue un episodio pasajero o permanente, antes de llamar a sus padres. Y ese seguimiento lo hacemos todos los que integramos el colegio".
Tanto Giacobini como Silvia Hernández, directora de Inclusión Escolar del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, como María Reitroz, preceptora de una escuela de Don Torcuato y profesora en otra de San Miguel, el psiquiatra infantil Aldo Tamai y el doctor Eduardo Kalina, profesor titular del posgrado en Adicciones de la Universidad del Salvador, entre otros consultados, coinciden en que hay que estar alerta ante los siguientes "síntomas":
-Los chicos comienzan a dejar de hacer las cosas que hacían habitualmente.
-Se duermen en clase.
-Están mareados, somnolientos y suelen tener la marcha inestable.
-Excitación y charlas desmedidas o irritabilidad sin causa.
-Cambian los habitos y empiezan por la vestimenta: se compran ropas de acuerdo con la tribu a la que pertenecen.
-Descuidan su aseo personal.
-Episodios de violencia o de agresiones.
-Hay cambios en lo social: se van de su grupo a otro donde los bancan.
-Repiten el discurso del traficante: "Fumar marihuana no hace nada".
"El tema del alcohol es tan bravo -dice María Reitroz- que si hay una fiesta el fin de semana la propia escuela recomienda que el lunes no asistan. Con todo, para mí es peor el uso de la tecnología: hay una adicción tremenda al celular y no pueden vivir si eso."
Giacobini, en ese punto, agrega que saca de 20 a 30 celulares por día (de un total de 200 alumnos) y que le han pedido de rodillas -literalmente- que se los devuelvan. Reitroz explica que sus alumnos han experimentado el síndrome de abstinencia cuando se olvidan el celular o el sistema Wi-Fi se "cae". "Los chicos sienten cólera, comienzan a agredirse y no hay cómo pararlos", finaliza.
¿Cuándo, entonces, hay que comenzar con la prevención? "O se empieza en el nivel inicial y primaria o se acabó la prevención. Los británicos empiezan a dar charlas de alcoholismo a chicos de cinco años", dice el doctor Tamai. Para él, el mensaje por transmitir en estos primeros años debe ser simple y claro. Por ejemplo, hablarles de que el humo hace mal y jugar o hacer pequeñas experiencias participativas, como visualizar de qué manera se ensucia un pulmón con aire que no es puro.
"A partir de segundo grado -dice el médico- hay que aprovechar los componentes fóbicos de los chicos y estimular el miedo a las consecuencia del consumo de drogas. Estos mensajes son mucho más fáciles de aprender en estas etapas tempranas, antes de la adolescencia, porque es vital insistir con los conceptos para que se instalen."
Hernández cuenta que la ciudad de Buenos Aires tiene un equipo de prevención que recorre las escuelas, y admite que cada vez se empieza a consumir alcohol y drogas a más temprana edad. Y señala que, según las zonas de la ciudad, las drogas que se consumen son diferentes (en las villas son las llamadas "pesadas", como el paco o la cocaína) y que el alcohol se vende en todas partes, a pesar de que está prohibido.
Julieta T, de 16 años, alumna de un colegio inglés de la zona norte, pidió el anonimato y dijo que es muy fácil conseguir marihuana cerca del colegio y mucho más el alcohol.
Pero ¿cómo se aborda el tema con los padres? Giacobini dice que hay que tener mucho cuidado porque los padres no creen que sus hijos beban o se droguen. "Les decimos que hemos notado una serie de actitudes no habituales en él que pueden obedecer a un principio de adicción. Esto también lo hacemos para que no salga a matarlo al hijo ni lo estigmatice, sino que lo ayuden."
Tamai dice que a los chicos hay que enseñarles cómo "funcionan las neuronas, y cuál es la función de los neurotransmisores, ya que ambos se dañan con el abuso de sustancias. No tengan miedo de decirles palabras difíciles a los chicos, de hablarles de neurotransmisores; ellos aprender. Si pueden decir Ipod y puede decir Bluetooth, pueden decir neurotransmisores".
Kalina aconseja que de estos temas se hable en las escuelas y se los enseñe en un lenguaje adecuado a cada edad, que se hable del peligro de las drogas desde los primeros años de escolaridad y que los chicos vean a sus maestros como amigos y no como policías, "porque si no insistimos se dedican a trampear mejor y con mucha habilidad".
PARA TENER EN CUENTA
  • Síntomas : algunos de ellos son que los chicos cambian sus hábitos y de grupos sociales, están mareados o somnolientos, descuidan su aseo y son protagonistas de episodios de violencia.
  • Con los padres : si bien suelen descreer que sus hijos beben o se drogan, los maestros apuntan a que los adultos no estigmaticen ni castiguen a los jóvenes.
  • Para los maestros : aunque tienden a angustiarse en un primer momento, lo ideal es hablar con los alumnos fuera del aula. La prevención y el diálogo son esenciales.
Hablar en forma clara, lo mejor en estos casos

l profesor Kalina, experto en adicciones, hizo hincapié en los educadores. "Los maestros tienden a angustiarse y el primer consejo es que traten de calmarse, ser continentes y llevarlo a la dirección o a otro lugar del aula y no hablar demasiado sobre lo que ocurre porque en los estados de alteración que producen las drogas no escuchan nada. Es recomendable hablarles a los otros, tranquilizarlos y tratar de que pregunten y contestarles en forma simple y directa. El otro paso es llamar a los padres o familiares, tratar el caso con ellos y buscar que concurran a un centro de tratamiento.
Kalina desaconseja la expulsión porque fomenta la rebeldía de los compañeros "y los estimula a tratar de engañar mejor, a perfeccionarse en la mentira. En cambio, incluir a todos e incluso buscar la ayuda de los compañeros resulta mucho mejor, pues nos permite enseñarles que estas conductas son enfermas y que esta enfermedad es muy grave, crónica y limita el desarrollo de los que caen en ella".
Finalmente aconseja que de estos temas se hable en las escuelas y se los enseñe en un lenguaje adecuado a cada edad, que se hable del peligro de las drogas desde los primeros años de escolaridad y que los chicos vean a sus maestros como amigos y no como policías, "porque si no insistimos se dedican a trampear mejor y con mucha habilidad".

Ir a la raíz del problema

uestra sociedad promueve el consumo como filosofía existencial y como método para la solución de todos los problemas.
La felicidad está en los objetos y, por ejemplo, se publicitan, en esa clave, remedios que nos hacen "seguir" aunque nos sintamos mal o estemos cansados, o bebidas que "derriten el hielo" de la timidez de jóvenes en los boliches. Toda esta iconografía es legal, pero es claro que da cuenta de una didáctica (discutible, por cierto) acerca de cómo es que se consigue la felicidad y cómo se sale de los problemas que la vida trae consigo.
A la hora de hablar de consumo abusivo o de adicción, en particular en referencia a los más chicos, se termina hablando de los celulares, del alcohol, de la droga..., pero no se habla con similar énfasis del estado psíquico o espiritual de esos jóvenes. Se lucha en contra de la adicción, pero no se hace demasiado a favor de una calidad de vida emocional y social que promueva, como fruto, conductas responsables, felices y saludables.
La interioridad de los jóvenes rebasa de emociones, las que muchas veces no tienen canales de expresión. Es así que esas emociones se "acumulan" dentro de los chicos, y éstos, en el afán de liberar o anestesiar esa energía (que se transforma en angustia), hacen "macanas" que son, a veces, de altísimo riesgo.
Por eso es tan importante ver a los chicos y chicas como algo más que potenciales adictos y entender desde dónde surgen las timideces que el alcohol los "ayuda" a sortear, qué quieren "comunicar" desde ese uso abusivo del celular o qué los atormenta como para "quemarse la cabeza" con el paco, la droga de la desesperanza absoluta...
Lamentablemente, la acción sanadora pretende circunscribirse a la obvia y deseable prohibición de lo nocivo, pero ese límite que reprima sanamente lo "malo" de las adicciones y sus promotores merece ser acompañado por la promoción de lo "bueno" en lo que a humanidad respecta, algo que genere entusiasmo y ofrezca sentido y valor a la vida.
lanacion.com

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Todo en la vida es adictivo

Exceso de trabajo
Para muchas personas hablar de adicción significa hablar de sustancias como alcohol, nicotina, cocaína o heroína.
Pero según le explica a la BBC en doctor Mark Griffiths, experto en adicciones de la Universidad de Nottingham Trent, Inglaterra, si podemos obtener una recompensa con algo, es posible hacernos adictos a casi cualquier cosa.
El costo social y de salud de los problemas de juego es enorme y tiene muchas cosas en común con las adicciones más tradicionales; por ejemplo, cambios en el estado de ánimo, problemas de relación, absentismo laboral, violencia doméstica y bancarrota.
Los efectos en la salud, para los jugadores y sus parejas, incluyen ansiedad y depresión, insomnio, trastornos intestinales, migraña, problemas vinculados al estrés, malestares estomacales y pensamientos suicidas.
Si las conductas como el juego de azar pueden convertirse en una adicción genuina, en teoría tampoco hay razón que impida que algunas personas se conviertan en adictos genuinos a actividades como los videojuegos, el trabajo o el ejercicio.
La investigación sobre jugadores patológicos muestra que estas personas, cuando se ven sometidas a abstinencia de juego, presentan al menos un efecto secundario físico, que puede ser insomnio, dolor de cabeza, pérdida de apetito, debilidad física, palpitaciones, dolor muscular, dificultad para respirar y escalofrío.
De hecho, comparados con los adictos a drogas, los jugadores patológicos parecen experimentar más efectos físicos por abstinencia cuando intentan dejar su conducta.

Entusiasmo exagerado o adicción

Pero entonces, ¿cuándo se convierte en adicción el entusiasmo excesivo por una actividad?Puedo pensar en muchas personas que se comprometen excesivamente en actividades pero no las clasifico como adictas porque no parecen experimentar ningún efecto perjudicial por llevar a cabo esa conducta.
En resumen, la diferencia fundamental entre un entusiasmo excesivo y una adicción es que los entusiasmos sanos enriquecen la vida pero las adicciones la empobrecen.
Para que cualquier conducta pueda ser definida como adictiva, tiene que haber consecuencias específicas, como el que ésta se vuelva la actividad más importante en la vida de la persona o la única forma con la que puede mejorar su estado de ánimo.
Además, pueden sentir la necesidad de incrementar gradualmente la cantidad de tiempo que le dedican a esta actividad porque si no lo hacen comienzan a experimentar síntomas psicológicos de abstinencia.
Esto puede conducir a conflictos con el trabajo y las responsabilidades laborales. El individuo puede incluso experimentar "recaídas" si intenta renunciar a su actividad.
La forma en la que se desarrollan las adicciones, ya sean químicas o conductuales, es compleja.
Una conducta adictiva se desarrolla por una combinación de la predisposición biológica/genética de la persona, el ambiente social en el que se desenvuelve, su constitución psicológica -como factores de personalidad, actitudes, expectativas y creencias- y la propia actividad.
Muchas adicciones conductuales son adicciones "escondidas". A diferencia, por ejemplo, del alcoholismo, esas no muestran síntomas obvios, como hablar con dificultad o no poder caminar en línea recta.
Sin embargo, una adicción conductual es un asunto de salud que necesita ser tomado seriamente por todos los profesionales de la salud.
Si el principal objetivo de los médicos es cuidar la salud de sus pacientes, entonces la concientización sobre las adicciones conductuales y los problemas las rodean debe ser una parte importante de su conocimiento y entrenamiento básicos.
Las adicciones conductuales pueden ser tan graves como las adicciones a las drogas".
bbc.co.uk

miércoles, 19 de octubre de 2011

ADICCIONES: 7 DE CADA 10 PACIENTES VUELVEN A TRATARSE

Solía decir, es más fácil renunciar al amor de tu vida que apartarte del tabaco … Quizás fuera más fácil renunciar al Gran Amor de tu vida que prescindir de la primera inhalación matutina … Mi primer recuerdo es el de estar consumiendo aquel primer cigarrillo, medio ahogándome al tragar el humo”.
Lo escribió Norman Mailler en una de sus mejores novelas, Los hombres duros no bailan . Es un relato angustiante, en el que Mailler describía la dolorosa sensación de mantenerse “limpio”.
Alcohol, tabaco, comida, juegos, drogas, psicofármacos. Las adicciones están ahí, agazapadas, acechando, una y otra vez para capturar a su presa. Y las estadísticas no hacen más que ratificar que no van a dejar a su víctima fácilmente: Siete de cada diez personas que se encuentra en tratamiento en el país, ya había hecho uno con anterioridad. Es decir, el 70 por ciento de los pacientes son reincidentes . Son datos oficiales, de la Evaluación de Programas de Tratamientos realizada por el Observatorio Argentino de Drogas que depende de la Sedronar.
“El porcentaje de adictos que no se recupera es mínimo”, asegura Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández. Damin cree que esas “recaídas” no son tales sino que forman parte del proceso de recuperación y que antes de hablar de adicciones, lo primero es distinguir entre un consumo problemático y uno no problemático. “Un chico que fuma un porro de vez en cuando no es un adicto, tampoco el que toma cuatro pastillas de éxtasis por año, e incluso a la guardia llegan chicos con una intoxicación aguda y no por eso son adictos”.
Entonces, para hablar de adicciones, lo primero es definir a quien se considera adicto. “Se tienen que dar tres condiciones: la dependencia física y psíquica de una sustancia, que esa sustancia tenga efectos sobre la persona, y que exista un entorno que lo favorece. Si alguna de esas tres cosas no se da, no podemos hablar de un adicto”.
Damin insiste en aclarar que sólo “ un porcentaje muy pequeño de las personas del universo de consumidores pueden considerarse como adictos ”. Y aporta otro dato para desmitificar la idea de adicto=drogadicto.
En el Hospital Fernández, el 54 por ciento de las urgencias por intoxicación es de personas alcoholizadas, el 6 por ciento de psicofármacos. Así, las principales causas de intoxicación son sustancias son legales.
Recién en tercer lugar se encuentran la cocaína y la pasta base con cinco por ciento cada una.
Los primeros escritos sobre adicciones, se pueden rastrear cuatrocientos años antes de Cristo, en el Filebo de Platón, donde describe los “falsos placeres” que provocan dolor. Se puede decir entonces que desde que el hombre es hombre ha invertido tanta energía en hallar nuevas drogas como en la forma de alejarlas.
Carlos Souza, director de la comunidad terapéutica Aylén, en Vicente López, coincide con Damin: “ un tratamiento es exitoso cuando mejora la calidad de vida de una persona o de su salud o logra reinsertarlo en la sociedad. Para mí gusto, los paradigmas de recuperación son excesivamente altos”.
El estudio del Observatorio traza un mapa sobre cuales son las alternativas que los pacientes tienen para enfrentar su adicción. En el estudio se relevaron 592 centros de todo el país, a los que se suman más de mil grupos de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos. La mayoría, 62 por ciento, son públicos. Y aunque más del 70 por ciento son servicios ambulatorios, en el país existen al menos diez opciones diferentes para tratar adicciones, desde los grupos de autoayuda hasta las comunidades terapéuticas.
Los especialistas hablan de una “memoria química”, huellas que las adicciones dejan en el cerebro. De como se logren dominar esas marcas, dependerá cuán lejos se pueda mantener a la adicción.
¿Pero qué pasa cuando el fantasma vuelve acercarse? Las respuestas son demasiadas. “Cuando hablamos de adicciones estamos hablando desde qué cosmovisión uno mira este fenómeno, yo, por ejemplo no estoy de acuerdo con las internaciones prolongadas”, señala Souza.
En Alcohólicos Anónimos, donde trabajan sobre la principal adicción de los argentinos, son terminantes. Allí, una copa es una recaída. La psicóloga Alicia Donghi, de AABRA, sostiene lo opuesto: “Son contados los casos en los que se deja por completo la sustancia. Yo pretendo la cura en un sentido modesto, cuando el individuo logra cierta responsabilidad con respecto a la sustancia que consumía. Si consigue calidad de vida pero aún sigue consumiendo, es un individuo recuperado”.
De acuerdo al informe del Observatorio, alcohol y pasta base mantienen los mayores niveles de reincidencias.
“ Adicción significa “sin palabras”, es decir alguien que no puede opinar –precisa el psiquiatra Bernardo Rovira– Es la condición de los esclavos. La personas se vuelven esclavas de una conducta que nace para calmar impulsos internos”. Rovira está a cargo del Programa de Trastornos en la Conducta Alimentaria del Hospital de Clínicas. Allí, trata una de las adicciones más complicadas porque es algo de lo que no se puede prescindir: la comida. En un relevamiento hecho en el Hospital, sobre 500 pacientes con trastornos, 47 por ciento presentaba síntomas de adicción, ya sea por lo que se denomina “síndrome de descontrol alimentario” o por algún tipo de bulimia. “Uno se cura – dice Rovira – en cuanto se puede dejar eso que provocaba la adicción, pero mi biología ya quedó marcada”.
En 1969, en pleno furor de heroína, Marianne Faithfull – una sobreviviente a los excesos y adicciones – escribió una de las canciones más bellas del rock, Sister Morphine, en la que rogaba “Hermana morfina, convierte mis pesadillas en sueños”. Pero hasta hoy, esa cura mágica sigue sin inventarse.

“Sos la cocaína y vos, nada más; es una pelea de todos los días”

Las arañas caminaban por las paredes y las cucarachas aparecían por todos lados. Tenía que dormir en la cocina, vigilando desde la ventana porque alguien –papá, la policía, un asesino serial– podía aparecer de un momento a otro. En el living, el televisor permanecía encendido día y noche. En un cenicero, las colillas de cigarrillo se acumulaban y en la mesita ratona, una línea siempre peinada.
Jorge pide contar su historia y no dar su nombre. No sabe cuántos días pasó así. Cree que se fueron acumulando hasta sumar tres meses. Pero sí tiene la certeza de que fue una noche de madrugada cuando no pudo más.
Era diciembre de 2009. Jorge llevaba trece años consumiendo algún tipo de droga. Alcohol, LSD, cocaína y marihuana. A veces por separado, a veces juntas. Pero todo se desbarrancó cuando cobró una indemnización y decidió metérsela entera por la nariz. “Lo único que me frenaba para no matarme era mi hijo. creo que por eso mezclaba todo, porque quería morirme de sobredosis hacía terminaba de una vez. Sos vos y la cocaína, nada más”.
Jorge vivía en Mendoza. Para cuando llegó el colapso a su vida, ya se había separado –su mujer también era adicta– y tenía un hijo de cuatro. Pero en Mendoza ninguno de los tratamientos le parecía confiable, así que viajó a Buenos Aires para internarse en la Fundación Aylén. “Lloraba todos los días, estaba solo y tenía un estado terrible de angustia”, recuerda.
Después de cumplir todas las etapas del tratamiento, empezó la reinserción. Regresar a Mendoza fue el peor error. Empezó por una copa y cuando se quiso dar cuenta estaba comprando cocaína: “Sólo no se puede, necesitás a alguien a quién contarle tus miserias. Cuando volvés a consumir la culpa es gigante, pasás un año de tratamiento y lo perdés en un segundo”.
Pero en alguna parte, algo había cambiado, y el mismo día en que empezó a aspirar una línea tras otra, llamó a Aylén. Eran las dos de la tarde. A las seis, estaba de regreso a Buenos Aires. Ya no piensa en volver a Mendoza, pero sí en conseguir trabajo y terminar abogacía. “Es una pelea de todos los días”, dice. Una pelea desigual porque lo que sobreviene cuando el cuerpo comienza a limpiarse tampoco es grato: “Te sentís desprotegido, con un montón de miedos”.

Un lugar de defensa, de límite a la invasión

Siguiendo a Freud, pienso que los “quitapenas”, en este caso el alcohol o las drogas, son procurados para producir aturdimiento, satisfacción sustitutiva, insensibilidad o anestesia.
Voy a desarrollar ahora la vía de la “satisfacción sustitutiva” y sus consecuencias. Es sabido que para Freud la droga es un recurso entre otras, cultural por cierto, mediante el cual un sujeto cuyo fantasma vacila, encuentra un precario suplemento para sostener la imagen de un deseo, sin poder simbolizar una satisfacción.
Hay otras técnicas mejor mediatizadas por lo simbólico, como por ejemplo la ficción artística, que alcanzan la ventaja de un goce, por haber sabido renunciar a la satisfacción directa.
El adicto solo se defiende de lo real, en cambio el artista sabe hacer con su defensa un producto de intercambio simbólico.[1] Cuando Freud comienza a trabajar el tema de la cocaína, su efecto lo denomina cancelación y lo relaciona con el dolor. Este dolor implica una sobrexcitación de cargas, que puede ser sintomático, como en las histerias, dolor de existir por la insatisfacción de un deseo o en la melancolía, por la pérdida de un objeto o incluso la manera de lidiar contra la angustia transformada en una forma de dolor. Freud las llama muletas, apuntan a lo real, no a lo simbólico, procuran un placer inmediato, escapar de la realidad y se genera una economía libidinal independiente del mundo exterior.
Queda claro que para Freud la droga ocupa un lugar de defensa, de límite contra la invasión de algo, nombrado como dolor. En el malestar en la cultura, plantea que ante el dolor de existir quedan dos recursos: desconocer el límite que el dolor impone a la felicidad insistiendo en una ilusión vana, o cancelar el dolor mediante algún lenitivo, los “quitapenas”. Entonces, la relación entre intoxicación y goce es una fantasía del adicto, la droga no es más que una defensa.
Existe una incitación de la sociedad para el consumo abusivo de alcohol vía publicidad, fiestas para adultos o organizadas para jóvenes, así como aceptación social del excesivo consumo de alcohol por adolescentes y la tan mentada falta de límites.
En el caso de la bebida –sobre todo con los adolescentes–llama la atención una modalidad de beber que es hasta caer “muerto” (beber una botella de vodka, gin, tequila o whisky en muy poco tiempo). No importa aquí, la diversión o el placer perdido, sino que el beber hasta darse vuelta está en lugar del placer.
Es un salirse rápidamente de la escena en la que tan ruidosamente intentaron incluirse.
Se busca más que una desinhibición para pasarla mejor, para facilitar el “levante”o “la seducción”, la experiencia corporal de vértigo y aturdimiento. Todo se consume en un tiempo record, hasta a veces la vida.

No hay una terapia definida para tratar a los enfermos

Desde la granja en las que se enseña a fabricar pan hasta la clínica donde se alojan los famosos. Desde la guardia de un hospital público hasta la comunidad evangelista. La oferta es variada. Existen en Argentina diez tipos diferentes de centros donde se ofrecen tratamientos para curar adicciones a algún tipo de sustancias, ya sea alcohol, psicofármacos o drogas ilegales.
A ellas, habría que sumarles también las fórmulas infinitas para curar el tabaquismo o la adicción a la comida.
Pero sí se trata de alejarse de sustancias non sanctas, los tratamientos más elegidos son los servicios ambulatorios: el 71,9 por ciento de los centros relevados ofrece estos servicios que permiten al paciente darle pelea a su adicción desde el mismo lugar al que luego tendrá que regresar.
En segundo lugar, la modalidad más frecuente es el consultorio externo, con un porcentaje similar: 65,4 por ciento.
Tanto desde el Observatorio Argentino de Drogas – que depende de la Sedronar – como desde el servicio de Toxicología del Hospital Fernández confirmaron que existe un crecimiento de los tratamientos ambulatorios.
“Hay una tendencia hacia el ambulatorio sobre lo residencial – señala Graciela Ahumada, a cargo de las Investigaciones del Observatorio –, sin embargo hay que tener en cuenta que no son contrapuestos y que siempre depende de la persona y de la etapa del tratamiento en que se encuentre”.
El estudio realizado por el Observatorio muestra la oferta de tratamiento en los 592 centros relevados pero deja al descubierto la falta de una política que tome a las adicciones como un tema de salud pública: el 35 por ciento de esos centros “no posee una línea terapéutica definida” , señala el estudio.
No es un dato menor, ya que el 70 por ciento de los lugares “tienen un patrimonio de origen público” y la principal falla detectada fue la “falta de recursos humanos capacitados para las distintas actividades”, algo que se registró en el 74,5 por ciento de los casos.
Tanto Carlos Damin como Ahumada coinciden en que la sanción de la ley sobre Salud Mental, que entró en vigencia a fines del año pasado, comenzó a inclinar la balanza en favor de los servicios ambulatorios.
La ley puso un freno para las internaciones compulsivas – que de todos modos se pueden seguir haciendo pero con más control – y también obligó a todos los hospitales públicos a brindar asesoramiento y asistencia para el tratamiento de las adicciones.
“La internación tiene que ser el último recurso – asegura Damin –, cuando ya se agotaron todas las instancias. Muchas veces, la internación era sólo una solución para la familia”.
Damin está convencido que además existe una mayor tolerancia hacia el consumo de drogas ilegales – impulsado por el debate sobre despenalización – y que poco a poco se fue desterrando el mito de que un cigarrillo de marihuana genera de inmediato un problema de adicción.

El cigarrillo: una adicción que mata como pocas

Cuando se fuma un cigarrillo, la nicotina, como un rayo, se distribuye por todo el cuerpo. En 10 segundos llega al cerebro y se libera el camino de la adicción.
Según los especialistas, el tabaquismo, que es la principal causa de muerte prevenible en la Argentina, afecta a “casi todos los órganos del cuerpo humano y deteriora la calidad de vida de múltiples maneras”.
Sólo en la Argentina hay unos 8 millones de fumadores, y cada año mueren 40 mil personas a causa del cigarrillo. En la Ciudad de Buenos Aires fuma el 31,9% de la población adulta. A diferencia de otros lugares del país, donde los hombres fuman mucho más, en la Ciudad las mujeres fuman casi tanto como los varones.
¿Qué hace la ciencia para combatir la adicción? Pierre Changeux, del Instituto Pasteur, descubrió cómo desactivar y después restaurar a ciertas proteínas de las células nerviosas del cerebro que ayudan a que la nicotina genere adicción.
La nicotina se adhiere a receptores llamados acetilcolina nicotínicos que están en la superficie de las células nerviosas del cerebro. Esos, a su vez, están formados por varias subunidades. La ciencia viene trabajando con esas subunidades, que cumplen un rol fundamental para desencadenar la adicción al cigarrillo. Gracias a esos estudios es que se busca obtener una droga que atempere o anule la adicción. Desde menor capacidad aeróbica hasta arrugas, pérdida del sentido del gusto y del olfato, el fumador sufre diversas consecuencias desde el momento en que enciende el primer cigarrillo.
clarin.com

lunes, 3 de octubre de 2011

Rehabilitación para los adictos y apoyo para sus golpeadas familias

martes, 20 de septiembre de 2011

Compras compulsivas: cuando ir de shopping es un problema

FELICIDAD EFIMERA. A LA ALEGRIA POR COMPRAR ALGO DESEADO SOBREVIENEN, LUEGO, EL ARREPENTIMIENTO Y LA CULPA.
Marcela (41) se compraba ropa una o dos veces al mes, como lo hacen la mayoría de las mujeres que trabajan y de vez en cuando se quieren dar un gusto para verse mejor. Sin embargo, con el tiempo esa actividad se fue haciendo una costumbre, hasta que le embargaron su sueldo por sus excesivos gastos. En la primera entrevista con la psicóloga, le confesó que todas las mañanas, antes de ir a trabajar, pasaba por los shoppings, escondía las bolsas en casa por vergüenza y hasta pedía prestado para poder seguir comprando.
Así como existe la adicción al trabajo, al sexo, al alcohol o a las nuevas tecnologías, también existe la adicción a las compras compulsivas. A este trastorno psicológico se lo conoce con el nombre de oniomanía y consiste en un impulso poderoso de comprar y no poder detenerse. En la Argentina no existen cifras sobre la cantidad de personas que lo padece, pero en España se calcula el 3% de la población tiene este problema y que las mujeres suelen ser las más afectadas.
“El oniomaníaco presenta todos los síntomas de cualquier otra adicción: falta de autocontrol, vivencia de vacío existencial, baja autoestima, ansiedades y depresión. Se trata de un comportamiento repentino e impulsivo que no presenta ningún tipo de previsión ni de prevención”, explica Adriana Guraieb, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Un aliado a la hora de alimentar esta compulsión son las tarjetas de crédito, ya que tener a disposición una o más de ellas pueden acentuar esas conductas en quienes llegan a contraer deudas muy altas sin pensar que luego hay que pagarlas. Además, esa situación puede llevar al adicto a sacrificar sus necesidades y compromisos adquiridos, empobrecer a la familia y perder el control de sus actos.

Para la psicóloga Beatriz Bergman existe una fina línea que divide la actividad (compra) y la adicción, y tiene que ver con la compulsión a hacerlo, al desenfreno, a mentir y a mentirse a sí mismo. “Es la compra por la compra en sí, sin capacidad de registro de qué se compra. Cuando deja de ser placentera para ocupar en la cabeza un lugar preponderante, hablamos de esta patología”, explica Bergman, directora de la clínica Integral de la Imagen.

Hace unos años se podía concluir que este tipo de adicciones eran sólo patrimonio femenino. Probablemente, por una tendencia de género, las mujeres están más estimuladas a comprar para verse más arregladas y atractivas, y el marketing del consumo las persuade más que a los hombres. Sin embargo, últimamente ellos no se quedan atrás y también hacen de su cuerpo un culto a la estética. Aunque en menor medida, los hombres también son víctimas de esta adicción.

“Comprar ropa puede conformar el deseo de estar actualizada y mejor preparada para acceder a un espacio laboral o a una relación sentimental. A la mujer se le atribuye la compulsión, pero la ropa es sólo un artículo a consumir. El hombre gusta de consumir muchos otros objetos, además de ropas. Hay un prejuicio machista cuando se habla de la mujer y las compras. De ellas, se dice que son compulsivas y de ellos, que son coleccionistas”, opina Any Krieger, miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

Las compras compulsivas se inician en la adolescencia, pero si se el individuo tiene una estructura psíquica predisponente se puede prolongar en la juventud. Ante una situación angustiante o frustrante, la persona puede acudir al consumo para paliar ese momento.

Para superar esta adicción, los especialistas sostienen que es fundamental que la familia se involucre para ayudar al ser querido. ¿Cómo? Haciéndole tomar conciencia de la conducta compulsiva, limitando el uso de la tarjeta y acompañándolo a pedir ayuda a un profesional cuando les resulta imposible manejar el impulso.
Claves
Cómo identificar a un comprador compulsivo
Pierde el control sobre las compras.
No le importa sacrificar sus necesidades básicas, como cobertura de obra social, pago de impuestos o de un crédito asumido.
Pone en riesgo a la familia.
El arrepentimiento llega cuando se concretó el consumo.
Su único tema de conversación son las compras.

Cómo salir de la adicción
Hacer una lista diaria y otra semanal de las compras a realizar y cumplirla.
Salir con el dinero necesario para lo que necesite adquirir.
Salir sin tarjetas de crédito.
Reconocer la adicción.
Compartirlo con la familia y amigos para dejarse ayudar.
Solicitar tratamiento psicológico.

La familia, una ayuda fundamental

Como en todas las adicciones, el sostén de la familia es fundamental para identificar el problema y salir adelante. Cuando la persona ya está atrapada, la familia debe intervenir de manera activa para, llegado el caso, solicitar ayuda psicológica, retirarle las tarjetas o mantener un estricto control. “Un punto fundamental es si la persona compra permanentemente cosas que no necesita y qué lo lleva a endeudarse”, dice Guraieb.
Es preciso que los seres queridos estén al tanto de estos comportamientos compulsivos porque así les será más fácil brindarles ayuda. Siempre es mejor hacerlo desde el diálogo y no desde la prohibición sin explicación, ya que esa reacción puede tornarse contraproducente. “La familia puede ayudar a organizar los gastos y a tomar conciencia de que las compras compulsivas están tapando algunas otras carencias. La idea es que los acompañen, contengan y los orienten para pedir ayuda. Es imprescindible establecer una alianza y tener la creencia de que se puede salir”, aconseja Bergman.
clarin.com