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domingo, 11 de marzo de 2012

Timidez, tristeza y rebeldía Nuevas “enfermedades” polémicas


“Tengo una pregunta que a veces me tortura: ¿estoy loco o los locos son los demás?”, confesó en vida el físico Albert Einstein. Era una pregunta que –de alguna manera- sigue vigente y hasta dispara protestas mundiales entre los psiquiatras. Porque la Asociación Americana de Psiquiatría de los Estados Unidos, que agrupa a 36.000 psiquiatras, armó una nueva edición del manual que clasifica y define a las enfermedades mentales e incluyó a emociones y situaciones de la vida cotidiana : la timidez, la tristeza por duelos y hasta la rebeldía de los adolescentes que mantienen discusiones con los adultos. Es decir, están a un paso de considerar como un “trastorno” a todas las emociones de los seres humanos.
La ampliación de los desórdenes mentales ya gatilló una polémica en el mundo de la psiquiatría. Es que el manual cuestionado es considerado como la “Biblia” de la psiquiatría: es el libro que usan generalmente las obras sociales, las prepagas, los médicos (especialmente los más jóvenes), los peritos judiciales y las autoridades sanitarias para tomar decisiones que tienen que ver con la inclusión de las personas bajo el rótulo de “paciente mental”. Además, el cambio abre la posibilidad de etiquetar a millones de tímidos, personas tristes por duelos o rebeldes sin causa y de esta manera aumentar la cantidad potencial de “consumidores” de medicamentos que pueden controlar o frenar los síntomas.
Ya 11.000 profesionales de todo el mundo firmaron un documento en el que le piden a la asociación de EE.UU. que no ponga en marcha el manual. El 5 de mayo próximo se hará la gran protesta que llaman “Occupy APA” (“Toma de la APA”) durante el congreso anual en Filadelfia.
“Será una protesta pacífica para advertir que el nuevo manual empuja a la industria de la salud mental a medicalizar problemas que no son médicos, e inevitablemente conduce a una sobreprescripción de drogas psiquiátricas , al incluir a gente que experimenta emociones humanas naturales como el duelo y la timidez”, dijo David Oaks, director de la ONG Mente Libre Internacional, que trabaja por los derechos humanos de personas con trastornos mentales. Y un editorial de la prestigiosa revista de medicina The Lancet expresó su preocupación por “medicalizar” el sentimiento de tristeza por duelo: “Es peligrosamente simplista y erróneo”.
En la Argentina, también existen diferencias entre los psiquiatras. “El manual empezó como un libro de asistencia para los enfermeros. Ahora es la Biblia, y presupone que al ponerle un rótulo se puede conocer más a cada paciente.
Estoy en desacuerdo con gran parte de los cambios.
Si una persona está triste por la muerte de su pareja o su hijo, es lo normal porque tiene que elaborar la pérdida. Si no estuviera triste, sería alarmante”, opinó Gustavo Dupuy, médico psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Y agregó: “Etiquetar a los chicos rebeldes con un trastorno mental también puede ser erróneo. Pueden estar señalando que los docentes no les dan clases interesantes o que hay conflictos en la familia”.
“Los psiquiatras debemos ser cautelosos. No podemos apurarnos a medicar cuando hay síntomas. Evaluar bien cada caso. A veces, es mejor esperar y ver qué encubren.
A presión y con pastillas, no todo se soluciona . Por ejemplo, si alguien es muy tímido, puede hacer terapia grupal sin la necesidad de que se lo etiquete como paciente mental que consuma fármacos”, consideró Gustavo Amido, jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Británico de Buenos Aires.
Pero otros psiquiatras están de acuerdo con el nuevo manual de clasificación.
Según Marcelo Cetkovich -Bakmas, jefe de psiquiatría del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, “ el nuevo manual es un gran avance porque incorporó los descubrimientos de estos últimos diez años de investigaciones psiquiátricas y en neurociencias ”.
El especialista agregó: “Será una herramienta para establecer hipótesis de trabajo con los pacientes. No se los intenta rotular. Por el contrario, se busca su bienestar. Por ejemplo, la timidez produce mucho sufrimiento en algunas personas y las relega social y laboralmente. Es válido que reciban tratamiento”.

Almas en la góndola

El doctor Shopping lo hizo: ya se puede medicalizar la vida. El riesgo es que el derecho a la salud se convierta en un objeto de consumo. O que la sociedad viva de manera insana por su extrema preocupación por no “enfermarse”. A propósito, la revista British Medical Journal reveló que ahora hay varias “no enfermedades” –como el envejecimiento, la calvicie, la celulitis, la fealdad, la infelicidad– que pasaron al campo médico. Es cierto que en algunos casos la medicina puede ayudar con una cirugía estética a aliviar un sufrimiento que no es causado por una enfermedad. ¿Pero acaso las heridas del alma se curan en un quirófano? La población está más medicada. ¿Goza de más salud?

El arte también reflexiona sobre “lo normal”

“¿Existe una diferencia entre ser feliz y pensar que es feliz?”, le pregunta el psiquiatra interpretado por el actor Mariano Chiessa a Diana, quien es la madre que protagoniza el musical Casi Normales , en el Teatro Liceo en Capital. La mujer lleva 16 años transitando entre la manía y la depresión. Pasa por la terapia con la palabra y la medicación. Luego, la hipnosis y el electroshock.
La obra, ganadora de un Pulitzer y tres Premios Tony en los Estados Unidos, cuestiona el rótulo de incluir a las personas como enfermas mentales. Y no es la única en cartelera que enfrenta los trastornos mentales.
Touche, doc es la comedia dirigida por María Onetto que trata sobre una madre, una hija y un psiquiatra que se modifican, enloquecen y sanan. En El cuarto de al lado , un investigador descubre una cura para la histeria. El 13 de abril, Fabián Vena y Juan Pablo Geretto, estrenan Rain Man , donde uno de los personajes padece autismo.
clarin.com

sábado, 22 de octubre de 2011

Trastornos psiquiátricos: La mente de José Bretón

El padre de los dos niños desaparecidos en Córdoba. | Efe
El letrado de José Bretón, padre de los dos hermanos desaparecidos en Córdoba, ha alegado que su cliente tiene 'mente bipolar' pues no distingue la realidad, algo que podría haber sido causado por su presencia en la guerra de Bosnia, de donde vino "muy tocado". Pero, ¿en qué consiste este trastorno? ¿A qué se refiere el abogado?
"El término 'mente bipolar' no existe", afirma Javier Quintero, psiquiatra del Hospital Infanta Leonor de Madrid. Este especialista señala que plantear la defensa con una enfermedad mental como una circunstancia eximente de responsabilidad penal "es una opción muy socorrida, que muchos abogados utilizan y que puede hacer mucho daño a personas con un trastorno psiquiátrico".
Quintero, que desconoce los detalles del caso cordobés, explica que quizás el abogado pudiera estar refiriéndose al trastorno bipolar, pero esa enfermedad "no es habitual que altere la capacidad de juicio. Se trata de una patología que genera cambios en el estado de ánimo, alternando fases depresivas con hipertimia (euforia o irritabilidad) y con eutimia (fase de normalidad). El trastorno bipolar no altera la conciencia, tan sólo en situaciones muy graves de manía podría generar interferencias en la toma de decisiones".
Para Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital General Yagüe de Burgos, el letrado puede estar refiriéndose a otra cosa: "un trastorno de personalidad o un trastorno postraumático. El primero se subdivide en dos categorías: borderline y ciclotímico. En el primer caso, las personas que lo sufren se caracterizan por una marcada inestabilidad emocional. "Son impulsivas y presentan desorden de los sentimientos. Además, tienen una falta de dirección en la vida y son muy volubles", señala Gándara. En cambio, el trastorno de personalidad ciclotímica, se caracteriza por periodos depresivos, con disminución de la vitalidad, con alternancia de estados de euforia, pero es un proceso mucho más lento, tardan meses en fluctuar".
En cuanto al trastorno postraumático, Gándara aclara que "es frecuente entre los militares que han estado en zonas de conflicto. En los años 60-70 hubo una alta incidencia en Estados Unidos debido a los soldados que venían de la guerra de Vietnam. Esta enfermedad sí podría explicar un comportamiento agresivo y desorganizado. Pero, por lo que parece deducirse de los detalles de la desaparición, todo indica a que ha sido algo organizado por lo que no coincidiría con las características de estos pacientes".

Un periodo de latencia

Sin embargo, Luis de Rivera, psiquiatra y autor del libro 'Síndromes de Estrés' señala que como parte del trastorno postraumático puede darse un trastorno disociativo. "Los rasgos de esta persona no llamarían la atención, porque se caracteriza por falta de expresividad asertiva y frialdad, desconexión con lo que está pasando y realización de actos que luego no se recuerdan. En su grado más extremo, se puede dar una personalidad doble, es decir, aquellas personas que se comportan de una manera en un momento y de diferente forma en otro, y luego no lo recuerdan".
Aunque lo más frecuente es que el estrés postraumático aparezca inmediatamente después de la situación traumática vivida, es decir, al poco de un accidente o de una guerra, "en algunos casos se da de forma diferida o retrasada. Puede estar latente durante años, sin dar problemas, o con síntomas poco llamativos y por tanto pasar desapercibido. Meses o años después, ante una situación estresante, puede aparecer una sintomatología diferente y más problemática", aclara de Rivera.
Este especialista está de acuerdo con sus colegas en que las características mencionadas no tienen nada que ver con el trastorno bipolar, ya que éste sólo supone una alteración del estado de ánimo.
Finalmente, Javier Quintero remarca que no se debe relacionar las enfermedades mentales con los actos violentos. "No hay mayor incidencia de acciones delictivas entre los pacientes psiquiátricos, más bien lo contrario, los pacientes con enfermedad mental tienden a ser más frecuentemente víctimas. Hemos de tratar con cautela las posibilidades de padecer una enfermedad mental en estos contextos, y especialmente su reflejo en los medios de comunicación, ya que puede hacer mucho daño a las personas con estas patologías, al generar confusión y derivar en una estigmatización de los mismos porque se asocia enfermedad mental y crimen".
elmundo.es

martes, 18 de octubre de 2011

El 38,2% de los europeos sufre algún trastorno mental

La depresión y el insomnio, entre los trastornos más comunes.| Afp
Durante tres años, unos investigadores han analizado la salud mental de 514 millones de ciudadanos de 30 países europeos (los 27 miembros de la UE más Islandia, Suiza y Noruega). Los resultados de su trabajo, presentados por el Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología (ECNP), muestran que el 38,2% -alrededor de 164,8 millones de habitantes- sufre un trastorno mental cada año, pero tan sólo un tercio de ellos recibe tratamiento.
Un panorama que lleva a Hans Ulrich Wittchen, director del Intituto de Psicología y Psicoterapia de la Universidad de Dresden (Alemania) y coordinador de la investigación a alertar de que "estos problemas se han convertido en el mayor reto europeo de salud del siglo XXI, por la discapacidad que producen y los costes sociales y económicos que conllevan".
En el ranking de trastornos mentales que más afectan a los europeos el primer puesto se lo lleva la ansiedad (14%), seguida por el insomnio (7%) y la depresión (6,9%) -que se ha disparado en las mujeres, entre quienes se ha duplicado la incidencia en las últimas dos décadas-. La dependencia del alcohol y las drogas también está bastante extendida (4%) así como el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, que padece el 5% de los jóvenes (entre 2 y 17 años). Por su parte, la demencia se mantiene en 1% de prevalencia hasta los 65 años y, a partir de los 85 se dispara hasta un 30%.
"Es necesario tomar medidas en todos los niveles para abordar esta situación, desde un incremento de la financiación para realizar estudios clínicos hasta campañas para concienciar a la gente y enseñarla a identificar estos problemas", reconoce Wittchen. Desde su punto de vista hay dos áreas prioritarias. "Primero, acortar la enorme brecha que existe actualmente entre el número de enfermos mentales y aquellos que reciben tratamiento. Estos trastornos suelen dar los primeros síntomas de alarma a edades muy tempranas y tienen un gran impacto en la persona con el paso de los años. Por eso, sólo cuando el tratamiento se inicia a tiempo puede prevenir complicaciones posteriores", declara.
En segundo lugar considera que "hay que tener en cuenta simultáneamente los trastornos mentales (depresión, ansiedad...) y neurológicos (infarto cerebral, traumatismos, Parkinson...) porque comparten muchos mecanismos de actuación y unos tienen impacto en los otros. Sólo una aproximación conjunta puede llevar a un mejor conocimiento de estos problemas y de sus causas".
El estigma que aún hoy rodea a muchos de estos problemas y la falta de conciencia pública sobre el impacto que tienen en la sociedad son, según los investigadores, "los mayores obstáculos para mejorar la situación".

Cada vez menos inversión

En cuanto al impacto económico, un estudio similar de 2005 -que se centró en una población de 300 millones de personas- estimaba que estas enfermedades costaban al sistema unos 386 billones de euros. Aunque los datos económicos del nuevo trabajo aún no han terminado de analizarse, los investigadores sí afirman, en declaraciones recogidas por la agencia Reuters, que "los costes serán considerablemente más elevados".
Un reciente estudio del ECNP alertaba además de que las principales compañías farmacéuticas estaban abandonando la investigación sobre trastornos mentales y enfermedades del cerebro. "A los ya bajos niveles de financiación por parte de la UE, la crisis ha obligado a retirar fondos para la investigación de nuevas moléculas, lo que supone la retirada de esperanza para los pacientes y sus familias", concluye ese informe.
elmundo.es

domingo, 3 de octubre de 2010

Caminar también previene trastornos mentales

Nora Bär
LA NACION
Quiérase o no, en gran parte de la psicología y la psiquiatría actuales quedan rastros indelebles del dualismo cartesiano que consideró la mente y el cuerpo como dos sustancias opuestas. Sin embargo, en su discurso inaugural del 17° Congreso Internacional de Psiquiatría, que acaba de finalizar en esta ciudad, el doctor Fernando Taragano, presidente del congreso y responsable del área de gerontopsiquiatría de la Asociación Argentina de Psiquiatras, lanzó una afirmación provocativa: que en un país cuya población envejece aceleradamente, la mejor intervención preventiva en salud mental para los próximos 30 años es... hacer actividades aeróbicas, como caminar, nadar, andar en bicicleta o bailar.
"Si la población sigue creciendo al ritmo actual, para 2040 tendremos más de tres millones de personas de 65 años o más, con ansiedad, depresión, insomnio y demencia vascular, afirma Taragano, también investigador de Cemic. Nuestra misión es prevenir, lograr que la gente no sólo viva más, sino también que viva mejor. Si pudiéramos convencer al 30% de caminar a paso rápido durante treinta minutos, cinco veces por semana, podríamos atenuar o evitar más de un millón de casos."
Y agrega: "Hacer actividad física trae innumerables beneficios en cualquier momento de la vida. Pero a cierta edad, la intervención aeróbica es un tratamiento médico".

Sorprende que proponga la actividad física para tratar problemas psicológicos. Solemos identificar la terapia psiquiátrica con el sillón de Freud...

Sin embargo, ambos enfoques no se oponen en absoluto. Tenemos que ampliar nuestro vademécum. En la Argentina, desde 1950 la población adulta se multiplicó por nueve, y la infantil, por dos. Esto significa que hay un número enorme de nuevos casos en los que la psicopatología vascular adquiere una dimensión que antes no tenía. Por eso no se le prestaba tanta atención. En estos y otros motivos de consulta psiquiátrica, como los trastornos del sueño, el estrés, la ansiedad y la depresión, la intervención aeróbica da muy buenos resultados. Lo que ocurre es que, de tan sencilla y obvia, ni los médicos ni los pacientes le dan importancia.

De cierto modo, ¿usted propone reconciliar el cuerpo y la mente?

Esto no significa ni ir en contra de las terapias ni contra los medicamentos. Pero eso sirve luego de un evento. Antes está la prevención, y en ese sentido, entre los factores más importantes que se pueden modificar, están los psicosociales. Sabemos que la caminata reduce el estrés, la depresión y la ansiedad.

¿Este tipo de intervención puede tener algún impacto en otros cuadros, como las psicosis?

Es una gran hipótesis, aunque no lo sabemos. Uno debería suponer que sí, porque, en realidad, el sedentarismo es contra natura. Nuestros genes están diseñados para la caminata. Si bien Internet y el automóvil son maravillosos, tienen como contrapartida el sedentarismo. Y tener fácil acceso al alimento también es fantástico, pero tiene como efecto adverso la combinación de grasas, azúcar y sal. Nuestros genes no están hechos para estas cosas. Por lo tanto, uno sospecharía que volver a la naturaleza nos devuelve beneficios en distintos dominios. Sí, hipotéticamente sería plausible pensar que también en otras dolencias puede haber beneficios y que se atenuarán muchos de los síntomas, aunque no erradique ni cure la enfermedad. De hecho, esto no es novedoso: mens sana in corpore sano.

¿Cuáles son los efectos probados de la actividad aeróbica?

Disminuye el riesgo de depresión, de ansiedad y de insomnio, y aumenta el nivel de energía y de bienestar.

¿Hay un momento preciso en el que debería implementarse?

Existe una ventana de oportunidad. Amar es hermoso en todas las edades, pero al principio de la existencia es configurante y constituyente de nuestra estructura mental. De la misma manera, hacer ejercicio en la juventud es muy bueno por múltiples motivos; pero después de los 50 años se transforma en una intervención médica, porque devuelve oxigenación, devuelve función al endotelio vascular y revierte muchos procesos de patología médica.

Si es tan sencillo practicarla, ¿a qué atribuye que no se utilice rutinariamente la caminata como terapia psicológica?

Me gusta muchísimo lo que se dice que dijo Epicteto 55 años después de Cristo. El se preguntó si acaso sería imposible modificar aquello que se cree controlar. Los psiquiatras y los psicólogos escuchamos a cada rato: "Yo, si quiero, mañana dejo de fumar", "Mañana empiezo a hacer gimnasia" o "La cocaína a mí no me controla; la dejo cuando quiero". Si uno cree que controla algo, difícilmente pueda modificarlo. Y, por otro lado, los psiquiatras todavía no sabemos cómo utilizar la actividad aeróbica en psiquiatría, porque esto es nuevo en todas partes del mundo, no solamente en Buenos Aires y en la Argentina, sino también en Suiza, en Austria, en Oxford... Tenemos que responder al impacto que el cambio de las estructuras poblacionales generan en la calidad asistencial.

¿La aceptan los pacientes?

Nos miran y nos dicen "no, doctor, deme una pastilla". La intervención aeróbica es mal aceptada, y sin embargo disminuiría el riesgo de muerte temprana, enfermedad cardíaca e hipertensión arterial, y hasta cáncer de colon. Ofrecerá mejor control del peso corporal, menores niveles de diabetes, aumento de la fortaleza ósea y mejoramiento del equilibrio. Y si las personas adultas van a ser tantas, más vale que sean sanas.

lanacion.com

miércoles, 26 de mayo de 2010

Los adolescentes que se autolesionan pueden sufrir otros problemas mentales

MARÍA SAINZ
MADRID.- No son pocos los adolescentes que se autolesionan: cortes en los brazos, golpes en las extremidades o pinchazos que suelen esconderse bajo la ropa. Y los médicos cumplen una función esencial a la hora de indentificarlo, medir su gravedad e intentar ofrecer soluciones para acabar con esa espiral autodestructiva, a menudo relacionada con otros trastornos mentales (como el de personalidad).
Janis Whitlock, de la universidad Cornell (EEUU) y autora de un artículo recogido en 'PLoS Medicine', analiza algunos rasgos básicos: es una acción compulsiva no premeditada (como lo es, por ejemplo, el arrancarse el pelo), periódica y repetitiva. Se incluyen bajo esta definición los arañazos, cortes, pinchazos, golpes, mordiscos, quemaduras...
Si bien es cierto que puede aparecer de forma aislada, a menudo coexiste con otros trastornos mentales. Por eso, aunque un adolescente sólo se haya lesionado una vez -que no suele ser lo más común- resulta esencial identificarlo como "un indicador de riesgo de cara a comportamientos peligrosos o una patología".
"En las poblaciones clínicas, se asocia fuertemente con el abuso infantil, especialmente el de tipo sexual. Y se ha relacionado con los trastornos alimenticios, el consumo de drogas, el estrés postraumático, la personalidad límite, la depresión o la ansiedad", indica la experta en vida familiar.
También se ha descrito su nexo con la intención de quitarse la vida. "Aunque la mayor parte de las veces no es un gesto suicida, estadísticamente se relaciona con ello y puede resultar en un daño severo no previsto o incluso en muerte", resalta.
A la hora de diseñar unas guías de abordaje resulta esencial, por lo tanto, tener en mente un posible desenlace fatal. Según Whitlock, combinar una terapia psicológica con la información sobre los servicios de emergencia así como algún tipo de psicofármaco parece ser una de las vías de actuación más adecuadas con estos pacientes.
Razones para hacerse daño
Son múltiples las posibles razones que les llevan a actuar de esta forma, principalmente las psicológicas. Sin embargo, una hipótesis sostenida por distintos trabajos, y mencionada en 'PLoS', sostiene una visión más biológica que mental y que tiene que ver con la presencia de menores niveles de opioides endógenos.
"En este modelo, la autolesión es fundamentalmente un remedio [...] Estas bajas cifras pueden ser el resultado de un historial de abuso, trauma o rechazo, o podrían haber aparecido de forma biológica como resultado de otros procesos", apunta el ensayo.
Como sugiere la evidencia acumulada hasta ahora, las mujeres son un poco más propensas a esta práctica, al igual que lo son los homosexuales y, sobre todo, las personas "que afirman ser bisexuales o que no tienen clara su orientación".
Por último, el mencionado documento ofrece a los especialistas un listado con los pasos a seguir si se encuentran con un caso de este tipo: detectar si hay riesgo de infección en las heridas; medir la severidad del trastorno; valorar si el paciente ya está recibiendo ayuda; identificar la presencia de otros posibles trastornos mentales y medir el riesgo de suicidio.


Qué empuja a los adolescentes a lesionarse
PATRICIA MATEY
MADRID.- Se cortan, se queman, se golpean la cabeza, se dan puñetazos, se amputan las orejas, la lengua o, incluso, los genitales. La autoagresión suele comenzar en la adolescencia y normalmente no busca encontrar la muerte, aunque constituye un factor de riesgo de suicidio en el futuro. Ahora, un grupo de investigadores belgas y británicos desvela cuáles son algunos de los factores que predisponen a este tipo de comportamiento y qué tipo de personalidad protege de la automutilación.
Lo han conseguido tras llevar a cabo una investigación con 490 adolescente de entre 16 y 19 años, estudiantes de varios colegios británicos. "Los trabajos teóricos y clínicos indican que, primeramente, la autolesión constituye una estrategia para regular las emociones. También cumple con el papel de solicitar ayuda a los demás", comenta Moïra Mikolajczak, del departamento de Psicología de la Universidad Católica Louvain en Bélgica y autora principal del estudio.
Para esta especialista, los mecanismos "por los que se produce la automutilación todavía no están claros, pero parece que funciona a través de tres trayectorias: la anulación de las emociones no deseadas [como fórmula para distraerse de sentimientos intolerables]; su materialización [hacer que la emoción se convierta en dolor tangible] y su transformación [la autolesión provoca la relajación de endorfinas, lo que ocasiona cierta 'analgesia' que provoca una sensación de bienestar]", destaca la investigación, publicada en el último 'British Journal of Clinical Psychology'.
Partiendo, por tanto, de la base de que la autoagresión "a menudo funciona como como una estrategia para regular las emociones, hemos realizado este ensayo bajo la hipótesis de que la personalidad es un factor que puede predecir este tipo de comportamientos, lo que es particularmente importante a la hora de pensar en prevención", destaca la doctora Mikolajczak.
Durante el estudio, los participantes realizaron varios cuestionarios. Uno sobre inteligencia emocional (adaptabilidad, rasgos de empatía, de felicidad y optimismo, adaptabilidad, autoestima, entre otros), otro sobre depresión, así como uno relacionado con la autoagresión.
Los datos constatan que hasta un 27% de los estudiantes incluidos en la investigación reconoció haberse autolesionado deliberadamente, con cortes, quemaduras o tomando una sobredosis de drogas recreacionales. Uno de los resultados sobre el que los autores hacen especial hincapié es en el hecho de que hasta "un 65% de los que confesaron autoagredirse padecía síntomas de depresión", reza el documento.
"Automutilarse es más común de lo que siempre hemos pensado. Las estadísticas, según las distintas investigaciones, hablan de una prevalencia de un 20% a un 40%. En nuestro trabajo la cifra está en un 27%, pero tal vez sea más preocupante aún el hecho de que un 21% de estos chicos y chicas que se autoagreden afirme que lo hizo con la intención de morir", comentan los investigadores.
Programas 'coaching'
Hasta ahora, la autolesión no había constituido un factor de riesgo grave de suicidio, "pero los testimonios recogidos en nuestro ensayo requieren de trabajos futuros con el fin de comprender mejor este fenómeno de cara a su mejor tratamiento y prevención", insisten el equipo internacional de científicos.
Lo que sí queda patente en el estudio es que los menores con niveles más elevados de inteligencia emocional son los que menos riesgos tienen de llevar cabo este tipo de comportamientos autodestructivos. "Por el contrario los que más se automutilan son los que han obtenido puntuaciones más bajas en las pruebas de inteligencia emocional, los que peor se adaptan a las situaciones, más se autocritican y más culpables se sienten", declaran los autores.
La parte positiva de estos hallazgos queda reflejada en el hecho de que "si los resultados de nuestra investigación se repiten en estudios futuros, sabemos que la incorporación de programas 'coaching' [aquéllos que ayudan a las personas a encontrar lo mejor de sí mismas y buscar el camino entre lo que son y lo que quieren ser] sería una buena estrategia para la prevención y tratamiento de la autolesión", concluyen los científicos.

Uno de cada seis adolescentes de EEUU se autolesiona
REUTERS
NUEVA YORK.- El número de adolescentes que se realizan a sí mismos cortes o quemaduras deliberadamente está creciendo a medida que la idea se difunde en blogs, canciones y en las escuelas. Los últimos datos estiman que uno de cada seis adolescentes estadounidenses realiza esta práctica.
El investigador David Klonsky ha pasado cinco años estudiando por qué las personas se hieren a sí mismas. De acuerdo con sus datos, uno de cada seis adolescentes de EEUU se autolesionan y usan este comportamiento para lidiar con sentimientos de depresión o ansiedad.
La estudiante de Nueva York, Laura McIntyre, es una joven que se autolesionaba durante su adolescencia. McIntyre tenía unos 15 años cuando comenzó a utilizar cuchillas de afeitar para cortarse en los brazos justo después de que su hermano fuera enviado a prisión y su padre se marchara con el Ejército a Irak.
La joven asegura que el dolor era un alivio para su angustia emocional. "Comprobé que esto me distraía del trauma emocional. No era una suicida, pero estaba deprimida", dijo McIntyre, que ahora tiene 20 años y estudia Psicología en el Hunter College de Nueva York.
"Primero me las arreglé para esconderlo con camisas de manga larga pero me volví completamente introvertida. Cortarme era lo único que hacía con ganas", señaló.
La joven ha explicado que sacó la idea de hacerse daño de su hermano, que también se hacía cortes en su cuerpo. "Pero mi madre empezó a darse cuenta de trapos y pañuelos y sábanas ensangrentadas. La excusa de tener una hemorragia nasal sólo dura un tiempo. Me llevó a un terapeuta", ha agregado McIntyre que, con la ayuda de los especialistas, consiguió dejar de lesionarse hace unos dos años.
Comportamiento vinculado a la depresión
Klonsky, profesor de Psicología en la Universidad de Stony Brook en Nueva York, dijo que el número creciente de adolescentes que se autolesionaban en los últimos años le había motivado a realizar este estudio.
Históricamente las autolesiones se han considerado un comportamiento extraño asociado con el suicidio y varias enfermedades mentales. Sin embargo, la investigación, que incluye entrevistas a unos 40 estudiantes que se infligen daños y analiza tres décadas de estudios sobre el tema, halló que a menudo estaba vinculado con la depresión, pero no con el suicidio.
"La gente está comprendiendo que en realidad esto es muy diferente del suicidio. Es un mecanismo para lidiar" con distintas emociones, dijo el investigador.
"Lo más sorprendente para mí fue lo consistente que era el estereotipo de las personas que hacen esto habitualmente. Hay una acumulación abrumadora de emociones negativas como frustración, ansiedad o soledad y luego las autolesiones le dan un sentimiento de alivio de la presión emocional", añadió Klonsky. El experto explicó que estas personas "después se sienten tranquilas, relajadas, pero al día siguiente se sienten enfadadas o avergonzadas". Klonsky, cuyo estudio se publica en la edición de este mes de 'Clinical Psychology Review', dijo que la cantidad de personas que se autolesionan está en aumento, a medida que esta práctica recibe más publicidad.
Realizar heridas al propio cuerpo es una actividad que se realiza en soledad y suele mantenerse en secreto. "Las autolesiones están en muchas letras musicales, y muchos actores y músicos están abiertos a contar sus historias de autolesión", dijo Klonsky.
"La mayoría de los adolescentes han escuchado sobre esto y algunos lo intentarán. Muchos lo hacen solos, pero en algunas tribus urbanas, como los círculos góticos, es la marca de pertenencia y unión", agregó el autor del estudio.
Klonsky señaló que esta conducta se está convirtiendo en un problema importante en las escuelas de Estados Unidos, Reino Unido y Australia, y que los profesionales no saben cómo manejarla. "Comprender por qué las personas se autolesionan es un primer paso hacia la prevención y la intervención", concluyó el investigador.
elmundo.es

jueves, 11 de marzo de 2010

Hijos de padres "peleadores", más propensos a padecer problemas psíquicos

Científicos franceses aseguran que la historia familiar influye en el incremento de la posibilidad de ejercer violencia conyugal y maltrato hacia los hijos, o de sufrir depresión. Especialistas destacan que puede haber un "modelo" pero trabajar sobre los hechos hace posible no repetir lo vivido
De acuerdo con un estudio publicado recientemente en la revista especializada Journal of Epidemiology and Community Health "los hijos de padres 'peleadores' (es decir esas parejas que discuten permanentemente), serían más propensos a tener problemas de conducta así como también alteraciones en su salud mental durante la adultez".
Tal como consta en la publicación -órgano de comunicación oficial de la Society for Social Medicine- "la exposición de un niño a la violencia por parte de sus padres es hoy considerada como una forma particular de maltrato que puede tener serias consecuencias en los chicos".
A fin de conocer un poco más sobre la temática, Pro-Salud News dialogó con una experta en el tema, la licenciada Alejandra Libenson, psicopedagoga, psicóloga y terapeuta especialista en Crianza y Vínculos Familiares.
"Cuando pensamos y consideramos la historia psíquica de una persona, tenemos que hacerlo en términos de causa-efecto. De manera que si bien no es posible afirmar que una mujer o un hombre por haber tenido una familia disfuncional vaya a tener elecciones del mismo tipo en su vida adulta, sí es verdad que la historia familiar suele operar como modelo, generando además una cierta predisposición a repetir formas de vincularse, no sólo con una pareja sino también en el ámbito social".
"Desde este punto de vista, si no se trabaja sobre el tema que haya generado un conflicto o tenido cierto efecto traumático, es posible que una persona replique durante su adultez en forma activa aquello que como niño vivió de manera pasiva", continuó la especialista, autora del libro "Criando hijos, creando personas" que ya va por su segunda edición.
"Entonces, lo mejor que se puede hacer es identificar las cuestiones que es necesario revisar porque, en la medida que uno pueda elaborarlas, éstas no serán algo recurrente, que aparezca espontáneamente y sea difícil de manejar o dominar", expuso la licenciada Libenson.
Por su parte, el doctor José Eduardo Abadi, médico psiquiatra y psiconalista, dijo: "Las peleas y discusiones dentro de una pareja y por ende de una familia, no sólo afectan a los chicos sino también a las personas que protagonizan esa situación, el hombre y la mujer. Por ende, siempre es preferible, dentro de lo posible evitar ese tipo de momentos para no alterar la armonía familiar y no abrir el camino para las consecuencias a futuro".
Sobre el estudio
Para llegar a esta conclusión, los investigadores franceses analizaron la vida de 3.023 adultos, realizando entrevistas en las cuales se consideraba la situación actual de los voluntarios (afectiva, social, laboral, económica, familiar), aunque también sus antecedentes indagando, por ejemplo, si sus padres se peleaban cuando ellos eran chicos, qué tipo de discusiones y por qué motivo tenían, si se había producido un divorcio en la familia, si se habían generado situaciones de abuso físico, sexual, de violencia o maltrato, y si existían antecedentes de alcoholismo.
También -ya tomando como referencia la vida adulta de los voluntarios para entender si existía relación con su pasado- se consideraron factores como la tendencia a la depresión (o el desarrollo del cuadro), los deseos suicidas y las actitudes frente a la pareja y los hijos.
De los 3.023, el 16 por ciento admitió haber sido testigo de episodios violentos entre sus padres antes de cumplir 18 años, mientas que la gran mayoría refirió que además de esos antecedentes, la situación financiera, la crisis, el miedo al futuro o la incertidumbre con respecto a éste, el estrés, la situación de pareja, las enfermedades de los mayores y el desempleo son condiciones que pueden influir en el desarrollo de un episodio desagradable.
"Luego de considerar todas las variables -tanto las mencionadas por los voluntarios como las que ellos mismos relataban sobre su historia- concluimos que aquellos adultos que de niños habían estado expuestos a numerosos episodios de violencia, peleas o discusiones entre sus padres, presentaban 1,4 más posibilidades de sufrir depresión, tres veces más chances de verse involucrados en episodios de violencia conyugal y cinco de ejercer maltrato sobre sus hijos", sostuvieron los responsables del estudio.
"La idea de este análisis no es juzgar sino concientizar sobre lo importante que es brindarle a los chicos un ambiente familiar armónico y de amor en el cual puedan desarrollarse plenamente", concluyeron.
infobae.com

sábado, 10 de octubre de 2009

TRANSTORNOS DE LA INFANCIA


Debido a la aparente naturaleza libre de preocupaciones de sus vidas, se solía pensar, que los niños, no sufrían trastornos mentales y emocionales. Sin embargo, los estudios indican que los niños sufren en realidad de trastornos, que habitualmente se creían reservados a la edad adulta. Los trastornos de aprendizaje y conducta, abuso de drogas, enfermedades como el autismo, la depresión y el suicidio, son comunes en nuestra población infantil.
Cuando un niño desarrolla trastornos mentales, o emocionales, los padres suelen culparse a sí mismos. Sin embargo, los trastornos de la infancia son causados por una combinación de varios factores. Es importante reconocer el problema y buscar tratamiento tan pronto como sea posible.
A menudo estas enfermedades, pueden ser tratadas en forma efectiva, permitiendo que nuestros niños se conviertan en adultos felices y productivos.
Tipos de trastornos de la infancia.
El primer paso que hay que tomar, es reconocer y comprender algunos de los trastornos comunes en los niños.
Trastornos Del Ánimo.
La depresión clínica, el trastorno maníaco depresivo (también llamado trastorno bipolar) y la manía, son trastornos que causan cambios en el ánimo del niño.
Se considera a la depresión, como el trastorno mental más común. A menudo se la confunde con el “estar triste” y por lo tanto, no se le da el debido tratamiento. La depresión, es causada por varios factores, desde desequilibrios químicos pasando por influencias ambientales, hasta los factores genéticos.
La depresión clínica, hace que la gente se sienta desesperanzada, agotada, o inútil. Más que cambios de ánimo, la depresión clínica puede causar problemas con el sueño, el apetito, la autoestima, las actividades cotidianas y la salud física.
El trastorno maníaco depresivo (trastorno bipolar) produce cambios de ánimo que van de la depresión profunda a la euforia anormal o “aceleramiento.” La hiperactividad, ideas dispersas, fácil distracción, irritabilidad y temeridad ,concurren también en el trastorno bipolar durante los episodios maníacos.
Trastornos De Ansiedad.
Algunos temores son comunes en los niños. Pero cuando éstos no desaparecen con el tiempo, pueden ser signos de trastornos de ansiedad. Los trastornos de ansiedad, se presentan en diferentes formas y pueden ser experimentados en forma distinta por cada persona. Pero su factor común, es el sentimiento de terror constante, miedo, o preocupación más allá de las reacciones normales al peligro.
Las fobias, son temores irracionales a objetos, o situaciones que no pueden ser superados con explicaciones, o acciones racionales. No deben ser confundidas con los temores infantiles normales que pasan con el tiempo, como el miedo a la oscuridad, ya que las fobias son tan severas, que dificultan la vida normal de la víctima.
Las fobias específicas,, son normalmente temores a objetos o situaciones particulares. Las más comunes, son los temores a los animales, a las alturas, miedo a los lugares cerrados y miedo a volar en avión.
Las fobias sociales, hacen que la gente tenga miedo de ser vista o humillada mientras realiza una actividad de naturaleza social, como comer, o dar un discurso, debido a la expectativa de una evaluación negativa. Algunas personas con fobias sociales, temen y evitan todo contacto con otros.
Las personas con agorafobia,( trastorno de ansiedad), a menudo, tienen ataques de pánico y temen encontrarse en situaciones en las cuales no pueden obtener ayuda o de las cuales no pueden escapar. A menudo, este miedo paralizante, causa que las víctimas permanezcan aisladas en sus hogares.
El trastorno de ansiedad de separación, está marcado por una ansiedad intensa, o pánico cuando el niño es separado de sus padres, u otras personas amadas. Este trastorno puede resultar tan drástico como para perturbar las actividades normales. A menudo los niños con trastorno de ansiedad de separación, se pegarán a sus padres, o tratarán de permanecer cerca de ellos donde sea que éstos vayan. Pueden negarse a jugar fuera, a pasar la noche con un amigo, e incluso a salir a hacer mandados. Este trastorno, también se caracteriza por molestias físicas como dolores de cabeza, nausea y vómitos, pudiendo presentarse también palpitaciones cardíacas y mareos. La ansiedad de separación, puede explicar por qué algunos niños se niegan a ir a la escuela.
Los trastornos de la conducta, son considerados el mayor grupo de enfermedades psiquiátricas de los niños. A menudo comienzan antes de la adolescencia y sus síntomas son confundidos con la delincuencia juvenil, o con la confusión propia del crecimiento. Algunos comportamientos comunes son el robo, la mentira constante, la crueldad, la destrucción deliberada de la propiedad, peleas (con o sin armas) e incluso la violación.
Existen muchos estudios acerca de las causas biológicas, psicológicas y sociológicas de los trastornos de la conducta, pero como en el caso de muchos otros trastornos, los trastornos de la conducta, posiblemente sean causados por varios factores. Los trastornos de la conducta, no pasarán con la edad, y por lo tanto su tratamiento es fundamental.
Trastorno De Falta De Atención.
El trastorno de falta de atención,afecta la capacidad de los niños de concentrarse, aprender y mantener un nivel de actividad normal. La actividad excesiva, la impaciencia, la distracción constante, el cambio de una actividad a otra y el sueño agitado, son comunes en el trastorno de falta de atención. Sin embargo, estos comportamientos, pueden desarrollarse como resultado de otros problemas tales como la incapacidad de ver, u oír adecuadamente u otras enfermedades físicas,o emocionales. Un médico debe llevar a cabo un examen exhaustivo, para diagnosticar el trastorno de falta de atención y/o descartar otros problemas posibles.
Autismo.
El autismo es el más obstaculizante de los trastornos del desarrollo extendidos: una serie de trastornos que afectan las capacidades intelectuales, las respuestas a los sentidos, y la capacidad de comunicarse. Los niños autistas,no pueden desarrollar relaciones normales con los demás, ni siquiera con sus padres. Durante las primeras etapas de la infancia pueden resistirse a las muestras de afecto, o pegarse permanentemente a alguien. A medida que crecen, pueden no buscar que los reconforten cuando se hieren y por lo general, preferirán jugar solos. Los niños autistas, tienen dificultad para comunicarse porque no desarrollan habilidades lingüísticas. Pueden no utilizar las palabras en forma correcta, o pueden desarrollar un lenguaje propio.
A veces, los niños autistas pasan por períodos de movimientos corporales repetitivos. Pueden preocuparse o relacionarse en forma extrema con, objetos específicos. Los niños autistas generalmente necesitan orden en su ambiente y suelen seguir rutinas estrictas.
Indicios y Síntomas.
Los niños que sufren trastornos mentales, o emocionales pueden mostrar uno o más de los siguientes comportamientos:
o Hablar de suicidio, o amenazar a otros
o Mostrar sentimientos prolongados de tensión, o ansiedad intensa
o Tener cambios súbitos en los hábitos alimenticios y/o de sueño
o Tener pensamientos y habla atípicos
o Mostrar cambios de ánimo y comportamiento súbitos y/o drásticos
o Buscar el aislamiento de los amigos y la familia
o Mostrar falta de interés en sus actividades favoritas
o Sufrir la falta de energía
o Tener molestias físicas que ocurren aparentemente sin causa
Tratamientos.
Los profesionales de la salud mental, brindan una amplia gama de terapias y tratamientos efectivos, basándose en avances significativos en los procedimientos y tecnologías disponibles. Tal como las enfermedades mentales de los adultos, los trastornos de la infancia, generalmente necesitan una combinación de terapias de apoyo y de medicación ya sea en el hospital, o como pacientes externos.
Normalmente se prescribe medicación para trastornos de la infancia y ésta ha demostrado ser una herramienta cada vez más efectiva. Este tipo de tratamiento, necesita de una cuidadosa supervisión por parte de un médico y está dirigida a corregir los desequilibrios químicos asociados con estos trastornos. Como todos los fármacos, estos medicamentos pueden tener efectos secundarios.
La psicoterapia enfoca la respuesta emocional de los trastornos de la infancia. Enfrentarse con eventos dificultosos de la vida es particularmente difícil para los niños que sufren enfermedades mentales ,o emocionales. Los psicoterapeutas ayudan a los niños a comprender sus emociones y a tratar sus problemas de un modo más confiado y saludable.
Entre las terapias de apoyo se encuentran un número de actividades designadas para mejorar el tratamiento de los trastornos de la infancia.
Los tratamientos de medicación, psicoterapia y terapias de apoyo más exitosos están diseñados de acuerdo con las necesidades individuales del niño bajo la supervisión permanente de un psiquiatra -un médico que se especializa en trastornos de la infancia.
Fuente:Harris County Psychiatric Center

domingo, 22 de febrero de 2009

Dormir mal causa trastornos mentales


Emma Young New Scientist
LONDRES.- Cualquiera pensaría que una persona con un trastorno psiquiátrico duerme mal a causa de su enfermedad. Pero hoy existe una interpretación drásticamente diferente: propone que el déficit de sueño puede, de hecho, ser la causa de algunas de estas enfermedades o, por lo menos, que llevaría a las personas a comportarse de manera que los doctores le atribuyeran problemas mentales. La buena noticia es que los tratamientos del sueño podrían ayudar e incluso curar a algunos de estos pacientes.
Nadie sabe cuántas personas pueden entrar dentro de esta categoría. "Es terrible -opina Matt Walker, psicólogo de la Universidad de California en Berkeley-. ¿No debería ser importante para nosotros como sociedad saber si el tres, el cinco o el cincuenta por ciento de las personas diagnosticadas con problemas psiquiátricos en realidad sólo sufren de un sueño anormal?"
Primero tendríamos que saber cómo y hasta qué punto los desórdenes del sueño pueden ser responsables de los problemas psiquiátricos. Los médicos que los estudian notaron hace mucho que el sueño errático de alguna manera se relaciona con estas condiciones. Los adultos con depresión, por ejemplo, son cinco veces más propensos a tener dificultad para respirar al dormir que una persona sana, mientras que entre un cuarto y la mitad de los niños con desorden de hiperactividad y déficit de atención (ADHD, según sus siglas en inglés) sufren de complicaciones del sueño, comparados con sólo el 7% de los otros chicos.
"Era más fácil suponer que el paciente deprimido o esquizofrénico no puede dormir bien, sin preguntarse si la relación casual no sería la inversa", dice Robert Stickgold, investigador del sueño de la Universidad de Harvard. La suposición de que dormir mal era un síntoma más que una causa de las enfermedades mentales era tan fuerte que nadie la cuestionaba, más allá de que existen estudios para demostrar esto último.
Insomnio
En 1987, por ejemplo, Patricia Chang y sus colegas de la Universidad Johns Hopkins, de Baltimore, hicieron un estudio con 1053 estudiantes a los que siguieron durante alrededor de 34 años después de su graduación. Durante este período, 101 de ellos sufrieron depresión clínica y 13 se suicidaron. Resultó que los estudiantes que afirmaron tener insomnio eran dos veces más propensos a desarrollar depresión que los demás.
El equipo, entonces, concluyó, con ciertos reparos, que el insomnio era indicativo de problemas de mayor riesgo. Stickgold va incluso más lejos. El cree que el estudio muestra que el insomnio puede predisponer a las personas a la depresión.
Paul Peppard, de la Universidad de Wisconsin-Madison estudió la relación entre la depresión y el desorden de respiración al dormir (SDB, según sus siglas en inglés). En la apnea del sueño, la forma más común de SDB, se bloquea la tráquea, lo que hace caer los niveles de oxígeno y nos despierta temporalmente. Peppard halló una relación entre los trastornos del sueño y la depresión.
Dormir mal también puede explicar algunos comportamientos característicos de otras enfermedades mentales. Hay muchas evidencias que sugieren que puede llevar a personas con desorden bipolar a tener episodios maníacos, según un artículo publicado en mayo último. Stickgold cree que también estaría relacionado con un problema muy común de la esquizofrenia, el no poder dominar las habilidades para usar grandes maquinarias. Mientras en las personas sanas las habilidades motoras mejoran durante la noche, el equipo de Stickgold encontró que los pacientes con esquizofrenia crónica no lo logran.
Los investigadores identificaron una falla específica en un componente del aprendizaje de procedimientos que depende del sueño; de modo que, en teoría, un mejor sueño reduciría estos síntomas.
¿Cómo es, entonces, que dormir mal desencadena problemas de conducta y psicológicos?
Algunas explicaciones son obvias. Por ejemplo, todo padre sabe que cuando los niños están cansados se vuelven hiperactivos y no somnolientos. Las disrupciones durante el sueño también acarrean un aumento de los niveles de las hormonas del estrés, que producen ansiedad durante el día, un componente de muchos de los desórdenes psiquiátricos. Además, ahora parece ser que también interfiere con la habilidad cerebral de procesar emociones y reaccionar a estímulos emocionales de manera apropiada.
Si bien es sabido que dormir mal una noche hace que uno esté más irritable al día siguiente, Walker y sus colegas descubrieron evidencia clave de por qué esto es así. Su estudio reveló que en las personas privadas de sueño, la amígdala (una parte primitiva y emocionalmente reactiva del cerebro) no lograba comunicarse con el lóbulo prefrontal, que en general controla la parte emocional del cerebro. "La razón por la cual no nos volvemos locos cuando alguien dice algo que no nos gusta es porque tenemos una corteza prefrontal muy desarrollada, que actúa como freno emocional", explica Walker.
La pérdida de comunicación entre la amígdala y el lóbulo prefrontal, entonces, podría ser una de las maneras en que la falta de sueño puede crear síntomas psiquiátricos.
Cada vez hay más evidencias de que en particular el sueño REM ayuda al cerebro a procesar recuerdos. Si se daña este mecanismo, esto podría causar problemas psicológicos, tales como el desorden de estrés postraumático.
Queda claro que todavía hay mucho trabajo por delante para desentrañar los caminos que unen los trastornos del sueño con los desórdenes psiquiátricos. Entre las anormalidades que todavía hay que explicar está el hecho de que las medicaciones antidepresivas reducen el sueño REM y, sin embargo, son muy efectivas. También existe el descubrimiento inexplicable de que muchas personas con depresión aseguran sentirse más felices después de una noche sin dormir.
Sin embargo, en cuanto a cómo y hasta qué punto exactamente los desórdenes del sueño son responsables de problemas psiquiátricos, Walker sostiene que "hace cinco años estas preguntas no estaban siquiera en el mapa de nadie, ni siquiera de los científicos. El hecho de que ahora nos las hagamos significa que, inevitablemente, llegaremos a responderlas".
lanacion.com