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lunes, 24 de octubre de 2011

El lugar y el orden, clave en las etiquetas de los alimentos

Puesto del Mercado de la Boquería en las Ramblas. | Santi Cogolludo
Han estado en el centro del debate de muchos gobiernos y finalmente ganaron la batalla, ¿o no? Las etiquetas nutricionales han pasado la criba de muchos recelos para situarse, con el respaldo de la ley, en los envases de los productos alimenticios. Sin embargo, parece que esto no es suficiente para llamar la atención del consumidor. A pesar de que todos presumimos de fijarnos en los ingredientes de lo que tomamos, parece que esto es más una pose que una realidad. Según un estudio, tan sólo el 9% de los compradores fija su mirada al contenido calórico de la cesta de la compra y un 1% al resto de componentes como las grasas o los azúcares. Además, el lugar donde se coloquen estos mensajes parece ser clave en nuestra atención.
Se estima que para 2030, más del 85% de los estadounidenses tendrá sobrepeso y más del 50% de los adultos de ese país tendrá obesidad. En nuestro país, el exceso de peso también se está convirtiendo en un problema de Salud Pública, ya que según un estudio realizado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) el 45% de los niños españoles tiene sobrepeso. Una de las medidas adoptadas en algunos países es la de mostrar el contenido calórico en los envases de los alimentos y su contenido en grasas o azúcares. Sin embargo, son pocos los estudios que han evaluado la atención que los compradores prestan a estos mensajes y qué influyen en nuestras miradas se detengan en ellos.
Para conocer su impacto y los factores que influyen en el consumidor, los investigadores Dan Graham y Robert Jeffrey, del departamento de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Minnesota (EEUU), han realizado un estudio en el que han simulado en un ordenador la actividad que se lleva a cabo en un supermercado.
Antes de iniciar el programa, los investigadores avisaron a los participantes que una cámara iba a registrar sus movimientos visuales mientras miraban 64 alimentos, pero no de que se iba a fijar en si leían o no la información nutricional. Al mismo tiempo ellos debían indicar, clicando un botón, si lo comprarían o no, o si no corresponde, en relación a si ellos tenían alguna restricción dietética por la que debían evitar tomar un producto particular.
De esta manera, los 203 participantes vieron imágenes que incluían una selección variada de productos que se podían agrupar dentro de platos principales (sopa, huevos o pizza) aperitivos (frutos secos, galletas saladas, etc), y postres (helados, galletas...). La selección de estos productos podía hacerse en una hora. Después de esta 'compra', los voluntarios realizaron una encuesta sobre la actividad realizada, su formación nutricional o su actividad física.

Registro visual

Tras analizar los datos y las respuestas, se comprobó que los participantes decían haber mirado la etiqueta nutricional en más ocasiones de lo que en realidad lo habían hecho. El 33% de ellos informó que casi siempre miraba el contenido calórico presente en esta información, el 31% señaló que se fijaba casi siempre en el contenido de grasas totales, el 20% decía lo mismo en relación a las grasas trans, el 24%, en cuanto al contenido de azúcares y el 26%, en el tamaño de la porción. Sin embargo, la cámara que registró sus movimientos visuales detectó que sólo un 9% de los participantes realmente miró el contenido calórico de casi todos los productos, y alrededor de un 1% de ellos echó un vistazo a cada uno de los componentes mencionados.
Otro dato importante que se puede extraer del estudio, publicado en la revista 'Journal of the American Dietetic Association', es que cuando la etiqueta nutricional estaba situada en el centro del envase las personas leyeron más de un apartado del 61% de las etiquetas en comparación con el 37% y 34% cuando las etiquetas que se situaban a la izquierda o a la derecha del paquete. Además, el registro mostró que la mayoría de los consumidores leyó sólo las cinco primeras líneas de la información nutricional.
"Estos resultados indican que lo que cada uno dice que lee de estas etiquetas nutricionales no se corresponde exactamente con la realidad. Además, la localización de estos mensajes y los componentes específicos se relacionan con la visión. Los consumidores son más propensos a mirar las etiquetas que están situadas en el centro y los nutrientes que están colocados al principio de ellas. Como sabemos la cantidad de nutrientes que contienen los alimentos que pueden influir en la adquisión de una compra sana, la colación de estos mensajes podrían tener un gran impacto en la Salud Pública", concluyen los autores del estudio.
elmundo.es

miércoles, 3 de agosto de 2011

La psicología de un comprador en el supermercado

Las ofertas en los supermercados siempre suelen aparecer en rojo porque siempre predomina sobre los otros colores a la vista humana
La conducta de los compradores en los supermercados es objeto de estudio de expertos en marketing y antropología. Para definir a esa “ciencia” que estudia cómo recorre cada persona un supermercado se ha inventado el término trolleyology. Su objeto de estudio no es menor ni irrelevante: gracias a eso se pueden encontrar patrones que permitan organizar los supermercados, y la forma en que se disponen los productos influye directamente en cómo y cuánto van a comprar los consumidores. A través de la observación se ha podido establecer, por ejemplo, que las personas tienden a realizar sus recorridos en sentido contrario a las agujas del reloj y que ayudarlos en eso (haciéndolos entrar por el lado derecho del super) lleva a un incremento promedio de 2 dólares por compra.
También se encontraron cosas como que, contrario a lo que se piensa habitualmente, las personas tienden a preferir ciertos pasillos a otros y muy raramente realizan el recorrido de “arriba a abajo”. No sólo eso, en cada pasillo hay áreas de preferencia para la atención -como el lugar donde comienzan- y lugares donde la mercadería pasa más desapercibida: en función de eso, ciertas marcas tendrán lugares de privilegio sobre otras y así ninguna cosa quedará librada al azar. Todo está pensado no para bloquear el recorrido sino para mostrar más los productos que es probable que la gente compre -aunque no los necesite-. En el post Cómo el supermercado piensa por nosotros publicado en Cukmi pueden verse dos videos donde el Dr. Paul Harrison explica alguna de estas cosas, mostrando que para los estudios se utilizan desde GPS hasta dispositivos de rastreo de miradas.
Casi todos los supermercados de mundo responden a la lógica que plantean los estudios sobre la conducta psicológica de las personas a la hora de comprar. Sin embargo, mientras que aún no han habido grandes cambios en esa lógica, sí comienza a haber paulatinamente una nueva manera de pensar el consumo. La creciente popularidad de comidas orgánicas y locales podría en un largo plazo cambiar las preferencias generales de consumo y los supermercados seguramente responderían desde sus diseños a ese cambio general. Sobre este tema el sitio DailyFinance publicó un artículo titulado “Por qué las compras en supermercados quizás nunca sean lo mismo” (en inglés).
Según la publicación hay ciertos elementos que ya están cambiando en la conducta y necesidades de muchos compradores. Por ejemplo, cierta idea de “comprar todo lo que se pueda” se ve en una situación crítica y se prefieren realizar compras más moderadas. También registran una mayor tendencia a no quedarse con primeras elecciones y preferir conocer precios de varios lugares antes de tomar una decisión. La tienda Dollar General’s para no perder clientes de este estilo por ejemplo, modificó sus precios bajándolos en un promedio del 22%.
Hace unos meses el sitio Good lanzó un concurso donde proponía a los usuarios pensar nuevas lógicas de supermercados y recientemente se publicaron las imágenes que mandó la gente para participar. La convocatoria tuvo poca participación pero no deja de ser interesante plantear nuevas formas de diseño. La imagen a continuación del párrafo por ejemplo propone un diseño circular que distribuye en los lugares más relevantes los productos más sanos e incluso zonas dedicadas a la comida de cultivo local. La imagen que sigue al subtítulo piensa en un supermercado donde las personas están sentadas o quietas y los productos van circulando a través de diversos mecanismos que distinguen según los tamaños de las góndolas qué tan bueno para la salud es un producto.
Teniendo en cuenta la precisión con la que actualmente se determina la psicología de un comprador a la hora de entrar al supermercado, las actuales circunstancias del mundo gastronómico que cada vez se va transformando más, plantea una posible futura zona de estudio similar a la actual pero enfocada en necesidades que hoy en día recién se están gestando.
cukmi.com

miércoles, 9 de febrero de 2011

11 cosas que jamás debés hacer en el supermercado

Todos lo que tenés que evitar cuando vas al super. En esta nota te prevenimos.




Por Pablo Fadel
Planeta JOY
Una tarde de compras en el súper puede convertirse en un infierno si elegís el día incorrecto para ir. Además, el plato con el que soñaste acaba siendo una pesadilla si comprás algunos ingredientes que nunca llegan frescos a las góndolas. Para evitar dolores de cabeza, en Planeta JOY te decimos las 11 cosas que jamás hay que hacer cuando vas de compras al súper.
1. Decile no al pescado
Comprar pescado en el supermercado es como pedir pastas en una parrilla: un error conceptual. Las secciones de pescadería suelen mostrar meros, lenguados o corvinas con los ojos hundidos y sin brillo. Ningún súper, con tantos artículos y rubros, puede prestarle al pescado la atención que reclama. Si no querés que todos los peixes tengan el mismo gusto, mejor andá a una pescadería.
2. Desconfiá de la fruta
Pocas cosas engañan tanto como las frutas del supermercado. Por ejemplo, las manzanas que se muestran relucientes en la góndola, se ven opacas y desalmadas en tu heladera. Ocurre que, como suele pasar un largo tiempo entre su cosecha y su llegada al súper, las frutas no son cortadas en su punto justo y llegan o demasiado verdes, o sobre maduradas. Así, los kiwis están duros como piedras, y las manzanas, pastosas.
3. Ojo con los lácteos
Cuando elijas yogures, postrecitos, cremas, mantecas y quesos blancos, siempre buscá los envases que están al fondo de la góndola. Picarones, los supermercados ponen en primera fila los productos con fecha de vencimiento más cercana. Si querés que los lácteos, te duren más tiempo, estirá el brazo y hurgá entre los potes de atrás.
4. Ni se te ocurra pasar por la rotisería
Lengua a la vinagreta de anteayer, buñuelos de acelga fritos en aceite viejo, supremas de pollo de origen desconocido, ravioles rellenos de vaya uno a saber qué. Las supermercados se abastecen de los productos que no logran vender en góndola para cocinar barbaridades y venderlas listas para llevar en bandejas plásticas. Un ataque a la salud. No comprar.
5. Vinos caros (y arruinados)
Ninguna compra es más impulsiva que la de un vino caro en el súper. Es principio de mes, tenés algún billete y cuando llegás a la góndola decís "para qué trabajo si no puedo darme un gusto". Estirás la mano y agarrás un vino de los caros, de los que están más arriba. Listo: caíste en la trampa. Como tienen poca rotación, esas botellas llevan mucho tiempo allí, de pie, cocinándose bajo las luces dicroicas. Si querés darte un gusto, andá a la vinoteca.
6. El bazar es trucho
Las primeras góndolas que ves cuando entrás al súper buscan tentarte con todas las cosas que no fuiste a buscar. Que no te engañen: los precios de la sección bazar son altos y los productos mediocres. Sino, fijate en los tuppers: nunca cierran bien, dejan olor en las comidas y se rompen pronto. Para comprarlos, mejor es ir a un bazar o una casa de plásticos.
7. Nada de pickles
Cada supermercado tiene una góndola de especialidades con venta al peso. Pero jamás hay que comprar esas aceitunas fermentadas, esos pickles de cebolla y zanahoria que tienen la acidez tan volátil que te hacen llorar de sólo verlos. Siempre mejor comprar los envasados. Al menos después tendrás a quien reclamarle.
8. ¿Quesos fraccionados? Ni lo pienses
¿Te gusta que el gruyere tenga un sabor picante, que el gouda sea suave y el brie, sutil? Entonces olvidate de la venta fraccionada del súper, donde cada corte abierto tiene al menos una semana oreándose y contaminando con su gusto a todos los que están en góndola. Para especialidades, andá a una fiambrería como la gente, donde te vas a llevar exactamente lo que buscás.
9. Jamás cambies de cola
Un síndrome típico del súper, cuando llegás a la caja, es relojear a ver cuál de las colas parece ir más rápido. Todo cómputo falla cuando la viejita que tenés delante debe ir a pesar las verduras porque se olvidó de hacerlo. Ahí te sulfurás y te vas a la de al lado, que como era esperable tampoco avanza. Lo dice la ley de Murphy: lo mejor es no moverse o ir en horarios en los que el súper esté vacío.
10. Evitá los domingos
Ir a un súper un domingo por la tarde es como volver de Mar del Plata el 15 de enero. Vas a quedar empantanado en la cola de la caja, como el resto de los mortales que fueron queriendo aprovechar un descuento especial, que las tarjetas de crédito te dan cualquier otro día. Mejor esperá y andá un martes a última hora: vas a encontrar mejor surtido y saldrás en la mitad del tiempo.
11. No vayas con la panza vacía
Ir al supermercado con hambre es un muy grave error: te tentás con cada alimento que ves y terminás comprando como para llenar cuatro estómagos. Lo recomiendan dietólogos y nutricionistas: lo mejor es ir ya comido y llenar el chango pensando en cenas frugales.
lanacion.com

viernes, 1 de octubre de 2010

Viagra en los supermercados del Reino Unido

Los varones británicos están de enhorabuena. Al menos quienes sufren su disfunción eréctil en silencio, que a partir de ayer pueden comprar Viagra a mitad de precio y sin decírselo al médico de cabecera. Se trata de una iniciativa de Tesco, la mayor cadena de supermercados del Reino Unido. Cobrarán menos de la mitad que las farmacias Boots. Éstas venden cuatro pastillas por 55 libras. En Tesco se pueden comprar ocho por sólo 52.
En realidad, se trata de una ganga muy relativa: con receta ocho pastillas de Viagra se pueden comprar por sólo 48 libras. Pero muchos británicos prefieren pagar un poco más y esquivar así las preguntas incómodas del médico. Quedó claro cuando Boots empezó a comercializar la pastilla azul el año pasado y lo ha corroborado la novedosa oferta del Tesco, que ayer entró en vigor en 300 supermercados del Reino Unido.
Pero eso no quiere decir que uno pueda comprar Viagra en Tesco como quien compra cruasanes, yogures o zumo de naranja. Al comprador se le someterá a unas pruebas de colesterol, diabetes y tensión sanguínea. Y deberá responder a un cuestionario exhaustivo sobre sus hábitos de salud. Por si fuera poco, no podrá comprar más de un bote de ocho pastillas y no podrá tener menos de 40 años ni más de 65.
"Una vez que sepamos que los hombres no tienen problemas de salud, discutiremos las opciones y les venderemos el tratamiento más apropiado", decía hace unos días Shona Scott, directora comercial de Tesco y promotora del proyecto.
Según estudios recientes, un 22% de los varones británicos de 40 años sufre disfunción eréctil y un 49% de los británicos con más de 70. El Reino Unido puede presumir es el lugar donde nació Viagra. Ocurrió en el pueblecito sureño de Sandwich y por error. Cuando los científicos de la multinacional farmacéutica Pfizer probaban un medicamento para prevenir la angina de pecho.

elmundo.es