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miércoles, 18 de agosto de 2010

Las mujeres se visten mejor cuando ovulan

WASHINGTON, (AFP) - Durante la ovulación, las mujeres se visten mejor y compran ropa y accesorios para atraer más y disuadir a sus rivales, según un estudio de mercadeo realizado por una universidad estadounidense.
Inconscientemente, las mujeres que están ovulando se visten "para impresionar" no sólo a los hombres sino también a quienes podrían ser sus rivales en los días fértiles, señala el estudio de la Escuela de Gestión de la Universidad de Minnesota (norte de Estados Unidos).
La investigación, publicado por Journal of Consumer Research, se propuso investigar la relación entre las compras impulsivas y los factores hormonales.
"De manera inconsciente, las mujeres, en el momento clave de su fecundidad, eligen los elementos que mejoren su aspecto, y este deseo es alimentado también por el de ser más atractiva que sus rivales", dijo Kristina Durante, autora del estudio que encuestó a 269 mujeres.
"Descubrimos que en el momento de la ovulación, las mujeres eligen los artículos de moda más sexy teniendo como referencia otras mujeres atractivas en su entorno", señala Duarte.
Durante el estudio, a las que estaban en ovulación se les mostró fotografías de mujeres atractivas que viven en la misma zona. Luego se les dio a elegir ropa y accesorios.
"Encontramos que las mujeres en ovulación, cuando compran los artículos más sexy tienen en mente la imagen de mujeres bonitas de su vecindario", señaló la publicación.

lanacion.com

martes, 23 de febrero de 2010

El sobrepeso adelanta hasta en cuatro años la regla de las niñas

La aparición de la regla puede adelantarse en las niñas obesas hasta cuatro años comparadas con sus compañeras de peso normal. Este factor no se tenía en cuenta hasta hace poco, "porque siempre se medía la edad", afirma una portavoz del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Obesidad y Nutrición (Ciberobn). Pero ahora que la obesidad infantil ya no es algo aislado (en 15 años y sólo en España ha pasado del 5% al 16%), se ha visto que hay una relación entre el peso y la menarquia. "Las niñas gorditas, especialmente si llegan muy pronto a los 45 kilogramos, pueden llegar a tener su primera regla incluso a los nueve años, es decir, que se llegan a desarrollar hasta tres años o más antes que las niñas con peso normal", indica Basilio Moreno Esteban, presidente de la Fundación para el Estudio de la Obesidad y jefe clínico de Endocrinología del hospital Gregorio Marañón de Madrid.
Las causas de esta relación entre sobrepeso y aparición de rasgos de desarrollo sexual no están claras, como no lo está la relación que hay con la latitud o distancia al Ecuador (a mayor aproximación, desarrollo más temprano). Pero un estudio español ha demostrado científicamente en modelos animales (ratas y ratones) el mecanismo fisiopatológico por el que un aumento excesivo de peso precipitaría la primera regla. Esta investigación, coordinada por Manuel Tena Sempere, jefe de uno de los grupos del Ciberobn, adscrito al departamento de Biología Celular, Fisiología e Inmunología de la Universidad de Córdoba, demuestra que el bloqueo de las kisspeptinas, hormonas que regulan el eje reproductor, podría ayudar a retardar el desarrollo sexual precoz en niñas con sobrepeso.
"Hemos visto que si bloqueamos las kisspeptinas, segregadas por el hipotálamo, que es una estructura pequeña y muy importante alojada en la base posterior del cerebro, se retrasa la pubertad". Como indica este investigador, una pubertad temprana no es una condición que todas las niñas puedan asumir. Entre sus posibles efectos, está el de condicionar una talla más baja, suponer un mayor riesgo de obesidad en la edad adulta (aunque aquí hay discusión sobre qué es antes, si el adelanto de la regla o el exceso de peso), hay más riesgo cardiometabólico, más peligro de embarazos prematuros y una disociación entre la madurez corporal y la psicológica o emocional (chicas con mente de niñas con hormonas de adolescentes).
Según sus palabras, el aumento relevante de peso en la edad de la pubertad en las niñas ("como llegar tempranamente a los 48 kilogramos") está relacionado necesariamente con el incremento de tejido adiposo, es decir, de grasa, no de masa muscular u ósea. Es decir, las niñas no se hacen más fuertes. Pero lo que sí se demuestra es que la materia grasa tiene una relación clara con la producción de hormonas.
"Nuestro proyecto", advierte el profesor Tena, "tiene una clara vocación traslacional con el fin de servir a otras investigaciones y profundizar en las repercusiones de las kisspeptinas en fenómenos tan importantes como la reproducción o el control de la ingesta. Aunque originariamente estas hormonas fueron identificadas como supresores de la metástasis tumoral, estudios posteriores demuestran su importante papel en esas otras funciones".
Los expertos a veces discuten cuándo comienza realmente la pubertad en las niñas: si con el desarrollo mamario (anterior) o con la menstruación. La respuesta más unánime es que la pubertad comienza con la menarquia (que es el signo más fácilmente medible o visible en esta etapa), momento en el que se supone que ya se ha producido aproximadamente el 80% del desarrollo de las mamas.

elpais.com

miércoles, 20 de enero de 2010

Los antiinflamatorios como el ibuprofeno, la mejor opción para aliviar el dolor menstrual

NURIA BAENA
MADRID.- ¿Qué me puedo tomar cuando 'me duele la regla'? Cada mes muchas mujeres se hacen esta pregunta mientras van probando un fármaco tras otro hasta dar con aquel que consigue eliminar las molestias o, al menos, hacerlas más llevaderas. Ahora, una revisión de estudios publicada en 'The Cochrane Library' revela que los antiinflamatorios no esteroideos (AINE's) como el ibuprofeno podrían ser más efectivos que el paracetamol para tratar la dismenorrea.
Se estima que cerca de tres cuartos de la población femenina sufre calambres o dolores durante su periodo menstrual, algo que se atribuye a un desequilibrio de ciertas hormonas liberadas por el cuerpo, como por ejemplo una excesiva producción de prostaglandina por parte del útero.
Este malestar que provoca la menstruación en muchas féminas tiene unas repercusiones socioeconómicas que han sido analizadas en diferentes estudios. Entre ellas destacan un mayor absentismo escolar en los días en los que las estudiantes tienen su periodo y una limitación en general en las actividades cotidianas de las mujeres en edad reproductiva.
Los AINE's, familia a la que pertenecen la aspirina, el ibuprofeno y el naproxeno, restringen la producción de la prostaglandina. Por ello, un equipo de investigadores liderados por Jane Marjoribanks, miembro del Grupo Cochrane de Desórdenes Menstruales y Subfertilidad en Auckland (Nueva Zelanda), decidieron revisar los datos obtenidos en 73 ensayos sobre estos fármacos.
En estos estudios, llevados a cabo en 18 países diferentes y los que participaron 5.156 mujeres, se investigó la eficacia de los antiinflamatorios no esteroideos en el tratamiento de los dolores del periodo. Los efectos de los diferentes AINE's fueron comparados entre sí, y con los del paracetamol y los del placebo.
La investigación señala que los AINE's en general resultan muy efectivos a la hora de combatir las molestias del periodo, aunque en el caso de la aspirina sólo se observó una evidencia de eficacia limitada, ya que no alivia los calambres asociados con la regla. Debido a la gran cantidad de fármacos pertenecientes al grupo de los AINE's examinados en las diferentes investigaciones no se encontró que ningún tipo fuese mejor que otro.
Por otra parte, a pesar de que sólo se contó con tres estudios relevantes sobre este tema, los científicos llegaron a la conclusión de que los AINE's son más eficaces que el paracetamol en el tratamiento del dolor menstrual.
Alertan sobre los efectos secundarios
Sin embargo, también se advirtió que los AINE’s contaban con más efectos secundarios que el placebo. Entre los síntomas adversos de carácter gastrointestinal destacan el malestar estomacal y las náuseas. Por otra parte, entre los efectos secundarios de tipo neurológico se encuentran el dolor de cabeza, la somnolencia, los mareos y la sequedad en la boca.
Para reducir en lo posible estos efectos no deseados, los autores incluyen en su escrito una útil recomendación: "Es importante que aquellas mujeres que usan AINE's para [tratar] la dismenorrea sean conscientes de la necesidad de tomar los medicamentos con comida".
"Las mujeres que utilizan estos fármacos deben tener en cuenta sus efectos secundarios", advierte Marjoribanks. "Sería interesante ver si estos [efectos secundarios] pueden reducirse, sin que haya pérdida de efectividad, al combinar dosis más pequeñas con otros medicamentos como el paracetamol, o con otras terapias como la estimulación eléctrica transcutánea del nervio (TENS).

elmundo.es

sábado, 5 de diciembre de 2009

La edad de la menarca se acerca ya en Europa a los 11,5 años

MADRID (Diario El País).- La consulta de endocrinología pediátrica del hospital Reina Sofía de Córdoba recibe a menudo a niñas en edad de jugar que acaban de experimentar un estirón prematuro. Lo mismo sucede en las consultas de endocrinología infantil de otras ciudades españolas. ´¿No se puede parar esto?´, preguntan a veces los padres al médico. Con ´esto´ los padres se refieren al crecimiento prematuro, la aparición del botón mamario, el vello, las curvas incipientes... Todo un preludio de cambios físicos anticipados en niñas que aún no tienen ocho años. ´Esto´ presagia el adiós a la infancia a una edad en la que jugar es todavía el verbo más conjugado. ´Esto´ tiene un nombre: se denomina pubertad precoz si aparece antes de los ocho años (o de los nueve en los niños). Y pubertad adelantada si los cambios se inician a partir de los ocho años.
Esta última, la adelantada, se considera una variante de la normalidad, la parte extrema de un proceso que tiende a ser cada vez más temprano en nuestras latitudes. La que preocupa a los especialistas, la patológica, es la precoz. Y ya no es tampoco una rareza. De acuerdo con los estudios existentes, su incidencia de oscila entre 1/5.000 y 1/10.000.
Los expertos coinciden: la edad media de la pubertad y en consecuencia de la primera regla, se ha adelantado en Europa. Un estudio publicado en abril de 2009 en Copenhague sostiene que las danesas inician ahora la menarquia (primera menstruación) un año antes que hace 15 años. Es un fenómeno general. Ramón Cañete, jefe de la unidad de endocrinología pediátrica y del crecimiento del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, empieza a situar ya la edad media de la primera regla entre los once y doce años. Un dato orientativo, ya que hasta ahora los especialistas tomaban como referencia los 12 y medio en nuestro entorno. Lo llamativo es que además del adelanto general del reloj de la pubertad, se está dando un desarrollo precoz en niñas que, o están sobrealimentadas o han pasado en poco tiempo de la malnutrición a una dieta más rica y variada.
´Cada vez es más frecuente ver que la pubertad se inicie entre los 8 y diez años. Las razones se desconocen aún. Puede haber factores genéticos, pero el papel de los estímulos sociales parece claro: bienestar, buena alimentación, mejores vacunas´, dice Ramón Cañete. Como consecuencia, la etapa infantil se acorta. Pero la mayoría de los niños que entran en la pubertad de forma tan abrupta se sienten perplejos, e incluso divididos. En su espejo interior se ven a sí mismos como niños. En el exterior, observan sus cambios con expectación, pero no se identifican aún con ellos. Necesitan tiempo.
´Los profesionales tenemos la idea clara de que las niñas maduran más tempranamente que hace 30 o 40 años´, afirma el doctor Manuel Pombo. Este especialista remite a un estudio de 1997 realizado en Estados Unidos por la doctora Marcia Herman-Giddens, que reunió datos de 17.070 niñas de edades comprendidas entre los 3 y 12 años. ´El estudio concluía que el 37,8% de las niñas negras y el 10,5% de las blancas de 8 años habían iniciado su desarrollo mamario´. Curiosamente, ´la media de la edad de la menarquia para las niñas blancas era de 12,8 años y para las negras, de 12,1 años, no tan alejadas de la que se viene dando en nuestro medio´, añade Pombo.
Algunos estudios relacionan la pubertad temprana con el aumento de la obesidad. ´Las niñas con sobrepeso tienden a madurar antes que las otras´, recuerda el doctor Pombo. Pero el especialista baraja también otras posibles causas. Por un lado, ´la presencia de estrógenos´ no ya en productos cárnicos, sino en algunos cosméticos, sobre todo los de venta no controlada´. Por otro, ´los llamados disruptores endocrinos´, es decir, sustancias químicas como los plaguicidas u otros compuestos utilizados en la industria agroalimentaria, ´capaces de alterar los mensajes que las hormonas transmiten a las células´, añade Pombo.
Informes recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han advertido de la especial vulnerabilidad de los niños a la exposición de sustancias químicas durante las distintas etapas del crecimiento. La pubertad precoz o por contra, el retraso en la maduración sexual serían algunas de las consecuencias. El doctor Cañete no desdeña la influencia de estas sustancias tóxicas que favorecen la fijación de grasas, pero se muestra cauto: ´Hay estudios en marcha pero están aún inmaduros para sacar conclusiones´. Confía, además, en que se hayan corregido ya en la industria alimentaria prácticas del pasado basadas en añadir estrógenos a los pollos y a la carne.
Ramón Cañete atendió recientemente a varias niñas de origen nepalí adoptadas en torno a los cinco y seis años por familias andaluzas. Antes de cumplir el año en sus nuevos hogares, tiempo suficiente para familiarizarse con la dieta mediterránea, las niñas se vieron abocadas a la pubertad. Poco a poco el fenómeno se repitió en otras zonas, y no siempre ligado a la adopción internacional.
´El riesgo de tener pubertad precoz en los niños adoptados en España es entre 10 y 20 veces mayor, sobre todo si llegaron a su nueva familia con más de tres años´, declara el doctor Pombo. ´El cambio nutricional juega un papel evidente. En algunos casos, el paso de una dieta pobre a una más equilibrada estimularía la producción de hormonas y eso favorecería la maduración sexual. Sin olvidar que los factores psicológicos y el equilibrio personal derivado de la nueva situación, podrían precipitar la pubertad´, agrega.
En estos momentos entre 20 y 25 niñas siguen tratamiento o están siendo observadas en el departamento de endocrinología pediátrica que dirige Cañete. ´Veo alguna todos los días´. Por el contrario, sólo tiene un niño con pubertad precoz, por lo que basándose en su experiencia, calcula que la proporción es de unas 20 niñas por niño. Una apreciación que coincide con otras estimaciones que atribuyen una proporción de entre 3 y 23 niñas por niño.
La madre apuntaba cada tanto la talla de su hijo. Con pocos años, ya parecía un árbol. No paraba. Hasta que la madre observó que no sólo crecía. Cambiaba a enorme velocidad. Se insinuaba en sus rasgos una pubertad temprana para un chaval de siete años. Era el verano de 2006 y sus padres decidieron llevar al pequeño al endocrino de un hospital madrileño. En la consulta, el chico se encontró con varias niñas de su edad. Todos tenían algo en común: un exceso de talla y en muchos casos un índice de masa corporal superior al que les correspondía por edad.
En los chavales el estirón temprano es menos frecuente, pero más inquietante: en algunos puede indicar la existencia de un tumor o una alteración. Por fortuna, ´el diagnóstico de nuestro hijo fue de pubertad precoz por causa desconocida´, relata la madre, Beni Martín. ´Le hicieron análisis de sangre y dos resonancias magnéticas y no había ninguna causa orgánica. Así que no montamos ningún drama´, añade Martín. Desde entonces, su hijo tiene que seguir una medicación (una inyección cada cierto tiempo) para frenar una masculinización excesiva para el cuerpo y la mentalidad de quien es un niño. El chaval ha aceptado esta circunstancia con naturalidad. ´No hemos apreciado que sienta timidez o vergüenza en el colegio ni a la hora de hacer deporte o ir a la piscina en vacaciones´, continúa la madre. Los psicólogos sostienen que la serenidad de los padres facilita que los niños vivan este proceso evolutivo sin agobios.
Algo parecido se vivió en la familia de una niña madrileña adoptada en un país latinoamericano. Los padres la llevaron al especialista de endocrinología pediátrica a los ocho años al ver que crecía apresuradamente. La prueba ósea dio algo más de un año de adelanto sobre la edad cronológica. Al encontrarse en el límite entre la pubertad precoz y la adelantada, el especialista desaconsejó que se le medicara para frenar su evolución. ´Un segundo especialista al que consultamos sí dijo que podía ser tratada, pero al final nos convenció más el primer criterio´, dice la madre. ´No era una enfermedad, por lo tanto, no había que ´medicalizar la situación´, asegura. La evolución siguió su curso y la niña finalmente tuvo la primera regla en torno a los diez años. Igual que algunas chicas no adoptadas que había conocido en la sala de espera.
No siempre se actúa así. Hay especialistas y familias que optan por retrasar la primera regla hasta los once años. En algunos casos por tratarse de una clara pubertad precoz. En otros por una combinación de motivos psicológicos y sociales. Además del desconcierto con que la niña (o el niño) pude vivir estos cambios prematuros justo cuando acaba de traspasar la edad del llamado uso de razón, el doctor Cañete ha observado ´sufrimiento´ en algunos padres. Por la responsabilidad que se les viene encima a ellos y a sus hijos, a menudo. E incluso por el temor a que sus hijos se vean abocados a una iniciación sexual igualmente precoz. Algo que, según los especialistas, no tiene que ir en paralelo. Pero a veces los padres se sienten también inquietos por la disparidad entre las exigencias de la naturaleza y las costumbres y rituales atribuidos a la infancia. Como los padres de una niña con la pubertad muy adelantada que iba a hacer la primera Comunión en los meses siguientes: temían que la regla apareciera ese día y que, en cualquier caso, con aquel vestido de organdí que el colegio elegía para la ceremonia su hija pareciera más una novia que una comulgante.
´El tratamiento es fácil´, explica el doctor Cañete. ´Consiste en una inyección mensual de análogos de la GnRH (la hormona responsable de iniciar la pubertad). No se vuelve atrás, pero los cambios se detienen, no progresan´, explica Ramón Cañete. ¿Durante cuánto tiempo? ´Durante dos o tres años, hasta alcanzar la edad habitual del desarrollo´. Cañete explica que no tiene consecuencias sanitarias o reproductivas posteriores. Algunas de estas antiguas niñas, ya adultas, han sido madres.
´Es lamentable que este fenómeno se desconozca y que no se consulte antes de la primera regla´, insiste el doctor Cañete. ´Una vez que se tiene la menstruación, ya no es posible frenar el proceso. En casos e indicaciones muy concretos se puede estudiar interrumpir la regla durante un corto periodo de tiempo, pero ya no influiría en la talla final. Para que la niña siga creciendo hay que intervenir antes´, recuerda.
En España, la Sociedad de Endocrinología Pediátrica está tratando de centralizar los datos de seguimiento de estos pequeños pacientes para conocer en un futuro próximo la frecuencia de esta patología.
El doctor Pombo explica que una predicción de talla adulta en las niñas inferior a 155 centímetros (o por debajo en 5 centímetros de su talla genética) o una maduración del hueso avanzada en más de dos años, son algunas de las razones, además de las psicológicas, para iniciar el tratamiento con los denominados agonistas de la gonadorelina (GnRH o LHRH).
No hay que olvidar que, pasada la primera regla, la talla suele aumentar entre cuatro y siete centímetros. Una de las paradojas que experimentan algunas de estas niñas que viven con cierto pudor ser las más altas de su clase durante uno o dos cursos, es que al final pueden quedarse con una altura por debajo de sus expectativas.
INMACULADA DE LA FUENTE
© EDICIONES EL PAIS, SL

lanacion.com

domingo, 23 de agosto de 2009

La segunda revolución de la píldora: el fin de la menstruación


En épocas preindustriales –es decir, de mediados del siglo XVIII hacia atrás–, las mujeres no tenían más de cien ciclos femeninos a lo largo de su vida. La llegada de la menarca a los dieciséis años, la maternidad precoz, la tendencia a parir un aluvión de hijos y a amamantar a esos vástagos hasta que fueran a la escuela –a lo que se suma una menopausia también temprana y una baja esperanza de vida– hacían que las señoras pudieran pasarse unos noventa meses sin período y vivieran el sangrado como si fuera un aniversario de algo.

Hoy no es así. Hoy, una mujer tiene cuatrocientos ciclos a lo largo de su existencia: cuatro veces más que hace un puñado de siglos. Nunca, dicen los médicos y antropólogos, el cuerpo femenino abrevó tanto en esas aguas. Y es justamente eso, el exceso de períodos, lo que está impulsando un cambio sin precedentes: en todo el mundo aumenta la cantidad de mujeres que aceptan las recomendaciones de los médicos ginecólogos, quienes desde hace ya varios años, y en forma creciente, vienen prescribiendo y respaldando métodos anticonceptivos que virtualmente eliminan el período, para habilitarlo sólo si se busca un embarazo.
El resultado: con estas pastillas las mujeres padecerían menos cánceres e incomodidades –derivados del hecho de andar menstruando demasiados años–, pero a la vez resignarían una instancia que atávicamente estuvo muy asociada a la identidad femenina.

Dicho de otra forma: en tiempos neohippies, en los que las madres buscan parir en casas, bañeras, piletas y en cuclillas, son cada vez más las chicas que permiten a la ciencia operar sobre su ciclo menstrual. “La feminidad hoy transita por carriles muy diversos, al igual que la masculinidad; si muchos hombres consideramos normal y lógico cambiar pañales y liberarnos de preconceptos, también es de esperar que haya mujeres, sobre todo de generaciones más jóvenes, que tomen distancia de una idea de feminidad históricamente arraigada: la que sostiene que los órganos genitales internos y las menstruaciones definen al ser femenino –explica el médico obstetra Edgardo Rolla, especialista en medicina reproductiva–. Poéticamente siempre digo que ‘la menstruación es el llanto del útero por el embarazo que no hubo’, debido a que la única utilidad que tiene el útero (que no es poca cosa) es alojar al embarazo. Pero no cumple ninguna otra función. Y la menstruación tampoco”.

Si fuera por su condición de “natural”, el organismo femenino debería engendrar un hijo por año. Desde el momento en que esto ya no pasa, los especialistas coinciden en que el cuerpo es una construcción (ver aparte) y en que es bastante sensato que la ciencia médica esté aprovechando esa artificialidad en beneficio de las mujeres. Este tipo de planteos está en libros como ¿Está obsoleta la menstruación? (escrito por dos médicos de la Universidad de Oxford) e incluso en el Museo de la Menstruación (www.mum.org), donde se debate acerca de la supresión o no del ciclo.

En la vereda opuesta, hay gente como la escritora española (y feminista) Anna Mercadé, autora del libro Dirigir en femenino, quien dijo al diario El País que la supresión del ciclo menstrual le parecía horrible. “Es un atraso –explicó–. Si la sociedad no acepta a la mujer como mujer estamos ante un drama. Lo que está exigiendo la sociedad a la mujer es que sea como un hombre, que desarrolle la energía masculina, que no tenga hijos, que se dedique a trabajar y a dar vueltas por el mundo y que sea más competitiva que nadie. Y ahora, también, la menstruación, fuera. Comprendo que hay mujeres que lo pasan fatal y que hay que hacer algo por ellas, pero es ley de vida”.

“Si no me viene, me vuelvo loca”. El 30 por ciento de las argentinas usa pastillas anticonceptivas. Este dato surge de una encuesta realizada por los laboratorios Bayer, en la que también se informa que Argentina está cuarta en el ranking de consumo debajo de Francia (45% de las mujeres toma la píldora), Alemania (34%) y Brasil (31%). Para Karina Iza, ginecóloga del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam), estos números reflejan el orden de aceptación de “la píldora” a nivel mundial. En Europa y Estados Unidos, el consumo está tan masificado que, en el rubro “contracepción”, incluso hay más de una variante farmacológica: existe la Seasondale (una píldora que hace menstruar sólo cuatro veces al año, una por cada estación climática), los endoceptivos (que anulan íntegramente el sangrado) y también –por supuesto– las clásicas píldoras, que reducen el ciclo a una suerte de evento simbólico que recuerda a Blancanieves y la pinchadura del dedo.

En Argentina, en cambio, el mercado está comparativamente más reducido. Y eso se debe a razones culturales. Para muchas argentinas, la menstruación es una especie de “control de calidad” que les permite asegurarse de que no haya un embarazo en ciernes. “Las argentinas están tan obsesionadas con su ciclo, que cualquier supresión les arroja una paranoia que no todas pueden tolerar”, explica Karina Iza. Y agrega que este temor se hizo evidente hace algunos años, cuando llegó un endoceptivo al país y no tuvo el mismo éxito que en Europa. “Las europeas nunca se cuestionaron nada: les pareció una opción maravillosa que les evitaba gastar en toallitas y tampones –cuenta Iza–. Pero en Argentina y el resto de Latinoamérica, el tema de la menstruación tiene una raigambre cultural muy fuerte y muy folclórica. Para nosotros, los médicos, es un trabajo muy grande convencer a las mujeres de que la falta de ciclo no es señal de embarazo. Cada vez que a una paciente le explicás que con las pastillas que toma le va a venir muy poco o no le va a venir, te dice: ‘Ah, no, si no me viene me vuelvo loca’. Prefieren sangrar diez días antes que no sangrar. Porque además se asocia la falta de ciclo con la menopausia, y eso tiene connotaciones duras en muchas mujeres. Pero esto se está modificando. Hay toda una generación de chicas más jóvenes que lo vive de otra forma. Cuando llega el verano, si la menstruación les cae en las vacaciones o en la luna de miel o en la fiesta de egresados, ya piden pastillas para suspender todo”.

Malos humores. Las pastillas anticonceptivas aparecieron en 1961, con un objetivo que no tenía que ver con suspender la fertilidad: sólo se usaban con prescripción médica para aliviar a las pacientes que padecieran dolores menstruales. Tuvo que pasar más de medio siglo para que las mujeres se largaran a tomar pastillas para evitar la concepción. Y así y todo, esas píldoras no reducían la abundancia de período. Esa disminución recién empezó a ocurrir hace unos años, cuando los avances de la ciencia permitieron bajar la carga de estrógeno de las pastillas, una modificación que trajo dos consecuencias: por un lado, se reducían los efectos secundarios como la retención de líquidos, el dolor de cabeza y las alteraciones nerviosas (una disminución que sedujo a muchas mujeres, que empezaron a animarse a tomar la píldora) y, por otro, esa baja en la dosis hormonal hizo que el endometrio –la capa interna del útero– no se engrosara tanto y, por lo tanto, al ser eliminado (la menstruación no es otra cosa que la descamación del endometrio) no provocara una menstruación abundante, sino todo lo contrario.

Si estas píldoras hubieran existido hace varios cientos de años, las comunidades médicas se habrían evitado más de una incertidumbre. Y es que desde los comienzos de la civilización, la pérdida mensual de sangre fue siempre algo que desveló a la medicina, y sobre todo a los hombres: nadie lograba explicar cómo una mujer podía sangrar periódicamente sin dolor y sin morir, mientras que un hombre caía redondo ante cualquier hemorragia.

En el siglo IV antes de Cristo, y en pleno estado de confusión general, Aristóteles llegó a escribir en su Historia animalium que creía que el semen actuaba sobre la sangre femenina para formar el embrión. Otros, todavía más perdidos, sostenían que la sangre ni siquiera tenía algo que ver con la fecundidad: la mujer era un género tan débil que no era capaz de digerir completamente los alimentos, por eso los restos de esa digestión incompleta eran evacuados con el ciclo.

Fue recién en la Edad Media que se empezó a relacionar la menstruación con la fertilidad, pero hasta ahí nomás: para la medicina medieval, el período no era otra cosa que la eliminación concreta de los “malos humores” de las mujeres. Se pensaba que los cuerpos femeninos eran fríos y húmedos, y que esa masa humoral descendía a la parte más baja del cuerpo y era finalmente expulsada. Se trataba de sangre “mala”, eliminada con el único fin de equilibrar el temple y conservar la salud. En su libro Problemas y secretos maravillosos de las Indias (1591), Juan de Cárdenas, un joven médico que emigró en el siglo XVI al Nuevo Mundo, lo explica así: “La mujer crece y aumenta hasta los catorce años, y en este tiempo toda la sangre que engendra se gasta y consume en el aumento de sus miembros, pero después de los catorce, que deja de crecer, toda aquella sangre que primero se consumía en el aumento de los miembros, no hay en qué se gaste y consuma, porque el hombre, como es de complexión cálida y fuerte y asimismo se ejercita mucho, tiene fuerza para consumir y gastar la tal sobra de sangre”.

Dicho de otra forma, los hombres no menstruaban porque sabían aprovechar cada parte de su cuerpo. Las mujeres, en cambio, tiraban sangre como se tiran las sobras de un banquete: un despilfarro que marcó el origen de todos los otros prejuicios.

Por qué las toman, por qué las dejan

Un estudio del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam) revela que:

* El 21% eligió la píldora por sugerencia de familiares o amigos (pero no de un médico).

* El 53% de las mujeres que toman píldoras fue a la farmacia sin receta médica.

* El 37% de las mujeres abandona las pastillas por sufrir hinchazón, cefalea o sangrado.

* Un 23% confesó haber dejado las píldoras al quedar sin pareja (y sin relaciones sexuales).

* Un 14% las dejan por “dificultades con el método”.

* Un 9% por “recomendación clínica”.

* Un 42% interrumpió la toma sin haber consultado a su médico.

* Un 19% de las que dejan no adopta nuevas medidas de anticoncepción.

* Y un 69% elige un método anticonceptivo de menor eficacia.

* Sólo a un 10% le preocupan los efectos secundarios de las pastillas.

OPINIÓN

Natural vs. artificial

Mario Sebastiani (Médico obstetra del Hospital Italiano de Buenos Aires)

Hay cuestiones atávicas que, históricamente, llevaban a las mujeres a suponer que ovular y menstruar era “natural”, y que eso suponía un buen funcionamiento del cuerpo. Pero este planteo deja por afuera una pregunta elemental: ¿Para qué ovulan las mujeres? La respuesta es: para gestar. Cuando alguien hizo en un cuerpo un aparato reproductor, es para que reproduzcas. Si se tratara de ser “naturales”, entonces, las mujeres tendrían que vivir pariendo, como hacen los animales. Lo que sucede es que, con la llegada del conocimiento moderno, los círculos médicos empezaron a preguntarse cómo les fue a las mujeres que ovulaban respecto de las que no ovulaban, y la respuesta es que les fue peor. Porque las mujeres que ovulan tienen más incidencia de cáncer de ovario y de endometrio, más anemias, menos hierro y más quistes de ovario; algo que suena muy lógico, porque si tengo un ovario que está continuamente sometido al ciclo menstrual es de esperar que “enloquezca” con más facilidad (entendiendo que quistes y tumores son un enloquecimiento). Cuando la ginecología ve que las mujeres que no ovulan están mejor que las que sí ovulan, ahí hay un hallazgo interesante: existe una herramienta, que es la pastilla anovulatoria, que puede ser útil no sólo para las mujeres que no quieren un embarazo: yo se las he recetado a adolescentes vírgenes y a monjas con menstruaciones muy abundantes y mucho dolor premenstrual.

Yo soy sumamente respetuoso del pensamiento de feminidad, siempre y cuando la mujer comprenda que su aparato reproductor está hecho para reproducir, no para ovular y menstruar deportivamente. De ahí en más, creo que es importante romper un poco ese paradigma de que “lo natural” es bueno y “lo artificial” es malo. Si lo artificial realmente fuera malo, ¿qué sería entonces de las artes, de la música, el cine y las fotos? Hay que empezar a romper ese paradigma, porque no todo lo natural es, per se, bueno. De hecho, la medicina es un arte que nos enseña a ir en contra de la naturaleza. Porque si por la naturaleza fuera, nos haría morir más jóvenes.
criticadigital.com

martes, 26 de agosto de 2008

Derribando mitos: La menstruación "no" debe ser dolorosa

La endometriosis es una enfermedad relativamente frecuente, que puede afectar a cualquier mujer en edad fértil. Si los dolores durante el período son tales que impiden realizar las actividades diarias, debería descartarse ése mal
Hablar de los "mitos y verdades de la endometriosis" es hablar de un conocimiento de algo que tiene que ver con lo ancestral y lo antropológico. En primer lugar porque la información y mitos erróneos se vienen transmitiendo desde hace varias generaciones en esa forma.
Comenzando desde la época bíblica donde se decía "parirás con dolor", parecería que también se acuno la frase "menstruarás con dolor"; tal es así que, según una encuesta realizada por Endometriosis Group hace algunos años, la mayoría de las mujeres consideran que el dolor menstrual es normal. Y para complementar esto, los medios difunden publicidad sobre medicación para el dolor menstrual, donde la madre le dice a la hija "nacimos para sufrir".
Todo esto, sumado a la información muchas veces errónea de madres, abuelas y amigas; llevan a la mujer que presenta síntomas importantes a restarles trascendencia y minimizarlos, disminuyendo de esta manera la posibilidad de hacer un diagnostico precoz.
Lo antropológico tiene que ver con diferencias en hábitos y expectativa de vida que ha presentado la mujer, al menos, en los últimos 300 años. Se sabe que la endometriosis es una enfermedad que tiene dos elementos fundamentales para su desarrollo: la ovulación y la menstruación; esta ultima quizás es la que más se ha modificado con el correr de los años.
Trescientos años atrás, la mujer tenía una expectativa de vida que no superaba los 35 años. Sumado a ello, iniciaba sus relaciones sexuales muy precozmente y ya a la edad de 15 años ya era madre. Esto provocaba que desde el comienzo de su menstruación, con las irregularidades típicas de los dos primeros años y hasta su primer embarazo, la mujer llegara a menstruar unas pocas veces.
Y si a eso le sumamos los largos periodos de lactancia, la falta de métodos anticonceptivos y la llegada de nuevos embarazos; la mujer llegaba a menstruar no mas de 20 a 30 veces en su vida.
Hoy la mujer tiene una expectativa de vida que ronda los 80 años, menstrua regularmente al menos hasta los 30 o 35 años (momento en que decide buscar un embarazo) y, en general, la lactancia actualmente no supera los 4 a 6 meses. Por lo tanto, el nivel de exposición a la menstruación es muchísimo mayor. A esto se debe que la incidencia de la endometriosis haya crecido tanto en los últimos tiempos.
Por otro lado, existen factores asociados que también han influido en este incremento como los tóxicos ambientales, elementos que en general producen algún nivel de inmunodepresión y esto favorece el desarrollo de múltiples enfermedades; entre ellas la endometriosis.
Por todo lo mencionado, resulta fundamental echar luz sobre varios mitos que inciden negativamente en la detección precoz de la endometriosis.
A saber:
La menstruación no debe doler: La menstruación es un proceso fisiológico, normal en la mujer. Por otro lado, ningún dolor es normal. De hecho cuando a uno le duele algo, consulta al médico; y por las conductas acostumbradas pareciera que para el dolor menstrual no es necesario. En realidad, debemos diferencia molestia de dolor: Molestia es algo que percibimos como desagradable pero que no nos impide desarrollar nuestra actividad; mientras que el dolor es aquello que nos impide hacerlo, que nos obliga a guardar reposo y tomar medicación. Esto no es normal, y requiere la consulta con el médico. Tener dolor menstrual no significa que se padezca endometriosis, pero es el médico el que tiene que descartarla y determinar cual es la causa.
La endometriosis está relacionada con la infertilidad: Desde hace muchos años se ha comprobado que entre un 30 y un 50% de la mujeres infértiles padecen endometriosis y es responsabilidad del médico especialista confirmarla o descartarla dentro de los estudios por infertilidad; y siempre antes de realizar tratamientos de alta complejidad.
La endometriosis es una enfermedad social: Porque afecta la vida, personal, de pareja, familiar y laboral de la paciente con esta enfermedad. Además tiene un alto impacto económico por costos directos e indirectos relacionados con ausencias laborales, internaciones, medicación, cirugías, rehabilitación, alta morbilidad, etc.