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lunes, 5 de diciembre de 2011

Todo lo que hay que saber sobre la endometriosis


De difícil diagnóstico y tratamiento, la endometriosis es una afección crónica que se caracteriza por la presencia del tejido que recubre las paredes del útero fuera de éste. Las lesiones a que da lugar se presentan con mayor frecuencia en los ovarios y en el resto de los órganos ubicados en la pelvis femenina.
Como señala el doctor Juan José Etchepareborda, presidente de la Sociedad Argentina de Endometriosis (SAE), "la endometriosis es una patología que afecta de manera importante a nuestras pacientes, no sólo físicamente, sino también a nivel de sus relaciones familiares, laborales y sociales".
Eso se debe a la intensidad de los síntomas, que son recurrentes y de larga evolución. Los más frecuentes son el dolor pélvico crónico, el dolor menstrual y el dolor durante o después de la actividad sexual. Otros síntomas son la presencia de movimientos intestinales dolorosos, dolor en la parte baja de la espalda y fatiga. La endometriosis también puede ser causa de infertilidad: entre un 30 y un 50% de las mujeres con endometriosis padecen algún tipo de dificultad para lograr el embarazo.
Los síntomas, sin embargo, no adquieren la misma severidad en todos los casos. Algunas mujeres con endometriosis sufren dolor durante todo el ciclo menstrual, mientras que otras lo padecen únicamente en momentos específicos. Otras, por su parte, no presentan síntomas, o no logran simplemente diferenciarlos de las molestias normales relacionadas con el ciclo menstrual.
Según estimaciones, 100 millones de mujeres a nivel mundial padecen la enfermedad. Pero esta cifra podría ser aún mayor debido a la dificultad que presenta el reconocimiento de los síntomas, a lo que se le suma el poco conocimiento de la enfermedad por parte del público en general. En muchos casos, por lo tanto, el diagnóstico suele establecerse sólo a partir de consultas relacionadas con otras dolencias, a menudo con problemas de fertilidad.
Desde el punto de vista médico, no existen métodos simples y de rutina para comprobar la presencia de la endometriosis. Un cruce entre la historia clínica, un examen físico y los estudios de imágenes, por ultrasonido y de resonancia magnética nuclear, pueden dirigir la atención del especialista hacia su posible existencia. Pero sólo a partir de una laparoscopía puede establecerse con certeza el diagnóstico. Dicho procedimiento consiste en la introducción de un tubo delgado con una cámara para inspeccionar los órganos de la pelvis y tomar pequeñas muestras de tejido para su posterior análisis.
Actualmente no existe una cura permanente para la endometriosis. Los tratamientos disponibles apuntan a aliviar el dolor, a retrasar su crecimiento o a prevenir la reaparición de la enfermedad después de un tratamiento exitoso. También, en caso de que la mujer desee tener hijos, existen tratamientos dirigidos a mejorar la fertilidad.
Entre las opciones de tratamiento se encuentra la cirugía laparoscópica, utilizada para eliminar las lesiones endometriósicas, que muchas veces terminan reapareciendo tiempo después de la cirugía, el uso de analgésicos, como los anti-inflamatorios no esteroideos (AINES), y los tratamientos hormonales, como las píldoras anticonceptivas orales, los progestágenos y los análogos de la hormona liberadora de gonadotrofina.
Una nueva y efectiva opción terapéutica consiste en el dienogest 2, que por su buena tolerancia permite un uso a largo plazo, lo que lo diferencia de otras terapias actuales que presentan efectos adversos, como la disminución de la densidad mineral ósea a largo plazo. Su mecanismo de acción, además, funciona aliviando el dolor y atacando las lesiones endometriales en forma directa, evitando su crecimiento e incluso reduciendo su tamaño.
El doctor Luis Auge, profesor de ginecología de la UBA y ex presidente de la SAE, reflexionó: "la endometriosis debe ser vista como una enfermedad crónica que puede suponer una pesada carga para las mujeres en los mejores años de sus vidas, causándoles considerable dolor y afectando el desarrollo de sus actividades cotidianas y las de su entorno. Una nueva opción de tratamiento que sea bien tolerada y que tenga el potencial de ofrecer a las mujeres alivio significativo y duradero del dolor es muy bienvenida".
Juan Manuel Ríos
lanacion.com

lunes, 22 de noviembre de 2010

ENDOMETRIOSIS: El suplicio de cada mes

No gozan de la comprensión de la mayoría de las mujeres; y de los hombres, para qué hablar. Porque, ni unas ni otros acaban de entender por qué, mes tras mes, la rutina de Elena, Silvia, Manuela, Mayte y Eva se paraliza por algo tan aparentemente insignificante como es la regla.
Para que ellos y ustedes lo tengan más claro y sepan, de verdad, qué les sucede, todas han querido relatar a ELMUNDO.es cómo es su día a día con endometriosis, una patología benigna, pero incapacitante, crónica y progresiva, que irrumpe en demasiadas ocasiones de forma brusca y repentina en la vida de las adolescentes y de las que ya no son tan niñas. Aún se desconocen sus causas, pese a que entre un 5% y un 10% de las españolas la padece o a los 14 millones de afectadas en Europa. También, a pesar del interés que ha despertado en ciertos países europeos como Italia (el primer miembro de la UE en reconocerla como enfermedad social y promover su estudio) o, incluso, tras la creación en 2006 de la Fundación Mundial para la Investigación de la Endometriosis.
Esta afección se produce cuando el tejido endometrial crece fuera de su sitio (el útero) y se implanta, fundamentalmente, en la cavidad pélvica: ovarios, detrás del útero, en los ligamentos uterinos, en la vejiga o el intestino. Pero la endometriosis es sobre todo, dolor, mucho dolor, con cada regla o cada relación sexual, en la mayoría de afectadas. Y cólicos, calambres, menstruaciones con fuertes hemorragias, cansancio... Que se lo pregunten si no a Elena, de 34 años, presidenta de Adaem (Asociación de Afectadas de Endometriosis de Madrid), que desde su primera menstruación, a los 15, se retuerce todos los meses. "No sé lo que es un ciclo sin vomitar, sin desmayarme", asevera. Para todas, peor que este sufrimiento es el miedo a no poder ser madres: entre un 30% y un 50% de las afectadas es infértil.
La presidenta de Adaem, que no renuncia a tener hijos pese a que ya se ha sometido a un tratamiento de fecundación 'in vitro' sin éxito, rememora que "tras varios ciclos menstruales durísimos, mi madre me dijo un día que no era normal, que teníamos que ir al médico enseguida". Lo primero que le espetó el ginecólogo es "que no podía ser para tanto, que exageraba para librarme de mis responsabilidades, que me fijara en mi hermana a la que no le pasaba nada de nada", agrega.

Nueve años para un diagnóstico

Un sufrimiento invisible y un diagnóstico tardío (la demora media en el dictamen médico desde que la mujer pide ayuda suele estar en nueve años) o erróneo es la tónica en una de las enfermedades ginecológicas más frecuentes. "Fue a los 30 cuando finalmente supe lo que tenía", agrega Elena. Pero antes, la larga lista de despropósitos. "Me diagnosticaron colon irritable, me ingresaron dos veces pensando que era apendicitis. También me hablaron en otra ocasión de que podía ser una oclusión intestinal".
Tuvo que dejar de trabajar porque "cuando dices que te quedas en casa porque estás con la regla las compañeras piensan que eres una vaga y ellos, comentarios aparte". A Manuela, de 41 y madre de una hija previa a la aparición de la enfermedad, le sucedió lo mismo. "Dejé mi puesto laboral porque cada regla equivalía a un ingreso hospitalario. El dolor era tan profundo y severo que tras mi paso por Urgencias me quedaba en el centro para poder recibir los tratamientos adecuados".
No es de extrañar, por tanto, que algunos centros médicos y especialistas nacionales hayan tomado la delantera y hayan adoptado iniciativas pioneras dentro de nuestras fronteras, como la Unidad de Dolor Pélvico Crónico del Hospital Universitario La Paz de Madrid. Alicia Hernández, coordinadora de la Unidad de Endometriosis en el mismo centro (una de las escasas en nuestro país), colabora íntimamente con todos sus integrantes.
"Está llevada por el servicio de anestesia. El dolor en estas pacientes se aborda desde un punto de vista de tratamiento médico: analgésico, supresión ovárica y, por lo tanto, las reglas, con tratamientos hormonales o en casos de dolor más severo con terapias pautadas desde la Unidad de Dolor", aclara la especialista de La Paz.

Nuevos tratamientos

En los últimos años, además de tratamientos orales, "se realizan bloqueos nerviosos selectivos mediante la introducción de un catéter con analgésico, que están obteniendo muy buenos resultados", apostilla. Reconoce, no obstante, que "pese a que estamos delante de una enfermedad muy frecuente, el diagnóstico y el tratamiento quirúrgico son muy complicados". Por ello, "son pocos los centros públicos y privados con la dotación, la formación y los recursos adecuados para abordar esta patología desde un punto de vista multidisciplinar", recuerda. Y defiende la necesidad de instaurar más unidades de referencia.
Máxime si se valora que cada caso es distinto (la terapia depende de los síntomas de la paciente, su voluntad de quedar embarazada y su edad, así como de la extensión de la enfermedad) y que la patología progresa y empeora cuando no se detecta a tiempo.
Para Eva, de 32 años, lo más duro de saber que era una afectada fue "asumir que no podría tener hijos de forma natural", asevera. Aunque más penoso aún le resulta que todavía continúen diciéndole eso de no vales. "Lo he escuchado en más de una ocasión y es muy frustrante. Yo quería tener hijos. Tuve un aborto y fue entonces cuando me detectaron un quiste de nueve centímetros en uno de mis ovarios. En un principio creyeron que era un tumor. Tras la intervención, me dijeron que era endometriosis. Me he sometido a dos tratamientos de fecundación in vitro, pero han resultado un fracaso. Es muy frustrante que una parte de la sociedad siga castigando a las mujeres cuando son estériles. Conozco a afectadas que no lo dicen porque les da vergüenza", testifica.
Pese a este silencio, los casos van en aumento. "Ahora somos más conscientes del problema, de su impacto en el bienestar físico, social y mental, y esto se está traduciendo en que indaguemos más y, por tanto, diagnostiquemos a más mujeres", reconoce la doctora Hernández.
También porque, según José Luis Muñoz, responsable de la Unidad de Endometriosis del Hospital Doce de Octubre (también en la capital), "afortunadamente los médicos empiezan a tener en la cabeza que la patología existe, sobre todo los de atención primaria. También hay más conciencia porque hay más información y porque se han creado asociaciones de afectadas".
Pese a mensajes positivos como éste, aún se escuchan casos como el de Silvia, de 27 años y estudiante de Informática, que tuvo que acudir a Urgencias en dos ocasiones por los fuertes dolores de la regla. "Me dijeron que tenía apendicitis. Cuando me hicieron las pruebas de imagen vieron que se trataba de unas manchas en el intestino, así que decidieron bajarme a quirófano. Al abrirme, el cirujano solicitó la presencia del ginecólogo en la sala de intervenciones debido al estado de uno de mis ovarios. Entonces, me diagnosticaron la enfermedad, pero en aquél momento no me dieron ninguna explicación sobre ella", declara. Pero lo que más preocupa del testimonio de esta joven es el "miedo a que se sepa que la padezco por si repercute en mi vida laboral".

Pasar por quirófano

No todo son malas noticias. Afortunadamente para todas las que padecen o padecerán endometriosis que no mejora con la terapia oral y que no desean tener descendencia, en los últimos años se han producido algunos avances en el campo de la cirugía. "Las nuevas técnicas en laparoscopia nos han permitido intervenir mejor y, normalmente, los casos graves en un solo procedimiento. Magnifica la imagen en comparación con la cirugía abierta tradicional, además crea menos complicaciones, menos cicatriz, menor estancia hospitalaria y una recuperación más rápida", apostilla la doctora Hernández, que atiende 600 casos al año en su unidad y realiza 300 intervenciones. "La mayoría de endometriosis ovárica, pero en un 25% de casos, la enfermedad es más profunda y hay que realizar resección intestinal (quitar una parte del intestino)".
No sucede lo mismo con el tratamiento farmacológico. "Aunque existen nuevas terapias como los inhibidores de la aromatasa, que parecen prometedores, los medicamentos (anticonceptivos, terapia hormonal...) no han evolucionado tanto", agrega el especialista del Doce de Octubre. Ni tampoco, en boca de las afectadas, se ha progresado como debería en la atención psicológica. "No he recibido este apoyo por parte de los médicos. Nadie te explica nada, toda la información te la tienes que buscar tú, pese a que se trata de una patología con un coste emocional muy alto. Se debería ayudar más psíquicamente a las pacientes", demanda Eva.
Por eso, Mayte de 51 años, administrativa y una veterana de la enfermedad aconseja. "He pasado por todo. Varias intervenciones, abortos, hasta que finalmente me realizaron una histerectomía (extirpación del útero) y una anexectomía (ovarios, trompas de Falopio). Creo que todas tenemos que ser conscientes de que esto es una enfermedad crónica. Hay que ser positivas e intentar vivir con ella lo mejor posible, porque si no empeoras".
elmundo.es

miércoles, 19 de agosto de 2009

Primer test para un doloroso mal femenino


Dos equipos de investigadores europeos desarrollaron lo que se considera el primer test diagnóstico para un doloroso mal femenino: la endometriosis. Se trata de una enfermedad crónica del tejido que recubre la pared interna del útero, que puede llevar a la infertilidad y que en el país padecen alrededor de un millón de mujeres en edad reproductiva.
Las normas internacionales para su diagnóstico indican que, ante síntomas que sugieren la presencia de la enfermedad, hay que hacer un procedimiento quirúrgico costoso: la laparoscopia. Sin embargo, una mujer puede convivir entre 5 y 8 años con la enfermedad hasta recibir un diagnóstico definitivo.
El nuevo test, cuyo resultado se obtiene en sólo tres días, ayudaría a reducir el tiempo que las mujeres deben esperar hasta conocer qué les causa ese fuerte dolor que mes tras mes les condiciona su calidad de vida. "Nuestros resultados indican que sólo se perdería el 1% de los casos. Limitar las laparoscopias planificadas a las mujeres con un resultado positivo [del test] confirmaría la enfermedad en entre el 80 y el 90% de las pacientes", opinó el doctor Moamar Al-Jefout, profesor asistente de medicina reproductiva del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad Mu´tah, en Jordania.
Además, el investigador principal del equipo jordano y australiano que desarrolló la nueva prueba agregó: "Usar el test en los tratamientos de infertilidad disminuiría la cantidad de laparoscopias que se realizan, pero sin reducir la cantidad de mujeres en las que se diagnostica y se trata quirúrgicamente la endometriosis".
La prueba demora diez minutos y consiste en extraer una muestra del tejido que recubre la pared uterina mediante una cánula especial a través de la vagina (ver infografía). Luego, en el laboratorio, se analiza la muestra para determinar la cantidad de fibras nerviosas pequeñas.
Es que este primer estudio, realizado a doble ciego sobre 99 mujeres con dolor pélvico y/o infertilidad, demostró que la concentración de esas fibras aumenta en las pacientes con síntomas dolorosos, pero no en aquellas sin dolor y con problemas para quedar embarazadas.
Otro estudio, de un grupo de investigadores de Bélgica y Hungría, reveló con más precisión que la concentración de esas fibras es aproximadamente 14 veces mayor en las mujeres con endometriosis leve que en las mujeres sin la enfermedad.
"Observamos fibras nerviosas en las muestras del 90% de las pacientes con endometriosis. La densidad varió entre las muestras; pocos especímenes superaron las 30 fibras por milímetro cuadrado y la mayoría concentró hasta 10 por milímetro cuadrado. En las muestras de las mujeres sin endometriosis casi no se detectaron fibras", comentó a través de un comunicado de prensa el profesor Thomas D´Hooghe, autor principal del segundo estudio y coordinador del Centro de Fertilidad de la Universidad de Leuven, en Bélgica.
A diferencia del equipo de Al-Jefout, el grupo de D´Hooghe usó 40 muestras endometriales del banco de tejidos del centro universitario. Pertenecían a mujeres sanas y a mujeres con endometriosis diagnosticada por laparoscopia y análisis de laboratorio. Se obtuvieron en la segunda fase del ciclo menstrual, que es cuando el tejido endometrial es más grueso.
En el laboratorio se analizó toda la superficie de las muestras -no áreas elegidas al azar-, en las que se hallaron cuatro tipos de fibras nerviosas tras combinar tres marcadores, a diferencia del otro equipo, que había usado un solo marcador. Eso le proporcionó al test un 95% de sensibilidad y un 100% de especificidad.
"Es casi tan bueno como la laparoscopia, que sigue siendo el estudio diagnóstico de primera elección. Tener un 100% de sensibilidad significa que el test no dejará sin identificar a una sola mujer con endometriosis", señaló a LA NACION el doctor D´Hooghe, que preside el Consejo Asesor Internacional del Instituto para la Investigación en Primates, en Kenia.
A partir de ambos trabajos, que se publican hoy en Human Reproduction , los autores opinan que se podría contar con un método sencillo, confiable y económico para diagnosticar este problema, que hace que el tejido endometrial crezca en otros órganos, como la vejiga, los ovarios o los intestinos. De ahí que, por sus síntomas, se la confunda con otros trastornos.
"El colon irritable es el más frecuente, pero también están las infecciones urinarias, por el dolor recurrente de vejiga, aunque todos los cultivos suelen dar resultados negativos. El sobrediagnóstico, sin comprobación por laparoscopia ni biopsia, también es habitual", apuntó el doctor Felipe Jofré, jefe del Servicio de Ginecología del hospital B. Rivadavia y director del Endometriosis Group Argentina.
El médico, que no participó en los estudios pero accedió a los resultados, opinó que el test "es interesante porque propone un método diagnóstico alternativo a una cirugía y reaviva la utilidad de la biopsia de endometrio (...) Puede ser una opción válida porque incluyó la comprobación histopatológica en mujeres con la enfermedad. Identifica una anormalidad (mayor concentración de fibras nerviosas) asociada con la endometriosis".
Pero ¿por qué esas pacientes tienden a tener una mayor concentración de fibras nerviosas? "No lo sabemos", coincidieron Al-Jefout y D´Hooghe. "Pero sospechamos que tendrían un papel importante en la aparición del dolor o bien podrían potenciar el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos", amplió Al-Jefout.
Al preguntarle si recomendaría el test para todas las mujeres con síntomas, respondió con un enfático "Sí, en especial para aquellas con infertilidad o en aquellas en las que no se pueda hacer una laparoscopia". El equipo de D´Hooghe iniciará el mes que viene un estudio sobre 40 mujeres con endometriosis para validar el test. "Esperamos que luego la validen otros centros del mundo", finalizó D´Hooghe.
Jofre subrayó que, en efecto, se necesitan estudios más numerosos.
Los síntomas
Dismenorrea (dolor menstrual muy intenso).
Problemas para quedar embarazada.
Fuerte dolor pélvico, abdominal y de espalda.
Sangrados menstruales muy abundantes.
Dolor al defecar y al orinar.
Dolores durante y después de las relaciones sexuales.
Náuseas y vómitos.
Sensación de debilidad, fatiga y mareos.
lanacion.com

martes, 26 de agosto de 2008

Derribando mitos: La menstruación "no" debe ser dolorosa

La endometriosis es una enfermedad relativamente frecuente, que puede afectar a cualquier mujer en edad fértil. Si los dolores durante el período son tales que impiden realizar las actividades diarias, debería descartarse ése mal
Hablar de los "mitos y verdades de la endometriosis" es hablar de un conocimiento de algo que tiene que ver con lo ancestral y lo antropológico. En primer lugar porque la información y mitos erróneos se vienen transmitiendo desde hace varias generaciones en esa forma.
Comenzando desde la época bíblica donde se decía "parirás con dolor", parecería que también se acuno la frase "menstruarás con dolor"; tal es así que, según una encuesta realizada por Endometriosis Group hace algunos años, la mayoría de las mujeres consideran que el dolor menstrual es normal. Y para complementar esto, los medios difunden publicidad sobre medicación para el dolor menstrual, donde la madre le dice a la hija "nacimos para sufrir".
Todo esto, sumado a la información muchas veces errónea de madres, abuelas y amigas; llevan a la mujer que presenta síntomas importantes a restarles trascendencia y minimizarlos, disminuyendo de esta manera la posibilidad de hacer un diagnostico precoz.
Lo antropológico tiene que ver con diferencias en hábitos y expectativa de vida que ha presentado la mujer, al menos, en los últimos 300 años. Se sabe que la endometriosis es una enfermedad que tiene dos elementos fundamentales para su desarrollo: la ovulación y la menstruación; esta ultima quizás es la que más se ha modificado con el correr de los años.
Trescientos años atrás, la mujer tenía una expectativa de vida que no superaba los 35 años. Sumado a ello, iniciaba sus relaciones sexuales muy precozmente y ya a la edad de 15 años ya era madre. Esto provocaba que desde el comienzo de su menstruación, con las irregularidades típicas de los dos primeros años y hasta su primer embarazo, la mujer llegara a menstruar unas pocas veces.
Y si a eso le sumamos los largos periodos de lactancia, la falta de métodos anticonceptivos y la llegada de nuevos embarazos; la mujer llegaba a menstruar no mas de 20 a 30 veces en su vida.
Hoy la mujer tiene una expectativa de vida que ronda los 80 años, menstrua regularmente al menos hasta los 30 o 35 años (momento en que decide buscar un embarazo) y, en general, la lactancia actualmente no supera los 4 a 6 meses. Por lo tanto, el nivel de exposición a la menstruación es muchísimo mayor. A esto se debe que la incidencia de la endometriosis haya crecido tanto en los últimos tiempos.
Por otro lado, existen factores asociados que también han influido en este incremento como los tóxicos ambientales, elementos que en general producen algún nivel de inmunodepresión y esto favorece el desarrollo de múltiples enfermedades; entre ellas la endometriosis.
Por todo lo mencionado, resulta fundamental echar luz sobre varios mitos que inciden negativamente en la detección precoz de la endometriosis.
A saber:
La menstruación no debe doler: La menstruación es un proceso fisiológico, normal en la mujer. Por otro lado, ningún dolor es normal. De hecho cuando a uno le duele algo, consulta al médico; y por las conductas acostumbradas pareciera que para el dolor menstrual no es necesario. En realidad, debemos diferencia molestia de dolor: Molestia es algo que percibimos como desagradable pero que no nos impide desarrollar nuestra actividad; mientras que el dolor es aquello que nos impide hacerlo, que nos obliga a guardar reposo y tomar medicación. Esto no es normal, y requiere la consulta con el médico. Tener dolor menstrual no significa que se padezca endometriosis, pero es el médico el que tiene que descartarla y determinar cual es la causa.
La endometriosis está relacionada con la infertilidad: Desde hace muchos años se ha comprobado que entre un 30 y un 50% de la mujeres infértiles padecen endometriosis y es responsabilidad del médico especialista confirmarla o descartarla dentro de los estudios por infertilidad; y siempre antes de realizar tratamientos de alta complejidad.
La endometriosis es una enfermedad social: Porque afecta la vida, personal, de pareja, familiar y laboral de la paciente con esta enfermedad. Además tiene un alto impacto económico por costos directos e indirectos relacionados con ausencias laborales, internaciones, medicación, cirugías, rehabilitación, alta morbilidad, etc.