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sábado, 12 de noviembre de 2011

Mentes prodigiosas


Edgar Allan Poe (1809-1849) dejó escrita una reflexión que hoy en día suscribirían algunos expertos: "Los hombres me han llamado loco; pero aún no está determinada la cuestión de si la locura es o no la más excelsa inteligencia, si mucho de lo que es gloria, si todo aquello que es profundo, no brota de la enfermedad del pensamiento, de modos de pensar exaltados respecto del intelecto general". Un estudio sueco acaba de mostrar que las palabras del escritor pueden ser ciertas.
Existen numerosos ejemplos de personajes célebres que han alimentado la creencia en un vínculo entre las enfermedades psiquiátricas y la creatividad. Se piensa que tanto Poe como Vincent Van Gogh (1853-1890) y Ludwig van Beethoven (1770-1827) padecían un trastorno bipolar. En cuanto a Isaac Newton (1642-1727), hay teorías que señalan que sufría la misma patología que los anteriores, pero también hay estudiosos que sostienen que lo suyo era esquizofrenia. Esta es la dolencia que aqueja al matemático y premio Nobel John Forbes Nash (1928), tal y como muestra la película 'Una mente maravillosa'.
Durante años se ha debatido si estos casos de creatividad desbordante son producto del propio trastorno mental o son fruto del azar. 'The British Journal of Psychiatry' publica en su edición de noviembre un estudio cuyo objetivo fue indagar si realmente existe esa asociación y si es el resultado del medio en el que se desenvuelve cada individuo o se debe a factores genéticos. Para ello, un equipo de científicos encabezado por Simon Kyaga, del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística del Instituto Karolinska (Estocolmo, Suecia), rastreó los archivos suecos de personas afectadas por esquizofrenia, trastorno bipolar y depresión entre 1973 y 2003, buscó sus ocupaciones en el registro de profesiones y las cotejó con las del resto de la población. En total, se evaluaron los datos de más de 300.000 sujetos.
La investigación mostró que las personas con trastorno bipolar y sus parientes más cercanos tenían una mayor representación que el resto de los ciudadanos en las profesiones creativas. En los que tenían esquizofrenia y sus familiares, no se observó ninguna diferencia en el subgrupo de dedicaciones científicas, pero sí en el de las ocupaciones artísticas. Sin embargo, la depresión no estaba especialmente relacionada con ninguna destreza concreta en el terreno de la música, la fotografía, el diseño, la ciencia, la literatura...
Los responsables del estudio consideran, por lo tanto, que han obtenido una prueba fehaciente de que, por una vez, la creencia popular corresponde a la realidad. Además, el hecho de que sus hallazgos se extiendan a los parientes indicaría que la creatividad y la patología tienen una base genética. No obstante, Simon Kyaga aclara que estos rasgos "no se deben sólo a los genes sino a una combinación entre éstos y el medio ambiente". En este sentido, el investigador ha revelado a ELMUNDO.es que su equipo está llevando a cabo un estudio destinado a averiguar "qué proporción de la creatividad se debe a los genes, así como a buscar los genes responsables tanto de esta capacidad como de la psicopatología".
Son numerosas las incógnitas que aún quedan por resolver. Por ejemplo, si los delirios, las paranoias y el resto de las percepciones que experimentan los enfermos mentales son los responsables de su talento creador. Aún no hay nada definitivo, pero sí numerosas teorías. "Uno podría imaginar una especie de motor creativo en el cerebro que, en las circunstancias correctas biológicas y ambientales da lugar al comportamiento creativo, pero en las situaciones anómalas lleva a una conducta psicótica. De algún modo, hay una línea muy delgada entre el genio y la locura", postula Kyaga.
La antropología y otras disciplinas también se han adentrado en este ámbito; de ahí surge la teoría de que la esquizofrenia aporta ventajas evolutivas. El investigador sueco explica esta posibilidad: "La creatividad podría ser la razón por la que la esquizofrenia todavía esta presente en la población [y no ha sido eliminada por la selección natural]", señala. Sin embargo, puntualiza que esta hipótesis "debe ser investigada más a fondo. Por ejemplo, comprobando si las personas creativas tienen una mayor tasa de fecundidad que contrarresta la reducida fertilidad en las que padecen esquizofrenia".

Escepticismo

A pesar de los hallazgos de los últimos estudios, muchos expertos siguen sin ver clara la cuestión. Su experiencia les muestra que "hay de todo, como en botica", según afirma Calixto Plumed, psicólogo del Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos (Madrid). En su opinión, "los enfermos mentales no tienen una mayor creatividad". La citada institución, una de las más veteranas de España en la asistencia psiquiátrica, atesora una gran colección de cuadros, ilustraciones y fotografías realizadas por enfermos ingresados. La Real Academia Nacional de Medicina (RANM) acoge hasta el próximo 15 de diciembre una exposición con una muestra de esas obras.
Lo que sí reconoce Plumed es que, si algún afectado tiene cualidades, "las va a reflejar durante el proceso de la enfermedad aunque, al final, va a experimentar un deterioro". Es algo que también se da en muchos pintores sin patología psiquiátrica que, en la última etapa de su vida "pintan cosas raras". Así, algunos de los pintores de San Juan de Dios "tienen una última etapa similar a la de las pinturas negras de Francisco de Goya (1746-1828)".
Plumed también ha observado que, en general, la vocación de los artistas surge de un interés social por el mundo que les rodea. En cambio, en los enfermos mentales existen otras motivaciones: "Suelen plasmar cosas automáticas, lo que están viviendo, su propio yo y su preocupación o patología".
Aunque hay quien habla de 'arte psicopatológico', este psicólogo asegura que "esas palabras hay que quitarlas del diccionario; son obras de arte sin necesidad de calificativos". No obstante, señala que la pintura muestra diferentes rasgos de las personas con trastornos mentales. En el caso de quienes tienen un trastorno bipolar, durante la fase depresiva suelen pintar "escenas de tristeza y culpabilidad, en las que predominan los oscuros". En la fase de euforia se vuelcan en "temas megalomaniacos, escatológicos, eróticos...".
En el Centro San Juan de Dios, el arte se utiliza como instrumento de apoyo en el diagnóstico y como terapia ocupacional. "La exposición pretende demostrar que esta actividad dignifica la labor de los pacientes y su trabajo rehabilitador que culmina con su integración social", asevera Plumed.
elmundo.es

El tabaquismo, principal causa de muerte entre enfermos mentales

Una máquina de liar tabaco. | S. Stapleton
La principal causa de muerte entre los enfermos mentales son las enfermedades asociadas al tabaco que, en muchos casos, les sirve "de medicación o compensación" a sus problemas de depresión, psicosis, trastornos de personalidad o hiperactividad, entre otras patologías.
Así lo ha puesto de manifiesto este viernes el doctor Miguel Casas Brugué, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitari Vall d'Hebron y catedrático de Psiquiatría de la Universitat Autònoma de Barcelona, durante la clausura del XV Congreso Nacional de Psiquiatría que se ha celebrado esta semana en Oviedo.
En rueda de prensa, ha destacado que el tabaquismo entre los pacientes psiquiátricos duplica al registrado entre la población general y que estos enfermos concentran la mitad del consumo mundial de tabaco.
Este experto ha incidido en que la nicotina es una de las drogas más fuertes que hay y que su consumo tiene grandes repercusiones físicas, pero que también puede "servir de medicación para problemas crónicos no resueltos" en el ámbito de la psiquiatría.
Así, ha señalado que a los fumadores recalcitrantes se les pone un tratamiento antidepresivo para que abandonen ese hábito con el que, en el fondo, están compensado depresiones enmascaradas o molestias que existen y no están diagnosticadas.
De hecho, ha afirmado que no es una cuestión de vicio o de adicción, sino que hay personas que necesitan esa sustancia para suplir una serie de carencias, que mejoran también si se les administran antidepresivos.
Por lo tanto, se ha mostrado convencido de que el hábito de fumar tiene más que ver con la "vulnerabilidad individual" que con las influencias o condicionantes externos.
Por otro lado, el coordinador de la unidad de conductas adictivas del servicio de Psiquiatría del Vall d'Hebron, el doctor Eugeni Brugera, ha rechazado y calificado de tópico la idea de que los enfermos mentales no pueden dejar de fumar y de que si lo hacen empeorarán de su trastorno de base.
"Hay suficiente evidencias científicas que demuestran la falsedad de dichos argumentos", ha señalado.
elmundo.es

miércoles, 13 de abril de 2011

ENFERMEDADES MENTALES

Debido a la situación de violencia, inseguridad,  e incertidumbre que predomina en México, gran parte de la población, padece algun tipo de enfermedad mental.

A continuación , presentamos un breve anälisis de las mas comunes , que alteran la forma de pensar y de ver la vida, de gran parte de los mexicanos:

Las enfermedades mentales, son afecciones psíquicas y de conducta, opuestas a los que gozan los individuos con buena salud mental.

En general, son causa de angustia y deterioro en importantes áreas del funcionamiento psíquico, afectando al equilibrio emocional, al rendimiento intelectual y a la adaptación social.

La clasificación de los trastornos mentales es todavía inexacta y varía según las escuelas y doctrinas psicopatológicas.

Partiendo de la distinción en función de la gravedad y de la base orgánica, se diferencian los trastornos ‘psicóticos’ de los ‘neuróticos’.

De forma general, psicótico implica un estado en el que el paciente, ha perdido el contacto con la realidad, mientras que neurótico, se refiere a un estado de malestar y ansiedad, pero sin llegar a perder contacto con la realidad.

Los casos de psicosis mas comunes son: la esquizofrenia, la mayor parte de los trastornos neurológicos y cerebrales (demencias) y las formas extremas de la depresión (como la psicosis maniaco-depresiva).

Entre las neurosis, las más típicas son las fobias, la histeria, los trastornos obsesivo-compulsivos, la hipocondría y, en general, todos aquellos que generan una alta dosis de ansiedad sin que exista una desconexión con la realidad.

Los transtornos organicos mentales , se caracterizan por la anormalidad psíquica y conductual asociada a deterioros transitorios, o permanentes en el funcionamiento del cerebro.

La esquizofrenia, abarca un grupo de trastornos graves, que normalmente se inician en la adolescencia. Los síntomas son las agudas perturbaciones del pensamiento, la percepción y la emoción que afectan a las relaciones con los demás, unido a un sentimiento perturbado sobre uno mismo y a una pérdida del sentido de la realidad que deteriora la adaptación social.

Los transtornos de la afectividad, son aquellos trastornos en los que el síntoma predominante, es una alteración del estado de ánimo. El más típico, la depresión, se caracteriza por la tristeza, el sentimiento de culpa, la desesperanza y la sensación de inutilidad personal. Su opuesta, la manía, se caracteriza por un ánimo exaltado, expansivo, megalomaníaco y también cambiante e irritable, que se alterna casi siempre con el estado depresivo.

En los transtornos paranoides, su síntoma principal son las ideas delirantes (creencia falsa, firmemente asentada, y resistente por ello a la crítica) y las más típicas son las de persecución (se considera víctima de una conspiración), las de grandeza (el sujeto se cree de ascendencia noble, principesca, santa, genial e incluso divina) o las celotípicas (celos desmedidos). En cualquier caso, la personalidad paranoide es defensiva, rígida, desconfiada y egocéntrica, por lo que tiende a aislarse y puede llegar a ser violentamente antisocial. Este trastorno normalmente suele iniciarse en la mitad o al final de la vida, destruyendo las relaciones sociales, sobre todo las de pareja.

En  los transtornos de ansiedad, el síntoma predominante son: los desórdenes que suponen pánico ante situaciones concretas y los trastornos ansiosos generalizados.

En las fobias y las neurosis obsesivo-compulsivas, el pánico aparece cuando el individuo intenta dominar otros síntomas: el miedo irracional, desmedido, a una situación, objeto, o animal concretos que altera su vida cotidiana. Entre las más perturbadoras está la agorafobia, miedo a los espacios abiertos, o muy cerrados (claustrofobia), tras el cual se oculta en realidad un miedo desmedido a la muerte, o al propio pánico, y que impide a los que la sufren salir a la calle. Por último, la compulsión, es la tendencia irrefrenable a repetir mecánicamente comportamientos inútiles, rituales de comprobación, o de previsión .

Además de la depresión neurótica y otros trastornos ansiosos, hay diversas situaciones que tradicionalmente se han considerado neuróticas, como la histeria, las reacciones de conversión (de un conflicto psíquico a una enfermedad orgánica irreal), la hipocondría y los trastornos disociativos.

Los llamados trastornos psicosomáticos, se caracterizan por la aparición de síntomas físicos sin que concurran causas físicas aparentes. En la histeria, las quejas se presentan de forma teatral y se inician, por lo general, en la adolescencia, para continuar durante la vida adulta. Es un trastorno que se ha diagnosticado con mayor frecuencia en mujeres que en hombres, y en su extremo —la histeria de conversión— aparecen parálisis que imitan trastornos neurológicos, de modo similar al dolor psicogénico que no presenta una causa física aparente. Por último, en la hipocondría el síntoma dominante es el miedo irracional a la enfermedad.

Entre las formas disociativas de trastorno mental están la amnesia psicológica y la personalidad múltiple (antaño conocida como histeria de la personalidad alternante), una extraña enfermedad en la que el paciente comparte dos o más personalidades distintas, alternando el predominio de una o de otra (es el caso de la obra de Robert Louis Stevenson Dr. Jekyll y Mister Hyde y de la película de Alfred Hitchcock, Psicosis).

A diferencia de lo episódico de los trastornos neuróticos e incluso de algunos psicóticos, los trastornos de la personalidad duran toda la vida; determinados rasgos de la personalidad del enfermo son tan rígidos e inadaptados que pueden llegar a causar problemas laborales y sociales, daños a uno mismo y probablemente a los demás.

La personalidad paranoide se caracteriza por la suspicacia y la desconfianza. La esquizoide ha perdido la capacidad e incluso el deseo de amar o de establecer relaciones personales, mientras que la esquizotípica se caracteriza por el pensamiento, el habla, la percepción y el comportamiento extraños. Las personalidades histriónicas se caracterizan por la teatralidad de su comportamiento y de su expresión, relacionadas en parte con el siguiente tipo, la personalidad narcisista, que demanda la admiración y la atención constante de los demás.

Las personalidades antisociales (antes conocidas como psicopatías) se caracterizan por violar los derechos de los demás y no respetar las normas sociales. Este tipo de personalidad es inestable en su autoimagen, estado de ánimo y comportamiento con los demás, y los ‘evitadores’ son hipersensibles al posible rechazo, la humillación o la vergüenza. La personalidad dependiente es pasiva hasta el punto de ser incapaz de tomar una decisión propia, forzando a los demás a tomar las decisiones en su lugar. Los ‘compulsivos’ son perfeccionistas hasta el extremo e incapaces de manifestar sus afectos. Por último, los ‘pasivos-agresivos’ se caracterizan por resistirse a las exigencias de los demás a través de maniobras indirectas, como la dilación o la holgazanería.

Es imposible saber con exactitud cuántos individuos padecen trastornos mentales. Los registros de admisión a los centros psiquiátricos pueden ser orientativos, pero hay que tener en cuenta que excluyen a un amplio número de personas que nunca buscan tratamiento por no considerar que sufren algún trastorno.

Actualmente existe una preocupación cada vez mayor por los trastornos mentales orgánicos, puesto que inciden con más frecuencia en las personas mayores, un sector de población que está aumentando vertiginosamente en los países más desarrollados.

Autor : Azor

yoreme.wordpress.com

martes, 15 de febrero de 2011

Le rebajan la pena por agresión sexual porque sufre el síndrome del 'frotamiento'

José Carlos C.C. abordó durante tres años a 18 mujeres y las agredió sexualmente cuando estaban en la playa por la zona de Muro. El acusado se escondía entre las dunas y abordaba a las mujeres por sorpresa, si bien nunca consiguió consumar la violación porque era ahuyentado por las propias víctimas.
Además, consumar el acto sexual no era imperativo para el agresor ya que sufre una enfermedad mental, conocida como frotteurismo. Esta enfermedad es una parafilia que le provoca un deseo irrefrenable de frotarse contra otras personas sin su consentimiento. De ese 'frotamiento' obtiene su excitación sexual y placer.
Este martes estaba previsto un juicio contra el acosador de las dunas, que finalmente no se ha celebrado tras llega la defensa con la fiscalía a un acuerdo. Juan Carlos será condenado a 20 años de prisión de los que cumplirá como máximo nueve y continuará con la terapia de tratamiento de su trastorno.
Asimismo, de las 4 violaciones no consumadas de las que se le acusaba, dos han sido archivadas por falta de pruebas y las otras 14 agresiones se han rebajado al delito de abusos.
elmundo.es

martes, 8 de febrero de 2011

El doble estigma de las personas con enfermedad mental

Una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida. "El silencio que rodea a cualquier problema de salud mental forma parte del problema, ya que en la actualidad, las enfermedades mentales están silenciadas, ausentes e invisibles", afirman las sociedades españolas de Psiquiatría y la de Psiquiatría Biológica, y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental en un comunicado conjunto. "Las personas con enfermedad mental deben afrontar una doble dificultad para recuperarse: la enfermedad en sí y los prejuicios y discriminaciones que recibe por padecerla. Es el estigma una carga de sufrimiento que incrementa innecesariamente los problemas de la enfermedad y constituye uno de los principales obstáculos para el éxito y la recuperación de estas personas".
Los sentimientos de vergüenza y estigmatización que provoca esta enfermedad entre quienes la padecen y sus familiares "son la causa de que actualmente muchos enfermos no estén diagnosticados ni tratados, especialmente al comienzo del trastorno, cuando el éxito del tratamiento es mayor. Asimismo, el miedo y la aversión de la sociedad cierra muchas puertas a estas personas: sanitarias, laborales, de vivienda o de relaciones sociales", señala Jerónimo Saiz, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría.
"Todavía queda un largo recorrido, sin embargo, que la atención médica a las personas con trastornos mentales esté integrada con el resto de la medicina", apunta Celso Arango, director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red para Salud Mental (Cibersam). 
elpais.com

sábado, 30 de octubre de 2010

Cuando es un enfermo mental el que pasa por quirófano

Pasar por quirófano no es un plato de buen gusto para nadie, pero la situación puede ser más complicada para todos (enfermo y equipo médico que le atiende), si el paciente padece una enfermedad psiquiátrica. De hecho, un equipo de científicos estadounidenses acaba de constatar que aquéllos con patología mental tienen más riesgo de morir durante el posoperatorio que los que gozan de una buena salud psíquica.
La investigación hace hincapié, no obstante, en que este aumento de sus probabilidades de fallecer es moderado y afecta fundamentalmente a los aquejados por depresión y ansiedad.
Thad Abrams, de la Universidad Iowa Carver (en Iowa, EEUU) y autor principal de esta investigación reconoce que "existe un vacío en la literatura científica que haya analizado esta relación, de ahí que nuestro principal objetivo fue estudiar los efectos de la existencia de comorbilidad psiquiátrica en la mortalidad después de una cirugía".
Para ello, y tal y como recoge el último número de 'Archives of Surgery', los autores analizaron los casos de 35.539 pacientes quirúrgicos admitidos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) de los hospitales de veteranos de EEUU entre octubre de 2003 y septiembre de 2006. Indagaron asimismo en si estos enfermos tuvieron antecedentes psiquiátricos los 12 meses previos al ingreso en la UCI.
Los datos revelan que el trastorno mental se identificó en 8.922 de los intervenidos (un 25%).De ellos, un 15% padecía depresión; un 8%, estrés postraumático, un 7% ansiedad; el 2% trastorno bipolar y el 1,8% restante, psicosis. "Tuvimos en cuenta además todos los factores que pueden alterar los resultados de mortalidad en los 30 días posteriores a la cirugía como la edad, raza, otras condiciones médicas, la presencia de la ventilación mecánica en el día del ingreso, la recepción de transfusiones de sangre dentro de las 48 horas de llegar al hospital... entre otros aspectos".
En cuanto a las intervenciones más frecuentes realizadas entre los participantes destacan: las de tórax, cateterismos, cirugías cardiovasculares, operaciones de cáncer de vejiga, cirugías de riñón o vasculares, entre otras.
"Nuestro estudio tiene dos conclusiones fundamentales. En primer lugar: su gran cantidad de participantes y que la presencia de patología psiquiátrica existente se asoció con un modesto aumento del riesgo de mortalidad a los 30 días de ingreso en UCI quirúrgica. En segundo lugar, el grado de estas asociaciones está influenciada por la patología mental... así, el riesgo fue mayor entre los afectados de depresión y ansiedad".
Algunas de las posibles explicaciones a este hecho son "que los estudios indican que los pacientes con depresión frecuentemente no siguen los tratamientos farmacológicos para condiciones médicas subyacentes. Por tanto, es posible que al ser tratadas con deficiencia afecten a los cuidados postoperatorios y a sus resultados. Además, los pacientes con enfermedad mental pueden ser más propensos a someterse a intervenciones en hospitales o por cirujanos de menor calidad", comentan los investigadores.

Valoraciones
Antonio Bulbena, director del Instituto de Atención Psiquiátrica, Salud Mental y Toxicomanías del Hospital del Mar de Barcelona, confirma a ELMUNDO.es que "sí existen evidencias de un aumento del riesgo de mortalidad en personas mayores con delirium, pero no en otras patologías. No obstante, recuerda que lo más importante es trabajar con equipos multidisciplinares en todos los servicios, como el de cirugía, porque el paciente es lo más importante".
Alberto Mateo, jefe del Servicio de Cirugía del Hospital Universitario La Paz de Madrid, defiende que "el estudio es de una gran calidad y cuenta además con un número bastante considerable de pacientes. No obstante, reconozco que, como cirujano, no tengo la sensación de que los enfermos mentales que se operan tengan un mayor riesgo de morir los días posteriores a la intervención que los que no sufren estas patologías".
Sí reconoce, en cambio "que su manejo posquirúrgico puede ser más complicado, dado que en la curación el protagonista es el paciente y no el médico y se requiere su colaboración. Algunos descuidan su higiene o se quitan las sondas".
Para este experto es importante establecer la diferencia entre una cirugía programada o la de un "enfermo mental que llega a Urgencias y ha intentado suicidarse. En ellos debemos manejar con más cuidado la medicación durante la anestesia y el posperatorio". Defiende, además, que "cualquier enfermedad médica (mental o no, como por ejemplo, una diabetes) complica el acto quirúrgico y el posoperatorio".
Julio Mayol, cirujano digestivo del Hospital Universitario Clínico San Carlos, también en la capital, reconoce que el trabajo "no puede extrapolarse a toda la población debido a que los participantes del estudio son, fundamentalmente, varones y militares".
Confirma que cuando un paciente mental ingresa para ser intervenido, los "cirujanos piden interconsulta con el psiquiatra para valorar la medicación antes y durante el posoperatorio. Aunque el mayor riesgo de complicaciones es el que poseen los enfermos con síntomas subclínicos mentales o que no han sido diagnosticados".
elmundo.es

lunes, 7 de junio de 2010

En las cárceles hay tres veces más enfermos mentales que en la población general

MARÍA SÁNCHEZ-MONGE
MADRID.- "Dejar a las personas con trastornos mentales tratables en manos del sistema de justicia penal no es útil ni para la sociedad ni para el individuo. El hecho de haya tantos internos con problemas psiquiátricos en las prisiones -frecuentemente sin tratamiento- supone una afrenta para los valores sociales y la adecuada comprensión de las enfermedades mentales". Este es el dictamen de la situación de las cárceles canadienses que hacen los autores de un editorial que se publica en la última edición del 'Canadian Medical Associaton Journal' ('CMAJ').
En los correccionales de Canadá, el número de afectados por patologías psiquiátricas graves es unas tres veces superior al de la población general. Según explican los expertos que firman el artículo, las personas con condiciones médicas potencialmente controlables, como la esquizofrenia o la depresión, "pueden tener un comportamiento que la sociedad considera inaceptable e, incluso, criminal cuando no cuentan con los sistemas de apoyo adecuados".
Aseguran que las cárceles no son, desde luego, los lugares más apropiados para los enfermos mentales que han cometido algún delito. Al menos, no tal y como están planteadas en la actualidad, ya que no cuentan ni con las instalaciones ni con el suficiente personal médico especializado.
El panorama en España no es mucho mejor que en Canadá. "Nuestra situación es de las peores de Europa con diferencia", asegura Alfredo Calcedo-Barba, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Legal. "Para empezar, somos el país de la Unión Europea con un mayor número de presos respecto a la población: 155 por 100.000 habitantes", agrega. Este psiquiatra corrobora que en las prisiones hay entre tres y cuatro veces más enfermos mentales graves que en el conjunto del territorio nacional.
Según datos recogidos por la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Fefafes), en España había en 2006 (últimos datos disponibles) más de 19.000 individuos en prisión con un diagnóstico psiquiátrico. A estas personas habría que añadir los casi 600 pacientes de los hospitales psiquiátricos penitenciarios, "cuyas condiciones de vida siguen siendo las mismas de hace 20 años, tal y como denunció el Defensor del Pueblo en un informe de marzo de 2009".
Calcedo-Barba explica que las circunstancias en las que se encuentran los afectados por patologías mentales en las cárceles españolas "son lamentables". En cambio, "en la mayor parte de los países desarrollados se han creado servicios de psiquiatría forense que dependen del sistema sanitario y cuentan con medidas de alta seguridad". Ese sería el modelo de atención más adecuado.
"En España no hay nada de eso", apostilla. No obstante, puntualiza que hay una excepción, Cataluña, que cuenta con un planteamiento "mucho más avanzado" en esta materia, aunque también es mejorable.
Disputas políticas
En el origen del problema se encuentra la descoordinación entre administraciones. Los enfermos mentales que cometen delitos deben responder ante la justicia, pero también necesitan cuidados sanitarios. Y ahí es donde surgen las complicaciones, ya que el sistema penitenciario depende del Gobierno central, mientras que el sanitario corre a cargo de las autonomías. "Por eso nadie invierte en esta cuestión; los responsables autonómicos y nacionales se pasan la 'patata caliente' unos a otros".
Y mientras los políticos discuten, España sigue contando únicamente con dos hospitales psiquiátricos penitenciarios (en Alicante y Sevilla), que siguen "un modelo de hace 40 ó 50 años y se encuentran absolutamente desbordados", resume el experto en psiquiatría forense. Como ya no caben más internos en esos dos centros, muchos enfermos graves con causas penales pendientes ingresan directamente en prisión, donde no hay medios para proporcionarles el tratamiento psiquiátrico que requieren.
Por ejemplo, cuando una persona que padece una psicosis es condenado tras cometer un homicidio, acaba en la cárcel, donde "lo meten en la enfermería", señala Calcedo-Barba, ya que ahí "hay algo más de personal". Pero eso no sirve de mucho, puesto que "los médicos de instituciones penitenciarias se encuentran desbordados".
Las prisiones acusan la falta de personal sanitario y, particularmente, del especializado en salud mental. Así, para todos los centros penitenciarios de Madrid tan sólo hay dos psiquiatras en plantilla.
Cuando la situación de los presos aquejados de enfermedades mentales se deteriora mucho, se les ingresa en un hospital. Nuevamente, son atendidos de forma inadecuada, ya que se les mantiene aislados en habitaciones custodiadas. "No salen de ellas para nada; son como celdas de aislamiento", apunta el psiquiatra, quien añade que este entorno es lo menos terapéutico que puede haber para unos pacientes que precisan, por ejemplo, salir al aire libre o realizar terapia ocupacional.
Tal y como subrayan los autores del editorial recogido en la revista canadiense, este estado de cosas no beneficia al individuo, que no recibe tratamiento, ni al conjunto de la sociedad. Cuando un enfermo mental sale finalmente de la cárcel -algo que suele hacer más tarde que el resto de los presos, puesto que nadie se atreve a concederle permisos o progresiones de grado-, nadie se ocupa de vigilarlo.
Dado que no hay medios en las prisiones para tratar los trastornos psiquiátricos y los afectados son puestos en libertad cuando han cumplido su condena, no es de extrañar que algunos salgan al 'mundo real' en condiciones pésimas. "Se les deja en la puerta de la prisión y, si se da la circunstancia de que están delirando, atacan a alguien poco tiempo después de estar en la calle", señala el especialista, quien asegura que es algo que ocurre con cierta frecuencia.
La situación de estas personas también ha sido denunciada por las asociaciones de defensa de los derechos humanos, que consideran que en estos casos coexiste un doble estigma: el asociado a la reclusión penal y el que soportan quienes padecen enfermedades mentales.
En opinión de Calcedo-Barba, teniendo en cuenta la actual crisis económica, no es probable que alguien vaya a tomar cartas en el asunto en un futuro próximo: "En época de bonanza económica no se aprovechó para hacerlo".

elmundo.es

jueves, 6 de mayo de 2010

Las secuelas mentales de la guerra sobre la población civil

LAURA TARDÓN
MADRID.- Años después de que la guerra de los Balcanes terminara, la mitad de la población (44,8%) sufre enfermedades mentales como depresión, agorafobia y trastornos obsesivo-compulsivos. Así lo confirma uno de los pocos estudios que valoran el impacto de un conflicto bélico en la salud mental de quienes lo viven.
"Entre un 15,6% y un 41,8% padece trastornos de ansiedad como pánico, agorafobia, fobia social y trastorno obsesivo-compulsivo", señala Stefan Priebe, uno de los autores de la investigación, publicada en 'Archives of General Psychiatry'. Los trastornos del humor o afectivos también les afectan significativamente. Según los resultados, entre un 12,1% y un 47,6% sufre alguno de ellos, por ejemplo: depresión, distimia (ánimo melancólico), hipomanía (alteraciones del ánimo) o manía.
Con el objetivo de concluir la prevalencia de estos desórdenes mentales en la población civil adulta, un equipo de especialistas procedentes de universidades de varios países se centró en las experiencias de un total de 3.313 participantes que vivieron la guerra de los Balcanes (1991-1995) y continúan residiendo en el área de conflicto: Bosnia y Herzegovina, Croacia, Kosovo, República de Macedonia y Serbia.
Después de realizar las entrevistas personales con cada uno de los participantes, durante 2005 y 2006, los autores observaron que existía una serie de factores relacionados con un mayor riesgo de sufrir enfermedades mentales. Así, por ejemplo, la tasa de los trastornos de ansiedad era más alta en personas mayores, de sexo femenino, desempleadas y con experiencias traumáticas durante y después del conflicto bélico.
Por su parte, los trastornos del humor tenían más prevalencia en aquellos individuos que, además de las anteriores, cumplían con dos condiciones más: tenían un nivel educativo bajo y habían vivido experiencias traumáticas antes de la guerra.
Además de confirmar la prevalencia de trastornos de ansiedad y del humor, los autores de este estudio también analizaron en qué medida las personas que vivieron una guerra tenían problemas con el consumo de alcohol y drogas. "Estos problemas fueron menos frecuentes, entre el 0,6% y el 9% [...] Las probabilidades aumentaban en los hombres y las personas sin pareja".
Tener en cuenta las necesidades específicas
"Aún hoy, las guerras afectan a millones de civiles cada día. Es importante que los programas de ayuda tengan en cuenta cuáles son las necesidades de salud mental de la población afectada", explican los responsables del trabajo.
Además, añaden, "se deberían considerar aspectos específicos de cada país". Por ejemplo, en Serbia y la República de Macedonia eran más frecuentes los bombardeos. En el resto de los cinco países estudiados los participantes relataban otras experiencias de guerra: perdieron a algún miembro de la familia, presenciaron asesinatos y vivieron en campos de concentración o prisiones.
Conociendo los factores de riesgo, proponen los especialistas, "sería posible seleccionar y trabajar con aquellos grupos más susceptibles (mujeres, mayores, bajo nivel educativo, con experiencias traumáticas y sin empleo) de sufrir secuelas mentales después de una guerra".
elmundo.es

martes, 27 de octubre de 2009

El asco, el 'ingrediente' olvidado de algunas enfermedades mentales

PATRICIA MATEY
MADRID.- A María le repugnan las arañas y Clara siente auténticas náuseas cuando está cerca de un plato de espinacas. El caso de Juan Miguel es más grave e invalidante. Su miedo a contraer una enfermedad le empuja a lavarse las manos constantemente.
El asco, con todas sus letras, es una emoción negativa y protectora del organismo (previene la contaminación o la enfermedad) pero, también, puede ser algo más, ya que juega su papel en determinadas enfermedades psiquiátricas.
Pese a que ya hay voces que reclaman que la emoción de asco o la repugnancia ha sido 'la gran olvidada de la psiquiatría', tal y como recogió un editorial publicado en el 'British Journal of Psychiatry'; científicos españoles están dispuestos a ahondar en su 'significado psicopatológico' gracias a un nuevo proyecto de investigación, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación que ya está en su fase inicial.
"Pretendemos estudiar la sensibilidad al asco en población española (algo que hasta ahora no se ha hecho), elaborar un sistema de evaluación del asco y la sensibilidad al mismo, y estudiar su relación con los trastornos de ansiedad, especialmente con los miedos y fobias a ciertos animales (animales conceptuados comúnmente como repugnantes), fobias a la sangre (inyecciones-daño), y con el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), dado que muchos de estos pacientes tienen reacciones asco y temor a la de contaminación, más que respuestas de ansiedad propiamente dichas). También consideramos su papel en otros posibles trastornos, como los de la alimentación", aclara a elmundo.es Bonifacio Sandín Ferrero, director del Grupo de investigación de Psicopatología y Salud de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y catedrático de Psicopatología.
Y es posible que "aunque no existan datos epidemiológicos sobre esta cuestión, el porcentaje de personas que experimentan respuestas excesivas de asco sea elevado. También es probable que en su mayor parte tales respuestas sean perturbadoras para el individuo, bien porque interfieran en su vida cotidiana o porque se asocien a otros trastornos psicológicos", sugiere este experto.
Como 'adelanto' al proyecto, este investigador y su equipo acaban de publicar un artículo en 'Revista de Psicopatología y Psicología Clínica' donde analizan las razones por las que el asco forma parte importante de la etiología y la manifestación de diversos trastornos psicológicos.
"El asco, al igual que el miedo, nos protege del posible peligro o daño producido por ciertos agentes externos o extraños al organismo, pero también puede generar trastornos si sobrepasa su valor funcional al inducir respuestas excesivamente intensas o inapropiadas", especifica Bonifacio Sandín.
¿Trastornos del asco?
Aunque según este especialista aún es demasiado pronto para afirmar tajantemente que sentir repugnancia predice el riesgo de desarrollar una enfermedad psiquiátrica, "actualmente existe evidencia de su implicación en algunos trastornos de ansiedad y también hay datos de su relación con los trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia nerviosa), el estrés postraumático, las disfunciones sexuales, la hipocondría... Además hoy en día se está estudiando si existen trastornos propiamente asociados a la repugnancia en sí misma, es decir trastornos donde la perturbación central sea el asco como tal (trastorno del asco)", agrega.
En las fobias, por ejemplo, la perturbación central "se ubica en la propia emoción de miedo y constituyen trastornos en sí mismos. Pensamos que con el asco puede suceder algo similar. Por ejemplo, algunos problemas conceptuados actualmente de cierto tipo psicopatológico o psiquiátrico podrían ser más bien trastornos del asco. Es el caso de algunas fobias, como a la sangre".
Tratar la repugnancia extrema es posible. "Puede abordarse utilizando técnicas de tratamiento cognitivo-conductual similares a las que se emplean para tratar algunos de los trastornos de ansiedad, donde tanto la exposición como la reestructuración cognitiva juegan un papel fundamental", indica este profesor de la UNED.

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Un padre ata 22 años a sus dos hijas enfermas mentales

Dos hermanas enfermas mentales han vivido durante 22 años encadenadas por su padre en su vivienda, en un pueblo del norte de Albania, quien no podía llevarlas al médico por falta de dinero.
Según informó la televisión local News 24, las hermanas Thellenxa y Fidane Keshi, de 45 y 46 años, respectivamente, han tenido que pasar casi la mitad de su vida encadenadas dentro de su vivienda en el pueblo de Maqellare, fronterizo con Macedonia.
Su padre, Dine, de 70 años, consideró a sus dos hijas "agresivas" y "peligrosas", y explicó que las ató para que no pudieran escapar y matar a los vecinos.
Desde la muerte de la madre hace años, la familia Keshi vive en la miseria y el padre no ha podido llevar a sus dos hijas supuestamente enfermas al hospital para someterlas a un tratamiento especializado.
Sus únicos recursos, según la información de los medios locales, son dos pensiones modestas de invalidez que reciben las enfermas, insuficientes para la compra de medicamentos.
La semana pasada, la prensa denunció otro caso: el de un joven de 26 años que permaneció encadenado durante tres años a una caseta de perro por voluntad de sus padres, que carecían de dinero para proporcionale atención médica.

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viernes, 18 de septiembre de 2009

El diagnóstico temprano más psicoterapia, clave para superar la enfermedad mental


AMÉRICA VALENZUELA (elmundo.es)
MADRID.- En España transcurren casi cuatro años desde que un persona sufre el primer brote psicótico hasta el diagnóstico. Así lo confirman los especialistas reunidos en el 'XV Congreso Internacional para la Psicoterapia de Esquizofrenia y otras psicosis', que acoge Madrid estos días. El diagnóstico temprano de las enfermedades mentales es un tema pendiente en la sanidad española.
El encuentro internacional reúne a cerca de 1.500 profesionales de la salud mental de 56 países durante una semana. Está organizado por la
Sociedad Internacional de Esquizofrenia y otras psicosis (ISPS), una asociación que promueve el uso de la psicoterapia y el tratamiento psicológico para los enfermos de esquizofrenia y demás psicosis.
En España 400.000 personas padecen alguna psicosis y cada año se diagnostican hasta 90.0000 nuevos casos. El diagnóstico temprano y comenzar pronto el tratamiento es fundamental para un buen pronóstico.
En opinión del psiquiatra Jan Olav Johannessen, presidente de la ISPS, cree que para solucionar el grave retraso entre los primeros sígnos de psicosis y el diagnóstico de enfermedad mental, deberían lanzarse campañas de concienciación como las que se han llevado a cabo en Finlandia con buenos resultados.
A través de ellas, la población aprende que a detectar signos de psicosis en las personas de su entorno y que cualquiera puede sufrirla. De acuerdo con el Johannessen, "todos los que desarrollan psicosis empiezan con depresión, ansiedad o trastornos del sueño. En algunos el proceso avanza rápidamente hacia las ideas delirantes y otros requieren años".
La importancia de la psicoterapia
"Si los enfermos toman sólo fármacos no saben porqué los toman ni para qué y esto conduce a un alto porcentaje de
abandono de medicación", ha explicado el doctor Manuel González de Chávez, director del servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón y presidente de la esta edición del congreso.
Consideran de suma importancia crear programas integrales, de manera que el tratamiento del enfermo incluya psicoterapia, psicoeducación y fármacos. "La evidencia actual nos ha enseñado que es necesario añadir psicoterapia a la terapia farmacológica. Gracias a ella, los pacientes aprenden a entender su enfermedad y su vida. Así, se enfrentan a los problemas y superan, en el caso de la esquizofrenia, la regresión al mundo mágico que utilizan a veces como forma compensatoria para resolver sus dificultades reales", ha precisado.
Según sus datos, un 30% de los pacientes que sólo toman medicación recaen en los dos primeros años desde el primer episodio psicótico. En cambio si añadían al psicoterapia al tratamiento disminuían las recaídas en esos mismos enfermos disminuye hasta la mitad, a un 15%.
"Es preciso avanzar y superar el tratamiento de la esquizofrenia centrado en los neurolépticos y actividades de rehabilitación, combinándolo con psicoterapia individual, grupal, familiar y psicoeducativa", ha concluido Chávez.

"Mi hija Lucy ahora vive sóla, tiene novio y su propia casa"
INGER NILSSON, presidenta de EUFAMI y madre de una persona con esquizofrenia
Inger y su marido no supieron muy bien cómo reaccionar ante la noticia de que Lucy, su hija pequeña, sufría esquizofrenia. Con 23 años sufrió su primer brote psicótico. "Mi esposo pudo desahogarse compartiendo sus sentimientos con compañeros de trabajo; es bombero y su trabajo se lo permite", recuerda. Sin embargo ella guardó su desasosiego para sí. "Mi trabajo, en cambio se desarrolla en un banco y allí no podía mostrar mi verdadero estado de ánimo".
Inger no podía soportar ver a su hija en mal estado y cómo su actividad diaria se había reducido. "Veía cómo mi hija se consumía, cómo los efectos secundarios de los fármacos la estaban afectando... llegó un momento en el que dejó de hablar". Propuso al personal del centro donde estaba ingresada sacar a Lucy a pasear e intentar que llevara una vida normal dentro de lo posible, pero no se lo recomendaron. Todo ésto le sumió en una depresión.
Un tiempo después, acudió a reuniones de terapia familiar, donde encontró más personas con sus mismos problemas, con sus mismas inquietudes. Allí pudo compartir sus angustias y resolver sus dudas gracias a la experiencia de las demás familias.
Un año después de comenzar la psicoterapia, Lucy volvió a hablar. Aprendió a dibujar y sus obras reflejan la evolución de su enfermedad y sobre todo del talante con que la afronta. Inger recuerda que a su hija le daban miedo las arañas y decía que tenía una en la garganta, otra en la cabeza y otra en el estómago, para describir su enfermedad. "Al principio pintaba arañas horribles y terroríficas. Ahora cuando dibuja una araña la dibuja con una cara sonriente".
Así Inger recuperó su "espíritu de lucha" y ahora es la presidenta de
EUFAMI, Federación Europea de Familiares de Personas con Enfermedad Mental. Hoy, casi 10 años después del primer episodio psicótico, Lucy está mucho mejor. "Aunque no ha vuelto a ser la misma que antes de padecer la enfermedad, Lucy ahora vive sola, tiene novio y su propia casa", comenta con satisfacción su madre. Con cierta melancolía recalca: "Quiero transmitir esperanza. porque el camino es largo y duro".

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