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lunes, 6 de septiembre de 2010

Al final, los guapos triunfan

A lo mejor juegan 'limpio' pero con ventaja. Se dice que los adolescentes atractivos tienen mejor salud, practican más deporte, son mejor aceptados por sus iguales y suelen tener mayores éxitos académicos. Y si no que se lo digan a Selena Gómez, Demi Lovato o Miley Cyrus. Sin embargo, no siempre fue así: los chicos y chicas más guapos tienen peor autoestima durante la preadolescencia que los menos atractivos, pero con los años les superan en autoconfianza.
Suzanne Mares, del Instituto de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Radboug en Nijimegen (Holanda) y autora principal del nuevo ensayo, reconoce "que quizás una de las ventajas más importantes del atractivo físico puede identificarse a través de las interacciones sociales. Por ejemplo, las personas juzgan más positivamente a los atractivos que a los 'feos'. Además, las habilidades sociales afectivas están más desarrolladas en los primeros que en los segundos".
Las prebendas sociales del atractivo físico "no sólo se producen en los adultos, sino también en los niños y en los adolescentes. Así, algunos estudios han verificado que los profesores aceptan mejor a los guapos que a sus homólogos menos favorecidos. Consideran también más populares entre los compañeros a las niñas más interensantes... Los adolescentes atractivos son más propensos a recibir una retroalimentación social más positiva y la autoestima depende, en gran parte, de la aceptación y el aprecio recibido de los demás", determinan los autores en el último Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology' '.
A diferencia de otros estudios previos que han analizado la asociación entre atractivo y mayor confianza en uno mismo, "el nuestro se ha realizado a nivel longitudinal (cinco años de duración) para descubrir el desarrollo de la autoestima a lo largo de la adolescencia. Además, la medición de la 'belleza' se basó en informes obtenidos de varios 'jueces'. Es decir, universitarios y padres con hijos adolescentes determinaron a través de fotos qué chicos y chicas eran más espectaculares", comentan los autores.
Finalmente, el trabajo se realizó con 230 estudiantes de entre 13 y 15 años a los que se les realizó un test de autoestima cada año a lo largo de cinco. Los datos llaman la atención al "establecer que los menores juzgados como más seductores tenían la autoestima más baja al inicio de la adolescencia que los que poseen menos gancho. Sin embargo, con los años, los 'favorecidos' desarrollan una mayor confianza".
Una posible explicación a este hecho reside en que "durante la adolescencia temprana las niñas y niños más llamativos físicamente se enfrentan a unas expectativas más elevadas de su entorno social directo. Padres, profesores y compañeros esperan mucho más de ellos. Pueden sentir que nunca van a responder adecuadamente a ellas , por lo que la confianza en sí mismos desciende", establecen los autores.
Recuerdan que la "baja autoestima a estas edades es un factor de riesgo de varios problemas de comportamiento (como conductas delictivas), de depresión e, incluso, de ideas suicidas. Los padres y los educadores deben tener esto en cuenta cuando manifiesten sus expectativas a los pequeños. También tienen que valorar que la sociedad actual otorga cada vez más importancia a la belleza, por lo que deben fomentar otros valores en los los chicos y chicas menos guapos con el fin de que su autoestima aumente con los años y tengan así menos riesgo de padecer enfermedades como la anorexia o la bulimia", concluyen los investigadores holandeses.
elmundo.es

jueves, 1 de octubre de 2009

Niños populares serán adultos más saludables

Según un estudio, los pequeños con menos amigos y menor prestigio entre sus pares son mucho más propensos a sufrir enfermedad cardíaca y diabetes más adelante en sus vidas y corren más peligro de suicidio y dependencia al alcohol y las drogas.
Los niños que son populares en la escuela no sólo disfrutan de más respeto de sus compañeros y amigos sino que además al crecer se convierten en adultos más saludables, reveló un estudio realizado en Suecia.

El estudio de la Universidad de Estocolmo y el Instituto Karolinska evaluó a más de 14.000 niños nacidos en Suecia en 1953 y hasta el 2003 para ver si la condición escolar en la infancia tenía relación con la morbilidad en la adultez.
"La exposición a expectativas y el acceso a los recursos que acompañan cualquier posición entre los pares tendrían un impacto a largo plazo sobre la identidad, la conducta y las ambiciones de los chicos, además de las opciones que toman", indicaron los investigadores.
"Esto, en ocasiones, afecta el desarrollo de la salud en el curso de la vida", añadió el equipo en el artículo publicado en Journal of Epidemiology and Community Health.
Para el estudio, se evaluó el grado de popularidad, poder y estatus social de los niños en sexto grado hasta cuando tenían alrededor de 13 años. La información luego se unió a datos sobre ingresos a hospitales registrados entre 1973 y el 2003.
La investigación reveló que los chicos con menor jerarquía en la escuela tenían el riesgo general más alto de padecer problemas de salud graves al ser adultos. Esto fue evidente en hombres y mujeres y no dependió de la clase social del niño.
Los niños menos populares era cuatro veces más proclives a ser hospitalizados por enfermedades hormonales, nutricionales o metabólicas, como diabetes, comparado con aquellos populares y poderosos entre sus compañeros.
Estos chicos eran además dos veces más propensos a desarrollar problemas de salud mental y conducta y mucho más proclives a la enfermedad cardíaca y al abuso de drogas y alcohol.
"El presente estudio destaca la importancia de reconocer la posición social de los niños, además de la de sus familias, para (conocer) la salud a futuro", concluyó el equipo.
Fuente: Reuters

infobae.com

martes, 4 de agosto de 2009

Se aprende más de un éxito que de un fracaso


Mejor el palo que la zanahoria. Observando a fondo nuestro cerebro, parecería que efectivamente aprendemos más de nuestros éxitos que de nuestros errores. Y además, tendemos a volver a menudo sobre nuestros pasos si nos llevan en la dirección equivocada.
"Estudiamos el comportamiento de los monos -explica Earl Miller, del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y publica hoy su investigación en Neuron- y vimos que cuando un animal da la respuesta correcta en el test al que lo sometemos, en su cerebro resuena el mensaje "hiciste lo que correspondía".
"Después de una respuesta positiva, las neuronas memorizan la información de manera más eficaz y persistente y la vez siguiente, el mono tiende a responder también correctamente. En cambio, después de un error, no asistimos a ninguna mejora", agregaron los científicos.
El test para los monos consistía en una especie de videojuego: si aparecía una figura en la pantalla de una computadora (un hombre con pipa) los animales debían darse vuelta hacia la izquierda.
Si aparecía otra (un semáforo) debían voltearse a la derecha. La única manera de aprender la asociación exacta era probar una y otra vez a través de una serie de aciertos y errores. Girando hacia el lado equivocado, los monos no recibían premio, la "activación" de sus neuronas duraba menos de un segundo y en los intentos sucesivos no se registraba ninguna mejora.
En el caso de respuesta correcta y "zanahoria" como premio, la activación de las células cerebrales duraba cinco segundos, lo necesario para llegar a la siguiente pregunta.

TRADUCCIÓN: Cristina Sardoy
clarin.com

lunes, 26 de enero de 2009

El síndrome de dejarlo todo en plena gloria



Silvia Blanco

El País
El 13 de marzo de 1973, Juan Rulfo desveló la razón por la que había renunciado a seguir escribiendo: "[...] Pues porque se me murió el tío Celerino, que era el que me platicaba todo". Fue en la Universidad Central de Venezuela, durante una conferencia, mucho tiempo después de que el autor de Pedro Páramo y El llano en llamas hubiera optado por dedicarse a la fotografía y a los guiones de cine, y fue muchas veces después de que le formularan esa misma pregunta.
El mismo camino del portazo a la literatura había tomado, años antes, nada menos que Arthur Rimbaud, quien a los 19 decidió que ya había dicho todo lo que tenía que decir en poesía y se convirtió, entre otras cosas, en traficante de armas.
Ambos tienen algo en común: tras lograr un éxito brutal, se apartaron de la publicación de libros y procuraron permanecer lo más alejados posible de la fama.
No es un caso exclusivo de los escritores. Un prestigioso cocinero francés, Olivier Roellinger, se deshizo de lo más parecido a un Nobel que se le reconoce al arte culinario: las tres estrellas que le había otorgado a su restaurante la guía Michelin. Su motivo, la muerte del tío Celerino particular, era el estrés.
El impecable Daniel Day-Lewis, el Gerry Conlon de En el nombre del padre, que ganó un Oscar, pasó cinco años sin actuar. Aunque evita hablar de ello, se sabe que vivió en Florencia trabajando de aprendiz de zapatero.
Esta es una historia de dilatados parones o abruptos finales. Aunque los primeros son mucho más frecuentes, hablan de las dificultades de la creatividad para soportarse a sí misma y para soportar y, más aún, mantener el éxito.
Manuela Romo es autora de Psicología de la creatividad (Paidós) y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid. Al investigar sobre el trabajo de los creadores, se encontró con que se trata de una actividad que exige "un enorme esfuerzo cognitivo y mental al que hay que dedicar cientos o miles de horas. Además, cuando hablamos de auténtica creación, de producir algo nuevo, la persona experimenta fases de gran incertidumbre; no sabe hacia dónde va exactamente; no hay nada definido, y, además, está desafiando paradigmas establecidos, lo que puede ocasionar rechazo o incomprensión".
Visto así, se parece bastante a una especie de tortura. Sin embargo, Romo subraya que nada de esto es capaz de quebrar, por sí solo, la voluntad de un artista, un científico o un compositor.
"Es su vida. Una personalidad creativa ama su trabajo, en el que a veces tiene lo que la psicología llama la «experiencia del fluir»: un estado de total inmersión en una tarea, estar absorbido y perder por completo la noción del tiempo."
Introducir la variable del éxito en la creatividad puede descompensarlo todo, por extraño que parezca. "Ocurre cuando se orienta la obra hacia la consecución de un resultado", comenta Javier Mañero, director de la Escuela de Inteligencia. Después del gran triunfo, entre la crítica o el público, de un libro, un disco, un cuadro o un plato, lo más temido y estresante para el autor puede ser la pregunta «¿Y ahora, qué?»."
"Los fracasos no cuentan, excepto si vienen después de un éxito", asegura el escritor Santiago Roncagliolo.
No hay creatividad sin riesgo. "Es muy difícil mantener indefinidamente la admiración de los otros. Tanta expectativa de la gente puede desarrollar un miedo al fracaso que bloquea; es paralizante", explica el psicólogo Gonzalo Hervás.
Con todo, quienes abandonan para siempre son una excepción.
©EL PAIS S. C.

viernes, 12 de septiembre de 2008

El éxito se aprende


Por Valeria Chavez (Infobae.com)
"Todos tenemos la capacidad de desarrollarnos y crecer al máximo", aseguró a Infobae.com un conocido coach en Desarrollo Humano Integral. "Atraes todo aquello que piensas", dice la Ley de Atracción, que todos pueden aplicar
"Querer es poder"..."Persevera y triunfarás" son sólo algunas frases de ésas que se dicen para "animar" a alguien a lograr un objetivo. Pese a que quien las recibe, generalmente, las considera trilladas y hasta -por qué no- "cursis", lo cierto es que cada vez más crece en el mundo una manera de ver la vida que hace hincapié en eso de "tener cuidado con lo que se desea, porque se puede hacer realidad".
Infobae.com entrevistó a Jairo Camayo, quien, luego de conocer El Secreto (una película y libro que hablan de los principios de la Ley de Atracción y plantean que los sentimientos y los pensamientos de las personas se plasman en sus vidas como hechos reales) dicta talleres para enseñar cómo usar el potencial interior que poseemos para atraer las cosas buenas que deseamos, y cómo transformar en positivas aquellas situaciones adversas de la vida.
Para Camayo, "el crecimiento de las personas no se detiene nunca". Lo único necesario es que cada uno haga el click para cambiar la forma de pensar y con ella la manera de actuar.
El "ejercicio" se puede aplicar al trabajo, a la salud, las relaciones humanas, la armonía familiar, así como para ser más efectivo en el trabajo o lograr librarse del empleo y convertirse en su propio jefe.
Con la ansiedad que caracteriza al ser humano, y ante la pregunta de cómo se empieza el proceso, Camayo remarcó que hoy la gente quiere las cosas rápido y que "el cambio puede lograrse en un segundo, con sólo encontrarse con la inteligencia superior, una persona empieza a transformar su vida". Sin embargo, el click puede demorar un minuto, una hora, una semana, un año o toda la vida sin tomar la decisión de cambiar.
Con la convicción de que la gente busca "erróneamente" afuera lo que tiene adentro, Camayo destacó la introspección como una "herramienta poderosa" con la cual todos pueden "conocer el enorme potencial que hay dentro de cada uno".
Consultado acerca de si existen personas naturalmente negativas, que se predisponen de mala manera a todo lo que encaran, el coah fue contundente: "Si uno analiza al ser humano descubre que somos positivos; a nadie le gusta estar enfermo, a nadie le gusta la pobreza, la pelea...cuando alguien prefiera esas cosas estamos frente a una persona enferma porque el hombre es originalmente positivo, perfecto"."Se metió un virus en el genoma humano y la gente creyó que el sufrimiento es el camino para lograr sus objetivos", aseguró Camayo en referencia a qué rol juega el bagaje cultural que muchos traemos acerca del esfuerzo y sacrificio con que deben conseguirse las cosas.
Y prosiguió: "Con un sencillo ejemplo, Einstein demostró que el hombre está 'diseñado' para el placer. Al intentar calcular cuánto es un minuto con la mano sobre una hornalla encendida y cuánto en los brazos del ser amado, y dando por sentado que el primer minuto sería eterno frente a lo efímero del segundo, el físico nos enseñó que estamos hechos para el bienestar".
"El virus -siguiendo con la analogía- nos hizo creer que estamos hechos para sufrir, pero, en realidad, a todos nos gusta la buena vida", remarcó.
Así es que -para él- una persona con mentalidad positiva aprende a administrar su vida desde su espíritu inteligente y logra "dirigir sus emociones y sentimientos". "Ahí es cuando todo es posible y eso se llama superación personal", aseguró Camayo, quien destacó que "el mundo está lleno de personas que tenían limitaciones y lograron ser superiores".
Otro de los conceptos que alguien que desee aplicar la Ley de la Atracción debe conocer es el de "supersalud", según el que "el cuerpo humano es perfecto; todo lo que necesitamos está en nuestro cuerpo, no hay que buscarlo afuera".
Camayo recordó que "en la antigua China la gente pagaba a los médicos para que los mantenga sanos, en contraposición con el presente, que vamos al doctor en busca de paliativos". "Cuando podemos tener conciencia de salud, armonizamos nuestro cuerpo y eliminamos lo que nos hace daño", aseguró el especialista en Desarrollo Humano Integral, quien subrayó que la gente que conoce estos principios "deja de fumar, tomar alcohol, comer alimentos que le hacen daño porque comienza a amarse a sí mismo".
Tras asegurar que "de los 60 mil pensamientos que pasan diariamente por la mente el 90% son negativos", Camayo concluyó: "La idea es que la gente aprenda a revertirlo; a administrar las emociones, que son el termostato del pensamiento".