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domingo, 25 de diciembre de 2011

Cepillo de plasma repara caries sin dolor

Cepillo de plasma repara caries sin dolor
Mucha gente escucha la palabra “odontólogo” y ya comienza a sentir dolor. A pesar de que los métodos y herramientas disponibles en la actualidad prácticamente garantizan que el paciente odontológico no sentirá dolor cuando se encuentre en el sillón del consultorio, lo cierto es que no siempre las cosas resultan de esa manera. Ahora, un equipo de la Universidad de Missouri-Columbia han puesto a punto un cepillo de plasma que podría servir para reemplazar buena parte de las dolorosas perforaciones que se deben realizar previo a aplicar el empaste utilizado para reparar una carie.
neoteo.com

viernes, 16 de diciembre de 2011

El dentista no sólo vigila sus dientes

Clínica odontológica de la Universidad Alfonso X el Sabio. | Javi Martínez
No se trata sólo de mantener una buena higiene bucodental. Acudir a la consulta del dentista puede ser una buena oportunidad para matar dos pájaros de un tiro, ya que muchos de los problemas que aparecen en la boca son síntomas de enfermedades que afectan a otras partes del organismo, como la diabetes. Por otro lado, no sólo son el espejo de otras patologías sino que además aumentan el riesgo de la aparición de algunas de ellas como las enfermedades cardiovasculares. De ahí la importancia de los datos que ofrece un estudio estadounidense en el que se evidencia que en torno a 20 millones de personas podrían beneficiarse, y mucho, al consultar a los especialistas de los dientes y encías, ya que son los únicos profesionales sanitarios que visitan.
"La periodontitis, es decir, la infección de las encías causada por bacterias, favorece la descompensación en diabéticos y a su vez la diabetes duplica el riesgo de tener periodontitis", explica David Herrera profesor titular de periodoncia de la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidente de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA). Pero no es el único trastorno que puede detectarse en la consulta de estos especialistas. Este problema en las encías tiene componentes inflamatorios, "por tanto, si tus encías están inflamadas hay más riesgo de aterosclerosis [depósito de placa en las arterias], un riesgo dos veces mayor".

Más familiarizados con el dentista

El estudio que han realizado científicos de la Agencia para la Investigación en Asistencia y Calidad Sanitaria de Estados Unidos analiza los datos recogidos en una encuesta de 2008 sobre atención sanitaria. Tras evaluar las respuestas de 31.262 personas (de los que 9.134 eran niños) y valorar sus datos demográficos, nivel educativo, económico y seguros sanitarios, se comprobó que 2.686 niños y 6.280 adultos no habían ido en ninguna ocasión durante ese año al hospital o a un centro de salud. Sin embargo, el 34,7% de esos chavales (867) y el 23,1% de los adultos (1.181) habían acudido al menos una vez a la consulta del dentista. La extrapolación de los resultados a la población estadounidense supone que para unos 19,5 millones de ciudadanos el dentista es la única persona experta en salud que puede detectar algún problema de forma precoz.
"Para éstos y otros individuos, los odontólogos están en una posición clave para valorar y detectar signos y síntomas orales de trastornos sistémicos que, de otra manera, podrían pasar desapercibidos, y derivar a los pacientes a un seguimiento médico", explica la doctora Shiela Strauss, profesora asociada de enfermería en el Colegio de Enfermería de la Universidad de Nueva York y autora del estudio publicado en la revista 'American Journal of Public Health'.
"Quizás en España el panorama no sea idéntico al de Estados Unidos ya que aquí lo que está cubierto por la Seguridad Social es la medicina y no la consulta al dentista. Pero sí hay pacientes que perciben que están sanos cuando no lo están, que acuden al dentista y somos nosotros los que podemos detectarle algún problema. Recientemente, se ha publicado un estudio estadounidense en el que se evidenciaba que los dentistas son eficaces a la hora de detectar la diabetes. A las personas con periodontitis y algún factor de riesgo más, como hipertensión o hipercolesterolemia, se les derivaba al endocrinólogo y efectivamente tenían diabetes", aclara Herrera.

Un proceso silencioso

En cuanto al impacto de esta medida, los especialistas consideran que, según los estudios recientes, la mitad de la población con diabetes no está diagnosticada por lo que estaríamos hablando de unos siete millones de españoles que no saben que tienen este problema. "En los años 80 se definió la periodontitis como la sexta complicación de la diabetes. Por lo tanto, muchos de nuestros pacientes tendrán esta enfermedad y si los detectamos precozmente podríamos evitar otras muchas complicaciones y estos pacientes generarían menos gastos al sistema sanitario", sugiere Héctor Juan Rodríguez, periodoncista y coautor del estudio 'Diabetes y Enfermedades Periodontales".
Este experto insiste en la importancia de tratar las enfermedades de la boca. "Una enfermedad periodontal equivale a tener toda la piel de la mano infectada. Como los dientes o las encías no duelen ni molestan, no se les hace caso y pasan años sin tratar. Pero cuando se trata ayuda a controlar las cifras de glucemia en los diabéticos", señala Rodríguez.
No obstante, estos especialistas señalan que actualmente en nuestro país no existe ningún programa para que dentistas y periodoncistas deriven sistemáticamente a las personas que tengan varios factores de riesgo. "Las sociedades científicas deberían analizar el conocimiento científico y poner en marcha protocolos de actuación en este sentido. De hecho, llevamos varios años trabajando con la Fundación Española del Corazón y con la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes y esperamos hacerlo con la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia", insiste Herrera.
Por último, estos especialistas aconsejan que para evitar la aparición de estos problemas periodontales se debería realizar diariamente una correcta higiene de la boca. "Hay que insistir en esto porque el minuto nunca suele tener 60 segundos y para limpiar nuestros dientes deberíamos cepillarlos durante tres minutos. Y a eso añadir la seda dental y un colutorio sólo cuando haga falta, bajo prescripción del especialista, no hay que olvidar que es un antibacteriano y que, al igual que otros medicamentos, sólo hay que usarlo cuando corresponda. Y no hay que olvidar la revisión anual con el dentista que, en algunos casos, deberá ser más frecuente", explica Rodríguez.
elmundo.es

martes, 13 de diciembre de 2011

Nadie debe morir con los dientes en un vaso de agua”

Todo aquel que tenga un implante dental en el mundo se lo debe, directa o indirectamente, a Per-Ingvar Brånemark (Gotemburgo, Suecia, 1929). Él fue quien hace medio siglo descubrió que usando titanio para fijar las piezas a la mandíbula estas se mantenían y que el metal se fusionaba con el hueso (un proceso denominado osteointegración), y desarrolló la técnica quirúrgica para hacerlo de manera que fuera lo más estable posible. Este trabajo le ha valido ser dos veces candidato al Nobel, y recibir este año el premio de investigación de la oficina de patentes de la UE a toda una vida de trabajo. Desde Estocolmo, por teleconferencia, contesta a EL PAÍS.
Pregunta. ¿Cómo se le ocurrió usar titanio para esta técnica?
Respuesta. Yo estaba trabajando en otra cosa. En concreto, en la microcirculación sanguínea de la médula ósea. Para ello estaba desarrollando un sistema de microcámaras que tenía que introducir en el hueso de conejos, que era el animal con el que ensayábamos. Y un colega de la Universidad de Lund, donde yo estudié, me habló de un material nuevo que venía de Rusia y que él estaba probando para usarlo en prótesis de cadera, que era el titanio. Yo lo utilicé para colocar mis lentes en el fémur de los ánimales, al principio de la década de los cincuenta, y mi sorpresa fue que después de un tiempo no podía retirar el aparato porque se había pegado con el hueso.
Ya hay más de 10 millones de implantes dentales en el mundo
P. Así que su descubrimiento puede catalogarse entre las casualidades de la ciencia como la penicilina o el marcapasos, porque no es algo que usted fuera buscando.
R. Efectivamente. Es lo que los ingleses llaman serendipity o casualidad. Fue puro azar, no fruto de un trabajo intelectual, pero era lo que mejor resultaba. Por supuesto que antes y después intenté trabajar con otros materiales para las prótesis dentales, pero no daban el mismo resultado. Tampoco esperaba encontrar algo mejor para eso. Mi colega era un profesional excelente, y siempre he hecho caso de lo que me ha aconsejado. La prueba está en que, actualmente, hay ya más de 10 millones de implantes dentales de titanio puestos en el mundo, y básicamente todos siguen las pautas que yo establecí hace medio siglo. De todas formas, el material era muy importante, pero la pregunta era por qué el organismo no lo rechazaba. Y esa es la parte que yo aporté, la técnica para realizar los implantes que asegura que van a ser aceptados.
El descubrimiento fue puro azar, no fruto de la labor intelectual
P. Eso fue en 1952, pero los primeros implantes con su técnica no se pusieron hasta mediados los sesenta, ¿por qué?
R. Estuvimos durante 10 años haciendo pruebas con animales. No se podía ir y aplicarlo a personas tal cual. Además, ya había unas rudimentarias técnicas de implante que no daban muy buen resultado, y no queríamos que el nuestro fuera otro fracaso.
P. Para ensayar durante 10 años no pudo usar cobayas u otros animales pequeños, que no viven tanto. ¿Con qué experimentó?
R. No, claro. Para nuestros trabajos utilizamos perros. Eran de una raza especial, unos perros de caza muy inteligentes. Les pusimos los implantes y los cuidábamos en casa, vigilando lo que comían y lavándoles los dientes a diario. Eran como de la familia, como este de la foto [Brånemark muestra un perrito blanco que sostiene en brazos en una imagen en blanco y negro]. Eran tan mansos que no necesitamos ni siquiera anestesia para ponerles los implantes. Bastaba con que les diera unas palmadas en la cabeza para que se tranquilizaran. Así pudimos ver que el titanio funciona, que no generaba rechazo, y que con el tiempo se integra en el hueso, lo que hacía que cada vez la sujeción fuera más segura.
P. A raíz de eso usted tiene un imperio con decenas de centros en el mundo.
Para nuestros trabajos utilizamos perros que teníamos en casa
R. No, qué va. En el mundo hay unos 13 centros Brånemark —un par de ellos en España—, pero no son míos. Hay hasta uno en China. Son una especie de franquicia. Me pagan una cantidad simbólica al año. Llegaron a ser 20, pero con la crisis varios han cerrado. Eso sí, una vez al año nos reunimos, sobre todo para ver cómo está funcionando la técnica. Recopilamos los fallos y los estudiamos para que no vuelvan a suceder. Así garantizamos que los pacientes reciben el mejor tratamiento posible. Mi objetivo es que nadie debería morir con los dientes en un vaso de agua. No es una cuestión de estética, lo es de bienestar y de salud.
P. ¿Y hay muchos problemas?
R. Unos cuantos [ríe mientras muestra a la webcam un libro gordo como el tomo de una enciclopedia]. Como le dije, lo importante es la técnica, que es clave en los implantes. Por eso nunca me ha gustado la cirugía electrónica. Estas cosas hay que hacerlas a mano.
P. Tiene usted un centro especial, el de Bauru en Brasil.
R. Sí, pero ese no es un centro como los demás. Empezamos a trabajar ahí en 1992, y quedó inaugurado oficialmente en 1995. Es un sitio especial, porque ahí tratamos gente sin recursos, que no puede pagar.
P. ¿Por qué eligió un sitio tan extraño?
R. Fuimos de viaje y es una región donde hay muchos casos de fisura palatal. Ahí no hacemos solo implantes, sino que hacemos todo tipo de ortodoncias. Hemos tratado a unas 1.800 personas, y tenemos una lista de espera de unas 100. Pero dependemos de las donaciones para funcionar.
P. ¿Hay muchas diferencias entre los clientes de uno y otro país?
El titanio no genera rechazo y con el tiempo se integra en el hueso
R. ¡Por supuesto! En Brasil son mucho más pobres, y hay mucho cáncer maxilofacial. Es donde están los pacientes más graves. Pero, en cambio, también son los más optimistas. Yo diría que ese carácter hace que curen mejor. En cambio, en Hollywood tenemos muchos pacientes, pero lo hacen por motivos estéticos. El país con más implantes por 10.000 habitantes, sin embargo, es Corea del Sur, con 250 anuales. Le siguen Italia (190) y España (170). En cambio en Francia y Estados Unidos la tasa es de 50.
P. ¿Y sabe por qué?
R. Puede ser porque en unos países son más cuidadosos o coquetos o, simplemente, porque comen peor y lo necesitan más. También influye el dinero, claro. Hay un poco de todo.
P. Ha sido dos veces candidato al Nobel. Imagino que siendo sueco a estas alturas es ya su mayor aspiración.
R. No se crea. La verdad es que da la casualidad de que la empresa con la que empecé a trabajar, a la que le compraba el titanio y que es la que fabrica los implantes pertenece al grupo Nobel, así que nos conocemos muy bien.
elpais.com

lunes, 13 de julio de 2009

Erosión y compresión, las lesiones dentales del futuro


Fabiola Czubaj
LA NACION
La composición de los alimentos, ciertos hábitos de higiene o costumbres compulsivas, como comerse las uñas, junto con la tensión cotidiana cada vez más ingobernable pueden estar jugándole una mala pasada a nuestros dientes. En silencio y lentamente, esos ingredientes del estilo de vida van erosionando, desgastando o provocando fracturas microscópicas en los tejidos dentales que se convertirán en las lesiones del futuro.
"Se ven cada vez con más frecuencia en los consultorios y los pacientes generalmente consultan por hipersensibilidad o algún problema estético principalmente al sonreír, como tener un diente más largo que el resto, o porque se les mete la comida entre los dientes. Es importante que el odontólogo las diagnostique y las busque porque cuanto más pequeñas son, más fácil es frenar el desgaste", explicó la doctora Nélida Cuniberti, profesora adjunta de la Escuela de Odontología de la Universidad del Salvador (USAL) y la Asociación Odontológica Argentina (AOA).
Además, el diagnóstico temprano de ese tipo de lesiones evita que lleguen al tejido blando del diente (dentina) y se acelere su avance. "No es que el paciente va perder el diente o los dientes lesionados en un año, pero si no recibe tratamiento, las lesiones empiezan a combinarse", agregó.
Desde hace quince años, junto con su esposo, estudia cómo estas lesiones cervicales (en el cuello del diente) no cariosas y sus combinaciones. las investigaciones las realizaron tanto en pacientes actuales como en cráneos de aborígenes prehispánicos almacenados en el Museo Etnográfico Nacional Juan B. Ambrosetti. Los resultados revelaron que estas lesiones recién están apareciendo.
"Tenemos gran cantidad de bebidas y alimentos erosivos con componentes ácidos y conservantes que consumimor, un excesivo cuidado de la figura femenina, que promueve la aparición de los trastornos alimentarios, y un nivel de estrés que sigue creciendo. Todo eso junto favorece la aparición de estas lesiones", dijo el doctor Guillermo Rossi, ex presidente de la Sociedad Argentina de Periodontología, profesor de la escuela de la USAL-AOA y coautor del libro con los resultados de esas investigaciones.
"Abrasión, erosión, compresión y sus secuelas son las lesiones no cariosas que se observan ahora con atención en los pacientes del mundo urbano. Por un lado, la prevención ayudó a dejar de lado una parte de la incidencia de caries y enfermedad periodontal", escribió el doctor Alberto Dell´Acqua, maestro de la odontología por la OAO, en el prólogo del libro de Editorial Panamericana.
Objetos extraños
La abrasión es el "desgaste patológico" del diente que se produce cuando se introducen en la boca objetos o sustancias que pulen, frotan o raspan la estructura dental. Esto hace que los dientes pierdan tejido duro en el límite con la encía; el esmalte suele quedar intacto.
Esta lesión tiende a dañar los premolares superiores y, según los expertos, el tipo y la gravedad del desgaste dependerá de la forma en que uno se cepilla los dientes y si la pasta contiene sustancias abrasivas.
"Esta es la que menos dolor produce, porque el cepillado va aplastado las terminaciones nerviosas como si las sellara -precisó Cuniberti-. Pero el problema no es el tipo de cepillo, sino la pasta: cuanto más abrasiva sea y se combine con un cepillo blando, por ejemplo, más se empastarán las cerdas; cuando se apoyen sobre el diente son como una lija."
Por eso, lo ideal es usar pastas con flúor, que fortalece la estructura dental, y con un pH neutro de alrededor de 7 o más, los geles y productos sin sabor a cítricos. Lo ideal, dijo, es consultar al odontólogo.
El desgaste se puede dar también por el roce continuo del retenedor de prótesis removibles o ciertos hábitos laborales, como sostener clavos con los dientes en la construcción o la reparación de zapatos, estar expuestos al polvo ambiental en lugares donde se manipulan sustancias abrasivas, o frotar los dientes con instrumentos musicales, como la armónica.
Sin bacterias
Otra de estas lesiones es la erosión o corrosión no causada por bacterias, sino por sustancias ácidas orgánicas (reflujo gastroesofágico o vómito forzado) o no, que desmineralizan los tejidos duros del diente.
Algunos medicamentos, como los ácidos ascórbico y acetilsalicílico (cuando se mastican las pastillas), los diuréticos, los antidepresivos, los hipotensores y los fármacos contra las náuseas y los vómitos, el Parkinson, las alergias y el asma pueden reducir la cantidad de saliva.
Eso reduce la remineralización natural de los dientes y la capacidad del organismo de neutralizar los ácidos. La erosión, que aumenta con la edad y afecta más al primer premolar, suele darse en personas bulímicas (caras internas de los dientes), trabajadores de fábricas de baterías, galvanizados o fertilizantes, y hasta en los enólogos, que pueden llegar a catar hasta 30 clases de vino por sesión.
"Cada vez hay más casos, pero la consulta no es por erosión sino por hipersensibilidad o un problema estético o porque la comida se mete entre los dientes", dijo Cuniberti. Cambiar los hábitos alimentarios para reducir el consumo de alimentos ácidos (bebidas colas, deportivas y jugos; cítricos, y yogures).
Con más dolor
El síndrome de compresión produce la lesión más dolorosa de las tres. En estos pacientes, el dolor por hipersensibilidad al frío y al calor es muy intenso. "La gente vive tan estresada, que frota y aprieta mucho los dientes. Eso hace que se flexionen a la altura de la unión con la encía, se vayan rompiendo los cristales del esmalte y aparezcan lesiones en forma de cuña -explicó Cuniberti-. Son hábitos inconscientes muy dañinos."
Las alteraciones de la oclusión también producen esas microfracturas en el cuello de los dientes. Este síndrome es más frecuente en los hombres, de entre 45 y 65 años. Los dientes más afectados son los premolares superiores (70%). "Estas lesiones son la enfermedad contra lo que vamos a tener que luchar en el futuro, porque la caries o el sangrado de encías por enfermedad periodontal se diagnostican rápidamente", dijo Rossi.
Y su esposa concluyó: "Son lesiones que se manifiestan a la distancia. No las vimos en el estudio de los cráneos porque el tipo de alimentación era diferente. Si los pacientes no corrigen los malos hábitos, cualquier restauración se desprenderá al poco tiempo. La alimentación equilibrada no produce lesiones, sino su uso y abuso".
lanacion.com

jueves, 26 de febrero de 2009

Un hallazgo odontológico que terminaría con el torno

El agudo zumbido del torno y los gemidos de los pacientes que hacen de una visita al dentista una experiencia temible podrían tener sus días contados, según dicen científicos que afirman haber encontrado la manera de hacer que vuelvan a crecer los tejidos de un diente dañado. Investigadores que estudian el desarrollo dentario han identificado un gen que controla el crecimiento del esmalte, la capa externa dura de los dientes, que no puede volver a crecer naturalmente una vez que ha sido dañada por una caries.
El descubrimiento revela nuevos aspectos sobre la formación de los dientes y podría abrir la puerta a nuevos tratamientos dentales que curen los dientes cariados regenerando la capa de esmalte y haciendo innecesario el uso del torno y las amalgamas.Científicos de la Universidad Estatal de Oregon encontraron el gen después de advertir que a los ratones nacidos sin él les crecían dientes sin esmalte.
El esmalte dental es el tejido más duro del cuerpo y comienza a formarse cuando los seres humanos todavía son embriones. Células especializadas del germen dentario denominadas ameloblastos producen esmalte secretando fosfatos de calcio al interior de un "andamiaje" de proteína que los moldea en forma de prismas de esmalte.
Cuando los dientes alcanzan su formación completa, afloran de la encía y las células formadoras de esmalte mueren, por lo cual los dientes no pueden producir nuevo esmalte más tarde. Para la mayoría de los animales, esto no constituye un problema pero, en los seres humanos, la gran cantidad de azúcar y almidón de la dieta se convierte en ácido por acción de las bacterias que habitan la boca.
Este ácido lentamente disuelve el esmalte y produce una cavidad en el diente, la caries. Si no se las trata, las caries pueden causar infecciones mortales en el cuerpo.
Si los científicos logran perfeccionar un método para hacer que los dientes vuelvan a crecer y reemplazar el torno, podría tener importantes ventajas para los pacientes.
En 2005, una encuesta llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Toronto reveló que el 5 por ciento de los pacientes sufrían una gran angustia ante la idea de ir al dentista, y la mitad de ellos tenían tanto miedo que o cancelaban el turno o finalmente no concurrían. Al hacerlo, los pacientes se exponen a convertir un problema dental menor en un grave riesgo para su salud.
En la investigación, publicada en "Proceedings of the Nacional Academy of Sciences", un equipo dirigido por Chrissa Kioussi y Mark Leid crió ratones que carecían de un gen conocido como Ctip2. Descubrieron que era decisivo para la formación y el funcionamiento correcto de las células productoras de esmalte. Si se entiende la genética del desarrollo dentario, dijo Kioussi, quizá sería posible reparar el esmalte dañado e incluso producir nuevos dientes en el laboratorio.
Algunos grupos ya han logrado hacer crecer los tejidos blandos del interior de los dientes pero estos no tienen la dura cubierta de esmalte para la masticación.
"El esmalte es uno de los revestimientos más duros de la naturaleza. Evolucionó para dar a los carnívoros los dientes resistentes y duraderos que necesitaban para sobrevivir", explicó Kioussi. "Aún se necesita mucho trabajo para trasladar esto a aplicaciones humanas, pero debería funcionar. Sería genial, un enfoque totalmente nuevo de la salud dental".
TRADUCCION: ELISA CARNELLI
clarin.com