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sábado, 12 de marzo de 2011

Sin miedo al dentista

Es la tercera vez en lo que va de mes que Julia, de 41 años, anula su cita con el dentista; y no precisamente porque le haya dejado de molestar una de las muelas del juicio. Tampoco han intervenido en ello la actuación escolar de su hijo pequeño, el viaje de trabajo imprevisto o la gripe. Son las tres excusas, aunque nadie le preguntó, que se apresuró a soltar para lavar su conciencia.
Lo que tiene Julia es miedo, mucho miedo. Le horroriza, le espanta, le atormenta la idea de sentarse en el sillón y abrir la boca. No es un tópico. La odontofobia existe. Lo refrenda la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), que asevera que el trastorno afecta a más del 15% de la población. Y lo peor, el resto siente algún tipo de malestar, ansiedad o miedo cada vez que tiene que acudir a este especialista. Una visita que, además, debería ser de obligado cumplimiento cada seis meses, como recomienda la Academia Americana de Odontología.
Julia hace años que se las salta. El simple olor característico de la consulta, la espera tumbada en el sillón, el ruido del torno... Le ponen, literalmente, de los nervios. "Es superior a mis fuerzas. Una vez allí, siento pánico, tiemblo, sudo", relata.
Lo que ella desconoce es que las consultas están dando un giro copernicano. Fuera olores desagradables. Ahora cuentan con DVD para distraerse, música relajante, sin hombres y mujeres de batas blancas y con nuevas técnicas que impiden sentir la más mínima molestia. Hasta científicos británicos acaban de desarrollar un sistema que silencia el torno. Y aún hay más.
En EEUU y algunos países sudamericanos proliferan las llamadas 'clínicas dentales spa'. En ellas, todo invita a la relajación, a espantar el miedo. Aromaterapia, masajes en los pies mientras el dentista trabaja con los dientes del paciente y en algunas se llega a ofrecer acupuntura antes del tratamiento.
Mike Gow, nombrado mejor dentista joven británico en 2008, trabaja actualmente en la Clínica Berkeley (Londres). Como miembro del Centro del Miedo Dental y de la recién creada Sociedad Internacional para el Manejo de la Ansiedad Dental (ISDAM, sus siglas en inglés), aclara a ELMUNDO.es que "los odontofóbicos, en su mayoría, temen las agujas, la perforación y la extracción del diente.
Hay muchos motivos por los que se aborrece ir al dentista, pero se trata de una cuestión muy personal. Sin embargo, a menudo, los afectados siguen patrones similares. La razón más común es una mala experiencia anterior, por lo general en la infancia. Esto contribuye a sentir ausencia de control, malestar y dolor".
Por eso, los niños son ahora sus mejores clientes. Carlos García Álvarez, presidente de la Asociación Profesional de Dentistas y autor de '¡Horror... tengo que ir al dentista!', lo explica. "La odontología es una especialidad que ha cambiado mucho en los últimos años, de ahí que los más jóvenes se hayan convertido en nuestros pacientes sobresalientes. Raro es el pequeño que ha pasado por una situación desagradable.
El olor clásico de las consultas ha ido desapareciendo porque muchos de los productos que lo causaban ya no se utilizan. Hay nuevas agujas más finas y pequeñas para introducir la anestesia y los tratamientos son más eficaces". Se añade, además, la posibilidad de que los pacientes que más pánico tienen reciban sedación aunque estén conscientes.

Nuevas tecnologías

"Yo utilizo el 'botón dental'. Es un dispositivo que, literalmente, devuelve el control de nuevo al paciente. Se trata de un sistema que permite apretar un botón y parar el torno", explica el odontológo Mike Gow.
Reconoce, también, que emplea otros sistemas como el Wand, que permite la liberación automatizada de anestesia local, o el llamado 'b-calma'. "Esta última técnica utiliza una compleja mezcla de patrones de frecuencia diseñado específicamente para enmascarar los sonidos en el ambiente odontológico. El paciente sólo tiene que emplear unos cascos", agrega. Precisamente, esta semana, un grupo de compatriotas suyo, investigadores del King's College y las universidades de London South Bank y Brunelhan (todos en Londres), ha anunciado el desarrollo de un innovador dispositivo capaz de anular el ruido que hacen las turbinas dentales.

Bajo anestesia

Y si, con todo, nada frena su fobia, sepa que Michael Leu, pionero en Europa en el tratamiento a pacientes con odontofobia, trabajará con usted completamente dormido. Gentle Dental Office (GDO, como se denomina su grupo) es impulsor de la primera sala de operaciones con anestesia general en un consultorio dental.
Thierry Linierés, su delegado para España y Francia, afirma que el tratamiento se basa en "en tres citas. La primera es de diagnóstico y planificación de tratamiento, en la segunda se trata al paciente con anestesia general y entubado y, en la última, se finaliza la terapia y se facilita asesoramiento. Tenemos una clínica en Barcelona y, próximamente, abriremos otra en Madrid".
elmundo.es

miércoles, 5 de enero de 2011

Los niños de 8 años y sonrisas perfectas

[Frenillo]
Por Nancy Keates
A los niños que todavía reciben visitas del ratoncito Pérez les están poniendo frenillos.
En Estados Unidos, la cantidad de niños de 17 años o menos que está recibiendo tratamientos de ortodoncia ha crecido 46% en los últimos 10 años hasta llegar a 3,8 millones en 2008, segun la Asociación Estadounidense de Ortodoncistas.
La esperanza de los padres es que cuanto antes empiecen con el tratamiento del niño —esto es, antes de que le salgan todos los dientes definitivos—, menor será el que necesite posteriormente. Aunque esto es cierto en algunos casos, de lo que muchos padres parecen no darse cuenta es que para los problemas de ortodoncia más comunes, los tratamientos desde temprana edad no ofrecen garantías de poder evitar una segunda ronda de intervenciones en la adolescencia, por lo que es posible que no ahorren tanto tiempo ni dinero como esperan.
Algunos padres recuerdan sus propios años de la adolescencia con la boca llena de hierros y quieren ahorrarles a sus hijos esa angustia. "Esperamos que le permita salvarse de toneladas de frenillos más adelante", dice Janice Slonecker Berman, una ejecutiva de Oregón, a cuya hija de 8 años, Bailey, le pusieron en agosto frenillos sobre seis dientes superiores para corregir un diente delantero torcido. El tratamiento de Bailey costó US$900.
Hasta hace poco, los frenillos para una niña de 8 años eran algo prácticamente inaudito. "Quince años atrás, no se veían niños (con frenillos) hasta que eran adolescentes", apunta Lee W. Graber, presidente de la Asociación de Ortodoncistas. "No sabíamos lo benéfica que podía ser una guía temprana", agrega. La eficiencia de los tratamientos tempranos de ortodoncia es un tema muy estudiado en países con fuertes servicios de salud pública, especialmente en Escandinavia, dice Cameron Jolley, un ortodoncista de Texas.
Esta clase de tratamientos primerizos tiene sentido para ciertos problemas, como una mandíbula inferior adelantada o un arco superior angosto, que son más fáciles de corregir cuando los huesos todavía están creciendo. Tratar a pacientes de 7 u 8 años con un "expandidor palatal" ensancha la mandíbula superior, de forma que los dientes superiores se alinean mejor con los de abajo. Esto podría suavizar la segunda ronda de tratamiento, cuando el paciente es adolescente.
Para una de las condiciones más comunes —la denominada maloclusión de clase 2, comúnmente conocida como una 'sobremordida' o 'dientes de conejo'—, los estudios sugieren que no hay beneficios significativos en un tratamiento temprano. Comenzar un tratamiento a edad temprana para este problema normalmente implica una segunda fase, sin garantías de que vaya a ser más fácil gracias a la intervención previa. Hacerle frente desde el principio a esta condición también suele traducirse en más tiempo de tratamiento y una factura más cara al final.
Factores psicológicos
Desde 1990, tres estudios al azar (en la Universidad de Florida, con 261 niños; en la Universidad de Carolina del Norte, con 166; y en la Universidad de Manchester, Reino Unido, con 174) demostraron que tratar las maloclusiones de clase 2 cuando el paciente todavía es pequeño es menos eficiente que comenzar cuando es adolescente.
Los ortodoncistas suelen sugerir las intervenciones tempranas solamente cuando piensan que beneficiarán al paciente, dice Gregory King, profesor de ortodoncia en la Universidad de Washington, en Seattle. Aun así, se puede argumentar que algunos de estos tratamientos son opcionales y no obligatorios. "Tengo la impresión general de que se hace más de lo que es necesario", admite.
Para los padres, la parte complicada es determinar cuándo vale la pena un tratamiento así y cuándo representa una pérdida de tiempo y dinero. A veces intervienen factores psicológicos para apresurarse a corregir dientes torcidos o de conejo, sobre todo cuando el niño es el blanco constante de burlas o existe la preocupación de que se golpee uno de los dientes y se caiga.
Kate Heald, una madre de 39 años de Massachusetts, se sorprendió cuando el ortodoncista dijo que su hija Rose, que entonces tenía 7 años, debía ponerse frenillos. "No hemos visto a ningún niño de segundo grado con frenillos en el colegio", dice Heald. Rose tenía problemas de espacio y una sobremordida.
Tras llevar los frenillos durante tres días, sus dientes empezaron a verse mejor, recuerda Heald. Tras 10 meses, incluyendo un fijador semi-permanente, y a un costo de US$3.500, la madre dice que los dientes de su hija están perfectamente alineados. Sin embargo, el ortodoncista cree que la niña probablemente necesitará volver a llevar frenillos cuando sea adolescente. "Quieres que tengan una bonita sonrisa, pero parece una locura que (los ortodoncistas) los hagan pasar por esto dos veces", lamenta Heald.
Los ortodoncistas dicen que sienten la presión de intervenir pronto, tanto por parte de los padres como de los niños. "No estamos tratando de aprovecharnos", dice Cynthia Beeman, profesora asociada de ortodoncia en la Universidad de Kentucky.
wsj.com

sábado, 20 de marzo de 2010

Para no perder los dientes, cuide las encías

MADRID (El País).- Todo por unos dientes fuertes y sanos. ¿Y las encías? Ellas son las encargadas de sustentar la dentadura y, a pesar de este importante papel, son las grandes olvidadas en nuestras bocas. La mitad de la población padece periodontitis o piorrea (inflamación que afecta a la estructura de las encías). "Durante mucho tiempo se ha pensado que el sangrado durante el cepillado era algo normal. Ahora ya se es más consciente de que está relacionado con la enfermedad", afirma Núria Vallcorba, presidenta electa de la Sociedad Española de Periodoncia.
La principal causa de las afecciones de las encías son las bacterias. "Se trata de un tipo muy concreto", explica Vallcorba. En general, las encías enferman a causa de la placa dental, en la que estos microorganismos habitan. Si la placa no se elimina con un minucioso cepillado diario, las encías se irritan y se inflaman. El tejido de las encías irritadas se puede separar de los dientes. Un espacio que las bacterias aprovechan para introducirse en el interior de la encía y continuar promoviendo la irritación. Si no se trata adecuadamente, este proceso puede continuar hasta que el hueso y los otros tejidos de soporte se destruyen.
Pero hasta llegar a ese punto ha de pasar mucho tiempo. La inflamación pasa por varios estadios. El primero, la gingivitis. El signo más visible es el sangrado durante el cepillado, aunque no siempre se da. Este síntoma tan claro queda enmascarado con frecuencia en los fumadores. El tabaco, además de dañar las encías por sí mismo, reduce el grosor de los vasos sanguíneos que irrigan las encías. Llega menos sangre y, por tanto, hay menos sangrado. Lo que no significa que las bacterias no actúen. Por eso también es importante estar alerta ante otros síntomas, como el enrojecimiento de las encías, la retracción, el exceso de sensibilidad o el mal aliento.
La gingivitis se combate eliminando los microorganismos que la ocasionan. "Desaparece con limpiezas de boca y una mejora de la higiene bucal", añade la especialista. Aunque nos lavemos cada día los dientes, el especialista advierte que es muy común que se cometan ciertos fallos al cepillarse, como no alcanzar todas las zonas de la boca o no utilizar correctamente el hilo dental.
Durante el embarazo puede aparecer también la gingivitis. Los cambios hormonales relacionados con la gestación favorecen la presencia de las bacterias que propician la inflamación de las encías. Sin embargo, cuando aparece "significa que el problema ya existía antes, aunque no fuese evidente", explica Vallcorba, que advierte de la necesidad de que cualquier mujer que tenga previsto quedarse embarazada acuda antes al dentista y tenga en cuenta ciertos cuidados especiales. "Los estudios demuestran que una parte de los alumbramientos prematuros ocurren en madres con periodontitis", afirma.
No hay que olvidar que una gingivitis no tratada puede degenerar en una periodontitis, que supone ya un daño sobre la estructura de la encía. Sobre todo si hay antecedentes en la familia, ya que puede haber "una cierta predisposición genética", explica Vallcorba. Llegados a este punto, las bacterias han conseguido introducirse en el interior de las encías, instalarse en el hueso y, en los casos más graves, destruirlo. En los casos avanzados, los dientes pueden tambalearse y, si no se trata, caerse. "Cuanto antes se diagnostique, más favorable será el pronóstico", según la especialista.
Con tratamiento adecuado se puede frenar el proceso y evitar su progreso. La limpieza bucal convencional ya no sirve, con lo que los especialistas deben practicar una limpieza más profunda: introducirse en el interior de la encía para acabar con las bacterias realizando un deshibridamiento gingival. El dentista también puede recomendar medicamentos para ayudar a controlar la infección y el dolor. "Así se logra desinflamar", puntualiza Vallcorba. Ahora bien, llegado este punto también será necesario evitar los factores de riesgo, no fumar y llevar a rajatabla una buena higiene bucal.
En los casos más extremos puede ser necesaria la cirugía. Cuando se ha producido una retracción en la encía (pérdida de encía alrededor del diente), puede realizarse un injerto de este mismo tejido blando, normalmente tomado del propio paciente. "Se extrae del paladar, donde al poco tiempo se vuelve a regenerar", explica Vallcorba. Otros especialistas intentan ganar encía aplicando injertos de AlloDerm o Mucograft, tejidos dérmicos obtenidos de donantes.
También puede ser necesario realizar injertos de hueso para reconstruir o darle forma al hueso destruido por la enfermedad periodontal. Se usan injertos óseos del propio paciente o proteínas estimuladoras que fomentan la capacidad natural del cuerpo para regenerarse. El paciente deberá ser controlado siempre y, además de ser muy escrupuloso y severo con la higiene bucal diaria, seguir controles periódicos. Los fumadores deberían dejar el hábito, ya que los productos químicos del tabaco perjudican el proceso de cicatrización de estas intervenciones.

lanacion.com

jueves, 26 de febrero de 2009

Un hallazgo odontológico que terminaría con el torno

El agudo zumbido del torno y los gemidos de los pacientes que hacen de una visita al dentista una experiencia temible podrían tener sus días contados, según dicen científicos que afirman haber encontrado la manera de hacer que vuelvan a crecer los tejidos de un diente dañado. Investigadores que estudian el desarrollo dentario han identificado un gen que controla el crecimiento del esmalte, la capa externa dura de los dientes, que no puede volver a crecer naturalmente una vez que ha sido dañada por una caries.
El descubrimiento revela nuevos aspectos sobre la formación de los dientes y podría abrir la puerta a nuevos tratamientos dentales que curen los dientes cariados regenerando la capa de esmalte y haciendo innecesario el uso del torno y las amalgamas.Científicos de la Universidad Estatal de Oregon encontraron el gen después de advertir que a los ratones nacidos sin él les crecían dientes sin esmalte.
El esmalte dental es el tejido más duro del cuerpo y comienza a formarse cuando los seres humanos todavía son embriones. Células especializadas del germen dentario denominadas ameloblastos producen esmalte secretando fosfatos de calcio al interior de un "andamiaje" de proteína que los moldea en forma de prismas de esmalte.
Cuando los dientes alcanzan su formación completa, afloran de la encía y las células formadoras de esmalte mueren, por lo cual los dientes no pueden producir nuevo esmalte más tarde. Para la mayoría de los animales, esto no constituye un problema pero, en los seres humanos, la gran cantidad de azúcar y almidón de la dieta se convierte en ácido por acción de las bacterias que habitan la boca.
Este ácido lentamente disuelve el esmalte y produce una cavidad en el diente, la caries. Si no se las trata, las caries pueden causar infecciones mortales en el cuerpo.
Si los científicos logran perfeccionar un método para hacer que los dientes vuelvan a crecer y reemplazar el torno, podría tener importantes ventajas para los pacientes.
En 2005, una encuesta llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Toronto reveló que el 5 por ciento de los pacientes sufrían una gran angustia ante la idea de ir al dentista, y la mitad de ellos tenían tanto miedo que o cancelaban el turno o finalmente no concurrían. Al hacerlo, los pacientes se exponen a convertir un problema dental menor en un grave riesgo para su salud.
En la investigación, publicada en "Proceedings of the Nacional Academy of Sciences", un equipo dirigido por Chrissa Kioussi y Mark Leid crió ratones que carecían de un gen conocido como Ctip2. Descubrieron que era decisivo para la formación y el funcionamiento correcto de las células productoras de esmalte. Si se entiende la genética del desarrollo dentario, dijo Kioussi, quizá sería posible reparar el esmalte dañado e incluso producir nuevos dientes en el laboratorio.
Algunos grupos ya han logrado hacer crecer los tejidos blandos del interior de los dientes pero estos no tienen la dura cubierta de esmalte para la masticación.
"El esmalte es uno de los revestimientos más duros de la naturaleza. Evolucionó para dar a los carnívoros los dientes resistentes y duraderos que necesitaban para sobrevivir", explicó Kioussi. "Aún se necesita mucho trabajo para trasladar esto a aplicaciones humanas, pero debería funcionar. Sería genial, un enfoque totalmente nuevo de la salud dental".
TRADUCCION: ELISA CARNELLI
clarin.com