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sábado, 25 de septiembre de 2010

Alerta por el avance de leishmaniasis en el país

Por Raquel Roberti
Los 20ºC que templaron la llegada de la primavera también preanuncian el arribo de otra temporada que tendrá como eje el combate a los insectos. El ministro de Salud, Juan Manzur, ya habló de la necesidad de continuar con las medidas preventivas para mantener a raya el dengue, sobre todo en las provincias del norte del país, las más cercanas a Brasil, Bolivia y Paraguay, donde ya se detectaron más de 600 mil nuevos casos de esa enfermedad que puede ocasionar la muerte. Pero este año, al tradicional mosquito Aedes aegypti –portador del virus del dengue y de la fiebre amarilla– se sumará a las filas enemigas el flebótomo, o como lo denominan quienes lo sufren, el jején. Es un insecto parecido al mosquito, aunque tres veces más pequeño (dos milímetros de largo), que “pica” como aquel y que puede ser portador del parásito responsable de leishmaniasis. La enfermedad, olvidada en los ’50, reapareció a fines de los’80 y ya está presente en nueve provincias argentinas.
Es una dolencia de difícil diagnóstico, que desafiaría al mismísimo Dr. House, el médico que personifica Hugh Laurie en la serie de Universal Channel. El proceso se inicia cuando la hembra del flebótomo “pica” a una persona o animal para absorber sangre, que necesita para sus huevos. En el momento, deposita bajo la piel el parásito que luego de un proceso (ver infografía) se aloja en la sangre, de tal manera que cuando otra hembra pica a esa misma persona o animal, se infecta y el proceso vuelve a empezar.
En la actualidad, la leishmaniasis es endémica en noventa países del mundo y representa un serio problema de salud pública por su expansión: dos millones de personas enferman por año y otras 350 millones están en riesgo. Esta parasitosis avanza en el continente americano de norte a sur y ya se asentó en algunas zonas de las provincias de Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa, Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero.
La enfermedad tiene tres variantes y todas tienen cura: el diagnóstico y el tratamiento son gratuitos, tal como sucede con otras afecciones, por ejemplo, la tuberculosis. La más leve, la tegumentaria, ocasiona úlceras en la piel de difícil curación y que suelen dejar cicatrices similares a la de una quemadura. En la actualidad, debido al tiempo que ha pasado sin que se detectara, los médicos suelen confundir estas señales con cáncer de piel y demoran en llegar al diagnóstico correcto. La segunda variante, en realidad es un empeoramiento de la tegumentaria y se da cuando las lesiones se extienden a las mucosas nasal y bucal. Puede aparecer tiempo después de curar la variante cutánea. La tercera forma es la visceral, mucho más grave que las anteriores, ya que afecta la médula ósea, el bazo y el hígado, y sin tratamiento resulta mortal en el 90 por ciento de los casos. Provoca fiebre, pérdida de peso y un aumento del tamaño del bazo y del hígado.
En la Argentina la leishmaniasis se hizo fuerte durante la colonización de Misiones y siempre se la asoció a los ambientes selváticos, ya que quienes más enfermaban eran leñadores y deforestadores. Para 1950 se la consideró casi erradicada, pero cuando se eliminó la vegetación natural para expandir las explotaciones agrícolas, la variante tegumentaria regresó con brotes epidémicos esporádicos. En los últimos 25 años, el Ministerio de Salud de la Nación registró casi ocho mil casos de la variante tegumentaria, mientras que de la visceral hay constancia de 80 contagios desde 2006, año en que se detectó el primero caso en Posadas, Misiones. De ese total, murieron siete. Pero además, se descubrió que una especie del insecto se había adaptado al ambiente doméstico, alimentándose de gallinas, cerdos y perros. Los canes, en algunos casos, constituyen reservorios del parásito y pueden transmitir la enfermedad.
La situación preocupa a los especialistas, quienes a instancias de la Fundación Mundo Sano –que monitorea estos “males olvidados”– relanzaron la Red de Leishmaniasis de la Argentina (Redila). Fue después de seis años de trabajo conjunto de la Fundación, el Ministerio de Salud de la Nación e investigadores de ocho universidades del interior del país. Los científicos coordinarán, de esa manera, acciones médicas y geográficas tendientes a minimizar el impacto y expansión de la leishmaniasis.
El abordaje se dará en forma multidisciplinaria –desde biología molecular hasta antropología médica– y las primeras acciones serán de monitoreo en Clorinda (Formosa) y Tartagal (Salta), pero ya se trabaja en el desarrollo de insecticidas, telas especiales y trampas para estudiar la conducta de los flebótomos, que tienen hábitos nocturnos y pueden vivir, a diferencia de los mosquitos que necesitan agua, en patios de tierra.
Por eso en el noroeste de Misiones se presentó un proyecto de prevención, consistente en la impregnación de mallas mosquiteras y ropa de trabajo con insecticida, una iniciativa que además contempla la generación de un microemprendimiento para beneficio de los habitantes de la zona. Pero más allá de esta medida específica, la lucha contra este nuevo enemigo se dará con las mismas armas usadas en la batalla contra el dengue: uso de repelentes, mosquiteros y prendas de manga larga, la protección individual y el saneamiento ambiental, así como el cuidado de perros y otros animales domésticos.
elargentino.com

lunes, 6 de septiembre de 2010

Leishmanianis: una afección hoy presente en 9 provincias

(Télam).- La Red de Investigación de la Leishmaniasis en Argentina (Redila) fue relanzada hoy por un grupo de especialistas que se reunieron en la ciudad de Buenos Aires para analizar la expansión de esa enfermedad que provoca un parásito transmitido por la picadura de un insecto llamado jején.
La reunión fue auspiciada por la Fundación Mundo Sano, ante la presencia de casos de leieshmaniasis en el norte argentino.
La leishmaniasis es una enfermedad provocada por parásitos prototozoarios del género leishmania, que se transmite mediante la picadura de un insecto volador al que en Argentina suele llamarse torito, carachai o jején, cuyo tamaño es apróximadamente un tercio del de un mosquito.
La enfermedad se presenta en forma cutánea, provoca úlceras en la piel en el lugar donde picó el insecto y deja cicatrices deformantes que pueden provocar discriminación social. Pero también, las lesiones se pueden extender a las mucosas nasal y bucal provocando discapacidad y complicaciones graves.
La forma más severa de la leishmaniasis es la visceral, que es potencialmente mortal porque invade órganos internos, provoca fiebre, pérdida de peso y un aumento del tamaño del hígado.
Sonia Tarragona, directora general de Mundo Sano, precisó que "la leishmaniasis es una enfermedad poco conocida, de difícil diagnóstico, que muchas veces genera la estigmatización de quienes la padecen y que disparó nuevos desafíos, tanto para la investigación como para los sistemas de salud".
Tarragona destacó la importancia "de contar con una red de investigación de la enfermedad, de la cual en el país se registraron casos en forma cutánea, a partir de la segunda década del siglo XX".
El relanzamiento de la red de investigación es el resultado de un trabajo conjunto a lo largo de seis años entre el Ministerio de Salud de la Nación, Mundo Sano e investigadores de ocho universidades del interior del país.
La leishmaniasis emergió en 1985 en forma de focos epidémicos y hoy está presente en nueve provincias del norte del país, contabilizándose entre 1984 y 2008, 7.947 casos cutáneos. Hasta el momento alrededor de 70 personas se enfermaron de leishmaniasis en forma visceral en Misiones y Corrientes, de las cuales siete fallecieron.
Sergio Sosa Estani, director de Enfermedades Transmisibles por Vectores del Ministerio de Salud de la Nación, consideró que "es fundamental el hecho de que existan grupos de investigación para aportar conocimientos".
"De manera que las iniciativas como el Programa de Leishmaniasis actúen basados en evidencia y reforzados por el trabajo de los grupos en red", puntualizó.

lanacion.com