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martes, 14 de febrero de 2012

Una cirugía pionera en el mundo


La noche después de la última operación Aníbal Sayavedra no pudo conciliar el sueño. "Me fui a bañar tres veces de la ansiedad que tenía", recuerda Aníbal, que esa noche no podía dejar de mirarse la panza, ahí donde durante 16 años hubo una perforación en la que debía colocar la bolsita que le permitió seguir viviendo después de que a los 23 años le extirparan buena parte de su sistema digestivo.
Hasta el 30 de septiembre de 2010, Aníbal fue uno de los 80.000 argentinos ostomizados, personas que poseen una abertura en el intestino o en las vías urinarias que se comunica a través de la piel con una bolsa desechable que recoge las heces o la orina. Pero ese día se convirtió en la primera persona del mundo a la que se le realizó una cirugía de reconstrucción completa del piso pelviano para revertir el ano contra natura.
"Aunque hay algunas reconstrucciones realizadas a partir del colon, no hay ninguno como ésta, que se haya hecho a partir del intestino delgado, que es más complicado", comentó a LA NACION el doctor Carlos Miguel Lumi, cirujano del hospital Udaondo, que realizó las cirugías que liberaron a Aníbal de "la bolsita".
La técnica desarrollada por el doctor Lumi, a partir de una similar que se aplica en España en pacientes con colostomía, podría ser de utilidad para pacientes ostomizados por diversas causas: cáncer de recto, colitis ulcerosa, poliposis adenomatosa familiar, entre muchas otras.
"Es un gran avance -opinó el doctor Gabriel Gondolesi, jefe de la Unidad de Soporte Nutricional, Rehabilitación y Trasplante Intestinal del Hospital Universitario Fundación Favaloro-, ya que mejora la calidad de vida de los que han sido ostomizados, muchos de los cuales no pueden adaptarse a vivir con la bolsita."
El papá de Aníbal también había sido ostomizado, ya que padecía la misma enfermedad y habría de morir a los 38 años. "La poliposis adenomatosa familiar se caracteriza por pólipos en el tubo digestivo, y si se deja a su evolución natural en el 99% de los casos termina en cáncer de colon", explicó el doctor Juan Pablo Muñoz, de la Unidad de Coloproctología del Udaondo.
Fue por eso que, en 1994, cuando Aníbal comenzó a manifestar los primeros síntomas, los médicos decidieron extirparle el colon, el recto y el ano. "De ver todo lo que había sufrido mi papá, yo no quería saber nada con la bolsita -recordó-; al final tomé coraje y lo logré." En los años siguientes, Aníbal nunca habría de olvidar lo que le había dicho el médico que lo operó: "Tené fe, que la ciencia avanza".
En 2006, su madre vio en un noticiero una nota sobre un trasplante de intestino realizado en la Fundación Favaloro, y le sugirió a Aníbal recorrer los 430 kilómetros que separan su casa en Villaguay, Entre Ríos, de la fundación porteña.
"Fui a ver al doctor Gondolesi. El me dijo que había un médico en el Udaondo que podía llegar a tener una solución para mí, que eran varias cirugías, pero que debía esperar un año." Tres días antes de que se cumpliera al año, Aníbal volvió a Buenos Aires para tener una consulta con el doctor Lumi, del Udaondo. "Me abrazó como si me conociera desde hacía años. Yo dije «este doctor me va a sacar»."

Dos extremos del camino

Aníbal reunía todas las condiciones para ser operado: llevaba más de cinco años sin que el cáncer se manifestara, los tests psicológicos daban bien y una intervención exploratoria reveló que contaba con una intestino suficiente como para realizar la ambiciosa reconstrucción.
La primera operación se realizó en noviembre de 2009 [ver ilustración]. Todo salió perfecto, y en mayo de 2010 Aníbal volvió al quirófano. "Pasados por lo menos 3 meses, si no ha habido infecciones ni estenosis [reducción del calibre del tubo digestivo reconstruido], se coloca un esfínter artificial alrededor del nuevo -explicó Lumi-. Y se espera nuevamente unos meses para ver si el cuerpo no rechaza la prótesis."
"«Doctor, ¿cuándo me va a sacar la bolsita», le decía yo a Lumi cada vez que venía a un control. Lo volvía loco...", recuerda Aníbal, que debió esperar hasta septiembre de 2010 para la última de las cirugías.
"Antes hay que evaluar la función de todo lo reconstruido", explicó Muñoz. Si todo está bien, "el paciente recupera inmediatamente su funcionalidad. Luego son necesarios unos meses hasta que recupere la sensación de necesidad de evacuar", completó Lumi.
"Me costó un tiempo adaptarme", asegura Aníbal, que recuerda que en la sala del Udaondo había un muchacho en la misma situación en la que él se encontraba hacía 16 años.
"Era un chico de Quilmes, se llamaba Germán. Tenía 23 años y le habían puesto la bolsita. Cuando le conté lo que me habían hecho, no lo podía creer."

Mejor calidad de vida

"La colostomía y la ileostomía salvan vidas -dijo el doctor Gabriel Gondolesi, experto en trasplantes-. Hoy se hace mucho en forma transitoria, en pacientes operados por tumores del tubo digestivo, en los que no se puede hacer en forma inmediata su reconstrucción."
Sin embargo, "persiste la idea de que poner una bolsa de colostomía es un certificado de defunción, porque antes se hacía cuando no había chances de operar a un paciente con un tumor irreversible".
"La colostomía transitoria nos permite, por ejemplo, realizar el trasplante de intestino". Lo que es innegable es su impacto psicológico: "Muchos pacientes nos plantean que el cierre de la colostomía es tan importante como el momento del trasplante. De ahí el valor de la cirugía de Lumi, que les permite recuperar su calidad de vida."
lanacion.com

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cómo funcionan los probióticos

Una mujer elige entre las opciones de yogures con 'bífidus'. | S. Enríquez
En televisión, en prensa, en el supermercado, en la farmacia… los probióticos y sus potenciales utilidades para la salud están por todas partes. La posibilidad de mejorar nuestro organismo a través de la dieta es uno de los temas del momento. Sin embargo, todavía es mucho lo que se desconoce sobre los llamados 'alimentos funcionales'.
Un trabajo publicado en la revista 'Science Traslational Medicine' arroja un poco de luz sobre el tema aclarando cómo se comportan los probióticos –al menos los productos de leche fermentada- cuando entran en contacto con la flora intestinal.
Según sus datos, obtenidos a partir de estudios en humanos sanos y ratones, consumir un yogur con probióticos no provoca cambios en las especies o el tipo de microorganismos que colonizan el intestino. Sin embargo, estas bacterias 'añadidas' sí pueden de modificar el 'comportamiento' de la flora existente; es decir son capaces de provocar cambios metabólicos que influyen, por ejemplo, en cómo nuestro organismo metaboliza los carbohidratos.
"A primera vista puede parecer decepcionante que las bacterias de los probióticos no sean capaces de colonizar el intestino, pero lo que este estudio demuestra es que, aunque la flora no cambie, sí adquiere propiedades y características bioquímicas de los microorganismos que se han ingerido", explica a ELMUNDO.es Francisco Pérez Jiménez, especialista del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba e investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn).
"Hasta ahora sabíamos que en personas con patología intestinal, los probióticos podían mejorar los síntomas, pero no conocíamos cuál era el efecto en las personas sanas", señala Pérez Jiménez. "Este estudio señala que generan modulaciones, aunque no se pueden sacar conclusiones precipitadas. Aún no sabemos si esos cambios son beneficiosos por lo que la realidad es que hay que seguir investigando", añade.
Para este especialista, más que por sus conclusiones, este estudio resulta clave por su exhaustiva metodología de investigación.
Los autores del trabajo, dirigidos por Nathan McNulty, de la Universidad de Washington (EEUU), realizaron una investigación paralela en humanos y animales que, según Pérez Jiménez, podría marcar un antes y un después en este campo de investigación.
Esto se debe a que el estudio ha analizado la flora intestinal de siete pares de gemelas antes, durante y después de consumir un determinado yogur y, además, ha estudiado el efecto del mismo probiótico en una muestra animal preparada para imitar el 'ambiente' del intestino humano. Así, los investigadores utilizaron ratones modificados para que las únicas bacterias que portaran sus intestinos fueran 15 especies que habitualmente componen nuestra flora intestinal.
"Su abordaje metodológico para estudiar los cambios en la flora intestinal es muy completo y yo creo que es el que se va a exigir a partir de ahora en este tipo de estudios", apunta Pérez Jiménez.
La manera de conseguir evidencias científicas de peso que respalden la utilidad de un alimento funcional ha centrado, desde hace un tiempo, un importante debate en la industria y la comunidad científica ya que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha señalado que en ningún caso podrán publicitarse productos que utilicen como reclamo efectos para la salud que no hayan sido demostrados de manera fehaciente.
"Este trabajo marca el camino sobre cómo hay que investigar en estos temas para obtener resultados válidos", concluye Pérez Jiménez.
elmundo.es

martes, 24 de mayo de 2011

Primera muerte en Alemania por el brote de una bacteria intestinal fuera de control

Una colonia de la bacteria Coli en un plato en el Consejo Estatal de Salud en Hanover. | Efe


Una mujer de 83 años es la primera víctima mortal de un brote epidemiológico de la bacteria intestinal "Escherichia coli" y su cepa "O157:H7", que se extiende por Alemania de norte a sur y que ha hecho decretar la alerta sanitaria.
Las imágenes parecen sacadas de una película de ciencia ficción, pero pertenecen a los informativos de la televisión alemana y corresponden a la situación de alerta sanitaria decretada anoche a causa de un brote infeccioso causado por la bacteria 'Escherichia coli', con más de 300 personas afectadas en distintos puntos del país. Según ha reconocido a primera hora el Ministerio de Sanidad, 40 de los casos diagnosticados como el síndrome hemolítico-urémico se encuentran en estado grave.
En condiciones normales, esta bacteria reside en los intestinos del ser humano y forma parte de su flora intestinal, colaborando en la absorción de los nutrientes; aunque algunas cepas son capaces de producir toxinas capaces de provocar malestar intestinal, sobre todo en los niños.
En el brote alemán, la bacteria está causando graves infecciones intestinales que tienen como efecto a su vez diarreas, insuficiencia renal, daños vasculares y anemia. Dos de los pacientes más graves requieren ya ventilación asistida.
Las hemorragias intestinales son los síntomas de la última y más peligrosa etapa de la infección. La mayor parte de las personas infectadas hasta ahora son mujeres y se cree que el primer caso fue uno registrado el 10 de mayo. "La propagación de tantos casos en tan poco tiempo es muy preocupante, la situación por ahora está fuera de control", ha reconocido el jefe de Epidemiología del Hospital de Hesse en la radio alemana.
Las autoridades sanitarias explican que en Alemania se registran cada año entre 800 y 1.200 casos de intoxicación por la bacteria 'Escherichia coli', fundamentalmente en niños, pero en este caso, según ha informado el Instituto Robert Koch, se trata de un brote inusual, dado que produce síntomas mucho más intensos y ataca particularmente a los adultos.

A gran velocidad

La bacteria se transmite a través del consumo de carne contaminada, leche cruda, vegetales o frutas que estuvieron en contacto con heces de animales infectados. Las principales sospechosas, en este caso, son las verduras crudas y los primeros resultados de la investigación sanitaria apuntan a que se está expandiendo por el país a gran velocidad y en dirección norte-sur.
En Frankfurt han sido cerradas dos cantinas de empresa mientras dos pacientes permanecen en coma inducido, pero los estados del norte son los más afectados. En Schleswig Holstein se registran ya 91 casos, 13 en la ciudad de Hamburgo, otros 67 en Baja Sajonia y más de 50 en Bremen. "El número de pacientes es ya lo suficientemente alto como para que tengamos que contar con la posibilidad de que se produzcan algunas muertes. Estadísticamente, un 5% de los casos de infección no sobreviven", reconoce el doctor Jan Kielstein, que se ocupa de los 10 pacientes de Hannover.
El origen de la infección podría estar en los fertilizantes utilizados para el cultivo de hortalizas ecológicas, de los que hubiese llegado a formar parte heces de animales contaminados. Greenpeace advierte que la bacteria también puede propagarse con el viento, desde las heces hasta las frutas y verduras.
elmundo.es

domingo, 15 de mayo de 2011

Las bacterias del sistema digestivo, nueva huella biológica humana



En los intestinos de cada persona viven unos 100 billones de bacterias de centenares de especies diferentes. Esos microorganismos ayudan a convertir los alimentos en energía, a destruir toxinas, a producir determinadas vitaminas o aminoácidos y a proteger al organismo frente a muchos patógenos; a cambio, el sistema digestivo les da alimento y hábitat. ¿Son todos los intestinos humanos más o menos iguales a efectos de la colonia bacteriana del aparato digestivo?
Un equipo internacional ha identificado tres tipos de ecosistemas de microorganismos claramente distinguibles y en cada uno predomina un género u otro de bacterias. Además, estos tres tipos de flora intestinal son independientes de factores como de la edad, el sexo o la distribución geográfica de las personas. Las colonias bacterianas proporcionan así una nueva huella biológica que algunos comparan con el grupo sanguíneo.
Los investigadores se plantean si estos tres tipos de colonias responden de modo diferente a medicamentos y dietas. "Cada uno de estos enterotipos tiene una cierta composición de bacterias con funciones específicas, por ejemplo, en la producción de energía a partir de la degradación de fibras de la dieta o la formación de ciertas vitaminas", explica Oluf Borbye Padersen (Universidad de Copenhague), uno de los autores del hallazgo, presentado en Nature.
Ellos distinguen los tipos por el predominio de tres géneros diferentes de microorganismos, que pueden estar presentes siempre, pero en distintas proporciones: Bacteroides, Prevotella y Ruminococcus, cada uno asociado a diferentes preferencias de nutrientes, como carbohidratos, mucopolisacáridos y azúcares. El grupo Bacteroides tiene más bacterias que producen vitaminas C, B2, B5 y H, mientras que en el Prevotella predomina la fabricación de B1 y de ácido fólico.
En la investigación, en la que participan científicos de instituciones de Barcelona, se han analizado muestras, sobre todo heces, de 39 individuos de Europa, Asia y Norteamérica, a los que añaden datos previos de otros 140 -el muestreo se extenderá a Australia y Sudamérica-. La estrategia no es caracterizar los centenares de especies de bacterias, sino aprovechar los análisis de ADN y las comparaciones con las bases de datos para identificar los genes que delatan la presencia de los diferentes microorganismos.
Además de los tres grandes tipos, los científicos, liderados por Peer Bork, del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (en Alemania), han descubierto algunos marcadores genéticos de los microorganismos interesantes. "El hecho de que haya genes bacterianos asociados con rasgos como edad y masa corporal indica que puede haberlos también para la obesidad o enfermedades como el cáncer de colon, lo que tendría implicaciones para los diagnósticos médicos", dice Bork.
La investigación (del proyecto MetaHit de la UE) genera por ahora más incógnitas que respuestas. ¿Por qué, pese a la gran diversidad de flora intestinal, existen grupos como estos tres extendidos en las poblaciones humanas? Los científicos no lo saben.
elpais.com

lunes, 24 de enero de 2011

Entrenar el intestino mejora su funcionamiento

MADRID (Diario El País ).- Casi seguro que el último de los músculos que tiene conciencia de ejercitar quien acude a un gimnasio es su intestino. Pero lo cierto es que el tubo digestivo que se extiende del estómago al recto es "un músculo que hay que entrenar y requiere orden y un cierto esfuerzo cotidiano para que funcione", expone Manuel Valenzuela, profesor de medicina de la Universidad de Granada y presidente de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD). Es necesaria la actividad física y rutinas como respetar los horarios de las comidas e ir al baño cada día a la misma hora para ayudar al tránsito intestinal.
Estos dos grandes apartados -ejercicio y hábitos- son los que se han incorporado a la nueva pirámide del bienestar digestivo elaborada por el Programa NUSA (Nutrición y Salud) de Danone en colaboración con la FEAD. Promulga, en palabras de sus impulsores, "unos sencillos cambios en los hábitos higiénico-dietéticos" que pueden resolver la pesadez, el estreñimiento, el dolor abdominal, la sensación de hinchazón o los gases. Molestias que, según prosiguen, afectan a más de un 75% de españoles.
En la base de esta pirámide se sitúa una "buena ingesta de líquidos": dos litros de agua a lo largo de toda la jornada. Y a partir de ahí cada piso se divide en partes iguales entre alimentación y estilos de vida. Así, la zona más ancha del triángulo (es decir, las prescripciones para todos los días) está rellena, por un lado, de fruta, cruda y mejor con piel; verduras en ensalada o cocidas; pan, pasta, arroz integrales; aceite de oliva "con moderación", y leches fermentadas con bifidus.
Y, por el otro, lo que se engloba bajo la etiqueta de vida activa: escaleras en lugar de ascensor, andar al menos 30 minutos diarios. Apuesta por cocinar al vapor, al horno, a la plancha o en wok. Cada dos días aconseja comer legumbres (mejor hervidas que guisadas) y frutos secos entre horas, en el yogur o la ensalada, a los que suma ejercicio físico como bicicleta, correr o nadar, y "mejor 10 minutos todos los días que una hora a la semana". En el vértice, varios clásicos: evitar el estrés, el abuso de laxantes, el tabaco y el exceso de grasas.
Marta Olmos, nutricionista del Programa NUSA, es partidaria de la compensación: no se trata tanto de renunciar al homenaje gastronómico como de que la siguiente comida equilibre la balanza: una ensalada ligera, con hortalizas y algún fiambre suave, por ejemplo. "En lugar de quedarte sentado en una sobremesa larguísima, sal a pasear, porque así ayudarás a los movimientos intestinales", receta. ¿Más trucos? No descuidar la ingesta de agua, disminuir en lo posible el consumo de bebidas alcohólicas, que dificultan las digestiones. Comer despacio, masticar bien los alimentos, respetar los horarios de los desayunos, los almuerzos, las cenas.
Toda una planta de esta pirámide del bienestar digestivo está dedicada a concienciar sobre la conveniencia de reservar "de 10 a 15 minutos después de las comidas para ir al váter". Un buen momento es por la mañana, porque "tras el desayuno hay un aumento de la motilidad que ayuda a la deposición", aporta Valenzuela. "Hay que dedicarle tiempo", advierte. Cosa que, en general, no hacemos, según lamenta: "Nos levantamos con prisas, sin tiempo, desayunamos de pie y nos marchamos a trabajar, provocando lo que se conoce como un estreñimiento inducido que, si se alarga en el tiempo, puede convertirse en crónico". El esfuerzo de defecar fuera de horas puede provocar además divertículos o hemorroides. Las molestias digestivas, que no llegan a ser patologías, afectan más a las mujeres que a los hombres, sobre todo a las de edad madura, por su estructura muscular.
El experto recuerda que los buenos y los malos hábitos tienen efecto acumulativo: "Mantener un peso adecuado, hacer ejercicio de manera habitual, ir al retrete regularmente, todo eso hará que quien haya seguido estas recomendaciones disfrute de unos 60 años más cómodos que quien haya tenido más excesos". Según prosigue, "las personas mayores están expuestas cinco veces más que los jóvenes a desarrollar estreñimiento. En la mayoría de los casos, esto se debe a factores dietéticos, falta de ejercicio, uso de fármacos y malos hábitos intestinales. La educación en la alimentación es fundamental para el bienestar digestivo".
Se puede prevenir la aparición del estreñimiento, según insiste, a base de vida saludable y dieta mediterránea. Y evitando la contraria, la dieta "seca y grasa". Lo normal son unas cinco deposiciones por semana. "Por debajo de tres hablamos de estreñimiento", indica Valenzuela.
Por Elena Sevillano
© EDICIONES EL PAIS, SL.
lanacion.com

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Un intestino de encargo

El primer órgano humano completo obtenido de células madre ya es un hecho. Se trata de un intestino indistinguible en toda su complejidad del natural, y supone un paso esencial hacia el gran objetivo de la medicina regenerativa: fabricar piezas para trasplante en el tubo de ensayo. De forma más inmediata, supone un sustrato ideal para investigar las enfermedades intestinales y probar fármacos contra ellas.
El equipo de James Wells, del Cincinnati Children's Hospital Medical Center, ha conseguido transformar células madre humanas en tejido intestinal. Los científicos habían logrado hasta ahora obtener algunos tipos de células diferenciadas, como neuronas de cierta clase, pero esta es la primera vez que obtienen un tejido humano completo, con todos sus tipos celulares organizados como lo están normalmente en un adulto.
Se trata de un paso esencial hacia el objetivo principal de la medicina regenerativa, que es usar los cultivos de células madre para obtener tejidos que puedan trasplantarse a pacientes de enfermedades hoy incurables. El tejido intestinal producido por el equipo de Wells, sin embargo, no sirve para trasplantar, puesto que las células madre iniciales no fueron derivadas de un paciente, y por tanto el tejido no casa genéticamente con él, por lo que habría rechazo si se trasplantara.
Los científicos han tenido éxito con dos tipos de cultivos: las células madre embrionarias, obtenidas de embriones descartados en los tratamientos de fecundación in vitro; y las células madre llamadas iPS por induced pluripotent stem cells, o células madre de pluripotencia inducida.
Con las primeras, habría que clonar un embrión para conseguir tejido que case genéticamente con un paciente, y esa técnica no existe aún en humanos. Pero las células iPS se obtienen a partir de simples células de la piel o el cabello de una persona, y por tanto casan genéticamente con ella. Y esta técnica sí se ha demostrado ya en pacientes humanos.
Aunque los trasplantes basados en esta técnica deben aún superar varios escollos técnicos, otras aplicaciones serán más inmediatas. Los tejidos servirán para estudiar con un detalle sin precedentes el proceso de desarrollo del intestino humano, y también -si las células se derivan de un enfermo- los mecanismos exactos que conducen a esa enfermedad. El estudio de Wells y sus colegas se presentó ayer en Nature.
En experimentos anteriores, otros laboratorios habían logrado transformar las células madre humanas, ya sean embrionarias o iPS, en monocapas -capas de una sola célula de grosor- de hepatocitos, el principal tipo celular del hígado, y también en células endocrinas del páncreas, las que producen la insulina. Ambas se mostraron útiles para tratar, en modelos animales, la enfermedad hepática y la diabetes.
Pero, según Wells, "la generación in vitro de tejidos tridimensionales complejos sigue siendo uno de los principales desafíos" para la traslación a la medicina de estas técnicas.
Durante el desarrollo normal, las células indiferenciadas del embrión -es decir, las células madre en su contexto natural- se van especializando (diferenciando, en la jerga) paso a paso, según se van exponiendo a una serie ordenada de señales externas, o factores de crecimiento, producidos por otras células vecinas. La nueva técnica se basa en imitar ese proceso en el tubo de ensayo, añadiendo esos mismos factores de crecimiento de forma ordenada.
La primera fase del desarrollo embrionario -no solo en nuestra especie, sino en cualquier embrión animal- es la formación de tres capas concéntricas de células. La capa más exterior, o ectodermo, es la que producirá luego la piel y el sistema nervioso. La capa central, o mesodermo, fabrica el esqueleto y los músculos. Y la interior, o endodermo, genera las vísceras y el tubo digestivo, incluido el intestino.
En la reconstrucción mimética del proceso, los científicos añaden a las células indiferenciadas un factor llamado activina, que las convierte en una capa indistinguible del endodermo, la capa interior de un embrión normal. Es el primer paso hacia el desarrollo del tubo digestivo.
Otros dos factores -llamados Wnt y FGF- transforman después ese endodermo genérico en endodermo posterior, el que normalmente ocupa en el embrión la parte más cercana al ano. Estos dos factores son los que dirigen a las células hacia el destino de intestino, en lugar de estómago o esófago. Nuevamente, esto es así tanto en el desarrollo normal como en la técnica de Wells y sus colegas.
Finalmente, una mezcla de factores que los investigadores denominan "sistema de cultivo prointestinal" completa los procesos de crecimiento por división celular, de diferenciación -la producción de los distintos tipos celulares que forman el intestino- y de morfogénesis. Esta última palabra significa "generación de forma", y designa el proceso que esculpe las capas de tejidos hasta que adoptan su forma final, en este caso la de un tubo.
Y no un tubo cualquiera, sino uno que reproduce todas las complejidades del intestino normal. Al igual que en este, la cara interna del tubo aparece plegada en villi, o vellosidades, una especialización del intestino que aumenta la superficie útil para absorber los alimentos. También muestra las criptas típicas de un intestino normal, que son las estructuras encargadas de ir reponiendo las células que se van estropeando y muriendo por el uso.
Las criptas pueden hacer eso porque contienen células madre intestinales, es decir, células que están diferenciadas parcialmente -ya no son capaces de producir cualquier tejido del cuerpo, como las embrionarias- pero se preservan en un estado en el que aún pueden proliferar y generar los tipos celulares típicos del intestino. Los datos de Wells indican que estas células no se han quedado a medio diferenciar en el proceso, sino que se des-diferencian parcialmente como parte del desarrollo normal (y también del artificial).
Un fenómeno parecido ocurre en otros órganos -tal vez en todos-, y es el fundamento del mecanismo de homeostasis, o renovación continua, que es característico de la piel, los endotelios (capas internas de los vasos sanguíneos y el tubo digestivo) y tal vez de otros órganos.
Por ejemplo, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), dirigido por Valentín Fuster, está investigando sobre las posibles células madre del corazón, que en nuestra especie son muy escasas y obviamente incapaces de regenerar el miocardio tras un infarto, pero que tal vez -esperan los científicos- podrían estimularse mediante alguna molécula administrada al paciente.
El intestino artificial también contiene los demás tipos celulares presentes en el órgano natural, como los enterocitos y las células llamadas enteroendocrinas, cáliz y de Paneth. El parecido con un intestino natural no solo es morfológico, sino que se extiende a los marcadores moleculares de cada uno de esos tipos celulares, es decir, genes y proteínas que solo están activos en cada una de ellas, y que los investigadores suelen utilizar para identificarlas.
Un hecho notable más es que el intestino artificial es capaz de madurar in vitro -sin implantar en ningún entorno biológico- y adquirir las dos funciones esenciales de un intestino normal: la de absorber alimentos y la de secretar hormonas.
"El sistema", dicen Wells y sus colegas, "permite investigar los fundamentos moleculares de las enfermedades intestinales congénitas, y también generar tejido intestinal para futuras terapias basadas en el trasplante para enfermedades como la enterocolitis necrotizante, la enfermedad inflamatoria intestinal y el síndrome del intestino corto".
Como ocurre con otros tipos celulares derivados de células madre, los cultivos obtenidos de un paciente son también sistemas óptimos para probar nuevos fármacos contra la enfermedad en cuestión. Los científicos esperan que estas técnicas sirvan pronto para mejorar y acortar los procedimientos de aprobación de una molécula, que ahora llevan unos 12 años.

Origen y función

- Células madre embrionarias. Son las que se obtienen de embriones de dos semanas que han sobrado de las fecundaciones in vitro. Son capaces de generar todos los tipos celulares del cuerpo, pues esa es su función natural. Solo tienen, para algunos, un problema: la mayoría de las veces, para obtenerlas hay que destruir el embrión (hay algunos experimentos que lo han logrado sin hacerlo), y los grupos conservadores equiparan esto con un aborto o, más aún, con un homicidio. Por eso en EE UU su financiación pública fue prohibida por George W. Bush, aunque luego Barack Obama levantó el veto.
- Células madre adultas. Se encuentran en los órganos adultos, y pueden generar los tipos celulares del órgano del que se extraen. En la piel o el intestino, son las responsables de ir renovando las células muertas.
- Células madre iPS. Se obtienen dando marcha atrás el reloj de simples células diferenciadas de la piel o el pelo. Son tan versátiles como las células madre embrionarias. Si la piel era de un paciente, las células iPS y los tejidos que provengan de ellas casarán genéticamente con el paciente.
- Células madre del cáncer. Los oncólogos creen probable que los tumores crezcan a partir de células adultas que se han des-diferenciado recuperando su carácter primigenio de células madre y por tanto una gran capacidad de proliferación. Deben destruirse para impedir que el tumor se reproduzca.
elpais.com

jueves, 4 de noviembre de 2010

Antibióticos que dejan huella

De sobra es conocido que los antibióticos pueden alterar la flora intestinal. Lo que no se sabía con certeza es que algunos de estos tratamientos pudieran alargar este desequilibrio hasta dos años después de su administración. Así lo desvela una investigación sueca, publicada esta semana en la revista 'Microbiology'.
¿Qué significa esto? Según Cecilia Jernberg, autora principal de dicho trabajo, "aumenta el riesgo de infecciones, se reduce el éxito de futuros tratamientos con antibióticos y se producen nuevas cepas de bacterias resistentes a estos fármacos.
Según los especialistas, la flora intestinal es un conjunto de bacterias 'buenas' y 'malas' localizadas en el aparato digestivo, fundamentales para proteger al intestino de infecciones. Con el uso de antibióticos, "el equilibro de la flora se rompe y se modifica su composición", explica Miguel Rivero, especialista de digestivo del Hospital Sureste de Madrid. Hasta ahora, "pensábamos que la flora se reestablecía [de forma natural] en unas dos semanas, como mucho un mes".
Sin embargo, este estudio demuestra que el desequilibrio bacteriano podría "extenderse hasta dos años, incluso con tratamientos cortos, de tan sólo siete días", apuntan los autores suecos. Esto significaría, añaden, que "se pueden desencadenar nuevas enfermedades y los microorganismos resistentes a los antibióticos se desarrollarían aún más".
"A diferencia de los anteriores trabajos, éste se centra en métodos moleculares, no en cultivos. Es decir, no analiza tanto la cantidad de las bacterias como la calidad e incluye especies descartadas en anteriores ocasiones. Además, los autores han utilizado técnicas más sensibles para detectar alteraciones", señala el doctor Rivero.
Dados los resultados, los responsables de la investigación sugieren que "se utilicen los antibióticos con cautela, ya que no hay nada para la resistencia a estos fármacos". Y agrega: "El desarrollo de nuevos antibióticos es lento, por lo que deberíamos hacer un buen uso de los existentes".
Lo mismo piensa Rivero: "Es importante ser más racional en el uso de estos medicamentos y restringirlos a las personas que realmente lo necesitan".
Casualmente, se han reunido esta semana en Barcelona especialistas en Microbiología, Infectología e Inmunología. Al igual que los investigadores suecos y el doctor Rivero, alertan de la necesidad "urgente" de que los españoles limiten su consumo de antibióticos, para preservar su eficacia futura. Subrayan, además, que ya "no es excepcional" que los hospitales atiendan a pacientes infectados por microorganismos totalmente resistentes a estos medicamentos, lo que constituye un problema para los sistemas de salud.
En la actualidad, concluyen, "el uso prudente y adecuado de los antibióticos disponibles ya no es una recomendación, sino una urgencia".
elmundo.es