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viernes, 11 de febrero de 2011

'Fiebrefobia', la epidemia que afecta a los padres

No es un trastorno mental; ni siquiera es un término aceptado en los manuales de psiquiatría. Es, sencillamente, un estado de ánimo que embarga a muchos padres y les lleva a experimentar una angustia injustificada por el estado de salud de sus hijos. Su nombre: fiebrefobia. Síntomas: la necesidad de acudir inmediatamente a Urgencias o al pediatra ante la menor elevación de la temperatura corporal de un niño y la administración innecesaria de medicación. Tratamiento: tranquilidad, un poco de sentido común y, sobre todo, mucha información. Los progenitores siguen dando crédito a los mitos en torno a la fiebre.
Los pediatras confirman que la fiebrefobia, que no es un fenómeno nuevo, afecta a numerosos padres y más en esta época del año, en la que la gripe, los resfriados y las neumonías están a la orden del día. Otro fracaso de la era de la información. José Cristóbal Buñuel, coautor del blog 'Pediatría basada en pruebas', resume el mensaje que no acaba de calar en las mentes de los progenitores, sobre todo si son primerizos: "La fiebre no es una enfermedad, sino un síntoma que, además, es útil para combatir las infecciones". Santiago García-Tornel, responsable del blog 'Reflexiones de un pediatra curtido', corrobora que se trata de "un mecanismo de autoesterilización" frente a los gérmenes, es decir, sirve para destruirlos.
Cuando se eleva la temperatura corporal de un menor, lo habitual es pensar que ocurre algo malo. En absoluto. Algunas infecciones graves cursan con fiebre muy baja, mientras que otras mucho más leves pueden poner el termómetro al rojo vivo. Amalia Arce, artífice del 'Diario de una mamá pediatra', recalca que lo importante "son los otros síntomas y cómo se encuentra el niño". Si éste sigue jugando, los padres pueden estar más tranquilos que si se encuentra apagado.
Los recién nacidos constituyen una excepción. "Si se trata de un bebé menor de tres meses, siempre hay que acudir a urgencias cuando tiene fiebre", señala la doctora Arce. En la mayoría de los casos, no se trata de un problema grave, pero los neonatos son más vulnerables a las infecciones.
A medida que un bebé va cumpliendo meses, su organismo se va fortaleciendo. "A partir de los dos años, el sistema inmune está mucho más desarrollado", señala García-Tornel. Por eso, "no hace falta ser tan agresivo con el tratamiento", añade. Los especialistas coinciden en señalar que muchos padres –y algún que otro médico– tienen la mano demasiado larga al administrar antipiréticos a sus retoños. "La gente cree que se emplean para bajar la fiebre, pero en realidad son para que el niño se encuentre mejor", precisa el 'pediatra curtido'.

Tratamiento

¿Cuándo se debe recurrir al paracetamol o al ibuprofeno? "Cuando el niño esté muy decaído o cuando su estado general esté muy afectado", aclara el doctor Buñuel. En caso de duda, siempre será mejor consultar al pediatra antes de atiborrar al pequeño a fármacos.
Afortunadamente, "los antitérmicos tienen un perfil de seguridad muy amplio", indica Amalia Arce. "Pero yo siempre les digo a los padres que, si das más cantidad, a lo mejor consigues que desaparezca la fiebre, pero aumenta el riesgo de efectos secundarios", agrega. De hecho, estos medicamentos no son inocuos y hay pruebas sobradas de la toxicidad del paracetamol sobre el hígado. En todo caso, la mayoría de las intoxicaciones por estos productos no se debe a una sobredosificación, sino al consumo accidental. Son fármacos de uso común que, a veces, se encuentran demasiado accesibles. "Los niños los cogen y se toman un chupito porque tienen buen sabor", según la doctora Arce.

Mitos

El uso indiscriminado de antitérmicos está, por lo tanto, totalmente fuera de lugar si se tiene en cuenta que la fiebre se produce, en la inmensa mayoría de los casos, por procesos infecciosos banales que habitualmente se resuelven por sí solos. Pero la sensación de peligro sigue ahí y los pediatras tienen la importante labor de desmontar las creencias falsas en torno a la elevación de la temperatura.
Una de las ideas más extendidas es la de que la fiebre puede desencadenar ataques de tipo epiléptico. Según García-Tornel, "la propensión a las convulsiones febriles sólo se da en, aproximadamente, el 2% de los niños, y cuando se producen no quiere decir que vaya a causarles daño cerebral ni que sean epilépticos".
Lo cierto es que el cerebro no corre peligro casi nunca. "Salvo con temperaturas por encima de los 42 º C, que son rarísimas, no hay riesgo", puntualiza Arce.
Otra creencia incorrecta es la de que si no somos capaces de bajar la fiebre es porque se trata de una enfermedad muy grave. Finalmente, hay que desterrar el uso sistemático de antibióticos. Éstos sólo actúan frente a las bacterias y la mayoría de las infecciones que provocan fiebre es por virus.
elmundo.es

lunes, 24 de noviembre de 2008

Qué hacer cuándo el bebé tiene fiebre



Por Perri Klass
Nueva York (The New York Times).- El bebé no parecía enfermo ya que estaba en brazos de su madre y miraba a su alrededor en el cuarto de la clínica. No gritaba inconsolable y no estaba caído ni apático. Pero su madre le había dicho a la enfermera que parecía excitado y no quería alimentarse tan vigorosamente como de costumbre y que se lo sentía caliente al tacto. Entonces la enfermera le tomó la temperatura: 38º C, menos de dos grados por encima de lo normal.
Los pediatras a menudo necesitan tranquilizar a los padres cuando su niño pequeño o preescolar tiene fiebre alta. Sí, les decimos, su hija tiene temperatura alta pero se la ve bien, probablemente sea un virus. No hay necesidad de antibióticos, no se necesita nada excepto líquidos y alguna medicina no recetada como el acetaminofeno o el ibuprofeno.
Sin embargo, para este robusto bebé de menos de dos meses, 38 grados era razón suficiente para preocuparse.
Los recién nacidos no manejan muy bien las infecciones. Sus sistemas inmunes inmaduros los dejan vulnerables ante infecciones severas que pueden salirse de control. En el peor de los casos, la bacteria entra a la corriente sanguínea, a partir de una infección urinaria o de la piel, por ejemplo y puede causar una sepsis bacteriana. O, aún peor, la bacteria traspasa, desde la corriente sanguínea, la barrera que se supone separa la sangre del cerebro y causa meningitis. Así que si aparece fiebre en un bebé muy pequeño, el consejo para los padres es siempre llamar al médico de inmediato. Pero con dos meses ya no se es un recién nacido.
Hace veinte años atrás, cuando yo estudiaba pediatría, la definición de "muy joven" era por debajo de los 3 meses. Para cualquier fiebre en ese grupo etáreo, tomábamos muestras de sangre, orina y líquido de la médula espinal y las enviábamos para hacer el cultivo de las bacterias. Mientras esperábamos los resultados internábamos al bebé en el hospital y lo tratábamos con antibióticos endovenosos.
Pero en la mayoría de los casos, el tratamiento agresivo era innecesario porque los cultivos no daban bacterias. Afortunadamente, ha habido buena investigación epidemiológica en los últimos años para ayudar a predecir qué niños necesitan realmente ser hospitalizados. Según la edad
Hoy, todavía se tiende a enviar al hospital a cualquier niño de menos de 1 mes que desarrolle fiebre.
Para los bebés de más de 3 meses hoy utilizamos nuestro criterio clínico: Si se los ve bien, podríamos pedirles un análisis de sangre o de orina pero se pueden ir a sus casas siempre que estemos en contacto con sus padres.
Entre 1 y 3 meses es todavía una zona gris. Y en este caso había otros matices sutiles del gris. Especialmente la intranquilidad y el rechazo a amamantarse: después de todo un niño pequeño con una infección seria tiene un repertorio limitado de señales para decir,"Eh, mami, algo anda mal".
¿Era su temperatura realmente fiebre?. Así como sucedió, estaba en el límite de la fiebre "real", 38 grados Celsius.
Así que con la edad en el límite y la fiebre y la historia también, los médicos tenían estas opciones:
A.- Examinar al niño cuidadosamente y si se lo veía bien y la temperatura no subía y la madre parece cómoda y competente, enviarlo a su casa y recomendar a la madre que lo observe cuidadosamente.
B.- Obtener un análisis de sangre en busca de infección seria y quizás también de orina para asegurarse que no hubiera infección urinaria. Si no hay evidencia de infección en estos tests relativamente rápidos, se procede como en A.
C.- Enviar sangre y orina al cultivo en busca de infección bacteriana lo que toma dos días. Enviar al niño a su casa pero hay que considerar darle una dosis de antibióticos para "cubrirlo".
D.- Si el niño se ve enfermo, enviarlo a emergencias para una punción lumbar y para determinar la sepsis y enviarlo al hospital para darle antibióticos endovenosos mientras se espera el resultado de los cultivos, positivos o negativos, de bacterias.
Cada una de estas respuestas sería razonable, justificable y explicable.
"Los pediatras realmente luchan con este tema", dijo el doctor William V. Raszka, profesor de pediatría de la universidad de Vermont, Escuela de medicina y director del Servicio de Enfermedades Infecciosas Pediátricas del Hospital de niños de Vermont. Y agregó que "Hay una gran cantidad de datos conflictivos" sobre qué niños necesitan un determinado análisis o tratamiento.
"La incidencia de enfermedad bacteriana seria en niños que se ven bien entre el mes y los 3 meses de edad es realmente, realmente baja", siempre que el análisis de orina sea negativo, aseguró el doctor Raszka. Pero por otro lado, si el bebé no está completamente bien, "si la madre está segura que el niño no se ve normal, yo sería más agresivo en el estudio del niño".
En este caso el bebé se veía muy bien. Su fiebre no subía, su paciente madre lo alimentaba y el tomaba mientras su menos paciente hermano desarmaba el cuarto. Probablemente no tenía una infección bacteriana seria.
Le chequeamos la sangre que dio normal y obtuvimos orina para el cultivo. Por otro lado, la madre continuaba sintiendo que el bebé no era del todo "él mismo". No pude encontrar nada raro en el examen pero ella lo conocía mejor que yo. Y como yo estudié pediatría en los días en que hubiera sido enviado directamente al hospital, soy quizás más conservador que los médicos más jóvenes.
Finalmente le dimos una dosis de antibióticos, sus cultivos fueron al laboratorio y tanto él como su madre se fueron a casa con un termómetro. Al día siguiente su madre informó que había vuelto a "ser él mismo", menos inquieto, más atento y feliz, y se alimentaba bien. Sus cultivos dieron negativos. Quizás tuvo una enfermedad viral suave que le causó fiebre e intranquilidad y la superó.
Desde cierto punto de vista, no tuvo suerte: estaba justo al borde tanto de la edad como de la temperatura. Y desde otro punto de vista sí la tuvo: hace 20 años hubiera tenido que pasar tres días en el hospital.
De cualquier manera, la próxima vez que venga a la clínica con fiebre, espero que ya haya crecido y pasado la zona gris, y la edad de alto riesgo y que podamos concentrarnos en tratar la infección, si la encontramos y podamos tranquilizar a la madre para que comprenda que la fiebre en sí misma no es algo de lo que haya que preocuparse.
Traduc. María Elena Rey
Perri Klass es profesor de periodismo y pediatría de la universidad de Nueva York. Su libro más reciente es la novela "The Mercy Rule" (La regla de la compasión)