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viernes, 16 de diciembre de 2011

Alerta: nuevas formas de insatisfacción


Cuando Karen Carpenter murió en 1983 a los 32 años, el mundo tomó conciencia de una enfermedad desconocida para muchos fuera del ámbito médico. La autopsia determinó que la muerte de la cantante y baterista estadounidense había sido por causa de complicaciones cardíacas derivadas del trastorno alimentario que padeció durante casi una década: la anorexia nerviosa. Desde entonces, fue creciendo tanto la información acerca de esta patología como de la bulimia nerviosa, ambas conductas asociadas a la necesidad de lucir delgados más allá de lo saludable. Así también fueron aumentando los casos de quienes, insatisfechos con la imagen que les devuelve el espejo, se someten a dietas alimentarias restrictivas, obsesivas y peligrosas.
Si bien durante estos años, tanto la anorexia como la bulimia nerviosa fueron los trastornos alimentarios más conocidos por su incidencia en la población y por su tratamiento en los medios, hoy también se conocen otros desórdenes como el atracón de alcohol, la pregorexia, la diabulimia, la orthorexia y la vigorexia.
En el libro Los nuevos trastornos alimentarios, su autora, la médica psiquiatra Juana Poulisis, explica que se trata de diversas conductas que, si bien aún no fueron reconocidas oficialmente por el discurso médico académico, se están viendo en las consultas de manera cada vez más reiterada desde hace diez años y sobre las que los medios de comunicación han comenzado a alertar.
Existen factores psicológicos, biológicos e interpersonales que predisponen en una persona el desarrollo de un trastorno de este tipo. Entre los rasgos psicológicos se presenta la preocupación excesiva por el peso y la figura, la baja autoestima y la distorsión de la imagen corporal, entre otros. En cuanto a lo interpersonal, se trata de individuos que tienen dificultad para expresar sus emociones y sentimientos, que tienen historias de abuso físico, emocional o sexual, que fueron ridiculizados de chicos por su apariencia o que son hijos de padres bebedores con dificultad para controlar sus impulsos.
Para Poulisis es la sociedad, pero también son las familias quienes están gestando personas insatisfechas con sus propios cuerpos. Hoy es común ver en los gimnasios propuestas dirigidas a chicos de 13 a 18 años para hacer musculación. "Esto está contraindicado porque a esa edad un adolescente está creciendo y porque los obsesiona. Ese cerebro está muy vulnerable. Y lo peor es que son los mismos padres quienes los autorizan", afirma la médica.
Hay estadísticas que sostienen que si los chicos mandan más de 200 mensajes por día, están más de una hora jugando con las consolas y manejándose en las redes sociales tienen más tendencia a futuro de caer en el abuso de alcohol, en trastornos alimentarios o en cuadros depresivos porque se generan circuitos alterados a nivel cerebral y aparecen los trastornos de ansiedad.
Los trastornos alimentarios están instalados desde hace muchos años, pero la manera de tomar en forma de atracón no se veía hasta hace diez. Entonces, se unieron la enfermedad de trastorno alimentario con esta moda de tomar alcohol en forma de atracón. Hace quince años el escenario era otro. Hoy, la previa es una especie de ceremonia donde se le rinde culto al alcohol. En su libro, Poulisis sostiene que las chicas que padecen problemas alimentarios se plantean que no van a comer porque se ven gordas, pero no se plantean que el alcohol engorda porque tiene calorías. Con el alcohol es más intenso el pensamiento de me va a desinhibir y va a hacer que no piense.
La pregorexia o los trastornos que se dan durante el embarazo y la crianza ponen de manifiesto hasta dónde puede llegar el nivel de obsesión por el cuerpo. En este sentido, no puede dejarse de lado la observación de qué consecuencias puede traer en los niños la presencia de estos trastornos en sus madres y qué posibilidades tienen de desarrollar una patología similar a futuro. "Tuve pacientes que tenían conductas tremendas para con sus bebes como el diluir la leche con agua para que la bebe no engorde. Hace poco una paciente me preguntó si era verdad que a su hijo podía hacerle una tostada con manteca. Hoy, las nenas de 6 años comentan que tienen panza, y sí, es normal que la tengan porque todavía son un poco bebotas con el abdomen abultado", explica. Los chicos no hacen más que repetir lo que escuchan todo el tiempo de sus padres o de los adultos que los rodean, quienes sin importar la edad, no escapan a frases del tipo tengo panza, mañana no como.
En cuanto a las medidas que pueden tomarse para prevenir estas enfermedades, hay una investigación que habla de los beneficios de compartir una comida por día en familia. Esta sola conducta disminuye la probabilidad de desarrollar un trastorno de este tipo. Entonces hablamos del contacto, del encuentro, de la charla, de apagar la televisión y los celulares. También es fundamental que los padres forjen la autoestima en sus hijos. Es bueno que los chicos puedan tener determinados logros como el aprender a andar en bicicleta, pues la autoestima es uno de los factores determinantes en el desarrollo de los trastornos alimentarios.
Los estereotipos de delgadez promovidos por los medios deben ser contrarrestados forjando en los chicos un pensamiento crítico. Explicarles, por ejemplo, que las fotos de las publicidades están retocadas o photoshopeadas, que no se trata de imágenes verdaderas. Hay que transmitirles también que no todo pasa por la imagen y que hay otros valores que los hacen menos vulnerables a los dictados de la moda. "A veces les pido a mis pacientes -dice Poulisis- que me cuenten qué cosa linda les pasó esa semana, y en general eso que me cuentan no tiene que ver con que si bajaron o no de peso, tiene que ver con que se encontraron con su hijo y tuvieron una hermosa charla."

ATRACON DE ALCOHOL

Rasgos característicos:
Combinación de trastornos alimentarios (bulimia, anorexia) con el abuso de alcohol. Con frecuencia, este trastorno se asocia con conductas purgativas como vómitos, uso de diuréticos, laxantes, anfetaminas y, en casos extremos, cocaína.
Consecuencias:
Riesgo de padecer un coma alcohólico que lleve a la muerte. Déficit de vitaminas y minerales que llevan a un estado de cansancio crónico. Intoxicaciones. Alteraciones cerebrales irreversibles. Alteraciones de la conducta y de la actividad cerebral. Problemas con el ritmo cardíaco. Alteraciones de las relaciones interpersonales, del rendimiento académico. Prácticas sexuales de riesgo. Conducción temeraria bajo los efectos del alcohol.
Testimonio de Sofía:
"Como me aterraba aumentar de peso, el día que salía no comía y tomaba como mínimo tres tragos, bastante rápido, cosa de sentir el efecto. Un día, al cuarto trago me caí redonda, sólo recuerdo abrir los ojos en el hospital, con un suero en el brazo y mi madre llorando. Había sufrido un coma alcohólico. Hoy estoy haciendo un tratamiento para mi problema con la comida y el alcohol. Me llevó cuatro años tomar conciencia."

LA MATERNIDAD Y LOS DESORDENES ALIMENTARIOS

Rasgos característicos:
La pregorexia es el trastorno alimentario que afecta a las mujeres embarazadas que presentan conductas alteradas para mantener su peso corporal. Se puede incurrir en la restricción de calorías y nutrientes, la realización de ejercicio extremo y la combinación con atracones y purgas.
Consecuencias:
Diabetes gestacional debido a ingestas compulsivas. Hipertensión. Disminución en el volumen de líquido amniótico. Deshidratación. Bradicardia y arritmias. Desprendimiento placentario. Aumento de la probabilidad de complicaciones durante el parto. Aumento de la probabilidad de fallecimiento del bebe durante el primer mes de vida. Bajo peso del bebe. Bajos valores de Apgar al nacer. Aumento de la probabilidad de retraso mental en el bebe. Insuficiencia respiratoria del bebe. Alteraciones neurológicas. Déficit de atención con hiperactividad.
Testimonio de la mamá de Abril:
"Mi hija ya tenía dos años y un día. Cuando comenzó a hablar me dijo que yo nunca comía. Yo nunca me sentaba a comer con ella, seguía salteando las comidas como veinte años atrás. Por imitación, Abril un día comenzó también a comer menos. Al ver esto, sentí que debía impedir que ella repitiera mi historia."

DIABULIMIA

Rasgos característicos:
Es la asociación entre dos patologías: la diabetes tipo 1 (insulino-dependiente) y un trastorno alimentario.
Consecuencias:
Neuropatía periférica (gangrenas, pié diabético). Insuficiencia renal crónica. Disfunción eréctil. Deterioro en la visión y ceguera. Hipertensión.
Testimonio de Mariana:
"Cuando a los 15 años me diagnosticaron DBT tipo 1, el médico me explicó que el tratamiento para esta enfermedad era la insulina junto con un plan alimentario adecuado. Si comía de más, mi glucemia aumentaba, si comía de menos, padecía de hipoglucemia. Pero como ciertas zonas de mi cuerpo no me gustaban, quería perder peso. La cantidad de hidratos de carbono y calorías que contenían los alimentos y mi cuerpo pasaron a ocupar un espacio fundamental en mi vida. Realizaba ayunos prolongados, luego presentaba atracones. Esto me produjo dos internaciones. No me daba cuenta de que esta conducta atentaba contra mi vida."

ORTHOREXIA NERVIOSA

Rasgos característicos:
El término deriva del griego y significa orthos, lo correcto, y orexi, apetito. Literalmente representa hambre por la comida correcta. Comienza como un inocente intento por mejorar la calidad de la alimentación, pero con el tiempo aparecen las obsesiones sobre qué se debe comer y qué está totalmente prohibido.
Consecuencias:
Las dietas vegetarianas estrictas y prolongadas pueden causar un déficit de vitamina B12 (presente en carnes, pescado, huevos y leche) esencial para la producción celular. Esto puede provocar un deterioro neurológico severo, deficiencia en la producción de las células de la sangre y daño progresivo del sistema nervioso central. Este daño es más severo en menores de 2 años, ya que en esta etapa el desarrollo neurológico es crucial.
Testimonio de Verónica:
"Soy vegana, sólo como verduras, frutas y algo rico, como una gelatina light. Si comía un postre me sentía muy mal e iba directo al baño a vomitarlo. Con cada comida me miro al espejo y no me gusta lo que veo, pero no puedo evitarlo, es más fuerte que yo. ¡Desearía poder vivir del aire!"

TRASTORNO POR ATRACON

Rasgos característicos:
Ingesta de grandes cantidades de comida en episodios aislados y en cortos períodos. Sensación de pérdida de control sobre la conducta alimentaria. La compulsión a comer sobreviene aun cuando no se siente hambre. Se hace en secreto. Luego del episodio se experimenta culpa, enojo y vergüenza. Sensación de ineficacia, soledad y vacío. No se utilizan recursos como las purgas para compensar las sobreingestas. Con frecuencia, se asocia a otras patologías psiquiátricas como los trastornos de ansiedad y afectivos (depresión mayor, distimia y trastorno bipolar).
Consecuencias:
Hipertensión arterial. Obesidad. Colesterol alto. Enfermedades cardíacas. Diabetes mellitus tipo II. Enfermedades biliares.
Testimonio de Gabriela: "No tengo buenos recuerdos de la adolescencia. La viví con mucho miedo e inseguridad. Me sentía fea e inútil. Me sentía muy sola. Para calmar mi desesperación iba a la cocina y me preparaba grandes banquetes de comida, especialmente dulces. Todo lo que me prohibía en períodos de dieta, lo comía en una hora o menos. Me aseguraba de no dejar rastros. Cuando mis padres regresaban todo estaba ordenado".

VIGOREXIA O DISMORFIA MUSCULAR

Rasgos característicos:
En una primera etapa fue definido como anorexia reversa. Se busca aumentar la masa muscular y definir los músculos para tener un cuerpo fuerte y voluminoso. Se aíslan de su entorno por sentirse inseguros con su imagen y evitan socializar fuera de los lugares de entrenamiento. Consumo de anabolizantes para aumentar la masa muscular.
Consecuencias del consumo de esteroides anabólicos:
Disminución del tamaño y atrofia testicular. Disminución en el recuento de esperma. Impotencia. Desarrollo mamario. Esterilidad. Osteoporosis. Lesiones en tendones. Hipertensión arterial. Incremento en los niveles de colesterol. Anomalías cardíacas. Edema y daño renal. Hipoglucemia. Compromiso del sistema inmunológico. Daño hepático. Cáncer de hígado y próstata. Tumores renales y cerebrales. En las mujeres aparecen alteraciones del ciclo menstrual, la voz adquiere un timbre masculino, crecimiento del vello facial y ronquera. Cambios de humor, insomnio, adicción, depresión mayor.
Testimonio de Juan:
"Después de ver los cuerpos marcados de varios de mis amigos comencé a angustiarme por mi imagen. Elegí un gimnasio y comencé con una rutina de pesas. El profesor me enseñó a medir mis músculos y me aconsejó tomar suplementos dietarios. Por nada del mundo perdía una clase de entrenamiento porque me angustiaba, me sentía culpable y al mismo tiempo sentía vergüenza por esta conducta que me aislaba cada vez más de mis seres queridos."
lanacion.com

domingo, 9 de noviembre de 2008

Todo lo que hay que saber para bajar de peso

Derribaron mitos, analizaron las perspectivas futuras de la epidemia de obesidad, pasaron revista a los últimos conocimientos sobre el complejo mecanismo que regula el hambre y la saciedad, pero, sobre todo, dejaron en claro que sacarse kilos de encima no es tarea sencilla, aunque hay acciones claves para poder lograrlo.
Todo esto ocurrió en el VIII Congreso Argentino de Obesidad y Trastornos Alimentarios, en Rosario, que convocó a 1500 destacados especialistas del país y del extranjero.
Los científicos cada día entienden mejor el intrincado caleidoscopio de hormonas y neurotransmisores que gobiernan nuestros impulsos alimentarios, y también los distintos comportamientos que hacen saltar la aguja de la balanza. De ese nuevo conocimiento es posible extraer las claves para encarar con mejores posibilidades de éxito la rebaja de peso.
Hoy, los expertos aseguran que muchos alimentos prohibidos podrían perfectamente no serlo (como la carne de cerdo), y que otros, que consumimos con la conciencia tranquila (como algunos que prometen ser "dietéticos") terminan conspirando contra los esfuerzos más decididos.
He aquí algunas de sus conclusiones.
La comida, ¿una adicción?
"Si uno se alimentara como en la época de las cavernas, con algunas plantas, frutos y carnes silvestres, no se presentarían estas compulsiones por comer. Pero la comida procesada con alto contenido de hidratos de carbono y grasas genera interacciones químicas que son desconocidas para el organismo, y que de alguna manera enloquecen los mecanismos del hambre y de la saciedad", afirma el doctor Julio Montero, director de la Sociedad Argentina de Obesidad y
Trastornos Alimentarios (Saota).
"Estos neoalimentos´ o psicoalimentos´ se apoderan del control de esta maquinaria y la descalibran -agrega Montero-. Como resultado, el cuerpo se transforma en un avaro que, pese a que está en la abundancia, sigue reclamando más y más. Es el caso de la obesidad: carencia en medio de la abundancia. Este avaro tiene las alforjas llenas, pero en lugar de beneficiarse de su ahorro tiene que cargar con una pesada mochila que nunca utiliza."
¿Cómo lograr una adecuada conducta alimentaria?
"Sería una ingenuidad pretender que un adicto deje su adicción consumiendo menos droga -subraya el doctor Montero-. Tiene que dejar de tomar contacto con lo que lo perturba. Por eso, nosotros proponemos un esquema terapéutico que intenta eliminar todas esas comidas que disparan conductas impulsivas, y reemplazarlas por cantidades libres de los alimentos paleolíticos, aquellos primeros interlocutores de nuestros genes que aseguraron nuestra vida."
Entonces, ¿cuál sería la fórmula para bajar de peso?
"El paciente tiene libertad para consumir alimentos protectores -dice la licenciada Mariné Morillo, del Centro Asistencial de la Saota-. No lo restringimos en cantidad, sino en calidad alimentaria. Puede comer todos los tipos de carnes magras hasta quedar saciado. Reemplazamos las harinas por opciones que pueden ser rollitos de jamón cocido magro y queso, que también son una muy buena fuente de calcio. El paciente también puede comer fruta y verdura [que contienen algunos carbohidratos] en cantidades limitadas. Con esta dieta los pacientes bajan el 10% en dos meses; el 12%, en cuatro, y el 16%, en seis. Cuando aprenden a manejar la adicción alimentaria que generan los hidratos de carbono, pueden ir incorporando más alimentos."
Agrega la doctora Gladys Guarrera: "Con este programa notamos que personas que llegan con dislipemias (alteración del equilibrio de lípidos o grasas del organismo), a los tres meses se mejoran simplemente con bajar de peso y sin haber utilizado medicación".
Disparen contra la grasa
"El tejido graso alcanza su máximo desarrollo aproximadamente a los 20 años -dice Alex Valenzuela, médico chileno especialista en obesidad-. Por eso es importantísimo restringir o adecuar el número de calorías que se consumen en la niñez y en la adolescencia para evitar que se generen más adipocitos, que son los envases para almacenar la grasa. Si multiplicamos los adipocitos en niños y adolescentes, aumentamos su riesgo de obesidad."

¿Qué es más efectivo, la dieta o la actividad física?
"Lo que más hace bajar de peso es la restricción calórica -dice Raúl Bastarrechea, de la Universidad de Texas en San Antonio-. Pero si se tiene en cuenta que la mayoría de los pacientes lo recuperan en tres años, la actividad física es clave. Esta a es la clave para que el metabolismo sea más efectivo. Un músculo entrenado absorbe un 80% de la glucosa, mientras que un músculo no entrenado desviará el 80% de la glucosa al tejido adiposo. Se invierte el patrón de utilización de los azúcares."
Valenzuela agrega: "Si quieres mantener a tu paciente flaco, el ejercicio va a ayudar. Si no, el organismo va a tratar de recuperar el peso que perdió."


¿Hay formas más saludables de cocinar los alimentos?
"Cuando superamos los 140 o 150 grados durante unos quince minutos, ya estamos formando productos de glicación avanzada [glicar: endulzar anormalmente las proteínas] -dice la licenciada Morillo-. Las altas temperaturas generan una costra que despierta mecanismos de inflamación del tejido adiposo y resistencia a la insulina [la hormona que les permite a las células disponer de la glucosa]. Por eso, se recomiendan cocciones lentas y a baja temperatura. También hay alimentos que por su propia composición tienen productos de glicación, como las grasas, la manteca, la crema de leche y los sometidos a las frituras."


¿La flora intestinal tiene algún papel en la regulación del peso?
"Se sabe que la flora o biota intestinal de los obesos es distinta de la de los delgados -explica el doctor Alfredo Ghione Pelayo, presidente del congreso-. Cuando en un experimento en ratones se les cambiaba el contenido microbiano intestinal, los obesos se volvían delgados y los delgados, obesos."
"En las personas y en los animales obesos predominan microorganismos llamados firmicutes, muy hábiles para tomar energía. En los delgados, por el contrario, predominan los bacteroidetes. Sin embargo, no sabemos si las personas obesas determinan esa biota, o si ésta fue determinando un metabolismo más eficiente para absorber los alimentos."


Diálogo entre las bacterias intestinales y el organismo
"Cuando la alimentación se va empobreciendo en hidratos de carbono, aumenta la población de bacteroidetes, los microorganismos que se asocian con menor peso -agrega Montero-. Cuando se ponía a ratones que estaban en cámaras asépticas en una jaula normal, éstos se volvían más gordos. Era como si esa flora bacteriana potenciara el alimento que comían. Estos habitantes de las oscuridades del tracto intestinal podrían generar hormonas o transmisores que modifican los códigos funcionales de nuestro organismo."
Dice Valenzuela: "En un año, independientemente de cuál sea la dieta utilizada, la reducción de peso tiende a normalizar la proporción de bacteroidetes y firmicutes. Y [estas bacterias] no solamente influyen en la extracción de las calorías, sino que también emiten algunas sustancias químicas que le indican al adipocito que aumente la lipogénesis, el almacenamiento de grasa. Lo curioso es que el lactobacilo, que es tan bueno, pertenece a la familia de los firmicutes. Tal vez sean útiles para algunas cosas y malos para otras. La nutrición moderna podría estar generando o propiciando cambios en la biota intestinal".


¿Por qué recuperamos el peso perdido?
"Cuando bajamos de peso -dice Fernando Escobar, médico endocrinólogo y docente de la Universidad de Buenos Aires-, el organismo pone en marcha estrategias para ahorrar energía porque no quiere desnutrirse. Además, cuando hacemos dieta bajamos mucho nuestra masa muscular, que es el tejido que gasta, en promedio, el 70% de las calorías. Por eso es fundamental la actividad física. No para bajar de peso, como muchas veces se cree, sino para mantenerlo."


Edulcorantes, ¿sí o no?
"Los organismos no saben cuántas calorías tienen almacenadas, sino que lo deducen a partir de los neuroquímicos -afirma Montero-. El sabor dulce es detectado independientemente de cuántas calorías tenga ese alimento y pone a nuestro cuerpo en pie de alerta para metabolizarlo. Por lo tanto, el sabor dulce del azúcar y el del edulcorante van a producir el mismo efecto. Lo que es sorprendente es que el intestino tiene los mismos receptores que existen en la cavidad bucal. De modo que, de alguna manera, los edulcorantes también pueden activar los mecanismos hedonísticos, del placer, por lo que hay que ser cuidadosos. Y no nos tenemos que olvidar de otras sustancias que no son dulces, como la sal y otros condimentos, que no engordan en sí mismos, pero que de alguna manera predisponen a la obesidad."


El futuro
"Empezamos a descubrir todo lo que produce el tracto intestinal después de que recibe los alimentos -dice Bastarrechea-. Son sustancias que le van indicando al cerebro que no necesita seguir comiendo. Si, basados en estos estudios de biología molecular, podemos controlar el tamaño de la porción, estaremos en condiciones de modular ese mecanismo. Y nos estaremos adelantando a la formación de grasa."


Para tener en cuenta
"Para estar en un peso saludable, hay que hacer un cambio en nuestro estilo de vida y no solamente en nuestra dieta -afirma la doctora Rosa Labanca, directora del Centro Asistencial de la Saota-. Nosotros sostenemos que la alimentación actual debería tener menos contenido de carbograsas, y basarse fundamentalmente en las proteínas, los vegetales, las frutas y algunos lácteos. A eso hay que agregarles actividad física para sostener los resultados a largo plazo. Tenemos que poner interés en otras actividades y no solamente en la alimentación."