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domingo, 13 de marzo de 2011

Las razones de la pareja




Hay rutinas y rutinas. Algunas revalidan situaciones, proyectos, afectos. Otras llenan vacíos. Hay rutinas que son rituales repetidos y confirman la secuencia de la vida, el fluir del tiempo (otro nacimiento, otro cumpleaños, otra primavera). Hay rutinas que, al reiterarse, detienen u obstaculizan la continuidad de los ciclos vitales. Si al final de cada día se produce un encuentro afectuoso, en el cual dos personas hallan el una en otra una escucha receptiva, un hombro confortable, una palabra de bienvenida, un abrazo reconfortante, y pueden contar y escuchar lo mejor y lo peor que cada una ha vivido en la jornada, esa rutina será esperada y bienvenida, fortalecerá y nutrirá el vínculo. Si el reencuentro, en cambio, es la repetición de actos mecánicos (llamar al delivery, mirar la televisión para desconectarse, no hablar porque tuve un día terrible, sumergirse en la computadora para surfear entre contactos fantasmales, discutir por nimiedades buscando un culpable en donde no hay pecado), esta rutina será un agujero negro por el cual se pierde la razón de ser de la relación.
He usado la fórmula razón de ser conscientemente. Porque alude a proyecto, a motivo, a meta, a propósito. ¿Qué es un proyecto cuando hablamos de pareja? Mercé Conangla y Jaume Soler, creadores de la ecología emocional, proponen cuatro modelos en su trabajo Juntos pero no atados. Uno es la pareja en la que conviven dos proyectos individuales, pero no hay uno común. Otro es aquel en el que uno tiene un proyecto y su pareja adhiere y se nutre de éste, como una hiedra. Existe un tercero en el que, al no haber proyectos de desarrollo personal, todo se reduce a estar juntos y nada más. Y el cuarto, representativo de la pareja emocionalmente ecológica, es una unión en la que dos personas con proyectos individuales de crecimiento se eligen para vivir juntas y, además, para crear un propósito común.
Las situaciones que preocupan a nuestra amiga María derivan de cualquiera de los tres primeros modelos descriptos por Conangla y Soler. En esos tipos de relación la rutina debilitadora, que aleja y desconecta, encuentra un campo fértil y cuenta siempre con excusas para imponerse: las urgencias cotidianas, las obligaciones, los chicos, el cansancio, la distancia, el dolor de cabeza, las demandas de la familia de origen, el trabajo. La lista puede ser interminable. Todas las parejas, a lo largo de los tiempos, han tejido sus historias en circunstancias cotidianas y con dificultades concretas. Y las parejas que mantuvieron vigente su amor aprendieron que ello es producto de un trabajo y un compromiso diarios. Sólo en los cuentos de hadas no ocurre así. Por eso son cuentos. Y de hadas. Las circunstancias y dificultades cotidianas no son un invento de la posmodernidad. Quizá, sí, algunas estén intensificadas por el consumismo, que al llevar a confundir deseos con necesidades obliga a esfuerzos innecesarios en el afán de saciar esos deseos. Eso se suele pagar con tiempo, con estados de ánimo, con preocupaciones evitables, con falta de comunicación. Y, obviamente, con dinero.
Las parejas afectiva y emocionalmente funcionales, las que infunden sentido a la vida de sus componentes, suelen recordar su para qué. Su razón de ser. ¿Para qué estamos juntos? ¿Para qué nos hemos elegido? ¿Para qué proyecto común, que se nutre de las metas individuales y, al mismo tiempo, las alimenta? Cuando ese para qué no se olvida, las rutinas se cargan de significado y de orientación. Refuerzan el vínculo; permiten reformular el proyecto, mantener un para qué actualizado. La palabra rutina proviene del francés routine y refiere a la marcha por un camino conocido. Es responsabilidad de cada pareja decidir hacia adónde lleva ese camino.
sergiosinay
lanacion.com

jueves, 7 de enero de 2010

Cómo cumplir los propósitos del nuevo año (esta vez de verdad)

CRISTINA G. LUCIO
MADRID.- Dejar de fumar, ponerse a dieta, estudiar inglés o apuntarse al gimnasio… Para la mayoría, los buenos propósitos son algo tan típico de estas fechas como el turrón o los villancicos. El 1 de enero parece la fecha perfecta para dejar atrás los viejos hábitos y abrazar con energías renovadas un año nuevo cargado de nuevos objetivos. Sin embargo, cuando llega febrero pocos se acuerdan del repetido "de este año no pasa".
¿Qué es lo que falla?

Los psicólogos coinciden en señalar varios factores como 'responsables' de que los propósitos se queden pronto en agua de borrajas:
No existe una verdadera motivación. Según los especialistas, la intención de cambiar responde muchas veces a un arranque repentino y no a un convencimiento real y definido. "Incluso a veces nos dejamos llevar por lo que nos rodea y decidimos dejar de fumar porque todos dicen que es malo, no porque verdaderamente lo creamos", comenta Pedro Rodríguez, psicólogo clínico y miembro del Colegio de Psicólogos de Madrid.
Los objetivos son muchos y demasiado generales. "Nos ponemos metas abstractas, como 'el año que viene, adelgazo' y eso es más difícil de cumplir que si se ha establecido un objetivo concreto", explica el también psicólogo clínico Miguel Silveira.
No se planifica. En general, no se evalúa el esfuerzo que supondrá poner en marcha una nueva iniciativa y qué medios e intensidad serán necesarios para ponerla en marcha.
Falta perseverancia. "Tomar una decisión no cuesta nada, pero llevarla a cabo supone un esfuerzo -a veces importante-, lo que puede hacer que la voluntad se vaya relajando", señala Silveira, que pertenece al Colegio de Psicólogos de Asturias.
Pese a que puede parecer difícil, cumplir al menos un buen propósito en el año nuevo no es tarea imposible. Con la ayuda de algunas pautas, es más sencillo conseguirlo:
Analizar. Antes de ponerse en marcha es importante evaluar si la motivación de cambio es sincera y estructurar cómo se va a llevar a cabo.
Concretar. Los especialistas señalan la necesidad de establecerse pocos objetivos, que sean medibles y no demasiado ambiciosos. "Muchas veces tenemos tantas expectativas y queremos hacer tantas cosas a la vez que no llegamos a realizar ninguna", apunta Rodríguez.
Ser constante

Es fundamental establecer un plan e intentar ser constante para cumplirlo. "En este sentido, es importante saber disfrutar de la actividad. Hay cosas que son duras, que exigen esfuerzo, pero hay que buscar la motivación que te ayude a seguir con esa práctica", comenta Rodríguez.
Por escrito. Según Miguel Silveira, escribir cuál es nuestra intención también ayuda a fijar la decisión y a llevarla a cabo.
En voz alta. Del mismo modo, verbalizar nuestro objetivo y decírselo a alguien ayuda a establecer un compromiso un poco más firme.
Recordatorios

En palabras de Silveira, puede ser útil "dejarse pistas que nos recuerden que estamos en el camino del cambio". Del mismo modo, aprovechar un momento al final del día o una vez a la semana para medir cómo va el proceso y qué pasos se han llevado a cabo también ayuda.
Y, si llega febrero, y de la intención de apuntarse al gimnasio sólo quedan las zapatillas que trajeron los Reyes, lo importante es no tirar la toalla.
"En primer lugar hay que analizar por qué ha fallado ese propósito", comenta Pedro Rodríguez. "Si el abandono no se ha debido a una falta de motivación y seguimos queriendo llevarlo a cabo, es momento de poner los medios para conseguirlo", añade Silveira, quien recuerda que, para empezar cualquier tarea, no es necesario esperar al 1 de enero.

elmundo.es