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sábado, 22 de octubre de 2011

Un nuevo test mejora la detección de parásitos


El Strongyloides stercoralis es un gusano diminuto y un invasor insidioso que prospera en áreas cálidas y húmedas: atraviesa la piel de quienes están en frecuente contacto con la tierra, ingresa en el torrente sanguíneo, llega a los pulmones y las vías respiratorias, y se reproduce en las paredes del intestino. En los chicos, estos parásitos, que casi no dan síntomas, causan desnutrición, anemia y retraso neurocognitivo.
En Orán, Salta, uno de cada cuatro pobladores está infectado por Strongyloides u otra variedadde geohelminto (parásito transmitido por el suelo).
El dato, de cuya precisión pueden dar fe los médicos del Instituto de Investigaciones en Enfermedades Tropicales de la Universidad de Salta y los antropólogos e infectólogos de la Fundación Mundo Sano, que trabajaron junto con científicos de la Global Network for Neglected Tropical Diseases, surge de un programa innovador de diagnóstico y tratamiento de las parasitosis que validó sobre el terreno una nueva herramienta para la detección de estos patógenos que prosperan donde faltan condiciones elementales de educación, vivienda digna y saneamiento.
Se trata de un test que los detecta con un simple análisis de sangre, en lugar del estudio de materia fecal que se utilizaba hasta ahora.
"En la prueba específica para el Strongyloides , la prevalencia que arrojaba el análisis coproparasitológico era de aproximadamente un 12%, y con el test sanguíneo [que detecta anticuerpos] aumentó al 30%, según datos preliminares", afirma la doctora Eugenia Sacías, de la Fundación Mundo Sano.
Los resultados de este trabajo se presentan hoy en el Segundo Encuentro Nacional sobre Enfermedades Olvidadas y XVI Simposio Internacional sobre Control Epidemiológico de Enfermedades Transmitidas por Vectores, que organiza esta fundación y reúnen desde ayer a más de 600 investigadores en estos temas.
En el programa de Orán, se ensayó un nuevo enfoque, que consistió en diagnosticar y tratar a la mayor parte de la población. De alrededor de 2500 personas, fueron estudiadas y tratadas entre 1700 y 2000.
"Menos de diez rechazaron el tratamiento -cuenta Sacías-, que consistió en la administración de dos drogas, ivermectina y albendazol , que se administran una única vez y fueron cedidas gratuitamente por las compañías que las producen."
Según la especialista, la información que existe sobre ésta y otras helmintiasis [parasitosis] muy frecuentes en el nordeste y noroeste del país es muy escasa. Los geohelmintosson parásitos que se transmiten por el contacto con la tierra o por la ingestión de agua contaminada. La Organización Panamericana de la Salud calcula que en América latina puede haber 26 millones de chicos en edad escolar expuestos a estas patologías, a pesar de que son prevenibles.
Entre las medidas que deberían ponerse en práctica, Socías menciona básicamente tres: saneamiento del medio ambiente para controlar la contaminación (por ejemplo, contar con agua segura y cloacas), educación y desparasitación de toda la comunidad en zonas de alta prevalencia.
"El problema es que con la intervención médica solamente no basta -dice-: si no cambian las condiciones del medio ambiente, inevitablemente hay reinfección."
Según este trabajo, que combinó técnicas cualitativas de observación, elaboración de historias de vida y entrevistas en profundidad, en Orán casi la mitad de la población posee problemas de hacinamiento, vivienda precaria, falta de acceso al agua corriente, ausencia de baños y bajos ingresos.
Ahora que se completó el relevamiento basal y se hizo la primera ronda de tratamientos, los investigadores se aprestan a evaluar la eficacia de este tipo de programa.

Chagas, dengue y paludismo

En el Encuentro sobre Enfermedades Olvidadas, veterinarios, biólogos, médicos y antropólogos analizan acciones para la prevención y control del mal de Chagas, el dengue y el paludismo. Según informaciones oficiales, en los últimos tres años no hubo transmisión local de paludismo, y la del dengue se redujo en un 95%.
lanacion.com

lunes, 23 de agosto de 2010

Parásitos intestinales y lombrices

Las lombrices y otro parásito intestinal, llamado 'Giardia lamblia', mucho más pequeño que las lombrices o gusanos, son muy frecuentes en los niños. Muchas veces pasan totalmente desapercibidos a los padres, ya que las lombrices más frecuentes (los oxiuros y los áscaris) pueden no producir síntomas y suelen diagnosticarse cuando el niño o sus padres observan uno o varios gusanos en las heces.
Los niños que se infectan suelen ser los mayores, de cinco a diez años. En las zonas donde las aguas residuales no están adecuadamente tratadas (como en los países en vías de desarrollo), la contaminación de las aguas y de los alimentos frescos favorece la diseminación de infecciones y parásitos. En estos lugares, los niños y los adultos deben consumir agua tratada o mineral y alimentos adecuadamente tratados. Es la única forma de evitar infecciones, amebas y otros parásitos intestinales.
Los áscaris son los parásitos más grandes en nuestro medio, pero son infrecuentes, tienen un tamaño como el de un lapicero pequeño y, al contrario de lo que los padres suelen creer, pasan desapercibidos. Los niños no rechinan los dientes ni tienen síntomas; el diagnóstico suelen hacerlo los padres al observar el parásito en las heces o en el vómito (o bien observando el parásito en las heces con el microscopio).
Los oxiuros son los parásitos más frecuentes, tienen un tamaño mucho más pequeño, un centímetro o menos de largo. Se trasmiten por ingestión de alimentos o tierra contaminada, a través del polvo, la ropa interior o de objetos que contienen los huevos del parásito. Los niños se chupan los dedos o los objetos contaminados infectándose y reinfectándose una y otra vez. Los oxiuros producen picor del ano durante la noche, porque la hembra del parásito sale por las noches a poner sus huevos en los márgenes del ano. En estos casos, los niños se despiertan, duermen mal y el ano y sus alrededores aparecen enrojecidos por el rascado nocturno. El rascado contamina las manos y uñas con huevos, reiniciándose un nuevo proceso de infectación. A veces existe dolor abdominal, falta de apetito y en las niñas, vulvovaginitis por rascado.
El tratamiento de estas lombrices es muy sencillo, con una sola dosis de un medicamento prescrito por su médico es suficiente. Su hijo puede hacer vida normal, no necesita ninguna dieta especial, ni tampoco la retirada de ningún alimento, puede continuar asistiendo al colegio, ya que él no contagia a los demás.
Es conveniente lavar la ropa de la cama y su ropa interior con agua muy caliente, con el objeto de destruir los huevecillos que los oxiuros dejaron en estas ropas.
La lambliasis es la infectación por un parásito llamado 'Giardia lamblia', muy frecuente, ya que casi uno de cada cinco niños, de dos a seis años, ha tenido este parásito. La vía de transmisión es fecal-oral, especialmente en menores de dos a cuatro años que asisten a guardería. Es más frecuente en verano y otoño.
Los quistes de Giardia son resistentes a la cloración del agua, pero no a la ebullición de sólo un minuto. Produce diarrea acuosa, explosiva, fétida, a veces con vómitos, dolor abdominal, que mejora para volver a aparecer. Produce por tanto diarrea de repetición, sobre todo en los niños que asisten a la guardería. Además de dieta astringente, se necesita tomar una medicación específica contra este parásito.
Las amebas están muy diseminadas en los países en vía de desarrollo porque sus aguas para beber o limpiar los alimentos están frecuentemente contaminadas por este parásito. Una vez ingerido tiene un periodo de incubación variable, aparece bruscamente diarrea acuosa y frecuente, generalmente con moco y sangre. Otras veces los síntomas no son tan bruscos, manifestándose con diarrea, dolor abdominal, náuseas, inapetencia y, en ocasiones, fiebre. La ameba puede producir absceso en el hígado y en otros lugares del organismo.
El anisakis es un parásito del pescado, cuando éste se come fresco o poco cocinado, sus larvas producen una enfermedad llamada anisakiasis que consiste en diarrea y en la aparición de habones que pican unas horas después de la ingestión del pescado. Este parásito no produce problemas cuando el pescado se congela durante 48 horas o se cocina durante más de 20 minutos a una temperatura superior a 60ºC. En resumen, en nuestro medio, los parásitos intestinales son tan frecuentes como inofensivos. Los niños pueden no tener ningún síntoma, excepto picor anal por las noches. Alguno, sin embargo, produce diarrea de repetición. El tratamiento es sencillo e inocuo.

elmundo.es

lunes, 26 de abril de 2010

Acuerdo para luchar contra las parasitosis

El Strongyloides stercoralis es un gusano diminuto y que tiene una particularidad única: puede moverse a través de la piel, ingresar en el torrente sanguíneo, llegar a los pulmones y las vías respiratorias y, a diferencia de todos los otros nematodos capaces de colonizar el organismo humano, reproducirse en las paredes del intestino de las personas.
Se trata de un cuadro familiar para el doctor Alejandro Krolewiecki, investigador del Instituto de Enfermedades Tropicales y director de investigaciones clínicas de la Fundación Huésped, que desde hace nueve años trabaja intensamente en Orán desarrollando métodos de diagnóstico y modelos de intervención para derrotar a este patógeno insidioso que produce malnutrición, anemia y, como consecuencia, bajo coeficiente intelectual. Según los cálculos, un 25% de los chicos de la zona padecerían este tipo de patología.
"Se trata de parasitosis intestinales que tienen una prevalencia muy alta y dominan el cuadro clínico de las personas que viven en la zona, afirma. Son perfectamente curables, pero la terapéutica no es suficiente, porque también se necesita mejorar la calidad del agua, el manejo de la basura, las cloacas y la educación para la salud de la comunidad, sin los cuales el tratamiento sólo crea las condiciones para la reinfección".
Precisamente, para desarrollar estas estrategias efectivas acaba de firmarse un acuerdo entre el Instituto de Enfermedades Tropicales, la Fundación Mundo Sano y el Instituto Sabin, de los Estados Unidos. Las tres instituciones unirán fuerzas para poner a punto y validar métodos de diagnóstico, combinaciones de drogas y otras estrategias que permitan liberar a esta y otras poblaciones de este grave problema de salud pública.
"Nosotros buscamos modos de intervención eficaces para situaciones de muy difícil manejo, cuenta la doctora Silvia Gold, presidenta de la Fundación. Y para eso reunimos a todos, incluidas las autoridades sanitarias, sin cuya participación no podríamos avanzar. En nuestra experiencia, en el sector público está todo: el conocimiento y una gente maravillosa que es la que garantiza que los programas se lleven a cabo."
Un mosaico de problemas
El cambio climático, la degradación ambiental, la urbanización y los problemas sociales son todos factores que contribuyen a difundir estas enfermedades cuyos efectos sutiles en la salud hacen que muchas veces los pacientes no se presenten en el hospital o la posta sanitaria a pedir tratamiento. Esto hace que médicos, investigadores y funcionarios se encuentren con una fuente de infección crónica en la comunidad que mantiene oportunidades de transmisión a lo largo del tiempo.
"Sólo en los últimos diez o quince años nos dimos cuenta de que para muchas de estas enfermedades tenemos posibilidades de intervención, dice Patrick Lammie, funcionario del Centro de Control de Enfermedades y miembro del Instituto Sabin, donde actualmente dirige el área técnica de la Red Global de Enfermedades Tropicales Desatendidas. Creo que hay muchas aquí y en el resto de América latina, porque hay una gran capacidad humana para desarrollar soluciones."
El proyecto que dirige Lammie, uno de los más destacados parasitólogos del mundo, cuenta con un subsidio de la Fundación Bill y Melinda Gates para ayudar a desarrollar iniciativas locales para combatir estas enfermedades.
"Trabajé muchos años en filariasis en Haití y cuanto más veía estas patologías olvidadas, más comprendía que tenemos tanto una oportunidad como una obligación de obtener recursos para resolver estos problemas, cuenta. Por eso, en la última década mi objetivo fue no sólo desarrollar tratamientos, sino también hacerlos llegar a las personas que los necesitan.
El desafío, hoy, es validar estas estrategias, y ésa es una de las razones por las que estoy en la Argentina."
Según el especialista, pocos países tienen estimaciones precisas sobre la cantidad de pacientes afectados, pero se calcula que alrededor de 200 millones de personas de la región padecen enfermedades tropicales olvidadas. Ahora, en virtud del acuerdo entre Mundo Sano, el Instituto de Enfermedades Tropicales y la Red Global de Enfermedades Tropicales Desatendidas, se hará diagnóstico de estrongiloidiasis, se validará la metodología, se tratará a la población afectada, se ensayarán distintos enfoques terapéuticos y se medirán los costos de toda la intervención.
"Vamos a desarrollar un modelo para la toma de decisiones en políticas sanitarias", dice Gold.
"Es la intersección perfecta entre ciencia de avanzada y salud pública, agrega Lammie. Mi trabajo es traducir los éxitos en recomendaciones que podamos utilizar con la Organización Mundial de la Salud. Una solución completa seguramente requerirá componentes de educación, potabilización del agua y mejoras habitacionales. Apenas estamos dando el primer paso, pero espero que también estemos iniciando una colaboración de muy largo plazo."

lanacion.com

sábado, 28 de marzo de 2009

Toxocariasis, un peligro que acecha en las plazas


Una de las razones por las que en países como Francia las plazas y otros espacios públicos están diseñadas de modo que los perros no puedan tener acceso a los lugares donde juegan los chicos es la Toxocara canis, un gusano del tipo de los nemátodos. Un perro infectado por esta "lombriz solitaria" puede liberar, al defecar, entre 20 y 200 mil huevos de toxocara. Si lo hiciera en el arenero de una plaza y un chico accidentalmente se llevara la mano contaminada a la boca, se puede infectar.
Según la doctora Viviana Abudi, médica del Hospital de Pediatría Juan Garrahan, si se hiciera un análisis de eosinófilos en sangre y el correspondiente estudio ELISA a todos los chicos, se vería que hasta en un 30% podrían dar positivo el test de toxocariasis. Es cierto que en la gran mayoría de los casos esto no llega a tener consecuencias, pero también es cierto que una minoría de ellos sufre las consecuencias, que son gravísimas e irreversibles. Cuando la larva se introduce en la sangre, la toxocariasis puede volverse sistémica y atacar órganos vitales como el cerebro, los pulmones, el hígado o el corazón, o dañar la retina en forma irreversible y particularmente cruel.
La doctora Abudi, que es oftalmóloga y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Oftalmología Infantil, asegura que en ese hospital se atienden alrededor de 40 casos al año en que la toxocariasis afecta al ojo: "Una vez que eso sucede no hay mucho que se pueda hacer; y la verdad es que en más de la mitad de esos casos el chico pierde el ojo afectado. Por eso es necesario seguir insistiendo en la medida de desparasitar a todas las mascotas como forma de prevención", remarca la oftalmopediatra.
Un parásito temible
Este nematodo en su estado adulto puede llegar a medir entre 8 y 15 centímetros. Vive en el intestino delgado del perro, pero sus huevos viajan por el intestino y son liberados en las heces del animal. Así es como pueden pasar a otros perros y, eventualmente, al hombre. Los adultos pueden infectarse si comen verduras cultivadas en tierra contaminada por los huevos y mal lavadas, por ejemplo. Pero lo más frecuente es que les suceda a los chicos, especialmente los más chicos que practican la geofagia (que comen tierra) y los que tienen costumbre de besarse con las mascotas.
Del huevo nacen las larvas de toxocara, capaces de penetrar las paredes del intestino y así transmitirse al resto del organismo humano, a través del torrente sanguíneo. Allí las larvas no encuentran el ambiente propicio para su desarrollo, por lo que se mantienen en estado larval y nunca llegan a ser adultas. Por eso a la toxocariasis se la conoce como larva migrans, en sus formas visceral, sistémica u ocular.
La toxocariasis puede remitir prontamente sin síntomas o volverse crónica. Detectada, puede tratarse con algunos antiparasitarios (diatricarbamacina, albendazol, mebendazol). Pero cuando adquiere la forma sistémica es capaz de provocar unas lesiones llamadas granulomas. Un granuloma cerebral puede causar un serio daño neurológico e incluso ser fatal. En el hígado, el corazón o los pulmones puede causar un daño irreversible.
En la forma ocular, explica la doctora Abudi, la larva llega hasta las células de la retina,, que constituyen una terminal arterial, y allí quedan depositadas, causando una lesión irreversible que puede llevar al desprendimiento de retina.
Efectos irreversibles en el ojo
Una vez que el parásito se ha alojado en el ojo, lamentablemente no hay mucho que se pueda hacer. Sólo cabe esperar que el daño no llegue a sus formas más graves. Al morir las larvas producen una toxina que es la que causa las peores lesiones. "Se intentó el tratamiento del parásito en la retina con láser, pero justamente al morir el parásito libera una toxina que hace que los resultados sean aún peores".
Estas lesiones suelen ser además muy dolorosas, y por su carácter irreversible pueden llevar incluso a la necesidad de extirpar el ojo. El único atenuante, si cabe expresarlo de esa forma, es que generalmente afecta un solo ojo; prácticamente no se conocen casos en que suceda en ambos, asegura la médica.
La forma sistémica y la ocular se presentan por lo común en forma separada, aunque también pueden darse ambas a la vez. Cuando se detecta infección por toxocara, se debe realizar urgentemente un examen de fondo de ojo para ver la retina. La mayoría de los pacientes que ingresan por problemas oculares tienen entre 8 y 12 años.
Un problema de salud pública
Los relevamientos epidemiológicos más recientes hechos por diversas universidades del país habían encontrado que en la ciudad de Resistencia un 33% de la plazas públicas estaba contaminada por Toxocara canis y en Mar del Plata, un 22%. En la ciudad de Santa Fe, entre un 60 y un 70% de las plazas tiene algún tipo de contaminación en el suelo y un 30% de ella es por Toxocara canis. Pero de la mayoría del país no hay datos fehacientes.
Existe también la Toxocara cati, que habita en el intestino de los gatos: también representa los mismos riesgos, aunque su incidencia clínica se considera mucho menos significante que la de la versión canina.
En la Universidad Nacional de La Plata se está estudiando el empleo de una especie de hongos capaces de fagocitar los huevos de toxocara. No obstante, la medida de prevención imprescindible es la visita periódica de todas las mascotas al veterinario para mantener a todos los animales desparasitados.
Es verdad que en la mayoría de los casos la infección por toxocara es asintomática y remite espontáneamente sin causar mayores problemas. Pero sin duda la gravedad del problema cuando la larva migrante se vuelve agresiva merece que se tenga esta cuestión en el mayor de los cuidados
Marcelo Rodríguez
Síntomas
En la mayoría de los casos la parasitosis por toxocara no da síntomas y remite espontáneamente.
La existencia de tos con sibilancia y dificultad para respirar, fiebre, urticaria, inflamación de ganglios pueden ser, entre otras cosas, signos que conviene tener en cuenta para detectar la forma sistémica.
La forma visceral de la infección puede estar indicada mediante un aumento de los glóbulos blancos o inflamación hepática con manifestaciones cutáneas.
En la forma ocular puede notarse estrabismo y pérdida de la visión.
lanacion.com

lunes, 22 de diciembre de 2008

Avances en una vacuna contra parásitos


Nora Bär
LA NACION
Flatulencia, diarrea fulminante, distensión abdominal, pérdida de peso, fatiga y mala absorción de nutrientes... La causa de estos trastornos, que pueden darse en toda la población, pero se registran especialmente en niños, es frecuentemente un pequeño parásito que se adhiere a las paredes del intestino, la Giardia lamblia .
La parasitosis por giardia, que puede llevar a una enfermedad crónica, es la más diagnosticada en todo el mundo, con 280 millones de casos, según datos de la Organización Mundial de la Salud.
En el país, no sólo es frecuente en seres humanos, sino que además tiene importancia en sectores productivos como la generación de agua potable, el turismo y la cría de animales para consumo, para experimentación o para la producción agropecuaria. El problema es que los medicamentos disponibles actualmente para controlarla no son eficientes, tienen muchos efectos secundarios y ya se observaron fenómenos de resistencia.
La buena noticia es que científicos argentinos pueden haber encontrado una clave para neutralizarla. Identificaron los mecanismos que le permiten montar su defensa contra el sistema inmune y ensayaron una estrategia para bloquearla. Dado que el mismo concepto podría ser efectivo no sólo contra este microorganismo en particular, sino también contra otros parásitos de alto impacto en la salud humana, como el Plasmodium (que causa la malaria) o el Tripanosoma cruzi (causante de la enfermedad de Chagas), ya fue patentado por el Conicet.
"La enfermedad crónica o recurrente que produce la giardia es causada por un proceso de variación antigénica -explica el doctor Hugo Luján, director del equipo de científicos del Laboratorio de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Córdoba, cuyo trabajo acaba de publicarse en la revista Nature -.
El parásito tiene unos 200 genes que dirigen la síntesis de una familia de antígenos (sustancias capaces de estimular la formación de anticuerpos) en su superficie. Sin embargo, expresa uno solo a la vez y los cambia al azar uno por otro para evadir al sistema inmune. Lo mismo hacen la malaria y la tripanosomiasis africana, también llamada la enfermedad del sueño.
Es un mecanismo muy impresionante. Incluso, la cándida, un hongo que afecta a las mujeres (produce infecciones vaginales) tiene variación antigénica. Por eso es tan rebelde. En Chagas no sabemos si ocurre."
Baile de máscaras
La defensa del parásito contra el sistema inmunológico del organismo podría imaginarse como una colección de 200 "máscaras" o diferentes coberturas proteicas que el microorganismo va cambiando para sortear la respuesta que genera.
"En cultivos de giardia vimos que la variación de estos antígenos de superficie se daba sin ninguna presión inmune. O sea, el parásito tiene un mecanismo que sirve para cambiarlos al azar -subraya Luján-. Se cree que perduró a través de la evolución en organismos que no tenían un sistema inmune."
Los investigadores descubrieron que, contrariamente a lo que podría pensarse, los 200 genes con la receta para producir las diferentes "máscaras" se transcriben en el núcleo de la giardia al mismo tiempo. Cada uno genera una copia de sí mismo en un ARN mensajero para que dirija la síntesis, pero luego en la región periférica del parásito (el ectoplasma) un mecanismo los destruye y expresa sólo uno, probablemente el más abundante.
Lo hace por medio de un antiguo sistema celular (el ARN de interferencia), encargado de destruir virus invasores. "Nunca se lo había visto involucrado en la regulación de genes endógenos", explica Luján.
Al decodificar la estrategia defensiva de la giardia, los científicos dieron también con su talón de Aquiles: la forzaron a mostrar todas sus máscaras al mismo tiempo, lo que pone en alerta al sistema inmunológico contra todas sus posibles caras.
"Nos dedicamos a ver qué pasa si infectamos ratones de laboratorio con estas células que expresan todo el repertorio -cuenta el científico-. Ya inmunizamos 90 roedores y vimos que los animales quedaron totalmente protegidos contra las infecciones posteriores, lo que demuestra que este mecanismo sirve para evadir la respuesta inmune. Pero no se puede vacunar con eso porque estaríamos forzando al sistema inmune a reaccionar contra un montón de cosas... Entonces, hemos generado un anticuerpo monoclonal y obtuvimos los mismos resultados. Es motivo de una patente presentada por el Conicet y la Universidad Católica en Estados Unidos y Europa."
Las actuales vacunas contra la giardia en perros y gatos se basan en un cultivo de parásitos y ofrecen una protección de entre el 20 y el 30%. "Nosotros podríamos ofrecer el 100% de protección -se entusiasma Luján-. Además, la idea de bloquear el mecanismo de variación antigénica para generar una vacuna podría ser utilizada en otras parasitosis, como la malaria o el Chagas."
Mientras tanto, los científicos ya trabajan en el desarrollo de un kit de diagnóstico de menos de un dólar para detectar parásitos. "También podríamos llegar a una vacuna en bovinos. Me llamaron de empresas de todo el mundo. Nunca pensamos que este trabajo despertara tal interés inmediato", concluye.