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domingo, 4 de marzo de 2012

Pérdida de olfato

Activación del cerebro ante los olores en una persona con anosmia (amplíe para compararla con una persona sin este problema).| Fundación CIEN
El olor a café recién hecho llega desde la cocina; y mientras el pan se tuesta despacio, el aroma de las flores recién cortadas lo inunda todo. Ahora, imagine la misma escena sin olores; así es la vida de las personas con anosmia. Una vida que no huele a nada.
Se calcula que un 2% de la población padece pérdida de olfato; unas 250.000 personas en España, hasta 14 millones en EEUU. Aunque, como reconocen los propios especialistas, el olfato ha sido siempre el gran olvidado de los sentidos y hasta hace pocos años apenas se le daba importancia a este trastorno; lo que hace que la investigación del problema esté aún "en pañales". "Hasta ahora se consideraba un problema difícil de medir, de detectar y, más aún, de tratar", justifica el doctor Adolfo Toledano, otorrino de la Fundación Hospital Alcorcón y el centro Ruber (ambos en Madrid). "No te quejes por tonterías que esto no es nada, has tenido muchísima suerte", le dijeron los médicos a Chelo, una sevillana de 31 años, después de perder el olfato a consecuencia de un traumatismo en la cabeza.
"El olfato ha sido siempre el sentido más olvidado", coincide por su parte Laura López-Mascaraque, presidenta de la Red Olfativa Española; "nadie nos enseña a oler cuando somos pequeños". Y si no que se lo digan a Marta Tafalla, que padece anosmia de nacimiento.
"De niño no entiendes muchas de las cosas que oyes a los mayores, así que detectarlo fue un proceso muy lento. Yo veía, por ejemplo, que todos a mi alrededor disfrutaban mucho de la comida, pero para mí no era para tanto. Tampoco entendía cuando arrugaban la nariz y hablaban de que algo apestaba", recuerda esta profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Cuando tímidamente se atrevió a decir en alto lo que le pasaba se enfrentó a otra sensación común entre los anósmicos: la incredulidad. Que los pediatras a los que le llevó su madre no le diesen importancia a su problema tampoco le fue de gran ayuda. "El sistema sanitario no tiene ningún protocolo para detectar la anosmia", incide Tafalla.

El poder de la mente

Los casos congénitos como el suyo son, sin embargo, minoritarios. En la mayoría de los pacientes el olfato se pierde a lo largo de la edad adulta, bien bruscamente (a consecuencia de un traumatismo, por ejemplo); o poco a poco, lo que puede ser un signo de otras patologías más graves, como el Alzheimer, por ejemplo. "Hasta ahora no se le daba importancia porque parecía algo propio de la vejez; pero ahora sabemos que hay que buscar la causa, porque puede estar provocado por un tumor, por ejemplo", añade el otorrino madrileño.
Toledano precisa aún más la clasificación de las anosmias: el 75% suele estar causada por una inflamación de las vías nasales, de manera que los olores no alcanzan el receptor olfativo que se encuentra al fondo de la nariz. En el otro 25% de los casos, el problema radica precisamente ahí: las vías están despejadas, pero el receptor o el sistema nervioso central no funcionan. "Estos casos siguen siendo un reto para nosotros".
Y para resolver ese reto, los otorrinos se apoyan cada vez más en la Neurología y en las técnicas de imagen para saber qué está pasando en el cerebro cuando nos enfrentamos a un olor. "En nuestro centro hemos desarrollado un 'olfatómetro' para ver qué zonas cerebrales se activan cuando una persona anósmica 'huele' algo", añade Toledano. Porque, como explica López-Mascaraque, los olores son capaces de activar todas las regiones emocionales del cerebro, y no es extraño que un aroma despierte regiones visuales o relacionadas con la memoria, incluso aunque la nariz no funcione normalmente.
Así, con la mente y la imaginación, 'huele' Teresa Garcerán, que perdió el olfato hace seis años a raíz de una intervención quirúrgica tras sufrir una hemorragia cerebral. "Como hay que hacer de la necesidad virtud, pido siempre a quien me acompaña que sea mi nariz, que me describa a qué huele una planta, un perfume, un plato... Al recordar los olores es mucho más fácil imaginarme qué estoy comiendo, cuál es el ambiente... Echarle imaginación a la vida es básico para mí, aunque no huela, puedo imaginar que lo estoy haciendo por las pistas que me facilitan los demás", explica esta jardinera a ELMUNDO.es.
Y aunque los médicos le han dicho que su nervio olfativo está afectado y es probable que jamás recupere el olfato, ella no tira la toalla. "Durante unos cuantos años (ahora he rebajado las expectativas) mi año iba de la floración de las mimosas (entre enero y febrero) a la de los tilos (de mediados de mayo a primeros de junio) esperando que para la siguiente floración ya habría recuperado el olfato. En todas las visitas de control con mi neurocirujano siempre digo: 'todavía no he recuperado el olfato' y el médico me comenta que es fantástico que tenga este buen ánimo aún sabiendo que no lo voy a recuperar; pero no voy a ser yo quien se rinda...".

Rehabilitación olfatoria

El doctor Toledano es cauto a la hora de generar grandes expectativas, aunque reconoce que en su centro (incluido el hospital privado en el que atiende a pacientes remitidos desde la Seguridad Social) están logrando grandes avances gracias la rehabilitación olfatoria: "Hacemos algo parecido a los catadores de vino, a base de repetir olores. Puesto que los sentidos no funcionan de forma aislada, nosotros les enseñamos a los pacientes a oler a base de otras cosas: texturas, colores, recuerdos... de manera que les creamos una ilusión olfativa".
Prueba de que funciona es el caso de Carmen Rodríguez, 66 años. "Después de un catarro empecé a tener un olor y un sabor raro, como metálico", relata a ELMUNDO.es. Todo le olía igual, "como si estuviese intoxicada"; sus guisos, su chocolate favorito, sus nietos pequeños...
Poco a poco, a lo largo de 20 sesiones repartidas en casi dos años, Carmen fue enfrentándose de nuevo a los olores, "intentando recordar cómo me olían antes las especies, el café las flores... trayendo a la mente esos olores". Gracias a esa rehabilitación olfatoria, desapareció primero el mal olor y volvieron poco a poco los viejos aromas; "a fuerza de ponerme delante de frasquitos con los ojos cerrados y repitiendo mucho en casa". Y aunque admite que no ha recuperado plenamente su buen olfato de antes, vuelve a disfrutar de nuevo del olor que emanan sus nietos.
Marta Tafalla, anósmica de nacimiento.| El Mundo
Un detector de humos en casa, nada de gas o de salir de la cocina si hay algo en el fuego, mirar con lupa las fechas de caducidad de los alimentos... Éstas son sólo algunas de las precauciones que toma Marta Tafalla en su vida diaria para compensar su falta de olfato. Ella es una de las 250.000 personas que en España sufren anosmia.
El bollo de mandarinas de su madre, el olor de un bebé, el camión de la basura o el aroma a tierra mojada después de una tormenta son absolutamente inodoros para ella desde que nació. Aunque, como confiesa a ELMUNDO.es, la falta de olfato no es algo que le angustie. A diferencia de quienes pierden este sentido a raíz de una infección o un accidente siendo ya adultos, para ella forma parte de su día a día. "Es parte de mi naturaleza", cuenta la autora de 'Nunca sabrás a qué huele Bagdad', un libro en el que relata las vivencias de una periodista con anosmia; una especie de 'alter ego' que le ha permitido sacar fuera todas sus sensaciones. "Me he ahorrado el psicólogo", bromea.
En el caso de esta profesora de Estética de la Universidad Autónoma de Barcelona, la falta de olores se ha convertido sobre todo en una curiosidad intelectual y trata de imaginarlos en forma de colores, "para tener al menos una idea mental". Y confiesa que una de las cosas que más le gustaría poder olfatear es a las personas que le rodean; "he oído hablar tanto del olor de la gente que siento mucha curiosidad, porque para mí las personas no huelen".

Sabores insípidos

Su anosmia congénita supone también una relación peculiar con la comida y con los sabores. "Claro que siento hambre, pero no un placer especial por la comida", explica, "cuando dejas de oler, no es que la comida pierda todo su sabor, sigues notando algunas cosas (como la textura o si es dulce o salado), pero pierdes lo más importante, que es el aroma".
Por eso, cuando elige un plato lo hace pensando sobre todo en términos prácticos, "elijo cosas saludables. Soy vegetariana". Si tuviese que elegir un sabor se queda con el dulce ("por ejemplo, puedo notar el dulce de los helados, pero no distingo si es de vainilla o de canela"); y aunque cocina para ella, sus platos suelen tener poco sabor para el resto. "¡Para qué voy a usar especias si no lo aprecio!".
La relación entre los olores y la comida es algo común también entre quienes pierden el olfato de repente. Así lo describe Chelo, que perdió el olfato hace unos cinco años después de caer inconsciente y golpearse la cabeza: "Los primeros meses perdí el gusto y era horrible porque la comida no me sabía a nada y tenía una sensación de fatiga constante. Era rarísimo, tenía siempre un 'olor-sabor' muy desagradable".
Teresa Garcerán, anósmica desde hace seis años, suple la falta de olores con imaginación. "Soy una gran amante de los tés e infusiones y me deleito con ellos gracias a las informaciones precisas de los amigos (pidiéndoles que me describan los aromas y sabores que tienen); aún siendo consciente que realmente lo que tomo es simplemente una taza de agua caliente".
No es casual que todas ellas sean mujeres, puesto que la anosmia suele ser más habitual en ellas (excepto si está relacionada con pólipos o con la inhalación de compuestos químicos). Además, añade el doctor Toledano, "ellas suelen tener un olfato más fino, por lo que le dan más importancia al problema y suelen buscar ayuda con más frecuencia cuando lo pierden".

Calidad de vida

"Según un estudio que publicamos en la revista 'American Journal of Otolaryngology' sobre calidad de vida, la afectación de los sabores y la relación con la comida es el aspecto que más afecta a los pacientes con anosmia viral [el grupo más numeroso]", explica el doctor Adolfo Toledano, otorrino de la Fundación Hospital Alcorcón y el centro Ruber (ambos en Madrid).
En el mismo estudio se puso de manifiesto que, después del placer por comer, los anósmicos sufren frustración, tristeza o irritación. "Primero, porque sienten que nadie les entiende y, en segundo lugar, porque aún es frecuente que los médicos les digan que no tiene solución", añade el doctor Toledano.
"A lo malo nunca se acostumbra uno", coincide Yolanda, anósmica desde hace 20 años, después de un resfriado. "Empecé con mocos, a sonarme todo el tiempo y dejé de oler. Pero ningún médico me daba solución. Me decían que era rinitis, alergia a no sabían qué... Yo he llegado a estar muy mal, porque te influye un montón en el día a día, en tu relación con los demás". Unas sensaciones negativas que no comparte Tafalla: "supongo que para alguien que sí ha conocido los olores, su pérdida es más traumática. A mí no me angustia; aunque cuanto más leo sobre el tema, más pienso que debe afectar psicológicamente de alguna manera. Pero no sé exactamente qué me estoy perdiendo".
Otra cosa que comparten los anósmicos consultados por ELMUNDO.es es la precaución en la cocina. "Aún así, ni sé cuántas tostadas se me han quemado", bromea Chelo que, como buena sevillana, echa de menos, "sin duda", el olor a azahar. Todas ellas coinciden además en que echan de menos el olor a sus perfumes preferidos; y un día más se han olvidado de ponerse colonia antes de salir de casa. "Aunque a lo mejor puede que me haya puesto dos veces y salga de casa dejando un rastro a mi paso", concluye Teresa con humor.
elmundo.es

jueves, 1 de marzo de 2012

¿Olemos mejor con los ojos abiertos o cerrados?

Un estudio publicado en la última edición de la revista Journal of Neuroscience revela que estimulando las regiones cerebrales de la corteza visual a la vez que aspiramos el aroma de una rosa, nuestra capacidad de distinguir los matices e identificar ciertos olores aumenta. Según los autores, del Instituto Neurológico de Montreal, el hallazgo indica que en las estructuras cerebrales encargadas de los distintos sentidos están mucho más interconectadas de lo que se pensaba. Y que no es algo exclusivo de los sinestésicos –personas en que la estimulación de un sentido activa otro, por ejemplo haciéndoles ver colores en los números o escuchar olores-.

Los investigadores sugieren que la vista juega una papel clave a la hora de “conectar” la información procedente de distintos sentidos. Y, como aplicación práctica inmediata, recomiendan que la próxima vez que olamos un perfume, una flor o una especia exótica mantengamos los ojos bien abiertos.
muyinteresante.es

viernes, 16 de diciembre de 2011

El buen olfato, clave en la evolución de los humanos

Markus Bastir y Antonio Rosas, del CSIC, con los cráneos del estudio. | CSIC
El olfato nos hizo más humanos, o al menos favoreció en nuestra especie procesos cognitivos como la percepción o la intuición, según revela un análisis de decenas de cráneos de humanos actuales, ancestros y otros primates liderado por un equipo de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
El trabajo, publicado en la revista 'Nature Communications', lo inició hace años el investigador de origen alemán Markus Bastir, un paleontólogo especializado en el estudio de la morfología de los cráneos humanos para determinar algunas de sus capacidades funcionales. En concreto, en el análisis se compararon 80 cráneos de 'Homo sapiens', 30 de chimpancés y otros 14 de otras especies de homínidos, como los neandertales, 'Homo ergaster', 'Homo erectus' y ' Midpleistocene Homo'.
Los investigadores se centraron en la base del cráneo, que estudiaron en tres dimensiones, y concluyeron que los bulbos olfativos, donde está la estructura que recibe la información del olfato, son un 12% mayor en nuestra especie que en el resto de las especies estudiadas.
"Fue una sorpresa descubrir esta capacidad humana porque los primates no se caracterizan precisamente por su olfato excepcional. Pero estas funciones olfativas superiores están relacionadas con procesos cognitivos, porque nos permiten percibir de modo inconsciente algo del entorno que se integra en los circuitos cerebrales y nos ayuda en la toma de decisiones", explica Antonio Rosas, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), coautor del análisis.
Estos bulbos olfativos se sitúan, según explica Bastir, muy cerca de los lóbulos temporales, que también son más grandes en los 'sapiens' y que se relacionan con el lenguaje, la memoria y algunas funciones sociales. "Esta combinación nos permite interpretar que el mayor tamaño tiene una función emotiva y cognitiva y modula actos conscientes y otros que no lo son", argumenta Bastir.

Funciones sociales

Así, el olfato ha favorecido el desarrollo de algunas funciones sociales que no tienen otros primates. En palabras de Rosas, "nos permite captar un olor indirecto que ayuda a elegir a la pareja, a los amigos y que genera incompatibilidades que tienen que ver más con la intuición que con lo que realmente olemos".
Un ejemplo claro, como añade Markus, sería el de las madres, capaces de identificar a su bebé por el olor. "Es un sentido del olfato que creíamos que tenía poca importancia en nuestra especie y que ahora descubrimos que ayuda a establecer y profundizar relaciones, que tiene un sentido social", concluye.
De ahí, comentan, vendrían algunas de las frases repetidas en muchas culturas: "Tal cosa huele mal", aunque en realidad sea absolutamente inodora, como una corruptela urbanística o los negocios de Iñaki Urdangarin, sin ir más lejos.
elmundo.es

miércoles, 2 de febrero de 2011

Los perros también huelen el cáncer de colon

Hideto Sonoda junto al labrador.
Melanoma, pulmón, mama, vejiga, ovario... y ahora, además, colon. El rango de tumores que los perros van siendo capaces de identificar mediante su sensible olfato sigue creciendo, como ha demostrado esta semana una hembra de labrador de ocho años en un estudio que publica la revista 'Gut'.
La idea de estas investigaciones no tiene nada que ver con llevar a los animales hasta la consulta como apoyo al oncólogo, sino más bien tratar de identificar qué compuestos orgánicos volátiles olfatean los perros en los pacientes con cáncer para emplearlas de alguna manera en el desarrollo de tests diagnósticos en el futuro.
En esta ocasión, y después de varios resultados que se viene publicando desde el año 2004 con distintos tumores, el perro del ensayo (Marine) ha sido capaz de identificar con gran precisión la presencia de tumores de colon, tanto olfateando el aliento de los afectados (recogido en un dispositivo especial tras una larga exalación) como a través de sus heces. Hasta ahora sí se había demostrado esta capacidad canina en la orina, pero es la primera vez que se emplea dicho material.
Hideto Sonoda junto al labrador.
El labrador, entrenado con anterioridad en rescates acuáticos, distinguió con una precisión cercana al 99% a los 48 pacientes con cáncer de colon (diagnosticados previamente) entre otros 258 voluntarios sanos. La mitad de ellos padecía también pólipos benignos y otras patologías intestinales, aunque este hecho no pareció confundir al animal, que sólo erró en cuatro de los 70 intentos realizados a lo largo de varios meses (preferiblemente en verano porque, como destacan sus cuidadores, parecía sentirse negativamente afectado por el calor).
Como explican en su artículo Hideto Sonoda y su equipo, del Hospital de Fukuoka (Japón), este tipo de trabajos "aún muy preliminares" deben ser interpretados con cautela. De hecho, insisten, no se trata de introducir al perro en el proceso de diagnóstico precoz del cáncer ("algo caro y poco práctico") sino de tratar de estudiar los compuestos químicos que desprenden los tumores y que son captados por la nariz canina. "La identificación de los compuestos orgánicos volátiles podrían ayudar a resolver el carácter biológico del cáncer", epxlican, y tal vez a diseñar algún tipo de nariz artificial capaz de identificar los tumores desde sus estadíos más precoces.
Sin embargo, los ensayos con perros siguen siendo minoritarios, como reconoce desde Hungría la Fundación Perros contra el Cáncer para la Vida, la única de estas características en Europa (existen algunas más en EEUU). Allí, como explican Gabriella Scherr y Susan Szemes, dos de las responsables del proyecto, han entrenado desde 2007 a cuatro ejemplares de distintas razas con idéntico porcentaje de éxito al observado en el trabajo de 'Gut': 99%.
Aunque, hoy por hoy, ninguno de estos trabajos con estos animales ha sido capaz de traducir su hallazgos en las sustancias que desprenden las células cancerosas y que les darían a los pacientes oncológicos esa marca especial identificable por los canes.
Sumando los diagnósticos de cáncer en hombres y mujeres, el de colon es el tumor más frecuente en la actualidad (con unos 26.000 casos nuevos al año en España). A pesar de ello, los programas de diagnóstico precoz (bien mediante colonoscopia o con la detección de sangre oculta en heces) no se han extendido en nuestro país como su equivalente para el cáncer de mama, la mamografía. La supervivencia de estos pacientes depende en gran medida del estadio del tumor en el momento del diagnóstico; en 2009 unas 13.000 personas fallecieron a causa de un cáncer de colon.
elmundo.es

miércoles, 19 de mayo de 2010

¿Por qué los ratones huyen de los gatos?

Los gatos, las ratas y otros depredadores producen una sustancia química en la saliva con la cual aterrorizan a los ratones, afirma un nuevo estudio.
Los investigadores del Instituto Scripps de Investigación, en La Jolla, California, Estados Unidos, descubrieron que cuando los ratones detectan este compuesto -que también se encuentra en la orina de las ratas- reaccionan con miedo.
Este compuesto, llamado proteína urinaria mayor o Mup (en sus siglas en inglés) actúa en las células de un órgano sensorial especial en los ratones, llamado órgano de Jacobson o vomeronasal.
Tal como explican los científicos en la revista Cell, las Mup provocan una reacción de terror en el ratón.
Y esto demuestra que los ratones, y quizás también otros mamíferos, han evolucionado con receptores que son capaces de detectar señales químicas de otras especies.
Olor del miedo
El órgano vomeronasal contiene neuronas que detectan las señales químicas y está conectado a zonas del cerebro involucradas con la memoria, las emociones y la liberación de hormonas.
Ya se sabe que en muchos mamíferos el órgano puede detectar feromonas, los mensajeros químicos que comunican información entre individuos de la misma especie.
Estas feromonas pueden tener un efecto directo en la conducta de los animales.
Pero en el nuevo estudio los científicos descubrieron que en los ratones las neuronas del órgano vomeronasal también se ven estimuladas con las señales químicas que emiten sus depredadores.
En los ratones estas proteínas provocan que el animal exhiba señales de miedo como quedarse "congelado" o mantenerse agachado junto al suelo mientras cuidadosamente olfatea e investiga los alrededores.
Tal como explica la profesora Lisa Stowers, quien dirigió el estudio, el hallazgo "tiene sentido, porque una vez que los animales lograron evolucionar un receptor para un tipo de proteína Mup, los genes subyacentes pueden permitirles evolucionar nuevos receptores capaces de detectar las proteínas que producen otros tipos de animales".
Y evolucionar con un receptor capaz de detectar las señales de sus depredadores les ayuda a evitar ser devorados.
Durmiendo con el enemigo
Pero lo que sorprendió a la profesora Stowers fueron los resultados de los experimentos en los cuales anularon los órganos vomeronasales de ratones y después los pusieron a interactuar con una rata anestesiada pero viva.
Al no poder detectar las proteínas Mup, los ratones, que no tenían experiencia previa de interactuar con ratas, no mostraron ninguna evidencia de miedo. Esto a pesar de que los animales podían ver a la rata frente a ellos.
"Uno de los ratones del experimento -dice la investigadora- se acurrucó y se quedó dormido junto a la rata".
"Así que aún cuando estos ratones podían tocar a la rata y verla respirando, como no tenían el órgano vomeronasal no respondieron con miedo", agrega.

bbc.co.uk

viernes, 6 de noviembre de 2009

El olor de los recuerdos

CRISTINA DE MARTOS
MADRID.- Escuchar una vieja canción nos puede transportar a un momento puntual del pasado, incluso muy lejano. Un sabor nos recuerda a otro paladeado años atrás. Los sentidos nos mantienen atados al mundo con raíces profundas. El olfato es, por excelencia, el que es capaz de evocar memorias más vívidas. Un estudio revela ahora cómo los olores se quedan grabados en el cerebro.
"Ahora me doy cuenta a lo que hemos renunciado siendo civilizados y humanos". Stephen D., uno de los protagonistas del libro de Oliver Shacks 'El hombre que confundió a su mujer con un sombrero', pronunció esta frase al recordar un extraño episodio del que había sido protagonista. Tras una noche de drogas, Stephen le despertó con una capacidad olfativa súper desarrollada con la que vivió varias semanas y que transformó su mundo en el de un sabueso. Los olores eran tan potentes que no le permitían pensar en otra cosa.
La evolución nos ha privado de la magnitud olfativa de los animales. En nuestro mundo, distinguir los olores ya no es una cuestión de supervivencia pero el cerebro de los seres humanos conserva aún algunos vestigios de lo que otrora fue un potente sentido. Un trabajo publicado en '
Current Biology' explora los entresijos de la memoria olfativa.
La fuerza de los recuerdos olfatorios de la infancia ha sido siempre un tema recurrente en la literatura, arte que más tinta ha dedicado al sentido del olfato. La ciencia se incorporó algo tarde a su estudio y no fue hasta principios de los noventa cuando se publicó un estudio que empezaría a despejar las incógnitas acerca de este sentido. El trabajo, firmado por Richard Axel y Linda Buck, mereció el Premio Nobel de Medicina en 1994.
Ahora, investigadores del Instituto Weizmann de Ciencia (Israel) describen un sorprendente descubrimiento: la primera asociación de un objeto con un olor tiene una representación cerebral única. "Esta grabación de los recuerdos olorosos iniciales es similar para los olores agradable y desagradable pero es única a estas sensaciones", ha explicado Yaara Yeshurun, implicada en el estudio.
Esta capacidad para recordar olores concretos es muy sorprendente si se tiene en cuenta que las neuronas del epitelio olfatorio tienen una vida media de 60 días. Tras su muerte, son reemplazadas por otras células nerviosas que deben establecer de nuevo las sinapsis. Una extremada precisión en el recambio celular (cada sustituta ocupa un lugar concreto) permite que los recuerdos no desaparezcan.
Un olor, un objeto
Cuando se trata de la creación del primer recuerdo asociativo entre un objeto, por ejemplo, y un olor, el cerebro actúa de una forma particular. Al observar la actividad del sistema nervioso de 16 voluntarios mientras se les presentaba un estímulo auditivo y sonoro vinculado con un objeto, el equipo de Yeshurun llegó a varias conclusiones curiosas.
El experimento consistía en la exposición de un olor y un sonido durante la observación de un objeto, hecho que se repetía con dos estímulos de signo opuesto (agradable o desagradable) unos 90 minutos después. El mismo proceso se realizó una semana después, mientras que se estudiaba mediante una resonancia magnética funcional el cerebro de los participantes.
Lo primero que observaron fue que "las primeras asociaciones tenían preeminencia cuando el estímulo era desagradable, tanto en el caso de la olfacción como en el de la audición", explican los autores. Después, analizaron si esos vínculos tenían algo en especial, en comparación con los subsiguientes y comprobaron que "existía una representación única en el hipocampo sólo para las primeras asociaciones olfatorias, independientemente de si es agradable o desagradable", señalan.
Esta impronta privilegiada, según subraya el estudio, se forma en el mismo momento de la exposición y observando en ese momento el sistema nervioso es posible predecir qué asociación olfatoria va a ser recordada.
Cualquiera, por su experiencia personal, sabe de la capacidad del olfato para traer recuerdos. Pero hay otros datos que hablan de las profundas raíces de este sentido. Por ejemplo, la pérdida total del olfato o anosmia puede ser un síntoma precoz del Alzheimer, el síndrome de Churg-Strauss u otras enfermedades neurodegenerativas.
La huella olorosa
ISABEL F. LANTIGUA
MADRID.- Esa camiseta a la que se aferra el enamorado porque huele a la persona a la que quiere. Ese peluche con el que duerme el niño y que la madre se lleva instintivamente a la nariz porque tiene impregnado el olor de su pequeño o ese jersey que aparece olvidado en el armario y que sólo por la fragancia delata a quién lo dejó ahí. Son actitudes que identifican a un individuo sólo con la ayuda del olfato y que tienen una base científica. Investigadores estadounidenses han descubierto que el olor personal de cada uno permanece inalterable a pesar de las variaciones en el ambiente y la dieta.
"Como la huella dactilar o el ADN, el olor corporal también proporciona un rastro reconocible de cada individuo, que puede detectarse por la nariz o utilizando instrumentos químicos más sofisticados", explica Gary Beauchamp, biólogo del Centro Monell, en Pensilvania (EEUU), y coordinador del estudio que publica
'PLoS one'.
El equipo de este experto confirma que los mamíferos, también los humanos, tienen un olor corporal único, determinado genéticamente. Esta información olorosa se transmite a través de los fluidos corporales como la orina o la saliva. Sin embargo, existen factores externos, especialmente la comida �como el ajo-, que pueden influir en este olor y podrían llegar a enmascararlo hasta el punto de no hacer reconocible al individuo. Ésta es la premisa de la que han partido los autores para realizar su investigación.
Para clarificar el papel de la dieta en este terreno, los investigadores utilizaron a ratones a los que entrenaron para usar su sentido del olfato y elegir, al oler la orina, entre pares de roedores que diferían en el perfil genético, en la dieta, o en ambos aspectos. Los resultados indicaron que el olor determinado por los genes persiste a las variaciones de la dieta y que ésta, aunque influye, no es capaz de evitar la identificación de alguien por su olor. Trabajos semejantes en humanos han arrojado datos similares.
Para Beauchamp, "el siguiente paso es investigar las diferencias olorosas relacionadas con determinadas enfermedades, lo que podría llevar al desarrollo de sensores electrónicos para la detección precoz y el diagnóstico de trastornos como infecciones virales o determinados tipos de cáncer, como el de pulmón".
elmundo.es

martes, 23 de septiembre de 2008

Dulce aroma para dulces sueños


BBC Ciencia
¿Quiere tener dulces sueños? Duerma con flores o algún otro dulce aroma.
Una nueva investigación afirma que lo que olemos mientras caemos dormidos tiene el poder de influir en nuestros sueños.
En el estudio, llevado a cabo por científicos del Hospital Universitario de Manheim, Alemania, participaron 15 mujeres voluntarias.
Cuando estaban quedándose dormidas se les pasó por la nariz el aroma de rosas.
Posteriormente informaron que en sus sueños habían experimentado emociones placenteras.
Pero cuando se les dio a oler huevos podridos mientras dormían, tuvieron el efecto contrario, afirman los investigadores.
El estudio fue presentado durante la reunión de la Academia Estadounidense de Otolaringología, en Chicago.
Los científicos dicen que ahora planean estudiar el efecto en personas que tienen pesadillas.
Olores positivos
Los investigadores creen que es posible que la exposición a aromas con olores positivos, como el de rosas, ayude a hacer los sueños más placenteros.
En el estudio los científicos esperaron hasta que las voluntarias habían entrado a la fase REM (movimiento rápido de los ojos) del sueño, el estado en el que ocurren la mayoría de los sueños.
Posteriormente las expusieron durante 10 segundos a una alta dosis de aire oloroso y un minuto después las despertaron.
Ya despiertas se les preguntó sobre el contenido de sus sueños y las emociones que sintieron.
Las mujeres no soñaron que habían olido algo, sin embargo, el tono emocional de sus sueños cambió con el estímulo olfatorio.
Investigaciones en el pasado han demostrado que otros tipos de estimulación, como el sonido, la presión o vibración, pueden influir en el contenido y el tono emocional de los sueños.
Los expertos afirman que la relación entre el estímulo externo y los sueños es algo que hasta cierto punto se conoce.
Siempre despierto
El olfato, explican, es el único sentido humano que no "duerme", así que la información que éste obtiene alcanza el sistema límbico del cerebro, que incluye al hipotálamo (donde está la memoria) y la amígdala (relacionada a la respuesta emocional).
Esto no ocurre con los otros sentidos que deben pasar por la "puerta" del tálamo -el encargado de la regulación de la sensibilidad y la actividad de los sentidos- que está cerrada cuando la persona duerme
.
Los investigadores alemanes afirman que éste es el primer estudio que demuestra el impacto de la función del olfato en los sueños.
Y los resultados, dicen, podrían conducir al desarrollo de nuevos tratamientos que incluyan la estimulación olfatoria nocturna.

lunes, 25 de agosto de 2008

La nariz puede "oler el miedo" en el aire - Tiene un sensor que detecta feromonas


Neurona olfatoria
La nariz de los mamíferos contiene un sensor especializado que detecta sustancias químicas de alarma emitidas por congéneres, informan investigadores suizos.
Según el equipo de la Universidad de Lausana, el así llamado "ganglio de Grueneberg" es una pequeña pelotita de células esféricas ubicadas cerca de la punta de la nariz.
El órgano había sido descubierto en 1973, pero su función había sido materia de controversia desde entonces. Julien Brechbühl y colegas muestran en el último número de la revista Science que este ganglio detecta feromonas que dan la señal de alarma producidas por otros miembros de la misma especie cuando están asustados.
Se sabe que diversos organismos, como las plantas, los peces, los insectos y los mamíferos emiten estas sustancias, pero hasta ahora no estaba muy claro exactamente de qué compuestos se trata, cómo se producen y cómo se detectan. Las feromonas son extremadamente volátiles y pueden ser capturadas recolectando el aire que está alrededor del animal estresado.
Los investigadores compararon cómo respondían a las feromonas segregadas por otros animales ratones normales y otros que carecían del ganglio de Grueneberg.
Mientras los roedores normales dejaban de explorar su celda y quedaban "congelados" en una esquina, los otros seguían dando vueltas, aparentemente sin darse cuenta de las señales de peligro. Sin embargo, ambos grupos podían oler una galletita escondida en la paja de su jaula, lo que indicaba que su sistema olfatorio estaba funcionando normalmente.
Los autores también utilizaron microscopia electrónica para estudiar la morfología de este ganglio y determinaron que estas neuronas tienen características similares a otras neuronas olfatorias.

viernes, 15 de agosto de 2008

El olfato, crucial a la hora de elegir pareja



Un reciente estudio asegura que los seres humanos tienden a sentir atracción por las personas cuyo olor parece indicar características genéticas diferentes a las propias, para mantener la diversidad
El consumo de píldoras anticonceptivas podría perturbar la habilidad natural de la mujer para escoger un compañero genéticamente diferente a ella, según indica un estudio publicado hoy en la revista "Proceedings of the Royal Society B".
Los seres humanos eligen a su pareja, entre otras cosas, a través del olfato, y tienden a sentir atracción por las personas cuyo olor parece indicar características genéticas diferentes a las propias, para mantener la diversidad genética.
Se cree que los genes contenidos en el llamado Complejo Principal de Histocompatibilidad (MHC, en sus siglas en inglés), que ayuda a construir las proteínas involucradas en la respuesta inmunológica del cuerpo, influyen en el olor corporal por su interacción con las bacterias de la piel, y parecen afectar también a la elección de pareja.
Estudios en animales han demostrado que las hembras suelen preferir los olores de los machos que tienen un MHC diferente del suyo, posiblemente por el instinto de supervivencia de la especie.
Una investigación en humanos en 1995 ofreció resultados en la misma línea, aunque otras posteriores arrojaron datos confusos sobre el papel del MHC en la elección de pareja y la posterior estabilidad de la relación.
El estudio de 1995 apuntó por primera vez que, en ocasiones, las mujeres que tomaban la píldora elegían a hombres con una genética parecida, lo que tendría posibles consecuencias para la fertilidad de la pareja e incluso su estabilidad.
Craig Roberts, profesor de Psicología evolutiva de la Universidad inglesa de Liverpool, analizó empíricamente junto con colegas de la universidad de Newcastle el efecto de la píldora anticonceptiva en las preferencias olfativas de las mujeres.
Para el experimento, un centenar de mujeres indicaron sus preferencias de entre seis muestras de olor corporal masculino (tres con MHC similar al suyo y tres con uno distinto) seleccionadas de entre 97 voluntarios, antes y después de iniciar el consumo de la píldora.
Así, las voluntarias participaron en dos sesiones, en un intervalo de tres meses. En la segunda sesión, un poco menos de la mitad de ellas empezó a tomar la píldora.
Para "recolectar" el olor masculino, los hombres participantes tuvieron que dormir dos noches seguidas con la misma camiseta.
A diferencia del estudio de 1995, Roberts no halló una preferencia significativa de las mujeres por hombres con MHC similar o diferente al suyo en la primera sesión, cuando ninguna había tomado la píldora.
En la segunda sesión, "tampoco se detectó una preferencia general, pero lo que sí pasó fue que las mujeres que habían empezado a tomar la píldora registraron un cambio de preferencia hacia los hombres con un MHC similar al suyo", explicó a Efe el experto.
Si, como se cree, el olor desempeña un papel importante en la elección del compañero, los resultados de este estudio sugerirían que tomar la píldora puede modificar las preferencias olfativas de las mujeres, apuntó.
La similitud en el MHC, prosiguió Roberts, "no sólo puede llevar a problemas de fertilidad, sino que eventualmente podría conducir a la ruptura de relaciones cuando las mujeres dejan de tomar la píldora, ya que la percepción del olor desempeña un papel importante en el mantenimiento de la atracción hacia el compañero".
Sin embargo, el profesor británico subraya que "las mujeres no deben preocuparse aún", al menos hasta que estos resultados, que calificó como "sutiles", puedan comprobarse en muestras de parejas reales.
Roberts espera conseguir financiación para realizar ese experimento, que conllevaría analizar la evolución de parejas que se conocieron cuando ellas tomaban, o no, la píldora, y analizar índices de divorcio, de fertilidad y salud de la descendencia.
Fuente: EFE