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domingo, 4 de octubre de 2009

El "DNI genético" permitirá tratar el cáncer de forma personalizada


MADRID (Diario El País).- ´Identificar claramente el perfil genético del tumor mamario, es decir, estar en posesión de su DNI genético, será el primer gran paso para seleccionar un tratamiento óptimo para cada paciente e ir de verdad hacia esa terapia personalizada en cáncer de la que ahora tanto se habla. Se trata de determinar si podemos seleccionar el régimen quimioterápico en función de los subtipos moleculares o biomarcadores´, afirma Gabriel Hortobagyi, jefe del departamento de Oncología Médica de la Mama del Centro MD Anderson de Houston (Tejas, EE UU), que viajó la semana pasada a Madrid para codirigir el II Encuentro Multidisciplinar del Tratamiento del Cáncer de Mama, junto con el doctor Antonio González Martín, jefe del servicio de Oncología Médica del MD Anderson España, situado en Madrid, la única filial que el hospital tejano tiene en el mundo. En esta reunión se dieron cita más de 200 expertos en mama de todo el mundo.
Según el doctor Antonio González, es fundamental en esta patología la participación coordinada de oncólogos, cirujanos, patólogos, radioterapeutas, ginecólogos... ´Por ello´, explica, ´hemos creído muy relevante la multidisciplinariedad de este encuentro, puesto que los principales avances en el tratamiento de este proceso los encontramos en la profundización del conocimiento de la biología de la enfermedad y en la mejora de las distintas técnicas terapéuticas´.
Este experto citó el tipo de tumor mamario que expresa el oncogén HER-2, que tiene un comportamiento clínico muy agresivo y responde, sin embargo, a terapias biológicas dirigidas a ese receptor. Así ha logrado aumentarse notablemente la supervivencia de estas pacientes.
Un hecho que está muy constatado, como advirtió el doctor Hortobagyi, es que no todas las pacientes responden a los mismos tratamientos: ´Eso significa que el cáncer de mama no es una enfermedad, sino muchas, en virtud de las alteraciones genéticas del tumor. Existe un gran interés en identificar los llamados predictores de respuesta a los agentes de quimioterapia, porque se mejorará el beneficio terapéutico y se reducirá la toxicidad. Confiamos en que estén disponibles en un futuro no muy lejano´.
Las nuevas clasificaciones moleculares están permitiendo diferenciar los tratamientos para ir hacia el individual. Recientemente, según el doctor González, se están incorporando a la práctica clínica análisis de la genética del tumor mediante tests que estudian la expresión de varios genes a la vez y que se conoce como firma genética.
´Este tipo de tecnología´, señala, ´se está aplicando ya y nos permite seleccionar qué enfermas se beneficiarán del tratamiento de quimioterapia después de la cirugía y cuáles no. Así podremos evitar administrarla a quienes no les vaya a ir bien´.
El cáncer de mama es el más frecuente en las mujeres occidentales y se observa que su incidencia aumenta con el nivel económico y la edad. Más de la mitad de los casos se diagnostican en los países desarrollados: 370.000 al año en Europa y 230.000 en Estados Unidos. La prevalencia más baja se da en Japón, Tailandia, Nigeria e India.
La supervivencia por este tumor en España es superior a la media europea, que se sitúa en el 76%, y está más próxima a la de países como Estados Unidos, Francia, Suecia, Suiza e Italia (83% a los cinco años y 70% a los diez). Gracias a la detección precoz mediante mamografía cada vez son más las mujeres que superan esta enfermedad.
El MD Anderson de Houston, fundado en 1944 y adscrito a la Universidad de Texas (Estados Unidos), creó en 2000 su única filial en el mundo, el Centro Oncológico MD Anderson International España en Madrid. Sin embargo, son muy conocidas las historias de algunos personajes famosos que han viajado hasta la ciudad norteamericana con la esperanza de curarse el cáncer.
Gabriel Hortobagyi señala que el hospital estadounidense es seis veces más grande que el de Madrid, que sólo tiene nueve años, y que allí ven muchos más pacientes. ´Aparte de eso, no hay otras diferencias´, agrega. Un gran problema, según advierte, es preservar la privacidad y la intimidad de los pacientes, y esto es más fácil en un centro grande y en un país extranjero. Ésa ha sido la experiencia de varios españoles célebres, que han salvado la vida, y podrían haberse tratado aquí´.
´Intentamos mantener la misma calidad en la atención, los mismos valores éticos, los últimos avances en las terapias. Tenemos convenios de colaboración en investigación básica y traslacional, esto es, para llevar en seguida a la práctica clínica, con instituciones públicas del prestigio del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Estamos reconocidos para la formación de médicos internos residentes. También hay acuerdos de asistencia con compañías médicas aseguradoras privadas, del mismo modo que los hay con el sistema público de salud con algunas comunidades autónomas de la zona centro de España´, explica González.
Mayka Sánchez
© EL PAIS, SL.
lanacion.com

martes, 17 de febrero de 2009

Un descubrimiento vital para la cura de los resfríos comunes


Curar el resfrío común, uno de los objetivos más esquivos de la medicina, ahora quizá pertenezca al ámbito de lo posible. El jueves pasado, un equipo de investigadores dijo haber decodificado el genoma de 99 cepas del virus del resfrío común y elaborado un catálogo de sus puntos débiles.
"Ahora estamos bastante seguros de estar viendo el talón de Aquiles y de que un tratamiento muy eficaz para el resfrío común está al alcance de la mano," dijo Stephen Liggett, especialista en asma de la Universidad de Maryland y co-autor del trabajo.
Además de aliviar los dolores y la nariz tapada, una droga que verdaderamente combatiera el resfrío sería una bendición para los millones de asmáticos y afectados por la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Se piensa que el rinovirus del resfrío común desencadena la mitad de los ataques de asma.
Aun así, puede que no sea fácil despertar interés en las compañías farmacéuticas. Aunque estos nuevos hallazgos son "un trabajo científico interesante", dijo el doctor Glenn Tillotson, experto en drogas antivirales de Viropharma (Pensilvania, EE.UU.), destacó que el costo que normalmente implica desarrollar una nueva droga es de unos 700 millones de dólares. Como los resfríos son una molestia menor, dicen los desarrolladores de drogas, la gente seguramente no estaría dispuesta a pagar un medicamento caro. Carl Seiden, presidente de Seiden Pharmaceutical Strategies y analista de la industria farmacéutica, señaló que los laboratorios podrían ser reacios a ponerse a trabajar en esto porque Relenza y Tamiflu -dos drogas que mejoraban la gripe pero no la curaban- fueron grandes fracasos comerciales. Además, en los últimos años, la industria farmacéutica se ha dado cuenta de que convertir un descubrimiento genético en una droga comercializable es mucho más difícil de lo que se pensaba.
La principal razón de que el resfrío común no haya encontrado tratamiento hasta ahora quizá sea que el rinovirus tiene muchas cepas y constituye un blanco móvil para cualquier droga o vacuna. Puede que este eslabón científico en la cadena de problemas ahora haya sido roto por el equipo de investigación dirigido por el doctor Liggett y la viróloga Ann Palmenberg, especializada en resfrío de la Universidad de Wisconsin. Los científicos, que efectuaron la decodificación con la ayuda de la doctora Claire Fraser-Liggett, de la Universidad de Maryland, publicaron sus conclusiones el jueves en la revista Science online.
El doctor Fernando Martínez, especialista en asma de la Universidad de Arizona, dijo que el nuevo árbol genealógico del rinovirus debería permitir identificar por primera vez qué rama del árbol contiene los virus de más interés para los pacientes asmáticos. Desarrollar agentes antivirales contra ese grupo de virus, señaló el doctor Martínez, "sería un avance extraordinario". Otra especialista en asma, la doctora Kathryn Miller, del Hospital de Niños Vanderbilt de Nashville, explicó que el trabajo es "un estudio pionero de enorme importancia".
El doctor Liggett dijo que los nuevos datos incluso podrían permitir nuevos abordajes respecto de las vacunas. Pero la doctora Palmenberg es menos optimista. "No va a haber una vacuna para el resfrío común", dijo, dado que las vacunas no protegen la mucosa de la nariz donde ataca el virus.
El rinovirus tiene un genoma de alrededor de 7.000 unidades químicas, que codifican la información para fabricar las diez proteínas que hacen todo lo que el virus necesita para infectar las células y producir más virus. Comparando los 99 genomas entre sí, los investigadores lograron armar un árbol genealógico basado en sus similitudes. El árbol muestra que algunas regiones del genoma del rinovirus cambian todo el tiempo, pero otras no se modifican jamás.
El hecho de que las regiones que no cambian se hayan conservado tanto durante la evolución significa que desempeñan funciones vitales y que el virus no puede permitir que cambien sin perecer. Por lo tanto, son blancos ideales para las drogas porque, en teoría, cualquiera de las 99 cepas podría ser eliminada por la misma droga.
Los datos también ayudarán a analizar una nueva familia de rinovirus que está causando preocupación. En lugar de atacar las células de la mucosa nasal, estos atacan las que recubren el interior de los pulmones, causando neumonía viral. Esta familia de virus actualmente no puede ser cultivada para su estudio en el laboratorio, explicó la doctora Palmenberg, pero ahora puede ser investigada genéticamente a través de los elementos que comparte con otros rinovirus. Los investigadores del Instituto Craig Venter, donde se decodificaron los genomas de los rinovirus, dicen que otro rasgo importante de los virus se sitúa en una región sumamente variable de uno de los genomas. En estos momentos, no hay tratamientos eficaces contra el resfrío común. Lavarse las manos con frecuencia es la mejor prevención, afirma la doctora Miller. Una vez que el resfrío ha comenzado, recomendó lavar los conductos nasales, tomar bebidas tibias y descansar.
TRADUCCIÓN: Elisa Carnelli
clarin.com

viernes, 26 de diciembre de 2008

La salud de los hijos de primos hermanos

Charles Darwin se casó con su prima y tuvieron 10 hijos sanos
ISABEL F. LANTIGUA-elmundo.es
MADRID.- Que si salen hijos tontos, que si tendrán deformidades, que si no se desarrollarán con normalidad... A lo largo de la historia, estas afirmaciones sobre los retoños de un matrimonio entre primos hermanos han pasado de boca en boca y, hoy día, todavía se asumen como algo cierto. Sin embargo, una nueva investigación desmiente muchos de estos mitos y afirma que no existen evidencias científicas que avalen tales creencias.
Los expertos en genética Diane B. Paul y Hamish G. Spencer han revisado los estudios sobre el tema y sus resultados, que publican en
'Plos Biology', demuestran que "el riesgo de que los hijos de una pareja de primos nazca con defectos congénitos es mucho menor de lo que se pensaba".
Así, indican que las probabilidades de que los bebés de estos matrimonios vengan al mundo con problemas es un 1,7% mayor que el de las parejas sin lazos sanguíneos y la tasa de mortalidad es un 4,4% más elevada. No obstante, estas cifras son las mismas que se atribuyen a las mujeres que van a ser madres a partir de los 40 años y mucho menor que el de las personas con enfermedad de Huntington, que tienen un 50% de transmitir sus genes enfermos a sus hijos.
A la vista de estos datos los investigadores concluyen que "no existe ningún motivo ni ninguna base científica que justifiquen las leyes que prohíben estos matrimonios y que les impiden tener descendencia". La legislación a la que hacen referencia está vigente en 31 estados de EEUU, en China, Taiwán, Corea del Norte y del Sur. No existe, sin embargo, en ningún país europeo.
La herencia de las clases altas
Según recuerdan los autores, los matrimonios entre primos era una práctica muy habitual hasta la segunda mitad del siglo XIX. Esta tradición era especialmente famosa entre las elites, que veían en las bodas entre familiares la manera de conservar su selecto linaje.
Al margen de las clases altas, en EEUU la práctica se popularizó también entre los inmigrantes y los pobres que vivían en un ambiente rural. En cualquiera de los casos, la opinión de la sociedad sobre este tipo de parejas cambió a finales del XIX y principios del XX, cuando empezaron a verlo como una unión imprudente, llena de riesgo. Esta concepción es la que perdura en la actualidad.
Para aclarar los problemas que pueden tener los hijos de estos matrimonios, la National Society of Genetic Counselors (NSGC) realizó un trabajo exhaustivo sobre el asunto y concluyó que el riesgo era mucho menor de lo que esperaban. Y, para confirmarlo ponen de ejemplo el matrimonio formado por el científico Charles Darwin y su prima Emma Wedgwood, que tuvieron 10 hijos, todos ellos sanos.
El caso de los paquistaníes
La declaración del ministro británico Phil Woolas en febrero de este año, en la que atribuía la elevada tasa de defectos de nacimiento en la comunidad paquistaní a la práctica del matrimonio entre primos dio mucho que hablar. Los investigadores también dan su versión al respecto.
Si bien es cierto que la población inmigrante de Pakistán registra tasas más altas de defectos de nacimiento, éstos pueden deberse a muchos factores, entre los que sobresalen los "socioeconómicos y los ambientales, que pueden dar lugar a problemas que se atribuyen muchas veces y por error a los lazos sanguíneos de los padres", señalan Spencer y Paul.
Asimismo, los expertos indican que la madre puede sufrir malnutrición y que las familias no reciben en ocasiones los cuidados prenatales necesarios, bien por problemas con el idioma o por otros motivos.
"De cualquier manera, la ciencia no da ningún motivo para prohibir a los primos hermanos que se quieren tener hijos", añaden.

jueves, 24 de julio de 2008

Los genes no lo son todo



Descubrir que no tenemos muchos más genes que un gusano o que una mosca fue un duro golpe para el orgullo sapiens y quizá también para los científicos que pensaban que el ADN brindaría todas las respuestas sobre la condición humana. Aquello de “es genético” o “tiene el gen de…” dejó de tener demasiado sentido ya a principios del milenio con la secuenciación del genoma humano. Y cada vez está más claro que lo que cuenta no es el ADN y su configuración, sino lo que lo rodea. La realidad es que no somos lo que está escrito en nuestros genes, sino lo que hacemos con ellos. La realidad es que podemos introducir cambios en nuestro genoma, y, lo que es aún más impactante, las modificaciones que introduzcamos pasarán a los hijos y a los nietos.

Lo realmente importante para la vida no es la composición de la doble hélice, si tenemos tal o cual gen, sino qué genes están encendidos y cuáles apagados. Una de las pruebas más palpables y sobre todo visibles de este hecho la obtuvieron Randy Jirtle, un investigador de la Universidad Duke (Estados Unidos), y su equipo. Sus ratones fueron concebidos, nacieron y crecieron en el laboratorio de Jirtle, y aunque parezca increíble son genéticamente idénticos, la composición de su ADN es exactamente la misma. La única y fundamental diferencia entre el rechoncho y amarillo roedor y su marrón y estilizado hermanito se encuentra en las condiciones en las que discurrió su gestación.
“¡Los genes no son el destino! Las influencias medioambientales, entre las que se incluyen la nutrición, el estrés y las emociones, pueden modificar esos genes sin alterar su configuración básica”, escribe, en La biología de la creencia, Bruce Lipton, un biólogo molecular estadounidense que en su libro defiende la capacidad que tiene el ser humano para intervenir y modificar su biología. La consecuencia última de la visible diferencia va más allá de la estética, porque el animal amarillo desarrollará obesidad mórbida, diabetes y muy probablemente morirá de cáncer, mientras que su hermano marrón tiene todos los elementos para vivir una vida sana y tranquila.
El experimento de Jirtle ha puesto en juego elementos que intervienen en la vida cotidiana de los humanos, y aunque los investigadores son prudentes a la hora de trasladar las conclusiones de una especie a otra, admiten que cada vez hay más datos que indican que lo que se ha observado con los ratones amarillo y marrón podría extrapolarse a los humanos. En una primera parte del experimento, el equipo de la Universidad Duke expuso a hembras de ratón en gestación a un agente químico, el BPA, que forma parte del plástico que se encuentra en todas las casas (envases, recipientes, biberones, etcétera). Todos los vástagos que nacieron eran amarillos, o, lo que es lo mismo, con predisposición a sufrir las enfermedades mencionadas.
En la segunda parte del estudio nacieron los ratones mencionados. Los dos de la misma madre y con la misma carga genética. Durante la gestación del roedor amarillo, la madre recibió el BPA y una dieta normal. Sin embargo, durante la gestación del marrón, la progenitora, que también recibió el compuesto del plástico, siguió una dieta especial enriquecida con ácido fólico y genesteína, un folato presente en la soja.
El resultado exterior está a la vista, pero vayamos al interior de las células para ver lo que ha provocado esa diferencia entre hermanos genéticamente idénticos. Lo ocurrido es tan simple como el mecanismo de un interruptor de la luz. En este caso, la bombilla sería un gen asociado con la obesidad, la diabetes y el cáncer. El interruptor de encendido, el BPA; el de apagado, la dieta. Es decir, que aunque el componente plástico tiene un efecto tóxico que enciende el gen patológico, con la dieta se ha logrado eliminar. Todo ello se produce a través de una serie de marcas químicas que cuando están presentes en la estructura del gen lo inactivan.
En lo que se refiere a los humanos, recientemente se ha publicado un nuevo estudio en Proceedings of the National Academy of Science, de Estados Unidos, en el que se ha visto cómo pacientes con tumores de próstata lograron apagar dos familias de genes que favorecen la enfermedad. El apagado se produjo tras tres meses de un estilo de vida diferente: llevaron una dieta baja en grasas, con alimentos no procesados y verduras; practicaron técnicas de control del estrés y ejercicio físico, y, por último, también se ocuparon de su mente, asistieron a grupos de apoyo psicosocial –se sabe que el estrés psicológico provoca el encendido y apagado de genes–. Las conclusiones del trabajo son preliminares, pero están en consonancia con las de otros similares, de modo que el camino parece ser el adecuado.
“Hay que luchar contra el determinismo genético. El genoma nos da una tendencia a ser de cierta manera, pero es cómo vivimos lo que hace que seamos de una forma determinada”, explica Manel Esteller, director de epigenética del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (Madrid) y del Instituto Catalán de Oncología (Barcelona). Esteller es un reconocido experto en epigenética. Esta disciplina, con poco más de una década de existencia, es una auténtica revolución en la biología; algunos la llaman el segundo genoma o el interlocutor entre genoma y ambiente. La epigenética ha podido dar respuestas donde la genética ya no tenía ninguna: por qué los ratones idénticos genéticamente son tan diferentes, por ejemplo. “La diferencia entre genética y epigenética probablemente puede compararse con la diferencia que existe entre escribir y leer un libro. Una vez que el libro ha sido escrito, el texto (los genes) será el mismo en todas las copias. Sin embargo, cada lector podría interpretar la historia del libro de una forma ligeramente distinta, con sus diferentes emociones y proyecciones, que pueden ir cambiando a medida que se desarrollan los capítulos”, comenta Thomas Jenuwein, investigador austriaco.
No tan espectaculares a la vista como los ratones americanos, pero tanto o más significativos, son los resultados del grupo de Manel Esteller. Sus investigaciones con personas genéticamente idénticas son conocidas en todo el mundo por su importancia y trascendencia. El investigador español ha estudiado a decenas de parejas de gemelos de distintas edades, y ha podido observar cómo la forma de vida va dejando sus huellas en el ADN en forma de genes que se encienden y se apagan. Un solo dato ilustra bastante bien los hallazgos de Esteller: las diferencias en las marcas químicas presentes en los genes –cambios epigenéticos– de gemelos de 50 años son cuatro veces mayores que las que se pueden encontrar en gemelos de sólo tres años. Además, la disparidad aumenta a medida que aumentan las diferencias en el estilo de vida.
Obviamente, la influencia de la epigenética en nuestras vidas no se limita a las patologías como el cáncer, que es el principal objetivo de Manel Esteller, sino que condiciona el proceso de envejecimiento, el comportamiento y, por supuesto, la salud emocional y mental. “Estamos estudiando la enfermedad de Alzheimer, y hemos encontrado que el patrón epigenético [las marcas químicas en el ADN] de un cerebro con esta patología es diferente del de uno sano”, explica Esteller. También en las cada vez más frecuentes enfermedades autoinmunes se han observado cambios epigenéticos que hacen que algunos genes se expresen, y que, por tanto, se produzca una respuesta inmune contra el propio organismo. Tampoco los trastornos cardiovasculares escapan a esta sutil marca.
Sin embargo, lo más importante y trascendente es que todos los cambios epigenéticos se transmiten a las generaciones futuras. Son ya famosos los experimentos con ratas de Michael Meaney de la McGill University de Montreal (Canadá), en los que se vio que cuando las hijas de madres descuidadas y poco amorosas eran criadas por ratas cariñosas y afectivas, la herencia genética quedaba de lado, y cuando esas hijas se convertían a su vez en progenitoras, se comportaban como sus madres adoptivas y no como las biológicas. Dicho de otro modo, la herencia no es ni mucho menos una fatalidad porque es posible cambiarla.
En el caso de los humanos, algunos estudios de poblaciones han encontrado que el tipo de alimentación de los abuelos tiene un efecto sobre el riesgo que tienen los nietos de desarrollar diabetes o enfermedades cardiovasculares. De modo que no sólo somos lo que comemos nosotros, sino lo que comieron, lo que respiraron, lo que sintieron…nuestros ancestros. Hasta ahora estas tendencias no tenían una confirmación biológica, pero “cada vez hay más datos que sugieren que la epigenética sana se transmite a las generaciones futuras, y la alterada, también”, asegura Esteller. O sea, que aquello de “mi cuerpo es mío y hago lo que quiero” está muy bien, pero hay que tener en cuenta que los descendientes también van a sufrir los excesos o a beneficiarse de los cuidados. Como ha dicho un conocido genetista del University College London, “todos somos guardianes de nuestro genoma”.
De hecho, la epigenética, además de su impacto directo en nuestras vidas, remueve los cimientos de la mismísima teoría de la evolución. Parece que Charles Darwin no tenía toda la razón. Por su parte, el despreciado Jean-Baptiste Lamarck, un naturalista francés ligeramente anterior a Darwin, que de alguna manera ya había descrito la epigenética en el siglo XIX, debería obtener finalmente su lugar en el olimpo científico. Para Darwin, los cambios en el ADN que se dan en el proceso evolutivo son fruto del azar, mientras que Lamarck sostenía que se producen debido a la interacción con el medio ambiente y a la adaptación a él. Los seguidores de Darwin despreciaron y casi borraron de la historia de la ciencia la teoría lamarckiana, hasta que las investigaciones epigenéticas aparecieron en escena y comenzaron a dar pruebas objetivas de su validez. “Lamarck no debería haber sido tan denostado”, opina Esteller.
Continuando con la idea de modificar la biología, Bruce Lipton, en el libro mencionado anteriormente, va un paso más allá en las implicaciones de la epigenética y la pone en relación con el cerebro y el poder de la mente para producir cambios biológicos. El denominado efecto placebo es el más claro de ellos: un alto porcentaje de pacientes se curan porque creen que están recibiendo un medicamento cuando lo que están tomando es un simple caramelo. El científico estadounidense menciona el caso de una mujer que participaba en un ensayo clínico con un antidepresivo y que mejoró espectacularmente de una depresión de años. La participante no recibía el antidepresivo, sino placebo, pero lo destacado del asunto es que las pruebas de imagen mostraban que la actividad de su cerebro había cambiado. La biología respondió a algo tan inmaterial como la sugestión o el pensamiento. Y para ilustrar que lo contrario también se cumple, el caso de un hombre que, tras ser diagnosticado de cáncer de esófago y haber recibido los tratamientos pertinentes, muere tal y como sus médicos le habían asegurado y vaticinado. Lo curioso del caso es que cuando le practicaron la autopsia no encontraron suficientes signos de cáncer como para haberle causado la muerte. Uno de los terapeutas que le atendieron dijo en un programa de Discovery Health Channel: “Murió con cáncer, pero no de cáncer”.
“Uno de los privilegios de ser un humano es que podemos hacer real nuestro pensamiento”, explicaba Joe Dispenza, bioquímico estadounidense especializado en el funcionamiento de la mente, en una entrevista realizada durante la presentación en España de su libro Desarrolla tu cerebro. La ciencia de cambiar tu mente. “De igual modo, el cerebro cambia como resultado del pensamiento”, añadía.
Lo que propone Dispenza para utilizar la mente en nuestro beneficio, tanto físico como psíquico, tiene mucho que ver con lo que hicieron los individuos con tumores de próstata: cambiar el estilo de vida. “Si pensamos siempre de la misma manera y nos comportamos de la misma manera, el cerebro no cambia. Lo que tenemos que hacer es forzar al cerebro a activarse de forma diferente”. La idea biológica que subyace a esta afirmación es que es necesario romper los hábitos, proponerse actuar, pensar e incluso sentir de una manera distinta a la habitual. De este modo se estimula la creación de nuevas conexiones neuronales a la vez que se debilitan las que nos mantienen en el mismo círculo de repeticiones. En una ocasión, un neurocientífico de la Universidad de California en San Francisco, Michael Merzenich, explicó que en cada momento elegimos cómo va a funcionar nuestra hiperflexible mente y así elegimos quién seremos en el momento siguiente. Efectivamente, la clave de esta posibilidad para modelar el cerebro está en su enorme elasticidad. La misma que nos permite aprender sin cesar y que también reorganiza todo cuando una de las áreas no funciona para que otras asuman al menos una parte de su trabajo.
Existe un cada vez más nutrido grupo de investigadores que estudian los aspectos más misteriosos del cerebro, como la conciencia, los límites de la mente y esa capacidad para cambiarse a sí mismo que tiene efectos sobre la biología. Ahí entran los numerosos experimentos que se han realizado en torno a la meditación, las terapias conductistas y la visualización, entre otras. Sin embargo, siguen siendo cuestiones controvertidas, y muchos neurocientíficos prefieren no entrar en ellas por considerar que no son materia de ciencia. Se ha dicho muchas veces que éste es el siglo del cerebro, de modo que es de esperar que, al igual que la epigenética ha aparecido para cubrir las lagunas que dejaba la genética, surja una epineurología (epi, prefijo griego que significa sobre o por encima).

martes, 1 de julio de 2008

La decisión de votar puede responder a la genética

La decisión de votar es, en parte, genética según un estudio que es el primero que muestra la influencia genética en la participación electoral y en una amplia gama de actividades políticas, informó la revista American Political Science Review.
El estudio, citado por EFE, fue realizado por James H. Fowler y Christopher T. Dawes, de la Universidad de California en San Diego, y Laura A. Baker, de la Universidad del Sur de California.
Fowler y Daves siguieron este estudio con una investigación publicada en la edición de julio de la revista Journal of Politics en la cual identificaron un vínculo entre dos genes específicos y la participación política.
Los investigadores demostraron que los individuos con una variante del gen MAOA tenían muchas más probabilidades de haber votado en la elección presidencial de 2000.
La investigación muestra también una conexión entre una variante del gen 5HTT y la concurrencia a votar, la cual está moderada por la participación en servicios religiosos.
Estos son los primeros resultados que vinculan genes específicos con una conducta política.
La investigación inicial se sustentó en los registros de concurrencia de votantes en Los Ángeles cotejados con un registro de mellizos y gemelos.
Estas comparaciones muestran claramente que los gemelos, que comparten el ciento por ciento de sus genes, son significativamente más similares en su conducta como votantes que los mellizos que comparten, en promedio, solo el 50 por ciento de los genes.
LA EDUCACIÓN INFLUYE POCO.
Los resultados indican que el 53 por ciento de la variación en la concurrencia a votar se debe a diferencias en los genes, y asimismo sugieren que, al contrario de lo que se creyó durante décadas, la crianza familiar puede tener poco efecto en la conducta futura de participación política de los niños.
Para replicar estas conclusiones los investigadores fueron más allá de los datos de votantes de California y examinaron los patrones en el ámbito nacional, usando un estudio de salud de los adolescentes efectuado entre 1995 y 2002.
Estos datos se utilizaron en una amplia variedad de estudios genéticos, pero esta es la primera vez que se usaron para mostrar que la conducta de participación política es hereditaria.
Por ejemplo, entre los gemelos, los investigadores llegaron a la conclusión de que el 72 por ciento de las variaciones en la concurrencia como votantes puede atribuirse a los genes.
Asimismo las diferencias vinculadas con los genes se extienden a una amplia gama de actos de participación política incluidas las donaciones a campañas, los contactos con funcionarios de gobierno, las candidaturas a cargos electos y la asistencia a manifestaciones.
Crítica de la Argentina

miércoles, 18 de junio de 2008

Fumar marihuana afectaría a neuronas del feto




DURANTE EL EMBARAZO
Lo reveló un estudio de la Universidad de Aberdeen, en Escocia. El consumo de canabis dañaría el desarrollo cerebral del embrión.


Investigadores escoceses afirmaron que fumar marihuana durante el embarazo puede afectar el desarrollo cerebral del feto. La investigación, de acuerdo a lo señalado en la página web de la BBC, fue hecha por científicos de la Universidad de Aberdeen, en Escocia, quienes estudiaron el efecto del canabis y otros fármacos en la evolución del sistema nervioso del embrión.
El trabajo evaluó la importancia de las moléculas que se producen en forma natural en el cerebro y cómo se reconocen y conectan entre sí cierto tipo de neuronas. Esas moléculas llamadas endocanabidoides funcionan en el cerebro de una manera similar a las partículas del cannabis, alcanzando los mismos receptores y sistemas de señalización.
Tibor Harkany, integrante del equipo científico, precisó que "debe mantenerse la integridad de ese sistema de señales, para que el desarrollo del cerebro sea en forma normal". El científico indicó que "cualquier cosa que perturbe ese proceso como fumar marihuana o consumir ciertas drogas que interfieren con el sistema nervioso podría finalmente afectar el funcionamiento cerebro fetal".

lunes, 16 de junio de 2008

Los test genéticos – demasiado ambiguos aún

A medida que fue creciendo la oferta no regulada de los tests genéticos "directos al consumidor", también aumentaron las quejas de los usuarios por los resultados obtenidos y las voces de las sociedades científicas relacionadas con la aplicación de la genética.
En 2006, la Auditoría General de Estados Unidos realizó una investigación para determinar la legitimidad de los reclamos presentados por un grupo de consumidores. Para eso, junto con un equipo de genetistas y nutricionistas, seleccionó al azar 4 empresas en Internet y les compró los tests genéticos en nombre de 14 clientes ficticios. Tras enviar por correo 12 muestras de ADN de una misma mujer y 2 muestras de un hombre sin filiación entre sí, y describir que las muestras pertenecían a adultos de distintas edades, peso y estilos de vida, las empresas devolvieron 14 perfiles genéticos distintos con predisposición a desarrollar osteoporosis, cáncer, diabetes tipo II, problemas para eliminar las toxinas, hipertensión, enfermedad cardiovascular y envejecimiento cerebral.
Los tests realizados por las empresas designadas con los números 1 y 4 les recomendaron a los inexistentes consumidores suplementos alimentarios por un valor de 1200 dólares anuales y que eran básicamente vitaminas y antioxidantes, cuyo valor en cualquier supermercado no superaba los 35 dólares.
Las empresas 1, 2 y 3 hicieron recomendaciones de sentido común, como no fumar, hacer ejercicio o comer saludablemente.
Otro estudio analizó 7 empresas que ofrecen análisis genéticos predictivos a través de varios marcadores de sensibilidad a desarrollar asma, distintos cánceres, psoriasis y Alzheimer.
De los 56 genes analizados en las 7 empresas, el 43% no contaba con evidencia científica suficiente de asociación con una enfermedad y sólo el 38% de los "snips" analizados tenían alguna relación con una enfermedad.
Por su parte, el Colegio Estadounidense de Genética Clínica difundió en abril recomendaciones sobre el uso de estos tests. "La opinión pública debe saber que los tests genéticos son apenas una parte de un proceso complejo que puede tener tanto un efecto positivo como negativo sobre la salud y el bienestar", indica el documento.
Los requisitos mínimos de un análisis genético confiables son: la participación de un profesional certificado desde la indicación y hasta la interpretación de los resultados, el "consumidor" debe estar completamente informado sobre lo que la prueba puede o no decir sobre su salud, la evidencia científica sobre la que descansa cada prueba genética debe ser clara y comprensible, el laboratorio debe estar adecuadamente acreditado y la privacidad de los resultados debe estar asegurada.